domingo, 31 de mayo de 2015

CELOS QUE MATAN - CAPITULO 4

A la mañana siguiente, Shin Hye vio en la intimidad del baño, las marcas que Yong Hwa dejó en su cuerpo y sintió rencor, más por las huellas mentales que físicas. ¿Cómo pudo hacerle eso? Sobre los hombros tenía varias manchitas rojas como ligeras quemaduras, pero eran las magulladuras las que llamaban la atención. Se le veían en los brazos, hombros y pechos y supo que tendría que ponerse algo que la tapara para ocultárselos a Soo Jin. Sería vergonzoso que alguien se enterara de lo que Yong Hwa le hizo. Se sentía víctima de una violación y ¿no fue eso lo que le hizo aunque era su marido?
Lo que más le dolía era que la utilizó. Si lo hubiera impulsado una profunda pasión amorosa lo hubiera perdonado, pero lo que causó su cruel comportamiento fue la ira y se sintió humillada.
Ella era suya y el pensar que se había entregada a otro hombre no lo podía perdonar. La poseyó para grabarla con su propia marca.
Cuanto antes arreglara el divorcio, mejor.
Hong Ki la miró de arriba abajo con severidad cuando la recogió para llevarla a la audición.
—No puedes usar eso —dijo sin más ni más.
— ¿Por qué no?
—Seok Ho querrá ver algo de ti —dijo con insolencia.
Shin Hye se sonrojó. El suéter de cuello alto y los jeans que usaba le parecían muy apropiados y ocultaban lo que quería ocultar.
— Soy actriz, no cabaretera.
—No pongas cara agria, querida —dijo Hong Ki moviendo la cabeza.
Hong Ki miró el reloj.
—Y bien, tendrá que servir. Ya es tarde y Seok Ho no va a esperar.
En el coche ella se disculpó y él le agarró una mano y se la acarició.
—De acuerdo, cariño, olvídalo. Seok Ho tendrá que esperar a verte con ropa sexy en otra ocasión  —y su burlona sonrisa le aseguró que ése sólo era un chiste, pero ella se preguntó si en realidad lo era.
Estaba nerviosa, hacía ya mucho tiempo que no actuaba y sabía bien que sólo obtuvo el papel por la intervención de Hong Ki. Sabía cómo funcionaban las cosas. La verían para tenerlo contento y luego, se lo darían a otra persona con más talento y experiencia.
Pero cuando le presentaron al director, se la quedó mirando con los ojos entreabiertos y la hizo caminar alrededor del estudio mientras los otros hombres que estaban con él la observaban. Tenía que mantener alta la cabeza y sin embargo, evitar los cables que se arrastraban por todas partes y era difícil. Se sentía tensa y poco natural.
— ¿Qué les parece? —gritó el director, aparentemente sin dirigirse a nadie. Shin Hye oyó el zumbido pero no veía a nadie, hasta que levantó la vista y descubrió gente en una ventana que daba a las oficinas. Luego, indefensa, buscó con los ojos a Hong Ki, que la miraba acompañado de una de las chicas de piernas largas y rostro afilado que pululaban por allí. Él le guiñó un ojo.
Los hombres hablaban de Shin Hye como si no estuviera presente y no le pidieron que hiciera nada de lo que ella consideraba que era actuar. Sólo estaban interesados en saber si su rostro era expresivo y si resultaría agradable en la pantalla.
—Está bien— dijo Seok Ho, como si hubiera tomado una decisión, aunque ella no se enteró de lo que hablaron. Oigámosla entonces.
Ella miró a Hong Ki. Él la tomo del brazo.
— ¿Tienes listo el guion?
—¿Qué debo hacer?
El miró a Seok Ho, quien desenredó un guion que sacó de un enorme bolso y se lo arrojó a Hong Ki.
—Lo haré con ella — dijo Hong Ki a Seok Ho.
Seok Ho arqueó una ceja.
—Si quieres...
Shin Hye vio que los hombres intercambiaban miradas. La creían la última conquista de Hong Ki, pensaban que la promovió porque quería complacerla. No esperaban nada de la prueba.
Pensó en Yong Hwa, que la había utilizado tan cruelmente, en Hong Ki y Soo Jin tan seguros de saber mejor que nadie lo que ella debía hacer con su vida y sintió que no podía controlar la furia.
Repasaron las hojas que Hong Ki eligió para actuar con ella y lo dejó dirigirla, que la impusiera su interpretación, pero cuando hicieron la escena frente a la cámara, dejó escapar las palabras de forma cortante, con voz aguda y clara y rostro tenso.
Hong Ki la miró sorprendido. Así no era como tenía que actuar, pero se encogió de hombros.
Seok Ho observaba con la cabeza ladeada, tenía metido en la boca un puro apagado y se frotó la palma de la mano.
Cuando terminaron se les acercó y volvió la cabeza de Shin Hye con una mano, como si fuera una muñeca de plástico.
—Hmmm —dijo pensativamente —Pasen los dos a mi oficina.
En su oficina se sentó en la silla giratoria y puso los pies sobre el escritorio.
—Háblame de tu carrera, Shin Hye.
Hong Ki comenzó a hablar y Seok Ho chasqueó los dedos.
—Le dije a ella.
Brevemente, Shin Hye le contó los pocos detalles que podía ofrecer.
— ¿Luego te casaste?
—    Sí.
—    ¿El matrimonio fue un fracaso?
La brutalidad de la pregunta le hirió como una puñalada.
—Sí —dijo casi sin mover los labios.
—Es duro —pero no le interesaba, lo único que a él le importaba era la actuación. —No es un papel grande— señaló. —Entras, sales, unas cuantas líneas... muchos cambios de vestuario.
Ella asintió.
—Y bien —le dijo poniéndose de pie. Te avisaremos.
Hong Ki silbaba cuando iban de regreso al apartamento.
—Salió mejor de lo que esperaba.
—Me alegro de que estés satisfecho.
Se la quedó mirando.
— ¿Qué te pasa a ti? Todo el día has estado enfadada.
—Nada—dijo mintiendo.
La siguió al apartamento de Soo Jin.
—Vamos Shin Hye, soy tu amigo ¿recuerdas?
—Me duele la cabeza, eso es todo.
—No empieces con trucos femeninos, ¿quieres? Lo que siempre me gustó de ti fue tu franqueza.
Ella se relajó, sonriéndole. Era injusta con él. Él hizo todo lo que pudo por ella y la oportunidad que le dieron fue magnífica. Debía estar agradecida, no resentida.
—Lo siento— le dijo—Discúlpame por favor, Hong Ki.
—Estás atravesando una mala racha —dijo calmándola, — pero ya te pasará.
Se preguntó a sí misma, si sería así, si alguna vez olvidaría a Yong Hwa. El matrimonio era un compromiso, era dar y tomar, y todos los pequeños momentos del día, agregados a los recuerdos almacenados, le volvían una y otra vez a la mente, sin que pudiera evitarlo. Por el momento estaba enfadada con Yong Hwa, pero eso no le duraría siempre y aún añoraba sus caricias.
Hong Ki la llevó a comer para alegrarla. Eligió un lugar de moda, el tipo de restaurante que le daba prestigio a un actor y donde él parecía conocer a todo el mundo y ser conocido por todos. Su llegada causó revuelo. Los rostros se volvieron, el tono general descendió hasta el susurro y Shin Hye supo por las miradas que le dirigían que se preguntaban: « ¿Quién será ésa que va con Lee Hong Ki? ¿Qué pasa aquí?» Hong Ki no se sintió perturbado. Eso es lo que esperaba y le gustaba. Cuando se sentaron le sonrió con picardía.
—Estás muy atractiva.
Se había cambiado de traje a petición suya. Se puso uno de los vestidos que había comprado el día anterior en el las tiendas de Gangnam, uno de seda blanca con escote alto y mangas largas. Era sencillo, de los que no pasan de moda y le encajaba muy bien.
Las mangas eran casi transparentes, pero creyó que no dejaban ver las magulladuras.
Del cuello alto salía una abertura que llegaba hasta el pecho, resultaba muy sugestivo.
Pidieron con calma. Hong Ki parecía no tener prisa: Alargó una mano sobre la mesa y agarró una de las de ella y la sostuvo. Recordaron los días que pasaron en la escuela de arte dramático.
—Pareces nostálgico.
— Disfruté mucho entonces, ¿tú no?
— ¡Sí, por supuesto! —fue un tiempo memorable de su vida, pero no grabó intactos todos los momentos como era evidente que hizo Hong Ki.
—Ya sabes lo que dicen —murmuró él—, que es mejor planear el viaje que llevarlo a cabo. Yo quería tener éxito, pero el pensar en eso me hacía más feliz que ahora que lo logré.
— Eso es triste —lo miró preocupada—. Hong Ki, creí que te gustaba actuar.
—Así es. Amo el trabajo. Lo que me molesta es todo lo que trae consigo, la fama. Llegué a la cima demasiado deprisa. Muchas otras actividades continúan entrometiéndose entre mi trabajo y yo... oh, es difícil de explicar... tendrías que estar en esa posición para entenderlo: fiestas, publicidad, gente importante con quien charlar y a uno lo que le importa es su carrera, pero estos días, tengo que luchar para trabajar. La gente trata de desviarme de mis aficiones e Intereses.
Ella lo escuchaba muy seria.
—Tienes que ser firme. No dejes que te aparten.
—Lo intento, pero la verdad es que la gente de dinero tiene mucha importancia. Debe uno ser dulce con ella, para que puedan invertir en las series. Nuestra verdadera vida está en el escenario, pero se extiende en todas direcciones. Yo tengo que estar en exhibición veinticuatro horas al día y eso es muy cansado, te lo aseguro.
— Pobre Hong Ki —dijo tendiéndole una mano que él tomó y rozó ligeramente con los labios.
—Es maravilloso tenerte cerca otra vez. Te extrañé mucho.
En ese momento, alguien pasó al lado de la mesa y un estremecimiento recorrió a Shin Hye, como si un dedo frío la hubiera tocado. Levantó los ojos por encima del hombro de Hong Ki y vio una espalda familiar. Su corazón dejó de latir y luego lo hizo con más rapidez. Volvió a mirar a Hong Ki y le sonrió indiferente.
— Yo te extrañé a ti —dijo terminando las palabras con un suspiro
— ¿Entonces por qué lo tomas a la ligera? Tú y Soo Jin son las mejores amigas que he tenido. Amigas verdaderas en quienes puedo confiar. Las únicas que he conocido que no pedían algo.
—Eres muy escéptico, Hong Ki.
—He aprendido a serlo. Siempre hay alguna doble intención. Shin Hye, siempre se espera algo tarde o temprano.
Abrió los ojos de par en par y después de una pausa, preguntó:
—¿También de mí, Hong Ki? — Y lo miró a la cara.
Él enrojeció.
—¡No! — Dijo con rapidez y ella se lo quedó mirando precavida—No —volvió a decir de nuevo un poco molesto —Te conseguí la prueba por razones personales. Quiero que regreses al medio, donde perteneces. Tanto Soo Jin como yo queremos que regreses... Shin Hye, ahora sólo estás medio viva. Ambos te recordamos como la más brillante del trío, eras alegre, dulce y muy vivaz. El matrimonio te apagó. Tienes que regresar a donde perteneces le apretó con fuerza una mano—. Así es que no espero nada a cambio, querida. Yo no te haría eso, puedes creerme. Significas demasiado para mí.
— ¿De veras? —le dijo como si no estuviera convencida.
—Lo que siento por mi trabajo es parte de lo que siento por ti y Soo Jin... los tiempos duros que pasamos cuando éramos jóvenes, los ahorros y comida barata, los sueños y planes para el futuro... para todos nosotros fue una época inolvidable y desde entonces, nada ha significado tanto.
Era cierto. Aun su vida con Yong Hwa se vio perturbada por la brillante sombra de esos días con Hong Ki y Soo Jin. Jamás pudo deshacerse de ellos y tal vez eso contribuyó a la ruina de su matrimonio.
Alzó la vista y vio que Yong Hwa los observaba desde una mesa lejana. Su rostro era una máscara fría de ojos sombríos. Sintió un vuelco al cruzarse con su mirada durante un segundo. Después, volvió a prestar atención a Hong Ki.
—Entonces soñábamos demasiado —le dijo con tristeza. La vida no tiene el mismo sabor cuando deja uno de soñar, ¿verdad?
Él se inclinó ansioso hacia ella.
—¿Así es como la encontraste?
Mentalmente se echó para atrás, afectada por la mirada de sus ojos, pero como Yong Hwa los observaba, dejó que Hong Ki le agarrara la mano y le sonrió.
—Así es como la encontré —aceptó y era cierto y se preguntó si tanto ella como Hong Ki, encontraron que la realidad era menos excitante que los sueños.
Al levantar la vista unos momentos más tarde, encontró que podía ver a Yong Hwa en un espejo que colgaba en la pared. Bebía, reclinado en la silla y no apartaba los ojos de su mesa. Estaba solo, frente a él no había alimentos, por lo que ella supuso que esperaba la llegada de alguien y se preguntó si vería a Tae Hee en cualquier momento.
Dejó que sus ojos se dirigieran a él deliberadamente y vio que le temblaba la mano. La copa golpeó la mesa cuando la bajó y derramó el vino. Trató de secarlo con la servilleta nerviosamente.
Le regocijaba producir ese efecto sobre él. Durante muchos meses fue un compañero frío y distante. Ahora era consciente que tenía el poder de perturbarlo y disfrutaba. Podía adivinar por qué le afectaba su presencia. Yong Hwa tenía un elevado sentido de la moralidad, de lo que se debía y lo que no se debía hacer y sin lugar a dudas se arrepintió de la violencia con que la forzó el día anterior. Ella era un recordatorio permanente de su pérdida de control. Lo avergonzaba.
Le alegraba que fuera así. Quería herirlo... él lo había hecho una y otra vez durante meses y la noche anterior fue la peor de todas.
Alguien se detuvo junto a su mesa y Hong Ki apartó los ojos de mala gana de Shin Hye, para mirar a su alrededor.
—Hola, Hyo Jin  —dijo sonriente.
Shin Hye también levantó la vista y la reconoció inmediatamente. Se sobresaltó al ver ese rostro famoso a su lado.
— ¿Cómo estás, Hong Ki? — Gong Hyo Jin  era muy alta, iba elegantemente vestida y tenía una cara inteligente y cínica que sin embargo era bella y lograba atraer todas las miradas.
Recorrió a Shin Hye con la mirada, primero valorándola y luego con cierto cinismo, pero aceptando sin embargo su presencia con Hong Ki.
—Hyo Jin, te presento a Park Shin Hye.
— ¿Park Shin Hye? —Gong Hyo Jin  repitió el nombre mirándola y luego a Hong Ki.
—Shin Hye — afirmó Hong Ki.
La mujer se volvió y la saludo.
— ¡Hola. Shin Hye! dijo examinándola más detenidamente. He oído hablar de ti. Pero no esperaba conocerte.
Shin Hye estaba sorprendida, divertida.
Y yo tampoco esperaba conocerla, señorita Gong. Soy admiradora suya, como Hong Ki debe haberle dicho.
—Hong Ki me dijo que en un tiempo la llevaba a ver mis películas.
— Seis o siete veces cada una, si mal no recuerdo —intervino Hong Ki—. Shin Hye te comía con los ojos y luego te recordaba durante semanas. Yo me burlaba de ella cuando en la escuela la veía tratar de actuar como tú.
Shin Hye se sonrojó y se rio.
—Después traté de disimularlo un poco.
Gong Hyo Jin  parecía divertida y halagada.
—Todos aprendemos unos de otros —echó una mirada por el restaurante— Tengo una cita con un contrincante muy duro, así que debo irme... ya se me hizo tarde y nadie hace esperar al gran hombre. Hong Ki, el sábado doy una fiesta. Lleva a Shin Hye y así hablaré con ella sin interrupciones —miró a Shin Hye amistosamente —Hong Ki me ha hablado tanto de usted que siento que ya la conozco, por favor, no deje de ir.
—Allí estaremos —prometió Hong Ki, y Shin Hye sonrió agradecida.
Cuando Hyo Jin  se fue la observó y luego, el corazón le dio un vuelco cuando vio ante la mesa de quién se detenía. Hong Ki hablaba alegremente.
—Es tal como aparece en la pantalla... — no registró sus palabras en la mente porque no podía apartar los ojos del rostro de Yong Hwa. Saludaba a Hyo Jin  con una inclinación de cabeza. Cuando Hyo Jin  se sentó, Yong Hwa echó un vistazo hacia su mesa y Shin Hye desvió la mirada. ¿Por qué comía Gong Hyo Jin  con él?
Una hora después, Hong Ki la llevó de regreso al apartamento de Soo Jin y la dejó después de darle un beso en la mejilla. Soo Jin estaba acurrucada en un sillón, cosiendo un cojín.
— ¡Esto tendrá el color del lodo para cuando lo termine! Ya lo deshice seis veces, pero sigue mal —lo echó a un lado—. Ahora cuéntame. ¿Qué tal estuvo?
Shin Hye se lo contó y Soo Jin sonrió.
—Me imagino que Hong Ki usó todas sus influencias.
— Eso no es ético —dijo Shin Hye con sequedad.
— Pero muy común en nuestro mundo. Después de todo siempre ayuda tener una recomendación.
Shin Hye se la quedó mirando fríamente.
—Todos esos hombres pensaron que era la «amiguita» de Hong Ki.
—¿Y qué?
—No me gusta. No lo soy y no quiero que la gente piense otra cosa.
—No seas tan pesada. ¿No juramos que nos proporcionaríamos trabajo? ¿No harías lo mismo por Hong Ki si pudieras?
Shin Hye la miró indecisa.
—Sí —admitió porque sabía que lo haría.
—Entonces... no te preocupes tanto. Hong Ki sabe lo que hace. A mí también me ha conseguido papeles en el pasado.
— ¿De veras? Shin Hye se animó.
— ¡Por supuesto! Yo también le conseguí uno.
— ¡No me digas!
— Las patas traseras de un caballo sonrió Soo Jin y Shin Hye rio.
— ¡Eso fue cuando estábamos en la escuela! ¡Lo recuerdo como si fuera ayer, Soo Jin!
—Los tres habían ido a trabajar en una pantomima en un pueblo al lado del mar. Shin Hye hacía el papel de hada y ya entonces Hong Ki le dijo que con el vestido de tul parecía tener doce años, pero que estaba muy atractiva y la besó antes de que ella le golpeara con un trapo mojado.
Soo Jin la estudiaba.
—Entonces no necesitaste ayuda para conseguir el papel. Le gustaste al director.
Shin Hye se ruborizó.
— ¡El tipo tenía más de cincuenta años!
—De todas maneras le gustaste, querida.
—Hong Ki quería romperle la nariz, pero temía que lo despidieran... todos necesitábamos el dinero.
— ¡Lo poco que había! dijo Shin Hye suspirando. Apenas sí cubría el costo de su alojamiento y durante el día temblaban alrededor de una estufa de gas, compartiendo el calor y la comida que consistía en una bolsa de patatas después de cada función.
—Hong Ki me preocupa — le dijo a Soo Jin.
— ¿Por qué?
—Sabías que no disfruta con plenitud el éxito que ha tenido? ¿No? —Soo Jin no hizo ningún comentario pero Shin Hye la conocía demasiado bien. No la vio sorprendida por lo que acababa de decir.
—Siempre mira hacia el pasado. Ahora que está en la cima, no está seguro de que eso sea lo que quería.
— ¿No es así siempre la vida? ¿No nos desilusionamos todos y siempre nos lamentamos por algo que no tenemos? Soo Jin sonrió con tristeza—. Se dice que es la condición humana... anhelar un paraíso que apenas sí recordamos, un sueño inalcanzable.
—Sí —dijo Shin Hye pensativa. —Comienzo a pensar que eso es lo que andaba mal en mi matrimonio. No podía olvidarme de los sueños que tú, Hong Ki y yo compartimos. Después de eso, la vida que Yong Hwa me ofrecía parecía llena de insatisfacciones.
—No pertenecías a ese mundo — apuntó Soo Jin con toda rapidez. —Él era muy posesivo. El día de la boda le mencioné a Hong Ki... nada importante, sólo dije su nombre y tu esposo me echó una mirada que me atravesó de un lado al otro. Desde entonces «no le caí en gracia» y se aseguró de que yo lo supiera —miró fijamente a Shin Hye. —Estaba celoso de Hong Ki, ¿verdad? Y como yo le hice saber que era amigo mío, yo también quedé fuera. Nos alejó a todos... no iba a compartirte con nadie.
Shin Hye se estremeció. ¿Yong Hwa celoso? Pensó en su matrimonio y se sorprendió de haber estado tan ciega. Por supuesto que eso explicaba todo. Yong Hwa estaba celoso de su amistad con Hong Ki y Soo Jin. Les concedió una importancia que ella no creyó que tenían.
Pero ahora, al mirar hacia atrás, podía ver que tal vez tenía razón. Hong Ki y Soo Jin habían sido muy importantes para ella, pero su pasión por Yong Hwa la impidió notarlo.
El sueño que compartió con ellos estaba en el interior de su mente, la perturbaba como una melodía inolvidable. Yong Hwa dijo que todo el tiempo hablaba de Hong Ki sin saberlo y tal vez lo hizo. ¿Cómo podía olvidarlo? Estuvieron muy unidos durante demasiado tiempo. Si Hong Ki hubiera sido su hermano, Yong Hwa lo hubiera considerado natural, pero no estaba preparado para admitir la importancia que en su vida tenía.
Ni siquiera te quería compartir con un hijo prosiguió Soo Jin Pensando en voz alta y Shin Hye sintió que las palabras la atravesaban como un puñal. Se quedó mirando a Soo Jin con los ojos desorbitados.
— ¿Q... qué dijiste?
Soo Jin repitió las palabras.
—Te quería sólo para él. ¿Qué otra razón podía haber? En otros aspectos era un hombre muy convencional, exactamente el tipo de hombre que desea hijos. Sin embargo, él no lo aceptó.
Shin Hye sintió que su corazón le daba un vuelco y le dolieron las sienes. Sí, ¿por qué no pensó en eso antes? Recordó que le sugirió que si tenían un hijo, conseguiría alguien para cuidarlo durante el tiempo que Yong Hwa estuviera en casa.
—Entonces no te molestaría, querido —le rogó—. Si el cuarto de niños estuviera en lo alto de la casa, no oirías el menor ruido.
El rehusó enojado, celoso, pensó desconsolada. Jamás se le había ocurrido antes que Yong Hwa estuviera celoso. Ella consideró su comportamiento como fríamente egoísta, basado en el punto de vista de su propia importancia. Pero sí los celos fueron los que estaban en el fondo de todo... ella debió haberlo percibido y pudo hacer algo para darle seguridad. Pudo haberle hecho ver que su sentimiento por él no disminuiría si tenía un hijo. ¿Cómo no se le ocurrió?
—Gracias a Dios que te alejaste de él le dijo Soo Jin. Nunca me gustó.
—No — dijo Shin Hye mirándola. Los puntos de vista de Soo Jin eran objetivos. Yong Hwa la insultó. Era fácil sentir antipatía por alguien que no mostraba amistad, y la animosidad de Yong Hwa hacia Soo Jin no era ningún secreto. El ambiente de la muchacha era el teatro, Hong Ki y Shin Hye eran su tribu. Para ella todo era muy simple.
— Nunca debiste casarte con un extraño —su voz sonó complaciente—. Pero ya se acabó.
Shin Hye pensó que las personas eran muy complicadas. ¿Por qué tendrían tantos recovecos? ¿Por qué era la vida tan complicada y dolorosa? En un mundo ideal, Hong Ki y Soo Jin se hubieran llevado muy bien con Yong Hwa y él con ellos. Cuando se casó, esperó que así sucediera. Ella se enamoró como una loca, y nunca pensó en las consecuencias, las repercusiones.
Hong Ki la llamó por teléfono dos días después con la noticia de que la audición había sido un éxito.
—El papel es tuyo anunció emocionado.
—¡Hong Ki! ¿Estás seguro?
—Me lo acaba de decir Seok Ho. Había otras dos candidatas pero decidió dártelo a ti.
Ella pensó con ironía que era porque Hong Ki la recomendaba, pero supo que no debía darle importancia al asunto. Soo Jin se acercó.
— ¿Lo conseguiste?
Ella asintió y Soo Jin sonrió de oreja a oreja quitándole el teléfono y gritándole a Hong Ki:
— ¡Maravilloso!
Le devolvió el teléfono y Hong Ki gruñó:
— ¡Me rompió los tímpanos!
— ¿Qué puedo decir? Estoy entusiasmada le dijo Shin Hye.
—Entonces cena conmigo.
—Me encantaría.
—Lo celebraremos.
—¿Y Soo Jin? —preguntó porque así volverían a estar los tres como antes.
— Si quieres... —pareció seco de pronto.
—No puedo — gritó Soo Jin dentro del teléfono y Hong Ki dijo con alegría. ¡Otra vez! ¡Me quedaré sordo si sigue gritándome! luego rio. ¡Entonces sólo nosotros, Shin Hye!
Notó algo no muy claro y se quedó mirando a Soo Jin que tenía un aspecto complacido.
— ¡De acuerdo! aceptó, pero algo en ella se puso alerta. Pasaré por ti a las ocho. Ponte algo espectacular, quiero lucirte. Cuando colgó, miró a Soo Jin, que estaba estática, como si le hubieran dado a ella el papel.
—¿Qué se siente al estar trabajando de nuevo? le preguntó.
—Se siente uno muy bien— pero en el fondo estaba preocupada porque Hong Ki esperaba algo de ella. Lo supo por su voz y Soo Jin se mantenía apartada a propósito. Shin Hye sabía que no tenía otro compromiso esa noche. Los dejaba solos y gozaba con hacer de cupido.

Los ojos le brillaban con aire triunfal. Tanto Hong Ki como Soo Jin eran conscientes de algo que sólo en ese momento se le ocurrió, y se estremeció. Trató de alejar la sospecha que había comenzado a crecer poco a poco durante los últimos días.


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2 comentarios:

  1. pues esa sospecha la tuve yo desde el segundo capitulo y se confirmo en el tercero y ahora en este cuarto capitulo se reteconfirmo .. hahah :v ... es ovio que hong ki siente algo mas que amistad por shin hasta un siego se daria cuenta ... que fue lo que vi ahi fueron celos por parte de yong si claro es normal . y todo lo que le dijo soo jin es verdad yong estuvo celoso todo el tiempo de hongki y nunca la sintio segura por eso tambien fracaso .. dios sigueee que mas pasara ya quiero saber

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  2. GRACIAS :) por publicar un capitulo mas ...me gusta mucho leerlos ...

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