Yong Hwa se
levantó de la cama. Cuando viajaba siempre iba a los mejores hoteles, pero una
buena habitación y una cama confortable no evitaron que pasara unas noches
agitadas. Había pasado dos días tan absorto con las negociaciones que no había
pensado en otra cosa... en otra cosa que no fuera Shin Hye. Ella se había
colado en su cabeza aunque él no quisiera y no podía sacarla de allí por mucho
que lo intentara.
Los
recuerdos de aquella noche lo abrumaban. Ella había parecido quedarse
consternada por sus acusaciones. Sin embargo, ¿cómo había esperado ella que
reaccionara él? ¿Había esperado que él la recibiera con los brazos abiertos?
¿Había esperado que él pasara por alto que su abuelo y ella se habían convertido
en enemigos? Ella era una Choi y él un Jung. Él se acordaba perfectamente de
que su abuelo le había advertido de que no se fiara nunca de un Choi. Él no
sólo se había fiado de una sino que se había enamorado de ella.
Suspiró.
¿Creía ella que iba a tragarse la historia de que estaba intentando demostrar
la inocencia de su abuelo y que iba a verse con Lee Duk para encontrar la
verdad?
Sin embargo,
no podía descartar la posibilidad de que ella no le dijera la verdad desde el
principio precisamente por ser tan reacio a creerla. Ella sabía que no la
recibiría con los brazos abiertos. Se habrían convertido en enemigos antes de
tener la oportunidad de ser amigos.
Sin embargo,
sobre todo, llevaba dos días dándole vueltas a la idea de que ella pudiera
estar diciendo la verdad. No podía olvidarse de que era una mujer que había
dejado una profesión muy prometedora por motivos éticos. Era una mujer de
principios sólidos. Era una mujer que había pasado su tiempo libre haciendo
galletas para los chicos de su equipo. Era alguien que se preocupaba por los
demás.
El fue el
primer hombre de su vida.
Él intuía que se necesitaría mucho más que la promesa
de vender sus productos en los restaurantes Lee Duk para llegar hasta donde
había llegado con él si no le gustara.
Resopló. ¿Se
habría comportado irracionalmente hacía dos días? ¿Había sido injusto al sacar
conclusiones sin escuchar la versión de ella? ¿Se habría equivocado al ponerla
en la misma categoría que YooJin? Las dos no se parecían en nada. YooJin no
tenía escrúpulos y Shin Hye sabía entregarse.
Miró el
reloj que había en la mesilla. Era casi medianoche. Quería llamar a Shin Hye y
hablar con ella. Cuando al día siguiente volviera a Jeonju, la escucharía y no
se precipitaría al juzgarla. Seguía amándola. Ya no le importaba lo que pasara
con las recetas de los Jung. Si Shin Hye estaba empeñada en demostrar la
inocencia de su abuelo, él la ayudaría a saber por qué las recetas habían
acabado en las manos equivocadas.
Tomó
aliento. Sobre todo, quería pasar el futuro con la mujer que amaba.
***
—Shin Hye,
si te amaba hace dos días, seguirá amándote ahora. El amor verdadero no se
puede encender o apagar como si fuera la televisión.
Shin Hye
escuchó a su madrastra, pero no se quedó convencida. Había visto el desprecio
más profundo en los ojos de Yong Hwa antes de que él se marchara. Sin embargo,
no podía olvidarse de otra mirada. Fue la forma de mirarla unos segundos antes
de decirle que la quería. Cuando él se lo dijo, ella creyó de corazón que lo
decía sinceramente, como ella había sido sincera al decírselo a él.
—No pude
odiar a tu padre ni después de enterarme de lo que hizo —siguió Hae Su —Estaba
dolida y me puse una coraza para evitar que me volvieran a hacer daño, pero el
amor perduró mucho tiempo.
—Da igual
—replicó Shin Hye en voz baja —Yong Hwa me dio a entender que todo había
terminado entre nosotros. He tomado algunas decisiones.
— ¿Qué
decisiones?
—Hoy me he
reunido con un agente inmobiliario. He decidido venderlo todo y volver a Seul.
— ¿Volver a
ser abogada?
—Es posible,
pero no en una empresa. He pensado especializarme en seguridad de los productos
para defender a los consumidores.
— ¿Crees que
las cosas se solucionarán si sales corriendo?
—No salgo
corriendo, sólo protejo mi corazón para que no lo machaquen más.
Se hizo un
silencio.
—Bueno
—concluyó Hae Su al cabo de unos segundos—,
creo que Yong Hwa y tú tienen que sentarse y aclarar las cosas.
—Yo también
lo creo —corroboró Shin Hye—, pero me quedé con la impresión de que no quería
volver a verme. Como nuestros negocios están separados sólo por unos metros, es
imposible que no nos veamos, de modo que uno de los dos tendrá que marcharse
—hizo una breve pausa—. Eh... ya sabes que soy una superviviente.
Suspiró
profundamente. Había permitido que Yong Hwa fuera demasiado importante para
ella. Había hecho lo que se había prometido que no haría jamás. Se había
entregado en cuerpo y alma a un hombre. Eso hacía que le costara más marcharse,
pero aun así, lo haría.
***
— ¿Qué es
eso de que Shin Hye va a vender su tienda? —le preguntó Yong Hwa a Juni Joo.
Había ido al
restaurante directamente desde el aeropuerto y al pasar por la pastelería la
había visto cerrada a media mañana y con un cartel para venderla.
Juni Joo se
apoyó en la puerta cerrada del despacho.
—Los rumores
dicen que se vuelve a Seul.
Yong Hwa
notó un escalofrío en toda la espina dorsal. Había sido idiota al pensar lo
peor de ella. Había meditado mucho durante esos días y en el fondo de su
corazón sabía que Shin Hye lo amaba. Había sido idiota al acusarla de todas
aquellas cosas. Shin Hye, al contrario, que YooJin, no era avariciosa.
Juni Joo se
aclaró la garganta.
—Ya sé que
no es un buen momento, pero hay alguien que insiste en verte.
Yong Hwa
arqueó una ceja.
— ¿Quién?
—Una mujer
que se llama Kang Ye Sol.
Yong Hwa
suspiró al acordarse de aquel nombre.
—Por favor,
dile que pase.
Kang Ye Sol entró en el despacho. Aunque no había
trabajado con su abuelo más de seis meses, Yong Hwa la recordaba. Era
reservada, como solía serlo Juni Joo.
Yong Hwa se
levantó y la saludo.
—Señora ,
cuánto tiempo... Me alegro de verla. Por favor, siéntese.
Kang Ye Sol se sentó enfrente de él y Yong Hwa la miró a
los ojos.
— ¿Qué le
trae por aquí?
Yong Hwa se
dio cuenta de que estaba nerviosa.
—Quería
hablar con la señorita Park, pero su tienda está cerrada. Ha ido a verme un par
de veces durante el mes pasado.
— ¿Shin Hye
fue a verla? —Yong Hwa estaba atónito.
—Sí. No se
creía que su abuelo le hubiera quitado las recetas al abuelo de usted y quería
saber la verdad. Tengo entendido que también habló con Lee Duk, con Han Ki Ae y con Lee Sun Ki .
Yong Hwa
conocía todos los nombres menos uno.
— ¿Lee Sun
Ki ?
—Sí, era el
cocinero de Lee Duk cuando yo trabajaba con su abuelo —suspiró profundamente—
Sun Ki y yo tuvimos una relación.
A Yong Hwa
se le salían los ojos de las órbitas.
— ¿Eran
amantes?
—Sí.
Estuvimos juntos casi un año, pero lo mantuvimos en secreto. Él creía que su
trabajo como cocinero en el restaurante de Lee Duk pendía de un hilo y estaba
desesperado. Me pidió que encontrara alguna forma de obtener las recetas. Al
principio me negué. Estaba agradecida al señor Choi por haberme dado el trabajo
y creía que su abuelo era un hombre amable, aunque a veces podía ser muy terco.
Yong Hwa
asintió con la cabeza. Sabía que su abuelo podía serlo.
—Sin
embargo, al final se las llevó...
Ella agarró
nerviosamente las asas del bolso y los ojos se le empañaron de lágrimas.
—Sí, yo se
las di a Sun Ki. Me fastidió mucho que el señor Jung dejara que el señor Choi
se fuera y quise hacer algo para fastidiarle a él. Un día se dejó el libro de
recetas encima de la mesa cuando fue a hacer unas entregas. Copié las recetas y
se las pasé a Sun Ki.
Yong Hwa se
quedó sorprendido. Su abuelo siempre guardaba con llave el libro de recetas.
—Le
agradezco mucho que haya venido a contarme la verdad. Por fin ha cicatrizado
una herida muy vieja.
—Entonces,
¿no es demasiado tarde? —preguntó ella mientras se enjugaba las lágrimas.
— ¿Tarde?
¿Para qué?
—La señorita
Park me dijo que le amaba a usted y que quería decirle la verdad, pero antes
quería demostrar la inocencia de su abuelo para que usted la creyera.
Yong Hwa se
derrumbó en su butaca y se sintió un miserable. Shin Hye había intentado
decirle la verdad, pero él no la había escuchado. Sintió un nudo en el
estómago. ¿Qué pasaría si ella no lo perdonara por no haberla creído? ¿Qué
pasaría si ella ya no quisiera nada de él?
—Señor
Jung...
Yong Hwa
resopló y se dio cuenta de que no había contestado a la pregunta.
—No, no es
demasiado tarde. Amo a Shin Hye y juntos podemos solucionar cualquier cosa.
Esperaba con
toda su alma que lo que había dicho fuera verdad.
***
Shin Hye vio
el deportivo de Yong Hwa en cuanto entró en el aparcamiento. Se le encogió el
estómago por los nervios y agarró el bolso y la bolsa de una tienda.
Al cabo de
unos instantes, cuando acababa de entrar en su tienda y de cerrar la puerta,
oyó que sonaba la campanilla. Abrió la puerta y se encontró con un hombre
mayor.
—Flores para
la señorita Park.
Shin Hye
sonrió. Era muy propio de Hae Su mandarle flores para animarla. Eran cerca de
dos docenas de rosas.
—Gracias. Si
espera un segundo, le daré una propina.
El hombre
sonrió.
—No hace
falta, ya lo han hecho —sonrió más ampliamente—. Ese señor no ha mandado nunca
flores a una mujer. Al menos desde nuestra tienda.
Shin Hye se
quedó boquiabierta.
— ¿Quién?
El hombre se
rió.
—No puedo
decírselo, pero firmó la tarjeta y como él sabe que mi mujer tiene una
tendencia insuperable al chisme, estoy seguro de que también sabe que todo Jeonju
se habrá enterado de este envío en menos que canta un gallo. Pero es evidente
que eso no le importa. Buenos días, señora.
Shin Hye lo
vio marcharse y montarse en la furgoneta de una floristería.
Shin Hye dejó
las flores sobre el mostrador y tomó la tarjeta.
”El amor hace que uno diga y haga idioteces.
Perdóname.
Yong Hwa.”
Shin Hye se
quedó petrificada. No podía respirar. ¡Yong Hwa le había mandado flores para
disculparse! Volvieron a llamar a la puerta antes de que pudiera reponerse.
Salió disparada a abrirla y se encontró con Juni Joo.
—Hola, Shin
Hye, te traigo un obsequio de Yong 's Place —le explicó mientras le daba una
bolsa enorme.
Shin Hye
supo por el olor que fuera lo que fuera, sería delicioso.
Shin Hye
sonrió y agarró la bolsa.
—Aquí hay
comida por lo menos para dos personas...
Juni Joo se
rió.
—Creo que se
trata de eso.
Juni Joo
desapareció antes de que Shin Hye pudiera decir algo.
Shin Hye
cerró la puerta, fue al mostrador y dejó la bolsa junto a las flores. Volvieron
a llamar a la puerta. Se quedó paralizada. Su corazón sabía quién era, como lo
sabían su cuerpo y su alma.
Era Yong
Hwa.
Tomó aire y
cruzó la tienda hasta la puerta. Soltó lentamente el aire antes de agarrar el
picaporte y abrirla.
Yong Hwa
estaba apoyado en el marco de la puerta con una botella de vino en la mano.
Estaba muy sexy. Ella, sorprendida, se mordió el labio inferior y él clavó los
ojos en su boca. A ella se le aceleró el pulso.
No parecía
enfadado. Eso era una buena señal. Shin Hye se dio cuenta de que tenía que
decirle que entrara o que se fuera.
— ¿Quieres
pasar?
—Sí —él no
dudó al responder.
Shin Hye
tragó saliva y se apartó para dejarlo pasar. Luego, se apoyó de espaldas en la
puerta porque sabía que si daba un paso adelante se caería. Las rodillas le
flaqueaban.
—Gracias por
las flores —dijo por decir algo— Y por la comida.
—De nada. Esto
también es para ti —replicó él mientras le daba una botella de vino blanco.
—Gracias.
Entonces,
hizo el esfuerzo de separarse de la puerta para dejar la botella de vino con
las flores y la bolsa de la comida. Se dio la vuelta lentamente y se lo
encontró delante. No lo había oído acercarse. La miraba con arrepentimiento.
—Perdóname.
Debería haberte escuchado. Debería haberte creído —susurró él con la voz
entrecortada.
—Yo también
lo siento —contestó ella con un nudo en la garganta—. Tendría que haberte dicho
la verdad en cuanto supe quién eras.
Él se acercó
otro paso.
—He tenido
tres días para meditar. Para meditar sobre nosotros. He decidido que me
gustaría que estuviéramos juntos. Lo que pasó entre nuestros abuelos es cosa
del pasado. Además, tenías razón. Tu abuelo no se llevó las recetas de los Jung.
Esta mañana ha venido a verme Kang Ye Sol. Primero vino aquí, pero vio la
tienda cerrada. Quería que supieras la verdad. Fue ella quien se llevó las
recetas. Lee Sun Ki y ella eran amantes
y ella las robó para vengarse de mi abuelo por permitir que tu abuelo se fuera.
Shin Hye
retrocedió un paso y lo miró a los ojos.
— ¿Por eso
has venido? ¿Porque las palabras de Kang Ye Sol demuestran mi inocencia?
—No— Yong
Hwa sacudió la cabeza enérgicamente —Había recapacitado sobre nosotros antes de
que viera a Kang Ye Sol. Sabía que te amaba. No tienes nada de mentirosa ni de
inmoral. No tienes nada que ver con YooJin y me arrepiento mucho de haberlo
pensado. Por favor, perdóname.
Ella lo miró
a los ojos. Los dos habían cometido algún error.
—Sólo te
perdonaré si tú me perdonas por no haber sido sincera contigo desde el
principio. Pero le prometí a mi abuelo en el lecho de muerte que demostraría su
inocencia.
—Lo has
hecho.
Shin Hye se
emocionó al comprender que, efectivamente, lo había hecho. Yong Hwa dio otro
paso adelante y levantó la cara de Shin Hye tomándola de la barbilla.
—Te quiero,
Shin Hye. Te quiero mucho —la abrazó—. Quiero estar contigo para siempre.
Quiero que termine el conflicto entre nuestras familias. Quiero formar otra
sociedad entre los Jung y los Choi. Por favor, cásate conmigo. Quiero tener
hijos contigo, quiero amarte y protegerte hasta que la muerte nos separe y
mucho después.
—Yong Hwa...
—Shin Hye tenía los ojos empañados de lágrimas —Yo también quiero todo eso.
La sonrisa
de Yong Hwa era suficiente para que ella lo quisiera toda la vida y, además, se
encontró rodeada por unos poderosos brazos.
—Shin Hye, no puedes imaginar como te extrañe.
Sus cuerpos estaban fundidos y no querían separarse.
—Comeremos
más tarde —susurró él antes de tomarla en brazos para subir al dormitorio. —Cuando
nos casemos en nuestra casa no habrá un momento de aburrimiento. Siempre serás
mi deseo irresistible.
La tumbó en
la cama y él se tumbó también. Ella se estremeció dominada por un deseo
incontrolable. Yong Hwa la tomó entre los brazos y ella supo que él tenía
razón, en su casa nunca habría un momento de aburrimiento.
Epílogo
Dos meses
más tarde, día de Navidad
Shin Hye
sonrió a su hermana que hacía preguntas a cien kilómetros por segundo. Era el
día de su boda y estaba deseando unirse a Yong Hwa. Habían decidido que como
todos los Jung iban esos días a sus casas, sería un momento perfecto. Y lo era.
—Tranquila, Min
Young, déjame que te conteste a la primera pregunta. Se llama Chang Wook
y es primo de Yong Hwa. Es escritor y se la pasa viajando, tiene una vida muy interesante.
Vio interés
en los ojos de su hermana. Lo vio desde que la noche anterior hicieron el
ensayo y Chang Wook, cuyo vuelo había llegado con retraso, apareció en Yong’s
Place y demostró que todos los hombres Jung eran muy sexys.
—Pero ¿vas a
ayudarme a ponerme el velo o vas a quedarte ahí atontada? —le preguntó Shin Hye
a su hermana.
Min Young se
rió mientras se ponía detrás de Shin Hye para colocarle el velo.
—Estás muy
guapa, Shin.
Shin Hye
sonrió. Ella también se encontraba guapa. Miró a Min Young en el espejo. Su
hermana también estaba muy guapa. Tenía ojos color cafe, la piel color caramelo
y un pelo largo y moreno que le caía por la espalda.
Shin Hye se
había dado cuenta de que Chang Wook también se había fijado en Min Young,
pero se había mantenido a distancia.
Yong Hwa y
ella habían querido una ceremonia con poca gente, pero los Jung no sabían
cuánta era poca gente. Había algo más de trescientos invitados. Min Young era
la dama de honor de Shin Hye y Sehun, el primo de Yong Hwa, su testigo.
Las dos
hermanas se abrazaron.
—Me alegro
por ti, Shin —susurró Min Young con la voz quebrada.
—Gracias.
Yong Hwa es un buen hombre. Me llevo lo mejor —se apartó un poco y miró a su
hermana— Algún día te tocará a ti.
Min Young se
rió con un brillo burlón en los ojos.
—Tampoco nos
precipitemos...
Yong Hwa la
vio acercarse por el pasillo y pensó que estaba preciosa. Estaba muy emocionado
y tuvo que tragarse el nudo que tenía en la garganta.
Cuando ella
llegó a su lado, Yong Hwa vio que tenía lágrimas de felicidad y la besó en la
mano.
—Te quiero
—susurró Yong Hwa.
Vio que ella
sonreía a pesar de las lágrimas. Estaba haciéndole el hombre más feliz del
mundo al casarse con él. Los dos se volvieron hacia el oficiante.
—Sí —dijo
Yong Hwa en voz alta antes de que el hombre llegara a decir algo.
— ¿Sí? —le
preguntó el oficiante con una ceja arqueada.
—Sí —Yong
Hwa asintió vigorosamente con la cabeza.
El
oficiante, que conocía a Yong Hwa desde que era un niño, sonrió.
—Todavía no
te he preguntado nada, Yong Hwa.
—Da igual,
digo sí a todo.
Yong Hwa oyó
una risa contenida y supo que era de Sehun.
El oficiante
sonrió más.
—En
cualquier caso, seguiremos con la ceremonia tal y como estaba prevista.
Al cabo de
un rato, añadió:
—Yo los
declaro marido y mujer. Puedes besar a la novia, Yong Hwa.
Yong Hwa la
besó. Fue un beso muy poco delicado. Pasó por alto completamente que estuvieran
delante de trescientos invitados y la devoró con un beso.
Chang Wook
o quizá fuera Jong Hyun, le tiró del esmoquin.
—Deja algo
para más tarde, ¿no?
Yong Hwa se
separó un poco de Shin Hye y la miró.
—No he
podido evitarlo, querida, eres mi deseo irresistible.
FIN
Oh que hermoso enserio que bueno que se dieron otra oportunidad y se casaron <3
ResponderEliminarMe encantooooooooo ♥♥♥♥♥♥♥♥♥
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