— ¿Eh, Yong
Hwa, tienes que ir a algún sitio esta noche?
Yong Hwa
levantó los ojos de las cartas y miró a Se Won. Sus hermanos y él estaban
jugando una amistosa partida de cartas en casa de Jong Hyun. Al menos, siempre
empezaba siendo amistosa. Esperaba que esa noche no tuvieran que aguantar las
ruidosas lamentaciones de Jong Hyun cuando empezaba a perder. Suponía que con
dos gemelas recién nacidas, su hermano moderaría el tono de voz.
— ¿Por qué
crees que tengo que ir a algún sitio?
—Porque
pareces ansioso y no paras de mirar el reloj.
Se Hyun se
rió y miró a Yong Hwa.
—Eso es una
señal clarísima de que hay una mujer de por medio.
Yong Hwa no
pensaba decirles si la había o no. Le había costado mucho pasar todo el día sin
ver a Shin Hye. Se había dirigido dos veces a su casa, pero las dos veces había
cambiado de opinión. Se verían al día siguiente cuando fueran juntos a Gwangyang
y eso le dejaba contento.
Yong Hwa
tiró las cartas. No tenía nada de contento. Miró a sus hermanos que lo miraban
a él como si se hubiera vuelto loco.
—Lo dejo
—dijo Yong Hwa mientras se levantaba.
Dong Wook
arqueó una ceja.
—Para una
vez que vas ganando...
Yong Hwa
tomó aliento. No estaba ganando. Perdía cada segundo que estaba allí con ellos
en vez de estar en brazos de Shin Hye.
Había
resultado ser una buena hornada de chocolate, se dijo Shin Hye mientras se
chupaba el dedo. Había hecho más del que necesitaba, pero lo que sobrara podía
utilizarlo para hacer las galletas para el equipo de Yong Hwa.
Se apartó un
mechón de la cara y se acordó del decepcionante encuentro con Lee Sun Ki . Era
un hombre arrogante y, además, independientemente de lo que él dijera, ella
creía que había sacado las recetas de algún lado.
Había sido
un día muy movido y se alegraba de que la señora Kim se hubiera encontrado bien
y hubiera vuelto, aunque el trajín de clientes no había impedido que mirara
cada dos por tres a la puerta para ver si entraba Yong Hwa. Sabía que los
viernes eran un día con mucho trabajo en su restaurante, pero aun así, había
echado de menos no verlo en todo el día. Le había mandado comida y ella sonrió
al pensar en que él se había acordado de ella. Había descubierto que Yong Hwa
era muy detallista.
Sonó la
campanilla de la puerta. Eran casi las diez. Se le aceleró el pulso al pensar
que podía ser Yong Hwa. Salió de la cocina para ir a abrir. La silueta de su
cuerpo a través del cristal lo delataba. A ella le dio un vuelco el corazón y
abrió la puerta.
Yong Hwa se
quedó mirando a la mujer que tenía delante. Estaba descalza y tenía el
abundante pelo castaño recogido en una cola de caballo, pero se le había
soltado un mechón que le tapaba un ojo de una forma muy sexy.
—Yong Hwa...
El se metió
las manos en los bolsillos para no caer en la tentación de quitarle la goma y
soltarle el pelo.
—Estaba
jugando a las cartas con mis hermanos —le explicó él lentamente— Estaba
ganando, pero no podía dejar de pensar en ti y concentrarme en el juego. No
sabía qué estarías haciendo, pero quería estar contigo.
Shin Hye
sonrió y él notó que se le encogía el estómago.
—Chocolate
—dijo ella en voz baja.
— ¿Cómo
dices? —le preguntó él con una ceja arqueada.
Ella volvió
a sonreír.
—Estaba
haciendo chocolate. Ya estaba terminando. ¿Quieres entrar?
— ¿No te
importa? —Yong Hwa también sonrió.
Ella lo miró
a los ojos y agito la cabeza.
Yong Hwa
entró, cerró la puerta y se apoyó en ella. La miró fijamente y ella sintió que
le despertaba el deseo. Los segundos parecían horas y ninguno de los dos decía
nada.
— ¿Quieres
tomar algo? —preguntó Shin Hye.
Se dio
cuenta de que ya era demasiado tarde. El esbozó una sonrisa provocativa e
insoportablemente masculina. Ella decidió insistir.
—He hecho
mucho chocolate, ¿quieres probarlo?
Él asintió
con la cabeza y sin apartar la mirada de ella.
—Me
encantaría probar tu chocolate.
Ella tragó
saliva al notar un estremecimiento y se preguntó si los dos hablaban de lo
mismo.
—Me queda un
poco en el cazo.
Yong Hwa
siguió a Shin Hye hasta la cocina y se acordó de la última vez que había estado
en aquella parte de la tienda. Fue la noche que fueron al cine y que luego ella
lo invitó a tomar leche con galletas.
— ¿Dónde
está tu hermano? —preguntó Yong Hwa.
—Se ha ido.
Estaba de paso y sólo se quedó un rato.
—Nunca
habría adivinado que eran familiares.
Shin Hye lo
miró por encima del hombro y sonrió.
—Recuerda que
somos hermanos solo por parte de padre. Shin Won se parece a ella y mi hermana Min
Young es parecida a mi padre.
Yong Hwa se
quedó junto a la puerta deleitándose con el olor. Ella había trabajado mucho.
La mesa estaba llena de moldes para piruletas de chocolate. Miró a Shin Hye que
iba hacia una cocina industrial.
—La ventaja
del chocolate es que puedes hacer tanto como quieras porque se puede guardar y
utilizarlo en cualquier momento —se volvió y sonrió a Yong Hwa—El problema es
que hoy me he quedado sin sitio para guardarlo y tengo que deshacerme del que
queda en el puchero. Creo que me ha salido muy bueno.
Yong Hwa la
miró mientras ella metía un dedo en el puchero y se lo chupaba. A él se le
alteró el pulso y notó que empezaba a perder el control de sí mismo. La miró a
los ojos convencido de que ella no sabía cuánto estaba excitándolo.
— ¿Puedo
probarlo? —le preguntó él mientras se quitaba la chaqueta de cuero y la colgaba
en un gancho.
—Claro.
¿Quieres una cuchara o...?
—Tu dedo.
— ¿Mi dedo?
Se paró
delante de ella. Olía bien, pero sabía que sabría mucho mejor.
—Quiero
chuparlo de tu dedo, como has hecho tú.
Shin Hye
tragó saliva. Sus palabras le habían producido un cosquilleo. Se volvió hacia
el puchero y metió el dedo. Luego, se volvió hacia Yong Hwa con el dedo en
alto.
—Toma.
Él, sin
decir una palabra ni dejar de mirarla, agarró la mano y le chupó el chocolate.
Shin Hye notó que ardía por dentro al sentir la lengua que le acariciaba el
dedo delicada pero descaradamente. Cuando él se lo introdujo en la boca, ella
estuvo a punto de caerse redonda. Yong Hwa la agarró de la cintura para
sujetarla, soltó el dedo y se lamió los labios.
—Tenías
razón. Te ha salido muy bueno. Nunca había tomado un chocolate tan bueno —antes
de que ella pudiera decir algo, él se inclinó hacia delante—. Quiero más
—susurró.
La besó
vorazmente en los labios. El cuerpo de Shin Hye reaccionó al sentir el cuerpo de
él pegado al suyo. Se necesitaban con anhelo. Él sabía a chocolate y se imaginó
que ella sabría a lo mismo.
Yong Hwa se
apartó para respirar. Algo lo abrumaba. Se había desatado el deseo sexual que
había estado conteniendo todo el día.
Yong Hwa se
quitó la camiseta y pasó inmediatamente a los vaqueros. Ella se consumía por el
mismo anhelo. Se desabrochó los dos primeros botones de la bata y se la quitó
por encima de la cabeza. En un par de segundos, él estaba completamente desnudo
mientras ella solo llevaba su ropa interior de color azul.
Yong Hwa, impulsado
por un deseo como no había sentido nunca, alargó la mano y le quitó la goma que
sujetaba la cola de caballo. Luego, le soltó el cierre del sujetador y se lo
quitó. Le miró el tanga, y termino de desnudarla lentamente. Sonrió y, antes de
que Shin Hye pudiera reaccionar, metió la mano en el puchero de chocolate y le
untó el pecho. Ella dejó escapar un gemido al sentir la sustancia caliente y
cremosa sobre los pechos. Le cubrió toda la piel y le pasó los pulgares por los
pezones. Luego, fue descendiendo hasta el vientre cubriendo de chocolate todo
lo que tocaba. Shin Hye cerró los ojos. Aquella sensación la abrasaba por
dentro y la derretía.
El empezó a
lamerle todo el chocolate. Ella jadeaba su nombre con cada caricia de la
lengua, gemía de deseo y elevó las caderas cuando él la colmó de placer de la
forma más primitiva que conocía el ser humano.
El
estremecimiento del cuerpo de Shin Hye le indicó a Yong Hwa que estaba a punto
de llegar al clímax. La tomó entre los brazos, se sentó en una silla y la puso
a horcajadas sobre sí. Se abrió camino dentro de ella.
La besó en
la boca con un apetito insaciable y empezó a mover el cuerpo con un ritmo
enloquecedor.
— ¡Yong Hwa!
Oyó que ella
volvía a gritar. Cuando ella se estremeció convulsivamente entre sus brazos,
Yong Hwa no pudo negarse otro orgasmo. Hacía tres noches
había pensado que aquella mujer era casi demasiado para él. En ese momento, se
preguntaba cómo podría sobrevivir a la pasión que se desataba en él cada vez
que hacían el amor.
Estaba
deliciosamente extenuado y ninguno de los dos dijo nada durante un buen rato.
Tampoco tenía mucha prisa por separar los cuerpos.
Entonces, él
levantó la cabeza, se miraron a los ojos y él se dio cuenta de que había sido
un momento extraordinariamente especial y que nunca tendría suficiente, por
muchas veces que hicieran el amor.
También se
dio cuenta de otra cosa. Empezaba a enamorarse de Shin Hye y cada vez más.
Yong Hwa se
despertó al oír unos bocinazos en la distancia. Era por la mañana. Miró a la
mujer que estaba acurrucada a su lado y se acordó de todo lo que habían
compartido la noche anterior. Después de hacer el amor en la silla, la había
tomado en brazos y la había subido a la ducha. Le limpió todo rastro de
chocolate, la secó y la llevó a la cama, donde hicieron el amor una vez más.
Cerró los
ojos y pensó que lo que más quería en el mundo era estar a su lado.
Se pasó una
mano por la cara. Si seguía a ese ritmo, tendría que empezar a tomar un
tratamiento diario de vitaminas.
Miró el
reloj. Eran casi las siete. El restaurante ya estaría abierto y como su coche
estaba aparcado fuera, Juni Joo y Kev adivinarían fácilmente dónde estaba y qué
estaba haciendo.
Se acarició
la barbilla. Necesitaba un afeitado, pero sintió un cosquilleo en las entrañas
que le dejó muy claro que también necesitaba otra cosa. A Shin Hye. Tenía que
despertarla y sonrió al pensar cómo quería hacerlo.
***
Shin Hye
miró a Yong Hwa cuando pasaron junto a la señal que indicaba que habían llegado
a Gwangyang. Era una ciudad muy bonita. Había estado muy a gusto con Yong Hwa
durante las dos horas de viaje, aunque se durmió la primera media hora. Recordó
cómo la había despertado esa mañana y esbozó una sonrisa.
Después de
que Yong Hwa hiciera todo lo que tenía que hacer, fueron a comer unos mariscos
deliciosos y luego dieron un paseo por los jardines agarrados de la mano todo el
tiempo. En un momento dado, Yong Hwa la estrechó contra sí.
—Anoche fue
algo muy especial, Shin Hye —le susurró—Toda la semana lo ha sido. Quería que
lo supieras.
Ella lo miró
y sonrió. Ya se lo había dicho dos veces.
—Para mí,
pasar el tiempo contigo también ha sido muy especial, Yong Hwa.
Se quedaron
en silencio mientras iban hacia el aparcamiento.
—Me gustaría
hacerte una cena mañana —dijo él al cabo de un rato.
Ella se rió
al acordarse de lo que había pasado la otra vez que él le preparó una cena,
— ¿En el
restaurante?
—No, en mi
casa.
Llegaron al
coche y se pararon. Él sonreía de esa forma que tanto la alteraba. Ella había
echado una ojeada a su casa cuando fueron esa mañana para que él se cambiara.
Estaba en una zona muy selecta de Jeonju y a Shin Hye le había parecido
preciosa.
—Me
encantará cenar mañana contigo. ¿Quieres que lleve algo?
—Sólo a ti
misma —respondió Yong Hwa con una sonrisa irresistible.
—Mmm... creo
que podré conseguirlo...
Yong Hwa la
abrazó y la besó.
—Eso espero
—le susurró al oído.
***
Aunque Yong
Hwa le había dicho que sólo le llevara a ella misma, Shin Hye no pudo resistir
la tentación de hacer un postre. Sonrió al mirar la fuente con pudín de
plátano. Sin embargo, la sonrisa se desvaneció y se olvidó del pudín cuando
Yong Hwa abrió la puerta y se miraron a los ojos. Estaba delante de ella,
imponente y arrebatadoramente viril. El jersey azul marino resaltaba sus anchos
hombros y los vaqueros se ajustaban perfectamente. Shin Hye intentó mantener la
poca compostura que le quedaba.
—Creí que te
había dicho que sólo tenías que traerte a ti misma.
Shin Hye
tragó saliva. Su voz era tan sexy como todo él.
—No he
podido resistirme.
El sonrió,
se acercó y tomó la fuente que llevaba ella.
—Yo tampoco
puedo...
Se inclinó y
la besó. Eso daría tema de conversación a los vecinos que pudieran verlos.
—Creo que
será mejor que acabemos esto dentro —susurró Yong Hwa.
Shin Hye se
pasó la lengua por los labios.
—Mmm... yo
también lo creo.
Yong Hwa se
apartó y en cuanto entraron y cerraron la puerta, él dejó la fuente en una mesa
del vestíbulo, la abrazó y la besó más apasionadamente que hacía unos
instantes.
—Besarte se
ha convertido en una adicción —susurró él mientras le besaba cerca de oido—. Me
encanta tu sabor.
Ella sonrió.
—Yo había
venido a comer, no a que me comieran.
Él se rió y
le pasó la lengua por los labios.
—No te
preocupes, voy a darte de comer —Yong Hwa tomó aire y retrocedió un paso—.
Vamos a la cocina antes de que te tome aquí mismo, porque ganas no me faltan.
Yong Hwa
volvió a agarrar la fuente con el postre y se inclinó hacia ella para darle un
beso fugaz.
—Espero que
hayas venido con energía porque pienso ponerte a trabajar.
— ¿A
trabajar? —preguntó Shin Hye.
—Sí, a
trabajar —confirmó él mientras iba hacia la cocina—Quiero que me ayudes a hacer
una de las recetas secretas de los Jung.
Shin Hye se
quedó de piedra.
—Creía que
no compartías con nadie las recetas secretas...
Él se dio la
vuelta y sonrió.
—Confío en
ti. Vamos, ya te lo he avisado, pienso ponerte a trabajar.
Shin Hye
dudó. Era el momento perfecto para dejar las cosas claras con él. Tenía que
decirle la verdad, sobre todo desde que su investigación se había quedado en un
punto muerto. Ya no quedaba nadie que pudiera darle alguna información. Han Ki
Ae y Kang Ye Sol decían que le habían contado todo lo que
sabían y Lee Duk y Lee Sun Ki aseguraban
que no sabían nada. Aunque había algo que no se creía en las versiones de Kang
Ye Sol y de Lee Sun Ki , pero no podía probarlo.
Estaba dispuesta a volver a hablar con los dos.
—Shin Hye...
Miró a Yong
Hwa. Él también la miraba, pero de una forma rara.
— ¿Sí...?
— ¿Te pasa
algo?
Shin Hye
tomó aliento y quiso contarle la verdad, pero supo que no podía hacerlo en
aquel momento. No podía arriesgarse. Él podría echarla de una patada y ella no lo resistiría. Pronto le diría la
verdad, pero no en aquel momento.
—No —contestó
ella con una sonrisa forzada —¿Qué quieres que haga?
Yong Hwa
dejó una hoja de papel en la encimera.
—Me sé la
receta de memoria, pero como vas a ayudarme, he sacado una copia del ordenador.
Ella contuvo
la respiración y miró la receta.
— ¿Guardas
las recetas en el ordenador?
Él soltó una
carcajada mientras sacaba un bote de nata de la nevera.
—Claro.
Algún día dejaré el negocio a una de mis sobrinas o a alguno de mis sobrinos.
— ¿No vas a
tener hijos?
La miró con
una sonrisa vacilante.
—No tengo
pensado casarme ni tener hijos. Además, si por una casualidad me casara, dentro
de veinte años o más, sólo pediría que mi mujer fuera una buena compañía.
Nuestro matrimonio sólo sería algo formal.
Shin Hye
asintió con la cabeza y volvió a mirar la receta. Le fastidiaba hasta que Yong
Hwa pudiera casarse, hipotéticamente, con alguien por comodidad. Lo amaba.
— ¿Qué te
parece?
La pregunta
de Yong Hwa la asustó. Estaba embebida en sus pensamientos.
— ¿Qué? ¿Que
dentro de veinte años te cases con una mujer a la que no quieres?
Él negó con
la cabeza.
—No. ¿Qué te
parece la receta? ¿Puedes hacerla?
Yong Hwa
dejó la nata en la encimera y se puso detrás de ella. La atrajo contra sí. Él
estaba dispuesto a todo. Ella contuvo la respiración cuando él la agarró de las
caderas.
Shin Hye
cerró los ojos. En cualquier momento, empezaría a seducirla. Si no lo paraba,
nunca harían la cena. Además, tenía que aclararse las ideas. La conversación
sobre el posible matrimonio de él la había desconcertado.
Shin Hye se
dio la vuelta atropelladamente y Yong Hwa se quedó atónito.
—Perdona,
tengo que lavarme antes de empezar.
Sin dejarle
reaccionar, se separó de él, fue al cuarto de baño, cerró la puerta e intentó
recuperar la respiración.
Shin Hye se
comió el último trozo de carne y se relamió. Todas las comidas que le había
hecho Yong Hwa le habían encantado, pero aquélla era especial porque la habían
hecho juntos en la cocina de él, como si fuera la de los dos.
—No te pases
la lengua por los labios de esa manera —le susurró Yong Hwa.
Ella lo miró
con una ceja arqueada.
— ¿Por qué?
—Porque me
entran ganas de lamértelos yo.
Yong Hwa
notó que la tensión sexual iba en aumento y decidió que tenía que enfriar la
situación para disfrutar de la velada.
—Háblame de
tus abuelos.
Shin Hye lo
miró fijamente y sintió que el pánico se apoderaba de ella.
— ¿Por qué?
—Porque creo
que a juzgar por lo que me contaste de la situación de tu madre, tus abuelos
han tenido que tener un efecto positivo en tu vida.
Shin Hye
sonrió. Notaba que él estaba sinceramente interesado.
—Efectivamente.
Aunque mi madre y yo vivíamos en nuestra casa, ellos estaban cerca. Se fueron a
vivir a Seul, para estar cerca de nosotras, cuando yo era aun una niña. Tengo unos recuerdos maravillosos de
ellos.
Shin Hye decidió
que era el momento ideal para decirle quién era su abuelo.
—Yong Hwa...
Él la miró a
los ojos y sonrió.
— ¿Qué?
Ella dejó
escapar un sonido, pero no consiguió formar las palabras que quería decir.
— ¿Desde
cuándo vives aquí?
—Desde hace
algo más de un año. Antes tenía un piso en lado este, pero visité a unos amigos
que vivían aquí y decidí que me gustaba. ¿Y tú? ¿Piensas quedarte algún tiempo
en el piso de encima de la tienda o vas a comprarte otra cosa?
Shin Hye dio
un sorbo de café.
—Tenía una
casa en Seúl. Era mucho más grande de lo que necesitaba, pero mi jefe en la
empresa donde trabajaba creía que los abogados que había contratado tenían que
tener una casa grande en un vecindario elegante. Yo hice obedientemente lo que
esperaban de mí.
Yong Hwa asintió
con la cabeza.
— ¿No echas
de menos ser abogada?
—Echo de
menos la abogacía, pero no los principios de la empresa que iban con ella. Una
de las secciones de la empresa que yo representaba fabricaba juguetes. Habíamos
recibido muchas quejas sobre un juguete concreto porque bastantes niños se
habían hecho daño con él. Sin embargo, se vendía muy bien y la empresa se negó
a retirarlo del mercado. Hasta que un niño murió y nos demandaron. Yo tenía que
defender un producto que sabía que había sido el causante de la muerte del
niño. No pude hacerlo y me marché.
Yong Hwa
sintió una profunda admiración por ella, se levantó, rodeó la mesa y la agarró
de la mano.
—Vamos a dar
un paseo.
— ¿Un paseo?
—le preguntó ella en tono de sorpresa.
—Sí. Hay un
sendero que entra de lleno en la naturaleza. Además, así podemos bajar la
comilona, y eso que todavía no hemos comido el budín de plátano...
—No me lo
recuerdes. No sé dónde voy a meter nada más.
Él sonrió.
—Eso te pasa
por terca. Te dije que no trajeras nada, aparte de a ti misma.
—Ya, pero no
quería que tú cocinaras todo. Si llego a saber que ibas a ponerme a trabajar,
me habría pensado dos veces hacer el postre.
Él se
inclinó y la besó en la cabeza.
—Reconoce
que lo has pasado bien cocinando conmigo.
Shin Hye se
rió.
—De acuerdo,
lo reconozco. ¿Contento?
Yong Hwa le
tomó la cara entre las manos y la miró a los ojos.
—Sí, estoy
contento —contestó él dando un significado especial a las palabras—. Vamos a
dar ese paseo.
***
— ¿Cómo que
no se lo has dicho todavía?
Esa noche,
Shin Hye estaba hablando por teléfono con su hermana Min Young.
—Shin Hye...
Era peor que
tenerla en persona.
—Te he oído
—replicó Shin Hye antes de dar un sorbo de café—. No se ha dado el momento
adecuado. Cada vez que abría la boca para decírselo, él me decía algo bonito y
ya no me salía.
—Sólo son
excusas.
Shin Hye
suspiró.
—No es
fácil, ya te he dicho lo que siento por él.
—Sí, pero si
quieres que él sienta lo mismo por ti, tienes que ser sincera y poner las cartas
encima de la mesa.
Shin Hye
miró la taza de café. Su hermana tenía razón. Esa noche, mientras cenaba con
Yong Hwa, había tenido por lo menos dos buenas oportunidades.
—Si se lo
digo ahora, antes de demostrar la inocencia de mi abuelo, él podría pensar lo
peor.
— ¿Y si no
puedes demostrar la inocencia de tu abuelo? Entonces, ¿qué?
Shin Hye no
quería plantearse esa posibilidad. Sabía que Kang Ye Sol y Lee Sun Ki ocultaban algo. Cerró los ojos y vio la imagen
de Yong Hwa que la sonreía. Entonces, apareció otra imagen. Era Yong Hwa
furioso con ella.
—Shin...
Shin Hye
volvió a abrir los ojos.
— ¿Qué?
—Eres
especial y da igual el resultado. Si él no capta lo especial que eres,
entonces, estarás mejor sin él.
—Tienes un
concepto demasiado bueno de mí, hermana.
Shin Hye
sonrió y dejó la taza de café.
—Eh... puedo
decir lo mismo de ti.
Se quedaron
un rato en silencio.
—Él te
gustaría —comentó Shin Hye.
—Ya, pero,
por lo que a mí respecta, ya está ocupado. Me dijiste que tiene hermanos, ¿no?
Shin Hye
sonrió.
—También
están ocupados, pero tiene algunos primos muy guapos y solteros.
—Mmm... a lo
mejor te hago una visita...
—A lo mejor
te convendría...
***
—Jong Hyun
dice que vas muy en serio con una chica.
Yong Hwa
miró fijamente a su primo Sehun que estaba de visita en la ciudad. Sehun
trabajaba en el Servicio Secreto del gobierno y podía aparecer en cualquier
sitio. Yong Hwa dio un sorbo de cerveza.
—Jong Hyun
habla más de la cuenta.
—Es posible
—Sehun sonrió—. Cuéntame, ¿quién es ella y cómo te ha atrapado?
Yong Hwa se
encogió de hombros. Ya no se veía mucho con Sehun, pero de pequeños habían sido
inseparables y no tenían secretos el uno para el otro.
—Se llama Park
Shin Hye y ha venido de Seul. Trabajaba de abogada en una empresa, pero se
cansó de la falta de escrúpulos de esa empresa y decidió probar suerte con los
pasteles. Tiene su negocio a pocos metros de mi restaurante.
— ¿Dejó la
abogacía para hacer pasteles? —le preguntó Sehun bastante sorprendido.
—Sí.
Sehun
sacudió la cabeza.
—Es un
cambio muy radical. Me pregunto qué dirían sus padres.
Yong Hwa
pasó unos diez minutos contándole el pasado de Shin Hye y la canallada de su
padre.
—Ha tenido
que pasarlo muy mal —comentó Sehun.
—Seguro,
pero por lo menos tenía a sus abuelos.
—Parecen
buena gente...
Yong Hwa se
acordó de la mujer que empezaba a ser tan importante para él.
—Sí, me
alegro de que ella los tuviera.
— ¿Qué hizo
para que te fijaras en ella? —le preguntó su primo mientras se inclinaba hacia
delante.
Yong Hwa se
levantó y fue hacia la ventana. Se quedó un instante pensando en la pregunta de
Sehun. Hasta que se dio la vuelta y se encogió de hombros.
—Es una
buena pregunta, pero el caso es que me tiene atrapado y lo curioso es que me
gusta estarlo.
Su primo
esbozó una amplia sonrisa.
—La próxima
vez que venga, me gustaría conocerla.
—La
conocerás —le aseguró Yong Hwa.
<3 awww cuanto amor se tiene estos dos que ya no pueden estar separados uno del otro ...sierto shin tuvo una oportunidad bueno no una si no dos para decir la verdad .. y por el miedo de como reaccionara no lo ase y si sigue asi jamas sabra como reaccionara y si lo deja pasar mas tiempo puede que hasta sea peor no sabra como reaccionara hasta que se lo diga por que diga lo que diga yong ella ya esta muy dentro de su piel asi se dice no ? hahah bueno eso ... aaaa sigueee muy buen cap me encanta el fic porfa porfa porfaa no trades tanto en actualizar
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