miércoles, 3 de junio de 2015

CELOS QUE MATAN - CAPITULO 5


Soo Jin insistió en que debía comprar un vestido nuevo. Shin Hye tenía una cuenta bancaria suya... Yong Hwa se preocupó de ello... pero ella no quería usarla dadas las circunstancias.
Soo Jin no opinó lo mismo
— ¿Y por qué no? En mi opinión, te lo has ganado, además ese dinero también es tuyo.
Shin Hye se estremeció.
—Yo no lo veo así.
—Comienza ahora—aconsejó Soo Jin—Te convirtió en una esclava obediente. Administraste su casa. Merecías cada centavo que te daba. Además es rico, ¿no es verdad?
Sí, Yong Hwa, era rico. Su padre fue juez y cuando murió le dejó una renta considerable. Yong Hwa también tenía buenos ingresos de su trabajo. Tenía una posición económica elevada.
Al final, Soo Jin la convenció y salieron de compras. Era la ocupación favorita de Soo Jin. Adoraba la ropa. Pasaron dos horas antes de que estuviera satisfecha con el vestido que por fin escogieron.
Cuando Shin Hye estuvo lista, Soo Jin entró a la alcoba y se la quedó mirando fijamente.
— ¿Y bien? ¿Cómo estoy?
— ¿Necesito decírtelo yo? Sospecho que eso lo hará Hong Ki.
Shin Hye la miró ansiosa y no dijo nada. Nunca había tenido un vestido así, ultra sofisticado, de seda negra, se ajustaba al cuerpo y dejaba desnudos los blancos hombros.
Las magulladuras casi habían desaparecido. Soo Jin le miró los brazos y se extrañó al ver una manchita amoratada.
—¿Cómo te hiciste eso?
Shin Hye se sintió enrojecer.
—No me digas, puedo adivinar, —añadió Soo Jin.
Shin Hye pensó estremeciéndose, que ni siquiera podía sospechar. Sin duda Soo Jin imaginaba alguna lucha, una discusión, pero no podía concebir lo que Yong Hwa le hizo. Eso fue una brutalidad.
Necesitas ponerte algo de joyería —le dijo Soo Jin.
Shin Hye había dejado el joyero que Yong Hwa le dio en el tocador de su elegante y vacío hogar.
—No tengo dijo sin pizca de arrepentimiento al recordar el collar de perlas que heredó de la madre de Yong Hwa, que había muerto ya antes de la boda, o alguno de los otros objetos hermosos que Yong Hwa le regaló después. Pensó que habían sido juguetes para una prisionera y para ella no tenían valor.
—Puedo prestarte algo de bisutería —le dijo Soo Jin yéndose a su habitación. Regresó con una caja de marfil, exquisitamente tallada—Bae Joon me la dio — le dijo mostrándola con placer en el rostro. La abrió y buscó entre los enredados adornos, cosa que hizo reír a Shin Hye.
—Déjame a mí — desenredó los collares con paciencia y habilidad.
Ya sé que soy una desordenada.
— Siempre lo fuiste —dijo Shin Hye con afecto.
Discutieron qué joya debía usar Shin Hye y decidieron que un collar de plata que Bae Joon le trajo a Soo Jin de Egipto. Las hileras de anillos de plata están llenas de medallones cubiertos con signos arábicos. Lo sintió frío y pesado en el cuello desnudo pero reconoció que era el complemento ideal para el elegante vestido.
Shin Hye se miró con frialdad. Su imagen la sorprendió. Alta, delgada, el cuello brillando como fuego alrededor del rostro y el collar de plata que daba a sus facciones un aspecto que jamás había visto antes. Los ojos preciosos color canela resaltaban más al estar ligeramente maquillados.
Soo Jin dejó escapar un silbido.
— ¡Ya quisiera ver la cara de Hong Ki!
Shin Hye volvió a sentir de nuevo esa señal de advertencia. Miró tensa a Soo Jin.
—Soo Jin...
Cualquier cosa que hubiera querido preguntar fue interrumpida por el ruido del timbre de la puerta.
— Ya llegó —dijo Soo Jin y Shin Hye se preguntó si había imaginado el ligero alivio en el tono.
Fue a abrir la puerta y Shin Hye la siguió, mientras recogía su pequeño bolso negro y un chal blanco con hilos plateados.
Cuando entró a la habitación, Hong Ki se reía. Volvió la cabeza y se quedó serio, con los ojos desorbitados.
— ¡Fantástica! —murmuró con voz profunda. Soo Jin sonrió complacida.
—Creí que te impresionarías —dijo Soo Jin y miró a los dos—. ¡Que se diviertan!
Cuando Hong Ki y ella salieron, pensó que Soo Jin tramaba algo. ¿Qué era lo que tenía en mente al empujarlos tan descaradamente a uno en brazos del otro?
Mientras cenaban en un encantador restaurante, Hong Ki dijo:
— ¿Se te olvidó que dijimos que iríamos a la fiesta de Gong Hyo Jin ? Por eso quería yo que estuvieras elegante. Quiero que los impresiones. Gong Hyo Jin  puede serte muy útil.
Ella frunció el ceño con disgusto.
— ¿Es ésa la única razón por la que hay que ser amable con ella, Hong Ki?
Tú sabes que no. La admiro y sé que tú también, pero debes recordar que conocer gente ayuda. Sin talento no llegarías a ninguna parte, pero aún con él. Puedes pasar inadvertida por el mundo a menos que haya personas que te ayuden. Mucho del éxito depende de estar en el lugar adecuado en el momento adecuado... Si pierdes la oportunidad tal vez pierdas todo, por mucho talento que poseas.
—Has cambiado —le dijo francamente. En la superficie parecía ser el mismo, pero en su interior había cambiado mucho, se había endurecido, era cínico.
—Tú también le dijo recorriéndole con la mirada. Estás arrebatadora. Atractiva y hermosa. Vas a causar sensación. Ya vi los diseños preliminares para el vestuario de tu personaje, algunos están maravillosamente.
Comenzó a hablar de la serie de televisión y los sentimientos de alarma y ansiedad se desvanecieron. El viejo Hong Ki volvió a salir a la superficie y el placer de las cosas de su trabajo se sobrepuso a lo demás. Cenaron sin prisa, pero a las diez menos cuarto, Hong Ki miró el reloj y dijo con un suspiro de pesar.
—Es hora de irnos a la fiesta de  Hyo Jin. Es una lástima, porque disfrutaba con nuestra pequeña conversación privada.
Shin Hye también había disfrutado, tenía que admitirlo. Cuando se sentó en el lujoso automóvil y lo observó de perfil detrás del volante, sintió que el corazón le daba un vuelco.
Era atractivo; siempre lo fue.
Por qué nunca antes sintió esa atracción? Siempre lo vio como un hermano. Ahora, sabía que esa imagen se desvanecía y Hong Ki intentaba que así fuera. Él volvió la cabeza y le dirigió una mirada acariciadora.
— ¡Estás muy callada! ¿Te preocupa algo?
—No estoy segura— dijo francamente, mirándolo a los ojos.
Hong Ki se movió a lo largo del asiento y le ladeó la barbilla con un dedo.
—Deja de pensar en él —lo dijo en tono agudo y la mirada se le oscureció.
—No estaba haciéndolo— dijo sorprendida.
— ¿No? —Hong Ki la estudió —Estás conmigo y me gusta que mis mujeres piensen en mí, no en otra persona.
— Yo no soy una de tus mujeres, Hong Ki —le aclaró.
Él le acarició con el dedo la mejilla y la línea de la boca.
—Es cierto —dijo con suavidad —Nunca lo fuiste. Eres única. Shin Hye, única en tu clase. Nunca podría confundirte con alguien más.
¿Confundes a las otras?
—A menudo. Al final, todas parecen ser lo mismo. No importa con quién de ellas esté.
— ¡Eso es terrible! — se estremeció.
—¿Verdad? —le puso la mano a lo largo de la mejilla. —Aún con los ojos cerrados en la oscuridad,  creo que conocería tu rostro.
Shin Hye pensó que la conversación estaba dando un giro demasiado frívolo.
— ¿No será mejor irnos? Llegaremos tarde a la fiesta.
Hong Ki cerró los ojos. Se inclinó hacia ella con el rostro emocionado, delicadamente movió los dedos sobre su piel, acariciándola. Shin Hye lo miraba helada. Los dedos largos le tocaron los párpados y le Cerraron los ojos. Ella suspiró.
— Shin Hye —murmuró él.
Ella se movió sin respirar, le puso las manos en los hombros.
— ¡Hong Ki!
— He esperado demasiado tiempo.
Su boca se cerró con fuerza sobre la de ella sofocándole. Con la mano empujó hacia atrás su cabeza para su comodidad. Shin Hye estaba aturdida por encontrarse así en sus brazos... jamás la había tocado con tanta vehemencia. Le apretó los hombros con las manos. Resistió por unos cuantos segundos, luego se relajó. Cuando la sintió sin fuerzas, Hong Ki la acercó más, inclinándose sobre su cuerpo y la besó apasionadamente.
Las manos de Hong Ki se movían sobre ella y se estremeció. Estaba asustada.
—Shin Hye, Shin Hye le susurraba contra la oreja.
No podemos murmuró ella.
— ¿No podemos? Lo estamos haciendo... y no digas que esto es sólo unilateral, querida, porque no soy un muchacho inexperto— con suavidad deslizó los labios a su garganta, tocándola, acariciándola sin prisa.
Hong Ki levantó la cabeza y ella supo que la miraba. Abrió los ojos y se sonrojó, consciente de que sabía que la había afectado.
— ¿No podemos? —volvió a preguntar burlón. Le dio un beso breve y duro en la boca, luego, se enderezó y puso en marcha el coche. Al pasar por un farol de la calle, vio sus facciones, brillantes de satisfacción y ella se sintió inquieta.
Él la miró de reojo.
— ¿Culpable? —preguntó con sequedad.
— ¡Hong Ki, estoy casada!
—Por el momento, pero eso puede cambiarse —le dirigió una sonrisa alegre—. Te vas a divorciar, ¿no es así, Shin Hye?
Ella no contestó, pero pensó que sí, que tenía que divorciarse de Yong Hwa. Para ellos no había futuro. Su matrimonio había terminado.
—Encontrará a otra persona —dijo Hong Ki con ligereza.
— Ya lo hizo —luego se arrepintió de haberlo dicho, pero era demasiado tarde.
— ¿Lo hizo? — Hong Ki volvió a mirarla. —Bien, bien... eso no se lo contaste a Soo Jin.
—Por favor, olvida lo que dije.
—Como gustes —Hong Ki se encogió de hombros, pero parecía muy satisfecho de sí mismo.
Estaba encantado de oír que Yong Hwa tenía a otra. Comenzó a silbar entre dientes.
Cuando aparcaron, la ayudó a salir del coche y ella lo miró con disimulo. Pensó que era un hombre muy apuesto, no podía negarlo, y no podía imaginar cómo permaneció tanto tiempo ciega a su innegable atractivo, viéndolo sólo como al hermano que nunca tuvo. Su vieja relación era camaradería y nada más, pero ahora algo había cambiado. Lo veía con nuevos ojos y se sentía perturbada.
Él le pasó el brazo alrededor de la cintura. Una sonrisa apareció en su boca.
—¿Hacemos nuestra entrada?
—¿Por qué no?
—Shin Hye —murmuró y ella le miró. Los ojos parecían burlones —Shin Hye —volvió a decir—Deja de preocuparte... sólo permite que suceda.
—¿Qué?
—Ya sabes de lo que hablo.
Ella levantó la vista y sus ojos brillaron fríos y duros.
—¿Llegó la hora de pagar, Hong Ki? ¿Quieres cobrar después de todo?
—No, por supuesto que no.
Él le tomó el brazo con decisión.
—Ambos sabemos. Pero no tiene nada que ver con ningún pago, Shin Hye y no trates de pretender que crees que sí. Me siento insultado de que lo sugirieras.
—Lo siento, ¿pero cómo podía estar segura? Tú mismo dijiste que así era como se hacían las cosas.
—No entre nosotros —dijo con rudeza —Jamás lo vuelvas a sugerir. Significas demasiado para mí para ese tipo de juego.
Volvió a sentir ese extraño estremecimiento de advertencia. Levantó los ojos hacia su cara para estudiar su expresión.
—Hong Ki... —lo que estuvo a punto de decir, jamás fue dicho. Sus brazos la rodearon y la apretó contra el hombro, acariciándole el cabello.
—¿No lo sabes realmente, Shin Hye'? —su voz temblaba. Colocó u mejilla contra su cabello—.Eres tan frágil, que siempre quise protegerte y verte dichosa. Cuando sonreías tu rostro se iluminaba y me daban ganas de besarte, pero jamás me diste luz verde —le tomó el rostro entre las manos, inclinándolo hacia atrás para enredar los dedos en el cabello. Un rayo de ternura recorrió sus facciones — Dame una luz verde ahora, Shin Hye, y te demostraré de lo que soy capaz.
Lo había dicho con palabras. Soo Jin lo había sabido; Hong Ki se lo insinuó. Ella lo había llegado a sospechar, pero ahora sabía y le miró con ojos asombrados, dudando.
—Es demasiado pronto, Hong Ki... demasiado pronto.
— Si tú lo dices.
—Dame tiempo —le dijo pero su voz sonó trémula, porque la forma en que sus ojos la miraban la afectaba y podía sentir como latía con fuerza el corazón.
Él la miró y volvió a suspirar.
—Mmm —murmuró inclinándose hacia adelante. Le tocó la boca ligeramente, pero luego, se besaron con una extraña necesidad que sacudió a Shin Hye hasta las raíces, porque ahora no sólo aceptaba esa pasión, sino que la correspondía y ambos lo sabían.
Se quedaron ahí besándose. Estaba completamente aturdida, se sentía en una nube, respondía a sus caricias despreocupada de todo lo demás.
Llegaron otros invitados y el sonido de un coche los sacó del ensimismamiento. Hong Ki se apartó y Shin Hye sintió que el corazón le latía acelerado y que tenía la respiración entrecortada.
— i Dios mío! —Rio él apasionado. Ella se volvió y Hong Ki le tomó la mano.
—No pongas esa cara de pánico. No voy a culparte. Caíste... y no es un crimen —luego sonrió burlón—Ese es el efecto que les hago a las mujeres, ¿no lo sabías?
—Me lo has dicho bastante a menudo replicó y trató de ponerla misma ligereza en el tono.
Notó que él trataba de dejar pasar el incidente sin darle demasiada importancia. Ninguno de los dos estaba en condiciones de entrar a la fiesta. Hong Ki era un excelente actor, no podía ocultar la mirada de su cara en ese momento, ni ella tampoco. Ambos se sentían como transportados y lo demostraban. Ella sospechó que hasta los extraños podrían verlo.
Otras personas pasaban a su lado y los miraban con divertida curiosidad, después, la puerta se abrió y la luz y el bullicio los envolvieron. Gong Hyo Jin  les dio la bienvenida, estaba elegantísima con un vestido morado que le quedaba a la perfección, pero que hubiera parecido raro en otra persona.
Saludo a Hong Ki y  le dio una palmada y luego miró a Shin Hye con interés.
—Más tarde tenemos que charlar —le dijo—Vamos a tener mucho en común —desvió la mirada del rostro de Shin Hye para dirigirla a Hong Ki y agregó—: ¿Estás seguro de que se quieren quedar en la fiesta? — Los ojos astutos se burlaron de Hong Ki —Tengo la impresión de que los dos estarian mejor estando solos.
Hong Ki se sonrojó y le dirigió a Hyo Jin  una mirada nada divertida.
—¿Y perdernos tu fiesta, querida? ¡No podríamos!
Gong Hyo Jin  hizo un gesto divertido.
—Siento haber tocado un tema delicado. Llévate a Shin Hye y consíguele una bebida, querido... y Hong Ki...
Él volvió la cabeza y levantó las cejas.
—¿Sí?
—Trata de no poner esa cara tan ofendida, es como si llevaras una etiqueta.
—Assshh —gruñó Hong Ki y llevó a Shin Hye al salón donde se centraba la fiesta.
Después de la broma de Gong Hyo Jin, ambos trataron de aparentar frialdad y desinterés, pero lo que había sucedido antes, los hacía ser muy conscientes uno del otro y se notaba. La gente los miraba con caras curiosas y luego desaparecían tratando de actuar con discreción. Shin Hye trató de portarse con la mayor naturalidad pero aún estaba temblando y no podía recuperar su aplomo teniendo a su lado a Hong Ki.
Bailaron y sintió como si el menor contacto de los dedos de Hong Ki, pudieran encender una llama en ella, Hong Ki parecía falto de palabras. Hablaba poco y no la miraba. Estaba rígido, como un hombre que sufre y ella sabía exactamente lo que le pasaba porque también sentía lo mismo.
—Esto tenía que ocurrir murmuró él cuando dejaron de bailar y tornaron una bebida—Deja que te saque de aquí, Shin Hye.
Ella le miró aturdida y a punto de complacerle cuando algo atrajo su atención. Al volverse se encontró con la mirada de Yong Hwa. La impresión la hizo palidecer.
Hong Ki pensó que la reacción era producida por sus palabras y trató de acariciarla.
—Querida, no juegues conmigo, no ahora. Ambos sabemos lo que pasa entre nosotros.
Ella ni siquiera le escuchaba. Miraba a Yong Hwa y éste la miraba a su vez, pálido de rabia, con los ojos furiosos y la boca apretada.
Una mujer se acercó a Yong Hwa y le dio un vaso, frunció el ceño, siguió su fija mirada y volvió a mirar de nuevo. El reconocimiento fue mutuo. Shin Hye la había visto una vez antes en la oficina de Yong Hwa, en sus brazos y atravesó a Tae Hee con una mirada hostil y a Yong Hwa con una llena de desdén. Había llevado a esa mujer a la fiesta y sin embargo, estaba ahí, furioso porque ella estaba con Hong Ki. ¿Cómo se podía ser tan hipócrita? ¿Quién creía que era? ¡Había normas dobles, una para él y otra para ella! Eso es lo que él pensaba.
Volvió los ojos hacia Hong Ki quien la miraba tenso y en silencio.
— ¿Qué está haciendo él aquí? ¿Le dijiste que yo estaría en la fiesta? ¿Cómo lo supo?
—No. Me imagino que  Hyo Jin  le invitó. Comió con ella el día que la encontramos.
— ¿De veras? ¿Conoce a Gong Hyo Jin ? —Buscó por la habitación la elegante figura de la anfitriona—. ¿Cómo es que se conocen?
— ¿Por qué no le preguntas a ella? —sugirió con sequedad.
— Lo haré —dijo tomándola del brazo. —Vamos.
 Hyo Jin  los saludó encantada, sonriéndoles.
—Los vi bailando —dijo con los ojos brillantes —Deliciosa pareja. .. ¿En qué mundo estaban?
Hong Ki ignoró lo que dijo.
— ¿Qué hace Yong Hwa aquí esta noche?
Hyo Jin  le miró asombrada.
—Yo le invité ¿por qué?
—¿De qué le conoces?
—Me lleva un asunto —explicó. Le chispearon los ojos—Un caso de difamación... cree que tengo buenas posibilidades en contra del desgraciado que me calumnió—les contó que iba a demandar a un periódico y Hong Ki escuchó interesado desde un punto de vista profesional.
—Es un buen abogado —terminó con calma Hyo Jin — ¿Verdad?
—También es el marido de Shin Hye— dijo Hong Ki con franqueza.
Gong Hyo Jin  se quedó mirando a Shin Hye.
—¡Oh, Dios mío! —le tocó el brazo a Hong Ki disculpándose. —Querido, no tenía la menor idea...si hubiera sabido, jamás lo hubiera invitado esta noche. Me dijiste que era casada, pero no con quién.
—¡Olvídalo! Siempre y cuando no me cause problemas.
Hyo Jin  pareció interesada.
— ¿Crees que los cause? Se controla mucho como para hacer eso y además trajo consigo a uno de sus socios, así que no es probable que haga nada que cause un escándalo, mientras ella anda por aquí.
Como si su mirada le llamara, Yong Hwa se les acercaba con Tae Hee a su lado. Hong Ki montó en cólera y deslizó el brazo alrededor de la cintura de Shin Hye. Yong Hwa miró a  Hyo Jin , ignorándolos.
—Una fiesta encantadora —dijo y el sonido de su voz profunda y fría tocó algo en la mente de Shin Hye, poniéndola en tensión.
Hyo Jin  estaba divertida. Era el tipo de situación que iba de acuerdo con su sentido del humor.
—Conoces a Shin Hye por supuesto —dijo—, y a Hong Ki.
Era como si hubiera reído a carcajadas y Yong Hwa detestaba que se rieran de él; lo enloquecía que ella supiera que su esposa estaba con otro hombre. Miraba a Hong Ki con cara rígida y Hyo Jin  pudo ver sus músculos en tensión. Le sonrió con insolencia.
—Nos hemos encontrado en otras ocasiones —dijo e insinuó con burla el día en que Yong Hwa le tiró. Luego, Yong Hwa miró a Tae Hee y levantó las famosas cejas sonriendo en forma encantadora.
—Sin embargo, ustedes no se conocen —Tae Hee sonrió involuntariamente.—Tae Hee, éste es Lee Hong Ki —dijo Yong Hwa como si detestara presentarlos. Tae Hee hizo un reverencia y Hong Ki  hizo una reverencia que más parecía una burla.
Yong Hwa dirigió los ojos hacia Shin Hye.
—Mi esposa— dijo con brusquedad.
Tae Hee volvió la cabeza y miró a Shin Hye, quien devolvió la mirada con desafío en el rostro.
Todavía no había visto bien a su rival, pero entonces lo hizo y no le sorprendió que Yong Hwa se hubiera enamorado de ella. Era exactamente su tipo. Era bella, tenía un rostro inteligente y astuto y el cabello negro le brillaba. Era mayor que Shin Hye, tendría como treinta años. Las dos se quedaron mirando con curiosidad.
Se habían acercado otras personas, entre ellas, un productor de películas muy famoso que saludó ansiosamente a Hong Ki y lo acaparó. Hong Ki tuvo que irse y Gong Hyo Jin  también, sólo quedaron Shin Hye, Yong Hwa y Tae Hee. Ella tenía que apartarse de ellos con naturalidad, pero Tae Hee le hablaba con toda calma, con amabilidad y Shin Hye se vio forzada a contestar sus preguntas con cortesía.
—Sí, en un tiempo fui actriz.
—¿Conoció al señor Lee Hong Ki en la escuela de arte dramático?
— Sí, somos viejos amigos.
Yong Hwa murmuró algo acerca de ir por otra copa y desapareció. Tae Hee dijo con tranquilidad.
— ¿Podríamos ir a algún lugar más silencioso? Tengo que hablar con usted, señora Jung.
Shin Hye la miró y dudó, pero aceptó. Se dirigieron a un lugar cerca de las ventanas abiertas que daba a una pequeña terraza. Allí había gente fumando y las puntas de los cigarrillos eran como luces rojas en el cielo oscuro.
Kim Tae Hee observó a Shin Hye con todo cuidado.
—Yong Hwa me dijo que quiere usted el divorcio.
— ¿Le dijo? —Shin Hye quería pegarle. Al mirarla, sintió que la furia se encendía en su interior.
—No puede divorciarse —dijo Tae Hee  de pronto.
— ¿Qué? —Shin Hye no podía dar crédito a sus oídos. Miró furiosa a la mujer.
—En esta etapa de su carrera sería un golpe mortal. Está tratando de obtener el puesto más alto en el consorcio, eso lo sabe usted. Cualquier escándalo podría ser fatal y en el mejor de los casos, una desventaja. Usted seguramente sabe que Yong Hwa tiene la ambición de llegar a ser juez algún día, ¿o no? Un divorcio se lo impediría para siempre.
Shin Hye la miró perpleja.
— ¿Me está pidiendo que no me divorcie? —esperaba que Tae Hee estaría en favor de la idea; después de todo, quería que Yong Hwa estuviera libre. ¿Por qué se oponía ahora?
—Sí, por supuesto —habló con cierta impaciencia—Yong Hwa ha trabajado mucho y merece lo mejor. Sería una vergüenza que perdiera la oportunidad por habladurías acerca de su matrimonio. Uno de los más grandes sueños de cualquier abogado es ser juez y Yong Hwa no parará hasta conseguirlo. Es realmente bueno y llegará a la cima.
—¿Sabe él que me está usted hablando del asunto?
— No —dijo Tae Hee con rapidez—. No.
—¿No cree que se molestaría si lo supiera? —Shin Hye trató de hablar con tono ligero, sin dejar asomar la furia que sentía.
— ¡Estaría furioso! —Tae Hee pareció desconsolada —No es asunto mío, lo sé. Pero usted tiene que ver que además del respeto personal y la admiración que le tengo a Yong Hwa, pienso en el futuro de nuestra firma... el tener a alguien con tanto prestigio en nuestra lista puede beneficiarnos mucho.
Shin Hye estaba confundida, asombrada. La mujer le hablaba de Yong Hwa en una forma que no sugería que hubiera una relación emocional entre ellos y Shin Hye sabía que la había.
Al mirarla, decidió que debía ser una gran actriz.
Tal vez Yong Hwa consideraría que el sacrificio vale la pena dijo y supo que los celos eran visibles por el tono de voz tenso.
— Sé que la ama profundamente, ¿pero no cree que es una forma egoísta de ver las cosas? —Tae Hee la miraba con desdén y sus palabras eran tan sorprendentes que Shin Hye estaba demasiado confundida para pensar en ellas.
—No soy ninguna tonta le respondió. Sé lo de ustedes.
Tae Hee la miró con la boca abierta y ni siquiera Shin Hye pudo creer que su asombro era verdadero.
—¿Yo? ¿De qué diablos está hablando?
—Yong Hwa y... usted... —dijo Shin Hye muy lentamente.
—¡Está loca! —exclamó Tae Hee con indignación. —O loca o muy astuta... no hay nada entre Yong Hwa y yo. Es cierto que de vez en cuando confía en mí. Como soy mujer, pensó que podía aconsejarlo acerca... interrumpió y la cara se le suavizó, miró preocupada a Shin Hye —Señora Jung, soy una mujer casada, tengo dos hijos..., ¿nunca se lo dijo Yong Hwa?
Shin Hye pensó aturdida que tal vez lo hizo, pero nunca lo oyó nunca escuchó. Temblaba, su mente se movía en círculos.
— Sentí mucho lo de su accidente, lo del niño... sé que debe haber sido algo terrible. Ese día, Yong Hwa estaba fuera de sí. Me dio mucha lástima. Fue entonces cuando me habló de usted por primera vez. Estaba muy preocupado y se sentía muy desgraciado.
Shin Hye se dio cuenta que todas las cosas que oyó cuando visitó la oficina de Yong Hwa, podían tener una explicación totalmente diferente. Ella sumó dos y dos y sacó cinco, pero entonces, todo lo que vio fue un engaño.
Tae Hee  la miraba y le sonreía.
— Espero que nunca haya sospechado de verdad que Yong Hwa y...
Shin Hye se ruborizó.
—Lo siento, fue una estupidez por mi parte. Lo oí hablando con usted e interpreté mal.
— ¿Es por eso por lo que se quiere divorciar de él? —la alarma apareció en el rostro inteligente de la mujer —¡Dios mío!
Shin Hye dijo con amargura:
— ¿Es tan sorprendente? Es obvio que usted podía ser mejor esposa para él que lo que yo jamás fui.
—Lo parecido no siempre atrae —confesó con sequedad Tae Hee —Mi esposo es ingeniero... espléndido con las manos, puede hacer que cualquier maquinaria funcione con la suavidad de la seda, pero no se le puede pedir que converse. Es parco. A veces me pregunto lo que vi en él, pero así es como funciona el amor en ocasiones.
— Después de dos años de matrimonio, Yong Hwa y yo seguimos siendo extraños confesó Shin Hye y se enojó consigo misma por ser tan franca con una extraña.
—Pobre Yong Hwa —dijo Tae Hee. —¿Todavía piensa divorciarte de él? Por favor, píenselo... éste sería el peor momento para hacerlo.

—No quiero perjudicar su carrera —dijo Shin Hye. —No, no me divorciaré de él, se lo prometo.


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2 comentarios:

  1. afff!!~~~ esto es un enredijo como crajos que ella no era su amante ??? y ahora no lo es .? y entonces lo que shin vio lo que escucho ? que fuee .. sea de cada quien no me gusto lo que paso shin con hongki :p .. simplemente no ! no los logro visulisar en otra cosa que no sea amigos o hermanos . eso de que se besaron me :p incomodo ...

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    1. Ino al final de este capítulo te deje un link con la imagen del personaje de Hong Ki en esta historia, te darás cuenta que puede hacer muy bien su papel de tercero en discordia.^^

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