A la mañana
siguiente, Shin Hye vio en la intimidad del baño, las marcas que Yong Hwa dejó en
su cuerpo y sintió rencor, más por las huellas mentales que físicas. ¿Cómo pudo
hacerle eso? Sobre los hombros tenía varias manchitas rojas como ligeras
quemaduras, pero eran las magulladuras las que llamaban la atención. Se le
veían en los brazos, hombros y pechos y supo que tendría que ponerse algo que
la tapara para ocultárselos a Soo Jin. Sería vergonzoso que alguien se enterara
de lo que Yong Hwa le hizo. Se sentía víctima de una violación y ¿no fue eso lo
que le hizo aunque era su marido?
Lo que más
le dolía era que la utilizó. Si lo hubiera impulsado una profunda pasión amorosa
lo hubiera perdonado, pero lo que causó su cruel comportamiento fue la ira y se
sintió humillada.
Ella era
suya y el pensar que se había entregada a otro hombre no lo podía perdonar. La poseyó
para grabarla con su propia marca.
Cuanto antes
arreglara el divorcio, mejor.
Hong Ki la
miró de arriba abajo con severidad cuando la recogió para llevarla a la
audición.
—No puedes
usar eso —dijo sin más ni más.
— ¿Por qué
no?
—Seok Ho
querrá ver algo de ti —dijo con insolencia.
Shin Hye se
sonrojó. El suéter de cuello alto y los jeans que usaba le parecían muy apropiados
y ocultaban lo que quería ocultar.
— Soy
actriz, no cabaretera.
—No pongas
cara agria, querida —dijo Hong Ki moviendo la cabeza.
Hong Ki miró
el reloj.
—Y bien,
tendrá que servir. Ya es tarde y Seok Ho no va a esperar.
En el coche
ella se disculpó y él le agarró una mano y se la acarició.
—De acuerdo,
cariño, olvídalo. Seok Ho tendrá que esperar a verte con ropa sexy en otra
ocasión —y su burlona sonrisa le aseguró
que ése sólo era un chiste, pero ella se preguntó si en realidad lo era.
Estaba
nerviosa, hacía ya mucho tiempo que no actuaba y sabía bien que sólo obtuvo el papel
por la intervención de Hong Ki. Sabía cómo funcionaban las cosas. La verían
para tenerlo contento y luego, se lo darían a otra persona con más talento y
experiencia.
Pero cuando
le presentaron al director, se la quedó mirando con los ojos entreabiertos y la
hizo caminar alrededor del estudio mientras los otros hombres que estaban con
él la observaban. Tenía que mantener alta la cabeza y sin embargo, evitar los
cables que se arrastraban por todas partes y era difícil. Se sentía tensa y
poco natural.
— ¿Qué les
parece? —gritó el director, aparentemente sin dirigirse a nadie. Shin Hye oyó el
zumbido pero no veía a nadie, hasta que levantó la vista y descubrió gente en
una ventana que daba a las oficinas. Luego, indefensa, buscó con los ojos a Hong
Ki, que la miraba acompañado de una de las chicas de piernas largas y rostro
afilado que pululaban por allí. Él le guiñó un ojo.
Los hombres
hablaban de Shin Hye como si no estuviera presente y no le pidieron que hiciera
nada de lo que ella consideraba que era actuar. Sólo estaban interesados en
saber si su rostro era expresivo y si resultaría agradable en la pantalla.
—Está bien—
dijo Seok Ho, como si hubiera tomado una decisión, aunque ella no se enteró de lo
que hablaron. Oigámosla entonces.
Ella miró a Hong
Ki. Él la tomo del brazo.
— ¿Tienes
listo el guion?
—¿Qué debo
hacer?
El miró a Seok
Ho, quien desenredó un guion que sacó de un enorme bolso y se lo arrojó a Hong
Ki.
—Lo haré con
ella — dijo Hong Ki a Seok Ho.
Seok Ho
arqueó una ceja.
—Si
quieres...
Shin Hye vio
que los hombres intercambiaban miradas. La creían la última conquista de Hong
Ki, pensaban que la promovió porque quería complacerla. No esperaban nada de la
prueba.
Pensó en Yong
Hwa, que la había utilizado tan cruelmente, en Hong Ki y Soo Jin tan seguros de
saber mejor que nadie lo que ella debía hacer con su vida y sintió que no podía
controlar la furia.
Repasaron
las hojas que Hong Ki eligió para actuar con ella y lo dejó dirigirla, que la impusiera
su interpretación, pero cuando hicieron la escena frente a la cámara, dejó escapar
las palabras de forma cortante, con voz aguda y clara y rostro tenso.
Hong Ki la
miró sorprendido. Así no era como tenía que actuar, pero se encogió de hombros.
Seok Ho
observaba con la cabeza ladeada, tenía metido en la boca un puro apagado y se frotó
la palma de la mano.
Cuando
terminaron se les acercó y volvió la cabeza de Shin Hye con una mano, como si fuera
una muñeca de plástico.
—Hmmm —dijo
pensativamente —Pasen los dos a mi oficina.
En su
oficina se sentó en la silla giratoria y puso los pies sobre el escritorio.
—Háblame de
tu carrera, Shin Hye.
Hong Ki
comenzó a hablar y Seok Ho chasqueó los dedos.
—Le dije a
ella.
Brevemente,
Shin Hye le contó los pocos detalles que podía ofrecer.
— ¿Luego te
casaste?
—
Sí.
—
¿El matrimonio fue
un fracaso?
La
brutalidad de la pregunta le hirió como una puñalada.
—Sí —dijo
casi sin mover los labios.
—Es duro
—pero no le interesaba, lo único que a él le importaba era la actuación. —No es
un papel grande— señaló. —Entras, sales, unas cuantas líneas... muchos cambios
de vestuario.
Ella
asintió.
—Y bien —le
dijo poniéndose de pie. Te avisaremos.
Hong Ki
silbaba cuando iban de regreso al apartamento.
—Salió mejor
de lo que esperaba.
—Me alegro
de que estés satisfecho.
Se la quedó
mirando.
— ¿Qué te
pasa a ti? Todo el día has estado enfadada.
—Nada—dijo
mintiendo.
La siguió al
apartamento de Soo Jin.
—Vamos Shin
Hye, soy tu amigo ¿recuerdas?
—Me duele la
cabeza, eso es todo.
—No empieces
con trucos femeninos, ¿quieres? Lo que siempre me gustó de ti fue tu franqueza.
Ella se
relajó, sonriéndole. Era injusta con él. Él hizo todo lo que pudo por ella y la
oportunidad que le dieron fue magnífica. Debía estar agradecida, no resentida.
—Lo siento—
le dijo—Discúlpame por favor, Hong Ki.
—Estás
atravesando una mala racha —dijo calmándola, — pero ya te pasará.
Se preguntó
a sí misma, si sería así, si alguna vez olvidaría a Yong Hwa. El matrimonio era
un compromiso, era dar y tomar, y todos los pequeños momentos del día,
agregados a los recuerdos almacenados, le volvían una y otra vez a la mente,
sin que pudiera evitarlo. Por el momento estaba enfadada con Yong Hwa, pero eso
no le duraría siempre y aún añoraba sus caricias.
Hong Ki la llevó
a comer para alegrarla. Eligió un lugar de moda, el tipo de restaurante que le daba
prestigio a un actor y donde él parecía conocer a todo el mundo y ser conocido
por todos. Su llegada causó revuelo. Los rostros se volvieron, el tono general
descendió hasta el susurro y Shin Hye supo por las miradas que le dirigían que
se preguntaban: « ¿Quién será ésa que va con Lee Hong Ki? ¿Qué pasa aquí?» Hong
Ki no se sintió perturbado. Eso es lo que esperaba y le gustaba. Cuando se
sentaron le sonrió con picardía.
—Estás muy
atractiva.
Se había
cambiado de traje a petición suya. Se puso uno de los vestidos que había
comprado el día anterior en el las tiendas de Gangnam, uno de seda blanca con
escote alto y mangas largas. Era sencillo, de los que no pasan de moda y le
encajaba muy bien.
Las mangas
eran casi transparentes, pero creyó que no dejaban ver las magulladuras.
Del cuello
alto salía una abertura que llegaba hasta el pecho, resultaba muy sugestivo.
Pidieron con
calma. Hong Ki parecía no tener prisa: Alargó una mano sobre la mesa y agarró una
de las de ella y la sostuvo. Recordaron los días que pasaron en la escuela de
arte dramático.
—Pareces
nostálgico.
— Disfruté
mucho entonces, ¿tú no?
— ¡Sí, por
supuesto! —fue un tiempo memorable de su vida, pero no grabó intactos todos los
momentos como era evidente que hizo Hong Ki.
—Ya sabes lo
que dicen —murmuró él—, que es mejor planear el viaje que llevarlo a cabo. Yo
quería tener éxito, pero el pensar en eso me hacía más feliz que ahora que lo logré.
— Eso es
triste —lo miró preocupada—. Hong Ki, creí que te gustaba actuar.
—Así es. Amo
el trabajo. Lo que me molesta es todo lo que trae consigo, la fama. Llegué a la
cima demasiado deprisa. Muchas otras actividades continúan entrometiéndose
entre mi trabajo y yo... oh, es difícil de explicar... tendrías que estar en
esa posición para entenderlo: fiestas, publicidad, gente importante con quien
charlar y a uno lo que le importa es su carrera, pero estos días, tengo que
luchar para trabajar. La gente trata de desviarme de mis aficiones e Intereses.
Ella lo
escuchaba muy seria.
—Tienes que
ser firme. No dejes que te aparten.
—Lo intento,
pero la verdad es que la gente de dinero tiene mucha importancia. Debe uno ser
dulce con ella, para que puedan invertir en las series. Nuestra verdadera vida
está en el escenario, pero se extiende en todas direcciones. Yo tengo que estar
en exhibición veinticuatro horas al día y eso es muy cansado, te lo aseguro.
— Pobre Hong
Ki —dijo tendiéndole una mano que él tomó y rozó ligeramente con los labios.
—Es
maravilloso tenerte cerca otra vez. Te extrañé mucho.
En ese
momento, alguien pasó al lado de la mesa y un estremecimiento recorrió a Shin
Hye, como si un dedo frío la hubiera tocado. Levantó los ojos por encima del
hombro de Hong Ki y vio una espalda familiar. Su corazón dejó de latir y luego
lo hizo con más rapidez. Volvió a mirar a Hong Ki y le sonrió indiferente.
— Yo te
extrañé a ti —dijo terminando las palabras con un suspiro
— ¿Entonces
por qué lo tomas a la ligera? Tú y Soo Jin son las mejores amigas que he
tenido. Amigas verdaderas en quienes puedo confiar. Las únicas que he conocido
que no pedían algo.
—Eres muy
escéptico, Hong Ki.
—He
aprendido a serlo. Siempre hay alguna doble intención. Shin Hye, siempre se
espera algo tarde o temprano.
Abrió los
ojos de par en par y después de una pausa, preguntó:
—¿También de
mí, Hong Ki? — Y lo miró a la cara.
Él
enrojeció.
—¡No! — Dijo
con rapidez y ella se lo quedó mirando precavida—No —volvió a decir de nuevo un
poco molesto —Te conseguí la prueba por razones personales. Quiero que regreses
al medio, donde perteneces. Tanto Soo Jin como yo queremos que regreses... Shin
Hye, ahora sólo estás medio viva. Ambos te recordamos como la más brillante del
trío, eras alegre, dulce y muy vivaz. El matrimonio te apagó. Tienes que
regresar a donde perteneces le apretó con fuerza una mano—. Así es que no
espero nada a cambio, querida. Yo no te haría eso, puedes creerme. Significas
demasiado para mí.
— ¿De veras?
—le dijo como si no estuviera convencida.
—Lo que
siento por mi trabajo es parte de lo que siento por ti y Soo Jin... los tiempos
duros que pasamos cuando éramos jóvenes, los ahorros y comida barata, los
sueños y planes para el futuro... para todos nosotros fue una época inolvidable
y desde entonces, nada ha significado tanto.
Era cierto.
Aun su vida con Yong Hwa se vio perturbada por la brillante sombra de esos días
con Hong Ki y Soo Jin. Jamás pudo deshacerse de ellos y tal vez eso contribuyó
a la ruina de su matrimonio.
Alzó la
vista y vio que Yong Hwa los observaba desde una mesa lejana. Su rostro era una
máscara fría de ojos sombríos. Sintió un vuelco al cruzarse con su mirada
durante un segundo. Después, volvió a prestar atención a Hong Ki.
—Entonces
soñábamos demasiado —le dijo con tristeza. La vida no tiene el mismo sabor cuando
deja uno de soñar, ¿verdad?
Él se
inclinó ansioso hacia ella.
—¿Así es
como la encontraste?
Mentalmente
se echó para atrás, afectada por la mirada de sus ojos, pero como Yong Hwa los
observaba, dejó que Hong Ki le agarrara la mano y le sonrió.
—Así es como
la encontré —aceptó y era cierto y se preguntó si tanto ella como Hong Ki, encontraron
que la realidad era menos excitante que los sueños.
Al levantar
la vista unos momentos más tarde, encontró que podía ver a Yong Hwa en un espejo
que colgaba en la pared. Bebía, reclinado en la silla y no apartaba los ojos de
su mesa. Estaba solo, frente a él no había alimentos, por lo que ella supuso
que esperaba la llegada de alguien y se preguntó si vería a Tae Hee en
cualquier momento.
Dejó que sus
ojos se dirigieran a él deliberadamente y vio que le temblaba la mano. La copa
golpeó la mesa cuando la bajó y derramó el vino. Trató de secarlo con la
servilleta nerviosamente.
Le
regocijaba producir ese efecto sobre él. Durante muchos meses fue un compañero
frío y distante. Ahora era consciente que tenía el poder de perturbarlo y
disfrutaba. Podía adivinar por qué le afectaba su presencia. Yong Hwa tenía un
elevado sentido de la moralidad, de lo que se debía y lo que no se debía hacer y
sin lugar a dudas se arrepintió de la violencia con que la forzó el día
anterior. Ella era un recordatorio permanente de su pérdida de control. Lo
avergonzaba.
Le alegraba
que fuera así. Quería herirlo... él lo había hecho una y otra vez durante meses
y la noche anterior fue la peor de todas.
Alguien se
detuvo junto a su mesa y Hong Ki apartó los ojos de mala gana de Shin Hye, para
mirar a su alrededor.
—Hola, Hyo
Jin —dijo sonriente.
Shin Hye
también levantó la vista y la reconoció inmediatamente. Se sobresaltó al ver
ese rostro famoso a su lado.
— ¿Cómo
estás, Hong Ki? — Gong Hyo Jin era muy
alta, iba elegantemente vestida y tenía una cara inteligente y cínica que sin
embargo era bella y lograba atraer todas las miradas.
Recorrió a
Shin Hye con la mirada, primero valorándola y luego con cierto cinismo, pero
aceptando sin embargo su presencia con Hong Ki.
—Hyo Jin, te presento a Park Shin Hye.
— ¿Park Shin
Hye? —Gong Hyo Jin repitió el nombre
mirándola y luego a Hong Ki.
—Shin Hye —
afirmó Hong Ki.
La mujer se
volvió y la saludo.
— ¡Hola.
Shin Hye! dijo examinándola más detenidamente. He oído hablar de ti. Pero no esperaba
conocerte.
Shin Hye
estaba sorprendida, divertida.
Y yo tampoco
esperaba conocerla, señorita Gong. Soy admiradora suya, como Hong Ki debe haberle
dicho.
—Hong Ki me
dijo que en un tiempo la llevaba a ver mis películas.
— Seis o
siete veces cada una, si mal no recuerdo —intervino Hong Ki—. Shin Hye te comía
con los ojos y luego te recordaba durante semanas. Yo me burlaba de ella cuando
en la escuela la veía tratar de actuar como tú.
Shin Hye se
sonrojó y se rio.
—Después
traté de disimularlo un poco.
Gong Hyo Jin
parecía divertida y halagada.
—Todos
aprendemos unos de otros —echó una mirada por el restaurante— Tengo una cita
con un contrincante muy duro, así que debo irme... ya se me hizo tarde y nadie
hace esperar al gran hombre. Hong Ki, el sábado doy una fiesta. Lleva a Shin
Hye y así hablaré con ella sin interrupciones —miró a Shin Hye amistosamente —Hong
Ki me ha hablado tanto de usted que siento que ya la conozco, por favor, no
deje de ir.
—Allí
estaremos —prometió Hong Ki, y Shin Hye sonrió agradecida.
Cuando Hyo
Jin se fue la observó y luego, el
corazón le dio un vuelco cuando vio ante la mesa de quién se detenía. Hong Ki
hablaba alegremente.
—Es tal como
aparece en la pantalla... — no registró sus palabras en la mente porque no podía
apartar los ojos del rostro de Yong Hwa. Saludaba a Hyo Jin con una inclinación de cabeza. Cuando Hyo Jin se sentó, Yong Hwa echó un vistazo hacia su
mesa y Shin Hye desvió la mirada. ¿Por qué comía Gong Hyo Jin con él?
Una hora
después, Hong Ki la llevó de regreso al apartamento de Soo Jin y la dejó
después de darle un beso en la mejilla. Soo Jin estaba acurrucada en un sillón,
cosiendo un cojín.
— ¡Esto
tendrá el color del lodo para cuando lo termine! Ya lo deshice seis veces, pero
sigue mal —lo echó a un lado—. Ahora cuéntame. ¿Qué tal estuvo?
Shin Hye se
lo contó y Soo Jin sonrió.
—Me imagino
que Hong Ki usó todas sus influencias.
— Eso no es
ético —dijo Shin Hye con sequedad.
— Pero muy
común en nuestro mundo. Después de todo siempre ayuda tener una recomendación.
Shin Hye se
la quedó mirando fríamente.
—Todos esos
hombres pensaron que era la «amiguita» de Hong Ki.
—¿Y qué?
—No me
gusta. No lo soy y no quiero que la gente piense otra cosa.
—No seas tan
pesada. ¿No juramos que nos proporcionaríamos trabajo? ¿No harías lo mismo por Hong
Ki si pudieras?
Shin Hye la
miró indecisa.
—Sí —admitió
porque sabía que lo haría.
—Entonces...
no te preocupes tanto. Hong Ki sabe lo que hace. A mí también me ha conseguido
papeles en el pasado.
— ¿De veras?
Shin Hye se animó.
— ¡Por
supuesto! Yo también le conseguí uno.
— ¡No me
digas!
— Las patas
traseras de un caballo sonrió Soo Jin y Shin Hye rio.
— ¡Eso fue
cuando estábamos en la escuela! ¡Lo recuerdo como si fuera ayer, Soo Jin!
—Los tres
habían ido a trabajar en una pantomima en un pueblo al lado del mar. Shin Hye hacía
el papel de hada y ya entonces Hong Ki le dijo que con el vestido de tul
parecía tener doce años, pero que estaba muy atractiva y la besó antes de que
ella le golpeara con un trapo mojado.
Soo Jin la
estudiaba.
—Entonces no
necesitaste ayuda para conseguir el papel. Le gustaste al director.
Shin Hye se
ruborizó.
— ¡El tipo
tenía más de cincuenta años!
—De todas
maneras le gustaste, querida.
—Hong Ki
quería romperle la nariz, pero temía que lo despidieran... todos necesitábamos
el dinero.
— ¡Lo poco
que había! dijo Shin Hye suspirando. Apenas sí cubría el costo de su alojamiento
y durante el día temblaban alrededor de una estufa de gas, compartiendo el calor
y la comida que consistía en una bolsa de patatas después de cada función.
—Hong Ki me
preocupa — le dijo a Soo Jin.
— ¿Por qué?
—Sabías que
no disfruta con plenitud el éxito que ha tenido? ¿No? —Soo Jin no hizo ningún
comentario pero Shin Hye la conocía demasiado bien. No la vio sorprendida por
lo que acababa de decir.
—Siempre
mira hacia el pasado. Ahora que está en la cima, no está seguro de que eso sea
lo que quería.
— ¿No es así
siempre la vida? ¿No nos desilusionamos todos y siempre nos lamentamos por algo
que no tenemos? Soo Jin sonrió con tristeza—. Se dice que es la condición humana...
anhelar un paraíso que apenas sí recordamos, un sueño inalcanzable.
—Sí —dijo
Shin Hye pensativa. —Comienzo a pensar que eso es lo que andaba mal en mi matrimonio.
No podía olvidarme de los sueños que tú, Hong Ki y yo compartimos. Después de
eso, la vida que Yong Hwa me ofrecía parecía llena de insatisfacciones.
—No
pertenecías a ese mundo — apuntó Soo Jin con toda rapidez. —Él era muy
posesivo. El día de la boda le mencioné a Hong Ki... nada importante, sólo dije
su nombre y tu esposo me echó una mirada que me atravesó de un lado al otro.
Desde entonces «no le caí en gracia» y se aseguró de que yo lo supiera —miró
fijamente a Shin Hye. —Estaba celoso de Hong Ki, ¿verdad? Y como yo le hice
saber que era amigo mío, yo también quedé fuera. Nos alejó a todos... no iba a
compartirte con nadie.
Shin Hye se
estremeció. ¿Yong Hwa celoso? Pensó en su matrimonio y se sorprendió de haber
estado tan ciega. Por supuesto que eso explicaba todo. Yong Hwa estaba celoso
de su amistad con Hong Ki y Soo Jin. Les concedió una importancia que ella no
creyó que tenían.
Pero ahora,
al mirar hacia atrás, podía ver que tal vez tenía razón. Hong Ki y Soo Jin
habían sido muy importantes para ella, pero su pasión por Yong Hwa la impidió
notarlo.
El sueño que
compartió con ellos estaba en el interior de su mente, la perturbaba como una
melodía inolvidable. Yong Hwa dijo que todo el tiempo hablaba de Hong Ki sin
saberlo y tal vez lo hizo. ¿Cómo podía olvidarlo? Estuvieron muy unidos durante
demasiado tiempo. Si Hong Ki hubiera sido su hermano, Yong Hwa lo hubiera
considerado natural, pero no estaba preparado para admitir la importancia que
en su vida tenía.
Ni siquiera
te quería compartir con un hijo prosiguió Soo Jin Pensando en voz alta y Shin
Hye sintió que las palabras la atravesaban como un puñal. Se quedó mirando a Soo
Jin con los ojos desorbitados.
— ¿Q... qué
dijiste?
Soo Jin
repitió las palabras.
—Te quería
sólo para él. ¿Qué otra razón podía haber? En otros aspectos era un hombre muy
convencional, exactamente el tipo de hombre que desea hijos. Sin embargo, él no
lo aceptó.
Shin Hye
sintió que su corazón le daba un vuelco y le dolieron las sienes. Sí, ¿por qué
no pensó en eso antes? Recordó que le sugirió que si tenían un hijo,
conseguiría alguien para cuidarlo durante el tiempo que Yong Hwa estuviera en
casa.
—Entonces no
te molestaría, querido —le rogó—. Si el cuarto de niños estuviera en lo alto de
la casa, no oirías el menor ruido.
El rehusó
enojado, celoso, pensó desconsolada. Jamás se le había ocurrido antes que Yong
Hwa estuviera celoso. Ella consideró su comportamiento como fríamente egoísta, basado
en el punto de vista de su propia importancia. Pero sí los celos fueron los que
estaban en el fondo de todo... ella debió haberlo percibido y pudo hacer algo
para darle seguridad. Pudo haberle hecho ver que su sentimiento por él no
disminuiría si tenía un hijo. ¿Cómo no se le ocurrió?
—Gracias a
Dios que te alejaste de él le dijo Soo Jin. Nunca me gustó.
—No — dijo
Shin Hye mirándola. Los puntos de vista de Soo Jin eran objetivos. Yong Hwa la insultó.
Era fácil sentir antipatía por alguien que no mostraba amistad, y la animosidad
de Yong Hwa hacia Soo Jin no era ningún secreto. El ambiente de la muchacha era
el teatro, Hong Ki y Shin Hye eran su tribu. Para ella todo era muy simple.
— Nunca
debiste casarte con un extraño —su voz sonó complaciente—. Pero ya se acabó.
Shin Hye
pensó que las personas eran muy complicadas. ¿Por qué tendrían tantos recovecos?
¿Por qué era la vida tan complicada y dolorosa? En un mundo ideal, Hong Ki y Soo
Jin se hubieran llevado muy bien con Yong Hwa y él con ellos. Cuando se casó,
esperó que así sucediera. Ella se enamoró como una loca, y nunca pensó en las
consecuencias, las repercusiones.
Hong Ki la
llamó por teléfono dos días después con la noticia de que la audición había
sido un éxito.
—El papel es
tuyo anunció emocionado.
—¡Hong Ki!
¿Estás seguro?
—Me lo acaba
de decir Seok Ho. Había otras dos candidatas pero decidió dártelo a ti.
Ella pensó
con ironía que era porque Hong Ki la recomendaba, pero supo que no debía darle importancia
al asunto. Soo Jin se acercó.
— ¿Lo
conseguiste?
Ella asintió
y Soo Jin sonrió de oreja a oreja quitándole el teléfono y gritándole a Hong Ki:
—
¡Maravilloso!
Le devolvió
el teléfono y Hong Ki gruñó:
— ¡Me rompió
los tímpanos!
— ¿Qué puedo
decir? Estoy entusiasmada le dijo Shin Hye.
—Entonces
cena conmigo.
—Me
encantaría.
—Lo celebraremos.
—¿Y Soo Jin?
—preguntó porque así volverían a estar los tres como antes.
— Si
quieres... —pareció seco de pronto.
—No puedo — gritó
Soo Jin dentro del teléfono y Hong Ki dijo con alegría. ¡Otra vez! ¡Me quedaré sordo
si sigue gritándome! luego rio. ¡Entonces sólo nosotros, Shin Hye!
Notó algo no
muy claro y se quedó mirando a Soo Jin que tenía un aspecto complacido.
— ¡De
acuerdo! aceptó, pero algo en ella se puso alerta. Pasaré por ti a las ocho.
Ponte algo espectacular, quiero lucirte. Cuando colgó, miró a Soo Jin, que
estaba estática, como si le hubieran dado a ella el papel.
—¿Qué se
siente al estar trabajando de nuevo? le preguntó.
—Se siente
uno muy bien— pero en el fondo estaba preocupada porque Hong Ki esperaba algo de
ella. Lo supo por su voz y Soo Jin se mantenía apartada a propósito. Shin Hye
sabía que no tenía otro compromiso esa noche. Los dejaba solos y gozaba con
hacer de cupido.
Los ojos le
brillaban con aire triunfal. Tanto Hong Ki como Soo Jin eran conscientes de
algo que sólo en ese momento se le ocurrió, y se estremeció. Trató de alejar la
sospecha que había comenzado a crecer poco a poco durante los últimos días.
pues esa sospecha la tuve yo desde el segundo capitulo y se confirmo en el tercero y ahora en este cuarto capitulo se reteconfirmo .. hahah :v ... es ovio que hong ki siente algo mas que amistad por shin hasta un siego se daria cuenta ... que fue lo que vi ahi fueron celos por parte de yong si claro es normal . y todo lo que le dijo soo jin es verdad yong estuvo celoso todo el tiempo de hongki y nunca la sintio segura por eso tambien fracaso .. dios sigueee que mas pasara ya quiero saber
ResponderEliminarGRACIAS :) por publicar un capitulo mas ...me gusta mucho leerlos ...
ResponderEliminar