Nota Importante: este capitulo solo debe ser leído por mayores de 18 años.
Yong Hwa se
levantó temprano por la mañana y se dispuso a hacer el desayuno. Aunque el
señor Choi no había podido encender la chimenea, sí había hecho las compras y
la despensa estaba llena.
La cocina era su habitación
favorita. Cuando compró la cabaña había cambiado los viejos electrodomésticos e
instalado encimeras de granito. Había conservado los armarios originales, pero
dejando que Shin Hye eligiera la decoración, para que la cabaña fuera tan suya
como de ella.
En aquel momento no podía dejar de
preguntarse la razón de esa decisión y muchas otras que había tomado en los
últimos años. Era lógico que su familia hubiera sospechado de sus sentimientos
por Shin Hye mucho antes que él.
La noche anterior, antes de irse a
la cama, habían tomado una taza de chocolate mientras le contaba algunos
historias de sus antepasados, para después irse a dormir.
–Buenos días.
Yong Hwa levantó la mirada.
Shin Hye llevaba el pelo suelto y un
vestido de lana que destacaba su bonita figura. Era de color verde menta,
suave, totalmente femenino y muy sexy. La lana se le pegaba a las caderas y los
pechos, destacando su estrecha cintura, y el escote le dejaba al descubierto
las clavículas. Yong Hwa pensó que estaba guapísima. El vestido era muy fácil
de quitar... y no le importaría nada quitárselo en aquel mismo instante.
–¿Has dormido bien? –le preguntó,
intentando controlar sus impulsos.
–Pensé que estaría despierta toda la
noche, pero me quedé dormida en cuanto apoyé la cabeza en la almohada.
¿Significaba eso que no había
pensado en su proposición?
–Me alegro. Siéntate.
Mientras se acercaba a la mesa, notó
cómo la lana del vestido le marcaba la parte de atrás. Y cuando se subió al
taburete, el vestido se levantó un poco, dejando al descubierto sus piernas.
Verla con algo que no fuera una
camiseta y unos vaqueros seguía siendo algo nuevo para él.
–Sobre lo que hablamos anoche...
–empezó a decir ella.
–¿Sí?
–No he cambiado de opinión.
Yong Hwa intentó disimular un
suspiro de alivio.
–Muy bien.
–¿Necesitas ayuda?
–No, gracias –respondió él, sin
dejar de cortar pimientos.
Nada había cambiado, pero en
realidad todo había cambiado. El aire estaba cargado de algo explosivo,
volátil. El deseo crecía cada vez que la miraba. Solo tendría que dar un paso
y...
–¿Qué hay de desayuno, además de la
tortilla de verduras?
–Lo normal: tostadas, fruta, zumo de
naranja y café.
–¿Puedes añadir algo más?
–Sí, claro. ¿Qué quieres?
–A ti.
Yong Hwa le sostuvo la mirada unos
segundos. El fuego dentro de él se extendía a tal velocidad que, por primera
vez en su vida, una mujer lo tenía ardiendo.
Después de lavarse las manos y
secarlas con un paño, cruzó la habitación para llegar a su lado.
–Había planeado una merienda al aire
libre y luego ver una película –Yong Hwa la tomó por la cintura para bajarla
del taburete–. No quería presionarte.
Shin Hye le echó los brazos al
cuello.
–No tenemos que esperar. He
despertado esta mañana sabiendo que por fin puedo tener lo que quiero, aunque
no lo creía posible.
Él se inclinó para rozarle los labios
con los suyos.
–Creo que es hora de subir al
dormitorio –murmuró, antes de tomarla en brazos para dirigirse a la escalera.
En sus brazos, Shin Hye escuchaba
los erráticos latidos de su corazón, sintiendo su deseo y el de Yong Hwa.
Había despertado esa mañana
sintiéndose más feliz que nunca. Aunque él no había dicho que la amase, sí
había dicho que la deseaba, y eso era un principio.
Yong Hwa la conocía mejor que nadie
porque había compartido con él sus alegrías y sus penas. Siempre había sido su
protector, su confidente y, cuando hacía falta, su peor crítico. Él la había
animado siempre a hacer realidad sus sueños. Lo había querido como amigo y, de
hecho, seguía queriéndolo, pero también lo amaba como a un hombre; el hombre
que podía hacer que su vida estuviera completa.
Yong Hwa la dejó sobre la cama y le
acarició tiernamente la mejilla.
–Tu última oportunidad.
–Gracias, pero no voy a aceptarla
–murmuró Shin Hye, sin dejar de mirarlo a los ojos.
–Lo has pensado bien, ¿verdad?
–Muy bien. Te deseo...
–Y yo a ti.
Yong Hwa la envolvió en sus brazos y
buscó sus labios con una pasión que la hizo estremecer. Pero se apartó unos
segundos después para quitarle el vestido, dejándola solo con la ropa interior.
–Cielos –murmuró, tragando saliva.
Era perfecta. Las piernas bien torneadas, los pechos firmes, una piel preciosa
y un estómago plano...
Sería su primera vez con un hombre y
quería ir despacio, hacer que disfrutase. Pero verla desnuda, solo con aquel
trocito de tela, era más de lo que podía soportar.
Le temblaron los dedos cuando rozó
su piel; el aroma femenino hizo que se excitara aun mas.
Nunca había visto un cuerpo tan
bonito y se inclinó hacia ella, su avariciosa boca buscando los rosados
pezones.
Chupó, mordisqueó y lamió a placer
mientras sus manos, como por voluntad propia, se deslizaban por la cintura
femenina, haciendo círculos alrededor del ombligo y moviéndose hacia abajo.
Cuando la tocó, Shin Hye intentó cerrar
las piernas.
–Déjame, cariño –susurró, levantando
la cabeza para mirarla a los ojos mientras le separaba las piernas con una
rodilla.
Ella gimió cuando deslizó dos dedos
en su húmedad, pero Yong Hwa sostuvo su mirada mientras la acariciaba porque
quería ver su expresión. Darle placer a una mujer nunca había significado tanto
para él y le encantaba ver cómo se le dilataban las pupilas, cómo entreabría
los labios, cómo la pasión le oscurecía las mejillas.
Siguió acariciándola íntimamente hasta
que la oyó gemir de placer. Su aroma íntimo lo excitaba y no estaría satisfecho
hasta hacerla suya.
–Disfruta –susurró.
–¡Yong Hwa!
No iba a parar. Pensaba darle todo
el placer posible y aquel sería un día que no olvidaría nunca.
Shin Hye estaba convencida de que
iba a desmayarse y la culpa era de Yong Hwa, que seguía estimulándola, usaba su
boca y sus manos para hacerle cosas perversas.
Y le encantaba.
Cerró los ojos y levantó las caderas
para demostrarle que quería más. Nunca, ni en un millón de años, habría pensado
que iba a portarse así. Era como si Yong Hwa hubiese despertado algo salvaje
dentro de ella y solo pudiera disfrutar, como él le había pedido.
Sentía algo creciendo en su
interior, una presión en el vientre, entre las piernas...
Entonces él
hizo algo, no sabía bien qué. Y cuando levantó las caderas, esa sensación
explotó. Shin Hye gritó su nombre, agarrándole la cabeza. Era como si esa
abrumadora sensación la hubiese roto en pedazos. Lo sentía en cada hueso, en cada
poro, en cada célula de su ser.
Murmuró su nombre, convencida de
haber muerto y aceptando que si así era habría merecido la pena. Si tenía que
irse, aquella era la mejor manera de hacerlo.
–Shin Hye...
En alguna parte de su cerebro
escuchó la voz de Yong Hwa y tuvo que hacer acopio de fuerzas para abrir los
ojos. Y los abrió como platos al ver que estaba quitándose la camisa.
No pensaría que podía hacer algo más
en ese momento, después de una experiencia tan asombrosa. Necesitaría recuperarse.
Todo aquello era nuevo para ella y Yong Hwa debía saber que su cuerpo no iba a
recuperarse tan pronto.
–Oye... –empezó a decir, al ver que
estaba bajándole la cremallera del pantalón.
–Dime, cariño.
–No puedo moverme.
Con un poco de suerte, eso lo diría
todo. Pero no fue así. Yong Hwa se quitó los vaqueros, seguidos de los
calzoncillos. Y entonces lo vio. Y cómo lo vio. Tuvo que abrir más los ojos
para comprobar que aquello era real y no una ilusión. ¿Cómo era posible?
Entonces ocurrió algo inesperado...
sus pezones se endurecieron y entre las piernas sintió una extraña quemazón. No
entendía por qué; lo único que sabía era que tenía que ver aquello y se apoyó
en los codos para mirarlo.
–Pensé que no podías moverte.
Yong Hwa esbozó una sonrisa. Sabía
que iba a recuperarse. Por supuesto que sí, él tenía experiencia. Sabía que su
cuerpo ardería de deseo solo con mirarlo.
–Quería comprobar que no estoy
viendo cosas –murmuró ella, mirando lo que era su fantasía. Pero, a la vez,
intentaba averiguar cómo iba aquello a... en fin...
–Todo irá bien, te lo prometo.
Shin Hye esperaba que así fuera
porque el deseo empezaba a consumirla, tocando cada centímetro de su cuerpo,
incluso esos sitios que aún deberían estar recuperándose de su primer espasmo.
–¿Sigues tomando la píldora?
–Sí.
No había necesidad de preguntar cómo
lo sabía. Yong Hwa había ido a la farmacia muchas veces, cuando ella estaba
resfriada o tenía trabajo en el taller. Y también sabía por qué la tomaba
porque más de una vez había apretado su mano mientras ella estaba en la cama,
con dolores de regla.
–Puedo usar un preservativo de todas
formas.
Shin Hye inclinó a un lado la cabeza
para seguir estudiándolo.
–No es necesario.
–¿Estás segura?
Estaba segura de que quería hacerlo,
pero aún no estaba convencida de que aquello pudiese funcionar.
–Sí, estoy segura.
Tenía un físico fabuloso, con el
estómago plano y los abdominales marcados.
A menudo se
había preguntado cómo sería su primera vez y con quién. ¿Quién hubiera
imaginado que sería él?
Pero lo era y Shin Hye no podía
sentirse más feliz.
–En ese caso... –Yong Hwa se colocó
sobre ella para capturarle la boca.
Ya debería estar familiarizada con
sus besos, pero no era así. La besaba apasionadamente, poseyéndola, marcándola
como suya.
Shin Hye le clavó los dedos en los
hombros. Sentir sus pechos apretados contra el torso masculino la electrificaba
y cada beso era mejor que el anterior. Era como si su boca hubiera sido hecha
para aquello.
Cuando Yong Hwa bajó la cabeza para besar
uno por uno los pezones sintió que estallaba en llamas.
–Te deseo, Shin Hye –susurró–. Y estás
lista...
Entró en ella sin dejar de mirarla a
los ojos, su cuerpo ensanchándose para acomodarlo. Las sensaciones se
concentraban allí, donde sus cuerpos estaban conectados.
–¿Te hago daño? –murmuró, al oírla
gemir.
–No, no.
Shin Hye sintió un pequeño dolor, que
fue remplazado por el placer, pero estaba dentro. Era asombroso. Estaba bien.
Mejor que bien. Él empezó a moverse, despacio primero, luego con poderosas
embestidas. Sus movimientos avivaban el deseo, animándola a tomar lo que él le
ofrecía.
Yong Hwa le sujetaba las caderas
mientras aumentaba el ritmo y Shin Hye se agarró a sus hombros, gimiendo su
nombre mientras se apartaba y volvía a entrar de nuevo.
–¡Yong Hwa! –gritó, al sentir que su
cuerpo se fragmentaba de nuevo.
Él echó la cabeza hacia atrás, los
tendones del cuello marcados mientras se dejaba ir dentro de ella.
–¡Shin Hye!
Unos segundos después, cuando pudo
recuperar las fuerzas, Yong Hwa le dio un beso dulce y apasionado al mismo
tiempo. Y ella supo que nunca podría amarlo tanto como lo amaba en aquel
momento.
***
Para Yong Hwa no había nada mejor
que una buena comida, un buen vino y una mujer guapa. Y esa noche estaba
disfrutando de las tres cosas. El sol se había escondido tras las montañas,
tiñendo las copas de los árboles de tonos rojos, naranjas y amarillos. Desde el
corredor, la vista era espléndida.
¿Y cómo podía describirla a ella?
Preciosa, estupenda, sexy... sí, definitivamente sexy. Sentada en la mecedora,
con una copa de vino en la mano y admirando la vista, Shin Hye estaba tan sexy
como aquella mañana, en la cocina, con un vestido estampado.
Temblaba al recordar esa mañana.
Después de hacer el amor se habían
quedado dormidos y habían despertado antes del almuerzo para tomar el desayuno.
Muertos de hambre, habían devorado las tortillas con tostadas y luego,
hambrientos el uno del otro, habían vuelto a la cama para quedarse allí hasta
que sus estómagos volvieron a protestar.
Hacía fresco, de modo que Yong Hwa
había encendido la chimenea que había construido en el porche para días como
aquel.
–Me resulta difícil creer que haya
pasado una semana –dijo Shin Hye entonces.
–¿Una semana?
–Desde el cambio de imagen.
–¿Y no sabes nada de Jae Rim, aparte
de que se ha llevado el coche a otro taller?
–No sé nada y espero no saberlo
nunca.
En ese momento, Yong Hwa estuvo a
punto de confesar que la amaba, pero sabía que era demasiado pronto. Tenía que
darle tiempo para acostumbrarse a la idea de que eran una pareja. Y que algún
día serían marido y mujer.
–Gracias por ser tan paciente
conmigo –dijo ella entonces.
–¿Yo? Debes confundirme con otro
hombre. No recuerdo haber sido paciente... de hecho, prácticamente te arranqué
el vestido.
–Sí, es verdad. Tienes mucha
práctica.
Yong Hwa pensó en las mujeres con
las que se había acostado a lo largo de los años. Siempre le había gustado
divertirse, pero nunca mentía sobre sus intenciones. Sin embargo, empezaba a
preguntarse si Shin Hye se acostumbraría a que fuesen algo más que amigos. ¿Qué
pensaría sobre la idea de casarse?
–Deberíamos subir al dormitorio, ¿no
te parece?
Shin Hye sonrió.
***
Si alguien le preguntase, Shin Hye
tendría que admitir que su vida durante las últimas semanas había sido
perfecta. En la cabaña, Yong Hwa y ella habían decidido que se merecían otro
día y, en lugar de volver el domingo, se habían ido el lunes por la tarde,
llegando a Seul antes de medianoche.
Yong Hwa había pasado la noche en su
casa y luego, al día siguiente, Shin Hye durmió en la suya. Desde entonces eran
prácticamente inseparables, salvo cuando Yong Hwa estaba viajando.
Debía admitir que la transición de
amigos a amantes tenía sus ventajas. Con Yong Hwa podía ser ella misma, la Shin
Hye que había sido siempre, pero también una Shin Hye más audaz. Y él la
animaba a serlo.
Resultaba difícil creer que hubieran
pasados dos semanas desde que tomaron la decisión de ser amigos con derecho.
Esa noche, Yong Hwa iba a llevarla a
una cena benéfica y estaba encantada de ir con él. Habían salido a cenar varias
veces, al cine y a un partido de fútbol, pero aquella sería la primera vez que
iban a ser vistos en público como una pareja y eso la ponía un poco nerviosa.
Por eso se miró al espejo una docena
de veces, aunque le encantaba el vestido, un regalo sorpresa de Yong Hwa, que
había llegado en una caja enorme.
Al verlo se quedó helada. Era de
seda blanca, con lentejuelas plateadas solo visibles cuando caminaba. Era
sencillamente precioso. Y pensar que Yong Hwa conocía sus medidas... al
centímetro, además.
El corazón le dio un vuelco cuando
sonó el timbre. Después de mirarse al espejo por última vez, Shin Hye tomó su
bolso y se dirigió a la puerta.
El amor de su vida había ido a
buscarla.
***
Min Hwan miró a su primo.
–Shin Hye está guapísima esta noche.
Yong Hwa asintió con la cabeza, sin
dejar de mirarla mientras bailaba en la pista con Sung Hoon.
–Sí, es verdad. ¿Cómo te van las
cosas, Min Hwan? –le preguntó. Su primo era el nuevo médico de la familia y
había decidido hacer la residencia en un hospital de Gangwon.
–Bien, pero tengo mucho trabajo.
Necesito un descanso.
–¿Ah, sí? –Yong Hwa tomó un sorbo de
vino–. Entonces, ¿que hayas vuelto a casa precisamente este fin de semana,
igual que Sulli, es una coincidencia?
Al ver que su primo se atragantaba
con el vino, Yong Hwa le dio un par de golpes en la espalda.
–¿Se te ha ido por el lado
equivocado?
Min Hwan lo fulminó con la mirada.
–¿Tenías que darme tan fuerte?
–Lo he hecho para ver si entras en
razón.
–¿Qué quieres decir?
–Espero que sepas lo que haces. Si
estás intentando que Sulli se vuelva loca...
–¿Qué sabes tú de nosotros?
–Solo lo que vi la última vez que
estuviste en casa. Yo estaba dirigiéndome al despacho la mañana que tú deberías
haber llevado a Sulli al aeropuerto. Según Tae Hee, debía estar allí a las
cinco de la mañana, así que imagina mi sorpresa cuando los vi entrando a
hurtadillas al departamento de Gemma.
El departamento de Gemma estaba
vacía porque después de casarse se había mudado a Japón.
–No es lo que tú crees –dijo Min
Hwan a la defensiva.
–Yo no voy a decirte lo que debes
hacer, pero espero que Tae Hee y Dong Gun no descubran lo que estás haciendo.
–Estoy enamorado de ella.
–¿Entonces por qué se esconden?
Min Hwan se quedó callado un
momento.
–Ya conoces los planes de Tae Hee
para Sulli –dijo luego–. Cuando termine la carrera de Medicina en primavera, Tae
Hee espera que...
–¿Y qué quiere Sulli? –lo
interrumpió Yong Hwa.
–Ella desea que estemos juntos, pero
no quiere decepcionar a su hermana.
–En cualquier caso, deberías contar
la verdad.
–¿Como has hecho tú, contando lo que
sientes por Shin Hye? –replicó Min Hwan–. No te veo en un tejado gritando que
la quieres.
Era cierto, tuvo que admitir Yong
Hwa. No le había dicho a nadie lo que sentía por Shin Hye, ni siquiera a la
propia Shin Hye, aunque la gente que lo conocía se daba cuenta de que estaba
loco por ella. Sin embargo...
–Lo siento, no debería haber dicho
eso –se disculpó Min Hwan–. Todo el mundo sabe que estás loco por Shin Hye. Es
que estoy de mal humor porque he discutido con Sulli.
–¿Por qué?
–Yo quiero contar la verdad, pero
ella no quiere que diga nada todavía y eso me molesta. No me gusta engañar a
nadie, pero tengo que hacerlo.
–Parece que Sulli y tú tienen que
tomar una decisión –dijo Yong Hwa.
Y también él tenía que tomar
decisiones, pensó.
***
Shin Hye salía del lavabo de señoras
cuando tropezó con alguien que se había puesto en su camino.
–Vaya, vaya, pero si es mi grasienta
amiga. Se puede sacar a una mujer de un taller mecánico, pero no se le puede
quitar la suciedad. Estoy seguro de que hay grasa en alguna parte de tu cuerpo.
Shin Hye fulminó a Jae Rim con la
mirada. Cuando intentó pasar a su lado, él la agarró del brazo.
–Me avergonzaste en el Punch Bowl
delante de todo el mundo y mentiste sobre tu relación con Jung. ¿Tu amigo? No
te lo crees ni tú –le dijo, lanzando veneno por los ojos–. Y vas a pagar muy
caro haberte reído de mí.
–Suéltame antes de que te parta la
cara –le advirtió Shin Hye.
Jae Rim la soltó inmediatamente y
ella se alejó sin mirar atrás, intentando calmarse. Pero cuando entró en el
salón donde tenía lugar la cena, vio a Yong Hwa dirigiéndose hacia ella.
–¿Pasa algo?
–No, no pasa nada.
–Me ha dicho que un hombre te
agarró del brazo cuando salías del lavabo y he pensado que debía ser Jae Rim
porque lo he visto antes por aquí. ¿Qué te ha dicho?
Shin Hye pensó en la amenaza de Jae
Rim, pero decidió callárselo. Aquel tipo era un idiota y lo último que quería
era estropear la noche. Además, ella sabía cuidar de sí misma y ese bobo no le
daba ningún miedo.
–Nada. Al menos, nada que merezca la
pena repetir.
–Si se ha atrevido a tocarte...
–Ya me he encargado de él, Yong Hwa.
No necesito que soluciones mis problemas.
Él la miró, en silencio, antes de
decir:
–¿Se te ha ocurrido pensar que tus
problemas son mis problemas?
Shin Hye se encogió de hombros.
–No, porque eso no es parte de una
relación de amigos con derecho.
–Entonces, tal vez tengamos que
discutir qué incluye esa relación.
Shin Hye notó que estaba enfadado y
no entendía por qué. ¿Echaría de menos su papel de donjuán? Ella creía que no
era así, pero no podía dejar de preguntárselo, especialmente al ver cómo lo
miraban las mujeres.
Debía admitir que le molestaba un
poco la cantidad de mujeres que habían intentado coquetear con él esa noche.
Algunas tan descaradamente que era ridículo. Se acercaban cuando ella estaba a
su lado... tal vez pensando que seguían siendo solo amigos. Pero incluso cuando
le pasó un brazo por la cintura en un gesto más íntimo y la presentó como su
cita, la mayoría torcían el gesto, como diciendo: «Buena suerte intentando que
no te deje plantada».
–Shin Hye, ¿me estás escuchando?
En realidad, no. Sabía que había
dicho algo sobre discutir lo que incluía su relación...
–Si crees que tenemos que hablar, me
parece bien. Pero cuando se trata de Jae Rim, puedo solucionarlo yo sola. No
necesito que tú libres mis batallas.
Y después de decir eso, Shin Hye se
dio la vuelta.
Yong Hwa tuvo que disimular su
enfado el resto de la noche, pero se daba cuenta de que había cierta tensión
porque Shin Hye apenas dijo una palabra mientras volvían a casa.
Y en cuanto la puerta se cerró tras
ellos, supo que debían hablar.
–¿Qué te pasa, Shin Hye?
Ella lo miró, echando chispas por
los ojos.
–No me pasa nada, aparte de que
tienes algunas exnovias muy descaradas. Nunca he visto mujeres tan poco
respetuosas.
Yong Hwa se había dado cuenta y
sabía que lo habían hecho a propósito para molestarla.
–Espero que no dejes que eso te
afecte. Yo no les he hecho ni caso.
–No, pero...
–¿Qué?
–Nada, déjalo.
–Te conozco bien y cuando dices
«déjalo» es que pasa algo, así que vamos a hablar –Yong Hwa tomó su mano para
llevarla al sofá y la sentó sobre sus rodillas–. Cuéntame qué te pasa.
–Siempre te han gustado mucho las
mujeres, pero ahora tienes que conformarte conmigo. Imagino que echarás de
menos tu estilo de vida.
Él la miró en silencio durante unos
segundos. Tal vez era hora de contarle la verdad.
–Te quiero, Shin Hye.
–Claro que me quieres, ya lo sé.
También yo te quiero a ti, por eso nos hemos aguantado durante todos estos años
y...
Yong Hwa le puso una mano en la
boca.
–Escúchame un momento: te quiero. Te
quiero como un hombre quiere a una mujer.
Shin Hye lo miró con los ojos como
platos, y habría caído al suelo si no la hubiera sujetado.
–No puedes quererme así.
–¿Por qué no?
–Porque es así como te quiero yo.
Yong Hwa se quedó sin habla unos
segundos.
–¿Estás diciendo que me quieres como
yo te quiero a ti?
Shin Hye se encogió de hombros.
–No lo sé. ¿Cómo me quieres tú?
–Te quiero y pienso en ti todo el
tiempo, incluso cuando estoy trabajando. Huelo tu perfume cuando no estás, eres
la primera persona en la que pienso cuando despierto por la mañana y la última
en la que pienso antes de irme a dormir. Pase lo que pase, siempre estaré a tu
lado, incluso sabiendo que puedes cuidar de ti misma. Quererte hace que desee
cuidar de ti.
Los ojos de Shin Hye se habían
llenado de lágrimas.
–Nunca había oído una declaración de
amor tan bonita –murmuró, tragando saliva–. ¿Cuándo lo has sabido?
–Si quieres que sea sincero, no lo
sé. Puede que te haya amado desde siempre. Mi familia sospecha que es así, pero
yo tuve que reconocerlo hace poco. Tu fascinación por Jae Rim hizo que me diera
cuenta de lo que significabas para mí.
Ella se mordió los labios.
–Mi interés por Jae Rim era debido a
ti. Pensé que lo necesitaba.
Yong Hwa enarcó una ceja.
–No lo entiendo. ¿Para qué lo
necesitabas?
Shin Hye le echó los brazos al
cuello.
–Para arrancarte de mi corazón. Noté
que empezaba a sentirme atraída por ti cuando estuvimos en la cabaña. En
realidad, era algo más que una atracción. Supe que me había enamorado de ti y
me asusté porque nunca había sentido eso por un hombre... especialmente por ti,
que eras mi mejor amigo. No podía enamorarme de mi mejor amigo, así que se me
ocurrió lo que parecía un plan perfecto: encontrar a otro hombre del que
enamorarme.
Yong Hwa esbozó una sonrisa.
–Me parece que no funciona así, Shin
Hye.
–Ya me he dado cuenta.
–Entonces, ¿estás diciendo que todo
esto con Jae Rim era un plan que hiciste para olvidarte de mí?
–Algo así. Bueno, no para olvidarme
de ti sino de la atracción que sentía por ti. Suena absurdo, ¿verdad?
–No más absurdo que lo que he hecho
yo. Me negaba a reconocer la verdad: que estaba enamorado de ti, incluso cuando
Min Hyuk me lo dejó bien claro. En la cabaña admitimos que nos sentíamos
atraídos el uno por el otro, pero deberíamos haber dicho toda la verdad.
–Sí, es cierto, pero vamos a hacerlo
ahora –asintió ella–. Te quiero, Jung Yong Hwa. Te quiero como mi mejor amigo, mi
amante y el hombre al que quiero para siempre en mi vida.
–Y yo te quiero a ti, Park Shin Hye.
Te quiero como mi amiga, mi amante y la mujer a la que quiero para siempre en
mi vida.
–Ay, Yong Hwa –Shin Hye exhaló un
suspiro–. Temía que descubrieras mis sentimientos por ti y perderte para
siempre. Y con todos tus hermanos y primos casándose, me preocupaba que te
enamorases de otra mujer que no aceptase nuestra relación.
Él asintió con la cabeza.
–También a mí se me ocurrió cuando
parecías obsesionada por ese tipo. Temía que se interpusiera entre nosotros y
decidí que eso no podía pasar. Ojalá me hubiera sincerado antes sobre mis
sentimientos, pero tal vez las cosas ocurren por una razón.
–¿Tú crees?
–No lo sé, pero ahora sabemos la
verdad. Lo que necesito que entiendas es que querer a alguien significa que esa
persona te importa por encima de todo. Que quieres consolarla, ser su protector
cuando lo necesita. Sé que puedes defenderte de cualquier hombre, pero eso no
anula mi deseo de protegerte. Y cuando quiera hacerlo, sígueme la corriente,
¿de acuerdo?
Shin Hye sonrió.
–De acuerdo.
Yong Hwa se inclinó hacia delante
para buscar sus labios. La conexión entre ellos era diferente en aquella
ocasión porque sabía lo que sentía y Shin Hye sabía lo que sentía él. Agitado,
buscó su boca de nuevo en un beso más ansioso. Necesitaba hacerle el amor; era
un deseo intenso, extremo, poderoso.
Se levantó del sofá con ella en
brazos. Su destino era el dormitorio, pero solo pudo llegar a la escalera.
–No puedo seguir –murmuró, buscando
sus labios de nuevo.
Buscó la cremallera del vestido y
tiró de ella ansiosamente para quitárselo. Yong Hwa se interrumpió al ver lo
que llevaba bajo el vestido: una liga blanca de encaje con tanga a juego. Nunca
en toda su vida había visto nada tan sexy.
–Muy bonito –murmuró, casi sin voz.
–Les diré a tus primas y cuñadas
cuánto te ha gustado. Fue idea suya que lo comprase.
–Entonces, tienes que ir de compras
con ellas más a menudo. Aunque voy a quitártelo ahora mismo.
–Creo que esa es la idea.
Yong Hwa la desnudó en unos segundos
y Shin Hye hizo lo propio, empezando por la chaqueta del esmoquin.
–Ahora estamos en paz.
–Si eso te hace feliz... –dijo él,
apretando su espalda contra la pared–. Me encantas.
–Tú a mí también.
Dicho eso, Yong Hwa se deslizo
dentro de ella, tan profundamente como era posible...
Shin Hye envolvió las piernas en su
cintura mientras se movía, empujando, llenándola, apartándose para llenarla de
nuevo una y otra vez. Su aroma lo estimulaba, la suavidad de su piel lo
excitaba como nunca y sus gemidos hacían que la desease aún más.
Intentó ir despacio para que durase
más, pero estuvo a punto de perder la cabeza. Estaba muy cerca, pero se negaba
a terminar antes que Shin Hye.
Cuando inclinó la cabeza para
chuparle uno de los pezones, ella le clavó los talones en la espalda, las uñas
en los hombros. Pero lo único que podía sentir era el éxtasis de estar dentro
de ella.
Shin Hye gritó su nombre y Yong Hwa
levantó la cabeza para buscar sus labios. Y allí se quedó, incluso mientras
sentía los espasmos de un fiero orgasmo.
Sentía algo más que amor por ella,
la adoraba. Siempre la adoraría y siempre estaría a su lado.
Por fin, se apartó para tomarla en brazos.
–Creo que esto era lo que íbamos a
hacer antes de que nos distrajésemos por el camino –bromeó, mientras subía por
la escalera.
–Distraerse puede estar muy bien
–susurró ella.
Cuando llegaron al dormitorio,
cayeron juntos sobre la cama con la intención de hacer de aquella una noche que
ninguno de los dos olvidase nunca.
Waw unnie, que maravilloso capitulo, por fin confesaron su mutuo amor, ojala a ese Jae Rim no se le ocurra hacer nada en contra de ellos. Amo este fic, gracias por dejarnos leerlo. Espero ansiosa el proximo capitulo
ResponderEliminarwaoooo gran cap unnie espero que puedas actualizar pronto este fic me encanta que bueno que ambos fueron sinceros con sus sentimientos y ese idiota de jae ri no se interponga entre ellos
ResponderEliminarOigan calmense es sólo un fanfics pobre Jae Rim.
ResponderEliminarSobre que es tan lindo.
Pero me gusto el fics estaba super el Capítulo.
Espero que sigan subiendo