sábado, 28 de marzo de 2015

SECRETOS DE FAMILIA - CAPITULO 4


—Creo que no sabes bien lo deliciosas que son estas galletas, Shin Hye.
Shin Hye se recostó en la silla y sonrió complacida por el halago.
—Seguro que les dices lo mismo a todas las chicas.
Yong Hwa dio un sorbo de leche, se limpió los labios con la lengua y sonrió.
—No, sinceramente. Es más, la mayoría de las chicas con las que he salido, no sabían cocinar nada. Seguramente por eso yo era tan valioso para ellas...
Ella sonrió y deseó no sentirse tan alterada por la sonrisa de él. Él llevaba una hora allí y ella había estado dando sorbos de su café mientras lo escuchaba contar historias de su familia. Pudo percibir el amor que sentía por sus hermanos, aunque él intentó convencerla de que eran una pesadilla.
Sin embargo, dijo maravillas de su hermana So Min, quien llegaría al día siguiente con su marido y su hijo. El domingo era el bautizo de las gemelas de su hermano Jong Hyun y habría un festejo en Yong’s Place.
—No he parado de hablar. Ahora, te toca a ti —dijo Yong Hwa.
— ¿Me toca a mí? —preguntó ella con una ceja arqueada.
—Sí, háblame de ti, Shin Hye.
Ella apretó los labios y pensó en algo que no la relacionara con Choi Lun Woo. Si él se acordaba de su abuelo, también era muy posible que se acordara de su abuela.
Se inclinó hacia delante, tenía que tener mucho cuidado, no quería engañarlo, pero cuanto menos supiera, mejor.
—Nací en Seúl, fui a la Facultad de Derecho y...
— ¿A la Facultad de Derecho? ¿Eres abogada?
—Lo era y supongo que sigo siéndolo porque estoy colegiada. Trabajé en una gran empresa que me contrató nada más salir de la Facultad. Sin embargo, con el tiempo me di cuenta de que esa empresa no tenía principios y muchas veces yo tenía que defender actuaciones suyas que sabía que eran incorrectas —dio un sorbo de café—Seguramente, yo seguiría allí si no fuera por mi abuela. Murió y me dejó una herencia con la que abrí Delicias Irresistibles.
— ¿Y tus padres?
—Mi madre era soltera —contestó ella en voz baja—Durante quince años pensó que mi padre se casaría con ella, hasta que descubrió que había estado engañándola. No podía casarse porque ya estaba casado y tenía una familia en Busan.
Observó que Yong Hwa se quedaba muy quieto. Notó que la ira se apoderaba de él,
— ¿Cómo pudo hacerlo?
—Era comerciante y viajaba mucho. Vivía en  Suyeong, pero nos visitaba siempre que pasaba por la ciudad. Pudo llevar esa doble vida porque mi madre nunca dudó de sus idas y venidas —Shin Hye dio otro sorbo de café—Yo lo odiaba más cuando aparecía inesperadamente. Mi madre se convertía en otra persona cuando estaba con él. Se hacía débil, vulnerable y dependiente.
Yong Hwa asintió con la cabeza. Conocía a Shin Hye desde hacía unos días, pero sabía que no se parecía a su madre. No se imaginaba que un hombre pudiera dominarla.
— ¿Cómo descubrió tu madre la verdad?
Ella se preguntó por qué estaría contándole todo aquello, pero sabía el motivo. Se había dado cuenta de que estaba a gusto con él.
—No lo descubrió. Lo descubrió mi abuelo. Le molestaba que mi padre no se hubiera casado con mi madre en quince años y también recelaba de las visitas de mi padre. Contrató a un detective y se descubrió todo.
Yong Hwa se limpió los labios con la servilleta.
— ¿Cómo lo asimiló tu madre?
Shin Hye sintió un escalofrío al acordarse.
—No lo asimiló. Estaba tan destrozada y humillada que tomó una sobredosis de somníferos.
—Lo siento —Yong Hwa extendió la mano por encima de la mesa y agarró la mano de ella—Tuvo que ser espantoso para ti.
El corazón de Shin Hye se disparó cuando la mano de Yong Hwa agarró con fuerza la de ella. Miró un momento esa mano. Era grande, fuerte y consoladora.
—Lo fue —reconoció ella—. Yo tenía doce años y sólo me quedaban mis abuelos. Fui a vivir con ellos. Me ayudaron mucho en un momento espantoso. También estaba Hae Su.
— ¿Hae Su?
—Sí, Park Hae Su, la mujer legal de mi padre. Se divorció de él en cuanto se enteró de todo. Es muy cariñosa y me abrió sus brazos y su corazón. Se ocupaba de mí todos los veranos para que estuviera con mi hermano y mi hermana y se convirtió en una segunda madre para mí. En la demanda de divorcio también exigió que mi padre me dotara con un fondo para estudiar en la Universidad, como había hecho con mis hermanos.
—Parece una mujer de armas tomar —Yong Hwa sonrió.
—Lo es y sé que puedo acudir a ella para cualquier cosa. Siempre me ha apoyado y, dadas las circunstancias, me parece admirable. Muchas mujeres no habrían hecho nada para que yo rehiciera mi vida después de la muerte de mi madre.
— ¿Y tu padre?
Yong Hwa se inclinó hacia delante y ella captó el olor de su loción mezclado con un aroma viril que le alteró el pulso.
—Después del divorcio, mi padre desapareció de la vida de todos. Lo último que me han contado es que vive con alguien en Yuseong.
—Qué canalla —el tono de Yong Hwa era de ira—. ¿Por qué te has mudado a Jeonju?
—Sobre todo, por el coste de vida. En comparación con otros sitios, es muy ventajoso. Además, el agente inmobiliario encontró este edificio y me dijo que incluía el departamento. Me pareció perfecto.
Ella apartó su mano lentamente y se dejó caer contra el respaldo de la silla.
—Creo que ya ha tomado suficientes galletas por esta noche, señor Jung —Shin Hye miró su reloj—Además, yo puedo levantarme tarde los sábados, pero tú no.
—Es verdad —Yong Hwa sonrió—, pero tú también tendrás que desayunar. ¿Te apetece quedar conmigo? Kev hace unos huevos con tortas de maíz increíbles.
Ella ladeó la cabeza y lo miró con detenimiento.
— ¿Es una invitación?
—Efectivamente. Luego, alrededor de mediodía, si no estás muy ocupada, puedes acompañarme a un partido.
— ¿Un partido? —preguntó ella con una ceja arqueada.
—Sí. Entreno a un equipo de chicos de un centro social. Mañana hay un partido de baloncesto muy importante contra los Tigres de Han Hu.
Shin Hye sacudió la cabeza con una sonrisa.
—Yo creía que ahora era la temporada de rugby.
—Lo es para algunos, pero para los padres que quieren que sus hijos vayan al extranjero y se conviertan en los Michael Jordán del futuro, todas las temporadas son de baloncesto. ¿Me acompañarás?
—Baloncesto en octubre... ¿Cómo podría resistirme? Por cierto, ¿quién es Han Hu?—contestó ella con una sonrisa, aunque sabía que tendría que haber rechazado la invitación.
Yong Hwa se rió.
—Es el entrenador del otro equipo. Tiene una tienda de vídeos a unas manzanas de aquí. Fue jugador profesional hace unos años. Fuimos juntos al instituto y seguimos siendo amigos.
Shin Hye asintió con la cabeza. En toda la noche, él no había dicho nada sobre su sueño de ser jugador de baloncesto. Lo miró mientras se levantaba.
— ¿No vas a acompañarme a la puerta?
—Claro que sí.
Él cruzó la habitación para echar una ojeada a los cazos y los moldes que había sobre la mesa de trabajo.
—Algún día tendrás que dejarme que vea cómo haces la masa de chocolate.
  —Mmm... a lo mejor, algún día...
Shin Hye intentó concentrarse en lo que él estaba diciendo y no en lo que llevaba puesto. Le parecía muy sexy con esa camiseta negra que cubría su cuerpo.
Caminaron juntos hasta la puerta. Shin Hye intentó contener la punzada que sintió en el estómago, pero no pudo. Sabía que era una ocasión muy buena para que él le diera un beso de buenas noches. Le espantaba reconocerlo, pero estaba deseando que se lo diera.
— ¿Quedamos a desayunar? —le preguntó él cuando llegaron a la puerta.
—Es posible —Shin Hye se encogió de hombros—, pero el partido es seguro.
—De acuerdo, te recogeré a las once.
El se inclinó hacia delante y dejó los labios a unos centímetros de los de ella.
—Vamos a tener que hacer algo especial el viernes que viene —susurró él sin apartar la mirada de la boca de ella.
— ¿Por qué?
—Entonces ya nos conoceremos diez días —él esbozó una leve sonrisa—Sé que ya te caigo bien. Por un momento, estuve preocupado.
Estaban tan cerca que ella podía notar su aliento en la cara y su aroma era abrumador.
— ¿Caerme bien? —le preguntó ella mientras veía como sus manos tomaban las suyas.
—Sí. Soy simpático, aunque tengo mis días malos, como todo el mundo.
—Intentaré tenerlo presente.
—Te lo ruego.
Yong Hwa acortó la distancia y  la besó en los labios. Ella tenía unos labios increíbles y nunca se cansaría de besarlos. Esa noche dormiría poco. Ya lo sabía. Por eso, para poder pasar la noche, decidió que tenía que recordar cada movimiento de sus labios, cada mordisqueo, cada instante. Le gustaban sus gemidos. Le gustaba tomarla por la cintura y le gustaba cómo sus manos alcanzaban sus hombros para agarrarse. Pero, sobre todo, le gustaba su sabor ardiente, Sabía que si no se apartaba, no podría resistir la tentación de tomarla en brazos y subirla a su departamento.
—Eres una hechicera —susurró Yong Hwa mientras se apartaba.
Shin Hye lo observó mientras él abría la puerta y salía.
Ella cerró la puerta con llave y tomó aliento. Yong Hwa era tan delicioso como el chocolate, pero no podía ceder a ese apetito.
***
—Te he extrañado durante el desayuno.
Shin Hye sonrió mientras se apartaba para dejarlo pasar. Mientras él caminaba hacia el centro de la tienda con un café en la mano, la luz que entraba por el escaparate resaltaba sus facciones y ella sintió un verdadero anhelo.
—He decidido emplear el tiempo en hacer algo aparte de comer. Ganen o pierdan, creo que tu equipo se merece unas galletas.
Él la miró con la cabeza ladeada y expresión de sorpresa.
— ¿Has hecho galletas?
—Sí —ella sonrió—He pensado que era lo mínimo que podía hacer por una causa tan digna. Creo que es maravilloso que les dediques tu tiempo.
—No es gran cosa —Yong Hwa se encogió de hombros—Son unos chicos estupendos. Además, me encanta el baloncesto. Mi sueño era ser profesional, pero una lesión me lo impidió. Así que terminé la Universidad y volví.
— ¿Entonces decidiste abrir el restaurante?
Yong Hwa sonrió y se apoyó en el mostrador.
—No, la idea no se me ocurrió hasta tres años después. Yo, como tú, trabajé tres años como asesor financiero en una empresa. No tardé mucho en cansarme de los principios de la oficina y en cambiar de profesión —se rió—. Aunque no te lo creas, la idea de abrir el restaurante fue de mis hermanos. Yo fui el que pasó más tiempo con mi abuelo mientras él estaba activo. Trabajaba en su restaurante cuando salía del colegio y los fines de semana. Él me pasó los secretos de las recetas. Además, como me encantaba cocinar, mis hermanos, que entonces estaban solteros, iban a mi casa a comer y me propusieron que pusiera mi propio negocio —Yong Hwa dio un sorbo de café—Tenía algún dinero ahorrado, mis hermanos también contribuyeron y encontramos el edificio. Al principio era un negocio familiar en el que todo el mundo trabajaba, incluso mis padres, pero en cuanto empecé a ganar algo, decidí contratar a otros trabajadores.
—Y ahora, Yong’s Place es un sitio muy frecuentado, famoso por su deliciosa comida—puntualizó Shin Hye.
—Sí, y estoy muy orgulloso de ello.
—No me extraña. ¿Has pensado en conceder alguna franquicia?
—Sí, sobre todo, últimamente. Sin embargo, tengo que estar seguro de que no se pierda el ambiente cálido y familiar —Yong Hwa miró el reloj—. ¿Estás preparada?
—Sí, sólo necesito ayuda para llevar la caja de galletas hasta el coche.
Ella se dirigió hacia la cocina, pero él dejó el café en el mostrador y la detuvo. Ella lo miró e inmediatamente sintió un nudo en el estómago. Notó la sirena de alarma que le decía que iban demasiado deprisa. Seguía siendo un Jung. Sin embargo, cuando la miraba de aquella manera, no podía reparar en las rencillas familiares.
—Hagamos planes para la semana que viene —susurró él con media sonrisa.
— ¿Qué tipo de planes?
—Cenar el viernes en mi restaurante, a las nueve.
—Pero yo creía que el viernes cerrabas a las ocho... —Shin Hye arqueó una ceja.
Él amplió la sonrisa.
—Efectivamente, pero conozco al dueño del Yong’s Place y me ha dado permiso para llevar a una invitada especial después de cerrar.
Ella se rió.
— ¿De verdad?
—De verdad.
La sirena de alarma era atronadora, pero prefirió no hacer caso.
—Me encantaría cenar contigo el viernes.
—Gracias.
Yong Hwa se inclinó y le dio un tierno beso.
***
—Nos sorprendió mucho que Yong Hwa invitara a alguien al partido de hoy —le dijo con una sonrisa Ji Yeon , la mujer de  Se Hyun—Nos ha parecido maravilloso.
— ¿Por qué? —preguntó Shin Hye con perplejidad.
Cuando Yong Hwa y ella llegaron al centro social, él la llevó a un grupo de cuatro mujeres. Las presentó como Bo Eun, Da Hae y Ji Yeon , sus cuñadas, y Song Qian, la mujer de su primo Jae Jin.
—Porque Yong Hwa es muy reservado y nunca había traído a una chica con la que sale a un partido —contestó Bo Eun, la mujer de Se Won.
Shin Hye se encogió de hombros y se apoyó en una de las gradas. Faltaban diez minutos para que empezara el partido.
—Realmente, no salgo con él. Nos conocimos esta semana, cuando abrí una pastelería a unos metros de su restaurante. He venido desde Seul y, como no conozco a nadie, ha sido tan amable de invitarme hoy.
Da Hae, que estaba casada con Dong Wook, sonrió y le dio una palmada en la mano.
—Créeme, nunca te habría traído con nosotras si no fueras algo especial. Yong Hwa protege su intimidad con uñas y dientes.
Las otras tres mujeres asintieron vigorosamente con la cabeza.
Shin Hye parpadeó sin saber qué pensar. No quería que nadie diera por supuesto que estaban saliendo. Miró hacia la cancha y vio a Yong Hwa que estaba hablando con sus hermanos y su primo. Cualquiera podría decir que eran familiares. Ya había conocido a los hombres Jung y le habían parecido amables y simpáticos, aunque no quería que lo fueran.
Mientras iban en el coche, Yong Hwa la había sorprendido al invitarla al bautizo de sus sobrinas gemelas, al día siguiente, y al banquete que se iba a celebrar después en su restaurante. Introducirla en un acontecimiento familiar tan importante le había parecido excesivo y ella había declinado la invitación. Además, al día siguiente había quedado en ir a ver a Lee Duk. Lo había llamado el día anterior y él había aceptado recibirla en su casa.
—Yong Hwa ha vuelto a mirar hacia aquí —comentó Ji Yeon  con una sonrisa—Shin Hye, sonríe a Yong Hwa para que sepa que no lo pasas mal con nosotras.
Shin Hye tuvo que sonreír. Esas mujeres Jung era increíbles. Le caían bien. Miró a Yong Hwa y sonrió. Él también sonrió antes de dirigirse a los muchachos de su equipo.
—No mires ahora, pero ahí vienen los chicos —comentó Song Qian al ver que su marido subía las graderías acompañado por sus primos.
—Tendrán tanta curiosidad por conocerte como nosotras —susurró Bo Eun a Shin Hye.
Shin Hye la miró con cierto nerviosismo.
—No irán a preguntarme algo sobre mi relación con Yong Hwa...
Ji Yeon  se rió.
—No, confían en que nosotras te lo saquemos y luego se lo contemos.
—Pero tampoco te extrañe si Se Won te hace alguna pregunta —añadió Bo Eun con una sonrisa— Es el policía que lleva dentro. No te lo tomes como algo personal. Además, es el hermano mayor y se siente un poco responsable, aunque no lo reconozca. Al comprobar lo ilusionado que está Yong Hwa contigo, se pondrá un poco chismoso.
Shin Hye las miró fijamente sin saber si hablaban en serio. No tardó en darse cuenta de que, efectivamente, hablaban en serio.
Tragó saliva cuando el grupo de hombres llegó hasta ellas e intentó dominarse,
—Entonces, ¿de dónde eres, Shin Hye? —le preguntó Se Won a bocajarro.
—De Seúl —contestó ella con una sonrisa forzada—¿Has estado allí?
—Sí, hace unos años, en un congreso sobre el cumplimiento de la Ley. Es una ciudad muy grande y bonita.
—Sí, es una zona muy bonita —repitió ella.
— ¿Por qué te marchaste?
Shin Hye notó que todo el mundo esperaba su respuesta. Ella no se ponía nerviosa fácilmente, pero Jung Se Won estaba consiguiéndolo. No era impertinente con las preguntas, pero ella detestaba verse en la situación de tener que explicarse. Sin embargo, en ese caso, lo haría. Era evidente que los Jung eran como una piña y ella envidiaba lo mucho que se cuidaban unos a otros.
—Por estrés en el trabajo —contestó ella mientras se apoyaba en la grada y se quitaba un mechón de la cara—Era abogada en un...
— ¿Eres abogada? —la interrumpió Jae Jin.
Ella lo miró. Sabía que era el abogado de la familia. Sonrió cuando todo el mundo se quedó en silencio.
—Sí. Fui a la Facultad de Derecho de la Universidad de Seul y luego entré en una gran empresa. Al principio, mi trabajo me encantaba, pero con el tiempo me di cuenta de que la empresa no tenía principios...
— ¿Y te marchaste?
Shin Hye pasó a mirar a Ji Yeon  y sintió alivio al ver la mirada de admiración de la mujer.
—Sí, pero antes me tracé un plan laboral. Mi abuela falleció y me dejó una herencia, que yo utilicé para cumplir mis sueños. Siempre me ha encantado la repostería y preparar dulces de chocolate y decidí que necesitaba un cambio de aires y de profesión.
— ¿Por qué en Jeonju?
Shin Hye contuvo el aliento y volvió a mirar a Se Won. Sus ojos oscuros parecían decir que sospechaba que no estaba contándoles todo.
—Conocí a una chica que había vivido aquí y me contó que se vivía muy bien. Además, todo el mundo sabe que es una ciudad en alza.
Se Won abrió la boca para seguir con las preguntas, pero en ese momento sonó la sirena que indicaba el principio del partido. Todos dirigieron la atención a la cancha. Shin Hye se sintió aliviada, pero se dio cuenta de que Se Won seguía mirándola y pensó que no podía bajar la guardia.
—Estarás orgulloso de que tu equipo haya ganado —le comentó Shin Hye a Yong Hwa, horas más tarde, mientras se dirigían hacia el coche de él.
Después del partido, los padres habían servido unos refrescos y las golosinas de Shin Hye habían sido todo un éxito.
—Sí, lo estoy, creo que los chicos lo han hecho muy bien. Han jugado bien en equipo y eso es lo más importante, el equipo, no las individualidades. Si consigo metérselo en la cabeza, serán mejores deportistas cuando lleguen a ser profesionales, si llegan a serlo —Yong Hwa miró el reloj—Mi hermana So Min y su familia ya habrán llegado y todos estarán en casa de mis padres. ¿Te gustaría ir allí un rato conmigo?
Shin Hye resopló. Lo había pasado muy bien con su familia, pero no quería seguir dándoles la impresión de que tenía alguna relación con Yong Hwa.
—Gracias por la invitación, pero creo que me voy a retirar. Ha sido una semana muy agitada para mí. La inauguración estuvo muy bien, pero fue agotadora y quiero pasar el resto del día y mañana descansando.
—Muy bien.


Yong Hwa le pasó un brazo por los hombros mientras seguían hacia el coche. Shin Hye empezaba a comprobar que él era encantador y no quería imaginarse cuál sería su reacción cuando descubriera que ella no le había contado todo sobre sí misma. Sin embargo, hasta que pudiera demostrar la inocencia de su abuelo, cuanto menos supiera él, mejor.




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1 comentario:

  1. yong es tan mnbasdvcmnb :3 la trata como si fuesen una pareja y se le nota en entuciasmo no hay duda de que shin lo echiso ... aw asta con su familia ya la quiere llevar ... conosco al due~o del restaurante :3 ... hahahah

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