sábado, 21 de marzo de 2015

SECRETOS DE FAMILIA - CAPITULO 3


—Hola, Shin Hye.
Yong Hwa se había pasado todo el día pensando en ella y quería verla para comprobar si lo que había pasado el día anterior había sido realidad o ilusión. Al verla comprendió que había sido real. Era tan hermosa y rebelde como recordaba.
—He pensado que no habrás tenido tiempo de comer y te he traído algo —añadió él al ver que ella no decía nada.
Yong Hwa vio que a ella le temblaba el labio inferior y notó que se le encogía el estómago.
—Gracias, pero no hacía falta. Había pensado en ir a comer algo en el restaurante de comida rápida que hay un poco más abajo.
—La comida de Yong’s Place es más sabrosa y más sana —Yong Hwa cruzó la tienda y le ofreció una bolsa de comida—Cómetela antes de que se enfríe.
Shin Hye tomó la bolsa y la dejó sobre el mostrador. Yong Hwa era la última persona que ella quería ver en ese momento. Le recordaba demasiado claramente el beso. Una parte de ella quería estar furiosa con él por hacer que se sintiera de aquella manera, pero era difícil conseguirlo cuando era tan amable.
Volvió a sonar la campanilla de la puerta y Shin Hye se dio la vuelta para ver a una mujer que entraba.
—Hola, soy Cha Eun Seok  —dijo la mujer haciendo un reverencia— He venido a recoger su donativo para el hospital infantil —miró a Yong Hwa y sonrió—Hola, Yong Hwa.
— ¿Qué tal estás, EunSeok ?
—No puedo quejarme.
Shin Hye se preguntó si Yong Hwa conocía a todo el mundo y todo el mundo lo conocía a él.
—Espero que les guste a los niños —dijo Shin Hye mientras le daba una caja a la mujer.
—Estoy segura de que les encantará —replicó ella con una sonrisa muy cálida—Gracias por una contribución tan deliciosa.
La mujer se marchó.
—Es un detalle por tu parte —la elogió Yong Hwa.
—No es gran cosa —Shin Hye se encogió de hombros— Me he pasado de previsora y he hecho más de los que necesitaba. Mañana no quiero vender nada que no esté recién hecho y he pensado que el sobrante podía donárselo al hospital infantil.
— ¿Qué harás con lo que te sobre mañana?
—Espero hacer sólo lo necesario. No me importa que me sobre un poco, pero no tanto como hoy. Hablando de hoy, quería darte las gracias.
—Ya lo has hecho —replicó Yong Hwa con una sonrisa.
—No me refería a la comida. Me refiero a tus recomendaciones. Muchas de las personas que han venido han comentado que las habías enviado tú y te lo agradezco.
Él se apoyó en el mostrador.
—Estoy seguro de que no he sido el único. Los hermanos Lee pasaron a comer y no pararon de alabar tu crema de chocolate. Así que ellos también tienen algo que ver.
—Se lo agradeceré en cuanto los vea —Shin Hye miró el reloj y fue hacia la puerta—. Es hora de cerrar.
—Efectivamente —Yong Hwa también miró el reloj
Yong Hwa no hizo ningún gesto de tener intención de marcharse y Shin Hye puso el cartel y cerró la puerta con llave. También bajó la persiana del escaparate y la tienda quedó en penumbra y demasiado íntima.
—Yong Hwa, ¿podrías encender las luces?
—Ahora mismo.
Shin Hye vio que cruzaba la habitación y se paraba justo delante de ella.
— ¿Sabes en lo que he estado pensando todo el día?
Ella no contestó inmediatamente y evitó su mirada.
—No, ¿en qué has pensado?
Él le puso un dedo en la barbilla y le levantó la cara.
—En el beso de anoche.
Shin Hye quiso gritarle que se olvidara de eso, pero ¿cómo iba a hacerlo si ella no podía olvidarse? Ella había estado todo el día pensando en lo mismo.
—Yong Hwa, nos conocimos hace poco tiempo. Las cosas van demasiado deprisa.
—Tienes razón —concedió él suavemente—Quiero proponerte algo.
— ¿Qué?
—Que nos conozcamos mejor.
— ¿Por qué?
Ella no quería tener una relación sentimental con nadie. Ya tenía bastante con poner en marcha su negocio. Además, necesitaba el tiempo libre para llevar a cabo su investigación. La primera persona con la que quería hablar era Lee Duk. Esperaba que él la ayudara a demostrar la inocencia de su abuelo.
—Creo que la respuesta es evidente —contestó Yong Hwa e interrumpió los pensamientos de ella— No te caigo bien y eso me preocupa porque no lo entiendo. En cuanto me acerco a dos metros de ti, noto que te pones a la defensiva. También me preocupa que me siento atraído por ti y no me gusta perder la cabeza por alguien que no conozco. Hoy he podido trabajar muy poco porque estaba pensando en ti.
—Entonces, te propongo que dirijas tu atención hacia otra cosa.
—Dudo que funcione. Me gustas.
Shin Hye se quedó atónita. Nunca había conocido a ningún hombre que dijera las cosas con tanta claridad.
—Espero que mi franqueza no te haya impresionado.
Ella lo miró a los ojos. Efectivamente, la había impresionado. El corazón se le salía del pecho y sentía un cosquilleo en la boca del estómago. En Seul, los hombres daban rodeos y nunca se sabía lo que estaban pensando.
—Eres un hombre atractivo, Yong Hwa, y estoy segura de que puedes salir con mujeres.
—No mucho —Yong Hwa sonrió—, sobre todo durante los últimos seis meses —ella abrió la boca para hablar, pero él le apoyó un dedo en los labios—. No estoy pidiéndote que te cases conmigo, Shin Hye. Sólo quiero que lleguemos a conocernos. Acabas de llegar y puedo enseñarte la ciudad y presentarte a gente.
—Eres un hombre y acabarás queriendo algo más.
— ¿Seguro?
—Sí.
Shin Hye se sintió dominada por el pánico. Ningún hombre había conseguido que se quedara sin argumentos. Yong Hwa era un hombre viril, intenso y peligroso y las tres cosas le preocupaban.
Yong Hwa sabía que decirle que no querría más sería una mentira. Miró la bolsa que había sobre el mostrador.
—Ven, cómete eso. ¿Te apetece ir al cine mañana por la noche? —añadió inmediatamente.
Ella parpadeó y lo miró a los ojos. Estaba cambiando de conversación y los dos lo sabían.
— ¿Al cine mañana por la noche?
—Sí, al cine —susurró él con una sensualidad que la alteró—. Te recogeré hacia las siete.
El sentido común le decía a Shin Hye que no podía quedar con un Jung, pero él podía tener alguna de las respuestas que ella necesitaba.
—Me parece bien. A las siete —Shin Hye agarró el picaporte de la puerta—Ya puedes marcharte.
Ella se apartó un mechon de la cara, tomó aire y esperó. Él tenía la mirada clavada en sus ojos y eso la estremecía. Se preguntó si él se habría dado cuenta. El aroma de él hacía que quisiera ...
Cerró los ojos para no seguir por ese camino. Cuando volvió a abrirlos, él seguía allí, con los labios a pocos centímetros de los de ella. Una punzada de anhelo la abrumó.
—Sientes lo mismo que yo, Shin Hye. No me preguntes por qué nos está pasando esto porque no lo sé, pero es como si estuviéramos destinados a tener estos momentos y no pudiéramos evitarlo.
Shin Hye echó la cabeza hacia atrás para no compartir esa forma de ver las cosas. Sin embargo, él le puso la punta de los dedos en los labios y ella se separó. Él tenía razón. Ninguno de los dos podía evitarlo. Ella no quería tener una relación sentimental con él, pero la necesidad de volver a besarlo la estremecía de pies a cabeza. Además, a juzgar por la mirada de Yong Hwa, sabía que él lo había notado.
Hizo un esfuerzo por reprimir esa parte pasional de ella que no conocía. Era única en los careos cuando era abogada, pero era una inexperta cuando se trataba de esas sensaciones que hacían que le temblaran los labios.
—Por favor, déjame que te bese, Shin Hye.
Con esa voz, ronca, profunda y sexy no hacía falta que se lo pidiera dos veces. Ella cerro los ojos y le ofreció los labios. En cuanto sus bocas se encontraron, ella emitió un gemido y permitió que Yong Hwa profundice el beso, con todos sus caprichos y la llevara hasta una entrega incontrolable. Ese beso era algo más que atracción mutua y placer. Había componentes que la aterraban. Besaba de maravilla y él sabía que podía ser un amante fantástico... pero ella no pensaba acostarse con él nunca.
Aunque tampoco estaba tan segura.
Shin Hye se apartó. Él tenía que marcharse en ese momento.
—Adiós, Yong Hwa.
—Adiós —él sonrió— Hasta mañana a las siete.
Yong Hwa desapareció.

***
La noche siguiente, Shin Hye tomó una bocanada de aire mientras cruzaba la habitación para abrir la puerta. Eran las siete en punto y, como era de esperar, Yong Hwa era puntual. Ella se había puesto unos vaqueros y un jersey.
Notó el pulso acelerado cuando fue a abrir la puerta. Él, como siempre, estaba impresionante. No tendría ni idea de lo mucho que le había alterado el sueño durante las  noches anteriores.
—Yong Hwa...
—Shin Hye...
— ¿Te apetece tomar algo antes de irnos?
Ella volvió a estremecerse al ver que él detenía la mirada en su boca. A ella le habría encantado ser inmune a su virilidad arrolladora, pero no lo era.
—No. ¿Te queda alguna galleta de chocolate de las de ayer?
Shin Hye no pudo evitar una sonrisa. Parecía un niño en la sección de juguetes de unos grandes almacenes.
—Sí, además, me he acordado de que son tus favoritas. Las he metido en una caja. Podrás llevártelas cuando volvamos.
— ¿De verdad...? —le preguntó él con una sonrisa de oreja a oreja.
—Claro —Shin Hye sonrió—. Vámonos.
—Vámonos.

— ¿Tienes hambre?
Shin Hye miró a Yong Hwa mientras salían del cine y no pudo evitar reírse.
— ¿Lo dices en serio? Me he comido casi todas las palomitas, por no decir nada del refresco gigante y de las chucherías.
Yong Hwa esbozó media sonrisa y la agarró de la mano.
—De acuerdo, no me entusiasma la comida basura.       
—Ya me lo imagino. ¿Quién puede competir con el menú de Yong’s Place?
—Normalmente yo, pero Kev se resiste.
—¿Kev?
—Es mi cocinero, pero cuando él no está, yo me ocupo de la cocina. Kev y yo somos los únicos que conocemos las recetas de los Jung y un contrato le compromete a no divulgar nunca sus secretos. He tenido que tomar esa medida por lo que le pasó a mi abuelo hace años. Salió escaldado por confiar demasiado en su socio.
Shin Hye se tragó el enorme nudo que se le hizo en la garganta. Conocía la versión de su abuela, pero no la de Yong Hwa.
— ¿Qué pasó?
—Hace años, un hombre que se llamaba Choi Lun Woo hacía casi todo lo relacionado con la cocina mientras mi abuelo se ocupaba de la administración. Los dos trabajaron juntos durante años hasta que tuvieron una discusión y se separaron. Al cabo de unas semanas, mi abuelo descubrió que Lun Woo había vendido los secretos de algunas de las mejores recetas de los Jung. No hace falta decir que mi abuelo nunca perdonó aquella traición. Eran recetas que llevaban generaciones en la familia Jung.
Shin Hye tuvo que morderse la lengua para no salir en defensa de su abuelo.
— ¿Cómo descubrió tu abuelo quién había robado las recetas?
Habían llegado al coche de Yong Hwa y él le abrió la puerta.
—Porque nadie más sabía los ingredientes. Además, mi abuelo guardaba el libro de recetas bajo llave y nadie, aparte de Lun Woo, podía consultarlo.
Shin Hye, mientras se sentaba en el asiento de cuero del deportivo, pensó que, efectivamente, él culpaba a su abuelo.
— ¿Y las demás personas que también trabajaban en el restaurante?
—Que yo recuerde, sólo tenía catorce años entonces, sólo trabajaban dos camareras, Han Ki Ae y Kang Ye Sol , y ninguna sabía las recetas. Sólo atendían las mesas y a los clientes.
Shin Hye asintió con la cabeza y decidió que ya había hecho bastantes preguntas. No quería que él sospechara. Sólo quería poder ponerse a la altura de él y decirle que era la nieta de Choi Lun Woo, pero eso sería un error si no podía demostrar la inocencia de su abuelo.
Yong Hwa también se sentó en su asiento y la miró antes de poner el motor en marcha.
—No me has contestado si tienes hambre.
—No —ella sacudió la cabeza y lo miró a los ojos—pero si tú tienes hambre, podemos tomar algo.
—Tengo una idea mejor —Yong Hwa sonrió—. ¿Qué me dices si pasamos por tu tienda y me tomo unas galletas con un vaso de leche? No hay nada comparable a un buen vaso de leche fría y unas galletas de chocolate.
Shin Hye dudó que fuera una buena idea, pero habían dicho que querían conocerse mejor y ella le había sacado alguna información. El lunes preguntaría a la señora Kim por las camareras que trabajaban con el abuelo de Yong Hwa para saber si seguían por allí.
—Sí, tengo leche y lo menos que puedo hacer después de una noche tan maravillosa es permitir que des gusto a tus papilas gustativas.
Yong Hwa esbozó una sonrisa mientras encendía el motor.
— ¿Dar gusto a mis papilas gustativas? Es una forma de decirlo...










2 comentarios:

  1. no sabia que avia otro cap ... que bueno que actualizaste ya moria por leer le cap ... estos dos no recisten estar serca el uno del otro sin sentirce atraidos .. estoy pensando en que tal vez una de las camareras pudo ser la que se robo esas recetas ... aa sigueee apenas lo publicaste ayer y yo ya quiero leer otro cap mas muy buen capitulo sigueeeeee :3

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  2. WOWWW!!!!!!!!!!!!!! actuliza pronto unnie plisss :(

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