Soo Jin insistió en que debía comprar un vestido nuevo. Shin Hye tenía una cuenta bancaria suya... Yong Hwa se preocupó de ello... pero ella no quería usarla dadas las circunstancias.
Soo Jin no
opinó lo mismo
— ¿Y por qué
no? En mi opinión, te lo has ganado, además ese dinero también es tuyo.
Shin Hye se
estremeció.
—Yo no lo
veo así.
—Comienza
ahora—aconsejó Soo Jin—Te convirtió en una esclava obediente. Administraste su
casa. Merecías cada centavo que te daba. Además es rico, ¿no es verdad?
Sí, Yong
Hwa, era rico. Su padre fue juez y cuando murió le dejó una renta considerable.
Yong Hwa también tenía buenos ingresos de su trabajo. Tenía una posición económica
elevada.
Al final, Soo
Jin la convenció y salieron de compras. Era la ocupación favorita de Soo Jin. Adoraba
la ropa. Pasaron dos horas antes de que estuviera satisfecha con el vestido que
por fin escogieron.
Cuando Shin
Hye estuvo lista, Soo Jin entró a la alcoba y se la quedó mirando fijamente.
— ¿Y bien?
¿Cómo estoy?
— ¿Necesito
decírtelo yo? Sospecho que eso lo hará Hong Ki.
Shin Hye la
miró ansiosa y no dijo nada. Nunca había tenido un vestido así, ultra sofisticado,
de seda negra, se ajustaba al cuerpo y dejaba desnudos los blancos hombros.
Las
magulladuras casi habían desaparecido. Soo Jin le miró los brazos y se extrañó
al ver una manchita amoratada.
—¿Cómo te
hiciste eso?
Shin Hye se
sintió enrojecer.
—No me
digas, puedo adivinar, —añadió Soo Jin.
Shin Hye
pensó estremeciéndose, que ni siquiera podía sospechar. Sin duda Soo Jin imaginaba
alguna lucha, una discusión, pero no podía concebir lo que Yong Hwa le hizo.
Eso fue una brutalidad.
Necesitas
ponerte algo de joyería —le dijo Soo Jin.
Shin Hye
había dejado el joyero que Yong Hwa le dio en el tocador de su elegante y vacío
hogar.
—No tengo
dijo sin pizca de arrepentimiento al recordar el collar de perlas que heredó de
la madre de Yong Hwa, que había muerto ya antes de la boda, o alguno de los
otros objetos hermosos que Yong Hwa le regaló después. Pensó que habían sido
juguetes para una prisionera y para ella no tenían valor.
—Puedo
prestarte algo de bisutería —le dijo Soo Jin yéndose a su habitación. Regresó con
una caja de marfil, exquisitamente tallada—Bae Joon me la dio — le dijo mostrándola
con placer en el rostro. La abrió y buscó entre los enredados adornos, cosa que
hizo reír a Shin Hye.
—Déjame a mí
— desenredó los collares con paciencia y habilidad.
Ya sé que
soy una desordenada.
— Siempre lo
fuiste —dijo Shin Hye con afecto.
Discutieron
qué joya debía usar Shin Hye y decidieron que un collar de plata que Bae Joon
le trajo a Soo Jin de Egipto. Las hileras de anillos de plata están llenas de
medallones cubiertos con signos arábicos. Lo sintió frío y pesado en el cuello
desnudo pero reconoció que era el complemento ideal para el elegante vestido.
Shin Hye se
miró con frialdad. Su imagen la sorprendió. Alta, delgada, el cuello brillando como
fuego alrededor del rostro y el collar de plata que daba a sus facciones un
aspecto que jamás había visto antes. Los ojos preciosos color canela resaltaban
más al estar ligeramente maquillados.
Soo Jin dejó
escapar un silbido.
— ¡Ya
quisiera ver la cara de Hong Ki!
Shin Hye
volvió a sentir de nuevo esa señal de advertencia. Miró tensa a Soo Jin.
—Soo Jin...
Cualquier
cosa que hubiera querido preguntar fue interrumpida por el ruido del timbre de la
puerta.
— Ya llegó
—dijo Soo Jin y Shin Hye se preguntó si había imaginado el ligero alivio en el tono.
Fue a abrir
la puerta y Shin Hye la siguió, mientras recogía su pequeño bolso negro y un
chal blanco con hilos plateados.
Cuando entró
a la habitación, Hong Ki se reía. Volvió la cabeza y se quedó serio, con los
ojos desorbitados.
—
¡Fantástica! —murmuró con voz profunda. Soo Jin sonrió complacida.
—Creí que te
impresionarías —dijo Soo Jin y miró a los dos—. ¡Que se diviertan!
Cuando Hong
Ki y ella salieron, pensó que Soo Jin tramaba algo. ¿Qué era lo que tenía en mente
al empujarlos tan descaradamente a uno en brazos del otro?
Mientras
cenaban en un encantador restaurante, Hong Ki dijo:
— ¿Se te
olvidó que dijimos que iríamos a la fiesta de Gong Hyo Jin ? Por eso quería yo
que estuvieras elegante. Quiero que los impresiones. Gong Hyo Jin puede serte muy útil.
Ella frunció
el ceño con disgusto.
— ¿Es ésa la
única razón por la que hay que ser amable con ella, Hong Ki?
Tú sabes que
no. La admiro y sé que tú también, pero debes recordar que conocer gente ayuda.
Sin talento no llegarías a ninguna parte, pero aún con él. Puedes pasar
inadvertida por el mundo a menos que haya personas que te ayuden. Mucho del
éxito depende de estar en el lugar adecuado en el momento adecuado... Si
pierdes la oportunidad tal vez pierdas todo, por mucho talento que poseas.
—Has
cambiado —le dijo francamente. En la superficie parecía ser el mismo, pero en
su interior había cambiado mucho, se había endurecido, era cínico.
—Tú también
le dijo recorriéndole con la mirada. Estás arrebatadora. Atractiva y hermosa. Vas
a causar sensación. Ya vi los diseños preliminares para el vestuario de tu
personaje, algunos están maravillosamente.
Comenzó a
hablar de la serie de televisión y los sentimientos de alarma y ansiedad se desvanecieron.
El viejo Hong Ki volvió a salir a la superficie y el placer de las cosas de su trabajo
se sobrepuso a lo demás. Cenaron sin prisa, pero a las diez menos cuarto, Hong
Ki miró el reloj y dijo con un suspiro de pesar.
—Es hora de
irnos a la fiesta de Hyo Jin. Es una
lástima, porque disfrutaba con nuestra pequeña conversación privada.
Shin Hye
también había disfrutado, tenía que admitirlo. Cuando se sentó en el lujoso automóvil
y lo observó de perfil detrás del volante, sintió que el corazón le daba un
vuelco.
Era atractivo;
siempre lo fue.
Por qué
nunca antes sintió esa atracción? Siempre lo vio como un hermano. Ahora, sabía que
esa imagen se desvanecía y Hong Ki intentaba que así fuera. Él volvió la cabeza
y le dirigió una mirada acariciadora.
— ¡Estás muy
callada! ¿Te preocupa algo?
—No estoy
segura— dijo francamente, mirándolo a los ojos.
Hong Ki se
movió a lo largo del asiento y le ladeó la barbilla con un dedo.
—Deja de
pensar en él —lo dijo en tono agudo y la mirada se le oscureció.
—No estaba
haciéndolo— dijo sorprendida.
— ¿No? —Hong
Ki la estudió —Estás conmigo y me gusta que mis mujeres piensen en mí, no en
otra persona.
— Yo no soy
una de tus mujeres, Hong Ki —le aclaró.
Él le
acarició con el dedo la mejilla y la línea de la boca.
—Es cierto
—dijo con suavidad —Nunca lo fuiste. Eres única. Shin Hye, única en tu clase. Nunca
podría confundirte con alguien más.
¿Confundes a
las otras?
—A menudo.
Al final, todas parecen ser lo mismo. No importa con quién de ellas esté.
— ¡Eso es
terrible! — se estremeció.
—¿Verdad?
—le puso la mano a lo largo de la mejilla. —Aún con los ojos cerrados en la oscuridad,
creo que conocería tu rostro.
Shin Hye
pensó que la conversación estaba dando un giro demasiado frívolo.
— ¿No será
mejor irnos? Llegaremos tarde a la fiesta.
Hong Ki
cerró los ojos. Se inclinó hacia ella con el rostro emocionado, delicadamente
movió los dedos sobre su piel, acariciándola. Shin Hye lo miraba helada. Los
dedos largos le tocaron los párpados y le Cerraron los ojos. Ella suspiró.
— Shin Hye —murmuró
él.
Ella se
movió sin respirar, le puso las manos en los hombros.
— ¡Hong Ki!
— He
esperado demasiado tiempo.
Su boca se
cerró con fuerza sobre la de ella sofocándole. Con la mano empujó hacia atrás su
cabeza para su comodidad. Shin Hye estaba aturdida por encontrarse así en sus brazos...
jamás la había tocado con tanta vehemencia. Le apretó los hombros con las manos.
Resistió por unos cuantos segundos, luego se relajó. Cuando la sintió sin
fuerzas, Hong Ki la acercó más, inclinándose sobre su cuerpo y la besó
apasionadamente.
Las manos de
Hong Ki se movían sobre ella y se estremeció. Estaba asustada.
—Shin Hye,
Shin Hye le susurraba contra la oreja.
No podemos
murmuró ella.
— ¿No
podemos? Lo estamos haciendo... y no digas que esto es sólo unilateral,
querida, porque no soy un muchacho inexperto— con suavidad deslizó los labios a
su garganta, tocándola, acariciándola sin prisa.
Hong Ki
levantó la cabeza y ella supo que la miraba. Abrió los ojos y se sonrojó,
consciente de que sabía que la había afectado.
— ¿No podemos?
—volvió a preguntar burlón. Le dio un beso breve y duro en la boca, luego, se
enderezó y puso en marcha el coche. Al pasar por un farol de la calle, vio sus facciones,
brillantes de satisfacción y ella se sintió inquieta.
Él la miró
de reojo.
— ¿Culpable?
—preguntó con sequedad.
— ¡Hong Ki,
estoy casada!
—Por el
momento, pero eso puede cambiarse —le dirigió una sonrisa alegre—. Te vas a divorciar,
¿no es así, Shin Hye?
Ella no
contestó, pero pensó que sí, que tenía que divorciarse de Yong Hwa. Para ellos
no había futuro. Su matrimonio había terminado.
—Encontrará
a otra persona —dijo Hong Ki con ligereza.
— Ya lo hizo
—luego se arrepintió de haberlo dicho, pero era demasiado tarde.
— ¿Lo hizo? —
Hong Ki volvió a mirarla. —Bien, bien... eso no se lo contaste a Soo Jin.
—Por favor,
olvida lo que dije.
—Como gustes
—Hong Ki se encogió de hombros, pero parecía muy satisfecho de sí mismo.
Estaba
encantado de oír que Yong Hwa tenía a otra. Comenzó a silbar entre dientes.
Cuando
aparcaron, la ayudó a salir del coche y ella lo miró con disimulo. Pensó que
era un hombre muy apuesto, no podía negarlo, y no podía imaginar cómo
permaneció tanto tiempo ciega a su innegable atractivo, viéndolo sólo como al
hermano que nunca tuvo. Su vieja relación era camaradería y nada más, pero
ahora algo había cambiado. Lo veía con nuevos ojos y se sentía perturbada.
Él le pasó
el brazo alrededor de la cintura. Una sonrisa apareció en su boca.
—¿Hacemos
nuestra entrada?
—¿Por qué
no?
—Shin Hye
—murmuró y ella le miró. Los ojos parecían burlones —Shin Hye —volvió a decir—Deja
de preocuparte... sólo permite que suceda.
—¿Qué?
—Ya sabes de
lo que hablo.
Ella levantó
la vista y sus ojos brillaron fríos y duros.
—¿Llegó la
hora de pagar, Hong Ki? ¿Quieres cobrar después de todo?
—No, por supuesto
que no.
Él le tomó el
brazo con decisión.
—Ambos
sabemos. Pero no tiene nada que ver con ningún pago, Shin Hye y no trates de pretender
que crees que sí. Me siento insultado de que lo sugirieras.
—Lo siento,
¿pero cómo podía estar segura? Tú mismo dijiste que así era como se hacían las
cosas.
—No entre
nosotros —dijo con rudeza —Jamás lo vuelvas a sugerir. Significas demasiado para
mí para ese tipo de juego.
Volvió a
sentir ese extraño estremecimiento de advertencia. Levantó los ojos hacia su cara
para estudiar su expresión.
—Hong Ki...
—lo que estuvo a punto de decir, jamás fue dicho. Sus brazos la rodearon y la apretó
contra el hombro, acariciándole el cabello.
—¿No lo
sabes realmente, Shin Hye'? —su voz temblaba. Colocó u mejilla contra su cabello—.Eres
tan frágil, que siempre quise protegerte y verte dichosa. Cuando sonreías tu
rostro se iluminaba y me daban ganas de besarte, pero jamás me diste luz verde
—le tomó el rostro entre las manos, inclinándolo hacia atrás para enredar los
dedos en el cabello. Un rayo de ternura recorrió sus facciones — Dame una luz
verde ahora, Shin Hye, y te demostraré de lo que soy capaz.
Lo había
dicho con palabras. Soo Jin lo había sabido; Hong Ki se lo insinuó. Ella lo
había llegado a sospechar, pero ahora sabía y le miró con ojos asombrados,
dudando.
—Es
demasiado pronto, Hong Ki... demasiado pronto.
— Si tú lo
dices.
—Dame tiempo
—le dijo pero su voz sonó trémula, porque la forma en que sus ojos la miraban
la afectaba y podía sentir como latía con fuerza el corazón.
Él la miró y
volvió a suspirar.
—Mmm
—murmuró inclinándose hacia adelante. Le tocó la boca ligeramente, pero luego, se
besaron con una extraña necesidad que sacudió a Shin Hye hasta las raíces, porque
ahora no sólo aceptaba esa pasión, sino que la correspondía y ambos lo sabían.
Se quedaron
ahí besándose. Estaba completamente aturdida, se sentía en una nube, respondía
a sus caricias despreocupada de todo lo demás.
Llegaron
otros invitados y el sonido de un coche los sacó del ensimismamiento. Hong Ki
se apartó y Shin Hye sintió que el corazón le latía acelerado y que tenía la
respiración entrecortada.
— i Dios
mío! —Rio él apasionado. Ella se volvió y Hong Ki le tomó la mano.
—No pongas
esa cara de pánico. No voy a culparte. Caíste... y no es un crimen —luego sonrió
burlón—Ese es el efecto que les hago a las mujeres, ¿no lo sabías?
—Me lo has
dicho bastante a menudo replicó y trató de ponerla misma ligereza en el tono.
Notó que él
trataba de dejar pasar el incidente sin darle demasiada importancia. Ninguno de
los dos estaba en condiciones de entrar a la fiesta. Hong Ki era un excelente
actor, no podía ocultar la mirada de su cara en ese momento, ni ella tampoco.
Ambos se sentían como transportados y lo demostraban. Ella sospechó que hasta
los extraños podrían verlo.
Otras
personas pasaban a su lado y los miraban con divertida curiosidad, después, la puerta
se abrió y la luz y el bullicio los envolvieron. Gong Hyo Jin les dio la bienvenida, estaba elegantísima con
un vestido morado que le quedaba a la perfección, pero que hubiera parecido
raro en otra persona.
Saludo a Hong
Ki y le dio una palmada y luego miró a
Shin Hye con interés.
—Más tarde
tenemos que charlar —le dijo—Vamos a tener mucho en común —desvió la mirada del
rostro de Shin Hye para dirigirla a Hong Ki y agregó—: ¿Estás seguro de que se
quieren quedar en la fiesta? — Los ojos astutos se burlaron de Hong Ki —Tengo
la impresión de que los dos estarian mejor estando solos.
Hong Ki se
sonrojó y le dirigió a Hyo Jin una
mirada nada divertida.
—¿Y
perdernos tu fiesta, querida? ¡No podríamos!
Gong Hyo Jin
hizo un gesto divertido.
—Siento
haber tocado un tema delicado. Llévate a Shin Hye y consíguele una bebida, querido...
y Hong Ki...
Él volvió la
cabeza y levantó las cejas.
—¿Sí?
—Trata de no
poner esa cara tan ofendida, es como si llevaras una etiqueta.
—Assshh —gruñó
Hong Ki y llevó a Shin Hye al salón donde se centraba la fiesta.
Después de
la broma de Gong Hyo Jin, ambos trataron de aparentar frialdad y desinterés,
pero lo que había sucedido antes, los hacía ser muy conscientes uno del otro y
se notaba. La gente los miraba con caras curiosas y luego desaparecían tratando
de actuar con discreción. Shin Hye trató de portarse con la mayor naturalidad
pero aún estaba temblando y no podía recuperar su aplomo teniendo a su lado a Hong
Ki.
Bailaron y
sintió como si el menor contacto de los dedos de Hong Ki, pudieran encender una
llama en ella, Hong Ki parecía falto de palabras. Hablaba poco y no la miraba.
Estaba rígido, como un hombre que sufre y ella sabía exactamente lo que le
pasaba porque también sentía lo mismo.
—Esto tenía
que ocurrir murmuró él cuando dejaron de bailar y tornaron una bebida—Deja que
te saque de aquí, Shin Hye.
Ella le miró
aturdida y a punto de complacerle cuando algo atrajo su atención. Al volverse se
encontró con la mirada de Yong Hwa. La impresión la hizo palidecer.
Hong Ki
pensó que la reacción era producida por sus palabras y trató de acariciarla.
—Querida, no
juegues conmigo, no ahora. Ambos sabemos lo que pasa entre nosotros.
Ella ni
siquiera le escuchaba. Miraba a Yong Hwa y éste la miraba a su vez, pálido de
rabia, con los ojos furiosos y la boca apretada.
Una mujer se
acercó a Yong Hwa y le dio un vaso, frunció el ceño, siguió su fija mirada y volvió
a mirar de nuevo. El reconocimiento fue mutuo. Shin Hye la había visto una vez antes
en la oficina de Yong Hwa, en sus brazos y atravesó a Tae Hee con una mirada hostil
y a Yong Hwa con una llena de desdén. Había llevado a esa mujer a la fiesta y
sin embargo, estaba ahí, furioso porque ella estaba con Hong Ki. ¿Cómo se podía
ser tan hipócrita? ¿Quién creía que era? ¡Había normas dobles, una para él y
otra para ella! Eso es lo que él pensaba.
Volvió los
ojos hacia Hong Ki quien la miraba tenso y en silencio.
— ¿Qué está
haciendo él aquí? ¿Le dijiste que yo estaría en la fiesta? ¿Cómo lo supo?
—No. Me
imagino que Hyo Jin le invitó. Comió con ella el día que la
encontramos.
— ¿De veras?
¿Conoce a Gong Hyo Jin ? —Buscó por la habitación la elegante figura de la anfitriona—.
¿Cómo es que se conocen?
— ¿Por qué
no le preguntas a ella? —sugirió con sequedad.
— Lo haré —dijo
tomándola del brazo. —Vamos.
Hyo Jin los saludó encantada, sonriéndoles.
—Los vi
bailando —dijo con los ojos brillantes —Deliciosa pareja. .. ¿En qué mundo
estaban?
Hong Ki
ignoró lo que dijo.
— ¿Qué hace
Yong Hwa aquí esta noche?
Hyo Jin le miró asombrada.
—Yo le
invité ¿por qué?
—¿De qué le
conoces?
—Me lleva un
asunto —explicó. Le chispearon los ojos—Un caso de difamación... cree que tengo
buenas posibilidades en contra del desgraciado que me calumnió—les contó que
iba a demandar a un periódico y Hong Ki escuchó interesado desde un punto de
vista profesional.
—Es un buen
abogado —terminó con calma Hyo Jin — ¿Verdad?
—También es
el marido de Shin Hye— dijo Hong Ki con franqueza.
Gong Hyo Jin
se quedó mirando a Shin Hye.
—¡Oh, Dios
mío! —le tocó el brazo a Hong Ki disculpándose. —Querido, no tenía la menor
idea...si hubiera sabido, jamás lo hubiera invitado esta noche. Me dijiste que
era casada, pero no con quién.
—¡Olvídalo!
Siempre y cuando no me cause problemas.
Hyo Jin pareció interesada.
— ¿Crees que
los cause? Se controla mucho como para hacer eso y además trajo consigo a uno
de sus socios, así que no es probable que haga nada que cause un escándalo,
mientras ella anda por aquí.
Como si su
mirada le llamara, Yong Hwa se les acercaba con Tae Hee a su lado. Hong Ki montó
en cólera y deslizó el brazo alrededor de la cintura de Shin Hye. Yong Hwa miró
a Hyo Jin , ignorándolos.
—Una fiesta
encantadora —dijo y el sonido de su voz profunda y fría tocó algo en la mente
de Shin Hye, poniéndola en tensión.
Hyo Jin estaba divertida. Era el tipo de situación que
iba de acuerdo con su sentido del humor.
—Conoces a
Shin Hye por supuesto —dijo—, y a Hong Ki.
Era como si
hubiera reído a carcajadas y Yong Hwa detestaba que se rieran de él; lo enloquecía
que ella supiera que su esposa estaba con otro hombre. Miraba a Hong Ki con cara
rígida y Hyo Jin pudo ver sus músculos
en tensión. Le sonrió con insolencia.
—Nos hemos
encontrado en otras ocasiones —dijo e insinuó con burla el día en que Yong Hwa
le tiró. Luego, Yong Hwa miró a Tae Hee y levantó las famosas cejas sonriendo
en forma encantadora.
—Sin embargo,
ustedes no se conocen —Tae Hee sonrió involuntariamente.—Tae Hee, éste es Lee
Hong Ki —dijo Yong Hwa como si detestara presentarlos. Tae Hee hizo un
reverencia y Hong Ki hizo una reverencia
que más parecía una burla.
Yong Hwa dirigió
los ojos hacia Shin Hye.
—Mi esposa—
dijo con brusquedad.
Tae Hee
volvió la cabeza y miró a Shin Hye, quien devolvió la mirada con desafío en el
rostro.
Todavía no
había visto bien a su rival, pero entonces lo hizo y no le sorprendió que Yong
Hwa se hubiera enamorado de ella. Era exactamente su tipo. Era bella, tenía un
rostro inteligente y astuto y el cabello negro le brillaba. Era mayor que Shin
Hye, tendría como treinta años. Las dos se quedaron mirando con curiosidad.
Se habían acercado
otras personas, entre ellas, un productor de películas muy famoso que saludó ansiosamente
a Hong Ki y lo acaparó. Hong Ki tuvo que irse y Gong Hyo Jin también, sólo quedaron Shin Hye, Yong Hwa
y Tae Hee. Ella tenía que apartarse de ellos con naturalidad,
pero Tae Hee le hablaba con toda calma, con amabilidad y Shin Hye se vio
forzada a contestar sus preguntas con cortesía.
—Sí, en un
tiempo fui actriz.
—¿Conoció al
señor Lee Hong Ki en la escuela de arte dramático?
— Sí, somos
viejos amigos.
Yong Hwa
murmuró algo acerca de ir por otra copa y desapareció. Tae Hee dijo con tranquilidad.
— ¿Podríamos
ir a algún lugar más silencioso? Tengo que hablar con usted, señora Jung.
Shin Hye la
miró y dudó, pero aceptó. Se dirigieron a un lugar cerca de las ventanas abiertas
que daba a una pequeña terraza. Allí había gente fumando y las puntas de los cigarrillos
eran como luces rojas en el cielo oscuro.
Kim Tae Hee observó
a Shin Hye con todo cuidado.
—Yong Hwa me
dijo que quiere usted el divorcio.
— ¿Le dijo?
—Shin Hye quería pegarle. Al mirarla, sintió que la furia se encendía en su interior.
—No puede
divorciarse —dijo Tae Hee de pronto.
— ¿Qué?
—Shin Hye no podía dar crédito a sus oídos. Miró furiosa a la mujer.
—En esta
etapa de su carrera sería un golpe mortal. Está tratando de obtener el puesto más
alto en el consorcio, eso lo sabe usted. Cualquier escándalo podría ser fatal y
en el mejor de los casos, una desventaja. Usted seguramente sabe que Yong Hwa
tiene la ambición de llegar a ser juez algún día, ¿o no? Un divorcio se lo
impediría para siempre.
Shin Hye la
miró perpleja.
— ¿Me está
pidiendo que no me divorcie? —esperaba que Tae Hee estaría en favor de la idea;
después de todo, quería que Yong Hwa estuviera libre. ¿Por qué se oponía ahora?
—Sí, por
supuesto —habló con cierta impaciencia—Yong Hwa ha trabajado mucho y merece lo
mejor. Sería una vergüenza que perdiera la oportunidad por habladurías acerca de
su matrimonio. Uno de los más grandes sueños de cualquier abogado es ser juez y
Yong Hwa no parará hasta conseguirlo. Es realmente bueno y llegará a la cima.
—¿Sabe él
que me está usted hablando del asunto?
— No —dijo Tae
Hee con rapidez—. No.
—¿No cree
que se molestaría si lo supiera? —Shin Hye trató de hablar con tono ligero, sin
dejar asomar la furia que sentía.
— ¡Estaría
furioso! —Tae Hee pareció desconsolada —No es asunto mío, lo sé. Pero usted tiene
que ver que además del respeto personal y la admiración que le tengo a Yong
Hwa, pienso en el futuro de nuestra firma... el tener a alguien con tanto prestigio
en nuestra lista puede beneficiarnos mucho.
Shin Hye
estaba confundida, asombrada. La mujer le hablaba de Yong Hwa en una forma que no
sugería que hubiera una relación emocional entre ellos y Shin Hye sabía que la
había.
Al mirarla,
decidió que debía ser una gran actriz.
Tal vez Yong
Hwa consideraría que el sacrificio vale la pena dijo y supo que los celos eran visibles
por el tono de voz tenso.
— Sé que la
ama profundamente, ¿pero no cree que es una forma egoísta de ver las cosas? —Tae
Hee la miraba con desdén y sus palabras eran tan sorprendentes que Shin Hye estaba
demasiado confundida para pensar en ellas.
—No soy
ninguna tonta le respondió. Sé lo de ustedes.
Tae Hee la
miró con la boca abierta y ni siquiera Shin Hye pudo creer que su asombro era verdadero.
—¿Yo? ¿De
qué diablos está hablando?
—Yong Hwa
y... usted... —dijo Shin Hye muy lentamente.
—¡Está loca!
—exclamó Tae Hee con indignación. —O loca o muy astuta... no hay nada entre Yong
Hwa y yo. Es cierto que de vez en cuando confía en mí. Como soy mujer, pensó
que podía aconsejarlo acerca... interrumpió y la cara se le suavizó, miró
preocupada a Shin Hye —Señora Jung, soy una mujer casada, tengo dos hijos...,
¿nunca se lo dijo Yong Hwa?
Shin Hye
pensó aturdida que tal vez lo hizo, pero nunca lo oyó nunca escuchó. Temblaba, su
mente se movía en círculos.
— Sentí
mucho lo de su accidente, lo del niño... sé que debe haber sido algo terrible.
Ese día, Yong Hwa estaba fuera de sí. Me dio mucha lástima. Fue entonces cuando
me habló de usted por primera vez. Estaba muy preocupado y se sentía muy
desgraciado.
Shin Hye se
dio cuenta que todas las cosas que oyó cuando visitó la oficina de Yong Hwa, podían
tener una explicación totalmente diferente. Ella sumó dos y dos y sacó cinco,
pero entonces, todo lo que vio fue un engaño.
Tae Hee la miraba y le sonreía.
— Espero que
nunca haya sospechado de verdad que Yong Hwa y...
Shin Hye se
ruborizó.
—Lo siento,
fue una estupidez por mi parte. Lo oí hablando con usted e interpreté mal.
— ¿Es por
eso por lo que se quiere divorciar de él? —la alarma apareció en el rostro inteligente
de la mujer —¡Dios mío!
Shin Hye
dijo con amargura:
— ¿Es tan
sorprendente? Es obvio que usted podía ser mejor esposa para él que lo que yo
jamás fui.
—Lo parecido
no siempre atrae —confesó con sequedad Tae Hee —Mi esposo es ingeniero... espléndido
con las manos, puede hacer que cualquier maquinaria funcione con la suavidad de
la seda, pero no se le puede pedir que converse. Es parco. A veces me pregunto
lo que vi en él, pero así es como funciona el amor en ocasiones.
— Después de
dos años de matrimonio, Yong Hwa y yo seguimos siendo extraños confesó Shin Hye
y se enojó consigo misma por ser tan franca con una extraña.
—Pobre Yong
Hwa —dijo Tae Hee. —¿Todavía piensa divorciarte de él? Por favor, píenselo...
éste sería el peor momento para hacerlo.
—No quiero
perjudicar su carrera —dijo Shin Hye. —No, no me divorciaré de él, se lo
prometo.
afff!!~~~ esto es un enredijo como crajos que ella no era su amante ??? y ahora no lo es .? y entonces lo que shin vio lo que escucho ? que fuee .. sea de cada quien no me gusto lo que paso shin con hongki :p .. simplemente no ! no los logro visulisar en otra cosa que no sea amigos o hermanos . eso de que se besaron me :p incomodo ...
ResponderEliminarIno al final de este capítulo te deje un link con la imagen del personaje de Hong Ki en esta historia, te darás cuenta que puede hacer muy bien su papel de tercero en discordia.^^
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