sábado, 9 de mayo de 2015

SECRETOS DE FAMILIA - CAPITULO FINAL

Yong Hwa se levantó de la cama. Cuando viajaba siempre iba a los mejores hoteles, pero una buena habitación y una cama confortable no evitaron que pasara unas noches agitadas. Había pasado dos días tan absorto con las negociaciones que no había pensado en otra cosa... en otra cosa que no fuera Shin Hye. Ella se había colado en su cabeza aunque él no quisiera y no podía sacarla de allí por mucho que lo intentara.
Los recuerdos de aquella noche lo abrumaban. Ella había parecido quedarse consternada por sus acusaciones. Sin embargo, ¿cómo había esperado ella que reaccionara él? ¿Había esperado que él la recibiera con los brazos abiertos? ¿Había esperado que él pasara por alto que su abuelo y ella se habían convertido en enemigos? Ella era una Choi y él un Jung. Él se acordaba perfectamente de que su abuelo le había advertido de que no se fiara nunca de un Choi. Él no sólo se había fiado de una sino que se había enamorado de ella.
Suspiró. ¿Creía ella que iba a tragarse la historia de que estaba intentando demostrar la inocencia de su abuelo y que iba a verse con Lee Duk para encontrar la verdad?
Sin embargo, no podía descartar la posibilidad de que ella no le dijera la verdad desde el principio precisamente por ser tan reacio a creerla. Ella sabía que no la recibiría con los brazos abiertos. Se habrían convertido en enemigos antes de tener la oportunidad de ser amigos.
Sin embargo, sobre todo, llevaba dos días dándole vueltas a la idea de que ella pudiera estar diciendo la verdad. No podía olvidarse de que era una mujer que había dejado una profesión muy prometedora por motivos éticos. Era una mujer de principios sólidos. Era una mujer que había pasado su tiempo libre haciendo galletas para los chicos de su equipo. Era alguien que se preocupaba por los demás.
El fue el primer hombre de su vida. 
Él intuía que se necesitaría mucho más que la promesa de vender sus productos en los restaurantes Lee Duk para llegar hasta donde había llegado con él si no le gustara.
Resopló. ¿Se habría comportado irracionalmente hacía dos días? ¿Había sido injusto al sacar conclusiones sin escuchar la versión de ella? ¿Se habría equivocado al ponerla en la misma categoría que YooJin? Las dos no se parecían en nada. YooJin no tenía escrúpulos y Shin Hye sabía entregarse.
Miró el reloj que había en la mesilla. Era casi medianoche. Quería llamar a Shin Hye y hablar con ella. Cuando al día siguiente volviera a Jeonju, la escucharía y no se precipitaría al juzgarla. Seguía amándola. Ya no le importaba lo que pasara con las recetas de los Jung. Si Shin Hye estaba empeñada en demostrar la inocencia de su abuelo, él la ayudaría a saber por qué las recetas habían acabado en las manos equivocadas.
Tomó aliento. Sobre todo, quería pasar el futuro con la mujer que amaba.

***
—Shin Hye, si te amaba hace dos días, seguirá amándote ahora. El amor verdadero no se puede encender o apagar como si fuera la televisión.
Shin Hye escuchó a su madrastra, pero no se quedó convencida. Había visto el desprecio más profundo en los ojos de Yong Hwa antes de que él se marchara. Sin embargo, no podía olvidarse de otra mirada. Fue la forma de mirarla unos segundos antes de decirle que la quería. Cuando él se lo dijo, ella creyó de corazón que lo decía sinceramente, como ella había sido sincera al decírselo a él.
—No pude odiar a tu padre ni después de enterarme de lo que hizo —siguió Hae Su —Estaba dolida y me puse una coraza para evitar que me volvieran a hacer daño, pero el amor perduró mucho tiempo.
—Da igual —replicó Shin Hye en voz baja —Yong Hwa me dio a entender que todo había terminado entre nosotros. He tomado algunas decisiones.
— ¿Qué decisiones?
—Hoy me he reunido con un agente inmobiliario. He decidido venderlo todo y volver a Seul.
— ¿Volver a ser abogada?
—Es posible, pero no en una empresa. He pensado especializarme en seguridad de los productos para defender a los consumidores.
— ¿Crees que las cosas se solucionarán si sales corriendo?
—No salgo corriendo, sólo protejo mi corazón para que no lo machaquen más.
Se hizo un silencio.
—Bueno —concluyó  Hae Su al cabo de unos segundos—, creo que Yong Hwa y tú tienen que sentarse y aclarar las cosas.
—Yo también lo creo —corroboró Shin Hye—, pero me quedé con la impresión de que no quería volver a verme. Como nuestros negocios están separados sólo por unos metros, es imposible que no nos veamos, de modo que uno de los dos tendrá que marcharse —hizo una breve pausa—. Eh... ya sabes que soy una superviviente.
Suspiró profundamente. Había permitido que Yong Hwa fuera demasiado importante para ella. Había hecho lo que se había prometido que no haría jamás. Se había entregado en cuerpo y alma a un hombre. Eso hacía que le costara más marcharse, pero aun así, lo haría.

***
— ¿Qué es eso de que Shin Hye va a vender su tienda? —le preguntó Yong Hwa a Juni Joo.
Había ido al restaurante directamente desde el aeropuerto y al pasar por la pastelería la había visto cerrada a media mañana y con un cartel para venderla.
Juni Joo se apoyó en la puerta cerrada del despacho.
—Los rumores dicen que se vuelve a Seul.
Yong Hwa notó un escalofrío en toda la espina dorsal. Había sido idiota al pensar lo peor de ella. Había meditado mucho durante esos días y en el fondo de su corazón sabía que Shin Hye lo amaba. Había sido idiota al acusarla de todas aquellas cosas. Shin Hye, al contrario, que YooJin, no era avariciosa.
Juni Joo se aclaró la garganta.
—Ya sé que no es un buen momento, pero hay alguien que insiste en verte.
Yong Hwa arqueó una ceja.
— ¿Quién?
—Una mujer que se llama Kang Ye Sol.
Yong Hwa suspiró al acordarse de aquel nombre.
—Por favor, dile que pase.
Kang Ye Sol   entró en el despacho. Aunque no había trabajado con su abuelo más de seis meses, Yong Hwa la recordaba. Era reservada, como solía serlo Juni Joo.
Yong Hwa se levantó y la saludo.
—Señora , cuánto tiempo... Me alegro de verla. Por favor, siéntese.
Kang Ye Sol   se sentó enfrente de él y Yong Hwa la miró a los ojos.
— ¿Qué le trae por aquí?
Yong Hwa se dio cuenta de que estaba nerviosa.
—Quería hablar con la señorita Park, pero su tienda está cerrada. Ha ido a verme un par de veces durante el mes pasado.
— ¿Shin Hye fue a verla? —Yong Hwa estaba atónito.
—Sí. No se creía que su abuelo le hubiera quitado las recetas al abuelo de usted y quería saber la verdad. Tengo entendido que también habló con Lee Duk, con Han Ki Ae  y con Lee Sun Ki .
Yong Hwa conocía todos los nombres menos uno.
— ¿Lee Sun Ki ?
—Sí, era el cocinero de Lee Duk cuando yo trabajaba con su abuelo —suspiró profundamente— Sun Ki y yo tuvimos una relación.
A Yong Hwa se le salían los ojos de las órbitas.
— ¿Eran amantes?
—Sí. Estuvimos juntos casi un año, pero lo mantuvimos en secreto. Él creía que su trabajo como cocinero en el restaurante de Lee Duk pendía de un hilo y estaba desesperado. Me pidió que encontrara alguna forma de obtener las recetas. Al principio me negué. Estaba agradecida al señor Choi por haberme dado el trabajo y creía que su abuelo era un hombre amable, aunque a veces podía ser muy terco.
Yong Hwa asintió con la cabeza. Sabía que su abuelo podía serlo.
—Sin embargo, al final se las llevó...
Ella agarró nerviosamente las asas del bolso y los ojos se le empañaron de lágrimas.
—Sí, yo se las di a Sun Ki. Me fastidió mucho que el señor Jung dejara que el señor Choi se fuera y quise hacer algo para fastidiarle a él. Un día se dejó el libro de recetas encima de la mesa cuando fue a hacer unas entregas. Copié las recetas y se las pasé a Sun Ki.
Yong Hwa se quedó sorprendido. Su abuelo siempre guardaba con llave el libro de recetas.
—Le agradezco mucho que haya venido a contarme la verdad. Por fin ha cicatrizado una herida muy vieja.
—Entonces, ¿no es demasiado tarde? —preguntó ella mientras se enjugaba las lágrimas.
— ¿Tarde? ¿Para qué?
—La señorita Park me dijo que le amaba a usted y que quería decirle la verdad, pero antes quería demostrar la inocencia de su abuelo para que usted la creyera.
Yong Hwa se derrumbó en su butaca y se sintió un miserable. Shin Hye había intentado decirle la verdad, pero él no la había escuchado. Sintió un nudo en el estómago. ¿Qué pasaría si ella no lo perdonara por no haberla creído? ¿Qué pasaría si ella ya no quisiera nada de él?
—Señor Jung...
Yong Hwa resopló y se dio cuenta de que no había contestado a la pregunta.
—No, no es demasiado tarde. Amo a Shin Hye y juntos podemos solucionar cualquier cosa.
Esperaba con toda su alma que lo que había dicho fuera verdad.

***
Shin Hye vio el deportivo de Yong Hwa en cuanto entró en el aparcamiento. Se le encogió el estómago por los nervios y agarró el bolso y la bolsa de una tienda.
Al cabo de unos instantes, cuando acababa de entrar en su tienda y de cerrar la puerta, oyó que sonaba la campanilla. Abrió la puerta y se encontró con un hombre mayor.
—Flores para la señorita Park.
Shin Hye sonrió. Era muy propio de Hae Su mandarle flores para animarla. Eran cerca de dos docenas de rosas.
—Gracias. Si espera un segundo, le daré una propina.
El hombre sonrió.
—No hace falta, ya lo han hecho —sonrió más ampliamente—. Ese señor no ha mandado nunca flores a una mujer. Al menos desde nuestra tienda.
Shin Hye se quedó boquiabierta.
— ¿Quién?
El hombre se rió.
—No puedo decírselo, pero firmó la tarjeta y como él sabe que mi mujer tiene una tendencia insuperable al chisme, estoy seguro de que también sabe que todo Jeonju se habrá enterado de este envío en menos que canta un gallo. Pero es evidente que eso no le importa. Buenos días, señora.
Shin Hye lo vio marcharse y montarse en la furgoneta de una floristería.
Shin Hye dejó las flores sobre el mostrador y tomó la tarjeta.
”El amor hace que uno diga y haga idioteces.
Perdóname.
Yong Hwa.”
Shin Hye se quedó petrificada. No podía respirar. ¡Yong Hwa le había mandado flores para disculparse! Volvieron a llamar a la puerta antes de que pudiera reponerse. Salió disparada a abrirla y se encontró con Juni Joo.
—Hola, Shin Hye, te traigo un obsequio de Yong 's Place —le explicó mientras le daba una bolsa enorme.
Shin Hye supo por el olor que fuera lo que fuera, sería delicioso.
Shin Hye sonrió y agarró la bolsa.
—Aquí hay comida por lo menos para dos personas...
Juni Joo se rió.
—Creo que se trata de eso.
Juni Joo desapareció antes de que Shin Hye pudiera decir algo.
Shin Hye cerró la puerta, fue al mostrador y dejó la bolsa junto a las flores. Volvieron a llamar a la puerta. Se quedó paralizada. Su corazón sabía quién era, como lo sabían su cuerpo y su alma.
Era Yong Hwa.
Tomó aire y cruzó la tienda hasta la puerta. Soltó lentamente el aire antes de agarrar el picaporte y abrirla.
Yong Hwa estaba apoyado en el marco de la puerta con una botella de vino en la mano. Estaba muy sexy. Ella, sorprendida, se mordió el labio inferior y él clavó los ojos en su boca. A ella se le aceleró el pulso.
No parecía enfadado. Eso era una buena señal. Shin Hye se dio cuenta de que tenía que decirle que entrara o que se fuera.
— ¿Quieres pasar?
—Sí —él no dudó al responder.
Shin Hye tragó saliva y se apartó para dejarlo pasar. Luego, se apoyó de espaldas en la puerta porque sabía que si daba un paso adelante se caería. Las rodillas le flaqueaban.
—Gracias por las flores —dijo por decir algo— Y por la comida.
—De nada. Esto también es para ti —replicó él mientras le daba una botella de vino blanco.
—Gracias.
Entonces, hizo el esfuerzo de separarse de la puerta para dejar la botella de vino con las flores y la bolsa de la comida. Se dio la vuelta lentamente y se lo encontró delante. No lo había oído acercarse. La miraba con arrepentimiento.
—Perdóname. Debería haberte escuchado. Debería haberte creído —susurró él con la voz entrecortada.
—Yo también lo siento —contestó ella con un nudo en la garganta—. Tendría que haberte dicho la verdad en cuanto supe quién eras.
Él se acercó otro paso.
—He tenido tres días para meditar. Para meditar sobre nosotros. He decidido que me gustaría que estuviéramos juntos. Lo que pasó entre nuestros abuelos es cosa del pasado. Además, tenías razón. Tu abuelo no se llevó las recetas de los Jung. Esta mañana ha venido a verme Kang Ye Sol. Primero vino aquí, pero vio la tienda cerrada. Quería que supieras la verdad. Fue ella quien se llevó las recetas. Lee Sun Ki  y ella eran amantes y ella las robó para vengarse de mi abuelo por permitir que tu abuelo se fuera.
Shin Hye retrocedió un paso y lo miró a los ojos.
— ¿Por eso has venido? ¿Porque las palabras de Kang Ye Sol  demuestran mi inocencia?
—No— Yong Hwa sacudió la cabeza enérgicamente —Había recapacitado sobre nosotros antes de que viera a Kang Ye Sol. Sabía que te amaba. No tienes nada de mentirosa ni de inmoral. No tienes nada que ver con YooJin y me arrepiento mucho de haberlo pensado. Por favor, perdóname.
Ella lo miró a los ojos. Los dos habían cometido algún error.
—Sólo te perdonaré si tú me perdonas por no haber sido sincera contigo desde el principio. Pero le prometí a mi abuelo en el lecho de muerte que demostraría su inocencia.
—Lo has hecho.
Shin Hye se emocionó al comprender que, efectivamente, lo había hecho. Yong Hwa dio otro paso adelante y levantó la cara de Shin Hye tomándola de la barbilla.
—Te quiero, Shin Hye. Te quiero mucho —la abrazó—. Quiero estar contigo para siempre. Quiero que termine el conflicto entre nuestras familias. Quiero formar otra sociedad entre los Jung y los Choi. Por favor, cásate conmigo. Quiero tener hijos contigo, quiero amarte y protegerte hasta que la muerte nos separe y mucho después.
—Yong Hwa... —Shin Hye tenía los ojos empañados de lágrimas —Yo también quiero todo eso.
La sonrisa de Yong Hwa era suficiente para que ella lo quisiera toda la vida y, además, se encontró rodeada por unos poderosos brazos.
—Shin Hye, no puedes imaginar como te extrañe. 
Sus cuerpos estaban fundidos y no querían separarse.
—Comeremos más tarde —susurró él antes de tomarla en brazos para subir al dormitorio. —Cuando nos casemos en nuestra casa no habrá un momento de aburrimiento. Siempre serás mi deseo irresistible.
La tumbó en la cama y él se tumbó también. Ella se estremeció dominada por un deseo incontrolable. Yong Hwa la tomó entre los brazos y ella supo que él tenía razón, en su casa nunca habría un momento de aburrimiento.

Epílogo

Dos meses más tarde, día de Navidad

Shin Hye sonrió a su hermana que hacía preguntas a cien kilómetros por segundo. Era el día de su boda y estaba deseando unirse a Yong Hwa. Habían decidido que como todos los Jung iban esos días a sus casas, sería un momento perfecto. Y lo era.
—Tranquila, Min Young, déjame que te conteste a la primera pregunta. Se llama Chang Wook y es primo de Yong Hwa. Es escritor y se la pasa viajando, tiene una vida  muy interesante.
Vio interés en los ojos de su hermana. Lo vio desde que la noche anterior hicieron el ensayo y Chang Wook, cuyo vuelo había llegado con retraso, apareció en Yong’s Place y demostró que todos los hombres Jung eran muy sexys.
—Pero ¿vas a ayudarme a ponerme el velo o vas a quedarte ahí atontada? —le preguntó Shin Hye a su hermana.
Min Young se rió mientras se ponía detrás de Shin Hye para colocarle el velo.
—Estás muy guapa, Shin.
Shin Hye sonrió. Ella también se encontraba guapa. Miró a Min Young en el espejo. Su hermana también estaba muy guapa. Tenía ojos color cafe, la piel color caramelo y un pelo largo y moreno que le caía por la espalda.
Shin Hye se había dado cuenta de que Chang Wook también se había fijado en Min Young, pero se había mantenido a distancia.
Yong Hwa y ella habían querido una ceremonia con poca gente, pero los Jung no sabían cuánta era poca gente. Había algo más de trescientos invitados. Min Young era la dama de honor de Shin Hye y Sehun, el primo de Yong Hwa, su testigo.
Las dos hermanas se abrazaron.
—Me alegro por ti, Shin —susurró Min Young con la voz quebrada.
—Gracias. Yong Hwa es un buen hombre. Me llevo lo mejor —se apartó un poco y miró a su hermana— Algún día te tocará a ti.
Min Young se rió con un brillo burlón en los ojos.
—Tampoco nos precipitemos...
Yong Hwa la vio acercarse por el pasillo y pensó que estaba preciosa. Estaba muy emocionado y tuvo que tragarse el nudo que tenía en la garganta.
Cuando ella llegó a su lado, Yong Hwa vio que tenía lágrimas de felicidad y la besó en la mano.
—Te quiero —susurró Yong Hwa.
Vio que ella sonreía a pesar de las lágrimas. Estaba haciéndole el hombre más feliz del mundo al casarse con él. Los dos se volvieron hacia el oficiante.
—Sí —dijo Yong Hwa en voz alta antes de que el hombre llegara a decir algo.
— ¿Sí? —le preguntó el oficiante con una ceja arqueada.
—Sí —Yong Hwa asintió vigorosamente con la cabeza.
El oficiante, que conocía a Yong Hwa desde que era un niño, sonrió.
—Todavía no te he preguntado nada, Yong Hwa.
—Da igual, digo sí a todo.
Yong Hwa oyó una risa contenida y supo que era de Sehun.
El oficiante sonrió más.
—En cualquier caso, seguiremos con la ceremonia tal y como estaba prevista.
Al cabo de un rato, añadió:
—Yo los declaro marido y mujer. Puedes besar a la novia, Yong Hwa.
Yong Hwa la besó. Fue un beso muy poco delicado. Pasó por alto completamente que estuvieran delante de trescientos invitados y la devoró con un beso.
Chang Wook o quizá fuera Jong Hyun, le tiró del esmoquin.
—Deja algo para más tarde, ¿no?
Yong Hwa se separó un poco de Shin Hye y la miró.
—No he podido evitarlo, querida, eres mi deseo irresistible.


FIN





2 comentarios:

  1. Oh que hermoso enserio que bueno que se dieron otra oportunidad y se casaron <3

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  2. Me encantooooooooo ♥♥♥♥♥♥♥♥♥

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