viernes, 1 de mayo de 2015

CAPITULO 9 - SECRETOS DE FAMILIA (CLASIFICADO - M )

— ¿Eh, Yong Hwa, tienes que ir a algún sitio esta noche?
Yong Hwa levantó los ojos de las cartas y miró a Se Won. Sus hermanos y él estaban jugando una amistosa partida de cartas en casa de Jong Hyun. Al menos, siempre empezaba siendo amistosa. Esperaba que esa noche no tuvieran que aguantar las ruidosas lamentaciones de Jong Hyun cuando empezaba a perder. Suponía que con dos gemelas recién nacidas, su hermano moderaría el tono de voz.
— ¿Por qué crees que tengo que ir a algún sitio?
—Porque pareces ansioso y no paras de mirar el reloj.
Se Hyun se rió y miró a Yong Hwa.
—Eso es una señal clarísima de que hay una mujer de por medio.
Yong Hwa no pensaba decirles si la había o no. Le había costado mucho pasar todo el día sin ver a Shin Hye. Se había dirigido dos veces a su casa, pero las dos veces había cambiado de opinión. Se verían al día siguiente cuando fueran juntos a Gwangyang y eso le dejaba contento.
Yong Hwa tiró las cartas. No tenía nada de contento. Miró a sus hermanos que lo miraban a él como si se hubiera vuelto loco.
—Lo dejo —dijo Yong Hwa mientras se levantaba.
Dong Wook arqueó una ceja.
—Para una vez que vas ganando...
Yong Hwa tomó aliento. No estaba ganando. Perdía cada segundo que estaba allí con ellos en vez de estar en brazos de Shin Hye.

Había resultado ser una buena hornada de chocolate, se dijo Shin Hye mientras se chupaba el dedo. Había hecho más del que necesitaba, pero lo que sobrara podía utilizarlo para hacer las galletas para el equipo de Yong Hwa.
Se apartó un mechón de la cara y se acordó del decepcionante encuentro con Lee Sun Ki . Era un hombre arrogante y, además, independientemente de lo que él dijera, ella creía que había sacado las recetas de algún lado.
Había sido un día muy movido y se alegraba de que la señora Kim se hubiera encontrado bien y hubiera vuelto, aunque el trajín de clientes no había impedido que mirara cada dos por tres a la puerta para ver si entraba Yong Hwa. Sabía que los viernes eran un día con mucho trabajo en su restaurante, pero aun así, había echado de menos no verlo en todo el día. Le había mandado comida y ella sonrió al pensar en que él se había acordado de ella. Había descubierto que Yong Hwa era muy detallista.
Sonó la campanilla de la puerta. Eran casi las diez. Se le aceleró el pulso al pensar que podía ser Yong Hwa. Salió de la cocina para ir a abrir. La silueta de su cuerpo a través del cristal lo delataba. A ella le dio un vuelco el corazón y abrió la puerta.

Yong Hwa se quedó mirando a la mujer que tenía delante. Estaba descalza y tenía el abundante pelo castaño recogido en una cola de caballo, pero se le había soltado un mechón que le tapaba un ojo de una forma muy sexy.
—Yong Hwa...
El se metió las manos en los bolsillos para no caer en la tentación de quitarle la goma y soltarle el pelo.
—Estaba jugando a las cartas con mis hermanos —le explicó él lentamente— Estaba ganando, pero no podía dejar de pensar en ti y concentrarme en el juego. No sabía qué estarías haciendo, pero quería estar contigo.
Shin Hye sonrió y él notó que se le encogía el estómago.
—Chocolate —dijo ella en voz baja.
— ¿Cómo dices? —le preguntó él con una ceja arqueada.
Ella volvió a sonreír.
—Estaba haciendo chocolate. Ya estaba terminando. ¿Quieres entrar?
— ¿No te importa? —Yong Hwa también sonrió.
Ella lo miró a los ojos y agito la cabeza.
Yong Hwa entró, cerró la puerta y se apoyó en ella. La miró fijamente y ella sintió que le despertaba el deseo. Los segundos parecían horas y ninguno de los dos decía nada.
— ¿Quieres tomar algo? —preguntó Shin Hye.
Se dio cuenta de que ya era demasiado tarde. El esbozó una sonrisa provocativa e insoportablemente masculina. Ella decidió insistir.
—He hecho mucho chocolate, ¿quieres probarlo?
Él asintió con la cabeza y sin apartar la mirada de ella.
—Me encantaría probar tu chocolate.
Ella tragó saliva al notar un estremecimiento y se preguntó si los dos hablaban de lo mismo.
—Me queda un poco en el cazo.
Yong Hwa siguió a Shin Hye hasta la cocina y se acordó de la última vez que había estado en aquella parte de la tienda. Fue la noche que fueron al cine y que luego ella lo invitó a tomar leche con galletas.
— ¿Dónde está tu hermano? —preguntó Yong Hwa.
—Se ha ido. Estaba de paso y sólo se quedó un rato.
—Nunca habría adivinado que eran familiares.
Shin Hye lo miró por encima del hombro y sonrió.
—Recuerda que somos hermanos solo por parte de padre. Shin Won se parece a ella y mi hermana Min Young es parecida a mi padre.
Yong Hwa se quedó junto a la puerta deleitándose con el olor. Ella había trabajado mucho. La mesa estaba llena de moldes para piruletas de chocolate. Miró a Shin Hye que iba hacia una cocina industrial.
—La ventaja del chocolate es que puedes hacer tanto como quieras porque se puede guardar y utilizarlo en cualquier momento —se volvió y sonrió a Yong Hwa—El problema es que hoy me he quedado sin sitio para guardarlo y tengo que deshacerme del que queda en el puchero. Creo que me ha salido muy bueno.
Yong Hwa la miró mientras ella metía un dedo en el puchero y se lo chupaba. A él se le alteró el pulso y notó que empezaba a perder el control de sí mismo. La miró a los ojos convencido de que ella no sabía cuánto estaba excitándolo.
— ¿Puedo probarlo? —le preguntó él mientras se quitaba la chaqueta de cuero y la colgaba en un gancho.
—Claro. ¿Quieres una cuchara o...?
—Tu dedo.
— ¿Mi dedo?
Se paró delante de ella. Olía bien, pero sabía que sabría mucho mejor.
—Quiero chuparlo de tu dedo, como has hecho tú.
Shin Hye tragó saliva. Sus palabras le habían producido un cosquilleo. Se volvió hacia el puchero y metió el dedo. Luego, se volvió hacia Yong Hwa con el dedo en alto.
—Toma.
Él, sin decir una palabra ni dejar de mirarla, agarró la mano y le chupó el chocolate. Shin Hye notó que ardía por dentro al sentir la lengua que le acariciaba el dedo delicada pero descaradamente. Cuando él se lo introdujo en la boca, ella estuvo a punto de caerse redonda. Yong Hwa la agarró de la cintura para sujetarla, soltó el dedo y se lamió los labios.
—Tenías razón. Te ha salido muy bueno. Nunca había tomado un chocolate tan bueno —antes de que ella pudiera decir algo, él se inclinó hacia delante—. Quiero más —susurró.
La besó vorazmente en los labios. El cuerpo de Shin Hye reaccionó al sentir el cuerpo de él pegado al suyo. Se necesitaban con anhelo. Él sabía a chocolate y se imaginó que ella sabría a lo mismo.
Yong Hwa se apartó para respirar. Algo lo abrumaba. Se había desatado el deseo sexual que había estado conteniendo todo el día.
Yong Hwa se quitó la camiseta y pasó inmediatamente a los vaqueros. Ella se consumía por el mismo anhelo. Se desabrochó los dos primeros botones de la bata y se la quitó por encima de la cabeza. En un par de segundos, él estaba completamente desnudo mientras ella solo llevaba su ropa interior de color azul.
Yong Hwa, impulsado por un deseo como no había sentido nunca, alargó la mano y le quitó la goma que sujetaba la cola de caballo. Luego, le soltó el cierre del sujetador y se lo quitó. Le miró el tanga, y termino de desnudarla lentamente. Sonrió y, antes de que Shin Hye pudiera reaccionar, metió la mano en el puchero de chocolate y le untó el pecho. Ella dejó escapar un gemido al sentir la sustancia caliente y cremosa sobre los pechos. Le cubrió toda la piel y le pasó los pulgares por los pezones. Luego, fue descendiendo hasta el vientre cubriendo de chocolate todo lo que tocaba. Shin Hye cerró los ojos. Aquella sensación la abrasaba por dentro y la derretía.
El empezó a lamerle todo el chocolate. Ella jadeaba su nombre con cada caricia de la lengua, gemía de deseo y elevó las caderas cuando él la colmó de placer de la forma más primitiva que conocía el ser humano.
El estremecimiento del cuerpo de Shin Hye le indicó a Yong Hwa que estaba a punto de llegar al clímax. La tomó entre los brazos, se sentó en una silla y la puso a horcajadas sobre sí. Se abrió camino dentro de ella.
La besó en la boca con un apetito insaciable y empezó a mover el cuerpo con un ritmo enloquecedor.
— ¡Yong Hwa!
Oyó que ella volvía a gritar. Cuando ella se estremeció convulsivamente entre sus brazos, Yong Hwa no pudo negarse otro orgasmo. Hacía tres noches había pensado que aquella mujer era casi demasiado para él. En ese momento, se preguntaba cómo podría sobrevivir a la pasión que se desataba en él cada vez que hacían el amor.
Estaba deliciosamente extenuado y ninguno de los dos dijo nada durante un buen rato. Tampoco tenía mucha prisa por separar los cuerpos.
Entonces, él levantó la cabeza, se miraron a los ojos y él se dio cuenta de que había sido un momento extraordinariamente especial y que nunca tendría suficiente, por muchas veces que hicieran el amor.
También se dio cuenta de otra cosa. Empezaba a enamorarse de Shin Hye y cada vez más.
Yong Hwa se despertó al oír unos bocinazos en la distancia. Era por la mañana. Miró a la mujer que estaba acurrucada a su lado y se acordó de todo lo que habían compartido la noche anterior. Después de hacer el amor en la silla, la había tomado en brazos y la había subido a la ducha. Le limpió todo rastro de chocolate, la secó y la llevó a la cama, donde hicieron el amor una vez más.
Cerró los ojos y pensó que lo que más quería en el mundo era estar a su lado.
Se pasó una mano por la cara. Si seguía a ese ritmo, tendría que empezar a tomar un tratamiento diario de vitaminas.
Miró el reloj. Eran casi las siete. El restaurante ya estaría abierto y como su coche estaba aparcado fuera, Juni Joo y Kev adivinarían fácilmente dónde estaba y qué estaba haciendo.
Se acarició la barbilla. Necesitaba un afeitado, pero sintió un cosquilleo en las entrañas que le dejó muy claro que también necesitaba otra cosa. A Shin Hye. Tenía que despertarla y sonrió al pensar cómo quería hacerlo.
***
Shin Hye miró a Yong Hwa cuando pasaron junto a la señal que indicaba que habían llegado a Gwangyang. Era una ciudad muy bonita. Había estado muy a gusto con Yong Hwa durante las dos horas de viaje, aunque se durmió la primera media hora. Recordó cómo la había despertado esa mañana y esbozó una sonrisa.
Después de que Yong Hwa hiciera todo lo que tenía que hacer, fueron a comer unos mariscos deliciosos y luego dieron un paseo por los jardines agarrados de la mano todo el tiempo. En un momento dado, Yong Hwa la estrechó contra sí.
—Anoche fue algo muy especial, Shin Hye —le susurró—Toda la semana lo ha sido. Quería que lo supieras.
Ella lo miró y sonrió. Ya se lo había dicho dos veces.
—Para mí, pasar el tiempo contigo también ha sido muy especial, Yong Hwa.
Se quedaron en silencio mientras iban hacia el aparcamiento.
—Me gustaría hacerte una cena mañana —dijo él al cabo de un rato.
Ella se rió al acordarse de lo que había pasado la otra vez que él le preparó una cena,
— ¿En el restaurante?
—No, en mi casa.
Llegaron al coche y se pararon. Él sonreía de esa forma que tanto la alteraba. Ella había echado una ojeada a su casa cuando fueron esa mañana para que él se cambiara. Estaba en una zona muy selecta de Jeonju y a Shin Hye le había parecido preciosa.
—Me encantará cenar mañana contigo. ¿Quieres que lleve algo?
—Sólo a ti misma —respondió Yong Hwa con una sonrisa irresistible.
—Mmm... creo que podré conseguirlo...
Yong Hwa la abrazó y la besó.
—Eso espero —le susurró al oído.
***
Aunque Yong Hwa le había dicho que sólo le llevara a ella misma, Shin Hye no pudo resistir la tentación de hacer un postre. Sonrió al mirar la fuente con pudín de plátano. Sin embargo, la sonrisa se desvaneció y se olvidó del pudín cuando Yong Hwa abrió la puerta y se miraron a los ojos. Estaba delante de ella, imponente y arrebatadoramente viril. El jersey azul marino resaltaba sus anchos hombros y los vaqueros se ajustaban perfectamente. Shin Hye intentó mantener la poca compostura que le quedaba.
—Creí que te había dicho que sólo tenías que traerte a ti misma.
Shin Hye tragó saliva. Su voz era tan sexy como todo él.
—No he podido resistirme.
El sonrió, se acercó y tomó la fuente que llevaba ella.
—Yo tampoco puedo...
Se inclinó y la besó. Eso daría tema de conversación a los vecinos que pudieran verlos.
—Creo que será mejor que acabemos esto dentro —susurró Yong Hwa.
Shin Hye se pasó la lengua por los labios.
—Mmm... yo también lo creo.
Yong Hwa se apartó y en cuanto entraron y cerraron la puerta, él dejó la fuente en una mesa del vestíbulo, la abrazó y la besó más apasionadamente que hacía unos instantes.
—Besarte se ha convertido en una adicción —susurró él mientras le besaba cerca de oido—. Me encanta tu sabor.
Ella sonrió.
—Yo había venido a comer, no a que me comieran.
Él se rió y le pasó la lengua por los labios.
—No te preocupes, voy a darte de comer —Yong Hwa tomó aire y retrocedió un paso—. Vamos a la cocina antes de que te tome aquí mismo, porque ganas no me faltan.
Yong Hwa volvió a agarrar la fuente con el postre y se inclinó hacia ella para darle un beso fugaz.
—Espero que hayas venido con energía porque pienso ponerte a trabajar.
— ¿A trabajar? —preguntó Shin Hye.
—Sí, a trabajar —confirmó él mientras iba hacia la cocina—Quiero que me ayudes a hacer una de las recetas secretas de los Jung.
Shin Hye se quedó de piedra.
—Creía que no compartías con nadie las recetas secretas...
Él se dio la vuelta y sonrió.
—Confío en ti. Vamos, ya te lo he avisado, pienso ponerte a trabajar.
Shin Hye dudó. Era el momento perfecto para dejar las cosas claras con él. Tenía que decirle la verdad, sobre todo desde que su investigación se había quedado en un punto muerto. Ya no quedaba nadie que pudiera darle alguna información. Han Ki Ae  y Kang Ye Sol   decían que le habían contado todo lo que sabían y Lee Duk y Lee Sun Ki  aseguraban que no sabían nada. Aunque había algo que no se creía en las versiones de Kang Ye Sol   y de Lee Sun Ki , pero no podía probarlo. Estaba dispuesta a volver a hablar con los dos.
—Shin Hye...
Miró a Yong Hwa. Él también la miraba, pero de una forma rara.
— ¿Sí...?
— ¿Te pasa algo?
Shin Hye tomó aliento y quiso contarle la verdad, pero supo que no podía hacerlo en aquel momento. No podía arriesgarse. Él podría echarla de una patada  y ella no lo resistiría. Pronto le diría la verdad, pero no en aquel momento.
—No —contestó ella con una sonrisa forzada —¿Qué quieres que haga?
Yong Hwa dejó una hoja de papel en la encimera.
—Me sé la receta de memoria, pero como vas a ayudarme, he sacado una copia del ordenador.
Ella contuvo la respiración y miró la receta.
— ¿Guardas las recetas en el ordenador?
Él soltó una carcajada mientras sacaba un bote de nata de la nevera.
—Claro. Algún día dejaré el negocio a una de mis sobrinas o a alguno de mis sobrinos.
— ¿No vas a tener hijos?
La miró con una sonrisa vacilante.
—No tengo pensado casarme ni tener hijos. Además, si por una casualidad me casara, dentro de veinte años o más, sólo pediría que mi mujer fuera una buena compañía. Nuestro matrimonio sólo sería algo formal.
Shin Hye asintió con la cabeza y volvió a mirar la receta. Le fastidiaba hasta que Yong Hwa pudiera casarse, hipotéticamente, con alguien por comodidad. Lo amaba.
— ¿Qué te parece?
La pregunta de Yong Hwa la asustó. Estaba embebida en sus pensamientos.
— ¿Qué? ¿Que dentro de veinte años te cases con una mujer a la que no quieres?
Él negó con la cabeza.
—No. ¿Qué te parece la receta? ¿Puedes hacerla?
Yong Hwa dejó la nata en la encimera y se puso detrás de ella. La atrajo contra sí. Él estaba dispuesto a todo. Ella contuvo la respiración cuando él la agarró de las caderas.
Shin Hye cerró los ojos. En cualquier momento, empezaría a seducirla. Si no lo paraba, nunca harían la cena. Además, tenía que aclararse las ideas. La conversación sobre el posible matrimonio de él la había desconcertado.
Shin Hye se dio la vuelta atropelladamente y Yong Hwa se quedó atónito.
—Perdona, tengo que lavarme antes de empezar.
Sin dejarle reaccionar, se separó de él, fue al cuarto de baño, cerró la puerta e intentó recuperar la respiración.

Shin Hye se comió el último trozo de carne y se relamió. Todas las comidas que le había hecho Yong Hwa le habían encantado, pero aquélla era especial porque la habían hecho juntos en la cocina de él, como si fuera la de los dos.
—No te pases la lengua por los labios de esa manera —le susurró Yong Hwa.
Ella lo miró con una ceja arqueada.
— ¿Por qué?
—Porque me entran ganas de lamértelos yo.
Yong Hwa notó que la tensión sexual iba en aumento y decidió que tenía que enfriar la situación para disfrutar de la velada.
—Háblame de tus abuelos.
Shin Hye lo miró fijamente y sintió que el pánico se apoderaba de ella.
— ¿Por qué?
—Porque creo que a juzgar por lo que me contaste de la situación de tu madre, tus abuelos han tenido que tener un efecto positivo en tu vida.
Shin Hye sonrió. Notaba que él estaba sinceramente interesado.
—Efectivamente. Aunque mi madre y yo vivíamos en nuestra casa, ellos estaban cerca. Se fueron a vivir a Seul, para estar cerca de nosotras, cuando yo era aun  una niña. Tengo unos recuerdos maravillosos de ellos.
Shin Hye decidió que era el momento ideal para decirle quién era su abuelo.
—Yong Hwa...
Él la miró a los ojos y sonrió.
— ¿Qué?
Ella dejó escapar un sonido, pero no consiguió formar las palabras que quería decir.
— ¿Desde cuándo vives aquí?
—Desde hace algo más de un año. Antes tenía un piso en lado este, pero visité a unos amigos que vivían aquí y decidí que me gustaba. ¿Y tú? ¿Piensas quedarte algún tiempo en el piso de encima de la tienda o vas a comprarte otra cosa?
Shin Hye dio un sorbo de café.
—Tenía una casa en Seúl. Era mucho más grande de lo que necesitaba, pero mi jefe en la empresa donde trabajaba creía que los abogados que había contratado tenían que tener una casa grande en un vecindario elegante. Yo hice obedientemente lo que esperaban de mí.
Yong Hwa asintió con la cabeza.
— ¿No echas de menos ser abogada?
—Echo de menos la abogacía, pero no los principios de la empresa que iban con ella. Una de las secciones de la empresa que yo representaba fabricaba juguetes. Habíamos recibido muchas quejas sobre un juguete concreto porque bastantes niños se habían hecho daño con él. Sin embargo, se vendía muy bien y la empresa se negó a retirarlo del mercado. Hasta que un niño murió y nos demandaron. Yo tenía que defender un producto que sabía que había sido el causante de la muerte del niño. No pude hacerlo y me marché.
Yong Hwa sintió una profunda admiración por ella, se levantó, rodeó la mesa y la agarró de la mano.
—Vamos a dar un paseo.
— ¿Un paseo? —le preguntó ella en tono de sorpresa.
—Sí. Hay un sendero que entra de lleno en la naturaleza. Además, así podemos bajar la comilona, y eso que todavía no hemos comido el budín de plátano...
—No me lo recuerdes. No sé dónde voy a meter nada más.
Él sonrió.
—Eso te pasa por terca. Te dije que no trajeras nada, aparte de a ti misma.
—Ya, pero no quería que tú cocinaras todo. Si llego a saber que ibas a ponerme a trabajar, me habría pensado dos veces hacer el postre.
Él se inclinó y la besó en la cabeza.
—Reconoce que lo has pasado bien cocinando conmigo.
Shin Hye se rió.
—De acuerdo, lo reconozco. ¿Contento?
Yong Hwa le tomó la cara entre las manos y la miró a los ojos.
—Sí, estoy contento —contestó él dando un significado especial a las palabras—. Vamos a dar ese paseo.
***
— ¿Cómo que no se lo has dicho todavía?
Esa noche, Shin Hye estaba hablando por teléfono con su hermana Min Young.
—Shin Hye...
Era peor que tenerla en persona.
—Te he oído —replicó Shin Hye antes de dar un sorbo de café—. No se ha dado el momento adecuado. Cada vez que abría la boca para decírselo, él me decía algo bonito y ya no me salía.
—Sólo son excusas.
Shin Hye suspiró.
—No es fácil, ya te he dicho lo que siento por él.
—Sí, pero si quieres que él sienta lo mismo por ti, tienes que ser sincera y poner las cartas encima de la mesa.
Shin Hye miró la taza de café. Su hermana tenía razón. Esa noche, mientras cenaba con Yong Hwa, había tenido por lo menos dos buenas oportunidades.
—Si se lo digo ahora, antes de demostrar la inocencia de mi abuelo, él podría pensar lo peor.
— ¿Y si no puedes demostrar la inocencia de tu abuelo? Entonces, ¿qué?
Shin Hye no quería plantearse esa posibilidad. Sabía que Kang Ye Sol   y Lee Sun Ki  ocultaban algo. Cerró los ojos y vio la imagen de Yong Hwa que la sonreía. Entonces, apareció otra imagen. Era Yong Hwa furioso con ella.
—Shin...
Shin Hye volvió a abrir los ojos.
— ¿Qué?
—Eres especial y da igual el resultado. Si él no capta lo especial que eres, entonces, estarás mejor sin él.
—Tienes un concepto demasiado bueno de mí, hermana.
Shin Hye sonrió y dejó la taza de café.
—Eh... puedo decir lo mismo de ti.
Se quedaron un rato en silencio.
—Él te gustaría —comentó Shin Hye.
—Ya, pero, por lo que a mí respecta, ya está ocupado. Me dijiste que tiene hermanos, ¿no?
Shin Hye sonrió.
—También están ocupados, pero tiene algunos primos muy guapos y solteros.
—Mmm... a lo mejor te hago una visita...
—A lo mejor te convendría...
***
—Jong Hyun dice que vas muy en serio con una chica.
Yong Hwa miró fijamente a su primo Sehun que estaba de visita en la ciudad. Sehun trabajaba en el Servicio Secreto del gobierno y podía aparecer en cualquier sitio. Yong Hwa dio un sorbo de cerveza.
—Jong Hyun habla más de la cuenta.
—Es posible —Sehun sonrió—. Cuéntame, ¿quién es ella y cómo te ha atrapado?
Yong Hwa se encogió de hombros. Ya no se veía mucho con Sehun, pero de pequeños habían sido inseparables y no tenían secretos el uno para el otro.
—Se llama Park Shin Hye y ha venido de Seul. Trabajaba de abogada en una empresa, pero se cansó de la falta de escrúpulos de esa empresa y decidió probar suerte con los pasteles. Tiene su negocio a pocos metros de mi restaurante.
— ¿Dejó la abogacía para hacer pasteles? —le preguntó Sehun bastante sorprendido.
—Sí.
Sehun sacudió la cabeza.
—Es un cambio muy radical. Me pregunto qué dirían sus padres.
Yong Hwa pasó unos diez minutos contándole el pasado de Shin Hye y la canallada de su padre.
—Ha tenido que pasarlo muy mal —comentó Sehun.
—Seguro, pero por lo menos tenía a sus abuelos.
—Parecen buena gente...
Yong Hwa se acordó de la mujer que empezaba a ser tan importante para él.
—Sí, me alegro de que ella los tuviera.
— ¿Qué hizo para que te fijaras en ella? —le preguntó su primo mientras se inclinaba hacia delante.
Yong Hwa se levantó y fue hacia la ventana. Se quedó un instante pensando en la pregunta de Sehun. Hasta que se dio la vuelta y se encogió de hombros.
—Es una buena pregunta, pero el caso es que me tiene atrapado y lo curioso es que me gusta estarlo.
Su primo esbozó una amplia sonrisa.
—La próxima vez que venga, me gustaría conocerla.

—La conocerás —le aseguró Yong Hwa.


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1 comentario:

  1. <3 awww cuanto amor se tiene estos dos que ya no pueden estar separados uno del otro ...sierto shin tuvo una oportunidad bueno no una si no dos para decir la verdad .. y por el miedo de como reaccionara no lo ase y si sigue asi jamas sabra como reaccionara y si lo deja pasar mas tiempo puede que hasta sea peor no sabra como reaccionara hasta que se lo diga por que diga lo que diga yong ella ya esta muy dentro de su piel asi se dice no ? hahah bueno eso ... aaaa sigueee muy buen cap me encanta el fic porfa porfa porfaa no trades tanto en actualizar

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