Me encanta tu vestido –le dijo So Min con
admiración cuando Shin Hye atravesó el enorme salón para llegar a la zona del
comedor. La mesa de cristal había sido decorada con rosas blancas y velas que
parpadeaban con la suave brisa que entraba por las puertas de cristal de la
terraza, que estaban abiertas.
El entorno era maravilloso y relajante,
pero Shin Hye no había podido evitar darse cuenta de que Yong Hwa la miraba de
manera enigmática mientras se acercaba.
–¿Es una de tus creaciones? –preguntó So
Min, distrayéndola de la atracción que sentía por él.
Shin Hye asintió y la novia sonrió
triunfante.
–¿No te había dicho que era una diseñadora
genial? –le preguntó a su hermano.
–Por supuesto –respondió este.
Era una pena que su hermana no le hubiese
advertido también de la belleza de Shin Hye. Estaba deslumbrante con aquel
vestido gris, pero lo habría estado también con cualquier otra cosa, o incluso
desnuda, le dijo una vocecilla en su interior. El deseo volvió a crecer y Yong
Hwa agradeció a su hermana que se pusiese a hablar alegremente mientras él
intentaba controlar a sus hormonas.
–Shin Hye, este es Sung Hoon.
Esta sonrió al joven que había al lado de So
Min.
–Encantada. Siento que tu padre esté
enfermo.
–Gracias. El médico nos ha dicho que
habría que adelantar la fecha de la operación, pero mi padre insiste en que
continuemos con nuestros planes.
Ocuparon sus sitios en la mesa y Shin Hye
se sentó lo más lejos posible de Yong Hwa. Chip, muy elegante con un traje
oscuro, le guiñó el ojo mientras servía el primer plato.
–He pensado que sería mejor que me quitase
las bermudas, dado que mi jefe tiene invitados a cenar – comentó en un susurro.
Y Shin Hye se dio cuenta de que apreciaba
mucho a su jefe. Miró hacia el otro lado de la mesa y se puso tensa cuando su
mirada se cruzó con la de Yong Hwa. Algo en ella hizo que se le acelerase el
corazón. Notó que se ruborizada y deseó apartar la vista de él, pero estaba
hipnotizada por el brillo de sus ojos, que ya no eran fríos y duros, sino sensuales
y calientes.
Se sintió incapaz de respirar y abrió
mucho los ojos, porque sentía pánico y atracción al mismo tiempo.
Volvió a recordar los momentos en los que
le había puesto crema. Shin Hye le había dicho que no se sentía atraída por él,
pero había mentido y, a juzgar por la expresión de Yong Hwa, él lo sabía
también.
Aquello era una locura. Por fin consiguió
apartar la mirada y bajarla a la ensalada que tenía delante. Nunca se había
sentido tan atraída por un hombre.
Después de haber vivido el infeliz
matrimonio de su madre y Woo Duk, siempre había dudado de las relaciones y no
había querido cometer el error de enamorarse. Nunca había sentido una atracción
como la que estaba sintiendo por Yong Hwa, y, por lo tanto, su instinto tampoco
le había dicho nunca que la combatiese.
–¿Y cómo es que decidiste especializarte
en vestidos de novia, Shin Hye? –le preguntó Sung Hoon–¿Eres una romántica?
Shin Hye estuvo a punto de negarlo, pero al ver cómo se miraban So Min y su
prometido, no fue capaz.
–Pienso que es maravilloso que dos
personas se enamoren y estén seguras de que están hechas la una para la otra y
de que quieren pasar el resto de su vida juntas –dijo despacio–Las bodas son
momentos felices y me encanta poder contribuir a que ese día sea especial
diseñando el vestido de la novia.
Aunque en el fondo pensaba que era
imposible estar seguro de que uno iba a ser feliz con otra persona durante el
resto de su vida. Con respecto al hecho de tener hijos, le parecía un concepto
demasiado vasto.
Sabía por experiencia propia que cuando
una relación fracasaba, eran los niños quienes sufrían las consecuencias.
De repente, se dio cuenta de que todo el
mundo estaba esperando a que continuase.
–Sinceramente, no puedo permitirme el lujo
de pasarme el día soñando, teniendo mi propia empresa – les explicó–. Estoy
decidida a que Wedding Park tenga éxito, así que mis vestidos son románticos,
pero yo tengo que ser práctica.
–Entonces, ¿te definirías a ti misma como
una mujer centrada en su carrera?
A Shin Hye le sorprendió el tono en el que
Yong Hwa le había hecho la pregunta y también su sonrisa un tanto burlona. Era
cierto que le había rogado que permitiese que le diseñase el vestido de novia a
su hermana, pero si pensaba que podía pisotearla, estaba muy equivocado.
–Sí –le respondió en tono frío–Como tú
también eres un hombre de negocios, supongo que entenderás que me dedique en
cuerpo y alma a mi empresa.
Él arqueó las cejas con curiosidad.
–¿Si tu carrera es tan importante para ti,
quiere eso decir que no tienes pensado diseñar tu propio vestido de novia a
corto plazo?
–No tengo planes en ese aspecto –le
informó ella airadamente.
Y se sintió aliviada cuando la amiga de So
Min retomó el debate en torno al color de los vestidos de las damas de honor.
***
–¿Cuánto tiempo crees que tardarás en
tener el diseño del vestido de So Min? –le preguntó Yong Hwa a Shin Hye al
final de la cena.
Ella saboreó la última cucharada del postre
antes de mirarlo, y el corazón volvió a darle un vuelco. Se preguntó si Yong
Hwa se ponía siempre tan elegante para cenar. Estaba muy sexy con aquel traje
negro y la camisa de seda blanca. La intensidad de su mirada diezmó su frágil
compostura.
Shin Hye se obligó a sonreír.
–Hemos empezado antes de la cena. Creo que
podré tener los bocetos a finales de semana, y en cuanto So Min haya decidido
qué materiales quiere, los pediré a mis proveedores. Luego volveré al estudio
para hacer los vestidos.
Yong Hwa frunció el ceño.
–¿Significa eso que So Min y sus damas de
honor tendrán que ir a Seúl a hacerse las pruebas?
–Sí, pero solo harán falta dos o, como
mucho, tres.
–Va a ser difícil que hagan tres viajes a Seúl,
teniendo la boda tan cerca y tantas cosas que hacer, ¿no crees, So Min?
–preguntó Yong Hwa a su hermana–Además, estoy seguro de que preferirías
quedarte en Busan ahora que el padre de Sung Hoon está hospitalizado.
So Min asintió despacio.
–Por supuesto que sería más sencillo no
tener que viajar a Seúl –admitió.
Y luego formuló la misma pregunta que Shin
Hye se estaba haciendo.
–¿Se te ocurre algo, Yong Hwa? Shin Hye no
puede trasladar su estudio a Busan.
–¿Por qué no?
En esa ocasión, fue Shin Hye quien frunció
el ceño.
–Sería imposible. Tengo todo mi equipo en
el estudio.
–Pero si yo pudiese proporcionarte todo lo
que necesitas, ¿podrías quedarte aquí en Cheongu a hacer los vestidos? –le
preguntó Yong Hwa– La habitación en la que han estado hoy tiene un tamaño
adecuado para instalar un taller, ¿no?
–Bueno… sí, pero… Habría que alquilar o
comprar todo lo necesario, y serían muchos gastos. Una buena máquina de coser
cuesta varios miles de won.
Además, tengo dos costureras a mi cargo, y
no creo que Jani So y Sang Xiu puedan venir a Busan y dejar en Seúl a sus
familias.
Yong Hwa se encogió de hombros.
–El coste es lo de menos. Y, si es
necesario, yo podría encontrar costureras en Busan para que te ayudasen.
Lo único que me importa es que todo esté
preparado para el día de la boda, con las menos tensiones posibles para So Min,
y un modo de conseguirlo es que tú le hagas el vestido aquí en Cheongu.
Donde el podría, además, controlar sus
progresos, pensó Shin Hye furiosa. Yong Hwa no lo había dicho, pero ella sabía
que lo estaba pensando y eso la enfadaba. Quería controlarlo todo.
–Pareces olvidarte de que tengo que
dirigir un negocio en Seúl –murmuró, intentando controlar el tono de voz para
que So Min no se sintiese mal.
–¿Tienes otros encargos en estos momentos?
– inquirió Yong Hwa, sonriendo–. ¿No podrías dejar a una de las costureras a
cargo de la empresa mientras estás aquí? Por supuesto, serás recompensada
económicamente por el esfuerzo. Y no olvidemos que Wedding Park recibirá mucha
publicidad con esta boda.
Shin Hye supo que estaba vencida, y sus
temores se confirmaron cuando So Min comentó emocionada:
–Oh, Shin Hye, sería maravilloso que te
quedases. Yo podría implicarme en todas las fases de creación de mi vestido. Y
tú serías una invitada de honor en mi boda.
¿Cómo iba a decepcionar a So Min, que ya
había sido engañada por la primera diseñadora a la que había encargado el
vestido?
–Supongo que es factible –admitió
lentamente.
–Excelente. Entonces, ya está decidido
–sentenció Yong Hwa sonriendo–Hazme una lista de las cosas que vas a necesitar
para el taller y yo haré que las tengas lo antes posible.
Verlo tan satisfecho enfadó a Shin Hye.
Era evidente que era el rey de la isla y estaba acostumbrado a salirse siempre
con la suya. Lo fulminó con la mirada y él respondió con una sonrisa burlona,
pero fue el brillo de sus ojos, que le recordó la atracción física que había
entre ambos, lo que hizo que Shin Hye se estremeciese.
Había pensado quedarse en Cheongu cinco
días, no hasta la boda. Eso significaba que tendría que pasarse cinco semanas
luchando contra la atracción que sentía por aquel hombre. Era normal que le
temblase la mano al tomar la copa de champán que tenía delante para darle un
buen trago.
El resto de la noche fue una tortura para
Shin Hye, que intentó que no se le notase el intenso interés que sentía por
Yong Hwa. Trató de relajarse y charlar con So Min, Sung Hoon y las demás invitadas,
pero no pudo evitar sentir las miradas de Yong Hwa clavadas en ella, ni tampoco
mirarlo constantemente. Se ruborizó cada vez que sus ojos se cruzaron y su
cuerpo era consciente de que lo tenía cerca.
No supo qué hacer, cómo comportarse. La
atracción que sentía por él era aterradora y emocionante al mismo tiempo. Nunca
se había sentido tan viva, pero su instinto le advertía que aquello era
peligroso. Yong Hwa era demasiado poderoso, demasiado tenaz, y estaba
completamente fuera de su alcance. Se preguntó si debía rechazar el encargo y
volverse a casa.
Miró hacia el otro lado de la habitación,
donde So Min reía al lado de Sung Hoon. Parecía tan contenta, tan emocionada
con su boda, que no podía decepcionarla. Además, aquel iba a ser el encargo más
importante de su carrera, y no podía rechazarlo solo porque se sentía atraída
por el hermano de la novia.
Solo tendría que evitarlo durante las
siguientes semanas para que todo fuese bien.
So Min se alejó de su prometido y se
acercó a Shin Hye.
–Esta noche vuelvo a Busan con Sung Hoon,
que está mucho más preocupado por su padre de lo que parece, pero regresaré
mañana por la mañana –le dijo, un tanto nerviosa–Siento tener que dejarte sola
en Cheongu, aunque, bueno, en realidad no estarás sola, sino con Yong Hwa. Si
necesitas cualquier cosa, o tienes algún problema, estará encantado de
ayudarte.
–Estaré bien –murmuró Shin Hye,
conteniéndose para no contestar que Yong Hwa era su problema.
***
Después de dar las buenas noches a todo el
mundo, volvió a su habitación, y unos minutos después, oyó cómo despegaba un
helicóptero. Tenía la sensación de que hacía días, y no horas, que había salido
de Seúl. Era casi media noche, pero estaba demasiado nerviosa para meterse en
la cama, ya que no podía dejar de pensar en cómo la había manipulado Yong Hwa
para que se quedase en Cheongu hasta la boda.
Era tan dominante y contundente como su
padrastro. Aunque no eran iguales. Era evidente que Yong Hwa adoraba a su
hermana y quería asegurarse de que tendría una boda perfecta. Woo Duk había
sido un matón, mientras que Yong Hwa tenía una parte sensible. La vida lo había
hecho duro e inflexible, pero quería proteger a su hermana y, seguro que debajo
de aquel exterior tan áspero había un corazón. Un corazón que, según So Min, le
habían roto en una ocasión.
Como supo que no iba a poder dormirse y
estaba acostumbrada a trabajar por la noche, momento del día en que estaba más
creativa, salió de su habitación y se dirigió al piso de arriba, a la
habitación que iba a utilizar de taller. De camino, pasó por delante de las
escaleras que So Min le había dicho que llevaban a la terraza, y después de
dudarlo un instante, decidió subirlas.
En lo alto, una puerta con arco daba a un
amplio jardín cubierto, iluminado suavemente por la luz de la luna. Era cierto,
parecía posible levantar la mano y tocar las estrellas, y el único ruido que
había era el de una fuente. En un extremo de la terraza había una mesa de
comedor y sillas, y en vez de sofás y sillones, unos enormes cojines apilados
en el suelo, debajo de un dosel, cuyo efecto recordaba a un campamento beduino.
Shin Hye respiró hondo y empezó a
relajarse, pero una voz a sus espaldas la hizo girarse. Dio un grito ahogado al
ver a Yong Hwa en la puerta.
–Veo que has descubierto mi escondite
–comentó este.
Ella se quedó mirándolo y volvió a ponerse
tensa. Él, por su parte, parecía cómodo.
–Sé cuál es el verdadero motivo por el que
quieres que me quede en Cheongu –le dijo Shin Hye, retándolo mientras intentaba
controlar la reacción de su cuerpo al verlo sin chaqueta y con los primeros
botones de la camisa desabrochados.
–¿De verdad? ¿Te importaría explicármelo?
–Sigues pensando que no tengo la
experiencia suficiente para diseñar el vestido de novia de So Min.
Por eso quieres tenerme aquí, controlada.
Ya te he dicho que estoy preparada para trabajar veinticuatro horas al día si
es necesario. ¿Por qué no confías en mí?
–La confianza es algo que hay que ganarse
– respondió él con brusquedad, acercándose a ella.
Había confiado en Ji Hyeon, pensó muy
serio, y no volvería a confiar en ninguna otra mujer.
Shin Hye se puso tensa al ver que se
detenía muy cerca de ella. Lo miró a los ojos y le sorprendió ver una repentina
desolación en ellos. Parecía casi… vulnerable, y Shin Hye sintió ganas de
abrazarlo.
La expresión de Yong Hwa cambió y el
momento pasó.
Shin Hye se dijo que era una locura,
pensar que aquel hombre necesitaba a alguien. Se apartó un mechón de pelo de la
cara.
–Quiero que sepas que el único motivo por
el que he accedido a quedarme y a hacer el vestido de So Min aquí en Cheongu es
que eso le facilitará las cosas a ella. Queda muy poco tiempo para la boda y sé
que está preocupada por el padre de Sung Hoon.
Intentó pasar por delante de él, pero Yong
Hwa la agarró del brazo y la hizo mirarlo.
–Te debo una disculpa.
Ella abrió mucho los ojos al oír aquello y
deseó pedirle que la soltara, pero en su lugar le preguntó:
–¿Qué quieres decir?
La luna hacía que su pelo pareciese un río
de plata y su vestido gris brillaba, dándole una apariencia etérea.
Yong Hwa notó una punzada en el corazón,
como cuando veía amanecer y se imaginaba a su padre pescando.
Por algún motivo que no llegaba a
comprender, Shin Hye le había calado más hondo que ninguna otra mujer desde Ji
Hyeon. Era fragil, luchadora y no tenía miedo a enfrentarse a él, un cambio
refrescante, acostumbrado a la falsedad de tantas de sus anteriores amantes.
–Siento haber pagado contigo el enfado que
tenía con la primera diseñadora del vestido de So Min – admitió –Protejo mucho
a mi hermana y no quería que volviesen a hacerle daño. Por lo que he podido ver
de tu trabajo, sé que tienes talento. Tu entusiasmo es evidente, así como tu
buena relación con So Min, y me alegro de que seas tú quien vaya a hacerle el
vestido.
–Ah –fue lo único que consiguió contestar
Shin Hye.
Había pensado que era tan dominante como
su padrastro, pero lo cierto era que jamás había oído a Woo Duk disculparse por
nada.
Estudió el rostro de Yong Hwa y se le hizo
un nudo en el estómago al posar la mirada en la curva de sus labios.
Se dio cuenta de que había querido pensar
mal de él porque estaba asustada por cómo la hacía sentir y por lo mucho que lo
deseaba.
–Sin duda, será de gran ayuda para So Min
que le hagas el vestido aquí –dijo él–, pero existe otro motivo por el que he
querido que te quedes.
A Shin Hye se le aceleró el corazón y vio,
paralizada, cómo Yong Hwa bajaba muy despacio la cabeza. Ella se humedeció los
labios con la punta de la lengua.
–¿Qué… otro motivo? –susurró.
–Este…
La besó despacio, con suavidad y una
increíble sensualidad. El placer explotó dentro de Shin Hye con fuerza
volcánica. Tembló de deseo y no pudo evitar gemir. Había deseado que Yong Hwa
la besase desde que lo había visto llegar a Oedo. Llevaba todo el día
intentando negar la atracción que sentía por él, pero no podía seguir resistiéndose
más.
Yong Hwa profundizó el beso con firmeza,
exigiéndole una respuesta, y Shin Hye no pudo negarle algo que ella también
quería. Apretó su cuerpo contra el de él y se le cortó la respiración al ver
que la abrazaba.
Una voz en su interior le advirtió que
aquello estaba yendo demasiado lejos, pero su cuerpo se negó a escucharla.
Siempre había sido sensata y obediente. Tal vez aquello estuviese mal, pero no
podía desearlo más y todo su cuerpo estaba temblando. ¿Cómo podía estar mal si
ella se sentía tan bien?
Yong Hwa se dijo que tenía que parar antes
de perder el control. Levantó la cabeza y miró a Shin Hye. Y supo que era
demasiado tarde. Había perdido el control en el momento en que la había visto
en Oedo.
Ninguna mujer lo había excitado tanto
desde Ji Hyeon.
Apretó la mandíbula. Aquello era distinto.
Aunque odiase admitirlo, a Ji Hyeon la había querido, y su deseo por ella había
sido mucho más que una atracción física.
Lo que sentía por la mujer que tenía en
ese momento entre los brazos era solo deseo. Y la entusiasta respuesta de ella
le demostraba que era mutuo.
Aturdida, Shin Hye pensó que aquello era
una locura.
Todo su cuerpo parecía ser una zona
erógena y se sentía embriagada solo por el olor exótico de la colonia de Yong
Hwa. Su cerebro le estaba diciendo que parase, pero ya no tenía claros los
motivos. El instinto estaba ganándole terreno a la razón.
–Quiero verte –le dijo Yong Hwa con voz
ronca.
Ella tembló mientras él levantaba la mano
y le desabrochaba el vestido para ir bajándoselo muy despacio, dejando al
descubierto la curva de sus pechos poco a poco.
Yong Hwa le bajó el vestido hasta la
cintura y dejó escapar un sonido gutural al ver sus pechos, erguidos
provocadoramente hacia él.
–Cielos, eres deliciosa.
Shin Hye contuvo la respiración mientras
Yong Hwa la acariciaba y las piernas empezaron a temblarle todavía más cuando
lo vio inclinar la cabeza y sintio sus labios en un pezón y
luego en el otro, hasta hacerla gemir de placer y doblar las
rodillas. Yong Hwa la sujetó contra su cuerpo y la tomó en brazos.
Unos segundos después estaba tumbada en
los enormes cojines. Yong Hwa se arrodilló a su lado y a pesar de que una voz
en su interior le decía que debería parar, Shin Hye no le hizo caso. Desde que
lo había visto, se había sentido atraída por él.
Tenía los labios doloridos de los besos,
pero en esos momentos Yong Hwa estaban dedicándole toda su atención a sus senos.
Deseó que aquel placer no terminase nunca
y enterró los dedos en su pelo para sujetarle la cabeza. La realidad se
desdibujó. Shin Hye miró hacia el cielo y se sintió perdida en el universo. Ya no
era una niña, no dependía de su padrastro, quien le había arruinado su niñez.
Podía hacer lo que quisiera, tomar sus propias decisiones y vivir la vida que
escogiese. La idea la emocionó.
Yong Hwa se había arrodillado encima de
ella y Shin Hye le acarició el pecho y sintió su calor. Shin Hye quería más,
quería tocar su cuerpo con las puntas de los dedos, así que le desabrochó los
botones de su camisa y se la quitó para explorar con ansias los definidos
músculos de su pecho y su abdomen.
Él se dio cuenta de que estaba al borde
del orgasmo. No recordaba la última vez que había estado tan excitado. Tuvo que
hacer un enorme esfuerzo para no levantarle el vestido y concluir el acto sin
más.
Entonces la miró. Era preciosa, con su cabellera
castaña extendida sobre los cojines y los cremosos pechos al descubierto. Lo había
hechizado y hacía que solo pudiese
pensar en poseerla. Quería verla entera, acariciar todo su cuerpo.
Shin Hye dudó un instante al ver que Yong
Hwa llevaba las manos a sus braguitas. Lo había conocido ese mismo día, aunque
ya sabía muchas cosas de él. Sabía que era un buen hermano y un amigo leal, que
a pesar de su duro exterior, se preocupaba por las personas a las que quería.
Lo miró a los ojos y se le aceleró el corazón al ver la intensidad de su
mirada.
–Quieres esto tanto como yo –le dijo él
con voz profunda y aterciopelada.
Ella no podía contradecirlo, ni quería
discutirlo. Lo deseaba y era un deseo tan fuerte, tan intenso, que nada más
importaba.
Movida por un deseo que jamás antes había
experimentado, se aferró a sus hombros e intentó atraerlo aun más, pero Yong
Hwa le sonrió y se resistió. Shin Hye protestó al notar que se alejaba, pero
luego se dio cuenta de que se estaba quitando los pantalones. Unos segundos
después volvía a estar allí. Tuvo dudas a pesar del aturdimiento y recordó,
demasiado tarde, su inexperiencia. No obstante, Yong Hwa estaba empezando a hacerla
suya lentamente, como si se hubiese dado cuenta de su repentino temor. La
agarró por atras, empujó más y acalló su gemido de placer con un beso.
Yong Hwa no podía seguir controlándose.
Empezó a moverse, despacio al principio, para que Shin Hye se acostumbrase a
él. Tenía la sensación de que era algo que no hacía con frecuencia, así que
intentó aguantar lo máximo posible para no llegar al clímax antes que ella.
Shin Hye empezó a moverse siguiendo su
ritmo, con las caderas arqueadas hacia él y la cabeza apoyada hacia atrás en
los cojines, los ojos medio cerrados.
Nada la había preparado para la intensidad
del placer que le estaba dando Yong Hwa.
La llenaba, la completaba, sus dos cuerpos
se movían como si se tratase solo de uno, hacia un lugar mágico que cada vez
estaba más cerca. Shin Hye vio las estrellas brillando en el cielo antes de que
la cabeza de Yong Hwa se las tapase y él le diese un beso que le llegó al alma.
Shin Hye se aferró a sus hombros mientras la tormenta crecía cada vez más en su
interior y dio un grito al notar que su cuerpo empezaba a sacudirse y tenía un
orgasmo increíble.
Él llegó al clímax casi a la vez. La
agarró por las caderas mientras la empujaba por última vez y gimió salvajemente
antes de desplomarse sobre su cuerpo e intentar respirar de nuevo. Shin Hye
notó cómo le latía el corazón, al mismo ritmo que el de ella, y sintió ternura
al pensar que aquel hombre tan fuerte y poderoso se había deshecho entre sus
brazos. Le dio un beso en la mejilla y se reconoció a sí misma que nunca se
había sentido tan cerca de otro ser humano. Deseó poder quedarse así para
siempre. Fue su último pensamiento antes de quedarse dormida.
OMO !!!!!! estos dos si que van rápido y me ENCANTA !!!!! espero que puedas actualizar pronto amiga
ResponderEliminarunnie actuliza pronto!!!porfis porfis :( .....ahora que sucedera despues de su emncuentro *-*
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