Buscó a Hong
Ki y lo vio en el centro de un alegre grupo de personas, todas extrañas para
ella, excepto Hyo Jin. En ese momento no se podía enfrentar a Hong Ki.
Silenciosa se retiró del salón y salió a la calle.
Hacía frío.
Se cubrió los hombros con el delgado chal y se apoyó en un poste de luz tratando
de poner en orden sus ideas. Su estado emocional era un caos.
Yong Hwa no
estaba enamorado de Tae Hee; la convenció sin lugar a dudas la actitud franca y
segura con que se lo dijo.
Pensó en
aquella mañana cuyos acontecimientos formaban un confusionismo en su mente.
Había despertado con una sensación de inquieta energía. Durante meses, su humor
había sido muy diferente al despertar, se sentía deprimida, agotada, sin deseos
de hacer nada. Esa mañana, debió darse cuenta que algo había cambiado en su
interior, pero estaba tan acostumbrada a la neblina de sus desgastadas
emociones, que ni siquiera notó cuándo comenzó a desaparecer.
Yong Hwa se
había ido a trabajar. De pronto, ella decidió ir a la ciudad, sólo eso debió
decirle que algo había cambiado. Había decidido actuar. Tal vez desde hacía
muchos días se había ido produciendo cambios en su subconsciente, y esa mañana
salieron a la superficie.
Ella actuó
sin tener en cuenta lo que hacía, pero ahora al mirar hacia atrás, supo que lo que
quiso hacer fue romper el molde en el que estuvo encerrada durante tantos
meses.
Quiso volver
a la vida de nuevo.
Así que fue
a la ciudad y se encontró con Soo Jin, y a través de los ojos de la amiga vio
en lo que se había convertido... en una mujer perdida, severa y derrotada. Y
eso la hizo reaccionar positivamente.
Sabía muy
bien que culpó a Yong Hwa... en secreto. Antes de casarse con él, estaba llena
de vida, de sueños e ilusiones, que él había ido marchitando o por lo menos así
lo juzgaba ella. Sin embargo, ella fue a verlo para pedirle que trataran de
salvar su matrimonio y al verlo con Tae Hee
interpretó mal los hechos y las palabras.
Tal vez,
quería creer que ya no la amaba y por eso llegó a la conclusión de que estaba interesado
en otra persona.
Sus
relaciones estaban deterioradas entonces, destruidas por sus sentimientos
negativos; había tal sentimiento de culpa, y tal falta de comunicación, que de
alguna forma había querido terminar con aquella amarga mezcla de amor e
insatisfacción.
Estremecida
se cubría el pecho con el chal. Amor... ¿Ella lo amaba todavía? Ya no estaba segura
después de lo que había pasado con Hong Ki.
Un coche se
acercó por el camino y las luces delanteras alumbraron el pavimento. Oyó un ligero
ruido detrás de ella y volvió la cabeza con un movimiento brusco. Sus ojos
trataron de acostumbrarse a la oscuridad y dejó escapar un ligero grito cuando
vio cerca de la puerta una figura que la contemplaba.
—Todo está
bien —la tranquilizó Yong Hwa. —Soy yo.
— ¿Por qué
te ocultabas? ¡Me asustaste! —exclamó sobresaltada.
—No quería
hacerlo —dijo sombrío. —Por eso me mantenía fuera de tu vista.
— ¿Qué haces
aquí?
—Te
observaba.
Los ojos se
encontraron a través de las sombras.
— ¿Por qué
saliste? —le preguntó él, acercándose.
—Quería
tomar un poco de aire y pensar.
—¿Acerca de
qué?
Lo tuvo a su lado y se sintió fragil junto a él.
Contuvo la
respiración.
—No te
preocupes —dijo con amargura, —no pienso violarte.
—Eso es un
alivio —dijo ella en tono agresivo.
Luego, él
metió las manos a los bolsillos y enderezó los hombros.
—Shin Hye,
lo siento. Hubiera deseado no haber hecho eso.
—Yo también,
lo hubiera deseado.
—Sí... pero
tú me provocaste a hacerlo, ¿te das cuenta? No soy de piedra.
—¿No lo
eres? Creí que sí.
Levantó la
cabeza y los ojos negros la miraban con emoción.
—¿Tenías que
decirme lo de Lee Hong Ki? ¿Crees que el temor de que regresara no estuvo en mi
mente durante años? Era como estar sobre la vía del tren viendo cómo se
acercaba el ferrocarril e incapaz de detener lo que sabías que sucedería.
Antes, lo
hubiera desmentido, alegando que jamás había considerado a Hong Ki como otra cosa
que un amigo, pero ahora no, no después de esa noche. Hong Ki le demostró que también
había estado equivocada acerca de él. Estaba desorientada sobre todo y todos.
Jamás supo
lo que realmente sentía y aun ahora estaba confundida por el enredo de sus emociones.
Su silencio
puso tenso a Yong Hwa y se la quedó mirando. Ella levantó la vista y dijo en
voz baja:
—¿Tendrías pronblemas
si ahora me divorciara de ti, verdad? Un divorcio pondría un punto negro en el
futuro de tu brillante carrera.
—Es posible,
pero imagino que lo solucionaría.
—Sin
embargo, sería mejor esperar —dijo tratando de leer su mente pero ¿lo había
logrado alguna vez? Jamás adivinó que estaba celoso de Hong Ki y sin embargo,
ahora estaba segura de que lo estuvo durante todo el tiempo de su matrimonio y
que se lo ocultó.
Él la
observaba inquisitivamente.
—Tae Hee te
dijo algo —siempre había sido demasiado rápido para ella; le leía los pensamientos
antes de que ella misma los supiera.
—Debió
ocurrírseme a mí.
—¡Tae Hee no
tenía derecho!
—Tenía todo
el derecho. Trabaja contigo sabe el efecto que puede causar un divorcio.
—Hoy en día
no es un crimen.
—Sin
embargo, no se aplaude —ella le miró y sonrió. —No cuando se trata de jueces.
Sorprendentemente,
Yong Hwa también sonrió.
—No cuando
se trata de jueces — aceptó.
— Y tú
quieres ser juez.
—Me lo
propongo al menos, mas adelante por supuesto.
Shin Hye se
estremeció al sentir una ráfaga de viento helado y él le puso una mano sobre su
hombro.
—Aquí hace
frío. Debías volver a entrar.
—No, no
podría.
— ¿Pasa
algo? ¿Te peleaste con Hong Ki?
—No. Sólo...
sólo que no estoy de humor para estar con una multitud.
Él hizo una
pausa y luego preguntó:
— ¿Te
gustaría dar un paseo? Allí tengo el coche.
Desvió la
mirada pero de pronto le miró.
—Llévame a
casa, Yong Hwa — dijo con voz profunda. Lo vio entrecerrar los ojos y sintió
que se ponía tenso.
—¿Por qué? —preguntó cortante.
—Tenemos que
hablar... y no podemos hacerlo aquí.
—¿Y Hong Ki?
— Por favor
—le suplicó y él se encogió de hombros.
—Muy bien.
En el coche,
se reclinó hacia atrás estremecida de frío y él encendió la calefacción.
—¿Está mejor
así?
—Mucho mejor
—se acurrucó para estar cómoda. —Ese vestido es muy bonito pero no es práctico.
— No tenía
intención de andar vestida así por la calle —le confesó y él se rio.
— Podrías
causar un alboroto.
Después de
eso, volvieron a quedarse en silencio y ella se quedó mirando el camino recto,
preguntándose cómo encontraría palabras para hablarle.
— ¿Estás
enamorada de Hong Ki? —le preguntó Yong Hwa de pronto sin mirarla.
Eso era lo
que ella esperaba.
—No lo sé.
—¿Todavía
no? Por Dios, Shin Hye ¿qué se necesita para que estés segura de algo?
—Nunca he
podido conocer con exactitud mi carácter.
— ¿Sabes
cuan a menudo lo mencionabas antes de casarnos? Me enfermaba oír su nombre.
—Nunca
dijiste nada.
—No iba a
actuar como un idiota. Las escenas de celos son desagradables.
—No tenía ni
idea de que estuvieras celoso.
—Gracias a
Dios. Ya bastante me desprecio así como está la situación.
—¿Por lo que
sucedió la otra noche?
—Por eso y
por otras cosas.
—Yong Hwa,
si no hablamos, jamás llegaremos a un entendimiento.
—¿Es eso lo
que quieres? ¿A qué te refieres cuando hablas de un entendimiento?
Gimió
desesperada.
—Ni siquiera
de eso estoy segura.
—Si lo que
me pides es que cierre los ojos mientras tienes una aventura con Hong Ki para poderlo
desterrar de tu mente, la respuesta es no, Shin Hye. Primero te mataría.
—Una
solución drástica.
—No te rías
de mí, Shin Hye. Nada de esto me parece gracioso.
—A mí
tampoco. Jamás nos hemos entendido y no todo ha sido culpa mía. Me dejaste al margen
de tu vida hace meses aun antes de lo del niño.
El coche dio
un salto y él apretó las manos sobre el volante.
—Siento lo
del bebé. Desde entonces me he culpado. Me comporté como un cerdo y me arrepiento.
—¿Podemos
hablar de eso? ¿De por qué no querías tener un hijo?
—Te lo dije
—contestó él, pero ella vio cómo se ponía tenso.
—Yong Hwa,
es necesario decir la verdad si queremos entendernos. ¿Por qué no querías que
tuviera un hijo?
Él se quedó
silencioso, con cara seria.
—Yong Hwa —murmuró
ella tocándole la rodilla con la mano y él saltó.
— ¡No lo
hagas! —dijo con voz ronca y ella se dio cuenta que las manos le temblaban
sobre el volante.
Se quedó
perturbada. Él suspiró profundamente.
—Tenía celos
—las palabras fueron dichas como si apenas abriera los labios para dejarlas
salir—Estaba enfermo de celos. No quería que existiera nadie más en tu vida.
— ¿Ni tu
propio hijo? —Soo Jin ya se lo había dicho.
— Sé que es
algo despreciable... ¿o crees que no lo sé? ¿Crees que quería sentirme así? Pero
no podía evitarlo. Lo intenté, sólo Dios sabe cuánto. Me metí de lleno en el
trabajo para poder escapar de mi gran necesidad por ti, pero nada cambiaba. Te
tenía noche y día en la mente y sabía muy bien que tú no... Me lo demostraba el
hecho de que querías un hijo. Yo no bastaba para llenar tu vida. Siempre
buscabas otra gente, otras cosas... a Hong Ki, el teatro, la gente que conocías...
y luego, la idea de tener un hijo.
Ella habló
con suavidad.
—Yong Hwa,
es normal tener una familia.
Él rio con
amargura.
— Y yo no lo
soy, me doy cuenta de ello ¿no lo entiendes? No quería nada más que a ti. A ti, a ti,
a ti —su voz sonaba agitada por una emoción que ella encontró dolorosa y perturbadora.
Ni siquiera la miró, conducía como si no supiera que estaba allí y sin embargo,
en ese momento podía sentir como algo tangible y latente su posesivo amor por ella,
retirándola de todo y de todos para ser dé ese modo el jefe de su vida.
—Jamás me lo
demostraste.
—Por
supuesto que no. Tengo mi orgullo. Lo último que quería es que te dieras
cuentas de cómo me sentía. Era más fácil dejarte pensar que me eras indiferente
a que supieras que estaba loco por ti.
—Si hubiera
sabido, podría haber...
— ¿Qué?
¿Sentido lástima por mí? ¿Haberme tranquilizado? ¿Crees que eso es lo que quería?
Eso hubiera sido lo peor de todo.
Y de esa
manera, estrangulado por el orgullo y el desprecio por sí mismo, luchó contra esos
sentimientos durante meses, sin dejarle ver a ella jamás que debajo de esa superficie
fría y arrogante había algo apartándola, construyendo ese muro que la alejaba de
él.
—Estás loco,
Yong Hwa —le dijo y él la miró con amargura.
—Por ti sí,
desde el día que nos conocimos. Desde el principio supe que tenía que luchar con
el fantasma de Hong Ki... nunca dejabas de hablar de él y yo estaba tan celoso
que no sé cómo pude controlarme, pero como seguías viéndome y aceptaste casarte
conmigo, aproveché mi oportunidad de tenerte antes de que él regresara.
—Estabas
equivocado. En ese entonces, Hong Ki no era nada más que un amigo.
—Ninguna
mujer habla tanto de un hombre a menos que sea más que un amigo.
— Yo no me
daba cuenta de que fuera otra cosa.
Llegaron a
la casa y ella miró las ventanas oscuras. Eran como su vida con Yong Hwa, cerradas,
secretas, oscuras. Ella tenía que abrirlas de alguna manera para ver claramente
su presente y su futuro con él.
Conectó la
calefacción y comenzó a preparar café mientras él guardaba el coche. Yong Hwa entró
a la habitación con las manos en los bolsillos y se quedó observándola.
—¿Quieres
algo de comer? —le preguntó ella tratando de que el tono fuera normal.
—No gracias,
sólo café.
Se lo sirvió
y le puso crema.
Se sentaron
en la elegante sala y él se quedó mirando la taza, haciendo girar la cuchara.
—Ahora es tu
amante —dijo en un tono que ya no ocultaba la tortura.
—No —dijo
ella y él levantó la cabeza para mirarla con los ojos entrecerrados. —Todavía
no —agregó porque ahora todo tenía que quedar claro entre ellos y lo vio
parpadear.
— ¿Viniste
aquí para hablar de eso? —su voz sonaba como si hubiera llegado al límite de sus
fuerzas y ella le tocó la mano, pero él la apartó como si le hubiera quemado la
piel con una plancha caliente.
—No me
toques —dijo entre dientes—Dios mío! ¿No puedes Metértelo en la cabeza? En lo
que a ti respecta, no soy normal. La última vez que perdí la cabeza te lastimé
mucho, pero temo matarte algún día.
Ella trató
de tomarlo a la ligera para hacerlo reaccionar.
—¿Ya
planeaste cómo hacerlo?
Él la miró
extrañado, pero ella le sonrió suplicante.
—Oh, no —le
contestó un poco más tranquilo. Cada vez que lo pienso, sé muy bien cómo terminaría...
Si te pusiera las manos encima se me ocurrirían otras cosas en vez de matarte.
Shin Hye
enrojeció y desvió la mirada porque ya no había barreras entre ellos y la
mirada de él expresaba demasiado.
—¿Nunca se
te ocurrió pensar que yo podía creer que ya no me amabas? —le preguntó apasionada.
—¡No pudiste
pensar eso!
—Sí lo hice.
Incluso pensé que había otra persona.
Se quedaron
en silencio y luego Yong Hwa preguntó con sinceridad.
— ¿Y eso te
molestó?
—Sí.
Él se puso
de pie y se alejó, su cuerpo delgado se veía inclinado como si llevara un peso encima.
—Hasta que
volviste a encontrar de nuevo a Hong Ki.
—De eso es
de lo que tenemos que hablar — le dijo ella y él se puso pálido.
—Si vas a
irte con él, vete... y apártate de mi vida.
—No es tan
fácil —suspiró. —En cierta forma tenías razón. Hong Ki significaba más para mí
de lo que me había dado cuenta. Todavía no sé cuánto.
—No quiero
hablar de eso.
—Sin
embargo, ése es el primer error. Jamás nos comunicamos. Tú ocultaste tus sentimientos
todo el tiempo y creías adivinar los míos... yo no tenía idea de lo que sentía.
¿No crees que llegó el momento de hablar con franqueza? La única forma de salir
del laberinto que hemos hecho de nuestras vidas, es hablando con absoluta
franqueza.
—Necesito un
whisky —dijo dejando a un lado la taza y desapareció. Regresó con la botella y
un vaso servido. Shin Hye lo observó mientras se lo tomaba. El alcohol le dio
un poco de color a sus mejillas.
Se sentó y
se sirvió otra copa.
—Muy bien,
Shin Hye, si quieres que escuche, lo haré.
—Con toda
sinceridad, jamás se me ocurrió que Hong Ki significara para mí más que un amigo.
Ahora no estoy segura... estoy confundida. Entre tú y Hong Ki lo han logrado.
Tú me ocultaste tus sentimientos y pensamientos. Yo no tenía la menor idea de
nada, ni siquiera se me ocurrió que podía hacer algo para evitar que nuestro
matrimonio terminara.
— ¿No es Hong Ki a quien debías hablarle en vez de a
mí? Está enamorado de ti... lo supe cuando lo conocí. No estoy ofuscado
créeme... soy un buen observador, entrenado, y estudié con atención a Hong Ki.
No me ocultaba nada y supe que te deseaba.
—Sí —dijo
ella—así es. Me lo demostró esta noche y debí saberlo antes, pero a su manera, Hong
Ki también mantenía todo en secreto... me ocultó todo durante mucho tiempo porque
sabía que yo no pensaba en él de esa manera.
—¿Y ahora
sí?
—Sí—dijo
mirándolo a los ojos.
—Entonces no
hay problema.
— Sí, lo
hay. Hasta este momento yo no era consciente de ese sentimiento, pero estoy despertando
ahora. Vivimos como extraños durante los últimos seis meses de nuestro matrimonio
y cuando salí de mi neblina, necesitaba comprensión. Hong Ki estaba allí para dármela
y eso hizo que me diera cuenta de lo que había habido entre nosotros por mucho tiempo
sin que yo me diera cuenta. Pero eso no facilita las cosas, Yong Hwa, las
complica.
—¿Por qué?
—Porque
estás tú. ¿No te das cuenta?
—No tienes
por qué sentirte culpable por mí. No voy a decirte que te olvidaré, porque sé que
jamás sucederá, pero no voy a conservarte por un sentido de culpa Si esa fuera
la base, ¿qué matrimonio sería el nuestro? Si quieres a Hong Ki, vete con él.
—No me has
entendido —dijo paciente. —No tiene nada que ver con culpa. Lo que no entiendo son
mis propios sentimientos.
—Habla
claro, Shin Hye.
— Sabes lo
que estoy diciendo.
— ¡Por Dios
del cielo, dilo con claridad!
—Los quiero
a los dos.
Yong Hwa se
puso de pie y su silla cayó al suelo.
—¡No! —dijo
furioso. —Jamás. ¿Qué crees que soy? No voy a compartirte con Hong Ki.
—Eso no es
lo que quise decir — suspiró moviendo la cabeza—No te pido que compartas
nada. Te pido que esperes.
— ¿Mientras
tú vives el romance? —la pregunta fue brutal, amarga—. No, Shin Hye.
Ella también
se levantó, luchando por encontrar una forma de explicárselo.
—Mientras
aclaro de una vez mis sentimientos, no tengo la intención de convertirme en amante
de Hong Ki, te lo juro.
—No. ¡No! Ni
siquiera voy a discutirlo. Mejor vete, Shin Hye, antes de que me enfurezca.
— ¿Qué
quieres que haga? ¿Que vaya andando hasta Seúl?
Él se quedó
dándole la espalda.
—Si te apetece
puedes usar tu vieja habitación, pero por favor, vete a la cama. Quiero estar
solo.
— ¿Puedo
usar primero el teléfono? Quiero llamar a Soo Jin y decirle que estoy bien.
—Muy
considerado por tu parte —dijo con sarcasmo— La noche que me abandonaste no tuviste
la misma atención. Yo me quedé aquí toda la noche esperando que me dijeran que habías
sufrido un accidente de tren o de coche.
— Lo siento,
Yong Hwa, lo siento... había razones por las que no llamé.
—¡Estoy
seguro que las había!
—Tenía la
impresión que no te importaría que jamás regresara —dijo con amargura.
Él se rio
con frialdad.
—Me hubiera
encantado ser tan indiferente. Pero fue el infierno.
Shin Hye
dudó al ver la cabeza oscura, pero luego llamó a Soo Jin.
— ¿Dónde
estás? —la voz de Soo Jin sonó furiosa—¿Estás loca? ¿A qué estás jugando?
—Tenía que
hablar con él.
—Hong Ki
estuvo aquí —le dijo Soo Jin—furioso porque desapareciste con él.
— ¿Podrías
avisarle que estoy bien?
— ¿Pero lo
estás? —Soo Jin estaba muy molesta—¿Crees que Hong Ki se va a calmar al saber
que estás bajo el mismo techo que Yong Hwa?
—Yo misma
hablaré mañana con Hong Ki.
— ¡Shin Hye,
a veces me dejas lívida! —Soo Jin colgó y Shin Hye suspiró.
Oyó una risa
irónica y se volvió para encontrar a Yong Hwa detrás de ella.
—Y bien,
ahora sabes lo que se siente —comentó con divertida amargura.
—Buenas
noches, Yong Hwa —murmuró y lo dejó allí, observándola mientras ella subía la escalera.
Se sintió extraña al encontrarse otra vez en su vieja habitación, como si no hubiera
estado en ella durante siglos, pero de eso hacía poco tiempo. Estaba llena con recuerdos
tristes de la infelicidad pasada y se estremeció. Pensó que odiaba esa habitación
porque le recordaba demasiadas cosas que quería olvidar. Tal vez sería mejor olvidar
su matrimonio con todo, pero sabía que no podía hacerlo.
Tenía que
definir sus verdaderas emociones, separar la confusa maraña de motivaciones y
decidir lo que realmente quería de la vida.
Decidió
casarse sin tener realmente idea del hombre con quien se casaba o de lo que sentía
por él. Los celos eran una emoción en la que no había pensado mucho, pero si lo
hubiera hecho, le hubiera parecido un sentimiento fiero y cálido y no esa cosa
fría y obsesiva que Yong Hwa ocultó, complicando aún más la situación, porque ella
jamás sospechó ese aspecto negativo de la personalidad de él. Sin embargo,
hasta que no pudiera estar segura de lo que sentía por Hong Ki, no podía saber
lo que sentía por Yong Hwa.
Esa noche, Hong
Ki la entusiasmó. La vieja imagen que durante tanto tiempo llevaba de él, no
tenía conexión con la que descubrió del hombre que esa noche la tuvo en sus
brazos.
No podía
volver a reconstruir su matrimonio con Yong Hwa sintiéndose así.
No podía
quedarse quieta. Se sentía extrañamente nerviosa.
Caminó por
la habitación, abriendo armarios, revisando los objetos en los cajones. Eran sus
cosas, y eso era lo que eran... cosas, sin significado para ella en su actual
estado. Su ropa estaba colgada en el armario; los cajones llenos de su ropa
interior. Pasó por encima de todo los dedos fríos y la seda y el encaje se
deslizaron sobre la piel como si pertenecieran a otra persona.
Se puso una
bata para volver a bajar y Yong Hwa se levantó y se la quedó mirando.
—¿Y ahora qué
pasa?
—Quiero
tomar algo para que me ayude a dormir.
En silencio,
le sirvió una copa de vino y ella la agarró con ambas manos como si eso la calentara,
estaba helada y temblorosa.
— Vete a la
cama —dijo Yong Hwa cortante, y se dio la vuelta como había hecho muchas veces
durante el último año, pero ahora la frialdad en la voz no podía ocultar sus verdaderos
sentimientos y ella lo sabía.
—No puedo
dormir en esa habitación. Me recuerda muchas cosas que quiero olvidar.
— ¿Y qué
sugieres? —preguntó— ¿Dormir conmigo? Si lo haces, te tendrás que atener a las
consecuencias.
Lo miró a
través de las pestañas y supo que eso era lo que quería. Quería qué él rompiera
ese muro de hielo para hacer que la sangre volviera a correr por su cuerpo, haciéndola
humana. Todo en la casa la aplastaba. La sentía como un trozo de hielo que le caía
encima y la aplastaba.
Él se volvió
y cuando sus ojos se encontraron, ella supo que la estaba leyendo la mente.
Se puso
serio y lentamente se le acercó. Ella no se movió, temblaba con la copa entre
las manos. Yong Hwa se la quitó y la acercó a su boca.
— Tómatelo
—le dijo con suavidad.
— ¡Sabe
horrible!
Él volvió a
ladear la copa y ella volvió a tomar, sintiendo que el calor corría a través de
las venas y que sus mejillas florecían repentinamente. Yong Hwa dejó la copa
sobre la mesa y se la quedó mirando.
—Podría
aceptar tu ofrecimiento —dijo cuidadosamente—, pero si lo hiciera, no volvería
a dejarte ir, Shin Hye. Ya no soporto más castigo. Todo depende de ti.
Ella bajó la
vista al recordar su reacción en los brazos de Hong Ki y se sintió desgarrada
por la indecisión. Antes de volver a pertenecerle a Yong Hwa, tenía que saber
con exactitud lo que sentía por Hong Ki.
—Todavía no
lo hemos discutido. Las cosas no podrían seguir como estaban antes. Dices que
te duele el que necesite a otras personas... pero así es, Yong Hwa. Me gusta
tener amistades, amo el teatro. Quiero volver a trabajar. El matrimonio no
tiene que estar concentrado en un sólo hombre, en un tipo de vida.
Vio la furia
en sus ojos y agregó a toda prisa:
—No, no
sugiero relaciones extramatrimoniales. Hablo de muchas otras cosas. Nuestro matrimonio
pudo haber sido diferente si nos hubiéramos quedado en la ciudad, donde ambos
nos sentimos a gusto, donde pude haber visto a mis amigos, ir ocasionalmente al
teatro...
— ¿Y haber
visto a Hong Ki? —su pregunta no ocultó los celos.
— ¿Crees en
realidad que sólo extrañaba a Hong Ki? —suspiró agotada por el círculo vicioso en
que empezaba a caer la discusión. —Eran tantas otras cosas que casi no sé por
dónde empezar. Esta casa... oh, es bella, pero para mí, siempre ha sido una
prisión... jamás me di cuenta de cuánto, hasta esta noche. Me encerraste aquí y
arrojaste la llave.
Le agarró
los brazos encajándole los dedos.
—Ya oí
bastante. Vete a la cama, Shin Hye.
Ella le miró
desafiante.
—Así es como
me has hablado durante meses... como si fuera una niña medio idiota, despidiéndome,
usando tu voz profesional...
—Con mucha
razón.
—Si
comenzamos de nuevo, quisiera imponer nuevas reglas.
— ¿Cómo
cuáles?
—Venderíamos
esta casa. Tomaríamos un apartamento en la ciudad. Yo conseguiría trabajo y
Yong Hwa... trataríamos de comunicarnos.
Él la miraba
con fijeza, con el rostro inexpresivo.
—¿Y Hong Ki?
Ella le miró
a la cara.
—Nada de Hong
Ki, eso es evidente.
Él dio un
largo suspiro. Apartó las manos de los hombros y le tocó el rostro con mucha suavidad.
— ¿Y por mí?
—preguntó apasionado. —¿Qué sientes por mí, Shin Hye? Haces que todo suene como
una proposición comercial.
Ella le puso
las manos sobre el pecho y sintió cómo le latía el corazón. Se inclinó hacia adelante
y con suavidad le puso los labios contra la garganta y los brazos de él la rodearon
para abrazarla. Se quedaron muy juntos en silencio, como en espera de algo.
—Ten
paciencia, Yong Hwa —murmuró. —Dame tiempo... una especie de prueba.
—Pides mucho
—dijo con sequedad y empezó a acariciarle el cabello—Apenas si puedo mantener
mis manos lejos de ti.
—Siempre y
cuando me lo digas.
—Te lo diré.
Noche y día si estás preparada a escucharlo.
—Escucharé
—prometió. —Ya estoy harta de largos silencios. Si quieres, hablemos toda la noche.
—Tengo cosas
mejor que hacer con mis noches —le dijo él y ella sonrió.
—Primero
tenemos que hablar —bostezó y se cubrió la boca con la mano—Estoy cansada.
—¿Nos vamos
a la cama?
—¿Juntos?
Ella se
burló de él con toda franqueza.
—¿No te
gusta la idea?
—No, al contrario —con toda lentitud le acarició la espalda—¡Oh, Dios,
Shin Hye, es lo que más quiero!
—Necesito tu calor, Yong Hwa —le murmuró con la cabeza contra su hombro.
Subieron y
él encendió las lámparas gemelas a cada lado de la cama matrimonial.
Shin Hye se
acurrucó debajo de las mantas y lo esperó. Cuando él se acercó se metió en sus
brazos con un largo suspiro. Se dispuso a dormir con la cabeza sobre el cuerpo
de Yong Hwa y lo oyó respirar lenta y regularmente. Las manos de él la
acariciaban con suavidad, sin presión, como si todo lo que necesitaba era saber
que estaba allí. Por primera vez en muchos meses, ella se durmió con una
sonrisa en la boca porque sabía que estaba segura, sentía que la amaba.
hwsbxdwyhb ... ojala ojala ... shin ya no sea tan insegura ..y aclare la situacion ... de una vez antes que despues sea demaciado tarde .. comprendo a los dos ella se sintio asi por que el jamas hablo con franqueza en realidad jamas hablo pero el se centia tan lastimado por aaa ya ni quiero recordar cosas malas solo espero que se den esa oportunidad que tanto necesitan y que empiecen desde cero sin barreras y todo sea mejor . jamas pense que tan lastimado estaba yong ante esa situacion siguee pronto si amo el fic me tiene O.O quiero y quiero leer mas muy bueno
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