No estaba en su habitación. Shin Hye se
sentó despacio y miró a su alrededor. Su cerebro volvió a ponerse en marcha y
se le revolvió el estómago al recordar.
¿Qué había hecho? Solo unos segundos
antes, sumida todavía en un delicioso aletargamiento, se había sorprendido por
lo que había dado por hecho que era un sueño muy erótico. Pero no había estado
soñando. Había pasado la noche con Yong Hwa. La amplitud de la habitación y el
tamaño de la cama, con sábanas de seda color burdeos, le indicaron que estaba
en la habitación principal.
Yong Hwa debía de haberla llevado allí
después de haberse acostado con ella en la terraza del tejado.
Sintió vergüenza y empezó a hacerse
recriminaciones. No solo se había acostado con un hombre al que había conocido
menos de veinticuatro horas antes, sino que, además, no se trataba de un hombre
cualquiera, sino de Jung Yong Hwa, uno de los hombres de negocios más poderosos
del mundo, que podría aplastar su pequeña empresa como si de una mosca se
tratase.
Era un hombre cruel y cínico, que había
desconfiado de ella y se había opuesto desde el principio a que una diseñadora
desconocida diseñase el vestido de novia de su hermana. Aunque luego le había
dado una oportunidad y la había llevado a Cheongu, donde ella se había puesto
nerviosa y había caído rendida a sus pies.
Recordó su cuerpo desnudo, su boca
devorándola y sus dedos acariciándolo. Avergonzada, se llevó las manos a las
mejillas, que le ardían. Lo había estropeado todo, pensó. Seguro que, en esos
momentos, Yong Hwa estaba ya organizando su viaje de vuelta a Seúl.
–Ah, estás despierta. Había empezado a
pensar que ibas a quedarte ahí todo el día –comentó Yong Hwa, entrando a la
habitación desde una puerta que debía de ser la del cuarto de baño.
Iba vestido con un traje gris oscuro,
camisa blanca y corbata azul marino.
Shin Hye se dio cuenta al instante de que
ella estaba desnuda y agarró la sábana con fuerza, intentando averiguar de qué
humor estaba. ¿Tendría ataques de ira, como Woo Duk? ¿O su enfado sería frío y
sarcástico? Yong Hwa se acercó a la cama y, a pesar de tener el pulso
acelerado, Shin Hye se dio cuenta de que estaba recién afeitado. Era tan guapo
que era normal que hubiese sucumbido a sus encantos, pero eso no era una
excusa.
–Sé lo que debes de estar pensando –le
dijo, vacilante, deseando que no se hubiese sentado en el borde de la cama para
que no le llegase el olor de su loción–Solo quiero que sepas que nunca hago… lo
que hice anoche.
Yong Hwa frunció el ceño.
–¿Qué quieres decir?
Ella lo miró sorprendida.
–Lo que quería decir es que yo nunca… me
acuesto… con alguien a quien apenas conozco.
Yong Hwa se preguntó si Shin Hye sería
consciente de lo vulnerable que parecía. Deseó abrazarla y darle un beso en los
temblorosos labios. La noche anterior, bajo la luz de la luna, había creído que
no podía estar más guapa, pero esa mañana, con el pelo enmarañado sobre los
hombros desnudos y la boca ligeramente hinchada de sus besos, estaba mucho más
sexy, y él se estaba excitando solo de pensar en volver a hacerle el amor.
No sabía por qué, pero le había gustado
que admitiese que no tenía experiencia en ese aspecto.
En realidad, su pasado no le interesaba,
ni tampoco su futuro, ya que en unas semanas sus vidas volverían a separarse.
Únicamente le interesaba el presente.
–¿Qué importa que solo nos conociésemos
desde hacía horas y no días? –le preguntó en tono frío –Iba a ocurrir antes o
después. Ha habido química entre nosotros desde la primera vez que nos hemos
visto.
Shin Hye separó los labios para negarlo.
–¿Por qué esperar, si era algo que ambos
deseábamos?
–¡Porque no nos conocemos! –respondió ella
temblorosa.
Yong Hwa se encogió de hombros.
–Sabemos varias cosas el uno del otro, y
anoche nos enteramos de que, sexualmente, somos muy compatibles. ¿Qué más
necesitamos saber? De todos modos, no estamos hablando de pasar el resto de
nuestras vidas juntos –añadió en tono socarrón.
Aquellas palabras dolieron a Shin Hye. De
repente, recordó los momentos posteriores a haber hecho el amor, cuando se
habían abrazado mientras sus respiraciones se calmaban, y que ella se había
sentido segura por primera vez en la vida. Como si Yong Hwa fuera la persona
con la que tenía que estar. Una sensación ridícula.
Lo miró con timidez y se le hizo un nudo
en el estómago al darse cuenta de que la estaba devorando con los ojos. Recordó
su cuerpo desnudo acercándosele. Tenía que recuperar el control de la
situación. No parecía que Yong Hwa quisiera despedirla y, en adelante, iba a
centrarse en su trabajo.
–En cualquier caso, no volverá a ocurrir
–le dijo.
–Por supuesto que sí –le contradijo él con
toda naturalidad, acercándose más.
Shin Hye se apretó contra el cabecero de
la cama, con el corazón acelerado. Yong Hwa colocó ambas manos a los lados de
su cabeza y acercó mucho los labios para susurrarle: –Una noche no es
suficiente para ninguno de los dos, aunque estoy seguro que, de aquí a la boda
de So Min, ambos estaremos saciados y podremos continuar con nuestras vidas.
La sorpresa y el deseo se enfrentaron
dentro de la cabeza de Shin Hye.
–¿Me estás proponiendo que tengamos una
aventura durante mi estancia en Cheongu? –inquirió.
–¿Se te ocurre algún motivo por el que no
debiésemos hacerlo? –replicóYong Hwa– Somos adultos y libres para hacer lo que
queramos. Yo no tengo ninguna relación en estos momentos, y supongo que tú
tampoco.
Parecía tan sencillo. Y tal vez Yong Hwa
tuviese razón, le dijo una vocecilla a Shin Hye en su interior. Tal vez ella
estuviese buscando complicaciones que no existían.
¿Por qué no tener una aventura? La
experiencia de la noche anterior había sido indescriptiblemente maravilloso.
Era cierto que no tenía mucha experiencia,
pero sabía que él había disfrutado tanto como ella.
Y no corría peligro de enamorarse. Tal vez
no fuese como su padrastro, pero seguía siendo demasiado dominante. Los pocos
hombres con los que había salido en el pasado habían sido amables, bohemios,
sensibles y poco exigentes. Tal vez un poco aburridos, pero, de todos modos,
ella tampoco había tenido tiempo para grandes pasiones, teniendo que establecer
su negocio.
Se mordisqueó el labio inferior.
–Necesito concentrarme en los vestidos. ¿Y
qué pensaría So Min?
Yong Hwa se encogió de hombros.
–Supongo que no le importaría. El único
problema sería que mi hermana pudiese vernos como una pareja de enamorados. Le
preocupa dejarme solo cuando se case con Sung Hoon y se marche a vivir a Busan,
y le gustaría que me enamorase –le explicó él en tono irónico– pero no tiene
por qué enterarse. So Min ha llamado hace un rato para decir que habían operado
al padre de Sung Hoon de urgencia esta misma mañana. Al parecer, todo ha ido
bien, aunque tendrá que quedarse en la unidad de cuidados intensivos varios días.
So Min ha decidido quedarse con Sung Hoon en Busan, pero vendrá a Cheongu
cuando tenga que probarse el vestido.
Eso significaría que Shin Hye estaría a
solas con Yong Hwa en Villa Esperanza todas las noches. Contuvo la respiración
al notar que le trazaba la curva del cuello con un dedo y seguía descendiendo
hacia el valle que había entre sus pechos.
–¿De verdad quieres dormir sola noche tras
noche, atormentada por fantasías en las que mis manos te acarician? –murmuró
Yong Hwa.
Estiró de las sábanas y sus ojos brillaron
de deseo al ver sus senos desnudos.
–¿Cuántas noches crees que resistirás?
–añadió.
Shin Hye lo miró aturdida, pero, al
parecer, Yong Hwa no necesitaba que le diese una respuesta. Tal vez porque
sabía que era incapaz de resistírsele, pensó ella, avergonzada por su
debilidad. La verdad era que no podía oponer resistencia. Estaba deseando que
la besase, que le acariciase como había hecho la noche anterior y que volviese
a hacerle sentir esas exquisitas sensaciones que solo había conocido con él.
Se quedó decepcionada al ver que se
levantaba de la cama e iba hacia las enormes ventanas con vistas al mar.
–Hay una cosa de la que tenemos que
hablar.
Ya no había calor ni sensualidad en su
voz, parecía tenso, su lenguaje corporal había dejado de ser relajado.
–Anoche no utilicé preservativo, así que,
a no ser que estés tomando la píldora, tuvimos sexo sin ninguna protección.
Aquello lo ponía furioso. Estaba furioso
consigo mismo, por haber sido tan descuidado. Yong Hwa se preguntó por enésima
vez desde que se había dado cuenta cómo había sido posible mientras intentaba
respirar hondo.
Se había despertado al amanecer y se había
encontrado con que Shin Hye se había apartado del lado de la cama en la que la
había dejado al bajarla a su habitación y se había pegado a él. Su cuerpo
estaba suave y caliente y su maravilloso pelo cubría la almohada. Yong Hwa se
había excitado al instante, pero al recordar la pasión que habían compartido
unas horas antes, se había dado cuenta también de que se le había olvidado la
anticoncepción.
Y se había odiado a sí mismo. Porque
después de que Ji Hyeon hubiese terminado con su embarazo, se había jurado que
tomaría todas las precauciones posibles para evitar dejar embarazaba a ninguna
otra mujer. No había pretendido hacerle el amor a Shin Hye en la terraza del
tejado, pero, al tener a Shin Hye entre sus brazos, se había olvidado de todo
salvo de cuánto la deseaba y lo cierto era que, por mucho que se lamentase,
podía haberla dejado embarazada.
Se giró a mirarla y, al ver la expresión
de horror en su rostro, supo que no se estaba tomando la píldora.
–¡Oh, Dios mío! No pensé…
Shin Hye no era capaz ni tan siquiera de
contemplar la posibilidad de estar embarazada. ¿Qué haría? ¿Cómo iba a dedicar
todo su tiempo a Wedding Park si tenía un hijo? –Sería un desastre –añadió
instintivamente al imaginárselo.
No se dio cuenta de que Yong Hwa apretaba
la mandíbula.
–Veo que la idea de la maternidad no te
interesa – dijo él, en tono enfadado.
Aunque Shin Hye estaba demasiado
preocupada por las posibles consecuencias de lo que había hecho como para darse
cuenta.
–En este momento de mi vida, es evidente
que no – admitió–Quiero centrarme en mi carrera, al menos, durante un par de
años más.
Sabía que tardaría años en tener éxito
como diseñadora, así que, en realidad, dudaba que algún día tuviese hijos.
Estaba convencida de que todos los niños se merecían ser criados por sus
padres, preferiblemente, casados, pero ella no quería casarse y arriesgarse a
ser tan infeliz como había sido su madre con Woo Duk. Tenía veintiséis años,
así que todavía le quedaba tiempo antes de que su reloj biológico la obligase a
plantearse en serio si quería ser madre o no, pero, debido a su comportamiento
irresponsable de la noche anterior, tal vez la decisión ya estuviese tomada.
–¿Cuándo sabrás si estás embarazada? –le
preguntó Yong Hwa.
Ella hizo un rápido cálculo mental y
expiró.
–En un par de días… pero seguro que no lo
estoy. No es el mejor momento del mes para quedarme embarazada.
La expresión de Yong Hwa era
indescifrable.
–Eso espero.
Regresó al lado de la cama y la miró a los
ojos con intensidad, casi como si estuviese intentando meterse en su cabeza.
–Quiero saberlo. Si estás embarazada, será
por mi culpa y aceptaré toda la responsabilidad.
Shin Hye se estremeció al oír aquello y se
preguntó cómo reaccionaría Yong Hwa si resultaba que estaba embarazada. ¿Y qué
quería decir con lo de que aceptaría toda la responsabilidad? –Seguro que no
–repitió, desesperada por convencerse a sí misma.
Era demasiado duro pensar en la
alternativa.
Yong Hwa se sentó en la cama y ella tragó
saliva al ver que la agarraba por el mentón y le hacía inclinar la cabeza.
–Quiero que me des tu palabra de que me lo
contarás si, dentro de un par de días, las cosas no salen como ambos esperamos
que salgan.
Ella se preguntó si estaba preocupado o
si, una vez más, solo quería controlarlo todo. Le costaba trabajo pensar
teniéndolo tan cerca y sintió vergüenza al darse cuenta de que, incluso con la
posibilidad de estar embarazada, estaba deseando que la besase. Se humedeció el
labio inferior con la punta de la lengua, un gesto muy tentador.
–Te lo contaré –le aseguró.
–Bien.
Yong Hwa relajó un poco los hombros, pero
sintió una tensión distinta al bajar la vista a los labios de Shin Hye. Se dijo
que tenía que marcharse. Tenía una reunión importante. Pero no podía
concentrarse en los negocios, solo podía pensar en apartar la sábana que cubría
el cuerpo de Shin Hye y devorárselo. Y no precisamente con los ojos. ¿Qué tenía
aquella mujer que hacía que desease hacer caso omiso de su ética profesional y
que la noche anterior había hecho que olvidase sus principios acerca del sexo
sin protección? Entró en razón al oír a lo lejos el ruido de un helicóptero
acercándose a Cheongu. Tendría cinco semanas para satisfacer el inoportuno
deseo que sentía por Shin Hye, y obligándose a esperar hasta la noche para
hacerle el amor solo aumentaría después su satisfacción. Inclinó la cabeza para
darle un beso rápido y ella respondió con entusiasmo. Yong Hwa tuvo que hacer
un esfuerzo sobrehumano para apartarse, y sonrió al ver decepción en los ojos
de ella.
–Volveré esta noche. Debo irme en este instante. Tengo
trabajo, y tú también. So Min está llegando.
La vio ruborizarse y sintió todavía más
curiosidad por ella. Teniendo en cuenta que se describía a sí misma como una
mujer centrada en sus negocios, le resultaba demasiado idealista. Tenía una
potente mezcla de inocencia y sensualidad de la que él pretendía disfrutar
durante las siguientes semanas y hasta la boda de su hermana.
***
De alguna manera, Shin Hye consiguió
actuar con naturalidad delante de So Min, aunque no pudo dejar de pensar en los
acontecimientos de la noche anterior.
A la luz del día, casi podía convencerse a
sí misma de que la salvaje pasión que había compartido con Yong Hwa en la
terraza había sido solo un sueño, aunque el placentero dolor que sentía en
ciertas zonas de su cuerpo, le decía lo contrario.
Se ruborizó al recordar cómo Yong Hwa la
había acariciado. Era un experto, un maestro en el arte de hacer el amor, era
normal, tenía mucha práctica. Tenía fama de playboy y solía salir en las
revistas acompañado por sus amantes.
Shin Hye no sabía qué había visto en ella
ya que, aunque era consciente de que era atractiva, no podía compararse con las
impresionantes supermodelos que le gustaban a Yong Hwa. No obstante, este la
deseaba y le había dejado claro que quería que fuesen amantes durante su
estancia en la isla.
El sentido común le decía que se negase.
Había cientos de motivos por los que no debía tener una aventura con Yong Hwa.
Pero nunca le había apetecido menos ser sensata, reconoció en silencio,
mientras se inclinaba sobre el bloc de dibujo en el que estaba plasmando sus
ideas para el vestido de So Min.
Se aseguró a sí misma de que no corría el
riesgo de enamorarse de él. No necesitaba a un hombre en su vida, ya que solo
le importaba su carrera, ¿qué podía tener de malo disfrutar de la compañía de un hombre impresionante?
–Ah, así es exactamente como quiero que
sea mi vestido –comentó So Min emocionada mientras miraba por encima del hombro
de Shin Hye y estudiaba el boceto–Me encanta el corpiño drapeado y la cola.
–Estaba pensando que la cola debería ser
de encaje de chantilly, y tal vez el velo también –le explicó Shin Hye,
obligándose a concentrarse en el diseño–. Mira, una muestra –añadió,
acercándose al montón de retales que había al otro lado de la mesa y tendiéndole
el de encaje a So Min.
–Es perfecto –admitió esta, levantándose y
estirándose–. Yo creo que ya hemos hecho suficiente por hoy. Son las cuatro de
la tarde. No me había dado cuenta de la hora.
Puso gesto de sorpresa al oír un
helicóptero y miró por la ventana.
–Me pregunto por qué vuelve tan pronto mi
hermano. No obstante, me alegro, porque así me puedo marchar ya a Busan. El
padre de Sung Hoon sigue en la unidad de cuidados intensivos, pero podré pasar
a verlo unos minutos esta noche –dijo, dirigiéndose hacia la puerta–. Hasta
mañana, Shin Hye.
Abajo, en la entrada de Villa Esperanza,
Chip no pudo ocultar su sorpresa al ver entrar a Yong Hwa en casa.
–Llegas muy pronto, jefe. ¿Va todo bien?
–¿Por qué todo el mundo espera que me pase
la vida en el trabajo? –gruñó Yong Hwa, a pesar de saber que, normalmente,
trabajaba hasta las ocho o las nueve de la noche.
Su asistente personal también se había
quedado de piedra cuando le había anunciado que había terminado su jornada y
que no le pasase ninguna llamada a no ser que fuese algo de vital importancia.
–Tengo vida fuera del trabajo, ¿sabes? –le
dijo Yong Hwa a Chip –¿Dónde está mi hermana?
–Con Shin Hye, llevan todo el día
trabajando en el taller… –empezó Chip.
Yong Hwa pasó por su lado y subió las escaleras
de dos en dos.
El mayordomo sospechó que tenía que haber
un motivo para que su jefe volviese a casa tan temprano, y tal vez tuviese algo
que ver con las miradas que se había cruzado con Shin Hye la noche anterior.
Shin Hye estaba inclinada sobre la mesa,
terminando el boceto con el que trabajaría para hacer el vestido de So Min.
Estaba tan concentrada que no se dio cuenta de que ya no estaba sola, y Yong
Hwa la observó durante unos minutos, embelesado con su delicada belleza. Sus
cabellos caía como una cortina de seda por los hombros. Recordó su suavidad al
tocarle la piel y se estremeció al pensar en la noche anterior.
Se había pasado todo el día pensando en
ella. Por primera vez en su vida, se había aburrido en una importante reunión
de negocios y se había puesto a pensar en una chica castaña de ojos marrones,
impaciente por volver a hacerla suya. Ya estaba de vuelta en Cheongu y pronto
se llevaría a Shin Hye a la cama, se dijo, satisfecho.
Shin Hye levantó la cabeza y su mirada se
cruzó con la de Yong Hwa. Se ruborizó a pesar de haber tomado la decisión de
hacerse la fría con él. Volvió a bajar la vista al boceto mientras intentaba
recuperar la compostura.
Se había creído capaz de comportarse como
una amante sofisticada y de disfrutar de una aventura sin importancia, pero la
atracción que sentía por él le hacía sentirse como una ingenua adolescente y no
como una mujer fatal.
–¿Cómo vas? –le preguntó Yong Hwa
acercándose para estudiar sus dibujos–. Acabo de hablar con So Min y me ha
dicho que casi has terminado el diseño del vestido.
–Sí, hoy hemos avanzado mucho –respondió
Shin Hye con el corazón acelerado.
Como no se sentía capaz de mirarlo, se
puso a recoger la mesa de trabajo, en la que estaban extendidos algunos retales
y hojas de papel con bocetos.
–Mañana empezaremos a pensar en los
vestidos de las damas de honor y luego les tomaré las medidas para hacer los
patrones de papel… Dejó de hablar cuando Yong Hwa puso la mano debajo del mentón y la obligó a mirarlo, y otra ola de calor le inundó las mejillas al
ver el sensual brillo de sus ojos.
–Eh –le dijo Yong Hwa en voz baja– No tienes que hacerme un informe. Sé que sabes
lo que estás haciendo.
No recordaba cuándo había sido la última
vez que había visto ruborizarse a una mujer. Después de la explosiva pasión que
habían compartido la noche anterior, no había esperado que Shin Hye se
comportase con tanta timidez. Estaba acostumbrado a tener amantes que se hacían
las coquetas y que empleaban todas sus artes femeninas para mantener su
interés, pero Shin Hye en comparación con las mujeres con las que solía salir,
parecía muy inocente y su vulnerabilidad le estaba calando hondo.
–So Min me ha contado que fueron a ver la
iglesia esta mañana –le dijo, decidido a calmar a sus hormonas, que le pedían
que le hiciese el amor inmediatamente.
Shin Hye asintió.
–Sí, es muy pintoresca –murmuró, pensando
en la pequeña capilla de color blanco y con bóveda azul que, según la placa que
había en ella, había sido construida en el siglo XIX.
Detrás de ella había un increíble
acantilado y tanto el entorno como el edificio la habían inspirado a la hora de
diseñar el vestido de So Min.
–Me preguntaba si te gustaría que te
enseñase el resto de Cheongu. Le pediré a Hee Nam que nos prepare un picnic y
nos pararemos en cualquier sitio a comerlo.
Ella lo miró sorprendida y dejó escapar
muy despacio el aire que había dejado atrapado en sus pulmones. Nunca antes
había tenido una aventura y no tenía ni idea de las normas, pero sí había
pensado que Yong Hwa solo querría tener sexo con ella. El corazón le dio un
vuelco al darse cuenta de que también quería pasar tiempo en su compañía fuera
del dormitorio.
–Eso sería estupendo –le respondió sonriendo–.
Me encantará terminar de ver tu isla.
–Bien –dijo Yong Hwa, apartando los ojos
del redondeado contorno de sus pechos y resistiendo la tentación de subirla
encima de la mesa y devorarla. –Nos veremos abajo en un cuarto de hora. Y lleva
un traje de baño por si nos quedamos en alguna playa.
Luego fue hacia la puerta, en esos quince
minutos, aprovecharía para darse una ducha fría.
–¿Nunca has conducido una motocicleta ni
has ido de pasajera? –le preguntó un rato después, cuando Shin Hye salió de la
casa y miró el vehículo con cautela–. No tiene ningún misterio. Pon los brazos
alrededor de mi cintura y sujétate fuerte. Veo que voy a tener que enseñarte
muchas cosas nuevas –añadió en tono divertido.
Shin Hye volvió a sonrojarse. No había
esperado que Yong Hwa tuviese también un lado relajado y divertido.
Mientras se subía a la moto detrás de él,
reconoció que le sería muy sencillo enamorarse, pero no iba a permitir que su
aventura le importase más de la cuenta. Dudó un instante y, al darse cuenta de
que no había otra cosa a la que agarrarse, lo abrazó por la cintura y apoyó las
manos en sus duros músculos abdominales.
Ir montada en moto, con el aire caliente
golpeándole el rostro y haciendo volar su cabellera, era aterrador y
emocionante. Al principio, Shin Hye cerró los ojos, pero luego se dio cuenta de
que Yong Hwa controlaba completamente la situación y tuvo el valor de mirar el
paisaje. El estrecho camino que era la única carretera de Cheongu atravesaba
olivares y zonas de densa vegetación, y dejaba a un lado pequeñas calas en las
que la arena blanca se encontraba con el agua azul turquesa del mar.
–Aquí hubo un antiguo templo –le explicó Yong Hwa, deteniéndose delante de
unas ruinas–.Debió de ser construido para honrar a algún emperador.
–Me fascina escuchar historias de ese tipo
–admitió Shin Hye–Son maravillosas.
–Si quieres, te prestaré algunos libros.
Tengo muchos. Mi padre sabía muchos cuentos y solía contármelos cuando era
niño.
El rostro de Yong Hwa se ensombreció un
momento y Shin Hye se dio cuenta de que se había puesto triste.
–Debes de echarlo de menos –le dijo en voz
baja. Luego se mordió el labio –Sé cómo te
sientes. Mi madre falleció hace tres años y la echo de menos todos los días.
Él le dedicó una mirada de compasión.
–Lo siento.
La ternura de su voz hizo que a Shin Hye
se le llenasen los ojos de lágrimas.
–A mamá le habría encantado esto. Es como
si en la isla no pasase el tiempo.
–Los arqueólogos de un museo de Busan
están muy interesados en Cheongu, quieren iniciar una investigación sobre esas
ruinas.
–Es increíble, pensar que hubo personas
aquí hace tanto tiempo –comentó Shin Hye mirando a su alrededor–Me encanta que Cheongu
sea tan natural, tan virgen. Supongo que ahora vas a decirme que tienes
planeado construir un hotel, un campo de golf y un parque de atracciones en
ella.
Yong Hwa se echó a reír.
–De eso nada. A mí también me gusta la
belleza natural de este lugar y pretendo mantenerla –dijo, mirando a Shin Hye
con curiosidad–. La mayoría de las mujeres a las que conozco solo querrían
venir a esta isla si hubiese un hotel de cinco estrellas con balneario, salón
de belleza y tiendas.
¿Quería decirle con ello que pensaba que
ella no era nada sofisticada? Shin Hye estudió la playa desierta a la que
habían llegado por un camino que bajaba desde las ruinas y disfrutó de la belleza
salvaje del escenario.
–Supongo que no soy como tus otras mujeres
– comentó en tono animado–Para mí, estar aquí sola es como estar en el cielo.
–No estás completamente sola –le recordó
Yong Hwa, con la voz ronca de repente.
Shin Hye sintió un escalofrío y el corazón
se le aceleró cuando notó que le acariciaba el pelo.
–¿Quieres bañarte en el mar? –le preguntó
él.
Shin Hye asintió con una sonrisa animada.
Y Yong Hwa le devolvió la sonrisa.
Cuando reía parecía más joven, casi un
muchacho, y sus ojos dejaban de parecer fríos y brillaban de diversión.
–El último en entrar al agua es un
gallina.
–¡Eh, eso no es justo! Mientras intentaba
quitarse los ajustados vaqueros, Shin Hye pensó que nunca había visto quitarse la
ropa a un hombre tan rápido. En realidad, nunca había visto quitarse la ropa a Yong Hwa a plena luz del dia. Yong Hwa ya iba en dirección a la playa, con la piel
brillando como bronce bajo el ardiente sol.
Su cuerpo firme hicieron que Shin Hye se
sintiese débil, y después de recorrer la playa con la mirada para asegurarse de
que estaban solos, corrió tras de él.
El agua la refrescó.
–No puedo creer lo que estaba pasando
–admitió, Shin dando un grito ahogado cuando Yong Hwa la agarró por la cintura
y la apretó contra su cuerpo excitado.
–Es estupendo, ¿no? ¿Sentirse libre? –
dijo riendo, acariciándole las mejillas sonrojadas–. No puedo creer que te
estés ruborizando otra vez.
Se miraron a los ojos y él dejó de reír
para inclinar la cabeza y darle un sensual beso que caló a Shin Hye hasta el
alma.
Cuando la llevó en brazos de vuelta a la
arena, a la manta que había tendido en ella, tuvo que admitir que le daba miedo
pensar lo fácil que sería enamorarse de él. Pero entonces Yong Hwa se arrodilló
encima de ella, bloqueando el sol con el cuerpo, Shin Hye lo abrazó y dejó de
pensar.
Muy interesante.... actualiza pronto
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