Yong Hwa juró entre dientes y se obligó a
clavar la vista en la pantalla del ordenador y no mirar a Shin Hye, que estaba
tomando el sol con un biquini dorado y verde. El trato con los japoneses estaba
casi cerrado, solo tenía que ultimar los detalles, pero, por desgracia, no
lograba concentrarse.
Por el rabillo del ojo podía ver la
piscina, que lo invitaba a salir al exterior. Normalmente aquellas vistas lo
relajaban, pero en esos momentos estaba muy tenso y no podía concentrarse. Leyó
la página que tenía delante y se dio cuenta de que no había retenido nada de
información.
En el exterior, Shin Hye se sentó y se
pasó los dedos por el pelo.
Yong Hwa decidió dejar de trabajar y
observó cómo Shin Hye se ponía en pie y se acercaba al borde de la piscina. Era
delgada, pero de proporciones perfectas.
Tenía hermosas piernas, la cintura
estrecha y los senos sorprendentemente generosos.
Sintió que el deseo crecía en su interior
y se asombró de su ferocidad. ¿Qué tenía Shin Hye que lo excitaba tanto? Era
bella, pero no más que muchas otras mujeres. No entendía por qué se sentía tan
atraído por ella, pero la química desafiaba a la razón. Yong Hwa se levantó del
sillón y salió de su despacho.
El calor del sol en su espalda era
relajante. Shin Hye movió los hombros y suspiró contenta. Estaba en el paraíso.
Al llegar a la piscina se había sentido culpable, porque había ido allí a
trabajar, pero después se había dicho que no podría empezar hasta que no
llegase So Min, y que no tenía sentido quedarse el resto del día encerrada en
la habitación.
Por suerte, no se había encontrado con
Yong Hwa en ningún momento y esperaba que pasase lo que quedaba de tarde
encerrado en su despacho. Notó el calor en su cuerpo solo con pensar en él. Si
hubiese sabido que el hermano de So Min era tan sexy, tal vez se lo hubiese
pensado mejor antes de ir a Cheongu.
Se relajó y dejó que el sueño la fuese
invadiendo poco a poco.
–¿Es que no tienes sentido común? –le
preguntó con impaciencia una voz profunda.
Ella abrió los ojos, sobresaltada, y vio a
Yong Hwa a su lado, con el ceño fruncido.
–Te vas a quemar como sigas ahí mucho rato
más – añadió este–. Tenías que haberte puesto crema antes de dormirte.
–Lo he hecho –se defendió ella, casi sin
aliento.
Yong Hwa le estaba poniendo crema en los
hombros con movimientos bruscos y ella se preguntó por qué le estaba gustando
tanto.
–Sí, pero luego te has metido en la
piscina. Tenías que haberte puesto más crema al salir.
Shin Hye pensó que era un mandón y estuvo
a punto de decirle que no se metiese donde no lo llamaban y que no necesitaba
su ayuda, pero estaba tan relajada allí tumbada, sintiendo sus manos en la
espalda… Notó que le ponía más crema y deseó que no parase nunca. Por suerte,
estaba tumbada boca abajo y Yong Hwa no podía darse cuenta de la reacción de su
cuerpo.
«¿Qué me está pasando?», se dijo, con el
rostro colorado por la vergüenza.
Una mezcla de alivió y decepción la
invadió al ver que Yong Hwa se ponía de pie.
–Así deberías estar bien –rugió,
apartándose de ella.
Shin Hye levantó la vista para mirarlo y
vio que la estaba devorando con los ojos. No pudo respirar hasta que Yong Hwa
no se giró y se metió en la piscina.
Ella se sentó, tomó el pareo que hacía
juego con su biquini y se lo puso. Su anfitrión estaba nadando con rapidez.
Shin Hye sintió ganas de meterse corriendo en la casa y desaparecer antes de
hacer una locura, pero tal vez se habría notado demasiado que quería huir de
él.
Mientras decidía en silencio lo que debía
hacer, Yong Hwa salió de la piscina, con el agua corriendo por todo su cuerpo,
e hizo que se quedase clavada allí.
Vestido era muy guapo, pero con un bañador
negro ajustado, era impresionante. La piel le brillaba como si fuese de bronce
pulido y las gotas de agua relucían en su abdomen. Shin Hye descendió la vista
todavía más y volvió a levantarla ruborizándose.
Tenía el corazón acelerado cuando Yong Hwa
tomo una tumbona y se sentó muy cerca de
ella, mirándola de frente.
–Bueno, Shin Hye, háblame de ti –le pidió,
aunque sonó más a orden que a petición–So Min me ha contado que trabajas sobre
todo en un estudio que tienes en la parte oeste de Seúl.
–Sí, Wedding Park está en Gangdong. Mi
estudio es un almacén situado cerca del Rio Han. Está cerca de donde vivo.
–¿Tienes una casa cerca del río?
–¡Ojalá! Las casas que bordean el río son
muy caras –le dijo Shin Hye–Shin Woo y yo vivimos una casa flotante.
–Shin Woo, tu hermano, el fotógrafo, ¿no?
–le dijo Yong Hwa–¿Viven los dos solos? Shin Hye asintió.
–No hay espacio para nadie más.
Yong Hwa no supo por qué, pero le alegró
oír que Shin Hye no vivía con su novio. En realidad, no le debía importar dónde
ni con quién viviese, pero no pudo evitar mirarla y preguntarse que pasaría si
la besaba. Era evidente que unos minutos en la piscina no habían sido
suficientes para calmar su libido.
–¿Por qué decidiste ser diseñadora de
moda? –le preguntó, por seguir con la conversación.
–El arte era lo único que se me daba bien
en el colegio –admitió ella–Me pasaba el día soñando despierta, pero me
encantaba dibujar, y desde pequeña empecé a hacer vestidos a mis muñecas. Solo
podía tener éxito como diseñadora.
Se mordió el labio al recordar cómo había
luchado por aprobar Matemáticas. Y cómo la había regañado Woo Duk por sus
notas, mientras su madre la animaba a seguir y a estudiar Arte.
–Cuando terminé de estudiar, estuve
trabajando un tiempo para una importante empresa de vestidos de novia, me di
cuenta de que el trabajo me encantaba, pero muchas de mis ideas parecían ser
demasiado originales para la empresa, así que decidí establecerme por mi
cuenta.
Guardó silencio, miró a Yong Hwa y se le
encogió el corazón al darse cuenta de que la estaba observando con intensidad. Tenía
los ojos clavados en su boca. Qué pasaría si intentara besarla?. La idea hizo
que Shin Hye se estremeciese. Inconscientemente, también su mirada se dirigió a
los labios de él.
–Muy inoportuna, ¿no? –comentó él en voz
baja.
Al oírlo, Shin Hye entró en razón y volteo
el rostro hacia un lado.
–¿El qué?
–La atracción que hay entre nosotros –le
explicó él con toda tranquilidad.
–No… no hay nada entre nosotros –balbució
ella–Yo no…
Él la interrumpió apoyando un dedo en sus
labios y mirándola a los ojos.
–La hay, y tú la sientes igual que yo.
Desde que nos hemos visto.
Yong Hwa no podía seguir negando el deseo
que sentía por Shin Hye. Ya no intentaba racionalizarlo. Había cosas imposibles
de explicar o de razonar. Algunas cosas eran instintivas. Y su instinto le
estaba pidiendo en esos momentos que probase sus labios suaves, húmedos.
Shin Hye supo que, en esa ocasión, iba a
besarla. Lo leyó en sus ojos y dejó de latirle el corazón mientras lo veía
inclinarse hacia ella y bajar lentamente la cabeza.
Aquello era una locura. Había ido a
trabajar para su hermana y Yong Hwa se había opuesto a que lo hiciera. Tal vez
estuviese jugando con ella, o intentando distraerla para después poder acusarla
de no estar centrada en el trabajo que la había llevado a Cheongu.
La parte más sensata de Shin Hye le dijo
que se apartase, pero podía sentir el calor que emanaba de su cuerpo, el olor
de su colonia, y no pudo evitar desear que la besase. Lo vio acercarse más y
notó su aliento en los labios.
El ruido de un helicóptero sobre sus
cabezas rompió el silencio e hizo entrar a Yong Hwa en razón. Ambos se
separaron.
–Debe de ser So Min –dijo con voz tensa.
«Justo a tiempo», pensó. Shin Hye estaba
en Cheongu para diseñar el vestido de novia de su hermana, no para que él la
sedujese.
–Ha llamado hace un rato para decirme que
volvía esta tarde –añadió.
Shin Hye respiró hondo, horrorizada por lo
mucho que había deseado que aquel hombre la besase.
–Espero que no haya adelantado su vuelta
por mí – murmuró, poniéndose en pie a la vez que ambos se sobresaltaron cuando
sus cuerpos se rozaron.
El ambiente estaba cargado de tensión.
Aquello era una locura. ¿Cómo podía sentirse tan atraída por aquel hombre?,
¿Como podía ser capaz de desear estar en sus brazos y la tomase?. Ella no hacía
ese tipo de cosas. El único encuentro sexual que había tenido había sido con un
compañero de universidad con el que había salido una temporada. La experiencia
había sido poco satisfactoria, ya que ese día habían bebido demasiado, y Shin
Hye no había vuelto a desear repetirlo con nadie… hasta ese momento.
Se aclaró la garganta y se obligó a
hablar.
–¿Sabes cómo está el padre de su
prometido?
–Tengo entendido que está estable. So Min
se habría quedado en el hospital si no hubiese sido así.
Yong Hwa necesitaba alejarse de Shin Hye y
aclararse las ideas. Perdía el control cuando estaba cerca de ella y odiaba la
sensación. Era evidente que estar todo un mes sin salir con nadie era demasiado.
Pensó en las mujeres a las que podía llamar, pero ninguna le atraía tanto como
aquella castaña que lo miraba con expresión de deseo.
–Ve a vestirte –le sugirió mientras echaba
a andar hacia la casa–. Estoy seguro de que So Min estará deseando escuchar tus
ideas acerca de su vestido.
Cinco minutos después de que Shin Hye
hubiese vuelto a su habitación llamaron a la puerta y So Min irrumpió en ella.
–¡Shin Hye! Siento mucho no haber estado
aquí para recibirte. He tenido un día horrible, con el ingreso del padre de mi
novio en el hospital. Por suerte, Yong Hwa se ofreció a ir a recogerte a Oedo.
Espero que te haya tratado bien.
Por suerte, Shin Hye no tuvo que responder
a aquello, ya que So Min vio la maleta llena de retales encima de la cama.
–Como ves, ya estoy lista para empezar a
diseñar tu vestido –murmuró.
–Lo estoy deseando –dijo So Min, sin poder
ocultar su emoción.
Era alta y delgada, tenía la piel morena y
una melena de rizos oscuros, así que estaría guapa con cualquier vestido
blanco.
–Pero Yong Hwa me ha dicho que estarías
cansada y que es mejor que no empecemos a trabajar hasta mañana –añadió So Min.
Pero no era Yong Hwa quién tenía que hacer
tres vestidos en cinco semanas.
–¿Siempre hay que hacer lo que dice Yong
Hwa? –le preguntó Shin Hye molesta.
–Sí –respondió So Min tan contenta–. Yong
Hwa se ocupa de todo. No sé qué haría sin él. Ha sido genial organizando la
boda. Y es la mejor persona del mundo, además de mi novio, por supuesto.
Nuestros padres fallecieron cuando yo era niña y Yong Hwa me crió. Tuvo que
hacer muchos sacrificios para poder ocuparse de mí. Y yo me alegro de que, hace
un par de años, cuando me necesitó, pudiese ayudarlo yo a él.
–¿Por qué? ¿Qué ocurrió? –preguntó Shin
Hye con curiosidad–. ¿Estuvo enfermo? No podía imaginar a Yong Hwa necesitando
que nadie lo cuidase.
So Min la miró incómoda, como si se arrepintiese
de lo que había dicho.
–Una mujer le rompió el corazón. Tardó
mucho tiempo en recuperarse y, durante una época, bebió para ahogar el dolor
que le había causado.
Aquello sorprendió mucho a Shin Hye. No
era posible que le hubiesen roto el corazón a un hombre tan arrogante y seguro
de sí mismo.
–¿La amaba? –preguntó, incapaz de
disimular su curiosidad.
So Min asintió muy seria.
–Sí, quería casarse con ella, pero de eso
hace mucho tiempo. La cena es a las ocho –añadió, cambiando de tema–Mis damas
de honor, han venido a Cheongu a conocerte.
–Estupendo –contestó Shin Hye, obligándose
a concentrarse en su trabajo–Estoy deseando contarte mis ideas y enseñarte los
tejidos.
–Bueno, si estás segura de que quieres
empezar ahora, hay una habitación vacía en el piso de arriba que Yong Hwa me ha
dicho que podemos utilizar.
–Qué vistas tan fantásticas –comentó Shin
Hye diez minutos después, mirando por la ventana con vistas al mar de la
habitación a la que la había llevado So Min.
–Es precioso desde aquí arriba, ¿verdad?
Pues las vistas desde la terraza son todavía mejores –le contó So Min–. Se
llega por la escalera de caracol por la que hemos pasado. Yong Hwa dice que,
por la noche, es como si pudieses tocar las estrellas.
So Min abrió la maleta con las telas y
sacó un tul de seda color marfil.
–Oh, qué bonito. Tengo que ir a buscar a las
chicas, que están casi tan emocionadas como yo.
Durante las siguientes horas, Shin Hye
habló con la novia y sus damas de honor acerca del material de los vestidos, y
empezó a dibujar algunas de sus ideas.
–La cena es dentro de veinte minutos –
anunció So Min de repente, mirándose el reloj–. Será mejor que vaya a
cambiarme. Yong Hwa odia que nos presentemos en vaqueros.
Shin Hye había estado tan absorta en los
vestidos que casi se había olvidado de él, pero en esos momentos pudo ver la
imagen de su guapo rostro, recordó que habían estado a punto de besarse junto a
la piscina, y le molestó ver que se le aceleraba el corazón solo con la idea de
volver a verlo.
Una vez en su habitación, se puso un
vestido de seda plateado con cuello halter, que era uno de sus diseños y se
aseguró a sí misma que solo se lo ponía para demostrarle a Yong Hwa que era una
diseñadora con talento, y no porque supiese que le sentaba muy bien.
Estaba orgullosa de su trabajo, y de aquel
vestido en particular.
Como no le daba tiempo a hacerse nada en
el pelo, se lo dejó suelto, se puso unos pequeños pendientes de diamantes y una
cadena de plata alrededor del cuello, se perfumó y respiró hondo antes de salir
de la habitación.
Ohhhh cada vez me encanta mas ....estuvieron a punto de besarse y como resistirse si se desean desde el momento en que se conocieron muero por el proximo capitulo porfiss no demoren esta buenisimo
ResponderEliminaroh por Dios, casi se besan, que inoportuna es la hermana de Yong Hwa, que pasará ahora, por favor, yo se que todos tenemos responsabilidades y eso pero por favor actualiza tan pronto puedas
ResponderEliminarAyayyyyy !!!!!!!!!!!!! si que se pone interesante y bueno me ha gustado mucho la atracción que sienten desde el principio ME ENCANTA !!!!
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