jueves, 6 de noviembre de 2014

PLAN IMPERFECTO - CAPITULO 5

            
            Al día siguiente, Yong Hwa paseaba por su despacho de muy mal humor. Se alegraba de que Dong Gun no hubiese convocado ninguna reunión aquel día y de que, en general, lo hubiesen dejado en paz.
            No había llamado a Shin Hye y no pensaba hacerlo hasta que estuviese un poco más calmado. El beso de la noche anterior lo había afectado, había hecho que deseara a Shin Hye como nunca había deseado a otra mujer. Por eso estaba tan enfadado consigo mismo. Shin Hye confiaba en él y la noche anterior había traicionado esa confianza.
            De hecho, había estado a punto de desnudarla.
            Yong Hwa dejó escapar un suspiro cuando le sonó el móvil y reconoció el tono de Shin Hye. Pero aún no estaba preparado para hablar con ella. Necesitaba tiempo. Para Shin Hye solo había sido una lección, pero para él había sido mucho más.
            ¿Qué iba a hacer al respecto?
           
***
           
            Cuando despertó el viernes por la mañana y comprobó que no tenía ningún mensaje de Yong Hwa, Shin Hye supo que estaba evitándola. Siempre la llamaba a la primera oportunidad, por mucho trabajo que tuviese, pero seguía sin saber nada de él, y esa era una mala señal.
            Había quedado con Tae Hee y Ji Young a las diez, de modo que tenía tiempo para tomar un café. Con un poco de suerte, cuando se viera con ellas ya estaría un poco más calmada.
            Intentando no pensar que estaba perdiendo a su mejor amigo, Shin Hye se metió en la ducha.
            Durante las últimas treinta y seis horas había recordado una y otra vez cada detalle de lo que ocurrió. Yong Hwa la había preparado para aquel beso... bueno, más o menos. Dudaba que ninguna mujer estuviese preparada para algo así. A ella la había dejado sin aliento.
            Lo que no podía entender era la actitud de Yong Hwa. ¿Se habría involucrado en el beso más de lo que quería? ¿Lo habría disfrutado demasiado? ¿O tal vez ella no había seguido el guion previsto? ¿No había interrumpido el beso cuando debería? ¿Había hecho mal al pedirle ayuda para algo tan íntimo?
            Unas horas después, se reunió con Tae Hee y Ji Young en la puerta de unos grandes almacenes. Incluso a las diez de la mañana las dos estaban radiantes. Le gustaría tener ese aspecto algún día y quería que la aconsejasen. Celebraría sus veintiocho cumpleaños en un par de meses y ya era hora de hacer algunos cambios.
           
***
           
            Yong Hwa levantó la mirada al escuchar un golpecito en la puerta de su despacho.
            –Pasa.
            Al ver a Min Hyuk, se echó hacia atrás en el sillón, sorprendido.
            –¿Qué sorpresa?
            –He venido para ver a un cliente. –Respondió su primo–. Y como está cerca de aqui, he pensado pasar a visitarte.
            –¿Por qué? –preguntó Yong Hwa.
            –Porque la última vez que te vi parecías más bien frustrado.
            Frustrado era decir poco. Yong Hwa admitía estar abrumado por los acontecimientos. Sin duda, Shin Hye estaría preguntándose por qué no le había devuelto la llamada cuando nunca lo había hecho antes.
            –La situación ha empeorado –respondió, después de aclararse la garganta.
            Min Hyuk se irguió en la silla con expresión preocupada.
            –¿Por qué?
            –Decidí enseñarla a besar, como tú sugeriste, pero estuve a punto de perder el control. Tenías razón, cuando estaba besándola no la veía como a mi mejor amiga sino como a una amante.
            –¿Y sigues teniendo un problema con eso? Muchos amigos se convierten en amantes, las relaciones cambian. Tus sentimientos por ella han debido ir cambiando poco a poco sin que te dieras cuenta.
            Yong Hwa frunció el ceño.
            –Pero tú sabes cómo soy en lo que se refiere a las mujeres. Una relación duradera es algo que jamás ha pasado por mi cabeza y no podría tratar a Shin Hye de ese modo.
            –No, no podrías y no lo harás –asintió Min Hyuk–. Shin Hye significa demasiado para ti, pero eso crea otro problema.
            –¿Cuál?
            –¿Cuándo vas a admitir que estás enamorándote de ella?
            Yong Hwa lo miró, perplejo. Y luego indignado.
            –¿De qué estás hablando? No estoy enamorándome de Shin Hye.
            –¿Seguro? Yo estuve a punto de perder a Ji Min porque me negaba a reconocer que sentía algo por ella. Creo que también tú te has enamorado de Shin Hye, y estarás cometiendo un error si no se lo dices antes de que sea demasiado tarde.
            Yong Hwa se levantó y empezó a pasear por el despacho, pensando en todo lo que había ocurrido desde que estuvieron en la cabaña. No tenía que pensar mucho para recordar sus ansiedades y sus miedos al saber que estaba interesada en otro hombre. ¿Podría albergar sentimientos por Shin Hye que no tenían nada que ver con la amistad y que tal vez llevaban años enterrados?
            –Ya es demasiado tarde. A Shin Hye le gusta otro hombre, ese tal Jae Rim.
            –Le gusta otro, pero eso no significa nada. Tú mismo me has dicho que apenas lo conoce.
            –¿Qué puedo hacer?
            –Depende de ti. Si sientes algo por Shin Hye, debes decidir qué vas a hacer al respecto. Si quieres perderla es asunto tuyo, pero yo que tú no renunciaría a la mujer de mi vida sin luchar.
            –Shin Hye no es la mujer de mi vida –protestó Yong Hwa–. Además, para ella solo soy su amigo.
            Min Hyuk se levantó.
            –Yo que tú se lo pondría difícil al tal Jae Rim. Y empezaría por hacerle saber a Shin Hye lo que siento. Puede que te lleves una sorpresa, tal vez ella sienta lo mismo que tú. Yo llevo años diciendo que su amistad es un poco extraña...
            –¿Qué quieres decir?
            –Amigos o no, están tan unidos como una pareja. Son inseparables.
            Yong Hwa dejó escapar un suspiro.
            –Me lo pensaré.
            Min Hyuk sonrió mientras se dirigía a la puerta.
            –Me alegro. Es hora de que pienses como un Jung.
           
***
           
            Shin Hye miró los vestidos que habían elegido Tae Hee y Ji Young. Estaba convencida de que se había probado más de cien y aún no eran las dos de la tarde.
            –¿Cuál te gusta más? –le preguntó Da Yeon, la prima de Yong Hwa, que se había unido a la excursión cuando pararon para comer.
            Ya había comprado seis vestidos, aparte del que pensaba ponerse el sábado, porque según ellas debía renovar su vestuario para las próximas citas con Jae Rim. Aunque Shin Hye no sabría si habría otras citas.
            –Me gustan el amarillo y el estampado.
            Da Yeon sonrió.
            –Buena elección, también eran mis favoritos.
            En realidad, le gustaban todos los vestidos que había comprado y debía reconocer que le quedaban muy bien.
            –Ahora tienes vestidos, pero necesitas ropa interior –dijo Tae Hee.
            Ji Young, que estaba hablando por el móvil, lo guardó en el bolso con una sonrisa.
            –Los chicos van a hacer de niñeros para que podamos cenar todas juntas esta noche. Se unirán más tarde Bae Su Ji, Da Hae y So Min.
            A Shin Hye le pareció una idea estupenda. Como Yong Hwa y ella eran tan amigos, la familia Jung era casi como la suya propia.
            –¿Prefieres tanga o braguita normal? –le preguntó Tae Hee media hora después, en la lencería.
            –Prefiero la braguita.
            –Pues no, mañana por la noche no –dijo Ji Young, mostrándole un tanga–. Esto es lo que vas a ponerte.
            Shin Hye miró aquella cosa diminuta y enarcó una ceja.
            –¿En serio?
            –No querrás que la braga se te marque bajo el vestido, ¿no? –le preguntó Da Yeon.
            –No, no –murmuró Shin Hye, que jamás se había preocupado por esas cosas.
            –Mañana iremos a tu casa para ayudarte –anunció Ji Young.
            –¿De verdad?
            –Por supuesto. Queremos que dejes a ese tipo sin aire.
            Shin Hye sacó el móvil del bolso para comprobar si tenía alguna llamada perdida y tuvo que disimular su desilusión al ver que no era así. Yong Hwa seguía sin llamarla.
            –¿Tienes alguna idea para el pelo? –la pregunta de Ji Young interrumpió sus pensamientos.
            –No, ninguna.
            –¿Piensas cortártelo?
            –No, a Yong Hwa le gusta largo.
            –¿Yong Hwa? –repitió Da Yeon, con el ceño fruncido–. ¿Qué más da lo que le guste a Yong Hwa? No es a él a quien tienes que impresionar.
           
***
           
            «Piensa como un Jung».
            Las palabras de Min Hyuk se repetían en la cabeza de Yong Hwa mientras ordenaba su despacho. Él estaba acostumbrado a conquistar a las mujeres, ¿pero cómo iba a conquistar a Shin Hye, que lo conocía mejor que nadie?
            En ese momento le sonó el móvil y cuando miró la pantalla vio que era Dong Gun.
            –Dime.
            –Hay un cambio de planes para esta noche.
            Los Jung tenían por costumbre reunirse para cenar juntos los viernes.
            –¿Cuál es el cambio?
            –Vamos a cocinar nosotros porque las chicas han decidido cenar juntas.
            –Ah.
            –Le estoy pidiendo a todos que traigan su especialidad, pero como tú no tienes ninguna puedes pasarte por una pastelería y comprar el postre.
            –Muy bien.
            –Los niños van a cenar con nosotros, así que no compres tarta con sabor a café.
            Yong Hwa esbozó una sonrisa.
            –De acuerdo.
            Después de cortar la comunicación, seguía dándole vueltas a la cabeza...
            «Piensa como un Jung».
            Unos minutos después, sonriendo, Yong Hwa sacó el móvil del bolsillo y marcó un número.
            –Taller Golden Park, soy Min Rae. ¿En qué puedo ayudarlo?
            –Hola linda, soy Yong Hwa. Y puedes ayudarme dándome cierta información.
           
***      

            Shin Hye salió del dormitorio y fue recibida con una exclamación colectiva.
            –¡Estás guapísima!
            –¡Sensacional!
            –¡Ni siquiera pareces la misma persona!
            –Gracias. La verdad es que me siento como otra mujer –murmuró ella, mirándose al espejo–. Y quiero darles las gracias a todas por su ayuda. No solo por ir de compras conmigo ayer y estar conmigo mientras que Ritz me peinaba sino por venir hoy para darme confianza.
            No había necesidad de decirles que la otra persona que podía darle confianza era su mejor amigo, Yong Hwa. Pero Yong Hwa no estaba allí y no sabía nada de él. Estaba claro que las cosas habían cambiado entre ellos y eso la enfurecía. Al fin y al cabo, el cambio de imagen había sido idea suya. ¡Y él le había dado el primer beso! ¿Era un error por su parte querer mejorar?
            –He buscado a Song Jae Rim en Internet –empezó a decir So Min– Es guapo, pero parece un poco estirado. ¿Seguro que va al Punch Bowl? Ese solía ser el bar de Sung Hoon y Dong Wook. Iban tanto que llegamos a pensar que habían comprado el sitio.
            –Sería mala suerte que precisamente esta noche Jae Rim no apareciese por allí –dijo Shin Hye.
            –Si es así, él se lo pierde –afirmó Tae Hee–Pero tengo la sensación de que esta va a ser tu noche de suerte.
            Shin Hye respiró profundamente. Eso esperaba.
            –Y me alegro mucho de que no te hayas cortado el pelo –intervino Ji Young–. No sabes lo guapa que estás.
            Al menos por esa noche se sentiría guapa, pensó ella, mirando el reloj.
            –Bueno, es hora de irme. Gracias a ustedes me siento especial.
            –Es que eres especial –dijo Da Yeon–. Antes de que te marches, quiero hacer unas fotografías. Estoy deseando enseñárselas a Jin Wook.
           
***
           
            –Gracias por dejarme actuar esta noche, SamHoo.
            El viejo profesor, que había preparado a la madre de Yong Hwa para su primer recital, levantó la mirada del piano.
            –De nada. De vez en cuando puedo convencer a Dong Wook para que se siente ante el piano, y cuando lo hace el público se vuelve loco. Tu madre quería que todos tuvieran buen oído para la música y lo consiguió.
            Yong Hwa asintió con la cabeza. Era cierto, todos los Jung sabian tocar una variedad de instrumentos musicales. Tras la muerte de sus padres, Dong Gun había insistido en que siguieran tomando clases con SamHoo.
            –Pero tu hermano prefería quedarse entre el público, rodeado de chicas guapas –bromeó SamHoo–. Me resulta difícil creer que ese donjuán vaya a casarse a finales de este mes.
            –A ti y a todos –dijo Yong Hwa, riendo–. Pero cuando conozcas a Da Hae lo entenderás.
            El viejo profesor miró su reloj.
            –El espectáculo empieza a las ocho, pero si quieres puedes tomar una copa.
            –Gracias, pero prefiero quedarme aquí –Yong Hwa decidió no contarle que desde allí podía ver la sala sin que los clientes lo viesen a él–. Tengo entendido que un tal Song Jae Rim viene por aquí a menudo. ¿Sabes si ha venido esta noche?
            SamHoo miró a través del cristal.
            –Sí, ahí está. ¿Lo conoces?
            –No, nunca lo he visto en persona.
            –En realidad, viene casi todos los días. Tiene mucho dinero y le gusta impresionar a las mujeres. Bueno, a algunas no las impresiona y entonces se enfada. Parece creer que todas deben caen rendidas a sus pies... –SamHoo sacudió la cabeza– La verdad es que ese tipo no me gusta nada. Hace unos meses forcejeo con una mujer. No ocurrió aquí porque si así fuera lo hubiese echado a patadas, pero dicen que el padre de Song Jae Rim le dio dinero a la chica para que no lo demandase, ya que estaba a punto de crear un escándalo.
            –¿Su padre?
            –Proviene de una familia adinerada, por eso conduce ese deportivo y lleva ropa cara. Solo trabaja porque su padre le cerró el grifo hace un par de años, aunque dicen que su madre también le manda dinero. He oído que tuvo que salir huyendo de Busan por un escándalo con una mujer casada cuyo marido amenazó con destruirlo –SamHoo enarcó una ceja–. ¿Quieres saber alguna cosa más?
            Yong Hwa había oído más que suficiente. Y no pensaba dejar que Shin Hye saliese con aquel canalla.
            –No lo he visto nunca. ¿Quién es?
            SamHoo lo señaló con el dedo.
            –El de la chaqueta y el pantalón azul. Parece recién salido de las páginas de una revista de moda.
            Yong Hwa estudió las facciones del hombre, que estaba con un grupo de personas frente a la barra, y decidió que no le gustaba. SamHoo tenía razón: Jae Rim parecía el típico niño  que se creía con derecho a todo.
            Estaba a punto de decirlo cuando notó que Jae Rim y sus amigos miraban hacia la puerta del bar y abrió los ojos como platos al ver a Shin Hye...
            Pero una Shin Hye increíblemente sexy.
            Llevaba el pelo suelto, en capas, enmarcando un rostro maquillado de pestaña larguísimas, mejillas sonrosadas y labios de un rojo rubí.
            Y llevaba el vestido más sexy que Yong Hwa había visto nunca, por encima de las rodillas, dejando al descubierto sus preciosas piernas, que parecían más largas con unos tacones de aguja. Y el escote... el escote sujetaba unos pechos firmes que él no debía mirar.
            –Qué chica tan guapa –comentó SamHoo– Espero que sepa lo que hace viniendo aquí sola. Los lobos han salido de caza esta noche.
            Todos los hombres tenían los ojos clavados en ella. Yong Hwa sintió que le hervía la sangre.
            Vio que Shin Hye sonreía a Jae Rim, pero él la conocía mejor que nadie y se dio cuenta de que le temblaban un poco los labios. No estaba tan segura de sí misma como quería aparentar.
            –Si necesitas practicar, esta sala está insonorizada –dijo SamHoo.
            –No necesito practicar –murmuró Yong Hwa, sin apartar los ojos de Shin Hye–. Estaré listo para hacer lo que tengo que hacer cuando llegue el momento.
            Lo que SamHoo no sabía era que esa respuesta tenía doble sentido.
           
***      

            Mientras la camarera la acompañaba a una mesa libre, Shin Hye intentó llevar oxígeno a sus pulmones. Había visto a Jae Rim en la barra, pero él no parecía reconocerla.
            –El espectáculo empieza en media hora –le dijo la camarera–. ¿Quiere tomar algo?
            –Sí, por favor, una copa de vino blanco.
            –Muy bien. Vuelvo enseguida.
            Mientras esperaba que volviese, Shin Hye tuvo que hacer un esfuerzo para no mirar hacia la barra. No quería dar la impresión de estar buscando compañía, aparte de la de Jae Rim, claro. ¿Y si se acercaba otro hombre antes que él? Tendría que decirle que no estaba interesada. Pero si Jae Rim se acercaba después y ella lo recibía con una sonrisa, ¿no dejaría claro que estaba allí por él?
            –Puede pensar que es una frase muy usada, pero tengo la sensación de haberla visto antes –escuchó una voz a su lado.
            Era Jae Rim, que la miraba con un brillo de interés en los ojos. Shin Hye contuvo un suspiro de alivio.
            –Claro que nos conocemos, Sr. Song.
            –Es imposible que hayamos hablado y no te recuerde, por favor llamame Jae Rim.
            –Nos conocimos en mi taller.
            –¿Tu taller? –repitió él–. ¿Qué tipo de taller tienes?
            –Mi nombre es Park Shin Hye, del taller Golden Park. Bueno, tal vez me recuerdes como Shin Hye.
            Con un brillo de sorpresa en los ojos, Jae Rim tomó su mano para mirarle las uñas. ¿Qué esperaba encontrar, grasa?
            –¿Qué haces?
            –Nada, es que no puedo creer que seas la misma mujer que...
            –¿La misma que repara tu coche? ¿La que lleva uniforme de trabajo?
            –No estás nada mal sin ese traje. Jamás lo hubiera imaginado.
            Shin Hye empezaba a sentirse molesta, pero intentó disimular. Tenía que recordar su propósito, aunque empezaba a parecerle imposible que aquel hombre la hiciese olvidar a Yong Hwa.
            –Su copa de vino –dijo la camarera, dejándola sobre la mesa.
            –Gracias.
            –¿Has quedado con alguien? –le preguntó Jae Rim.
            –No, he venido sola.
            –Yo también estoy solo –dijo él– ¿Te importa si me siento contigo?
            Shin Hye hizo un esfuerzo por sonreír.
            –No, no me importa.
           
***
            Estaba tan concentrado en Shin Hye y Jae Rim que se había olvidado de todo lo demás. Jae Rim había pedido otra copa de vino, seguramente con intención de emborracharla. Yong Hwa sonrió. Si ese era su plan, ya podía inventar otra estratagema porque Shin Hye no caería tan rápido.
            –Es mi turno, tengo que subir al escenario –dijo SamHoo.
            –Muy bien. Y gracias otra vez.
            –Imaginaba que había alguna razón para que quisieras subir al escenario esta noche –el profesor miró hacia la mesa de Shin Hye y Jae Rim– Y ahora lo sé.
            Yong Hwa tragó saliva.
            –¿Ah, sí?
            –Cuando un hombre ama a una mujer no puede esconder sus sentimientos.
            –No es eso. Shin Hye y yo solo somos amigos.
            –Ah, ya –murmuró SamHoo, claramente escéptico.
            –Lo que no entiendo es por qué mejor no cantas en vez de solo tocar el piano. Tú eres bastante bueno y lo sabes.
            –Estaba pensando en hacerlo pero no se qué canción cantar, solo tengo una en mente y creo que no es adecuada para la ocasión.  
Si canto esa, la confundiría al igual como lo estoy yo en este momento, pensó.
          –¿Y que canción es esa?
          – Lucky – Lo soltó.
SamHoo le sonrió y le dio una palmada en su hombro. ¿Lo vería SamHoo como lo veía Min Hyuk? ¿Acaso estaba siendo demasiado obvio?.


            Cuando el profesor desapareció, Yong Hwa apoyó la espalda en la pared, recordando su conversación con Min Rae el día anterior, en la que, de buen grado, le había dado la información que necesitaba para poner su plan en acción.
            Iba a darle a Shin Hye la sorpresa de su vida porque, aunque no cantara o le dedicara una canción de amor,  él era la última persona que esperaba ver allí esa noche.
            Las luces de la sala empezaron a apagarse y vio que Jae Rim, que había estado de espaldas al escenario, se sentaba al lado de Shin Hye. Demasiado cerca para su gusto.
           
***      

            –Vamos, tú sabes que quieres irte conmigo, ¿a qué esperas?
            Shin Hye tomó otro sorbo de vino, preguntándose qué habría tomado el imbécil que estaba sentado a su lado. Tenía que estar loco si creía que quería irse con él. En los últimos veinte minutos, Shin Hye se había dado cuenta del error que había cometido. Jae Rim no merecía el corazón de ninguna mujer. Solo pensaba en sexo, sexo y más sexo.
            Había perdido la cuenta de las veces que había dicho que quería acostarse con ella... donde fuera, incluso en el hotel más cercano.
            –Ah, qué bien, el espectáculo está a punto de empezar.
            –Ven conmigo y tendremos nuestro propio espectáculo en tu casa. O en la mía.
            Shin Hye apretó los labios. Jae Rim empezaba a sacarla de sus casillas. Pensaba que había ido allí para eso, pero se equivocaba. Se creía un regalo para las mujeres, pero también se equivocaba. No podía creer que un hombre pudiera ser tan estúpido.
            Lo más triste era que la persona a la que Jae Rim debía reemplazar en su corazón ya no era su amigo. Aparentemente, su obsesión por atraer a Jae Rim había alejado a Yong Hwa de su vida.
            Jae Rim era una total desilusión. El cambio de imagen, las compras para transformarse en una mujer que llamaba la atención de los hombres, por las razones equivocadas, como había dicho Yong Hwa, no había merecido la pena.
            Se alegró cuando la música empezó  porque, con un poco de suerte, Jae Rim cerraría la boca de una vez. Además, le habían dicho que SamHoo era un músico fabuloso y era cierto, pensó unos minutos después.
            –Es bueno, ¿verdad? –le murmuró Song Jae Rim al oído–. Tan bueno como podríamos serlo tú y yo en la cama.
            Shin Hye se mordió los labios, a punto de decirle que se fuera. Pero no se molestó porque pensaba irse en el entreacto.
            Yong Hwa estaba tras el cristal, mirando a Shin Hye. No sabía lo que había hecho Jae Rim, pero incluso en la penumbra vio por su expresión que el tipo la sacaba de quicio. Eso era bueno para él, pero no tan bueno para Shin Hye, que se había esforzado tanto para impresionarlo. En fin, la pieza que pensaba tocar para ella sería más apropiada que nunca.
            Alguien se asomó por la puerta.
            –Tu turno, Yong Hwa. SamHoo está encantado de que uno de sus protegidos vaya al escenario con él.
            Él esbozó una sonrisa.
            –Yo sí que estoy encantado.
            Un momento después se dirigía al escenario.
           
***
           
            –Me marcho, Jae Rim –dijo Shin Hye.
            –Muy bien, me voy contigo.
            Ella frunció el ceño. Por lo visto, no le había dejado claro que no quería saber nada de él y era el momento de hacerlo. Pero antes de que pudiese abrir la boca, SamHoo terminó de tocar y empezó a hablar por el micrófono:
            –Es un placer para mí presentar a un antiguo alumno mío... y un alumno aventajado, además. Pido un aplauso para Jung Yong Hwa.
            Shin Hye miró el escenario, perpleja. ¿Yong Hwa?
            Lo vio subir al escenario y sentarse ante el piano, sonriendo al público. No podía creerlo. ¿Qué estaba haciendo allí?
            –Quiero dedicarle esta pieza a una chica muy especial que se encuentra entre el público, Park Shin Hye –dijo Yong Hwa, inclinándose hacia el micrófono– Es un fragmento de una sonata que habla sobre la auténtica belleza, la que no se ve.
            Por segunda vez en cinco minutos, Shin Hye se quedó sin aire.
            –Ese tipo acaba de mencionarte –dijo Jae Rim, claramente molesto–¿Lo conoces?
            –Sí, lo conozco. Es mi mejor amigo.
            –Tu mejor amigo –repitió él, haciendo un gesto de desdén– Los hombres y las mujeres no pueden ser amigos.
            Siguió hablando, pero ella no escuchó una sola palabra, tenía los ojos clavados en el escenario. Acompañado por SamHoo con el Violín, Yong Hwa empezó a tocar el piano... poniendo su corazón en cada nota.
            Song Jae Rim le tomó la mano entonces.
            –Ven, vámonos. Si ese tipo es tu mejor amigo, como dices, puedes oírlo tocar en otra ocasión.
            Shin Hye soltó su mano sin dejar de mirar el escenario, como hipnotizada. Saber que Yong Hwa había elegido esa canción para ella especialmente hacía que se le encogiera el corazón. De alguna forma, había sabido que estaría allí esa noche, y también que su encuentro con Jae Rim no iría como ella esperaba. Y estaba allí, animándola.
            Yong Hwa la miraba a los ojos desde el escenario, como si estuviera diciendo que, pasara lo que pasara, su amistad podía con todo. Incluso con los Jae Rim de este mundo.
            Cuando terminó de tocar, recibió una gran ovación. Shin Hye se puso de pie, le temblaban las rodillas, y aplaudió hasta que le dolieron las manos. Yong Hwa le hizo un guiño y ella soltó una carcajada. Tenían muchas cosas que contarse, pero por el momento se sentía feliz de haber recuperado a su amigo.
            –¿Ya podemos irnos? –le preguntó Jae Rim, irritado. Estaba de pie, tirando de su brazo, pero Shin Hye se soltó de nuevo.
            –Márchate si quieres, yo me quedo.
            Los ojos del hombre se volvieron tan oscuros que parecían negros.
            –Un segundo antes de que tu amigo apareciese en el escenario habías sugerido que nos fuéramos.
            –No, había dicho que yo me iba –le corrigió ella–. En ningún momento te he invitado a ir conmigo a ningún sitio.
            –No me gusta que las mujeres se rían de mí. Tú no sabes con quién estás jugando.
            –Y tú tampoco.
            Shin Hye parpadeó cuando Jae Rim esbozó una sonrisa.
            –Ah, ya lo entiendo. Te gusta ser dominante... muy bien, pero cuando lleguemos a tu casa intercambiaremos los papeles.
            Ella lo miró, atónita. ¿Aquel hombre estaba loco?
            Estaba a punto de mandarlo a paseo cuando Yong Hwa se acercó a la mesa.
            –¿Todo bien?
            Shin Hye vio un brillo de preocupación en sus ojos.
            –Sí, todo bien –respondió, dando a entender que tenía controlada la situación–.Léeme los labios, Jae Rim: no me interesas nada. Me había equivocado contigo y evidentemente, tú conmigo. Y ahora, márchate de una vez.
            –Yo no me he equivocado contigo. Has venido al club vestida como una mujer que está buscando una aventura y...
            Shin Hye alargó una mano para detener a Yong Hwa, que había dado un paso adelante.
            –No, déjalo –le dijo con firmeza antes de volverse hacia  Jae Rim–. No tolero que un hombre me falte al respeto, te lo advierto.
            –¿Respeto? Puedo tratarte como quiera –replicó él–. ¿Sabes quién soy?
            Ella esbozó una sonrisa.
            –Claro que sí. Eres un niñato que se cree mayor porque lleva un traje de chaqueta, pero aún tienes mucho que aprender.
            Oyeron entonces unas risas procedentes de la barra y  Jae Rim tuvo suficiente sentido común como para no decir nada más. Pero la fulminó con la mirada antes de salir del club, echando humo por las orejas.
            –¿Estás bien? –le preguntó Yong Hwa.
            –Perfectamente –respondió ella.
            –Lo siento.
            –No pasa nada, estoy bien. Gracias por la canción, era preciosa y emocionante. Me he sentido muy especial. Por cierto, ¿cómo has sabido que estaba aquí?
            Yong Hwa miró alrededor y descubrió que los amigos de Jae Rim seguían pendientes de ellos.
            –Vamos, te seguiré a casa. Allí podremos charlar.
            Shin Hye asintió con la cabeza y él le tomó la mano para salir del club.


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2 comentarios:

  1. bello, como siempre, él es un amor, la ama y ahora, lo que tiene que hacer es decírselo, por favor, se que no puedes actualizar tan seguido, pero no dejes de hacerlo.

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  2. Tan hermoso capitulo lo imagine completo y me encantó publiquen otro les esta quedando hermosisimo sigan con el fic esta perfectamente bien.
    ME GUSTA UN MONTÓN
    Like like like like like like like
    Sigan cob el fic me gusta un montón.

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