A la mañana
siguiente la despertó el fuerte ruido de la lluvia contra los cristales, pero encontró
el sonido delicioso porque se hallaba en los brazos de Yong Hwa, acurrucada
junto a su cuerpo y se sentía tranquila y dichosa. Se le acercó más y sus
brazos la estrecharon, por lo que supo que también estaba despierto y se volvió
a mirarlo.
—¿Qué día es
hoy? — preguntó Shin Hye somnolienta y él le sonrió.
— Domingo y
dentro de unos minutos comenzarán a tocar las campanas de la iglesia.
—Tengo
hambre —dijo estirándose y su mano recorrió la curva de la espalda de su marido.
—No sé qué
hay de comida —dijo Yong Hwa.
— ¿No has
comido estos días? —se lo quedó mirando y la mano de él se metió entre su cabello.
Se
encontraron sus ojos y Shin Hye sintió que el corazón comenzaba a latirle de
prisa. La atracción entre ellos la hacía sentirse lánguida y relajada. Recordó
las largas noches de los primeros meses de su matrimonio y la fuerza con que la
amaba. Ella dejó caer la cabeza sobre su hombro con la boca contra la piel que
dejaba desnuda su pijama.
Él le
acarició el cabello, echándole para atrás la cabeza y con lentitud, su boca se
acercó a los labios de ella, como si le diera tiempo Para retirarse, para
rechazarlo.
Ella
observaba la dura línea del rostro a través de las pestañas. La boca de Yong
Hwa tocó la suya con suavidad y ternura. Ella respiró con cuidado, como si
temiera alejarlo. Ella levantó la mano y le acarició la mejilla, acercándolo, y
luego, la presión cambió. Él temblaba, sintió en su propio cuerpo el
movimiento. Sus labios se endurecieron y los de ella se abrieron aceptándolo,
sometiéndose. Con los labios le acarició la boca y él respondió a la caricia
con cariño.
Se besaron
sin ocultar sus sentimientos. Ella le pasó los brazos por el cuello, suavemente.
—Me amas...
¿me amas? —las palabras susurradas apenas si eran coherentes, sonaron apasionadas
en sus oídos mientras él le besaba la desnuda y cálida curva del cuello, cubriendo
su piel con besos suaves.
Antes que
pudiera contestar, el teléfono sonó. El timbre los devolvió a la realidad.
Yong Hwa se
quedó rígido y maldijo entre dientes.
— ¿Quién
diablos puede ser?
El mismo
pensamiento se les ocurrió a los dos. Se miraron uno al otro y Shin Hye se mordió
el labio.
— Hong Ki
—dijo Yong Hwa serio.
—Podría ser
—admitió ella.
— ¡Que se
vaya al diablo! —murmuró él y saltó fuera de la cama. Se acercó al teléfono y lo
levantó.
— ¿Sí? —casi
ladró en el teléfono.
Ella supo
enseguida por la expresión de su rostro que era Hong Ki. Dejó caer el auricular
y se la quedó mirando. Ella se levantó de la cama.
Tomó el
auricular y preguntó en voz baja.
— ¿Quién
habla?
— ¿Qué crees
que estás haciendo? —preguntó Hong Ki con voz furiosa.
Ella pensó
desolada que eran dos hombres celosos. Se sintió como un hueso entre dos perros
salvajes, pero Hong Ki era con quien se podía hablar con más facilidad, no la atemorizaba
como Yong Hwa. No estaba segura de Yong Hwa. Había algo en él que la asustaba, la
atraía y atemorizaba al mismo tiempo.
—No puedo
discutirlo por teléfono contestó consciente de la presencia de Yong Hwa.
Él se
dirigió a la puerta y salió. Shin Hye suspiró.
—Hong Ki, me
doy cuenta que debe de parecerte inexplicable, pero cuando te vea te lo explicaré
lo mejor que pueda.
— Sólo una
pregunta, cariño —dijo Hong Ki en forma desagradable—. ¿Pasaste la noche con
él?
En ese
momento supo que todo se decidiría por la forma en que contestara y los segundos
que pasaron antes de contestar le parecieron un siglo. Nunca tuvo la habilidad de
pensar con rapidez, pero en ese momento lo hizo con terrible claridad.
—Sí —dijo
por fin.
Hong Ki le
colgó el teléfono de golpe.
Ella podía
haberle dicho entonces toda la verdad, haberse tomado su tiempo en decidir.
Era lo que
intentaba hacer. Todavía no estaba segura a cuál de los dos prefería, pero algo
en su naturaleza se inclinó hacia el torturado y celoso carácter de Yong Hwa,
en parte porque en el fondo de su corazón sabía quién de los dos la necesitaba
y deseaba más.
Se puso una
bata cómoda. La había tenido durante años, era de angora beige y estaba gastada
por el tiempo. Yong Hwa la llamaba su «bata de conejito» y aunque tenía otras
más bonitas y más favorecedoras, a veces se le antojaba usar ésta.
Yong Hwa
estaba en la cocina, las persianas estaban levantadas y dejaban ver el jardín mojado
por la lluvia. Observaba el colador del café con la expresión dura.
Miró a su
alrededor cuando ella entró en la habitación.
—Miré las
provisiones... hay huevos pero no tocino. En cambio hay mucho pan.
— ¿Entonces
huevos pasados por agua? —preguntó ella tranquila.
—Si quieres.
Sacó las
tazas para los huevos con sus llamativas flores, los manteles individuales de paja
y las servilletas haciendo juego.
Yong Hwa la
observaba mientras se movía rápida y segura.
— ¿Qué dijo Hong
Ki? —preguntó por fin en un tono frío.
—Poca cosa
—dijo dejando caer los huevos en el agua hirviendo.
— ¿Estaba
celoso? —Yong Hwa parecía malicioso; había burla en la voz.
Ella le miró
y él desvió la mirada ruborizándose.
—No le gustó
mucho—admitió.
— Pero, ¿le
dijiste que no había pasado nada? — preguntó entonces furibundo—. ¡Por todos los
cielos!
— ¿Uno o dos
huevos?
—Uno.
Durante el
desayuno le preguntó:
—¿Dónde
compraremos el apartamento? ¿Tienes en mente alguna zona favorita?
—Varios— le
dijo él mirándola. —¿Así que seguimos adelante? ¿Te vas a quedar conmigo?
—Creí que
eso ya estaba claro.
—No mucho—
cortó un pedazo de tostada y jugueteó con ella con la cabeza inclinada —¿Por
qué, Shin Hye?
—Estamos
casados.
—Tenías
planes de divorciarte de mí.
—Cuando
pensé que querías a otra persona le explicó.
— ¿Era ésa
la única razón?
—Oh, sí. En
eso soy como tú, Yong Hwa. No te comparto con nadie.
De pronto
preguntó:
— ¿Con quién
pensabas que me veía? Debes haberle dado un nombre a la otra mujer — su curiosidad
despertó de repente y ella instintivamente sintió que sería mejor no satisfacerla.
Sonrió para sus adentros, sabiendo que no quería que Yong Hwa fuera consciente
de Tae Hee, para que no pensara en ella en ese sentido.
—No —dijo
con los ojos firmes. Sólo sentí que tu alejamiento debía tener una razón.
— ¿Y
llegaste a la conclusión de que era otra mujer?
—Me pareció
algo lógico.
Se quedó
mirando las ventanas regadas por la lluvia.
— Hubiera
querido que así fuera
— Yo no
—dijo bromeando al mirarla de nuevo, y los ojos de él brillaron cuando se posaron
de nuevo en Shin Hye.
— ¿No? —Su
boca se curvó en una sonrisa—. Tal vez no y me da gusto de todas maneras. Los
celos son el infierno, ¿verdad?
—Un infierno
aceptó observándolo Debía haber una razón para sentirlos. Apenas ahora se daba
cuenta de lo poco que lo conocía, de las pocas veces que habían hablado abiertamente
acerca de sus vidas. Yong Hwa la callaba cada vez que ella comenzaba a hablar
de su vida antes de conocerlo y ahora veía que los celos eran la raíz de todo.
El tampoco habló mucho de su vida antes de conocerla y ahora se preguntaba si
no sería conveniente que hablaran de eso.
Cesó de
llover durante la mañana y dieron un paseo por el campo de Hagyedong para
comer en una local al lado del mar. Dejaron atrás el paisaje familiar, los
campos de lúpulo, las verdes y ricas praderas, los pequeños grupos de árboles.
Durante el primer año de matrimonio, a menudo pasaban así los domingos, e
instintivamente se dirigieron a su lugar favorito.
Más tarde,
sentados en el jardín de lugar mientras observaban a unos niños que jugaban en
un columpio cercano, Shin Hye le preguntó:
— ¿Qué clase
de niñez tuviste, Yong Hwa?
Él le
dirigió una mirada divertida y astuta y ella supo que le leyó la mente.
— ¿Tratas de
encontrar razones, amor mío? ¿Juegas a la siquiatra? No te molestes. Tuve una
infancia muy ordenada, con una niñera y una buena escuela.
—¿Y tus
padres? —no iba a permitir que se burlara para que evitara seguir indagando. Algo
debió haberlo hecho como era, y ella tenía la intención de averiguarlo.
—Eran bien
educados, tranquilos. Hicieron por mí todo lo que pudieron. Recuerda que fui
hijo único y no me faltó nada.
—¿Te dieron
mucho amor? — preguntó en voz baja.
— Mis padres
no eran cariñosos, pero jamás dudé que me querían. Recuerda que a los muchachos
no les gustan los padres cariñosos... los avergüenzan.
Se lo quedó
mirando ceñuda. En alguna parte debía estar la llave que abriera las complejidades
de esa oscura mente.
Como si de
nuevo le hubiera leído el pensamiento, dijo serio:
—Es un
defecto de mi naturaleza, Shin Hye. ¿Por qué crees que traté de ocultarte así
mi forma de ser? Pero no puedo hacer nada al respecto.
—Tal vez
hablar del tema te ayudará.
—Tal vez. ¿Vas
a seguir adelante con la serie de televisión?
—Sí dijo
mirándolo a los ojos.
Él desvió la
vista.
—Para mí
será muy importante tener un trabajo le explicó.
—Sí.
—Di lo que
piensas, Yong Hwa. Dilo.
—No quiero
que veas a Hong Ki días tras día —estalló y a toda prisa ella cubrió sus manos
con la suya y meneó la cabeza.
—Yong Hwa,
si en serio crees que mantenerme lejos de Hong Ki va a cambiar la forma en que siento,
estás equivocado... las emociones no se alteran por las circunstancias. Si
amara a Hong Ki, lo seguiría amando aunque no lo volviera a ver jamás.
Él le tomó
una mano y se la llevó a los labios, besándosela.
— ¿No le
amas?
—Te amo a ti
—le dijo mirándolo a los ojos—. ¿No te dice nada el hecho de que me quede?
Dios, quería
creerlo murmuró, pero parecía haber cierta duda en tu mente.
—Anoche
elegí y lo hice para siempre.
Regresaron a
la casa cuando anochecía. El sol se desvanecía en suaves colores rosados con
manchas grises, los pájaros trinaban con ese lirismo especial que anuncia la
llegada de la noche. Cuando llegaron a la casa, vieron el coche de Hong Ki.
—Lee Hong Ki—dijo
entre dientes.
—Sí —dijo
ella sintiéndose nerviosa y tensa. ¿Qué hacía Hong Ki allí? Ella pensó que él dejaría
las cosas como estaban, que no trataría de insistir.
Se
aproximaron y Hong Ki salió de su coche. Caminó hacia ellos con mucha
seguridad.
Yong Hwa la
agarró de un codo con mucha suavidad, sin embargo, ella sintió su tensión como
si la quemara.
—¡Hola,
ángel! — saludó Hong Ki. Actuaba y ella lo sabía. Esa voz artificial sólo la
usaba cuando representaba un papel.
—Hong Ki — le
dijo ella sonriendo y la sonrisa fue tan irreal como su expresión.
Una breve
mirada como un rayo se cruzó entre ellos. Yong Hwa no la había soltado. Miraba
a Hong Ki sin expresión. Shin Hye se sorprendió al darse cuenta que era más alto que Hong Ki.
Hong Ki
desvió los ojos hacia el rostro de Yong Hwa.
—Pensé que
era el momento para que tu esposo y yo tuviéramos un encuentro más civilizado. —
Se inclino haciendo un gesto burlón— Señor abogado...
Yong Hwa se
inclino con respeto.
—Lee Hong Ki...
Las palabras
fueron dichas cordialmente, pero más valía que las hubieran dicho con un gruñido,
el efecto era el mismo.
Hong Ki le
dirigió a Shin Hye otra de sus sonrisas sin sentido.
— ¿No vas a
ofrecerme un trago, Shin Hye?
—Por
supuesto —dijo sonriéndole, pero los músculos faciales le dolían por el
esfuerzo.
Yong Hwa
abrió la puerta y encendió la luz del pasillo. Hong Ki se quedó a un lado
mientras Shin Hye entraba y luego la siguió. Yong Hwa se acercó al bar y
preguntó con cortesía:
—¿Vino?
—Whisky si
tiene — murmuró Hong Ki.
Yong Hwa
sacó los vasos, le sirvió la bebida y se la dio sin siquiera mirarlo, para
después servirse otra para sí. Shin Hye se sorprendió al ver cuánto se servía.
Se lo bebió con rapidez, apretando el vaso entre los dedos.
Hong Ki le
miraba con los ojos entreabiertos y apenas sí bebía el whisky. Shin Hye se
quedó sin saber qué decir.
Hong Ki se
volvió para mirarla maliciosamente.
— Vine a
informarme de si piensas hacer el programa, Shin Hye. Seok Ho necesitará estar seguro
de si puede contar contigo.
— Sí —dijo—
Sigo pensando hacerlo.
— ¿Estás
segura? —preguntó mirando significativamente a Yong Hwa.
—Estoy
completamente segura —dijo Shin Hye, esperando que Hong Ki se fuera.
—Bien. Estoy
ansioso de volver a trabajar contigo, Shin Hye. Tenemos algunas escenas juntos
muy interesantes —mientras hablaba, tenía los ojos sobre la espalda de Yong Hwa
y él y Shin Hye vieron la reacción de éste al escuchar las palabras de Hong Ki.
Yong Hwa se
dio la vuelta y salió de la elegante habitación sin mirar o dirigirle la
palabra a ninguno de los dos y Hong Ki silbó entre dientes.
— Ya veo lo
que Soo Jin me decía de él... es puro hielo, ¿verdad?
— Será mejor
que te vayas —dijo Shin Hye con un suspiro.
—Eso sí que
no, querida —dijo Hong Ki y había determinación en la mirada que le echó. En
esta ocasión ese marido tuyo no va a librarse de mí —apartó el vaso y cuando se
movió hacia ella, Shin Hye dio un paso atrás.
—No te eches
para atrás —dijo Hong Ki. —Quiero la verdad y la quiero ahora, Shin Hye. ¿Por
qué regresaste con él anoche? ¿Por qué de buenas a primeras? Sabes muy bien que
no era el momento adecuado.
Sintió que
el color se apoderaba de sus mejillas y desvió los ojos.
—Es mi
marido. Tú lo has dicho.
—Eso no
pareció importarte mucho anoche — el golpe la hizo respirar hondo.
— ¡Hong Ki,
no!
—¿No qué?
¿Que no te recuerde que anoche me deseabas tanto como yo a ti? ¿Por qué no? ¿Te
asustaste? ¿Por eso regresaste a su lado?
—Me puse a
pensar —dijo con debilidad.
—Dios, a las
mujeres les debía estar prohibido eso. ¿Y qué fue lo que pensaste?
—En algunas
opciones.
— ¿Qué
opciones?
Lo miró a
los ojos con pretendida calma.
—Hong Ki ¿te
importaría mucho no volver a verme?
Se le
endureció el rostro.
—Muchísimo...
¿cómo puedes preguntarlo siquiera? Significas para mí más de lo que jamás te
dije.
— ¿Por los
años que pasamos en la escuela de arte dramático?
— Eso entre
otras cosas —dijo sin apartar la vista de su rostro siempre me gustaste, Shin
Hye.
—Te gusté,
sí... ¿pero sería el final de todo si jamás me volvieras a ver?
— ¿Tratas de
decirme que para él lo sería? — Involuntariamente sintió que sonreía.
—Siempre
interpretas bien lo que quiero decir. Hong Ki. Sí, eso es lo que te estoy
diciendo. Yong Hwa me ama verdaderamente.
— ¿Y yo no?
— No de esa
manera.
Él se volvió
y caminó hacia la ventana. De espaldas a ella le dijo: — ¿Y tiene que ver algo lo
que tú sientes, Shin Hye? Se había dicho a sí misma que elegiría de acuerdo a
sus propias necesidades, pero al final escogió de forma diferente y lo sabía.
— Sí —dijo
con voz muy baja sabiendo que iba a lastimarlo. Hong Ki se quedó silencioso por
un momento y luego preguntó: — ¿Y la otra mujer? Dijiste que tenía una.
—Estaba
equivocada. Sólo existo yo.
Hong Ki se
la quedó mirando.
—Deja que
entienda bien., lo abandonaste porque había otra persona y regresaste porque no
la había, ¿es así?
Las
preguntas daban en el blanco y ella desvió la mirada.
— Vamos a
comenzar de nuevo. Trataremos de hacer funcionar nuestro matrimonio.
—¿Y yo?
—Lo de
anoche estuvo mal —le dijo sin mirarlo. — Yo me sentía desgraciada y sola y tú
me ofreciste consuelo.
— ¿Entonces,
gracias y adiós?
—Lo siento, Hong
Ki.
Volvió la
cabeza cuando Yong Hwa regresó a la habitación. Ella observó cómo los dos hombres
se medían con ojos fríos y hostiles.
—Me voy,
Jung. Buenas noches, Shin Hye. Esperaré con ansia volver a verte pronto. Seok
Ho te avisará las fechas de los ensayos.
Salió dando
un portazo. Yong Hwa la estudió.
—Pareces
cansada. Sería buena idea acostarse temprano. Yo tengo que trabajar, así que me
quedaré aquí abajo un rato más.
Ella
asintió, le besó la mejilla y subió a acostarse. Al dormirse se le ocurrió que
Yong Hwa se había refugiado de nuevo en su trabajo, que las cosas apenas sí
habían cambiado.
Despertó
temprano y tuvo tiempo de reflexionar. Estaba acostada y oía la tranquila respiración
de Yong Hwa. Él estaba de lado dándole la espalda pero Shin Hye adivinó que no dormía.
Cerró los ojos, deslizándose sobre las sábanas y acurrucándose contra su espalda,
como si pretendiera dormir. Un rato después, él se movió, pero fue para salirse
de la cama. Ella mantuvo cerrados los ojos y lo oyó ir al baño. Escuchó el
lejano sonido de la ducha y después de un rato sus pasos en la escalera.
Se puso su
único camisón realmente atractivo, uno de encaje negro, que había utilizado durante
la luna de miel y que muy raras veces se ponía, y bajó la escalera para encontrarlo
en la cocina preparando su desayuno.
—Siento
haberme quedado dormida —dijo con alegría.
Él le echó
una mirada pero abrió los ojos cuando vio lo que llevaba puesto y luego volvió
a prestar atención a la tostada que estaba haciendo.
—No importa.
Ella se
acercó, su camisón flotaba, y se puso de puntillas, besando su mejilla.
—Mmm... Tu
piel está fría. Es la loción para después del afeitado que te compré el día de tu
cumpleaños, ¿verdad?
— Sí —le
dijo él y cuando se volvió a mirarla, ella lo besó ligeramente en la boca.
—Huele bien
le dijo ella.
Entonces la
rodeó con un brazo y sus labios oprimieron con fuerza los suyos, buscando una
respuesta. Ella le pasó los brazos por el cuello y le devolvió el beso,
moviendo los dedos entre su oscuro cabello. Sintió cómo se encendía en él la
pasión. Su cuerpo le traicionó y se apretó contra ella, pero se apartó despacio
volviéndose hacia la cafetera.
—¿Quieres
café?
Ella pensó
que no iba a ser fácil. Es difícil cambiar viejos hábitos y Yong Hwa tenía más orgullo
que cualquier hombre normal. Luchaba con fuerza contra ella, para conservar el control
sobre sí mismo, y trataba aun en ese momento de ocultar sus sentimientos.
Antes, ella se hubiera apartado de la fría apariencia que le mostraba, pero
ahora iba a humanizarlo aunque le llevara toda la vida.
Cuando él se
fue a trabajar, ella se vistió y fue de compras al pueblo, enfrentándose con caras
desconocidas con una sonrisa y algunas palabras preparadas.
— Estuve de
vacaciones, sí... oh, me divertí mucho, gracias.
— Estás
mejor —le dijo Ha Seon la esposa del médico—Durante mucho tiempo me has tenido
preocupada. Te sentó bien el descanso. Eres otra persona.
—Así me
siento dijo sonriente Shin Hye.
—Los invito
a cenar —dijo Ha Seon impulsivamente y Shin Hye sonrió.
Me
encantaría.
Consultaron
sus agendas y llegaron a un acuerdo.
—Yong Hwa
estará libre —prometió Shin Hye pensando en que insistiría para que lo estuviera.
La señora Lee
se sorprendió al verla.
—No sabía
que había vuelto, señora Jung. El señor no me dijo nada.
Shin Hye
adoptó la calmada sonrisa que practicó en el pueblo.
—Le
sorprendí. Me extrañaba aunque no lo admitiera nunca.
— Así son
los hombres —sonrió asintiendo la señora Lee—. Mi marido es igual, testarudo
como una mula.
Yong Hwa
llegó más temprano de lo que esperaba y ella vio su coche desde la alcoba mientras
estaba eligiendo su vestido. Entró en la casa sin hacer ruido. No la llamó,
sólo caminó de habitación en habitación y luego subió lentamente la escalera.
Durante un momento se quedó parado en el descansillo, luego, abrió la puerta de
la alcoba y Shin Hye le miró.
Durante un
segundo, antes de que recobrara su fría expresión habitual pudo ver la agonía en
su rostro. No esperaba verla. Pensó que se había ido.
Querido,
llegaste temprano dijo con ligereza y se le acercó con rapidez a besarle. Yong
Hwa casi retrocedió, pudo sentir en su piel la reacción instintiva de rechazo.
Luego, ella le deslizó los brazos alrededor del cuello y Yong Hwa bajó
abruptamente la cabeza y su boca se apoderó de la suya acercándola hacia sí.
Ella se dejó
llevar por la posesiva caricia de sus manos y comenzó a respirar de prisa. Su corazón
latía con fuerza.
La levantó
en sus brazos con toda facilidad, todavía besándola y la llevó a la cama. La última
vez luchó desesperadamente con él, resistiéndose con cada músculo, pero ahora, no
era así y la dominó, encontró correspondencia en ella.
Ninguno de
ellos habló. Hicieron el amor silenciosamente, abandonándose a su pasión mutua.
Se quedaron
acostados en la cama, satisfechos, y Shin Hye cayó en un sueño profundo.
Cuando
despertó, la habitación estaba oscura y Yong Hwa la tenía abrazada.
Ella se
movió y él levantó la cabeza para mirarla. Le sonreía.
—Te dormiste
como un bebé.
—¿Y tú?
— No, yo
sólo te observaba.
Ella rio y
se estiró y lo sintió apretar la mano.
—No estoy
segura de que eso me guste.
— ¿Por qué
no?
—Dormida, se
vuelve una vulnerable — le dijo y luego recordó que una vez le comentó que
había pronunciado el nombre de Hong Ki en sueños. Él también lo recordaba, lo
supo por la helada expresión de su rostro. Ahora que le conocía mejor comenzaba
a leer esas expresiones.
Volvió a
estirarse, deliberadamente, moviendo la mano sobre el torso desnudo al tiempo que
enredaba los dedos en el cabello oscuro.
—Estaba
soñando.
—¿Ah, sí?
—Soñé que me
hacías el amor —mintió sin importarle.
Sintió que
se relajaba.
Ella pensó,
levantando la cabeza para encontrar su boca, que aunque le llevara toda la vida,
haría que tuviera confianza para así sacarlo de su helada concha.
Algo en su
fuero interno la hizo preguntar si podría soportar ese esfuerzo interminable para
calmar sus celos, pero ella no hizo caso.
—¿No tienes
hambre? — le preguntó poco después y él gimió —sí, un hambre desesperada — pero
no hablaba de comida y ella se rio de él.
—Había
planeado una cena especial.
—Si insistes
—dijo de mala gana—Pero yo podría pensar en otra forma más agradable de pasar
la velada.
—Lo que
queda de ella dijo mirando el reloj. Debías necesitar ese sueño.
— Yo te necesitaba
a ti — le dijo y ella saltó fuera de la cama con gracia, consciente de sus ojos.
Se puso una bata ligera, se la ató a la cintura y le hizo una mueca.
— ¡Si tú no
tienes hambre, yo sí!
Yong Hwa
preguntó durante la cena:
— ¿Qué
hiciste hoy?
—Pocas cosas.
Fui de compras. Ah, me encontré a Ha Seon... quiere que vayamos a cenar a su
casa el jueves y le dije que iríamos. Llegarás a tiempo, ¿verdad?
—Si tengo
que hacerlo...
—Tienes que
hacerlo. Hace años que no cenamos con ellos. Será divertido y ya que se lo prometí
tenemos que ir.
—Supongo que
lo soportaré —dijo sin entusiasmo. Luego se sirvió otra taza de café y preguntó—:
¿Volviste a pensar en vender esta casa?
— Sí —dijo
con firmeza. Conseguiré un agente de bienes raíces para que venga a valorarla,
¿está bien?
—Si
quieres... —desvió la mirada.
—Así que
estaremos más tiempo juntos — e insistió—. No tendrás que viajar tanto para ir al
trabajo.
—La ciudad
no es el lugar en el que quiero vivir. Trabajar allí ya es bastante
desagradable y cuando tenga que viajar no te veré mucho de todas maneras.
Ella se
quedó en silencio con la cabeza inclinada. Yong Hwa dijo con brusquedad después
de un momento.
— Pero si
eso es lo que quieres...
Ella levantó
la cabeza.
—Eso es.
—Como
gustes.
Pero Shin
Hye sintió que el corazón se le contraía bajo la fría mirada de sus ojos y
volvió a preguntarse cuánto tiempo soportaría su obsesiva y celosa necesidad de
aislarla de todos.
yong es tan celoso y posecivo .. que woo .. por que sera que sera si ? tan frio tan asi algo paso antes no o por que de su comportamiento .. que bueno que shin se decidio a quedar con el aunque la pobre se lastime o bueno yong lo haga
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