miércoles, 21 de enero de 2015

UNA AVENTURA SECRETA - CAPITULO 4

Yong Hwa juró entre dientes y se obligó a clavar la vista en la pantalla del ordenador y no mirar a Shin Hye, que estaba tomando el sol con un biquini dorado y verde. El trato con los japoneses estaba casi cerrado, solo tenía que ultimar los detalles, pero, por desgracia, no lograba concentrarse.
Por el rabillo del ojo podía ver la piscina, que lo invitaba a salir al exterior. Normalmente aquellas vistas lo relajaban, pero en esos momentos estaba muy tenso y no podía concentrarse. Leyó la página que tenía delante y se dio cuenta de que no había retenido nada de información.
En el exterior, Shin Hye se sentó y se pasó los dedos por el pelo.
Yong Hwa decidió dejar de trabajar y observó cómo Shin Hye se ponía en pie y se acercaba al borde de la piscina. Era delgada, pero de proporciones perfectas.
Tenía hermosas piernas, la cintura estrecha y los senos sorprendentemente generosos.
Sintió que el deseo crecía en su interior y se asombró de su ferocidad. ¿Qué tenía Shin Hye que lo excitaba tanto? Era bella, pero no más que muchas otras mujeres. No entendía por qué se sentía tan atraído por ella, pero la química  desafiaba a la razón. Yong Hwa se levantó del sillón y salió de su despacho.
El calor del sol en su espalda era relajante. Shin Hye movió los hombros y suspiró contenta. Estaba en el paraíso. Al llegar a la piscina se había sentido culpable, porque había ido allí a trabajar, pero después se había dicho que no podría empezar hasta que no llegase So Min, y que no tenía sentido quedarse el resto del día encerrada en la habitación.
Por suerte, no se había encontrado con Yong Hwa en ningún momento y esperaba que pasase lo que quedaba de tarde encerrado en su despacho. Notó el calor en su cuerpo solo con pensar en él. Si hubiese sabido que el hermano de So Min era tan sexy, tal vez se lo hubiese pensado mejor antes de ir a Cheongu.
Se relajó y dejó que el sueño la fuese invadiendo poco a poco.
–¿Es que no tienes sentido común? –le preguntó con impaciencia una voz profunda.
Ella abrió los ojos, sobresaltada, y vio a Yong Hwa a su lado, con el ceño fruncido.
–Te vas a quemar como sigas ahí mucho rato más – añadió este–. Tenías que haberte puesto crema antes de dormirte.
–Lo he hecho –se defendió ella, casi sin aliento.
Yong Hwa le estaba poniendo crema en los hombros con movimientos bruscos y ella se preguntó por qué le estaba gustando tanto.
–Sí, pero luego te has metido en la piscina. Tenías que haberte puesto más crema al salir.
Shin Hye pensó que era un mandón y estuvo a punto de decirle que no se metiese donde no lo llamaban y que no necesitaba su ayuda, pero estaba tan relajada allí tumbada, sintiendo sus manos en la espalda… Notó que le ponía más crema y deseó que no parase nunca. Por suerte, estaba tumbada boca abajo y Yong Hwa no podía darse cuenta de la reacción de su cuerpo.
«¿Qué me está pasando?», se dijo, con el rostro colorado por la vergüenza.
Una mezcla de alivió y decepción la invadió al ver que Yong Hwa se ponía de pie.
–Así deberías estar bien –rugió, apartándose de ella.
Shin Hye levantó la vista para mirarlo y vio que la estaba devorando con los ojos. No pudo respirar hasta que Yong Hwa no se giró y se metió en la piscina.
Ella se sentó, tomó el pareo que hacía juego con su biquini y se lo puso. Su anfitrión estaba nadando con rapidez. Shin Hye sintió ganas de meterse corriendo en la casa y desaparecer antes de hacer una locura, pero tal vez se habría notado demasiado que quería huir de él.
Mientras decidía en silencio lo que debía hacer, Yong Hwa salió de la piscina, con el agua corriendo por todo su cuerpo, e hizo que se quedase clavada allí.
Vestido era muy guapo, pero con un bañador negro ajustado, era impresionante. La piel le brillaba como si fuese de bronce pulido y las gotas de agua relucían en su abdomen. Shin Hye descendió la vista todavía más y volvió a levantarla  ruborizándose.
Tenía el corazón acelerado cuando Yong Hwa tomo una tumbona y  se sentó muy cerca de ella, mirándola de frente.
–Bueno, Shin Hye, háblame de ti –le pidió, aunque sonó más a orden que a petición–So Min me ha contado que trabajas sobre todo en un estudio que tienes en la parte oeste de Seúl.
–Sí, Wedding Park está en Gangdong. Mi estudio es un almacén situado cerca del Rio Han. Está cerca de donde vivo.
–¿Tienes una casa cerca del río?
–¡Ojalá! Las casas que bordean el río son muy caras –le dijo Shin Hye–Shin Woo y yo vivimos una casa flotante.
–Shin Woo, tu hermano, el fotógrafo, ¿no? –le dijo Yong Hwa–¿Viven los dos solos? Shin Hye asintió.
–No hay espacio para nadie más.
Yong Hwa no supo por qué, pero le alegró oír que Shin Hye no vivía con su novio. En realidad, no le debía importar dónde ni con quién viviese, pero no pudo evitar mirarla y preguntarse que pasaría si la besaba. Era evidente que unos minutos en la piscina no habían sido suficientes para calmar su libido.
–¿Por qué decidiste ser diseñadora de moda? –le preguntó, por seguir con la conversación.
–El arte era lo único que se me daba bien en el colegio –admitió ella–Me pasaba el día soñando despierta, pero me encantaba dibujar, y desde pequeña empecé a hacer vestidos a mis muñecas. Solo podía tener éxito como diseñadora.
Se mordió el labio al recordar cómo había luchado por aprobar Matemáticas. Y cómo la había regañado Woo Duk por sus notas, mientras su madre la animaba a seguir y a estudiar Arte.
–Cuando terminé de estudiar, estuve trabajando un tiempo para una importante empresa de vestidos de novia, me di cuenta de que el trabajo me encantaba, pero muchas de mis ideas parecían ser demasiado originales para la empresa, así que decidí establecerme por mi cuenta.
Guardó silencio, miró a Yong Hwa y se le encogió el corazón al darse cuenta de que la estaba observando con intensidad. Tenía los ojos clavados en su boca. Qué pasaría si intentara besarla?. La idea hizo que Shin Hye se estremeciese. Inconscientemente, también su mirada se dirigió a los labios de él.
–Muy inoportuna, ¿no? –comentó él en voz baja.
Al oírlo, Shin Hye entró en razón y volteo el rostro hacia un lado.
–¿El qué?
–La atracción que hay entre nosotros –le explicó él con toda tranquilidad.
–No… no hay nada entre nosotros –balbució ella–Yo no…
Él la interrumpió apoyando un dedo en sus labios y mirándola a los ojos.
–La hay, y tú la sientes igual que yo. Desde que nos hemos visto.
Yong Hwa no podía seguir negando el deseo que sentía por Shin Hye. Ya no intentaba racionalizarlo. Había cosas imposibles de explicar o de razonar. Algunas cosas eran instintivas. Y su instinto le estaba pidiendo en esos momentos que probase sus labios suaves, húmedos.
Shin Hye supo que, en esa ocasión, iba a besarla. Lo leyó en sus ojos y dejó de latirle el corazón mientras lo veía inclinarse hacia ella y bajar lentamente la cabeza.
Aquello era una locura. Había ido a trabajar para su hermana y Yong Hwa se había opuesto a que lo hiciera. Tal vez estuviese jugando con ella, o intentando distraerla para después poder acusarla de no estar centrada en el trabajo que la había llevado a Cheongu.
La parte más sensata de Shin Hye le dijo que se apartase, pero podía sentir el calor que emanaba de su cuerpo, el olor de su colonia, y no pudo evitar desear que la besase. Lo vio acercarse más y notó su aliento en los labios.
El ruido de un helicóptero sobre sus cabezas rompió el silencio e hizo entrar a Yong Hwa en razón. Ambos se separaron.
–Debe de ser So Min –dijo con voz tensa.
«Justo a tiempo», pensó. Shin Hye estaba en Cheongu para diseñar el vestido de novia de su hermana, no para que él la sedujese.
–Ha llamado hace un rato para decirme que volvía esta tarde –añadió.
Shin Hye respiró hondo, horrorizada por lo mucho que había deseado que aquel hombre la besase.
–Espero que no haya adelantado su vuelta por mí – murmuró, poniéndose en pie a la vez que ambos se sobresaltaron cuando sus cuerpos se rozaron.
El ambiente estaba cargado de tensión. Aquello era una locura. ¿Cómo podía sentirse tan atraída por aquel hombre?, ¿Como podía ser capaz de desear estar en sus brazos y la tomase?. Ella no hacía ese tipo de cosas. El único encuentro sexual que había tenido había sido con un compañero de universidad con el que había salido una temporada. La experiencia había sido poco satisfactoria, ya que ese día habían bebido demasiado, y Shin Hye no había vuelto a desear repetirlo con nadie… hasta ese momento.
Se aclaró la garganta y se obligó a hablar.
–¿Sabes cómo está el padre de su prometido?
–Tengo entendido que está estable. So Min se habría quedado en el hospital si no hubiese sido así.
Yong Hwa necesitaba alejarse de Shin Hye y aclararse las ideas. Perdía el control cuando estaba cerca de ella y odiaba la sensación. Era evidente que estar todo un mes sin salir con nadie era demasiado. Pensó en las mujeres a las que podía llamar, pero ninguna le atraía tanto como aquella castaña que lo miraba con expresión de deseo.
–Ve a vestirte –le sugirió mientras echaba a andar hacia la casa–. Estoy seguro de que So Min estará deseando escuchar tus ideas acerca de su vestido.

Cinco minutos después de que Shin Hye hubiese vuelto a su habitación llamaron a la puerta y So Min irrumpió en ella.
–¡Shin Hye! Siento mucho no haber estado aquí para recibirte. He tenido un día horrible, con el ingreso del padre de mi novio en el hospital. Por suerte, Yong Hwa se ofreció a ir a recogerte a Oedo. Espero que te haya tratado bien.
Por suerte, Shin Hye no tuvo que responder a aquello, ya que So Min vio la maleta llena de retales encima de la cama.
–Como ves, ya estoy lista para empezar a diseñar tu vestido –murmuró.
–Lo estoy deseando –dijo So Min, sin poder ocultar su emoción.
Era alta y delgada, tenía la piel morena y una melena de rizos oscuros, así que estaría guapa con cualquier vestido blanco.
–Pero Yong Hwa me ha dicho que estarías cansada y que es mejor que no empecemos a trabajar hasta mañana –añadió So Min.
Pero no era Yong Hwa quién tenía que hacer tres vestidos en cinco semanas.
–¿Siempre hay que hacer lo que dice Yong Hwa? –le preguntó Shin Hye molesta.
–Sí –respondió So Min tan contenta–. Yong Hwa se ocupa de todo. No sé qué haría sin él. Ha sido genial organizando la boda. Y es la mejor persona del mundo, además de mi novio, por supuesto. Nuestros padres fallecieron cuando yo era niña y Yong Hwa me crió. Tuvo que hacer muchos sacrificios para poder ocuparse de mí. Y yo me alegro de que, hace un par de años, cuando me necesitó, pudiese ayudarlo yo a él.
–¿Por qué? ¿Qué ocurrió? –preguntó Shin Hye con curiosidad–. ¿Estuvo enfermo? No podía imaginar a Yong Hwa necesitando que nadie lo cuidase.
So Min la miró incómoda, como si se arrepintiese de lo que había dicho.
–Una mujer le rompió el corazón. Tardó mucho tiempo en recuperarse y, durante una época, bebió para ahogar el dolor que le había causado.
Aquello sorprendió mucho a Shin Hye. No era posible que le hubiesen roto el corazón a un hombre tan arrogante y seguro de sí mismo.
–¿La amaba? –preguntó, incapaz de disimular su curiosidad.
So Min asintió muy seria.
–Sí, quería casarse con ella, pero de eso hace mucho tiempo. La cena es a las ocho –añadió, cambiando de tema–Mis damas de honor, han venido a Cheongu a conocerte.
–Estupendo –contestó Shin Hye, obligándose a concentrarse en su trabajo–Estoy deseando contarte mis ideas y enseñarte los tejidos.
–Bueno, si estás segura de que quieres empezar ahora, hay una habitación vacía en el piso de arriba que Yong Hwa me ha dicho que podemos utilizar.
–Qué vistas tan fantásticas –comentó Shin Hye diez minutos después, mirando por la ventana con vistas al mar de la habitación a la que la había llevado So Min.
–Es precioso desde aquí arriba, ¿verdad? Pues las vistas desde la terraza son todavía mejores –le contó So Min–. Se llega por la escalera de caracol por la que hemos pasado. Yong Hwa dice que, por la noche, es como si pudieses tocar las estrellas.
So Min abrió la maleta con las telas y sacó un tul de seda color marfil.
–Oh, qué bonito. Tengo que ir a buscar a las chicas, que están casi tan emocionadas como yo.
Durante las siguientes horas, Shin Hye habló con la novia y sus damas de honor acerca del material de los vestidos, y empezó a dibujar algunas de sus ideas.
–La cena es dentro de veinte minutos – anunció So Min de repente, mirándose el reloj–. Será mejor que vaya a cambiarme. Yong Hwa odia que nos presentemos en vaqueros.
Shin Hye había estado tan absorta en los vestidos que casi se había olvidado de él, pero en esos momentos pudo ver la imagen de su guapo rostro, recordó que habían estado a punto de besarse junto a la piscina, y le molestó ver que se le aceleraba el corazón solo con la idea de volver a verlo.
Una vez en su habitación, se puso un vestido de seda plateado con cuello halter, que era uno de sus diseños y se aseguró a sí misma que solo se lo ponía para demostrarle a Yong Hwa que era una diseñadora con talento, y no porque supiese que le sentaba muy bien.
Estaba orgullosa de su trabajo, y de aquel vestido en particular.
Como no le daba tiempo a hacerse nada en el pelo, se lo dejó suelto, se puso unos pequeños pendientes de diamantes y una cadena de plata alrededor del cuello, se perfumó y respiró hondo antes de salir de la habitación.


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3 comentarios:

  1. Ohhhh cada vez me encanta mas ....estuvieron a punto de besarse y como resistirse si se desean desde el momento en que se conocieron muero por el proximo capitulo porfiss no demoren esta buenisimo

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  2. oh por Dios, casi se besan, que inoportuna es la hermana de Yong Hwa, que pasará ahora, por favor, yo se que todos tenemos responsabilidades y eso pero por favor actualiza tan pronto puedas

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  3. Ayayyyyy !!!!!!!!!!!!! si que se pone interesante y bueno me ha gustado mucho la atracción que sienten desde el principio ME ENCANTA !!!!

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