Yong Hwa se echó el sombrero hacia
atrás y parpadeó varias veces cuando Shin Hye abrió la puerta.
–Tu pelo.
–¿Qué le pasa a mi pelo? –preguntó
ella, colgándose al hombro la bolsa de viaje.
–Lo llevas igual que el sábado
pasado.
Shin Hye rio mientras cerraba la
puerta con llave.
–¿Y eso es malo?
–No, pero no me lo esperaba.
Ocurrirían muchas cosas ese fin de
semana que no se esperaba, pensó ella mientras iban hacia el coche.
–Ya te conté que Ritz me había
enseñado a peinarme. Por supuesto, no me ha quedado tan bien como a él, pero
tampoco está mal.
–Yo creo que lo has hecho muy bien.
–Gracias. ¿Qué tal el viaje?
–Bien, pero te he echado de menos
–respondió Yong Hwa, colocando la bolsa en el asiento trasero.
Shin Hye sentía mariposas en el
estómago mientras él le abría la puerta del coche. No era la primera vez que
decía haberla echado de menos después de un viaje, pero en aquella ocasión era
diferente. O tal vez todo estaba en su cabeza.
–Yo también te he echado de menos.
Aunque habían hablado por teléfono
todas las noches, las conversaciones habían sido cortas porque temía que se le
escapara algo o hiciese alguna estupidez, como confesarle su amor.
–¿Ha ocurrido algo interesante en
estos días? –le preguntó Yong Hwa, clavando en ella esos ojos tan bonitos.
Shin Hye contuvo el aliento. Era
como si hubiera tomado una dosis de algún estimulante. El aire parecía
cargado... de algo. La culpa era de los sueños que había tenido durante toda la
semana. Y de la novela romántica que le había prestado Min Rae. Las escenas de
amor eran tan fuertes...
–No ha pasado nada. Bueno, Jae Rim
llamó a Woo Duk el lunes para pedirle los papeles del coche. Creo que lo hemos
perdido como cliente.
–No pareces muy apenada.
–Porque no lo estoy. Bueno, ¿qué tal
todo en Busan? ¿Has cerrado el trato?
–Sí.
–Me alegro por ti.
–Gracias.
Shin Hye se reclinó en el asiento. Yong
Hwa prefería conducir y lo único que ella tenía que hacer era cerrar los ojos y
echarse una siestecita.
–¿Cansada?
–Ha sido una semana muy larga.
Gracias por invitarme a la cabaña, me vendrá bien descansar un poco.
–Ya sabes que me encanta ir contigo.
Ella se preguntó si seguiría
encantado cuando sugiriese la posibilidad de ser amigos con derecho. Aunque
había sido idea de Min Rae, cuanto más lo pensaba, más le gustaba la idea. Pero
no sabía cómo se lo tomaría él.
–¿Yong Hwa?
–¿Sí?
–He estado pensando...
–¿En qué?
–En ti y en mí. En nuestra relación.
Él la miró un segundo, antes de
volver a concentrarse en la carretera.
–¿Qué pasa con nuestra relación?
–Hemos sido amigos desde siempre.
–Es cierto.
–Y no hay ningún hombre en el que
confíe más que en ti.
–Gracias.
–Me estoy haciendo mayor.
–Yo también.
–Los dos nos hacemos mayores, pero
tú has hecho muchas cosas en la vida y yo he hecho muy pocas. Hay asuntos de
los que no sé nada.
Él enarcó una ceja.
–¿Por ejemplo?
–El sexo.
Yong Hwa tuvo que pisar el freno
para no chocar con el vehículo que iba delante. Luego, mirando por el espejo
retrovisor, giró el volante y detuvo el coche en la orilla, mirándola con cara
de sorpresa.
–¿Qué has dicho?
–He dicho que tú sabes de…sexo y yo no.
–¿Esto es una competición o algo
así? –preguntó él, con el ceño fruncido.
Shin Hye sintió que le ardían las
mejillas. Habían hablado de muchos temas en esos años, pero el sexo jamás había
sido uno de ellos.
–No es una competición, Yong Hwa.
Solo era una observación.
–¿Por qué?
Shin Hye se mordió los labios.
–Tengo un dilema.
–¿Qué clase de dilema?
–Cumpliré veintiocho años en unos
meses.
–¿Y?
–Y sigo siendo virgen.
Shin Hye vio que tragaba saliva con
dificultad.
–¿Y qué?
–Pues… quiero experimentarlo y necesito
que me ayudes.
–¿Cómo voy a ayudarte?
–Haciendo algo.
Yong Hwa enarcó una ceja.
–¿Qué?
Ella respiró profundamente para
darse valor.
–Aceptando que seamos amigos con derecho.
Él la miró, en silencio. Jamás
hubiera esperado que dijera eso. Nunca, ni en un millón de años. Pero Shin Hye
se lo estaba poniendo fácil. La noche anterior, y durante toda la semana, había
estado devanándose los sesos para decidir cómo podría seducirla sin parecer un
imbécil como Song Jae Rim.
Había pensado confesar que la
quería, pero dudó que lo creyera, así que había decidido agarrarse al plan
original: aprovechar esa noche para demostrarle que podían ser más que amigos.
Ella misma acababa de resolver el
problema. Solo tenía que aceptar y tendría la oportunidad de demostrarle que su
relación podía ser algo más duradero y profundo.
Y no tenía la menor duda de que
quería algo duradero con Shin Hye.
–Muy bien –respondió.
–¿Muy bien? –repitió ella.
–Seremos amigos con derecho.
Shin Hye enarcó una ceja.
–¿Entonces estás de acuerdo?
–¿Esperabas que no lo estuviera?
–No lo sé. Pensé que dirías que lo
pensarías o algo así.
–¿Qué tengo que pensar? Me gustas mucho
y te deseo.
–¿De verdad?
–He tenido tiempo de pensar en ello
mientras estaba en Busán y creo que la razón por la que perdí el control el
otro día es porque en el fondo te deseaba. El deseo había estado ahí durante
mucho tiempo y el beso lo sacó a la superficie. Pero tenía que saber si tú me
deseabas a mí... y no como un sustituto de Jae Rim.
–No lo eres.
Yong Hwa pensó que parecía muy
segura, pero tenía que comprobarlo.
–¿De verdad?
–Yo no conocía a Jae Rim y, al
final, he descubierto que no es alguien a quien quiera conocer.
–¿No te habías enamorado de él?
–¡Pues claro que no! De hecho, no
puedo creer que lo eligiera a él para reemplazar...
No terminó la frase.
–¿Para reemplazar a quién?
–Nada, no tiene importancia.
Yong Hwa sospechó que ocultaba algo,
pero tal vez sería mejor dejarlo así.
–Muy bien, entonces estamos de
acuerdo en que nuestra relación va a cambiar, ¿no?
–Eso es.
–Pareces cansada –le dijo, mientras
volvía a arrancar–. ¿Por qué no duermes un rato? Te despertaré cuando lleguemos
a la cabaña.
–Muy bien.
Unos minutos después, Yong Hwa la
miró de soslayo. Dormida estaba hermosísima, pensó. Su amiga, la que nunca se
había acostado con ningún hombre, que estuviera dispuesta a experimentar con él
en el dormitorio tenía que significar algo. Desde luego, esperaba que así
fuera.
¿Podría Min Hyuk tener razón?
¿Sentiría Shin Hye algo por él? Pero si ese era el caso, ¿por qué había querido
salir con Jae Rim? No estaba seguro, pero tenía que averiguarlo.
***
–Tardaré un minuto en encender la
chimenea.
–Muy bien –dijo Shin Hye, mirando
alrededor.
Le encantaba estar allí. Siempre
había disfrutado yendo a la cabaña y le parecía bien que el cambio en su
relación tuviese lugar precisamente allí, donde había descubierto que estaba
enamorada de él. Sintió un escalofrío al pensar que seguramente esa noche
compartirían cama. Había soñado con ello durante meses y en algún momento,
mientras estaban allí, su sueño se haría realidad.
Shin Hye dio un respingo cuando Yong
Hwa apareció a su lado y le puso la chaqueta sobre los hombros.
–¿Qué haces?
–Estabas temblando y eso significa
que o tienes frío o estás nerviosa. Si es lo último, no tienes razones para
estarlo. Pase lo que pase, yo no cambiaré. Siempre seguiré siendo tu Yong Hwa.
«Su Yong Hwa». Ojalá fuera cierto.
–¿Has olvidado llamar al señor Choi?
–le preguntó, al verlo inclinado sobre la chimenea. El señor Choi era un empleado
del lugar y solían llamarlo con antelación para que la casa estuviese
calentita.
–No, no se me ha olvidado. El señor
y la señora Choi se fueron hace unos días a su tierra natal para celebrar su
cincuenta aniversario.
Shin Hye sonrió.
–Ah, entonces tenemos que comprarles
un regalo.
Podría quedarse allí mirándolo toda
la noche. En cuclillas frente a la chimenea, sus anchos hombros se marcaban
bajo el jersey azul y los vaqueros se ajustaban al estupendo trasero...
Pero decidió ayudar de algún modo.
Así al menos estaría ocupada.
–Iré arriba para comprobar los
dormitorios... quiero decir el dormitorio... para abrir las camas.
Yong Hwa se incorporó entonces.
–Ven aquí un momento.
Tragando saliva, Shin Hye dio un
paso adelante.
–¿Sí?
En lugar de responder, Yong Hwa se
inclinó para capturar sus labios. Aprovechando que ella había abierto la boca,
sorprendida, profundizo el beso hasta que Shin Hye le echó los brazos al
cuello.
Sabía hacer algo más que atizar el
fuego de la chimenea porque aquel beso estaba atizando el suyo. Por instinto,
se apoyó en él, notando el roce de su masculinidad...
Una oleada de deseo la consumió al
pensar que estaba excitado. No le habría importado en absoluto que le quitase
la ropa allí mismo y le hiciese el amor delante de la chimenea.
Pero Yong Hwa interrumpió el beso y
dio un paso atrás, tomando sus manos.
–Tenemos que hablar, Shin Hye.
Mientras dormías en el coche, he tenido seis horas para pensar.
–Y has cambiado de opinión –dijo
ella con el estómago encogido.
–No, no he cambiado de opinión, pero
quiero estar seguro de que sabes lo que quieres.
–Sé lo que quiero.
–¿De verdad?
–Sí.
–¿Estás completamente segura?
–Completamente.
Yong Hwa la miró a los ojos un
momento antes de tumbarla sobre la gruesa alfombra frente a la chimenea.
–Esto de los amigos con derecho...
¿qué es exactamente?
Shin Hye se mordió los labios.
–Básicamente ser amigos, con los
beneficios de la amistad, como siempre, pero...
–¿Pero qué?
–También explorar la intimidad entre
nosotros.
–Pero nunca te has acostado con un
hombre.
–Y esa es una de las ventajas, el
sexo.
–¿Y solo quieres hacerlo porque vas
a cumplir veintiocho?
–No es solo por eso. Quiero saber el
placer que se siente, pero no puedo hacerlo con cualquiera. Compartirlo contigo
es especial porque confío en ti –respondió Shin Hye–Sé que no habría un compromiso
entre nosotros a partir de ese momento, así que no debes preocuparte.
Él se quedó callado un momento,
mirándola de una forma que le aceleraba el corazón.
–Ahí es donde te equivocas, Shin Hye.
Si empezamos esto, no estará reservado solo para cuando hagamos el amor. Eso
sería rebajar lo que compartimos.
–Ah.
–No podría acostarme contigo esta
noche y con otra mujer la semana que viene. Eso me convertiría en un tipo como Jae
Rim. Si nos hacemos amigos con derecho, también seremos una pareja.
–¿Ah, sí?
–Sí.
–¿Y tú querrías eso?
–¿Por qué no iba a querer?
Ella se encogió de hombros.
–No lo sé. Tal vez porque eres
soltero y nunca has querido una relación seria con nadie.
–Tú tampoco has querido.
–Pero en mi caso es diferente porque
no hay un batallón de hombres detrás de mí. A ti te gustan las mujeres y no
creo que vayas a cambiar así, de repente.
–Puedo cambiar si estoy saliendo
contigo. Solo contigo.
Shin Hye frunció el ceño.
–¿Pero será suficiente para ti?
Yong Hwa sonrió.
–Sí, será suficiente.
Ella seguía mostrándose escéptica.
–Esto va a ser más difícil de lo que
yo pensaba.
–¿Por qué?
–No había pensado que saliéramos
juntos.
–Pero sí has pensado en acostarte
conmigo.
Shin Hye decidió ser sincera. No
quería que Yong Hwa pensara que su deseo de intimidad era una cosa hormonal.
–Sí.
–¿Cuándo?
–Recientemente. Mucho, además.
Él esbozó una sonrisa y Shin Hye
deseó no haber dicho nada. No sabía si estaba bien decirle a un hombre que lo
deseaba.
–¿Y qué pasa con Jae Rim? La última
vez que estuvimos aquí, insistías en hacer lo posible para que se fijara en ti.
–Es complicado y prefiero no entrar
en detalles. Lo único que necesitas saber es que pensé que me gustaría
conocerlo un poco más y me equivoqué.
Iba a pensar que era una frívola,
pero decirle la verdad, que estaba enamorada de él, sería patético. Que Yong
Hwa se comprometiese a ser su amante era una cosa, pero si descubría que lo
amaba saldría corriendo.
Él alargó una mano para acariciarle
el pelo.
–Hace poco descubrí que la razón por
la que me gustaban tanto tus besos es que me sentía atraído por ti.
–Me alegra saberlo. Yo también me
siento atraída por ti, así que esto de ser amigos con derecho hubiese ocurrido
tarde o temprano.
Yong Hwa no estaba tan seguro.
–O tal vez hubiéramos seguido siendo
amigos para siempre, sin reconocer la atracción que hay entre nosotros.
–¿Entonces, dormiremos juntos esta
noche? –le preguntó Shin Hye.
–No. Quiero que lo pienses bien y me
des una repuesta mañana. Si lo hacemos, a partir de ese momento seremos una
pareja. Para nosotros y para todo el mundo... mi familia y la tuya, mis amigos
y los tuyos. ¿Te parece bien?
Shin Hye asintió con la cabeza.
–Al principio les parecerá muy raro,
pero creo que al final lo entenderán.
–¿Y si no?
Ella levantó la barbilla.
–Lo que hagamos es asunto nuestro,
¿no?
–Claro.
Yong Hwa se levantó y tiró de su
mano.
–Vamos a tomar una taza de chocolate
antes de irnos a la cama. Piénsalo y mañana me darás la respuesta. No quiero que
te sientas presionada.
–Pero si ha sido idea mía.
–Da igual. Quiero que estés
completamente segura.
Era importante que Shin Hye
estuviese segura porque él ya tenía el futuro planeado. Saldrían juntos durante
un tiempo y luego, cuando llegase el momento, le pediría que se casara con él.
Quería que fuera su esposa. Shin Hye
era una parte fundamental de su pasado y no podía imaginar el futuro sin ella.
me encanta!!! ... esperando por el siguiente capitulo :) :)
ResponderEliminarOwww ..Yong es tan considerado......si tan solo los dos se confesaran que se aman <3 pero bueno todo lo que vale la pena demora en llegar .....................unnie no demores en actualizar el ficc porfis porfis
ResponderEliminarhermosooooooo, es tan tierno, tan lindo, tan, tan, tan (suspiro), unnie este capítulo enamora, por favor, se que tal vez no sea posible, pero actualiza tan pronto como puedas, esperare ansiosa el siguiente capítulo. <3
ResponderEliminarbello capitulo esperando con ansias el siguiente, espero que no demores ....bye
ResponderEliminarAwwww....!!!! Que lindo Yong Hwa aww.....solo a Shin Hye la quiere y ya hasta se habia imaginado su futuro juntos..eso es conmovedor..hayyy..encerio que lindo de parte de Yong Hwa ..valla genial..gracias por actualizar..!!!
ResponderEliminarohhhh gran cap me encanto espero que lo puedas actualizar pronto esta genial :)
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