—Hola, Shin
Hye.
Yong Hwa se
había pasado todo el día pensando en ella y quería verla para comprobar si lo
que había pasado el día anterior había sido realidad o ilusión. Al verla
comprendió que había sido real. Era tan hermosa y rebelde como recordaba.
—He pensado
que no habrás tenido tiempo de comer y te he traído algo —añadió él al ver que
ella no decía nada.
Yong Hwa vio
que a ella le temblaba el labio inferior y notó que se le encogía el estómago.
—Gracias,
pero no hacía falta. Había pensado en ir a comer algo en el restaurante de
comida rápida que hay un poco más abajo.
—La comida
de Yong’s Place es más sabrosa y más sana —Yong Hwa cruzó la tienda y le
ofreció una bolsa de comida—Cómetela antes de que se enfríe.
Shin Hye
tomó la bolsa y la dejó sobre el mostrador. Yong Hwa era la última persona que
ella quería ver en ese momento. Le recordaba demasiado claramente el beso. Una parte
de ella quería estar furiosa con él por hacer que se sintiera de aquella
manera, pero era difícil conseguirlo cuando era tan amable.
Volvió a
sonar la campanilla de la puerta y Shin Hye se dio la vuelta para ver a una
mujer que entraba.
—Hola, soy Cha
Eun Seok —dijo la mujer haciendo un reverencia— He venido a recoger su
donativo para el hospital infantil —miró a Yong Hwa y sonrió—Hola, Yong Hwa.
— ¿Qué tal
estás, EunSeok ?
—No puedo
quejarme.
Shin Hye se
preguntó si Yong Hwa conocía a todo el mundo y todo el mundo lo conocía a él.
—Espero que
les guste a los niños —dijo Shin Hye mientras le daba una caja a la mujer.
—Estoy
segura de que les encantará —replicó ella con una sonrisa muy cálida—Gracias
por una contribución tan deliciosa.
La mujer se
marchó.
—Es un
detalle por tu parte —la elogió Yong Hwa.
—No es gran
cosa —Shin Hye se encogió de hombros— Me he pasado de previsora y he hecho más
de los que necesitaba. Mañana no quiero vender nada que no esté recién hecho y
he pensado que el sobrante podía donárselo al hospital infantil.
— ¿Qué harás
con lo que te sobre mañana?
—Espero
hacer sólo lo necesario. No me importa que me sobre un poco, pero no tanto como
hoy. Hablando de hoy, quería darte las gracias.
—Ya lo has
hecho —replicó Yong Hwa con una sonrisa.
—No me
refería a la comida. Me refiero a tus recomendaciones. Muchas de las personas
que han venido han comentado que las habías enviado tú y te lo agradezco.
Él se apoyó
en el mostrador.
—Estoy
seguro de que no he sido el único. Los hermanos Lee pasaron a comer y no pararon
de alabar tu crema de chocolate. Así que ellos también tienen algo que ver.
—Se lo
agradeceré en cuanto los vea —Shin Hye miró el reloj y fue hacia la puerta—. Es
hora de cerrar.
—Efectivamente
—Yong Hwa también miró el reloj
Yong Hwa no
hizo ningún gesto de tener intención de marcharse y Shin Hye puso el cartel y
cerró la puerta con llave. También bajó la persiana del escaparate y la tienda
quedó en penumbra y demasiado íntima.
—Yong Hwa,
¿podrías encender las luces?
—Ahora
mismo.
Shin Hye vio
que cruzaba la habitación y se paraba justo delante de ella.
— ¿Sabes en
lo que he estado pensando todo el día?
Ella no
contestó inmediatamente y evitó su mirada.
—No, ¿en qué
has pensado?
Él le puso
un dedo en la barbilla y le levantó la cara.
—En el beso
de anoche.
Shin Hye
quiso gritarle que se olvidara de eso, pero ¿cómo iba a hacerlo si ella no
podía olvidarse? Ella había estado todo el día pensando en lo mismo.
—Yong Hwa,
nos conocimos hace poco tiempo. Las cosas van demasiado deprisa.
—Tienes
razón —concedió él suavemente—Quiero proponerte algo.
— ¿Qué?
—Que nos
conozcamos mejor.
— ¿Por qué?
Ella no
quería tener una relación sentimental con nadie. Ya tenía bastante con poner en
marcha su negocio. Además, necesitaba el tiempo libre para llevar a cabo su
investigación. La primera persona con la que quería hablar era Lee Duk.
Esperaba que él la ayudara a demostrar la inocencia de su abuelo.
—Creo que la
respuesta es evidente —contestó Yong Hwa e interrumpió los pensamientos de
ella— No te caigo bien y eso me preocupa porque no lo entiendo. En cuanto me
acerco a dos metros de ti, noto que te pones a la defensiva. También me
preocupa que me siento atraído por ti y no me gusta perder la cabeza por
alguien que no conozco. Hoy he podido trabajar muy poco porque estaba pensando
en ti.
—Entonces,
te propongo que dirijas tu atención hacia otra cosa.
—Dudo que
funcione. Me gustas.
Shin Hye se
quedó atónita. Nunca había conocido a ningún hombre que dijera las cosas con
tanta claridad.
—Espero que
mi franqueza no te haya impresionado.
Ella lo miró
a los ojos. Efectivamente, la había impresionado. El corazón se le salía del
pecho y sentía un cosquilleo en la boca del estómago. En Seul, los hombres
daban rodeos y nunca se sabía lo que estaban pensando.
—Eres un
hombre atractivo, Yong Hwa, y estoy segura de que puedes salir con mujeres.
—No mucho —Yong
Hwa sonrió—, sobre todo durante los últimos seis meses —ella abrió la boca para
hablar, pero él le apoyó un dedo en los labios—. No estoy pidiéndote que te
cases conmigo, Shin Hye. Sólo quiero que lleguemos a conocernos. Acabas de
llegar y puedo enseñarte la ciudad y presentarte a gente.
—Eres un
hombre y acabarás queriendo algo más.
— ¿Seguro?
—Sí.
Shin Hye se
sintió dominada por el pánico. Ningún hombre había conseguido que se quedara
sin argumentos. Yong Hwa era un hombre viril, intenso y peligroso y las tres
cosas le preocupaban.
Yong Hwa
sabía que decirle que no querría más sería una mentira. Miró la bolsa que había
sobre el mostrador.
—Ven, cómete
eso. ¿Te apetece ir al cine mañana por la noche? —añadió inmediatamente.
Ella
parpadeó y lo miró a los ojos. Estaba cambiando de conversación y los dos lo
sabían.
— ¿Al cine
mañana por la noche?
—Sí, al cine
—susurró él con una sensualidad que la alteró—. Te recogeré hacia las siete.
El sentido
común le decía a Shin Hye que no podía quedar con un Jung, pero él podía tener
alguna de las respuestas que ella necesitaba.
—Me parece
bien. A las siete —Shin Hye agarró el picaporte de la puerta—Ya puedes
marcharte.
Ella se
apartó un mechon de la cara, tomó aire y esperó. Él tenía la mirada clavada en
sus ojos y eso la estremecía. Se preguntó si él se habría dado cuenta. El aroma
de él hacía que quisiera ...
Cerró los
ojos para no seguir por ese camino. Cuando volvió a abrirlos, él seguía allí,
con los labios a pocos centímetros de los de ella. Una punzada de anhelo la
abrumó.
—Sientes lo
mismo que yo, Shin Hye. No me preguntes por qué nos está pasando esto porque no
lo sé, pero es como si estuviéramos destinados a tener estos momentos y no
pudiéramos evitarlo.
Shin Hye
echó la cabeza hacia atrás para no compartir esa forma de ver las cosas. Sin
embargo, él le puso la punta de los dedos en los labios y ella se separó. Él
tenía razón. Ninguno de los dos podía evitarlo. Ella no quería tener una
relación sentimental con él, pero la necesidad de volver a besarlo la
estremecía de pies a cabeza. Además, a juzgar por la mirada de Yong Hwa, sabía
que él lo había notado.
Hizo un
esfuerzo por reprimir esa parte pasional de ella que no conocía. Era única en
los careos cuando era abogada, pero era una inexperta cuando se trataba de esas
sensaciones que hacían que le temblaran los labios.
—Por favor,
déjame que te bese, Shin Hye.
Con esa voz,
ronca, profunda y sexy no hacía falta que se lo pidiera dos veces. Ella cerro los
ojos y le ofreció los labios. En cuanto sus bocas se encontraron, ella emitió
un gemido y permitió que Yong Hwa profundice el beso, con todos sus caprichos y
la llevara hasta una entrega incontrolable. Ese beso era algo más que atracción
mutua y placer. Había componentes que la aterraban. Besaba de maravilla y él
sabía que podía ser un amante fantástico... pero ella no pensaba acostarse con
él nunca.
Aunque
tampoco estaba tan segura.
Shin Hye se
apartó. Él tenía que marcharse en ese momento.
—Adiós, Yong
Hwa.
—Adiós —él
sonrió— Hasta mañana a las siete.
Yong Hwa
desapareció.
***
La noche
siguiente, Shin Hye tomó una bocanada de aire mientras cruzaba la habitación
para abrir la puerta. Eran las siete en punto y, como era de esperar, Yong Hwa
era puntual. Ella se había puesto unos vaqueros y un jersey.
Notó el
pulso acelerado cuando fue a abrir la puerta. Él, como siempre, estaba
impresionante. No tendría ni idea de lo mucho que le había alterado el sueño
durante las noches anteriores.
—Yong Hwa...
—Shin Hye...
— ¿Te
apetece tomar algo antes de irnos?
Ella volvió
a estremecerse al ver que él detenía la mirada en su boca. A ella le habría
encantado ser inmune a su virilidad arrolladora, pero no lo era.
—No. ¿Te
queda alguna galleta de chocolate de las de ayer?
Shin Hye no
pudo evitar una sonrisa. Parecía un niño en la sección de juguetes de unos
grandes almacenes.
—Sí, además,
me he acordado de que son tus favoritas. Las he metido en una caja. Podrás
llevártelas cuando volvamos.
— ¿De
verdad...? —le preguntó él con una sonrisa de oreja a oreja.
—Claro —Shin
Hye sonrió—. Vámonos.
—Vámonos.
— ¿Tienes
hambre?
Shin Hye
miró a Yong Hwa mientras salían del cine y no pudo evitar reírse.
— ¿Lo dices
en serio? Me he comido casi todas las palomitas, por no decir nada del refresco
gigante y de las chucherías.
Yong Hwa
esbozó media sonrisa y la agarró de la mano.
—De acuerdo,
no me entusiasma la comida basura.
—Ya me lo
imagino. ¿Quién puede competir con el menú de Yong’s Place?
—Normalmente
yo, pero Kev se resiste.
—¿Kev?
—Es mi
cocinero, pero cuando él no está, yo me ocupo de la cocina. Kev y yo somos los
únicos que conocemos las recetas de los Jung y un contrato le compromete a no
divulgar nunca sus secretos. He tenido que tomar esa medida por lo que le pasó
a mi abuelo hace años. Salió escaldado por confiar demasiado en su socio.
Shin Hye se
tragó el enorme nudo que se le hizo en la garganta. Conocía la versión de su
abuela, pero no la de Yong Hwa.
— ¿Qué pasó?
—Hace años,
un hombre que se llamaba Choi Lun Woo hacía casi todo lo relacionado con la
cocina mientras mi abuelo se ocupaba de la administración. Los dos trabajaron
juntos durante años hasta que tuvieron una discusión y se separaron. Al cabo de
unas semanas, mi abuelo descubrió que Lun Woo había vendido los secretos de
algunas de las mejores recetas de los Jung. No hace falta decir que mi abuelo
nunca perdonó aquella traición. Eran recetas que llevaban generaciones en la
familia Jung.
Shin Hye
tuvo que morderse la lengua para no salir en defensa de su abuelo.
— ¿Cómo
descubrió tu abuelo quién había robado las recetas?
Habían
llegado al coche de Yong Hwa y él le abrió la puerta.
—Porque
nadie más sabía los ingredientes. Además, mi abuelo guardaba el libro de
recetas bajo llave y nadie, aparte de Lun Woo, podía consultarlo.
Shin Hye,
mientras se sentaba en el asiento de cuero del deportivo, pensó que,
efectivamente, él culpaba a su abuelo.
— ¿Y las
demás personas que también trabajaban en el restaurante?
—Que yo
recuerde, sólo tenía catorce años entonces, sólo trabajaban dos camareras, Han
Ki Ae y Kang Ye Sol , y ninguna sabía las recetas. Sólo atendían las mesas y a
los clientes.
Shin Hye
asintió con la cabeza y decidió que ya había hecho bastantes preguntas. No
quería que él sospechara. Sólo quería poder ponerse a la altura de él y decirle
que era la nieta de Choi Lun Woo, pero eso sería un error si no podía demostrar
la inocencia de su abuelo.
Yong Hwa
también se sentó en su asiento y la miró antes de poner el motor en marcha.
—No me has
contestado si tienes hambre.
—No —ella
sacudió la cabeza y lo miró a los ojos—pero si tú tienes hambre, podemos tomar
algo.
—Tengo una
idea mejor —Yong Hwa sonrió—. ¿Qué me dices si pasamos por tu tienda y me tomo
unas galletas con un vaso de leche? No hay nada comparable a un buen vaso de
leche fría y unas galletas de chocolate.
Shin Hye
dudó que fuera una buena idea, pero habían dicho que querían conocerse mejor y
ella le había sacado alguna información. El lunes preguntaría a la señora Kim
por las camareras que trabajaban con el abuelo de Yong Hwa para saber si
seguían por allí.
—Sí, tengo
leche y lo menos que puedo hacer después de una noche tan maravillosa es
permitir que des gusto a tus papilas gustativas.
Yong Hwa
esbozó una sonrisa mientras encendía el motor.
— ¿Dar gusto
a mis papilas gustativas? Es una forma de decirlo...
no sabia que avia otro cap ... que bueno que actualizaste ya moria por leer le cap ... estos dos no recisten estar serca el uno del otro sin sentirce atraidos .. estoy pensando en que tal vez una de las camareras pudo ser la que se robo esas recetas ... aa sigueee apenas lo publicaste ayer y yo ya quiero leer otro cap mas muy buen capitulo sigueeeeee :3
ResponderEliminarWOWWW!!!!!!!!!!!!!! actuliza pronto unnie plisss :(
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