Al día siguiente, Yong Hwa paseaba
por su despacho de muy mal humor. Se alegraba de que Dong Gun no hubiese
convocado ninguna reunión aquel día y de que, en general, lo hubiesen dejado en
paz.
No había llamado a Shin Hye y no
pensaba hacerlo hasta que estuviese un poco más calmado. El beso de la noche
anterior lo había afectado, había hecho que deseara a Shin Hye como nunca había
deseado a otra mujer. Por eso estaba tan enfadado consigo mismo. Shin Hye
confiaba en él y la noche anterior había traicionado esa confianza.
De hecho, había estado a punto de
desnudarla.
Yong Hwa dejó escapar un suspiro
cuando le sonó el móvil y reconoció el tono de Shin Hye. Pero aún no estaba
preparado para hablar con ella. Necesitaba tiempo. Para Shin Hye solo había
sido una lección, pero para él había sido mucho más.
¿Qué iba a hacer al respecto?
***
Cuando despertó el viernes por la
mañana y comprobó que no tenía ningún mensaje de Yong Hwa, Shin Hye supo que
estaba evitándola. Siempre la llamaba a la primera oportunidad, por mucho
trabajo que tuviese, pero seguía sin saber nada de él, y esa era una mala
señal.
Había quedado con Tae Hee y Ji Young
a las diez, de modo que tenía tiempo para tomar un café. Con un poco de suerte,
cuando se viera con ellas ya estaría un poco más calmada.
Intentando no pensar que estaba
perdiendo a su mejor amigo, Shin Hye se metió en la ducha.
Durante las últimas treinta y seis
horas había recordado una y otra vez cada detalle de lo que ocurrió. Yong Hwa
la había preparado para aquel beso... bueno, más o menos. Dudaba que ninguna
mujer estuviese preparada para algo así. A ella la había dejado sin aliento.
Lo que no podía entender era la
actitud de Yong Hwa. ¿Se habría involucrado en el beso más de lo que quería?
¿Lo habría disfrutado demasiado? ¿O tal vez ella no había seguido el guion
previsto? ¿No había interrumpido el beso cuando debería? ¿Había hecho mal al
pedirle ayuda para algo tan íntimo?
Unas horas después, se reunió con Tae
Hee y Ji Young en la puerta de unos grandes almacenes. Incluso a las diez de la
mañana las dos estaban radiantes. Le gustaría tener ese aspecto algún día y
quería que la aconsejasen. Celebraría sus veintiocho cumpleaños en un par de
meses y ya era hora de hacer algunos cambios.
***
Yong Hwa levantó la mirada al
escuchar un golpecito en la puerta de su despacho.
–Pasa.
Al ver a Min Hyuk, se echó hacia
atrás en el sillón, sorprendido.
–¿Qué sorpresa?
–He venido para ver a un cliente. –Respondió
su primo–. Y como está cerca de aqui, he pensado pasar a visitarte.
–¿Por qué? –preguntó Yong Hwa.
–Porque la última vez que te vi
parecías más bien frustrado.
Frustrado era decir poco. Yong Hwa
admitía estar abrumado por los acontecimientos. Sin duda, Shin Hye estaría
preguntándose por qué no le había devuelto la llamada cuando nunca lo había
hecho antes.
–La situación ha empeorado
–respondió, después de aclararse la garganta.
Min Hyuk se irguió en la silla con
expresión preocupada.
–¿Por qué?
–Decidí enseñarla a besar, como tú
sugeriste, pero estuve a punto de perder el control. Tenías razón, cuando
estaba besándola no la veía como a mi mejor amiga sino como a una amante.
–¿Y sigues teniendo un problema con
eso? Muchos amigos se convierten en amantes, las relaciones cambian. Tus
sentimientos por ella han debido ir cambiando poco a poco sin que te dieras
cuenta.
Yong Hwa frunció el ceño.
–Pero tú sabes cómo soy en lo que se
refiere a las mujeres. Una relación duradera es algo que jamás ha pasado por mi
cabeza y no podría tratar a Shin Hye de ese modo.
–No, no podrías y no lo harás
–asintió Min Hyuk–. Shin Hye significa demasiado para ti, pero eso crea otro
problema.
–¿Cuál?
–¿Cuándo vas a admitir que estás
enamorándote de ella?
Yong Hwa lo miró, perplejo. Y luego
indignado.
–¿De qué estás hablando? No estoy
enamorándome de Shin Hye.
–¿Seguro? Yo estuve a punto de
perder a Ji Min porque me negaba a reconocer que sentía algo por ella. Creo que
también tú te has enamorado de Shin Hye, y estarás cometiendo un error si no se
lo dices antes de que sea demasiado tarde.
Yong Hwa se levantó y empezó a
pasear por el despacho, pensando en todo lo que había ocurrido desde que
estuvieron en la cabaña. No tenía que pensar mucho para recordar sus ansiedades
y sus miedos al saber que estaba interesada en otro hombre. ¿Podría albergar
sentimientos por Shin Hye que no tenían nada que ver con la amistad y que tal
vez llevaban años enterrados?
–Ya es demasiado tarde. A Shin Hye
le gusta otro hombre, ese tal Jae Rim.
–Le gusta otro, pero eso no
significa nada. Tú mismo me has dicho que apenas lo conoce.
–¿Qué puedo hacer?
–Depende de ti. Si sientes algo por Shin
Hye, debes decidir qué vas a hacer al respecto. Si quieres perderla es asunto
tuyo, pero yo que tú no renunciaría a la mujer de mi vida sin luchar.
–Shin Hye no es la mujer de mi vida
–protestó Yong Hwa–. Además, para ella solo soy su amigo.
Min Hyuk se levantó.
–Yo que tú se lo pondría difícil al
tal Jae Rim. Y empezaría por hacerle saber a Shin Hye lo que siento. Puede que
te lleves una sorpresa, tal vez ella sienta lo mismo que tú. Yo llevo años
diciendo que su amistad es un poco extraña...
–¿Qué quieres decir?
–Amigos o no, están tan unidos como
una pareja. Son inseparables.
Yong Hwa dejó escapar un suspiro.
–Me lo pensaré.
Min Hyuk sonrió mientras se dirigía
a la puerta.
–Me alegro. Es hora de que pienses
como un Jung.
***
Shin Hye miró los vestidos que
habían elegido Tae Hee y Ji Young. Estaba convencida de que se había probado
más de cien y aún no eran las dos de la tarde.
–¿Cuál te gusta más? –le preguntó Da
Yeon, la prima de Yong Hwa, que se había unido a la excursión cuando pararon
para comer.
Ya había comprado seis vestidos,
aparte del que pensaba ponerse el sábado, porque según ellas debía renovar su
vestuario para las próximas citas con Jae Rim. Aunque Shin Hye no sabría si
habría otras citas.
–Me gustan el amarillo y el
estampado.
Da Yeon sonrió.
–Buena elección, también eran mis
favoritos.
En realidad, le gustaban todos los
vestidos que había comprado y debía reconocer que le quedaban muy bien.
–Ahora tienes vestidos, pero
necesitas ropa interior –dijo Tae Hee.
Ji Young, que estaba hablando por el
móvil, lo guardó en el bolso con una sonrisa.
–Los chicos van a hacer de niñeros
para que podamos cenar todas juntas esta noche. Se unirán más tarde Bae Su Ji,
Da Hae y So Min.
A Shin Hye le pareció una idea
estupenda. Como Yong Hwa y ella eran tan amigos, la familia Jung era casi como
la suya propia.
–¿Prefieres tanga o braguita normal?
–le preguntó Tae Hee media hora después, en la lencería.
–Prefiero la braguita.
–Pues no, mañana por la noche no
–dijo Ji Young, mostrándole un tanga–. Esto es lo que vas a ponerte.
Shin Hye miró aquella cosa diminuta
y enarcó una ceja.
–¿En serio?
–No querrás que la braga se te
marque bajo el vestido, ¿no? –le preguntó Da Yeon.
–No, no –murmuró Shin Hye, que jamás
se había preocupado por esas cosas.
–Mañana iremos a tu casa para
ayudarte –anunció Ji Young.
–¿De verdad?
–Por supuesto. Queremos que dejes a
ese tipo sin aire.
Shin Hye sacó el móvil del bolso
para comprobar si tenía alguna llamada perdida y tuvo que disimular su
desilusión al ver que no era así. Yong Hwa seguía sin llamarla.
–¿Tienes alguna idea para el pelo? –la
pregunta de Ji Young interrumpió sus pensamientos.
–No, ninguna.
–¿Piensas cortártelo?
–No, a Yong Hwa le gusta largo.
–¿Yong Hwa? –repitió Da Yeon, con el
ceño fruncido–. ¿Qué más da lo que le guste a Yong Hwa? No es a él a quien
tienes que impresionar.
***
«Piensa como un Jung».
Las palabras de Min Hyuk se repetían
en la cabeza de Yong Hwa mientras ordenaba su despacho. Él estaba acostumbrado
a conquistar a las mujeres, ¿pero cómo iba a conquistar a Shin Hye, que lo
conocía mejor que nadie?
En ese momento le sonó el móvil y
cuando miró la pantalla vio que era Dong Gun.
–Dime.
–Hay un cambio de planes para esta
noche.
Los Jung tenían por costumbre
reunirse para cenar juntos los viernes.
–¿Cuál es el cambio?
–Vamos a cocinar nosotros porque las
chicas han decidido cenar juntas.
–Ah.
–Le estoy pidiendo a todos que
traigan su especialidad, pero como tú no tienes ninguna puedes pasarte por una
pastelería y comprar el postre.
–Muy bien.
–Los niños van a cenar con nosotros,
así que no compres tarta con sabor a café.
Yong Hwa esbozó una sonrisa.
–De acuerdo.
Después de cortar la comunicación,
seguía dándole vueltas a la cabeza...
«Piensa como un Jung».
Unos minutos después, sonriendo, Yong
Hwa sacó el móvil del bolsillo y marcó un número.
–Taller Golden
Park, soy Min Rae. ¿En
qué puedo ayudarlo?
–Hola linda, soy Yong Hwa. Y puedes
ayudarme dándome cierta información.
***
Shin Hye salió del dormitorio y fue
recibida con una exclamación colectiva.
–¡Estás guapísima!
–¡Sensacional!
–¡Ni siquiera pareces la misma
persona!
–Gracias. La verdad es que me siento
como otra mujer –murmuró ella, mirándose al espejo–. Y quiero darles las gracias
a todas por su ayuda. No solo por ir de compras conmigo ayer y estar
conmigo mientras que Ritz me peinaba sino por venir hoy para darme confianza.
No había necesidad de decirles que
la otra persona que podía darle confianza era su mejor amigo, Yong Hwa. Pero Yong
Hwa no estaba allí y no sabía nada de él. Estaba claro que las cosas habían
cambiado entre ellos y eso la enfurecía. Al fin y al cabo, el cambio de imagen
había sido idea suya. ¡Y él le había dado el primer beso! ¿Era un error por su
parte querer mejorar?
–He buscado a Song Jae Rim en
Internet –empezó a decir So Min– Es guapo, pero parece un poco estirado.
¿Seguro que va al Punch Bowl? Ese solía ser el bar de Sung Hoon y Dong Wook.
Iban tanto que llegamos a pensar que habían comprado el sitio.
–Sería mala suerte que precisamente
esta noche Jae Rim no apareciese por allí –dijo Shin Hye.
–Si es así, él se lo pierde –afirmó Tae
Hee–Pero tengo la sensación de que esta va a ser tu noche de suerte.
Shin Hye respiró profundamente. Eso
esperaba.
–Y me alegro mucho de que no te
hayas cortado el pelo –intervino Ji Young–. No sabes lo guapa que estás.
Al menos por esa noche se sentiría
guapa, pensó ella, mirando el reloj.
–Bueno, es hora de irme. Gracias a ustedes me siento especial.
–Es que eres especial –dijo Da Yeon–.
Antes de que te marches, quiero hacer unas fotografías. Estoy deseando enseñárselas
a Jin Wook.
***
–Gracias por dejarme actuar esta
noche, SamHoo.
El viejo profesor, que había
preparado a la madre de Yong Hwa para su primer recital, levantó la mirada del
piano.
–De nada. De vez en cuando puedo
convencer a Dong Wook para que se siente ante el piano, y cuando lo hace el
público se vuelve loco. Tu madre quería que todos tuvieran buen oído para la
música y lo consiguió.
Yong Hwa asintió con la cabeza. Era
cierto, todos los Jung sabian tocar una variedad de instrumentos musicales.
Tras la muerte de sus padres, Dong Gun había insistido en que siguieran tomando
clases con SamHoo.
–Pero tu hermano prefería quedarse
entre el público, rodeado de chicas guapas –bromeó SamHoo–. Me resulta difícil
creer que ese donjuán vaya a casarse a finales de este mes.
–A ti y a todos –dijo Yong Hwa,
riendo–. Pero cuando conozcas a Da Hae lo entenderás.
El viejo profesor miró su reloj.
–El espectáculo empieza a las ocho,
pero si quieres puedes tomar una copa.
–Gracias, pero prefiero quedarme
aquí –Yong Hwa decidió no contarle que desde allí podía ver la sala sin que los
clientes lo viesen a él–. Tengo entendido que un tal Song Jae Rim viene por
aquí a menudo. ¿Sabes si ha venido esta noche?
SamHoo miró a través del cristal.
–Sí, ahí está. ¿Lo conoces?
–No, nunca lo he visto en persona.
–En realidad, viene casi todos los
días. Tiene mucho dinero y le gusta impresionar a las mujeres. Bueno, a algunas
no las impresiona y entonces se enfada. Parece creer que todas deben caen
rendidas a sus pies... –SamHoo sacudió la cabeza– La verdad es que ese tipo no
me gusta nada. Hace unos meses forcejeo con una mujer. No ocurrió aquí porque si
así fuera lo hubiese echado a patadas, pero dicen que el padre de Song Jae Rim
le dio dinero a la chica para que no lo demandase, ya que estaba a punto de
crear un escándalo.
–¿Su padre?
–Proviene de una familia adinerada,
por eso conduce ese deportivo y lleva ropa cara. Solo trabaja porque su padre
le cerró el grifo hace un par de años, aunque dicen que su madre también le
manda dinero. He oído que tuvo que salir huyendo de Busan por un escándalo con
una mujer casada cuyo marido amenazó con destruirlo –SamHoo enarcó una ceja–.
¿Quieres saber alguna cosa más?
Yong Hwa había oído más que
suficiente. Y no pensaba dejar que Shin Hye saliese con aquel canalla.
–No lo he visto nunca. ¿Quién es?
SamHoo lo señaló con el dedo.
–El de la chaqueta y el pantalón
azul. Parece recién salido de las páginas de una revista de moda.
Yong Hwa estudió las facciones del
hombre, que estaba con un grupo de personas frente a la barra, y decidió que no
le gustaba. SamHoo tenía razón: Jae Rim parecía el típico niño que se creía con derecho a todo.
Estaba a punto de decirlo cuando
notó que Jae Rim y sus amigos miraban hacia la puerta del bar y abrió los ojos
como platos al ver a Shin Hye...
Pero una Shin Hye increíblemente
sexy.
Llevaba el pelo suelto, en capas,
enmarcando un rostro maquillado de pestaña larguísimas, mejillas sonrosadas y
labios de un rojo rubí.
Y llevaba el vestido más sexy que Yong
Hwa había visto nunca, por encima de las rodillas, dejando al descubierto sus
preciosas piernas, que parecían más largas con unos tacones de aguja. Y el
escote... el escote sujetaba unos pechos firmes que él no debía mirar.
–Qué chica tan guapa –comentó
SamHoo– Espero que sepa lo que hace viniendo aquí sola. Los lobos han salido de
caza esta noche.
Todos los hombres tenían los ojos
clavados en ella. Yong Hwa sintió que le hervía la sangre.
Vio que Shin Hye sonreía a Jae Rim,
pero él la conocía mejor que nadie y se dio cuenta de que le temblaban un poco
los labios. No estaba tan segura de sí misma como quería aparentar.
–Si necesitas practicar, esta sala
está insonorizada –dijo SamHoo.
–No necesito practicar –murmuró Yong
Hwa, sin apartar los ojos de Shin Hye–. Estaré listo para hacer lo que tengo
que hacer cuando llegue el momento.
Lo que SamHoo no sabía era que esa
respuesta tenía doble sentido.
***
Mientras la camarera la acompañaba a
una mesa libre, Shin Hye intentó llevar oxígeno a sus pulmones. Había visto a Jae
Rim en la barra, pero él no parecía reconocerla.
–El espectáculo empieza en media
hora –le dijo la camarera–. ¿Quiere tomar algo?
–Sí, por favor, una copa de vino
blanco.
–Muy bien. Vuelvo enseguida.
Mientras esperaba que volviese, Shin
Hye tuvo que hacer un esfuerzo para no mirar hacia la barra. No quería dar la
impresión de estar buscando compañía, aparte de la de Jae Rim, claro. ¿Y si se
acercaba otro hombre antes que él? Tendría que decirle que no estaba interesada.
Pero si Jae Rim se acercaba después y ella lo recibía con una sonrisa, ¿no
dejaría claro que estaba allí por él?
–Puede pensar que es una frase muy
usada, pero tengo la sensación de haberla visto antes –escuchó una voz a su
lado.
Era Jae Rim, que la miraba con un
brillo de interés en los ojos. Shin Hye contuvo un suspiro de alivio.
–Claro que nos conocemos, Sr. Song.
–Es imposible que hayamos hablado y
no te recuerde, por favor llamame Jae Rim.
–Nos conocimos en mi taller.
–¿Tu taller? –repitió él–. ¿Qué tipo
de taller tienes?
–Mi nombre es Park Shin Hye,
del taller Golden Park. Bueno, tal vez me recuerdes como Shin Hye.
Con un brillo de sorpresa en los
ojos, Jae Rim tomó su mano para mirarle las uñas. ¿Qué esperaba encontrar,
grasa?
–¿Qué haces?
–Nada, es que no puedo creer que
seas la misma mujer que...
–¿La misma que repara tu coche? ¿La
que lleva uniforme de trabajo?
–No estás nada mal sin ese traje.
Jamás lo hubiera imaginado.
Shin Hye empezaba a sentirse
molesta, pero intentó disimular. Tenía que recordar su propósito, aunque
empezaba a parecerle imposible que aquel hombre la hiciese olvidar a Yong Hwa.
–Su copa de vino –dijo la camarera,
dejándola sobre la mesa.
–Gracias.
–¿Has quedado con alguien? –le
preguntó Jae Rim.
–No, he venido sola.
–Yo también estoy solo –dijo él– ¿Te
importa si me siento contigo?
Shin Hye hizo un esfuerzo por
sonreír.
–No, no me importa.
***
Estaba tan concentrado en Shin Hye y
Jae Rim que se había olvidado de todo lo demás. Jae Rim había pedido otra copa
de vino, seguramente con intención de emborracharla. Yong Hwa sonrió. Si ese
era su plan, ya podía inventar otra estratagema porque Shin Hye no caería tan
rápido.
–Es mi turno, tengo que subir al
escenario –dijo SamHoo.
–Muy bien. Y gracias otra vez.
–Imaginaba que había alguna razón
para que quisieras subir al escenario esta noche –el profesor miró hacia la
mesa de Shin Hye y Jae Rim– Y ahora lo sé.
Yong Hwa tragó saliva.
–¿Ah, sí?
–Cuando un hombre ama a una mujer no
puede esconder sus sentimientos.
–No es eso. Shin Hye y yo solo somos
amigos.
–Ah, ya –murmuró SamHoo, claramente
escéptico.
–Lo que no entiendo es por qué mejor no cantas en vez de
solo tocar el piano. Tú eres bastante bueno y lo sabes.
–Estaba pensando en hacerlo pero no se qué canción cantar,
solo tengo una en mente y creo que no es adecuada para la ocasión.
Si canto esa, la confundiría al igual como lo estoy yo en este momento, pensó.
Si canto esa, la confundiría al igual como lo estoy yo en este momento, pensó.
–¿Y
que canción es esa?
– Lucky – Lo soltó.
SamHoo le
sonrió y le dio una palmada en su hombro. ¿Lo vería SamHoo como lo veía Min
Hyuk? ¿Acaso estaba siendo demasiado obvio?.
Cuando el profesor desapareció, Yong
Hwa apoyó la espalda en la pared, recordando su conversación con Min Rae el día
anterior, en la que, de buen grado, le había dado la información que necesitaba
para poner su plan en acción.
Iba a darle a Shin Hye la sorpresa
de su vida porque, aunque no cantara o le dedicara una canción de amor, él era la última persona que esperaba ver allí
esa noche.
Las luces de la sala empezaron a
apagarse y vio que Jae Rim, que había estado de espaldas al escenario, se
sentaba al lado de Shin Hye. Demasiado cerca para su gusto.
***
–Vamos, tú sabes que quieres irte
conmigo, ¿a qué esperas?
Shin Hye tomó otro sorbo de vino,
preguntándose qué habría tomado el imbécil que estaba sentado a su lado. Tenía
que estar loco si creía que quería irse con él. En los últimos veinte minutos, Shin
Hye se había dado cuenta del error que había cometido. Jae Rim no merecía el
corazón de ninguna mujer. Solo pensaba en sexo, sexo y más sexo.
Había perdido la cuenta de las veces
que había dicho que quería acostarse con ella... donde fuera, incluso en el
hotel más cercano.
–Ah, qué bien, el espectáculo está a
punto de empezar.
–Ven conmigo y tendremos nuestro
propio espectáculo en tu casa. O en la mía.
Shin Hye apretó los labios. Jae Rim
empezaba a sacarla de sus casillas. Pensaba que había ido allí para eso, pero
se equivocaba. Se creía un regalo para las mujeres, pero también se equivocaba.
No podía creer que un hombre pudiera ser tan estúpido.
Lo más triste era que la persona a
la que Jae Rim debía reemplazar en su corazón ya no era su amigo.
Aparentemente, su obsesión por atraer a Jae Rim había alejado a Yong Hwa de su
vida.
Jae Rim era una total desilusión. El
cambio de imagen, las compras para transformarse en una mujer que llamaba la
atención de los hombres, por las razones equivocadas, como había dicho Yong Hwa,
no había merecido la pena.
Se alegró cuando la música empezó porque, con un poco de suerte, Jae Rim
cerraría la boca de una vez. Además, le habían dicho que SamHoo era un músico fabuloso
y era cierto, pensó unos minutos después.
–Es bueno, ¿verdad? –le murmuró Song
Jae Rim al oído–. Tan bueno como podríamos serlo tú y yo en la cama.
Shin Hye se mordió los labios, a punto
de decirle que se fuera. Pero no se molestó porque pensaba irse en el
entreacto.
Yong Hwa estaba tras el cristal,
mirando a Shin Hye. No sabía lo que había hecho Jae Rim, pero incluso en la
penumbra vio por su expresión que el tipo la sacaba de quicio. Eso era bueno
para él, pero no tan bueno para Shin Hye, que se había esforzado tanto para
impresionarlo. En fin, la pieza que pensaba tocar para ella sería más apropiada
que nunca.
Alguien se asomó por la puerta.
–Tu turno, Yong Hwa. SamHoo está
encantado de que uno de sus protegidos vaya al escenario con él.
Él esbozó una sonrisa.
–Yo sí que estoy encantado.
Un momento después se dirigía al
escenario.
***
–Me marcho, Jae Rim –dijo Shin Hye.
–Muy bien, me voy contigo.
Ella frunció el ceño. Por lo visto,
no le había dejado claro que no quería saber nada de él y era el momento de
hacerlo. Pero antes de que pudiese abrir la boca, SamHoo terminó de tocar y
empezó a hablar por el micrófono:
–Es un placer para mí presentar a un
antiguo alumno mío... y un alumno aventajado, además. Pido un aplauso para Jung
Yong Hwa.
Shin Hye miró el escenario,
perpleja. ¿Yong Hwa?
Lo vio subir al escenario y sentarse
ante el piano, sonriendo al público. No podía creerlo. ¿Qué estaba haciendo
allí?
–Quiero dedicarle esta pieza a una
chica muy especial que se encuentra entre el público, Park Shin Hye –dijo Yong
Hwa, inclinándose hacia el micrófono– Es un fragmento de una sonata que habla
sobre la auténtica belleza, la que no se ve.
Por segunda vez en cinco minutos, Shin
Hye se quedó sin aire.
–Ese tipo acaba de mencionarte –dijo
Jae Rim, claramente molesto–¿Lo conoces?
–Sí, lo conozco. Es mi mejor amigo.
–Tu mejor amigo –repitió él,
haciendo un gesto de desdén– Los hombres y las mujeres no pueden ser amigos.
Siguió hablando, pero ella no
escuchó una sola palabra, tenía los ojos clavados en el escenario. Acompañado
por SamHoo con el Violín, Yong Hwa empezó a tocar el piano... poniendo su
corazón en cada nota.
Song Jae Rim le tomó la mano
entonces.
–Ven, vámonos. Si ese tipo es tu
mejor amigo, como dices, puedes oírlo tocar en otra ocasión.
Shin Hye soltó su mano sin dejar de
mirar el escenario, como hipnotizada. Saber que Yong Hwa había elegido esa
canción para ella especialmente hacía que se le encogiera el corazón. De alguna
forma, había sabido que estaría allí esa noche, y también que su encuentro con Jae
Rim no iría como ella esperaba. Y estaba allí, animándola.
Yong Hwa la miraba a los ojos desde
el escenario, como si estuviera diciendo que, pasara lo que pasara, su amistad
podía con todo. Incluso con los Jae Rim de este mundo.
Cuando terminó de tocar, recibió una
gran ovación. Shin Hye se puso de pie, le temblaban las rodillas, y aplaudió
hasta que le dolieron las manos. Yong Hwa le hizo un guiño y ella soltó una
carcajada. Tenían muchas cosas que contarse, pero por el momento se sentía
feliz de haber recuperado a su amigo.
–¿Ya podemos irnos? –le preguntó Jae
Rim, irritado. Estaba de pie, tirando de su brazo, pero Shin Hye se soltó de
nuevo.
–Márchate si quieres, yo me quedo.
Los ojos del hombre se volvieron tan
oscuros que parecían negros.
–Un segundo antes de que tu amigo
apareciese en el escenario habías sugerido que nos fuéramos.
–No, había dicho que yo me iba –le
corrigió ella–. En ningún momento te he invitado a ir conmigo a ningún sitio.
–No me gusta que las mujeres se rían
de mí. Tú no sabes con quién estás jugando.
–Y tú tampoco.
Shin Hye parpadeó cuando Jae Rim
esbozó una sonrisa.
–Ah, ya lo entiendo. Te gusta ser
dominante... muy bien, pero cuando lleguemos a tu casa intercambiaremos los
papeles.
Ella lo miró, atónita. ¿Aquel hombre
estaba loco?
Estaba a punto de mandarlo a paseo
cuando Yong Hwa se acercó a la mesa.
–¿Todo bien?
Shin Hye vio un brillo de
preocupación en sus ojos.
–Sí, todo bien –respondió, dando a
entender que tenía controlada la situación–.Léeme los labios, Jae Rim: no me
interesas nada. Me había equivocado contigo y evidentemente, tú conmigo. Y
ahora, márchate de una vez.
–Yo no me he equivocado contigo. Has
venido al club vestida como una mujer que está buscando una aventura y...
Shin Hye alargó una mano para
detener a Yong Hwa, que había dado un paso adelante.
–No, déjalo –le dijo con firmeza
antes de volverse hacia Jae Rim–. No
tolero que un hombre me falte al respeto, te lo advierto.
–¿Respeto? Puedo tratarte como
quiera –replicó él–. ¿Sabes quién soy?
Ella esbozó una sonrisa.
–Claro que sí. Eres un niñato que se
cree mayor porque lleva un traje de chaqueta, pero aún tienes mucho que
aprender.
Oyeron entonces unas risas procedentes
de la barra y Jae Rim tuvo suficiente
sentido común como para no decir nada más. Pero la fulminó con la mirada antes
de salir del club, echando humo por las orejas.
–¿Estás bien? –le preguntó Yong Hwa.
–Perfectamente –respondió ella.
–Lo siento.
–No pasa nada, estoy bien. Gracias
por la canción, era preciosa y emocionante. Me he sentido muy especial. Por
cierto, ¿cómo has sabido que estaba aquí?
Yong Hwa miró alrededor y descubrió
que los amigos de Jae Rim seguían pendientes de ellos.
–Vamos, te seguiré a casa. Allí
podremos charlar.
Shin Hye asintió con la cabeza y él
le tomó la mano para salir del club.
bello, como siempre, él es un amor, la ama y ahora, lo que tiene que hacer es decírselo, por favor, se que no puedes actualizar tan seguido, pero no dejes de hacerlo.
ResponderEliminarTan hermoso capitulo lo imagine completo y me encantó publiquen otro les esta quedando hermosisimo sigan con el fic esta perfectamente bien.
ResponderEliminarME GUSTA UN MONTÓN
Like like like like like like like
Sigan cob el fic me gusta un montón.