—Creo que no sabes bien lo deliciosas que son estas galletas, Shin Hye.
Shin Hye se recostó en la silla y sonrió complacida
por el halago.
—Seguro que les dices lo mismo a todas las chicas.
Yong Hwa dio un sorbo de leche, se limpió los labios
con la lengua y sonrió.
—No, sinceramente. Es más, la mayoría de las chicas
con las que he salido, no sabían cocinar nada. Seguramente por eso yo era tan
valioso para ellas...
Ella sonrió y deseó no sentirse tan alterada por la
sonrisa de él. Él llevaba una hora allí y ella había estado dando sorbos de su
café mientras lo escuchaba contar historias de su familia. Pudo percibir el
amor que sentía por sus hermanos, aunque él intentó convencerla de que eran una
pesadilla.
Sin embargo, dijo maravillas de su hermana So Min,
quien llegaría al día siguiente con su marido y su hijo. El domingo era el
bautizo de las gemelas de su hermano Jong Hyun y habría un festejo en Yong’s
Place.
—No he parado de hablar. Ahora, te toca a ti —dijo
Yong Hwa.
— ¿Me toca a mí? —preguntó ella con una ceja arqueada.
—Sí, háblame de ti, Shin Hye.
Ella apretó los labios y pensó en algo que no la
relacionara con Choi Lun Woo. Si él se acordaba de su abuelo, también era muy
posible que se acordara de su abuela.
Se inclinó hacia delante, tenía que tener mucho
cuidado, no quería engañarlo, pero cuanto menos supiera, mejor.
—Nací en Seúl, fui a la Facultad de Derecho y...
— ¿A la Facultad de Derecho? ¿Eres abogada?
—Lo era y supongo que sigo siéndolo porque estoy
colegiada. Trabajé en una gran empresa que me contrató nada más salir de la
Facultad. Sin embargo, con el tiempo me di cuenta de que esa empresa no tenía
principios y muchas veces yo tenía que defender actuaciones suyas que sabía que
eran incorrectas —dio un sorbo de café—Seguramente, yo seguiría allí si no
fuera por mi abuela. Murió y me dejó una herencia con la que abrí Delicias
Irresistibles.
— ¿Y tus padres?
—Mi madre era soltera —contestó ella en voz
baja—Durante quince años pensó que mi padre se casaría con ella, hasta que
descubrió que había estado engañándola. No podía casarse porque ya estaba
casado y tenía una familia en Busan.
Observó que Yong Hwa se quedaba muy quieto. Notó que
la ira se apoderaba de él,
— ¿Cómo pudo hacerlo?
—Era comerciante y viajaba mucho. Vivía en
Suyeong, pero nos visitaba siempre que pasaba por la ciudad. Pudo llevar
esa doble vida porque mi madre nunca dudó de sus idas y venidas —Shin Hye dio
otro sorbo de café—Yo lo odiaba más cuando aparecía inesperadamente. Mi madre
se convertía en otra persona cuando estaba con él. Se hacía débil, vulnerable y
dependiente.
Yong Hwa asintió con la cabeza. Conocía a Shin Hye
desde hacía unos días, pero sabía que no se parecía a su madre. No se imaginaba
que un hombre pudiera dominarla.
— ¿Cómo descubrió tu madre la verdad?
Ella se preguntó por qué estaría contándole todo
aquello, pero sabía el motivo. Se había dado cuenta de que estaba a gusto con
él.
—No lo descubrió. Lo descubrió mi abuelo. Le molestaba
que mi padre no se hubiera casado con mi madre en quince años y también
recelaba de las visitas de mi padre. Contrató a un detective y se descubrió
todo.
Yong Hwa se limpió los labios con la servilleta.
— ¿Cómo lo asimiló tu madre?
Shin Hye sintió un escalofrío al acordarse.
—No lo asimiló. Estaba tan destrozada y humillada que
tomó una sobredosis de somníferos.
—Lo siento —Yong Hwa extendió la mano por encima de la
mesa y agarró la mano de ella—Tuvo que ser espantoso para ti.
El corazón de Shin Hye se disparó cuando la mano de
Yong Hwa agarró con fuerza la de ella. Miró un momento esa mano. Era grande,
fuerte y consoladora.
—Lo fue —reconoció ella—. Yo tenía doce años y sólo me
quedaban mis abuelos. Fui a vivir con ellos. Me ayudaron mucho en un momento
espantoso. También estaba Hae Su.
— ¿Hae Su?
—Sí, Park Hae Su, la mujer legal de mi padre. Se
divorció de él en cuanto se enteró de todo. Es muy cariñosa y me abrió sus
brazos y su corazón. Se ocupaba de mí todos los veranos para que estuviera con
mi hermano y mi hermana y se convirtió en una segunda madre para mí. En la
demanda de divorcio también exigió que mi padre me dotara con un fondo para
estudiar en la Universidad, como había hecho con mis hermanos.
—Parece una mujer de armas tomar —Yong Hwa sonrió.
—Lo es y sé que puedo acudir a ella para cualquier
cosa. Siempre me ha apoyado y, dadas las circunstancias, me parece admirable.
Muchas mujeres no habrían hecho nada para que yo rehiciera mi vida después de
la muerte de mi madre.
— ¿Y tu padre?
Yong Hwa se inclinó hacia delante y ella captó el olor
de su loción mezclado con un aroma viril que le alteró el pulso.
—Después del divorcio, mi padre desapareció de la vida
de todos. Lo último que me han contado es que vive con alguien en Yuseong.
—Qué canalla —el tono de Yong Hwa era de ira—. ¿Por
qué te has mudado a Jeonju?
—Sobre todo, por el coste de vida. En comparación con
otros sitios, es muy ventajoso. Además, el agente inmobiliario encontró este
edificio y me dijo que incluía el departamento. Me pareció perfecto.
Ella apartó su mano lentamente y se dejó caer contra
el respaldo de la silla.
—Creo que ya ha tomado suficientes galletas por esta
noche, señor Jung —Shin Hye miró su reloj—Además, yo puedo levantarme tarde los
sábados, pero tú no.
—Es verdad —Yong Hwa sonrió—, pero tú también tendrás
que desayunar. ¿Te apetece quedar conmigo? Kev hace unos huevos con tortas de
maíz increíbles.
Ella ladeó la cabeza y lo miró con detenimiento.
— ¿Es una invitación?
—Efectivamente. Luego, alrededor de mediodía, si no
estás muy ocupada, puedes acompañarme a un partido.
— ¿Un partido? —preguntó ella con una ceja arqueada.
—Sí. Entreno a un equipo de chicos de un centro
social. Mañana hay un partido de baloncesto muy importante contra los Tigres de
Han Hu.
Shin Hye sacudió la cabeza con una sonrisa.
—Yo creía que ahora era la temporada de rugby.
—Lo es para algunos, pero para los padres que quieren
que sus hijos vayan al extranjero y se conviertan en los Michael Jordán del
futuro, todas las temporadas son de baloncesto. ¿Me acompañarás?
—Baloncesto en octubre... ¿Cómo podría resistirme? Por
cierto, ¿quién es Han Hu?—contestó ella con una sonrisa, aunque sabía que
tendría que haber rechazado la invitación.
Yong Hwa se rió.
—Es el entrenador del otro equipo. Tiene una tienda de
vídeos a unas manzanas de aquí. Fue jugador profesional hace unos años. Fuimos
juntos al instituto y seguimos siendo amigos.
Shin Hye asintió con la cabeza. En toda la noche, él
no había dicho nada sobre su sueño de ser jugador de baloncesto. Lo miró
mientras se levantaba.
— ¿No vas a acompañarme a la puerta?
—Claro que sí.
Él cruzó la habitación para echar una ojeada a los
cazos y los moldes que había sobre la mesa de trabajo.
—Algún día tendrás que dejarme que vea cómo haces la
masa de chocolate.
—Mmm... a lo mejor, algún día...
Shin Hye intentó concentrarse en lo que él estaba
diciendo y no en lo que llevaba puesto. Le parecía muy sexy con esa camiseta
negra que cubría su cuerpo.
Caminaron juntos hasta la puerta. Shin Hye intentó
contener la punzada que sintió en el estómago, pero no pudo. Sabía que era una
ocasión muy buena para que él le diera un beso de buenas noches. Le espantaba
reconocerlo, pero estaba deseando que se lo diera.
— ¿Quedamos a desayunar? —le preguntó él cuando
llegaron a la puerta.
—Es posible —Shin Hye se encogió de hombros—, pero el
partido es seguro.
—De acuerdo, te recogeré a las once.
El se inclinó hacia delante y dejó los labios a unos
centímetros de los de ella.
—Vamos a tener que hacer algo especial el viernes que
viene —susurró él sin apartar la mirada de la boca de ella.
— ¿Por qué?
—Entonces ya nos conoceremos diez días —él esbozó una
leve sonrisa—Sé que ya te caigo bien. Por un momento, estuve preocupado.
Estaban tan cerca que ella podía notar su aliento en
la cara y su aroma era abrumador.
— ¿Caerme bien? —le preguntó ella mientras veía como
sus manos tomaban las suyas.
—Sí. Soy simpático, aunque tengo mis días malos, como
todo el mundo.
—Intentaré tenerlo presente.
—Te lo ruego.
Yong Hwa acortó la distancia y la besó en los
labios. Ella tenía unos labios increíbles y nunca se cansaría de besarlos. Esa
noche dormiría poco. Ya lo sabía. Por eso, para poder pasar la noche, decidió
que tenía que recordar cada movimiento de sus labios, cada mordisqueo, cada
instante. Le gustaban sus gemidos. Le gustaba tomarla por la cintura y le
gustaba cómo sus manos alcanzaban sus hombros para agarrarse. Pero, sobre todo,
le gustaba su sabor ardiente, Sabía que si no se apartaba, no podría resistir
la tentación de tomarla en brazos y subirla a su departamento.
—Eres una hechicera —susurró Yong Hwa mientras se
apartaba.
Shin Hye lo observó mientras él abría la puerta y
salía.
Ella cerró la puerta con llave y tomó aliento. Yong
Hwa era tan delicioso como el chocolate, pero no podía ceder a ese apetito.
***
—Te he extrañado durante el desayuno.
Shin Hye sonrió mientras se apartaba para dejarlo
pasar. Mientras él caminaba hacia el centro de la tienda con un café en la
mano, la luz que entraba por el escaparate resaltaba sus facciones y ella
sintió un verdadero anhelo.
—He decidido emplear el tiempo en hacer algo aparte de
comer. Ganen o pierdan, creo que tu equipo se merece unas galletas.
Él la miró con la cabeza ladeada y expresión de
sorpresa.
— ¿Has hecho galletas?
—Sí —ella sonrió—He pensado que era lo mínimo que
podía hacer por una causa tan digna. Creo que es maravilloso que les dediques
tu tiempo.
—No es gran cosa —Yong Hwa se encogió de hombros—Son
unos chicos estupendos. Además, me encanta el baloncesto. Mi sueño era ser
profesional, pero una lesión me lo impidió. Así que terminé la Universidad y
volví.
— ¿Entonces decidiste abrir el restaurante?
Yong Hwa sonrió y se apoyó en el mostrador.
—No, la idea no se me ocurrió hasta tres años después.
Yo, como tú, trabajé tres años como asesor financiero en una empresa. No tardé
mucho en cansarme de los principios de la oficina y en cambiar de profesión —se
rió—. Aunque no te lo creas, la idea de abrir el restaurante fue de mis
hermanos. Yo fui el que pasó más tiempo con mi abuelo mientras él estaba
activo. Trabajaba en su restaurante cuando salía del colegio y los fines de
semana. Él me pasó los secretos de las recetas. Además, como me encantaba
cocinar, mis hermanos, que entonces estaban solteros, iban a mi casa a comer y
me propusieron que pusiera mi propio negocio —Yong Hwa dio un sorbo de
café—Tenía algún dinero ahorrado, mis hermanos también contribuyeron y
encontramos el edificio. Al principio era un negocio familiar en el que todo el
mundo trabajaba, incluso mis padres, pero en cuanto empecé a ganar algo, decidí
contratar a otros trabajadores.
—Y ahora, Yong’s Place es un sitio muy frecuentado,
famoso por su deliciosa comida—puntualizó Shin Hye.
—Sí, y estoy muy orgulloso de ello.
—No me extraña. ¿Has pensado en conceder alguna
franquicia?
—Sí, sobre todo, últimamente. Sin embargo, tengo que
estar seguro de que no se pierda el ambiente cálido y familiar —Yong Hwa miró
el reloj—. ¿Estás preparada?
—Sí, sólo necesito ayuda para llevar la caja de
galletas hasta el coche.
Ella se dirigió hacia la cocina, pero él dejó el café
en el mostrador y la detuvo. Ella lo miró e inmediatamente sintió un nudo en el
estómago. Notó la sirena de alarma que le decía que iban demasiado deprisa.
Seguía siendo un Jung. Sin embargo, cuando la miraba de aquella manera, no
podía reparar en las rencillas familiares.
—Hagamos planes para la semana que viene —susurró él
con media sonrisa.
— ¿Qué tipo de planes?
—Cenar el viernes en mi restaurante, a las nueve.
—Pero yo creía que el viernes cerrabas a las ocho...
—Shin Hye arqueó una ceja.
Él amplió la sonrisa.
—Efectivamente, pero conozco al dueño del Yong’s Place
y me ha dado permiso para llevar a una invitada especial después de cerrar.
Ella se rió.
— ¿De verdad?
—De verdad.
La sirena de alarma era atronadora, pero prefirió no
hacer caso.
—Me encantaría cenar contigo el viernes.
—Gracias.
Yong Hwa se inclinó y le dio un tierno beso.
***
—Nos sorprendió mucho que Yong Hwa invitara a alguien
al partido de hoy —le dijo con una sonrisa Ji Yeon , la mujer de Se
Hyun—Nos ha parecido maravilloso.
— ¿Por qué? —preguntó Shin Hye con perplejidad.
Cuando Yong Hwa y ella llegaron al centro social, él
la llevó a un grupo de cuatro mujeres. Las presentó como Bo Eun, Da Hae y Ji
Yeon , sus cuñadas, y Song Qian, la mujer de su primo Jae Jin.
—Porque Yong Hwa es muy reservado y nunca había traído
a una chica con la que sale a un partido —contestó Bo Eun, la mujer de Se Won.
Shin Hye se encogió de hombros y se apoyó en una de
las gradas. Faltaban diez minutos para que empezara el partido.
—Realmente, no salgo con él. Nos conocimos esta
semana, cuando abrí una pastelería a unos metros de su restaurante. He venido
desde Seul y, como no conozco a nadie, ha sido tan amable de invitarme hoy.
Da Hae, que estaba casada con Dong Wook, sonrió y le
dio una palmada en la mano.
—Créeme, nunca te habría traído con nosotras si no
fueras algo especial. Yong Hwa protege su intimidad con uñas y dientes.
Las otras tres mujeres asintieron vigorosamente con la
cabeza.
Shin Hye parpadeó sin saber qué pensar. No quería que
nadie diera por supuesto que estaban saliendo. Miró hacia la cancha y vio a
Yong Hwa que estaba hablando con sus hermanos y su primo. Cualquiera podría
decir que eran familiares. Ya había conocido a los hombres Jung y le habían
parecido amables y simpáticos, aunque no quería que lo fueran.
Mientras iban en el coche, Yong Hwa la había
sorprendido al invitarla al bautizo de sus sobrinas gemelas, al día siguiente,
y al banquete que se iba a celebrar después en su restaurante. Introducirla en
un acontecimiento familiar tan importante le había parecido excesivo y ella
había declinado la invitación. Además, al día siguiente había quedado en ir a
ver a Lee Duk. Lo había llamado el día anterior y él había aceptado recibirla
en su casa.
—Yong Hwa ha vuelto a mirar hacia aquí —comentó Ji
Yeon con una sonrisa—Shin Hye, sonríe a
Yong Hwa para que sepa que no lo pasas mal con nosotras.
Shin Hye tuvo que sonreír. Esas mujeres Jung era
increíbles. Le caían bien. Miró a Yong Hwa y sonrió. Él también sonrió antes de
dirigirse a los muchachos de su equipo.
—No mires ahora, pero ahí vienen los chicos —comentó
Song Qian al ver que su marido subía las graderías acompañado por sus primos.
—Tendrán tanta curiosidad por conocerte como nosotras
—susurró Bo Eun a Shin Hye.
Shin Hye la miró con cierto nerviosismo.
—No irán a preguntarme algo sobre mi relación con Yong
Hwa...
Ji Yeon se rió.
—No, confían en que nosotras te lo saquemos y luego se
lo contemos.
—Pero tampoco te extrañe si Se Won te hace alguna
pregunta —añadió Bo Eun con una sonrisa— Es el policía que lleva dentro. No te
lo tomes como algo personal. Además, es el hermano mayor y se siente un poco
responsable, aunque no lo reconozca. Al comprobar lo ilusionado que está Yong
Hwa contigo, se pondrá un poco chismoso.
Shin Hye las miró fijamente sin saber si hablaban en
serio. No tardó en darse cuenta de que, efectivamente, hablaban en serio.
Tragó saliva cuando el grupo de hombres llegó hasta
ellas e intentó dominarse,
—Entonces, ¿de dónde eres, Shin Hye? —le preguntó Se
Won a bocajarro.
—De Seúl —contestó ella con una sonrisa forzada—¿Has
estado allí?
—Sí, hace unos años, en un congreso sobre el
cumplimiento de la Ley. Es una ciudad muy grande y bonita.
—Sí, es una zona muy bonita —repitió ella.
— ¿Por qué te marchaste?
Shin Hye notó que todo el mundo esperaba su respuesta.
Ella no se ponía nerviosa fácilmente, pero Jung Se Won estaba consiguiéndolo.
No era impertinente con las preguntas, pero ella detestaba verse en la
situación de tener que explicarse. Sin embargo, en ese caso, lo haría. Era
evidente que los Jung eran como una piña y ella envidiaba lo mucho que se
cuidaban unos a otros.
—Por estrés en el trabajo —contestó ella mientras se
apoyaba en la grada y se quitaba un mechón de la cara—Era abogada en un...
— ¿Eres abogada? —la interrumpió Jae Jin.
Ella lo miró. Sabía que era el abogado de la familia.
Sonrió cuando todo el mundo se quedó en silencio.
—Sí. Fui a la Facultad de Derecho de la Universidad de
Seul y luego entré en una gran empresa. Al principio, mi trabajo me encantaba,
pero con el tiempo me di cuenta de que la empresa no tenía principios...
— ¿Y te marchaste?
Shin Hye pasó a mirar a Ji Yeon y sintió alivio al ver la mirada de admiración
de la mujer.
—Sí, pero antes me tracé un plan laboral. Mi abuela
falleció y me dejó una herencia, que yo utilicé para cumplir mis sueños.
Siempre me ha encantado la repostería y preparar dulces de chocolate y decidí
que necesitaba un cambio de aires y de profesión.
— ¿Por qué en Jeonju?
Shin Hye contuvo el aliento y volvió a mirar a Se Won.
Sus ojos oscuros parecían decir que sospechaba que no estaba contándoles todo.
—Conocí a una chica que había vivido aquí y me contó
que se vivía muy bien. Además, todo el mundo sabe que es una ciudad en alza.
Se Won abrió la boca para seguir con las preguntas,
pero en ese momento sonó la sirena que indicaba el principio del partido. Todos
dirigieron la atención a la cancha. Shin Hye se sintió aliviada, pero se dio
cuenta de que Se Won seguía mirándola y pensó que no podía bajar la guardia.
—Estarás orgulloso de que tu equipo haya ganado —le
comentó Shin Hye a Yong Hwa, horas más tarde, mientras se dirigían hacia el
coche de él.
Después del partido, los padres habían servido unos
refrescos y las golosinas de Shin Hye habían sido todo un éxito.
—Sí, lo estoy, creo que los chicos lo han hecho muy
bien. Han jugado bien en equipo y eso es lo más importante, el equipo, no las
individualidades. Si consigo metérselo en la cabeza, serán mejores deportistas
cuando lleguen a ser profesionales, si llegan a serlo —Yong Hwa miró el
reloj—Mi hermana So Min y su familia ya habrán llegado y todos estarán en casa
de mis padres. ¿Te gustaría ir allí un rato conmigo?
Shin Hye resopló. Lo había pasado muy bien con su
familia, pero no quería seguir dándoles la impresión de que tenía alguna
relación con Yong Hwa.
—Gracias por la invitación, pero creo que me voy a
retirar. Ha sido una semana muy agitada para mí. La inauguración estuvo muy
bien, pero fue agotadora y quiero pasar el resto del día y mañana descansando.
—Muy bien.
Yong Hwa le pasó un brazo por los hombros mientras
seguían hacia el coche. Shin Hye empezaba a comprobar que él era encantador y
no quería imaginarse cuál sería su reacción cuando descubriera que ella no le
había contado todo sobre sí misma. Sin embargo, hasta que pudiera demostrar la
inocencia de su abuelo, cuanto menos supiera él, mejor.
yong es tan mnbasdvcmnb :3 la trata como si fuesen una pareja y se le nota en entuciasmo no hay duda de que shin lo echiso ... aw asta con su familia ya la quiere llevar ... conosco al due~o del restaurante :3 ... hahahah
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