jueves, 20 de noviembre de 2014

PLAN IMPERFECTO - CAPITULO 7


           
            Yong Hwa se echó el sombrero hacia atrás y parpadeó varias veces cuando Shin Hye abrió la puerta.
            –Tu pelo.
            –¿Qué le pasa a mi pelo? –preguntó ella, colgándose al hombro la bolsa de viaje.
            –Lo llevas igual que el sábado pasado.
            Shin Hye rio mientras cerraba la puerta con llave.
            –¿Y eso es malo?
            –No, pero no me lo esperaba.
            Ocurrirían muchas cosas ese fin de semana que no se esperaba, pensó ella mientras iban hacia el coche.
            –Ya te conté que Ritz me había enseñado a peinarme. Por supuesto, no me ha quedado tan bien como a él, pero tampoco está mal.
            –Yo creo que lo has hecho muy bien.
            –Gracias. ¿Qué tal el viaje?
            –Bien, pero te he echado de menos –respondió Yong Hwa, colocando la bolsa en el asiento trasero.
            Shin Hye sentía mariposas en el estómago mientras él le abría la puerta del coche. No era la primera vez que decía haberla echado de menos después de un viaje, pero en aquella ocasión era diferente. O tal vez todo estaba en su cabeza.
            –Yo también te he echado de menos.
            Aunque habían hablado por teléfono todas las noches, las conversaciones habían sido cortas porque temía que se le escapara algo o hiciese alguna estupidez, como confesarle su amor.
            –¿Ha ocurrido algo interesante en estos días? –le preguntó Yong Hwa, clavando en ella esos ojos tan bonitos.
            Shin Hye contuvo el aliento. Era como si hubiera tomado una dosis de algún estimulante. El aire parecía cargado... de algo. La culpa era de los sueños que había tenido durante toda la semana. Y de la novela romántica que le había prestado Min Rae. Las escenas de amor eran tan fuertes...
            –No ha pasado nada. Bueno, Jae Rim llamó a Woo Duk el lunes para pedirle los papeles del coche. Creo que lo hemos perdido como cliente.
            –No pareces muy apenada.
            –Porque no lo estoy. Bueno, ¿qué tal todo en Busan? ¿Has cerrado el trato?
            –Sí.
            –Me alegro por ti.
            –Gracias.
            Shin Hye se reclinó en el asiento. Yong Hwa prefería conducir y lo único que ella tenía que hacer era cerrar los ojos y echarse una siestecita.
            –¿Cansada?
            –Ha sido una semana muy larga. Gracias por invitarme a la cabaña, me vendrá bien descansar un poco.
            –Ya sabes que me encanta ir contigo.
            Ella se preguntó si seguiría encantado cuando sugiriese la posibilidad de ser amigos con derecho. Aunque había sido idea de Min Rae, cuanto más lo pensaba, más le gustaba la idea. Pero no sabía cómo se lo tomaría él.
            –¿Yong Hwa?
            –¿Sí?
            –He estado pensando...
            –¿En qué?
            –En ti y en mí. En nuestra relación.
            Él la miró un segundo, antes de volver a concentrarse en la carretera.
            –¿Qué pasa con nuestra relación?
            –Hemos sido amigos desde siempre.
            –Es cierto.
            –Y no hay ningún hombre en el que confíe más que en ti.
            –Gracias.
            –Me estoy haciendo mayor.
            –Yo también.
            –Los dos nos hacemos mayores, pero tú has hecho muchas cosas en la vida y yo he hecho muy pocas. Hay asuntos de los que no sé nada.
            Él enarcó una ceja.
            –¿Por ejemplo?
            –El sexo.
            Yong Hwa tuvo que pisar el freno para no chocar con el vehículo que iba delante. Luego, mirando por el espejo retrovisor, giró el volante y detuvo el coche en la orilla, mirándola con cara de sorpresa.
            –¿Qué has dicho?
            –He dicho que tú sabes de…sexo  y yo no.
            –¿Esto es una competición o algo así? –preguntó él, con el ceño fruncido.
            Shin Hye sintió que le ardían las mejillas. Habían hablado de muchos temas en esos años, pero el sexo jamás había sido uno de ellos.
            –No es una competición, Yong Hwa. Solo era una observación.
            –¿Por qué?
            Shin Hye se mordió los labios.
            –Tengo un dilema.
            –¿Qué clase de dilema?
            –Cumpliré veintiocho años en unos meses.
            –¿Y?
            –Y sigo siendo virgen.
            Shin Hye vio que tragaba saliva con dificultad.
            –¿Y qué?
            –Pues… quiero experimentarlo y necesito que me ayudes.
            –¿Cómo voy a ayudarte?
            –Haciendo algo.
            Yong Hwa enarcó una ceja.
            –¿Qué?
            Ella respiró profundamente para darse valor.
            –Aceptando que seamos amigos con derecho.
            Él la miró, en silencio. Jamás hubiera esperado que dijera eso. Nunca, ni en un millón de años. Pero Shin Hye se lo estaba poniendo fácil. La noche anterior, y durante toda la semana, había estado devanándose los sesos para decidir cómo podría seducirla sin parecer un imbécil como Song Jae Rim.
            Había pensado confesar que la quería, pero dudó que lo creyera, así que había decidido agarrarse al plan original: aprovechar esa noche para demostrarle que podían ser más que amigos.
            Ella misma acababa de resolver el problema. Solo tenía que aceptar y tendría la oportunidad de demostrarle que su relación podía ser algo más duradero y profundo.
            Y no tenía la menor duda de que quería algo duradero con Shin Hye.
            –Muy bien –respondió.
            –¿Muy bien? –repitió ella.
            –Seremos amigos con derecho.
            Shin Hye enarcó una ceja.
            –¿Entonces estás de acuerdo?
            –¿Esperabas que no lo estuviera?
            –No lo sé. Pensé que dirías que lo pensarías o algo así.
            –¿Qué tengo que pensar? Me gustas mucho y te deseo.
            –¿De verdad?
            –He tenido tiempo de pensar en ello mientras estaba en Busán y creo que la razón por la que perdí el control el otro día es porque en el fondo te deseaba. El deseo había estado ahí durante mucho tiempo y el beso lo sacó a la superficie. Pero tenía que saber si tú me deseabas a mí... y no como un sustituto de Jae Rim.
            –No lo eres.
            Yong Hwa pensó que parecía muy segura, pero tenía que comprobarlo.
            –¿De verdad?
            –Yo no conocía a Jae Rim y, al final, he descubierto que no es alguien a quien quiera conocer.
            –¿No te habías enamorado de él?
            –¡Pues claro que no! De hecho, no puedo creer que lo eligiera a él para reemplazar...
            No terminó la frase.
            –¿Para reemplazar a quién?
            –Nada, no tiene importancia.
            Yong Hwa sospechó que ocultaba algo, pero tal vez sería mejor dejarlo así.
            –Muy bien, entonces estamos de acuerdo en que nuestra relación va a cambiar, ¿no?
            –Eso es.
            –Pareces cansada –le dijo, mientras volvía a arrancar–. ¿Por qué no duermes un rato? Te despertaré cuando lleguemos a la cabaña.
            –Muy bien.
            Unos minutos después, Yong Hwa la miró de soslayo. Dormida estaba hermosísima, pensó. Su amiga, la que nunca se había acostado con ningún hombre, que estuviera dispuesta a experimentar con él en el dormitorio tenía que significar algo. Desde luego, esperaba que así fuera.
            ¿Podría Min Hyuk tener razón? ¿Sentiría Shin Hye algo por él? Pero si ese era el caso, ¿por qué había querido salir con Jae Rim? No estaba seguro, pero tenía que averiguarlo.
           
***

            –Tardaré un minuto en encender la chimenea.
            –Muy bien –dijo Shin Hye, mirando alrededor.
            Le encantaba estar allí. Siempre había disfrutado yendo a la cabaña y le parecía bien que el cambio en su relación tuviese lugar precisamente allí, donde había descubierto que estaba enamorada de él. Sintió un escalofrío al pensar que seguramente esa noche compartirían cama. Había soñado con ello durante meses y en algún momento, mientras estaban allí, su sueño se haría realidad.
            Shin Hye dio un respingo cuando Yong Hwa apareció a su lado y le puso la chaqueta sobre los hombros.
            –¿Qué haces?
            –Estabas temblando y eso significa que o tienes frío o estás nerviosa. Si es lo último, no tienes razones para estarlo. Pase lo que pase, yo no cambiaré. Siempre seguiré siendo tu Yong Hwa.
            «Su Yong Hwa». Ojalá fuera cierto.
            –¿Has olvidado llamar al señor Choi? –le preguntó, al verlo inclinado sobre la chimenea. El señor Choi era un empleado del lugar y solían llamarlo con antelación para que la casa estuviese calentita.
            –No, no se me ha olvidado. El señor y la señora Choi se fueron hace unos días a su tierra natal para celebrar su cincuenta aniversario.
            Shin Hye sonrió.
            –Ah, entonces tenemos que comprarles un regalo.
            Podría quedarse allí mirándolo toda la noche. En cuclillas frente a la chimenea, sus anchos hombros se marcaban bajo el jersey azul y los vaqueros se ajustaban al estupendo trasero...
            Pero decidió ayudar de algún modo. Así al menos estaría ocupada.
            –Iré arriba para comprobar los dormitorios... quiero decir el dormitorio... para abrir las camas.
            Yong Hwa se incorporó entonces.
            –Ven aquí un momento.
            Tragando saliva, Shin Hye dio un paso adelante.
            –¿Sí?
            En lugar de responder, Yong Hwa se inclinó para capturar sus labios. Aprovechando que ella había abierto la boca, sorprendida, profundizo el beso hasta que Shin Hye le echó los brazos al cuello.
            Sabía hacer algo más que atizar el fuego de la chimenea porque aquel beso estaba atizando el suyo. Por instinto, se apoyó en él, notando el roce de su masculinidad...
            Una oleada de deseo la consumió al pensar que estaba excitado. No le habría importado en absoluto que le quitase la ropa allí mismo y le hiciese el amor delante de la chimenea.
            Pero Yong Hwa interrumpió el beso y dio un paso atrás, tomando sus manos.
            –Tenemos que hablar, Shin Hye. Mientras dormías en el coche, he tenido seis horas para pensar.
            –Y has cambiado de opinión –dijo ella con el estómago encogido.
            –No, no he cambiado de opinión, pero quiero estar seguro de que sabes lo que quieres.
            –Sé lo que quiero.
            –¿De verdad?
            –Sí.
            –¿Estás completamente segura?
            –Completamente.
            Yong Hwa la miró a los ojos un momento antes de tumbarla sobre la gruesa alfombra frente a la chimenea.
            –Esto de los amigos con derecho... ¿qué es exactamente?
            Shin Hye se mordió los labios.
            –Básicamente ser amigos, con los beneficios de la amistad, como siempre, pero...
            –¿Pero qué?
            –También explorar la intimidad entre nosotros.
            –Pero nunca te has acostado con un hombre.
            –Y esa es una de las ventajas, el sexo.
            –¿Y solo quieres hacerlo porque vas a cumplir veintiocho?
            –No es solo por eso. Quiero saber el placer que se siente, pero no puedo hacerlo con cualquiera. Compartirlo contigo es especial porque confío en ti –respondió Shin Hye–Sé que no habría un compromiso entre nosotros a partir de ese momento, así que no debes preocuparte.
            Él se quedó callado un momento, mirándola de una forma que le aceleraba el corazón.
            –Ahí es donde te equivocas, Shin Hye. Si empezamos esto, no estará reservado solo para cuando hagamos el amor. Eso sería rebajar lo que compartimos.
            –Ah.
            –No podría acostarme contigo esta noche y con otra mujer la semana que viene. Eso me convertiría en un tipo como Jae Rim. Si nos hacemos amigos con derecho, también seremos una pareja.
            –¿Ah, sí?
            –Sí.
            –¿Y tú querrías eso?
            –¿Por qué no iba a querer?
            Ella se encogió de hombros.
            –No lo sé. Tal vez porque eres soltero y nunca has querido una relación seria con nadie.
            –Tú tampoco has querido.
            –Pero en mi caso es diferente porque no hay un batallón de hombres detrás de mí. A ti te gustan las mujeres y no creo que vayas a cambiar así, de repente.
            –Puedo cambiar si estoy saliendo contigo. Solo contigo.
            Shin Hye frunció el ceño.
            –¿Pero será suficiente para ti?
            Yong Hwa sonrió.
            –Sí, será suficiente.
            Ella seguía mostrándose escéptica.
            –Esto va a ser más difícil de lo que yo pensaba.
            –¿Por qué?
            –No había pensado que saliéramos juntos.
            –Pero sí has pensado en acostarte conmigo.
            Shin Hye decidió ser sincera. No quería que Yong Hwa pensara que su deseo de intimidad era una cosa hormonal.
            –Sí.
            –¿Cuándo?
            –Recientemente. Mucho, además.
            Él esbozó una sonrisa y Shin Hye deseó no haber dicho nada. No sabía si estaba bien decirle a un hombre que lo deseaba.
            –¿Y qué pasa con Jae Rim? La última vez que estuvimos aquí, insistías en hacer lo posible para que se fijara en ti.
            –Es complicado y prefiero no entrar en detalles. Lo único que necesitas saber es que pensé que me gustaría conocerlo un poco más y me equivoqué.
            Iba a pensar que era una frívola, pero decirle la verdad, que estaba enamorada de él, sería patético. Que Yong Hwa se comprometiese a ser su amante era una cosa, pero si descubría que lo amaba saldría corriendo.
            Él alargó una mano para acariciarle el pelo.
            –Hace poco descubrí que la razón por la que me gustaban tanto tus besos es que me sentía atraído por ti.
            –Me alegra saberlo. Yo también me siento atraída por ti, así que esto de ser amigos con derecho hubiese ocurrido tarde o temprano.
            Yong Hwa no estaba tan seguro.
            –O tal vez hubiéramos seguido siendo amigos para siempre, sin reconocer la atracción que hay entre nosotros.
            –¿Entonces, dormiremos juntos esta noche? –le preguntó Shin Hye.
            –No. Quiero que lo pienses bien y me des una repuesta mañana. Si lo hacemos, a partir de ese momento seremos una pareja. Para nosotros y para todo el mundo... mi familia y la tuya, mis amigos y los tuyos. ¿Te parece bien?
            Shin Hye asintió con la cabeza.
            –Al principio les parecerá muy raro, pero creo que al final lo entenderán.
            –¿Y si no?
            Ella levantó la barbilla.
            –Lo que hagamos es asunto nuestro, ¿no?
            –Claro.
            Yong Hwa se levantó y tiró de su mano.
            –Vamos a tomar una taza de chocolate antes de irnos a la cama. Piénsalo y mañana me darás la respuesta. No quiero que te sientas presionada.
            –Pero si ha sido idea mía.
            –Da igual. Quiero que estés completamente segura.
            Era importante que Shin Hye estuviese segura porque él ya tenía el futuro planeado. Saldrían juntos durante un tiempo y luego, cuando llegase el momento, le pediría que se casara con él.

            Quería que fuera su esposa. Shin Hye era una parte fundamental de su pasado y no podía imaginar el futuro sin ella.



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6 comentarios:

  1. me encanta!!! ... esperando por el siguiente capitulo :) :)

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  2. Owww ..Yong es tan considerado......si tan solo los dos se confesaran que se aman <3 pero bueno todo lo que vale la pena demora en llegar .....................unnie no demores en actualizar el ficc porfis porfis

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  3. hermosooooooo, es tan tierno, tan lindo, tan, tan, tan (suspiro), unnie este capítulo enamora, por favor, se que tal vez no sea posible, pero actualiza tan pronto como puedas, esperare ansiosa el siguiente capítulo. <3

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  4. bello capitulo esperando con ansias el siguiente, espero que no demores ....bye

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  5. Awwww....!!!! Que lindo Yong Hwa aww.....solo a Shin Hye la quiere y ya hasta se habia imaginado su futuro juntos..eso es conmovedor..hayyy..encerio que lindo de parte de Yong Hwa ..valla genial..gracias por actualizar..!!!

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  6. ohhhh gran cap me encanto espero que lo puedas actualizar pronto esta genial :)

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