sábado, 20 de junio de 2015

MIENTRAS DORMIA - CAPITULO 2

—Sabes que no hago trabajos en trajes de baño —Shin Hye le devolvió a su agente la carpeta que ésta le había entregado.
Han Juno suspiró.
—La agencia ha preguntado específicamente por ti.
—Me siento halagada, pero no voy a hacerlo, gracias.
—No tengo otra cosa para ti hasta que hagas el anuncio del champú.
—No importa. Me vendrá bien un descanso —Shin Hye reprimió un temblor de ansiedad. Había tenido que renunciar a su último contrato debido a la gripe y ahora sólo tenía un proyecto en perspectiva. El trabajo para modelos en Corea era bastante saturado y, aunque en el pasado había volado a menudo a Japón y aún más lejos para trabajar, le había prometido a Jong Suk limitar sus viajes al extranjero. Afortunadamente tenía dinero ahorrado, y tal vez había llegado el momento de tomarse unas vacaciones.
—¿A esquiar? —Jong Suk la miró con gesto de duda mientras removía el azúcar en su café. Shin Hye había llamado a su despacho para sugerirle que se encontraran en su cafetería favorita—. ¿Crees que será conveniente que vayas nada más haber superado la gripe?
—El aire de la montaña es saludable. Y hay una oferta muy tentadora para ir a Gangwon-do, con estancia en el Hotel Phoenix Park.
—Al menos estarás cómoda. Es un hotel muy bueno.
Más que bueno, pensó Shin Hye. El maravilloso  hotel era todo un lujo para las pistas de esquí.
—Debido a las campañas que hacen para esta época del año, supongo que tienen que atraer allí al mayor número de gente posible.
—Te mojarás y te enfriarás —dijo Jong Suk—. ¿Y si tienes una recaída?
—Tendré cuidado y con el equipo apropiado no me enfriaré ni me mojaré.
—Ojalá pudiera ir contigo, pero al director del Banco no le agradaría que le pidiera un permiso en estos momentos —Jong Suk era un alto ejecutivo del Banco en el que trabajaba y no podía permitirse unas vacaciones así como así.
—Ojalá pudieras venir —aseguró Shin Hye, inquietándose al descubrir que era mentira—Pero tú no esquías, y sólo estaré fuera una semana. Apenas te darás cuenta de que no estoy.
—Eso no es cierto. Te echaré de menos cada día.
Shin Hye le dedicó una ausente sonrisa.
—Eso es muy dulce. Yo también te echaré de menos —sin duda, la convalecencia de la gripe era la causa de aquel extraño letargo de sus emociones. Cuando la superara del todo, los cálidos y amorosos sentimientos regresarían. Alargó una mano hacia Jong Suk y éste la estrecho en la suya—Te quiero —murmuró.
Jong Suk se llevó la mano de Shin Hye a los labios y la besó en la palma.
—Yo también te quiero.
Shin Hye sintió que su corazón se encogía. Apartó la mirada y sintió un gran alivio cuando Jong Suk bajó sus manos unidas a la mesa. Sintiéndose culpable y preocupada, dijo:
—Ya he hecho la reserva.
—Has sido rápida.
—En cuanto lo decidí... —Shin Hye se encogió de hombros.
—Sí, bueno... Supongo que tendrás que hacer la maleta esta noche.
Shin Hye se obligó a mirar a Jong Suk con gesto de arrepentimiento.
—Tengo mucho que hacer.
—Cuando vuelvas... —Jong Suk sonrió, esperanzado.
—Para entonces estaré totalmente recuperada —prometió Shin Hye—Te llamaré en cuanto vuelva a casa.
***


Las pistas de esquí eran magníficas y la nieve brillaba como azúcar bajo el sol de invierno. Pequeñas figuras zigzagueaban por las laderas de la montaña, muy por debajo de las nevadas crestas.
Impaciente por reunirse con los demás esquiadores, Shin Hye aspiró el frío aire de la montaña mientras subía en telesilla, preguntándose qué sería lo que impulsaba a hombres como Yong Hwa a hacer lo que hacía. Una cosa era subir con la intención de bajar esquiando y otra escalar laboriosamente heladas rocas y peligrosos abismos con el solo propósito de alcanzar una solitaria cima.
Shin Hye recibió su primera lección de esquí durante una sesión de fotos para una agencia de viajes. Interpretaba el papel de una principiante, y lo hizo bien, porque lo era. Más tarde tomó más clases, en parte porque le gustó esquiar y en parte porque pensó que podría resultarle útil para su profesión. Y así fue. Consiguió un par de trabajos para anunciar prendas de esquí gracias a que sabía esquiar.
El telesilla la dejó en la ladera intermedia, un nivel en el que se sentía bastante cómoda. Ajustó los esquís a sus botas, se colocó las gafas y comenzó a deslizarse por la pendiente.
Hizo el recorrido varias veces y sólo sufrió una caída sin consecuencias. El ejercicio y comprobar que estaba en plena forma le hizo sentirse eufórica.
Descendía por última vez cuando vio la mancha azul y amarilla de otro esquiador que pasó a su lado a toda velocidad.
Era un hombre de caderas estrechas y anchos hombros. Esquiaba con tal soltura y elegancia que Shin Hye no pudo evitar admirar su estilo. Debía bajar de las pistas más altas, en las que sólo se aventuraban los esquiadores más experimentados.
Cuando llegó al final del recorrido se encontró mirando a su alrededor en busca del desconocido, pero no había rastro de él. Tomó el autobús de vuelta al hotel, comió, se dio un delicioso baño caliente y se acostó con un libro. Poco después se quedó profundamente dormida.
Al día siguiente subió hasta el tercer nivel, decidida a tantearlo. Si le parecía demasiado difícil siempre podía volver en telesilla al segundo.
Una vez arriba, Shin Hye se fijó en dos esquiadores que empezaban a descender y adquirían velocidad rápidamente.
Decidiendo tomar un café antes de intentarlo, se encaminó a la cercana cafetería y dejó los esquís apoyados en la pared junto a los de los demás esquiadores.
Estaba dando un sorbo a su café cuando oyó la voz.
—Muchas gracias.
Eso fue todo, pero bastó para que Shin Hye volviera la cabeza justo a tiempo de ver la espalda de un hombre vestido de azul y amarillo que salía en ese momento por la puerta.
«No», se dijo. «Estás imaginando cosas».
Pero terminó su café de un trago y salió de la cafetería antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo.
Habría resultado un poco tonto volver sobre sus pasos, de manera que continuó.
El hombre estaba agachado, sujetándose los esquís a las botas. Shin Hye lo observó hasta que se irguió y la vio.
—Yong Hwa —dijo, con un hilo de voz.
Él apenas mostró su sorpresa con un leve alzamiento de cejas.
—Hola... Shinie.
—Es Shin Hye —dijo ella—Shin Hye.
Él asintió.
—Shin Hye —el nombre surgió de sus labios como una caricia.
—Te vi ayer —dijo Shin Hye—en la pista intermedia, pero parecías demasiado bueno para estar en ese nivel.
—Ayer hice un recorrido de montaña y luego bajé.
—Supongo que tienes mucha experiencia.
Algo cambió en los ojos de Yong Hwa mientras miraba a Shin Hye. Ésta se había quitado el gorro al entrar al café y su  melena castaña caía suelta sobre sus hombros.
—Un poco. ¿Y tú?
Shin Hye volvió la mirada hacia la pendiente.
—He subido aquí con la intención de probar este nivel, pero no sé si tengo el valor necesario para hacerlo.
—¿Está tu novio contigo?
Shin Hye volvió a mirar a Yong Hwa.
—No ha podido venir. Además, no sabe esquiar.
La boca de Yong Hwa se curvó levemente a la vez que asentía.
—Ya —hubo un breve silencio—Si quieres, puedo bajar contigo.
—No quisiera ser un estorbo para ti. Supongo que no querrás perder el tiempo cuidando a una novata.
—No eres una novata. Ayer me pareciste bastante competente —al ver que Shin Hye lo miraba con gesto de sorpresa, Yong Hwa añadió—: He reconocido tu traje — deslizó la mirada lentamente por la ceñida vestimenta rosa de Shin Hye—. Entonces, ¿vamos?
Era un reto, pura y simplemente. Yong Hwa esperó a que Shin Hye decidiera si lo acompañaba o si bajaba a un nivel más sencillo y menos excitante.
Shin Hye tomó sus esquís de la pared y los colocó en el suelo.
El sonido de sus esquís deslizándose por la blanca superficie era como seda desgarrada. La creciente velocidad del descenso hacía que el pelo de Shin Hye volara hacia atrás. Había salido de la cafetería tan deprisa que había olvidado recoger su gorro de lana.
Yong Hwa era una mancha azul y amarilla en su visión periférica. Frenó un par de veces para colocarse a su altura.
—¿Vas bien? —gritó la primera vez, y Shin Hye se arriesgó a mirarlo un momento.
—¡Perfectamente!
Cuando llegaron al final de la pista, Shin Hye no frenó bien y acabó en el suelo, riendo.
Yong Hwa le ofreció su mano enguantada y le ayudó a levantarse.
—¿Qué tal ha ido?
—¡Ha sido maravilloso! —Shin Hye se frotó la nieve de los brazos y del cuerpo y Yong Hwa alargó una mano para apartar unos copos de nieve de su pelo.
Su mano tocó la mejilla de Shin Hye y a pesar de los guantes, ella sintió el contacto como una caricia. Sintió una punzada de inquietud y trató de apartarse, olvidando que llevaba los esquís puestos.
Habría vuelto a caer si Yong Hwa no la hubiera sujetado.
—Gracias —dijo sin aliento, y no sólo por el descenso—. Y gracias por ayudarme a bajar. Creo que no me habría atrevido a hacerlo sola.
—Yo creo que sí —Yong Hwa miró hacia lo alto de la pista—. ¿Quieres volver a intentarlo?
¿Por qué no? Después de la excitación del descenso, la idea de volver a pistas más fáciles resultaba muy poco estimulante. Shin Hye asintió.
—Sí. Pero esta vez no tienes por qué frenar para esperarme.
Una vez arriba, Yong Hwa esperó a que Shin Hye se lanzara primero. Se hallaba a medio camino cuando oyó un grito a sus espaldas casi a la vez que dos jóvenes pasaban a toda velocidad a su lado. Un rápido vistazo lateral le permitió ver a un tercero que estaba a punto de chocar contra ella. Se desvió velozmente para evitar el impacto, pero al hacerlo perdió el control y acabó cayendo en el borde de la pista, golpeándose la cabeza dolorosamente contra una roca oculta bajo la nieve.
—¡Shin Hye! —Yong Hwa se detuvo junto a ella, desenganchó sus botas de los esquís y se arrodilló para ayudarla a erguirse—. ¿Te encuentras bien?
—Me he dado un golpe en la cabeza —contestó Shin Hye aturdida—. Pero creo que no me he roto nada.
Yong Hwa maldijo entre dientes.
—Malditos locos. Quédate quieta. ¿En qué parte de la cabeza te has golpeado?
Shin Hye se llevó una mano a un lateral e hizo una mueca de dolor.
Yong Hwa volvió a maldecir.
—Déjame ver —tras quitarse los guantes se inclinó hacia ella y apartó cuidadosamente su pelo—. Mmm. Ha sido un golpe bastante fuerte. ¿Te sientes mareada?
—No.
—¿En serio? —Yong Hwa frunció el ceño y apoyó las manos a ambos lados del rostro de Shin Hye, haciéndole alzarlo para poder mirarla.
—En serio. Ya estoy bien —excepto por los acelerados latidos de su corazón.
Shin Hye tomó un puñado de nieve y lo frotó contra la zona en que había recibido el golpe.
—Deberías llevar un gorro —dijo Yong Hwa.
—Me lo quité en el café y lo he olvidado.
—¿Por qué no lo has dicho? —Yong Hwa pareció irritado—Si hubiera sabido que tenías uno me habría asegurado de que te lo pusieras.
—Lo siento —dijo ella—He vuelto a estropear tu descenso.
—No te preocupes por eso. Aún me quedan cinco días.
Shin Hye se preguntó si Yong Hwa habría aprovechado la misma oferta de viaje que ella.
—No te he visto por el hotel.
—Me alojo en el refugio de un amigo —Yong Hwa hizo una pausa—. ¿Acaso me has estado buscando?
Shin Hye parpadeó.
—¿Qué quieres decir?
Yong Hwa la observó pensativamente.
—¿Crees que podrás levantarle con mi ayuda?
—Sí —Shin Hye se puso en pie lentamente y Yong Hwa le pasó una mano por la cintura, mirándola con expresión ligeramente divertida—. Gracias —dijo, tensa—. Puedo arreglármelas sola.
Yong Hwa no se movió y Shin Hye le dedicó una fiera mirada.
—Sé que parece que siempre necesito ayuda cada vez que estás cerca, pero no es a propósito. Te aseguro que no he venido aquí con la intención de encontrarme contigo —le horrorizaba que Yong Hwa hubiera podido pensar algo parecido—. No encuentro tan fascinantes a los escaladores, y además, por si lo has olvidado, estoy comprometida.
—Yo no lo he olvidado —replicó Yong Hwa—. ¿Y tú?
Shin Hye contuvo el aliento, furiosa.
—¡No! —no había hecho nada que pudiera ser interpretado de esa manera, se dijo.
Yong Hwa aún no había retirado la mano de su cintura y Shin Hye intento apartársela. Pero aquello fue un error, pues su cuerpo se arqueó hacia él justo cuando Yong Hwa inclinaba la cabeza y aumentaba la presión de su mano contra la ineficaz resistencia de Shin Hye.
—¿Podría hacerte olvidarlo?
Su voz y su rostro eran los del hombre que aparecía en los sueños de Shin Hye y, por un instante, imaginó que aquella era otra de sus fantasías nocturnas. El tiempo pareció detenerse.
Pero cuando la boca de Yong Hwa se hallaba a escasos milímetros de los de ella, Shin Hye se apartó bruscamente, asaltada por un repentino y familiar temor.
—¡No!
—De acuerdo —dijo Yong Hwa tranquilamente, soltándola delicadamente. Recogió el bastón que había perdido Shin Hye y se lo entregó cortésmente—. Pero no es ese el mensaje que he estado recibiendo de ti.
Ruborizándose, Shin Hye comprendió que aquello era cierto. De alguna manera, Yong Hwa se había mezclado con la figura que dominaba sus sueños desde la adolescencia. No era de extrañar que hubiera captado algo raro. Ella misma se sentía confundida.
—Lo cierto es que me recuerdas a alguien que... que conocí hace tiempo.
—¿A tu novio?
Shin Hye negó con la cabeza.
—¿Sabe tu novio lo de ese «alguien»?
—No hay nada que saber.
—¿Nada? —Yong Hwa rió brevemente.
Shin Hye lo miró, enfadada, y él añadió:
—Yo diría que tu novio tiene un problema.
—No tiene ningún problema —replicó ella enfáticamente—. No comprendes.
—¿Y tú «como se llame» comprende?
—Jong Suk —dijo Shin Hye—No tiene nada de qué preocuparse. Además, no es asunto tuyo.
—Puede que no. Pero si yo estuviera comprometido contigo y te viera mirando a otro hombre como me miras a mí, estaría preocupado. Y haría algo al respecto.
—¿Como qué? —preguntó Shin Hye sin pensar.
—Probablemente no querrías saberlo.
¿Violencia? Los labios de Shin Hye se curvaron despectivamente.
—Por supuesto. ¡Los duros montañeros son tan primitivos!
—Sí —dijo Yong Hwa con ojos brillantes—Lo somos —alzó una mano y tomó a Shin Hye por la barbilla, obligándola a mirarlo. Entonces se inclinó y la besó concienzudamente, explorando con sus labios los de ella, haciéndole entreabrirlos.
Presa en sus esquís y con las manos apoyadas en ambos bastones, Shin Hye apenas pudo moverse. Una sensación de pánico luchó contra el ardiente arrebato de pasión que recorrió sus venas, haciendo que sus labios se volvieran vergonzosamente dóciles bajo la presión de los de Yong Hwa.
Un esquiador que pasó junto a ellos rió y otro lanzó un silbido. Shin Hye hizo un sonido de protesta y trató de apartarse de Yong Hwa.
Él alzó la cabeza y la miró.
—Si yo fuera tu Jong Suk, estaría muy preocupado.
Tratando de recuperar el ritmo normal de su respiración, Shin Hye dijo:
—Eso ha sido...
—¿Maravilloso? —sugirió Yong Hwa mientras ella trataba de encontrar el adjetivo adecuado.
—¡Injusto! —espetó ella—Despreciable.
Yong Hwa frunció los labios.
—No creo que se me dé tan mal.
Se estaba burlando de ella.
—¡No tenías derecho a besarme!
—No me ha parecido que protestaras.
—¡Estoy protestando ahora!
Yong Hwa rió.
—Después del hecho.
—No he podido hacerlo antes. No sabía qué pretendías.
Yong Hwa la miró entrecerrando los ojos.
—Pero lo sospechabas. Y querías saber lo que sucedería.
A punto de negarlo, Shin Hye dudó y apretó los dientes. Era cierto. Había querido saber qué haría Yong Hwa en lugar de Jong Suk, cómo la besaría. Casi lo había invitado a hacerlo.
Mortificada, se apartó de él.
—Gracias por detenerte a ayudarme. Ahora ya puedo seguir sola.
Pero Yong Hwa la siguió todo el camino.
—¿Te duele la cabeza? —preguntó mientras se dirigían al telesilla.
—No. Es sólo un chichón.
—Si no te encuentras bien...
—Me encuentro bien. Pero creo que después de esto voy a volver a la pista intermedia.
En ese momento llegó una silla y Shin Hye la ocupó.
—Si eso te satisface... —dijo Yong Hwa, apartándose a un lado.
Shin Hye mantuvo la vista fija al frente, negándose a mirarlo. La silla se alzó en el aire y la alejó de él.
Shin Hye estaba en el bar del hotel, tomando vino después de comer y charlando con dos chicas americanas, cuando vio que entraba Yong Hwa, vestido con unos pantalones de pana y un amplio jersey de lana. Miró a su alrededor, la vio y se acercó a la barra.  
Shin Hye centró su atención en las dos jóvenes, pero fue plenamente consciente de Yong Hwa mientras éste pedía una bebida y luego se acercaba a ellas.
Cuando se detuvo frente a la mesa, Shin Hye tuvo que alzar la vista.
—Hola, Shin Hye —Yong Hwa sacó el gorro de lana de Shin Hye del bolsillo trasero de su pantalón y lo dejó en la mesa—. He supuesto que lo echarías de menos.
—Gracias —contestó ella, mirando el gorro.
—¿Puedo? —preguntó Yong Hwa educadamente, incluyendo en su mirada a las jóvenes extranjeras.
—¡Por supuesto! —una de ellas apartó su silla para dejarle sitio.
Shin Hye hizo las presentaciones y observó cómo encandilaba Yong Hwa a las chicas con sus historias sobre montañismo. Pero cuando terminó su bebida y fue a levantarse para irse, él también se levantó.
Tras despedirse de las jóvenes, siguió a Shin Hye al exterior.
—Quería hablar contigo —dijo cuando estuvieron en el vestíbulo.
—¿Para qué?
Tomando a Shin Hye del brazo, Yong Hwa la condujo hasta un par de sillones que había en un rincón.
—Para disculparme por haber imaginado que te estabas cruzando conmigo a propósito —contestó él, una vez que estuvieron sentados—Y por el beso... a pesar de que debo de reconocer que no lamento habértelo dado. Me ha gustado demasiado.
Él no era el único, pensó Shin Hye, sintiéndose culpable.
—Gracias —contestó—Acepto tus disculpas. Supongo que tampoco puedo culparte porque creyeras que te estaba persiguiendo. Supongo que estás bastante acostumbrado.
Yong Hwa sonrió.
—No tanto como quisiera. Iba a invitarte a beber algo, pero...
No podían volver al bar ahora.
—Te tomo la palabra.
—Muy bien. Y yo te haré mantenerla —Yong Hwa se apoyó relajadamente contra el respaldo de su asiento—Eres modelo, ¿verdad? Supongo que ese es el motivo por el que creí reconocerte el otro día cuando... nos conocimos.
¿Sería ese el motivo por el que la miró durante la cena benéfica? Shin Hye estaba acostumbrada a que la gente la reconociera, aunque no supieran exactamente de qué.
—Probablemente me has visto en alguna revista — sugirió—. O tal vez en la televisión.
—Te recordaría si te hubiera visto en la televisión. No la veo mucho, y durante los últimos años he estado fuera del país la mayor parte del tiempo.
—Escalando.  
—Sí. En China, Europa, Sudamerica... cualquier sitio donde hay montañas —Yong Hwa percibió algo en la expresión de Shin Hye—¿No lo apruebas?
Ella se encogió de hombros.
—No entiendo esa afición por el riesgo. Cuando hablaste sobre ello la noche de la cena me di cuenta de que estabas enamorado de las montañas. Pero parece algo tan...
—¿Inútil? —Yong Hwa rió—Sólo los que lo hacen lo comprenden. Escalar implica enfrentarse con los elementos, experimentar lo peor que la naturaleza puede hacerte y superarlo. Es la superación de uno mismo.
—¿Una y otra vez? ¿Hasta la muerte? ¿Como tu amigo Young Ho?
El rostro de Yong Hwa se volvió repentinamente inexpresivo y Shin Hye añadió con rapidez:
—Lo siento. No pretendía recordártelo.
Yong Hwa movió la cabeza.
—No importa —permaneció en silencio un momento, mirando sus botas de cuero—Estoy acostumbrado a perder a mis amigos en las montañas. Pocos de entre nosotros llegamos a viejos.
—¿Y eso te parece aceptable? —preguntó Shin Hye, inexplicablemente enfadada—¿Puedes encogerte de hombros y decir, «pobre Young Ho»?
—No es exactamente así. Pero en las montañas comprendes lo poco que importa una vida humana en la escala de las cosas. Y Young Ho murió haciendo...
—Lo que quería. Lo sé —Shin Hye habló en un tono decididamente áspero—. Y dejó a una esposa y a dos hijos detrás mientras lo hacía.
—Chae Won sabía a qué se exponía casándose con él. Solían escalar juntos antes de que llegaran los niños.
—¿Y entonces ella lo dejó, pero él no?
—Escalar era su vida.
—¿Y la tuya?
Hubo un momento de silencio.
—No estoy casado.
Debía tener unos veintiocho años, pensó Shin Hye; unos pocos más que ella.
—¿Has estado casado alguna vez?
La mirada de Yong Hwa se ensombreció.
—He estado a punto de casarme un par de veces. Querían que renunciara a escalar.
—En ese caso, renuncio a convencerte —Shin Hye se levantó y Yong Hwa la imitó—. Supongo que nos veremos por aquí.  
Cuando se encaminó hacia las escaleras, Yong Hwa alargó una mano y la sujetó por el brazo.
—¿Nos vemos mañana en la pista superior? No quisiera pensar que te mantienes alejada de esa pista por mi culpa.
Shin Hye pensó que no había necesidad de evitarlo. Yong Hwa se había disculpado, ambos comprendían la situación y no era probable que ocurriera nada más. ¿Qué podía suceder en una popular pista de esquí con docenas de personas a su alrededor?
La tentación venció al sentido común.

—Tal vez —contestó, sabiendo que era una estupidez.

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1 comentario:

  1. diosss !! ya quiero leer mas . la beso ! la besoooo haha y mira que ella no izo nada para apartarlo haha ese encuentro si que resuto incomodo pero le gusto al menos ya tiene algo para soñar mas mejor hahha que pasar se veran en la montaña o no ira ella alfin y al cabo aun les quedan a los dos 5 dias haha siguee me encanto

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