martes, 4 de noviembre de 2014

PLAN IMPERFECTO - CAPITULO 4

            –¿Alguna razón para que llames a mi puerta a estas horas? Es más de medianoche –protestó Min Hyuk, apartándose para dejarlo entrar.
            Yong Hwa fue directamente al salón y empezó a pasear de un lado a otro.
            –¿Quieres un café?
            –No, lo que quiero es un consejo. Hoy he tenido una cita con Shin Hye.
            Min Hyuk se dejó caer sobre el sofá.
            –Sales con ella continuamente. ¿Por qué esta noche ha sido diferente?
            –La he besado.
            Su primo lo miró, sacudiendo la cabeza.
            –Si tú no necesitas un café, yo sí –anunció, levantándose para ir a la cocina, con Yong Hwa pisándole los talones–. ¿Por qué has besado a Shin Hye?
            –No sé por qué la he besado. Estaba jugando con su pelo y, de repente, estaba devorándola.
            –Por favor, no exageres –dijo Min Hyuk, sirviéndose una taza de café.
            –Pero eso es lo que ha pasado.
            –Me sorprende que Shin Hye no te haya dado un golpe de karate.
            Yong Hwa decidió que necesitaba un café después de todo y sacó una taza del armario.
            –No lo hizo porque pensó que estaba poniéndola a prueba.
            –¿Qué?
            –Va a hacerse un cambio de imagen para ese tipo, ese tal Jae Rim. Lo sé porque se le escapó el nombre.
            Min Hyuk sacudió la cabeza.
            –Volvamos a eso de ponerla a prueba.
            –Como nunca la habían besado de verdad, Shin Hye pensó que estaba poniéndola a prueba para saber si sabría qué hacer cuando ese tipo la besara. Y entonces yo cometí el error de decirle que necesitaba mejorar un poco.
            –¿Y es así?
            –No, le mentí. Besa de maravilla... –Yong Hwa suspiró– Si quieres que sea sincero, fue un beso fantástico. Y ahora me he enredado en esa mentira porque quiere que la ayude a besar mejor.
            –A ver si lo entiendo: ¿tan platónica es su relación que Shin Hye cree que pueden besarse sin que pase nada?
            –No va a pasar nada –dijo Yong Hwa.
            Min Hyuk soltó un bufido.
            –Si creyeras eso no estarías aquí, pidiéndome consejo a medianoche.
            –Ella solo me ve como un amigo, su mejor amigo.
            –¿Y tú?
            Yong Hwa miró su taza de café antes de responder:
            –Eso es lo raro. Mientras la besaba, una parte de mi cerebro decía: ¿qué haces besando a Shin Hye? Pero otra parte veía a una mujer muy sensual. La verdad es que mientras la besaba se me olvidó que es mi mejor amiga.
            –Parece que estás metido en un buen lío.
            –Dímelo a mí –Yong Hwa exhaló un suspiro– Si me niego, ella pensará que estoy siendo egoísta, que no quiero que salga con el tal Jae Rim porque soy exageradamente protector. Pero si hago lo que me pide, puede que pierda el control y acabe llevando la relación a otro nivel. Un nivel que no existe entre amigos. ¿Qué sugieres que haga?
            Min Hyuk se pasó una mano por la cara, pensativo.
            –Haz lo que ella quiere –respondió por fin.
            –¿Quieres que la enseñe a besar para otro hombre?
            –Si eres listo, estarás enseñándola a besar para ti.
            Yong Hwa frunció el ceño.
            –Esto no tiene gracia.
            –No me estoy riendo.
            –¿Estás sugiriendo que, después de todos estos años, pase de ser amigo a ser amante de Shin Hye?
            –Exactamente.
            –¡Estás loco! No puedo hacer eso, es absurdo.
            Min Hyuk se encogió de hombros.
            –La has besado y, por lo que me cuentas, te ha gustado mucho.
            Yong Hwa fulminó a su primo con la mirada.
            –Me voy. He venido a pedirte consejo y no dices más que tonterías.
            –¿Crees que son tonterías?
            –Pues claro. ¿Desde cuándo somos amigos Shin Hye y yo?
            –Desde el instituto, si no recuerdo mal.
            –Recuerdas perfectamente. Y en todos esos años, ¿alguna vez has sospechado que hubiera algo más entre nosotros?
            –Sí, todos lo hemos sospechado.
            Yong Hwa lo miró, perplejo. Esa no era la respuesta que esperaba.
            –¿Y quienes son «todos»?
            Min Hyuk se encogió de hombros.
            –Toda la familia –respondió.
            –Bueno, pues espero que toda la familia esté equivocada. Shin Hye y yo solo somos amigos. La protegería con mi vida y viceversa. Nunca jamás en todos estos años he pensado en ella como algo más que una gran amiga.
            –¿Y entonces el beso de esta noche? Por lo que me cuentas, ella pensaba que estabas poniéndola a prueba, pero siento curiosidad por saber qué pensabas tú. ¿Por qué has besado a una mujer que no es más que una gran amiga? ¿Por qué la has devorado? Son tus propias palabras, no las mías.
            La tensión hacía que a Yong Hwa le doliese la cabeza.
            –Me marcho –dijo, dejando la taza de café sobre la mesa.
            –No has respondido a mi pregunta –insistió Min Hyuk–. ¿Por qué la has besado?
            –Ya te he contado lo que pasó. Estaba tocándole el pelo y, de repente, estábamos besándonos.
            –¿Y por qué le tocabas el pelo? ¿Lo haces a menudo?
            –Sí... no, déjalo, Min Hyuk, estás confundiéndome.
            –Y tú me confundes a mí. Es más de medianoche y estoy demasiado cansado como para debatir contigo, pero sé lo que tiene sentido y lo que no. Sugiero que te vayas a casa y pienses en lo que ha pasado antes de tomar una decisión.
            –¿Qué decisión?
            –Si quieres que vuelva a pasar o no. Tienes que decidir si Shin Hye va a convertirse en una experta en besos contigo o con otro hombre.
            Yong Hwa tragó saliva.
            –¿Cómo?
            –Ya sabes cómo son las mujeres. Solo te piden que hagas algo una vez y, si eres lento, buscarán a otro. Seguro que muchos de sus empleados estarían encantados de enseñarla a besar. Y puede que no se detuvieran ahí.
            La imagen que le apareció en el cerebro a Yong Hwa hizo que le hirviera la sangre.
            –Me marcho.
            –Muy bien. Buenas noches.
            –Y nunca volveré a pedirte consejo.
            Min Hyuk rio cuando oyó que cerraba de un portazo.
            –Sí, Yong Hwa, claro que volverás –murmuró.
           
***
           
            –¿Por qué estás tan contenta? Tienes una sonrisa de oreja a oreja.
            Shin Hye dejó de sonreír al ver a Min Rae.
            –No estaba sonriendo –murmuró, moviendo la llave inglesa para retirar una batería defectuosa.
            –Sí estabas sonriendo y llevas haciéndolo toda la mañana. ¿Ocurrió algo anoche, en tu cita con Yong Hwa?
            –No era una cita, solo fuimos al cine. ¿Y quién te lo ha contado?
            –Tú misma. ¿Es que no te acuerdas?
            No, no se acordaba. Pero seguramente lo habría mencionado porque era muy habitual que Yong Hwa y ella fuesen al cine o a cenar.
            –No me acuerdo, pero da igual.
            –Entonces, si no es Yong Hwa quien te pone una sonrisa en los labios, debe ser porque Jae Rim está aquí.
            –¿Está aquí? –repitió Shin Hye, preguntándose por qué no sentía nada. El pulso no se le había acelerado, el corazón le latía como siempre, la respiración no era agitada.
            –Está con Woo Duk. Y tan guapo como siempre.
            –¿Y, por qué está aquí? Le hicimos la última revisión hace poco.
            –Tiene un rasguño en el asiento. Le he oído decir que se lo había hecho una mujer con el tacón del zapato –respondió Min Rae–. Imagino que deberías salir a saludar a tu futuro novio.
            Shin Hye se limpió la grasa de las manos, esbozando una sonrisa.
            –Creo que tienes razón, voy a saludarlo.
            Un momento después, se acercaba a Woo Duk y Jae Rim. De perfil, podía ver el parecido con Yong Hwa. Los dos eran altos, guapos y elegantes, pero ahí terminaban los parecidos.
            Los dos hombres levantaron la mirada al verla.
            –Hola, señor Song. Me alegro de volver a verlo.
            –No estaría aquí si no fuera por este rasguño en el asiento –dijo él, con gesto irritado–. Woo Duk me ha asegurado que quedará como nuevo.
            –Por supuesto que sí.
            Shin Hye sabía que no estaba precisamente guapa. Llevaba su uniforme de trabajo, botas y una gorra, pero en fin... Jae Rim ni siquiera la había mirado.
            Pero decidió que eso no debía molestarla. El sábado por la noche vería lo guapa que podía estar cuando hacía un pequeño esfuerzo.
            –Bueno, si me necesita para algo, dígamelo. Nos gusta tratar bien a nuestros clientes.
            No había esperado que Jae Rim dijese nada, pero tampoco habría estado mal que le diese las gracias, por ejemplo. En lugar de eso, se volvió hacia Woo Duk y empezó a hablar del rasguño en el asiento de piel como si ella no estuviera allí.
            –Que tenga un buen día, señor Song.
            Él se limitó a asentir con la cabeza, sin mirarla. Y, al ver que no tenía el menor interés, Shin Hye volvió a su trabajo. No iba a enfadarse porque Jae Rim no mostrase interés, pero esperaba llamar su atención el sábado por la noche.
           
            ***

            Ocho horas después, completamente agotada, Shin Hye entraba en el cuarto de baño para darse una ducha. Había quedado en el centro con Tae Hee, que estaba pensando abrir una escuela de interpretación en Seul y tenía que ver un local, y luego irían a cenar.
            Había reparado un total de once coches aquel día y estaba agotada. Apenas podía mantener los ojos abiertos cuando entró en la ducha, pero en cuanto el chorro de agua le golpeó la cara se espabiló. Había estado pensando en el beso de Yong Hwa durante todo el día. No podía dejar de pensar en él y cada vez que lo hacía sentía un cosquilleo...
            No tenía experiencia, pero sabía que ningún beso podía ser mejor que el de Yong Hwa porque la había hecho temblar por dentro. Sin duda, era un experto y no quería ni pensar en la cantidad de mujeres a las que habría besado para saber tanto. Que Yong Hwa hubiera salido con tantas chicas nunca le había molestado... ¿por qué le molestaba en ese momento?
            Pero ella sabía la respuesta a esa pregunta, por eso tenía un plan. Necesitaba una distracción, aunque fuese alguien como Jae Rim. Esperaba que solo hubiera tenido un mal día y no fuese siempre tan antipático.
            Después de ducharse, abrió el armario y, por primera vez, notó que solo contenía camisetas y pantalones vaqueros. También tenía un par de pantalones de vestir, azules, marrones y negros, pero ningún vestido. Cuando debía acudir a una fiesta, una boda o un funeral, se ponía un traje de chaqueta.
            Pero Yong Hwa había sugerido que mostrase las piernas, de modo que lo mejor sería ir de compras. Y una parte de ella empezaba a emocionarse con el plan, esperando que esos cambios jugasen a su favor.
           
***
            Dong Gun asomó la cabeza en el despacho de Yong Hwa.
            –¿Sigues aquí?
            –Tengo mucho trabajo. Estoy redactando el contrato de compra venta de las instalaciones del nuevo edificio.
            –Crucemos los dedos para que todo salga bien –dijo su hermano–Me eh enterado que hay muchas empresas que quieren invertir en nuestro nuevo proyecto.
            Yong Hwa asintió con la cabeza.
            –Por eso yo sigo trabajando a estas horas, ¿pero cuál es tu excusa? Son más de las seis.
            Dong Gun sonrió.
            –He quedado con Tae Hee. Tenía que venir al centro para ver a Shin Hye...
            –¿A Shin Hye?
            –Sí –respondió su hermano, sentándose frente al escritorio–. Me ha contado algo sobre unos consejos de belleza o algo parecido.
            Yong Hwa hizo una mueca.
            –¿Puedo hacerte una pregunta?
            –Claro.
            –Si tu mejor amiga te pidiese un favor, ¿se lo harías?
            –Por supuesto, aunque no haría nada que estuviese fuera de la ley.
            –No tiene nada que ver con la ley.
            –Si no fuese algo inmoral ni le hiciese daño a nadie, claro que le haría el favor.
            –¿Y si ese favor cambiase la dinámica de tu relación con esa amiga?
            Dong Gun se quedó callado un momento.
            –En ese caso, me lo pensaría mucho.
           
            ***
            Shin Hye sonrió cuando entro en el restaurant y vio a Tae Hee sentada a una mesa. Estaba tan guapa como siempre y entendía por que Dong Gun se hubiese enamorado locamente de ella.
            –Espero que no lleves mucho rato esperando –le dijo inclinándose a modo de saludo.
            –Acabo de llegar y he pedido una copa de vino. Por tu llamada, entiendo que quieres impresionar a un hombre.
            –Eso es –Shin Hye hizo una pausa para pedirle al camarero una copa de vino–. Creo saber dónde estará ese hombre el sábado, y pienso ir allí con un aspecto totalmente diferente al que tengo en el taller. En otras palabras, quiero hacer una entrada espectacular. ¿Crees que será posible?
            –Por supuesto. Ritz, mi estilista, es fabuloso. ¿Quieres que te pida una cita con él?
            –Sí, por favor.
            –Hecho –dijo Tae Hee–. Seguramente también necesitarás manicura, pedicura...
            –Sí, por su puesto.
            –¿Y ropa?
            El camarero apareció en ese momento con su copa de vino y Shin Hye tomó un sorbo.
            –Yong Hwa dice que debo ponerme un vestido.
            Tae Hee enarcó una ceja.
            –¿Ah, sí?
            –Según él, tengo las piernas bonitas y debo enseñarlas.
            –Qué interesante –murmuró Tae Hee, mirándola por encima de su copa de vino.
            –De hecho, todo esto del cambio de imagen ha sido idea suya.
            Tae Hee esbozó una sonrisa.
            –Conozco una boutique estupenda. ¿Qué tal el viernes?
            –Muy bien.
            –Le pediré a Ji Young que venga con nosotras. Ya sabes que es una experta en moda.
            Ji Young, casada con Yoo Suk, el mayor de los primos de Yong Hwa, era la editora de una revista femenina de tirada nacional.
            –Eso sería maravilloso.
            –La llamaré para ver si está disponible. Por cierto, te recomiendo que te tomes el día libre. Cuando necesitas comprar algo puedes tirarte un día entero buscando.
            –Pensé que iríamos por la tarde, después del trabajo.
            Tae Hee negó con la cabeza.
            –No te lo aconsejo..
            ¿El día entero de compras? Shin Hye no podía ni imaginarlo.
            –Muy bien. Le pasaré mi orden de trabajo a los demás mecánicos para tener todo el día libre.
            –Estupendo.
            Shin Hye tomó otro sorbo de vino. Estaba empezando a preguntarse si comprar un vestido y hacerse un cambio de imagen era estupendo o no.
           
***
           
            Eran casi las nueve cuando Yong Hwa salió del aparcamiento de la empresa. Afortunadamente, había limpiado todos los archivos de su mesa y terminaría con los casos pendientes antes del fin de semana.
            Pero mientras tomaba la autopista que lo llevaría a la mansión de los Jung no dejaba de pensar en Shin Hye. Solía llamarla a diario, pero aquel día no la había llamado porque lo último que deseaba era que mencionase el beso de la noche anterior o su oferta de ayudarla a mejorar.
            Él conocía a Shin Hye mejor que a nadie y sabía lo inocente que era en lo que se refería a los hombres. En todos esos años, solo recordaba que le hubiese gustado uno, el capitán del equipo de beisbol, que siempre estaba rodeado de chicas y, en su opinión, era un imbécil.
            Había fingido sentir afecto por Shin Hye mientras ella le instalaba unos altavoces en el coche, pero después fue al baile de graduación con otra. Y, por si eso no fuera suficiente, presumía de haber utilizado a Shin Hye para conseguir lo que quería. Según él, no era lo bastante linda.
            El pobre chico había terminado lamentando sus palabras porque él le dio su merecido. Hasta aquel día, Yong Hwa dudaba que Shin Hye lo supiera y esperaba que la historia no se repitiese.
            Shin Hye seguía negándose a contarle nada del tal Jae Rim, y lo último que quería era tenerla llorando en sus brazos como lo había hecho en ese entonces.
            Nadie iba a tratarla mal mientras él pudiese evitarlo y, por eso, estaba decidido a descubrir dónde pensaba verlo ese fin de semana.
            Yong Hwa sacudió la cabeza. Solo Shin Hye podía pensar que enseñarla a besar era lo mismo que enseñarla a jugar a las damas. Confiaba en él y sabía que no se aprovecharía, pero no entendía a los hombres. Incluso con las mejores intenciones, un hombre no podía dejar de desear a una mujer, aunque esa mujer fuera su mejor amiga.
            La noche anterior se había enfadado con Min Hyuk porque había intentado poner ideas en su cabeza, pero cuando llegó a casa y se metió en la cama tuvo que reconocer que estaba en lo cierto. Min Hyuk solo había intentado hacerle admitir que esos pensamientos ya estaban allí. Habían nacido años antes, pero nunca habían sido regados o nutridos y, sin embargo, de repente empezaban a crecer.
            Y esa era la razón por la que no podía enseñarla a besar. Había sentido algo y, por un momento, absorto en el beso, había olvidado que se trataba de su mejor amiga. Shin Hye le hacía perder la cabeza y eso no podía ser.
            Pero, aunque no quería que volviese a pasar, tampoco podía olvidar la advertencia de Min Hyuk: si no lo hacia él, lo haría otro. Imaginar a Shin Hye besando a otro hombre hacía que se le encogiera el estómago de rabia.
            Y esa rabia fue la que le hizo que pulsara el botón del volante que conectaba el teléfono.
            –¿Sí? –respondió ella.
            Al escuchar su voz, Yong Hwa sintió un escalofrío por la espina dorsal. ¿Por qué le pasaba eso?
            –Soy yo. ¿Cómo va todo?
            –Bien –respondió ella – Hoy he reparado once coches y luego he tomado una copa con Tae Hee. Hemos estado hablando del cambio de imagen.
            Yong Hwa había oído hablar de ese encuentro con Tae Hee.
            –¿Y qué tal?
            –Bien. Tengo una cita con Ritz, su estilista, el sábado por la mañana. El viernes iré de compras con ella y con Ji Young, así que no pasaré por el taller. ¿Puedes creer que vamos a estar todo el día de compras?
            Sí, podía creerlo. Las mujeres de su familia eran muy aficionadas a ir de compras.
            –¿Y qué haces ahora?
            –Estoy leyendo el libro que me prestaste antes de irme a dormir. ¿Por qué?
            Yong Hwa tragó saliva.
            –Acabo de salir de la oficina y he pensado que podríamos empezar con las clases. ¿Te parece bien?
            –Sí, me parece bien –respondió Shin Hye.
            Pero su voz sonaba más ronca de lo habitual.
           
***
            Veinte minutos después, Shin Hye respiró profundamente al escuchar el ruido de un coche deteniéndose frente a la casa. Yong Hwa había ido a verla para seguir con las clases.
            Desde que cortó la comunicación había intentado convencerse a sí misma de que no tenía tanta importancia. Ella necesitaba aprender a besar y él estaba dispuesto a enseñarle. No sería la primera vez que le enseñaba algo. Cuando quiso aprender a hacer esquí acuático, Yong Hwa le había enseñado algunas técnicas y también la había ayudado con las clases de guitarra en el instituto.
            Shin Hye abrió la puerta y lo vio subiendo los escalones con una sonrisa en los labios.
            –Estás muy guapa, Shin Hye.
            Aún llevaba el pantalón marrón y la blusa beis que se había puesto para ver a Tae Hee.
            El brillo de sus ojos era nuevo para ella.
            –Hola –empezó a decir, intentando controlar la lujuria que la consumía –Tú también estás muy guapo.
            Yong Hwa cerró la puerta y se acercó, con un gesto tan cargado de virilidad que se le doblaron las rodillas. Y cuando se detuvo a unos centímetros de ella, Shin Hye se dio cuenta de que se sentía atraída por él. Como nunca. Era alto y guapo, con un cuerpo proporcionado que excitaría a cualquier mujer. Sus anchos hombros se marcaban bajo la chaqueta, los vaqueros cubrían unos muslos poderosos y firmes.
            Le tomó la cara entre las manos y susurró:
            –¿Te he dicho últimamente lo guapa que eres?
            Shin Hye intentó recordar que estaban actuando.
            –No, últimamente no.
            –Un error por mi parte –dijo él, con voz ronca–. Uno que hay que corregir inmediatamente.
            Y luego inclinó la cabeza para rozar sus labios.
            Pero no la besó inmediatamente, como el día anterior. En lugar de eso, se quedó sobre su boca, como permitiéndole absorber el calor de su aliento. Luego se inclinó un poco más y la beso.
            Por instinto, Shin Hye abrió los labios y lo recibió con ardiente deseo. Cuando cerró los ojos, las sensaciones se volvieron casi insoportables.
            Yong Hwa se había apoderado de sus labios haciéndola cautiva, cada roce más excitante que el anterior, aunque no sabía cómo era posible. ¿Cómo un beso de prueba podía ser tan excitante?
            Entonces Yong Hwa bajó las manos y dio un paso atrás, jadeando como ella para recuperar el aliento. Shin Hye no podía dejar de preguntarse cómo podía hacer tan bien su papel.
            –Bueno... –empezó a decir, cuando encontró su voz–. ¿Qué tal lo he hecho?
            El brillo de aprobación en sus ojos la animó.
            –Muy bien –le confirmó Yong Hwa.
            Claro que ese brillo era parte del juego. La persona a la que acababa de besar era su mejor amigo y el beso no había sido real, solo una lección. ¡Pero qué lección!
            –Ven, vamos a sentarnos en el sofá para hablar un rato.
            –¿Hablar?
            –Tenemos que cubrir todos los aspectos de ese beso en detalle.
            Shin Hye tragó saliva.
            Una vez en el sofá, Yong Hwa le apretó la mano. El beso, que debería ser una lección, había hecho que viera el poder que tenía Shin Hye sobre él... y lo fácil que sería para un hombre aprovecharse de ella.
            Su reacción al beso había sido instintiva, la reacción que hubiera tenido con cualquier mujer. Pero era Shin Hye y, supuestamente, debía mantenerse alejado, distante, indiferente.
            Sin embargo no era así, todo lo contrario.
            –¿Y bien?
            –Lo que quería era crear el ambiente. Deberías haberlo notado en cuanto llegué.
            Shin Hye asintió con la cabeza.
            –Lo he notado. He visto un brillo en tus ojos y enseguida me he dado cuenta de que estabas interpretando.
            Yong Hwa se preguntó qué pensaría si supiera que no era así. Al verla, su reacción había sido puramente sensual y definitivamente real.
            –Para empezar, te he hecho un cumplido con intención de engatusarte y para darte una pista de mis intenciones. Pero cuando he tomado tu cara entre las manos no deberías haber tenido duda alguna.
            –No, claro que no.
            –Muy bien. Este beso podría clasificarse como un «me gustas». Un beso entre dos personas que quieren conocerse mejor, ni demasiado ligero ni demasiado apasionado.
            –¿Tú crees que ese es el tipo de beso que me dará Jae Rim?
            Yong Hwa dio un respingo al escuchar ese nombre.
            –Si es listo, imagino que sí –murmuró, haciendo un esfuerzo–. Pero si intenta apresurar las cosas, te dará un beso que dice «te deseo». Y esos pueden ser peligrosos.
            –¿En qué sentido?
            –La intención de esos besos es que la mujer pierda la cabeza porque el hombre solo quiere una cosa: llevarte a su cama.
            –Ah –murmuró Shin Hye–. ¿Y qué hago si me da ese beso?
            –Cortarlo inmediatamente –respondió Yong Hwa, con más fuerza de la necesaria–. Una mujer puede interrumpir un beso cuando quiera, especialmente si le parece agresivo o es algo más de lo que ella desea.
            –Ah, muy bien. Vamos a probar.
            Él enarcó una ceja.
            –¿Perdona?
            –Vamos a probar uno de esos. Tengo que saber la diferencia entre uno y otro.
            –Te aseguro que notarás la diferencia.
            –Quiero estar segura del todo.
            –No creo que sea buena idea.
            –¿Por qué? Sé que soy la última mujer con la que querrías acostarte, pero necesito que finjas que es así para notar la diferencia. Quiero gustarle a Jae Rim, pero no estoy dispuesta a acostarme con él.
            Yong Hwa se alegraba infinito.
            –No quiero que me pille desprevenida. ¿Y si se lo devuelvo sin saber qué clase de beso es? Jae Rim pensaría que estoy intentando calentarle para nada.
            A Yong Hwa le importaba un bledo lo que pensara el tal Jae Rim, y tuvo que morderse la lengua para no decirlo. Shin Hye quería impresionar a un hombre que tal vez no la merecía.
            Shin Hye no conocía el poder de un beso así y mucho menos dónde podía llevar. Tal vez debería enseñárselo, pensó.
            –Muy bien, pero solo porque tú me lo pides –Yong Hwa se levantó para quitarse la chaqueta y dejarla en el respaldo del sofá–. Recuerda que puedes apartarte en el momento que desees hacerlo –añadió, volviendo a sentarse a su lado.
            –¿Y si me aparto y él sigue besándome?
            –Entonces, le das una bofetada.
            Shin Hye sonrió.
            –Muy bien.
            Él le devolvió la sonrisa, sabiendo que no dudaría en hacerlo.
            –Bueno, vamos a empezar. Prepárate porque es un beso muy intenso. Estás advertida.
            –De acuerdo.
            Yong Hwa se inclinó hacia delante. Olía tan bien... y lo supiera o no, exudaba feminidad.
            –¿Yong Hwa?
            Solo entonces se dio cuenta de que estaba mirándola como un bobo.
            –¿Sí?
            –¿Ocurre algo?
            Podría sincerarse y decirle que sí, que ocurría algo, pero no sabía qué. También podría decirle que no quería que se acercase al tal Jae Rim, pero si ella le preguntaba por qué, no sabría qué decir.
            –No, no pasa nada. Estoy intentando entender por qué una mujer tan guapa como tú no tiene cientos de hombres llamando a su puerta a todas horas –Yong Hwa le quitó la cinta del pelo y le enredó los dedos en los sedosos mechones.
            –¿Otra vez estás actuando?
            –Sí.
            –Entonces, supongo que también yo debería actuar –Shin Hye acaricio los labios de él– Me gustan tus labios.
            –Ya veo –murmuró él, intentando disimular un escalofrío–Como a mí me gusta tu pelo.
            –¿Ah, sí?
            –Sabes que sí. Y una mujer que sabe arreglar un carburador y no necesita que un hombre le cambie un neumático tiene que ser dinamita en otros aspectos de la vida.
            –Me gusta esa teoría tuya.
            –Y a mí me gustas tú –Yong Hwa sabía que el deseo que había entre los dos no era fingido, era real. De repente, la tomó por la cintura para sentarla en sus rodillas y Shin Hye dejó escapar un gemido de sorpresa–. Aquí es donde te quiero por el momento. ¿Tienes alguna objeción?
            Ella lo miró durante un segundo antes de responder:
            –No, ninguna.
            En realidad, se preguntaba si debería tener algún problema. Yong Hwa no sabía lo que sentía por él o cómo luchaba contra sus sentimientos. No sabía que su rostro invadía sus sueños, que fantaseaba con sus labios. No sabía cuánto deseaba besarlo. Pero aquel juego era tan divertido... podía dejarse ir, disfrutar de la atracción que sentía por él sin decirle la verdad.
            –¿Shin Hye?
            ¿Los ojos de Yong Hwa se habían oscurecido o era su imaginación? Debía ser su imaginación.
            –¿Sí?
            –No tenemos por qué hacerlo.
            –Quiero hacerlo. Necesito hacerlo.
            –¿Ese tipo significa tanto para ti?
            Shin Hye estuvo a punto de decir que no.
            –No lo sé. Lo único que sé es que quiero que se fije en mí. Quiero que me vea como una mujer, no como el mecánico que le arregla el coche.
            –Bueno, pues me enfadaré mucho si descubro que no te aprecia por lo maravillosa que eres. Y no lo digo como tu mejor amigo, lo digo como un hombre que ha salido con muchas mujeres y sabe cuándo ha encontrado una joya.
            Esas palabras la emocionaron tanto que los ojos se le llenaron de lágrimas. ¿Por qué tenía que decirle esas cosas tan bonitas?
            –Gracias –dijo por fin, cuando pudo hablar.
            –No me des las gracias. No era un simple cumplido, lo digo en serio.
            Shin Hye se mordió los labios para evitar que le temblasen, como le temblaba el corazón. Yong Hwa hacía tan bien su papel que el anhelo de ser algo más que amigos era abrumador. Desgraciadamente, eso no iba a pasar. Pero, durante unos minutos, mientras la educaba en el fino arte de los besos, podía creer que así era.
            –Bésame, Yong Hwa.
            –Pedirle a un hombre que te bese es muy peligroso. Pensará que ya ha ganado la mitad de la batalla.
            En ese momento a Shin Hye le daba igual y, para demostrar que así era, le echó los brazos al cuello y le ofreció su boca con descarada invitación.
            Él se apoderó de sus labios, enredando los brazos en su cintura y besándola con una pasión que hacía que le diese vueltas la cabeza. Era un beso diferente a los otros, intenso y abrumador.
            El propósito de ese beso era hacer que una mujer estuviera dispuesta a ir al dormitorio, pero no con Jae Rim. Dudaba que pudiera besarlo así. De hecho, si Jae Rim la besaba así saldría corriendo porque estaría pensando en otro hombre. Imaginaría a Yong Hwa, el hombre que usaba los labios y la lengua para hacerla temblar de arriba abajo.
            No sabía quién se había movido primero, pero de repente estaba tumbada en el sofá, con Yong Hwa encima de ella.
            El beso era tan apasionado; una caricia fiera, ardiente, que la dejaba sin aliento. Shin Hye dejó escapar un gemido al notar el aire frío en la piel. Yong Hwa le había desabrochado la blusa y la acariciaba por encima del sujetador...
            Pero entonces le sonó el móvil y Yong Hwa se apartó como si se hubiera quemado. Con las prisas, estuvo a punto de caer del sofá.
            Shin Hye se incorporó y, después de abrocharse la blusa, tomó el móvil de la mesa. Era su prima de Detroit y decidió dejar que saltara el buzón de voz.
            –¿Por qué no me has parado? –le preguntó Yong Hwa.
            Ella se encogió de hombros.
            –Porque me gustaba.
            Él la miró en silencio durante unos segundos antes de tomar la chaqueta del respaldo del sofá.
            –No creo que estas lecciones sean buena idea. Te llamaré mañana.

            Cuando Shin Hye se levantó, Yong Hwa ya estaba cerrando de un portazo.


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1 comentario:

  1. oww....cada capitulo se pone mas interesante!!!! *-* ................
    Unnie actuliza pronto pliss

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