—Puedes
ayudarme con las bebidas —dijo Soo Jin más tarde mientras esperaba que llegaran
los primeros invitados. Habían colocado en una mesa larga todos los platos
fríos y varias ensaladas. Todo ofrecía un aspecto estupendo. Soo Jin llevó a
cabo con Shin Hye, lo que ella llamaba un «trabajo de rescate». Le cepilló bien
el pelo y le maquilló el rostro. El apartamento estaba inmaculado y las muchachas
se sintieron orgullosas al ver todo ordenado y limpio.
Shin Hye se
miró en el espejo y su aspecto atractivo la hizo adoptar una expresión burlona.
Exteriormente
estaba bien. Nadie adivinaría lo que sentía en su interior, ya se encargaría ella
de eso.
Se oyó el
timbre de la puerta y Soo Jin sonrió:
— ¡Comenzó
la guerra!
Shin Hye
conocía a los recién llegados y hubo ruidosas exclamaciones de sorpresa y placer.
Hizo un breve resumen de su vida, durante los últimos dos años, pero no mencionó
el aborto y se esforzó por parecer alegre y feliz.
Una hora
después la habitación estaba llena, el ambiente estaba cargado por el humo y animado
por las voces y la música. Shin Hye circulaba con alimentos y bebidas, sonreía,
charlaba. Había repetido varias veces lo mismo y su charla tenía una brillantez
que disfrazaba las verdades ocultas. Las personas preguntaban lo mismo y
aceptaban las mismas respuestas. Todo comenzaba a sonar tan bien, que ella
misma lo creyó.
Entró a la
pequeña cocina en busca de nuevas provisiones y hurgaba en un armario, cuando
unas manos le rodearon la cintura y la hicieron gritar.
— ¡Te
pesqué! —dijo una voz tan familiar que el corazón le dio un vuelco.
Se volvió
con los ojos abiertos de par en par, riendo.
— ¡Hong Ki!
— ¡Hong Ki!
— Pequeña
tramposa — le dijo con su voz graciosa y
la abrazo.
— ¡Hong Ki!
—volvía a repetir y no encontró nada más que decir porque su expresión de alegría
no precisaba palabras. Ver a Soo Jin fue maravilloso, pero a pesar de que ella
y Soo Jin se llevaban muy bien, Hong Ki había sido su amigo más cercano y su
aliado en todas las ocasiones.
— ¿Te
casarías conmigo, verdad? —le preguntó y ella le miró asombrada, pero luego rio,
porque recordó que era un frase que solía decir en una obra—Planeaba volar de
regreso de Seúl y cometer un silencioso asesinato, pero decidí sonreír y
aguantarme si a quien realmente querías era a Yong Hwa.
—Llegaste a
la cima, Hong Ki —dijo felicitándolo.
—A la cima
del mundo, ¡bah! dijo con ligereza.
Pasaron
muchas veladas en el Teatro Nacional viendo viejas películas y comiendo palomitas
y cacahuetes. Yong Hwa jamás hubiera resistido ver el tipo de cintas que a ella
y Hong Ki les gustaban. A él, le gustaban las cosas intelectuales. Eso le
recordó algo y miró a Hong Ki.
—Diste mucho
que hablar con tu actuación en «Un Adiós Apasionado».
—Alabanzas
—dijo de buen humor—Me encantan.
— Siempre te
gustaron.
—Como un
baño de agua hirviendo.
Le sonrió
con un peculiar gesto lleno de vida. Ella pensó que era una cara
memorable: el cabello claro desordenado con un estilo muy personal y atractivo, los ojos tan brillantes
como vidrio debajo de las cómicas cejas,
que hicieron inconfundible su rostro.
—¿Qué se
siente al hacer una película? Le preguntó ella.
—Un
aburrimiento terrible. Me puse a leer algunos libros. Espera, incluso me dio tiempo
de leer «Guerra y Paz».
—Debes haber
estado desesperado.
— Pensé en
ti —dijo de pronto y la miró a la cara.
— ¿Con todas
esas muchachas hermosas a tu alrededor? El mundo del cine está lleno de ellas
dijo incrédula.
— ¡Muchachas
hermosas! comentó con desdén.
— ¿Vas a
decirme que pudieron resistir tu encanto juvenil?
—No lo diré
—la miraba de forma insolente.
— Me imagino
que podías elegir la que quisieras.
— ¿Celosa?
—la sonrisa de Hong Ki fue irónica.
—Locamente.
Él le puso
un dedo en la mejilla y despacio lo llevó a la comisura de la boca.
—Te extrañé.
Shin Hye
asintió, sin contestar y sin discutir. Ella también lo extrañó. Durante tres
años fueron parte uno del otro y Yong Hwa los separó. Pensó en la tarjeta que
Hong Ki mandó para la boda y suspiró.
—Nunca
conociste a Yong Hwa.
Sus labios
se endurecieron.
—Más vale
así.
— ¿Por qué?
—Le hubiera
roto su hermosa nariz.
Ella no tomó
en serio sus celos. Jamás hubo nada romántico entre ellos, sólo una perfecta camaradería.
En los viejos tiempos, Hong Ki la usó para mantener a raya a otras muchachas.
La abierta
adoración que le profesaba fue un arma útil en contra de otras mujeres y ella
lo permitió sin discusión. Shin Hye lo miró de arriba abajo y por primera vez
lo inspeccionó bien.
—Cambiaste
—comentó.
—Tú también
—le dijo mirándole con los ojos entreabiertos. —La última vez que te vi no tenías
ese cuerpo. El matrimonio mejoró tu figura.
—Gracias
—dijo con risa nerviosa. Jamás lo había notado hasta ese momento, pero se dio
cuenta que su cuerpo cambió durante los tres años con Yong Hwa.
—Cuando nos
conocimos, eras muy flaca. Maduraste de forma interesante.
—Ambos
maduramos —dijo mirándolo de reojo. Desde la última vez que se vieron, los hombros
se habían ensanchado, lo que le daba una esbeltez que imaginaba que lo hacía irresistible
para las mujeres que conocía. Las columnas de chismes publicaban sus aventuras
amorosas—Tienes una gran reputación en todo Corea. Tienes muchas admiradoras
detrás de ti.
La miró con
burla y añadió cínicamente:
—
No desperdicié las
oportunidades que se me presentaron.
— ¡Vil
criatura!
— ¿Y tú? ¿El
matrimonio resultó tal como esperabas? —Los brillantes ojos la recorrieron de
nuevo. —Lo que sí puedo decir, es que te dio algo. ¿Siempre fuiste tan
atractiva?
— ¿Quieres
decir que nunca lo notaste?
Volvieron a
caer en la antigua forma de hablar burlona, como si nunca se hubieran separado.
— Yo sí lo
noté, la que no lo hizo fuiste tú —se puso serio de pronto—. ¿Por qué
desapareciste, Shin Hye? ¿Demasiado absorta por tu esposo?
— Algo así
—desvió la mirada para ocultar su expresión.
—Tres años
—dijo suavemente— Tres malditos años... no vuelvas a hacerme eso.
Soo Jin
entró al cuarto y se los quedó mirando.
— ¿Se
divierten?
—Nos estamos
poniendo al día —contestó Hong Ki—Hay muchas cosas que recordar.
—Tú eres la
estrella de la velada murmuró Soo Jin. ¿Podrían esperar hasta más tarde? La gente
está esperando hablar contigo, conocerte.
—Que esperen
—se encogió de hombros con una arrogancia nueva y Shin Hye lo miró con agudeza.
Soo Jin
suspiró.
—
Vamos, Hong Ki.
¡Con nosotros no te portes como estrella!
Se le
endureció el rostro y los ojos mostraron
frialdad.
—
¿Qué dices?
El rostro de
Soo Jin enrojeció.
—Todos
sabemos que eres una gran estrella, pero te agradecería que accedieses a bajar
del pedestal por una noche.
Los ojos de Hong
Ki brillaron y Shin Hye le puso una mano sobre el brazo.
Los músculos
se estiraron bajo sus dedos, volvió la cabeza y la miró.
—Soo Jin
tiene razón... podemos hablar después.
Shin Hye lo
miró suplicante y su rostro adquirió una expresión curiosa.
Inconscientemente,
había usado la voz humilde y de súplica que se había acostumbrado a emplear con
Yong Hwa. Su carácter lo hacía necesario y el cambio en ella fue tan gradual, que
sólo lo notó bajo la astuta mirada de Hong Ki.
— ¿Piensas
marcharte temprano?
Al pensar en
volver a la fría y vacía elegancia de su hogar, su rostro se puso rígido como una
máscara.
—No, no
tengo prisa en irme.
—Quédate
aquí esta noche dijo Soo Jin al observarla. Hay un cuarto de huéspedes.
—Gracias, me
gustaría.
— Entonces,
tenemos una cita para más tarde —le dijo Hong Ki y se dirigió a Soo Jin— Llévame
a la boca del lobo.
— Sinvergüenza
presumido —dijo Soo Jin burlona.
Él se rio y
la siguió a la fiesta. Shin Hye se quedó buscando los alimentos que trató de encontrar
antes. Después, regresó a la fiesta y vio a Hong Ki rodeado de chicas. Observó cómo
flirteaba abiertamente con una chica muy bella. La chica no ocultaba su
fascinación y Shin Hye imaginó que eso era algo que se repetía a menudo. ¡Era
cierto que Hong Ki había llegado a la cima!
Soo Jin se
le acercó y mordisqueó un pedazo de apio.
— Su
actuación es estupenda —dijo con sequedad.
—Trata de
hacerte honor— aceptó Shin Hye y ambas sonrieron.
—Es un buen
actor— admitió Soo Jin como para borrar la sospecha de celos profesionales—.
Merece el éxito que tiene.
— Sin
embargo, es curioso —murmuró Shin Hye—. ¿Recuerdas lo distraido que era en la escuela
de arte dramático? Nunca ponía atención y yo nunca creí que realmente quisiera actuar.
— Tal vez es
mejor actor de lo que pensarnos, tanto fuera como dentro del escenario — dijo Soo
Jin y la miró de forma curiosa.
Shin Hye
vació los ceniceros, recogió un montón de vasos sucios y se dirigió a la cocina
a lavarlos. Un hombre joven con pantalones de pana y suéter blanco, la siguió.
— ¿Necesita
ayuda?
—Gracias —contestó sonriendo.
—Gracias —contestó sonriendo.
Trabajaron
un rato juntos.
— ¿Actriz? —dijo
mirándola de arriba abajo.
—No —contestó
ligeramente desconsolada.
— ¿Amiga de Soo
Jin? — puso cara de sorpresa.
Soo Jin no
conocía a nadie fuera de ese ambiente.
—Sí.
— ¿Modelo?
— ¿Modelo?
Ella sonrió
moviendo la cabeza.
— Debía
serlo —dijo con tono insinuante— Podría tener mucho éxito. ¿Quiere algunas presentaciones?
Podría conseguirle trabajo. Shin Hye lo miró con frialdad.
—No, gracias, soy casada.
Él se echó
para atrás como si lo hubiera abofeteado. —Bueno, encantado de servirla en cualquier
momento —desapareció como si temiera por su vida y ella sonrió para sus adentros.
Pensó que el muchacho trató de usar el viejo truco del empleo y pensó que hacía
mucho tiempo que alguien había intentado conseguir una cita con ella con el
mismo pretexto. Era divertido. Soo Jin entró y le hizo una mueca.
—Deja de
esconderte aquí y únete al resto... viniste a divertirte, no a trabajar.
Shin Hye se
dejó llevar de nuevo a donde estaban todos y le sonrió a la gente, habló y escuchó
hablar de teatro. En un momento dado se encontró espalda con espalda con Hong
Ki. Se tocaron y giraron para verse. Él le hizo un guiño. La chica linda seguía
colgada de su brazo y él no hacía ningún esfuerzo para zafarse. Los ojos de
Shin Hye contemplaron a ambos y sonrió antes de apartarse.
Comenzó a
sentir que jamás se había ido. Al principio le fue difícil poner a un lado el recuerdo
de Yong Hwa con otra mujer en los brazos, pero ahora lo hacía sin esfuerzo.
Cada vez que el pequeño cuadro surgía en su cabeza, lo apartaba y sonreía más.
La fiesta
comenzó a desanimarse a las dos. La gente se iba, el aire aclaró y la música se
oyó más suave. Unos cuantos invitados bailaban adormilados ahora que había
lugar para moverse. Hong Ki se apartó de aquella mujer y se le acercó.
— ¿Bailamos?
Ella lo miró
sorprendida, notó que aquella chica la miraba sin disimular los celos.
—No quiero
que me saquen los ojos. Regresa con la chica bella.
Hong Ki no
contestó. Le rodeó la cintura con un brazo y la empujó. Ella lo siguió
alrededor del cuarto con la mano sobre el hombro.
Él puso la
mejilla sobre el cabello femenino.
—Soo Jin me
ha dicho que tu matrimonio está a punto de naufragar.
Shin Hye se
puso rígida, se tropezó.
—No tiene
ningún derecho...
Él la miró
serio, a los ojos.
—Soo Jin y
yo somos tus amigos más antiguos. Tiene todo el derecho. Estamos preocupados.
— ¡No es
asunto de ustedes! —el dolor hizo que su voz pareciera brusca.
—Por lo que Soo
Jin me dijo, Yong Hwa es un desgraciado.
—No debí
decirle nada.
—No creí que
le contaría a todo el mundo lo que le dije.
Hong Ki le
apretó el brazo y la lastimó.
— ¿Tratas de
insultarme, Shin Hye?
—Lo siento —
se disculpó al verlo enfadado.
—Eso espero.
Pero mi
matrimonio es asunto privado.
—Se lo
contaste a Soo Jin ¿por qué me excluyes a mí?
Su mirada la
hizo ruborizar.
—Cuando
hablé con Soo Jin estaba aturdida. Supongo que necesitaba un hombro para poder
llorar.
—Usa el mío.
—Es
distinto.
—Siempre nos
llevamos mejor que Soo Jin y tú. ¿Ya no somos amigos, Shin Hye?
A Yong Hwa
no le gustaba Soo Jin, pero sabía que menos le agradaría Hong Ki si lo conocía.
Sonrió con
tristeza.
—Causaste a
Yong Hwa una mala impresión con ese mensaje.
— ¿Se puso
celoso?
Algo en su
voz hizo que lo mirara con más cuidado.
— ¡Hong Ki!
¿Lo hiciste deliberadamente? —jamás se le había ocurrido antes. Lo tomó como una
de las bromas de Hong Ki. Yong Hwa se había puesto furioso, pero ambos lo
olvidaron durante los embriagadores días de la luna de miel.
Quise darle
algo en que pensar se encogió de hombros. ¿Por qué te casaste con un extraño,
Shin Hye? Lo hiciste de repente, mientras yo estaba en el otro lado del mundo.
—Si te lo
dijera, no comprenderías.
—¿Y por qué
diablos no?
—Por amor.
Me enamoré.
—¿Y ahora?
Ella cerró
los ojos y se estremeció.
—Dios sabe
—contestó estremeciéndose.
—Estás fuera
de tus casillas —dijo Hong Ki—. Soo Jin piensa que debías dejarlo y volver con nosotros.
— ¡Soo Jin
piensa..! dijo molesta. ¡Quisiera que mantuviera sus pensamientos para sí!
—Perteneces
al medio artístico. Eres una actriz muy buena.
—Nunca
llegué a nada.
—Desististe
muy pronto. Cuando me fui, tenías un buen papel.
—No era malo
admitió al recordar la excitación y embriaguez de esos días.
— ¿Por qué
no lo intentas de nuevo? Es tu mundo tanto como el mío. Soo Jin y yo te ayudaríamos.
Ahora conozco a mucha gente. Podría recomendarte a gente importante.
— ¡Dios
mío!, no me di cuenta que contaba con amigos influyentes.
Él sonrió y
se relajó.
—Bueno, date
cuenta ahora. Sé franca, Shin Hye, ¿quieres regresar al teatro o no?
Pensó en
Yong Hwa con la mujer en sus brazos. Él quería terminar con el matrimonio. Lo consideraba
como un error y tal vez tenía razón. Hacía mucho que ya no eran felices juntos
y el nerviosismo con que lo trataba no contribuía a mejorar sus relaciones.
Hong Ki la
observaba tratando de leer sus pensamientos y ella le miró llena de emociones confusas.
— No sé.
— Piénsalo
—le dijo con sonrisa satisfecha—. Te veré mañana temprano. Se me ocurre que
podrías hacer una prueba para una pequeña parte en una serie de televisión.
— ¿Ah, sí?
—su pulso latió más de prisa al oír las palabras dichas con indiferencia. Se ruborizó
y él le sonrió divertido. Esto te serviría como venganza, ¿verdad?
— ¿Qué papel
es? preguntó ansiosa.
— Es de
actriz secundaria. Por la forma en que está escrita la serie, sólo son unas
cuantas líneas... el énfasis está en el aspecto de su carácter. Ni siquiera
puedo prometer que te tomarán en cuenta para el papel, pero podrías probar.
— Si tú
insistes —dijo observándolo con calma.
Su nombre
pesaba ahora. Podría manipular cosas así. Tal vez no pudiera garantizar el papel,
pero sí podría hacer que la recibieran.
Hong Ki le
levantó la barbilla.
— ¿Quieres
que te consiga la entrevista?
Shin Hye
buscó una respuesta sin estar segura de cuál debía ser. Si Yong Hwa quería el divorcio,
ella tendría que buscarse un futuro, una vida sin él. Había extrañado a sus amistades,
su charla familiar acerca del teatro, todo el obsesivo mundo de la farándula.
— Sí dijo
impulsivamente de pronto. ¡Gracias, Hong Ki!— El rostro de él adquirió un
curioso aspecto triunfal.
—De acuerdo
—miró la chica que le acompañaba anteriormente, quien lo esperaba malhumorada—
Será mejor que regrese a su lado antes que pierda la paciencia y me abandone.
— ¡Hazlo!
—rio Shin Hye.
—Nos veremos
—dijo y se acercó a la otra muchacha. El rostro se le iluminó cuando lo vio
acercarse y una sonrisa asomó a su boca. Shin Hye los observó con divertida
ironía.
Hong Ki
había triunfado, una mirada y todas caían. No lo recordaba como mujeriego, pero
era evidente que ahora le divertía el papel.
Esa noche, Soo
Jin la acomodó en la alcoba vacía, y le prestó un camisón negro con encaje rojo
entretejido en el escote.
—¡Oh, tengo
que llamar a Yong Hwa! exclamó Shin Hye asustada al darse cuenta que no lo había
recordado antes.
— ¿A las
tres de la mañana? Yo no te aconsejaría hacerlo, cariño. No te lo agradecerá si
tiene que levantarse temprano para ir al juzgado.
— No —Shin
Hye se mordió el labio—Tal vez tienes razón, luego palideció —Me pregunto lo
que creerá que estoy haciendo...
—Déjalo para
mañana — le dijo su amiga y apagó la luz.
Se durmió
casi enseguida, pero antes del, amanecer despertó sobresaltada con lágrimas en
los ojos por el sueño que había tenido. Todavía podía verlos, la cabeza de la mujer
levantada, Yong Hwa inclinado sobre ella y oyó el murmullo de su voz al decir:
«Dios, ya no resisto más»
No sabía con
exactitud en qué momento se habían alejado el uno del otro. No dudaba que Yong Hwa le
había amado un tiempo aunque pertenecían a mundos diferentes y eran opuestos en
todo. Yong Hwa se ganaba la vida con el cerebro duro y frío; en el juzgado era un
adversario peligroso, de lengua cruel y mirada afilada como el acero. Una vez
fue a verle trabajar y fue como una pesadilla verlo ejerciendo autoridad. Le asustó
y perturbó. Se dio cuenta que después de eso comenzó a tenerle miedo. Él empezó
a hablarle con la voz que usaba en el juzgado, fría y clara y a mirarle con
ojos penetrantes. Esa actitud le hizo apartarse de él.
Soo Jin
tenía razón. La pérdida de su hijo fue la gota que derramó el vaso. Yong Hwa y
ella ya estaban bastante alejados antes de eso.
Sin embargo,
hasta la tragedia de su aborto, habían estado en un terreno de igualdad segura...
se atraían. Continuaba existiendo parte de su amor. Yong Hwa siempre fue un amante
apasionado. Cerró los ojos y parpadeó. Hacía mucho tiempo desde la última vez que
la tuvo en sus brazos.
Comprendió
que ambos se hicieron mucho daño. Yong Hwa había tomado su vivaz y extrovertida
personalidad y la había cambiado de acuerdo con su mentalidad, pero al hacerlo,
destruyó todo lo real y vivo de su persona. Ella se volvió callada y tranquila,
hasta que al final se alejó por completo de la vida.
También ella
causó daño a Yong Hwa. Se dio cuenta de cuando esa mañana oyó el tono angustiado
de su voz. Lo había herido sin querer y ahora se sentía invadida por la amargura.
Sólo quedaba
algo que hacer al respecto.
—Tengo que
divorciarme de él —pensó en voz alta y temblorosa. Cerró los ojos agotada y
volvió a dormirse.
Cuando
despertó era de día y Soo Jin le traía una bandeja con el desayuno.
—Té y pan
tostado. Me voy a ensayar. ¿Nos veremos más tarde?
— ¿Temes que
me convierta en huésped permanente de tu cuarto de visitas?
Lo dijo de
manera cariñosa, con ligereza.
—Es tuyo
mientras lo quieras. Un cambio te haría bien.
—Hong Ki
mencionó algo acerca de una entrevista. ¿Para ti?
—Posiblemente.
— ¿Y
aceptaste? —Soo Jin sonrió de oreja a oreja.
—Creo que
sí. Cuando me lo dijo estaba un poco indecisa pero fue muy persuasivo.
—Me lo
contarás cuando regrese dijo Soo Jin mirando el reloj—. Es tarde y Song Ha Pyo se disgustará conmigo si llego
tarde.
— ¿El
productor? —a Shin Hye le dio envidia. Era una persona respetada en el ambiente
artístico— ¡Qué suerte tienes!
—No si llego
tarde dijo Soo Jin apesadumbrada.
Cuando se
fue, Shin Hye mordisqueó la tostada y tomó un poco de té. Luego, miró el reloj y
se salió de la cama al darse cuenta que todavía no había llamado a Yong Hwa,
Pensó que ya
no estaría en casa, sino en el juzgado. Llamó a su despacho y Kim San contestó.
— ¡Oh,
señora Jung! —dijo con alivio, siempre la llamaba así—. El señor Yong Hwa ha
estado muy preocupado por usted...
—Me quedé en
casa de una amiga después de una fiesta. Temo que me olvidé de la hora. Ya sabe
cómo es eso... no quise despertar a mi esposo a una hora avanzada.
— No durmió
—dijo Kim San con reproche—. Estaba preocupadísimo por usted... Llamó a la
policía, a los hospitales...
Ella
palideció.
— ¡Oh, no!—
¿por qué no se le ocurrió que Yong Hwa podía estar tan preocupado? Se portó de
forma irresponsable al desaparecer sin decir palabra—. ¿Está ahora en el
juzgado?
—No, está en
casa esperándola.
Shin Hye
colgó enseguida y llamó a Yong Hwa. El auricular se levantó antes de que
terminara el primer timbrazo.
— ¿Yong Hwa?
murmuró nerviosa.
Hubo un
silencio que le pareció durar para siempre.
— ¿Dónde
diablos estabas? — la pregunta quemó su oreja y ella saltó.
Habló con
palabras incoherentes.
—Siento no
haber llamado. Fui a una fiesta... me olvidé de la hora y era tan tarde que me quedé
a pasar la noche.
— ¿Dónde?
¿Con quién? preguntó con brusquedad. ¿Dónde estabas?
Titubeó,
temerosa de mencionar el nombre de Soo Jin para que no se enojara más.
—Yo... donde
la... amiga que dio la fiesta... fue más fácil que tomar un taxi hasta casa y despertarte
a esas horas.
— ¿Cuál es
la dirección?
Ella se la
dio automáticamente.
—Yong Hwa, disculpa.
Me doy cuenta que debe haberte preocupado, pero estoy bien. Fue una imprudencia
no avisarte.
— ¿Ah, te
diste cuenta? — dijo sarcástico. Quédate allí, iré por ti.
—No —dijo a
toda prisa. Yo... pensé quedarme unos días. Tú, estás muy ocupado y no tengo
gran cosa que hacer en casa. ¿No te importará que me ausente por un tiempo, ¿verdad?
De nuevo el
silencio, pero podía oírlo respirar en forma irregular.
—Será mejor
que te vayas a trabajar —añadió con rapidez—El pobre Kim San está frenético.
Siento haber causado tantos problemas.
— ¿De veras?
—dijo con voz helada. —Es una lástima que no hayas pensado en eso antes. Adiós,
Shin Hye.
El sonido al
colgar el auricular la hizo cerrar los ojos y suspiró estremecida.
— ¡Adiós,
Yong Hwa! — dijo como despedida.
Todo terminó
con facilidad. Dos palabras. Adiós, Shin Hye, parecía tener eco en el aire y ella
apretó las manos. Dos años de felicidad, incomprensión y anhelos compartidos
que se habían terminado en unos minutos. Tal vez Yong Hwa todavía no lo sabía,
pero lo entendería después de un tiempo. Ella no quería tener una ruptura
dramática, cargarlo con más culpa, más infelicidad. Que pensara que había
vuelto de nuevo al teatro. No tenía que aceptar que lo había visto con la otra
mujer. Eso facilitaría mucho las cosas.
Oyó el
timbre de la puerta y fue abrir. Hong Ki la miró con divertida ironía cuando entró
en el apartamento.
— Muy
atractiva —murmuró.
Se rio y
miró la bata de seda amarilla que cogió del armario de Soo Jin.
—No es
exactamente mi color.
—No sé—dijo
burlándose.—Te queda bien. Sobre todo el estilo.
Era de
solapas bajas, dejaba ver el camisón negro y ella se ruborizó.
—Me iré a
cambiar.
—No puedo
quedarme, espera un minuto... Hablé con mis amigos de la televisión y logré que
te concedan una entrevista.
— ¡Eso es
maravilloso!
—Llámame
señor Arréglalo Todo —dijo con modestia.
— ¿Cuándo?
—¿Cuándo
puedes ir?
—No tengo
gran cosa que hacer por el momento —dijo y desvió la mirada.
Hong Ki se
metió las manos a los bolsillos del pantalón.
— ¿Hay café?
No he desayunado.
—Haré un
poco —entró en la cocina e hizo un gesto al ver el caos que había. Tendría trabajo
para rato. Preparó el café y sacó dos tazas. Hong Ki entró, vio el desorden y
exclamó:
— ¡Dios
Todopoderoso!
Ella se rio.
—Lo
arreglaré más tarde.
Él se quitó
el suéter que era del mismo color que el pantalón.
— ¿Tienes un
delantal?
Estos
pantalones cuestan una fortuna y no quiero ensuciarlos.
— ¡No tienes
necesidad de hacer nada!
— ¿Oíste
alguna vez la frase «el trabajo se aligera con muchas manos»?
— ¡Hong Ki,
en serio, no hagas nada!
Él buscó
detrás de la puerta y sacó un delantal de plástico azul brillante estampado con
chillonas flores rosadas, dos corazones enlazados y el romántico mensaje de
¡hola, marinero!
Hong Ki lo
miró con disgusto.
— ¡No soy
yo! —pero se lo metió por encima de la cabeza. La hizo reír y él le dio una palmada
cariñosa. —Nada de
bromas... estoy aquí para trabajar —comenzó a apilar los platos y ella siguió preparando
el café. Cuando estuvo listo, sirvió dos tazas.
Se sentaron
a tomar el café y charlaron acerca de la obra de televisión. Él le explicó el tema.
—Tu papel es
una parte pequeñísima, pero podría servirte de mucho. Ayuda bastante el que lo
vean a uno en la pantalla.
Le hizo una
serie de preguntas y escuchó absorta cuando se las contestó, con los codos sobre
la mesa y la cabeza apoyada entre las manos. Su ocupación favorita siempre
había sido hablar de obras y así seguía siendo.
Él miró el
reloj.
— ¡Dios, se
me hizo tarde!
Lo siento,
es mi culpa. No debí entretenerte.
—¿Y para qué
son los amigos?
—Antes
decías que para pedirles dinero prestado.
— Y para enamorarse
—agregó mirándola de soslayo de forma maliciosa.
Shin Hye rio
y él añadió:
—Aunque por
más insinuaciones que hacía, jamás me demostraste tanta amistad.
— Nunca
insinuaste nada —dijo con franqueza.
—¿No? ¿Estás
segura?
Se oyó un
insistente timbrazo en la puerta.
— Soo Jin —dijo él. Le abriré al irme.
— Soo Jin —dijo él. Le abriré al irme.
Salió y ella
se rio, dándose cuenta que se le había olvidado quitarse el ridículo delantal.
Oyó que se
abría la puerta y luego la nota violenta de la voz de Yong Hwa. El color
abandonó su rostro. Se puso de pie de un salto y abrió la puerta de la cocina.
Yong Hwa la
miró por encima de Hong Ki. Sus ojos oscuros se fijaron en todos los detalles
de su aspecto y ella se vio a través de sus ojos y se acobardó. Estaba
desaliñada y vestida de forma provocativa. La bata de seda medio abierta,
mostraba el blanco cuello y el comienzo de los senos. Estaba descalza como si
acabara de levantarse y tenía el cabello despeinado.
Las
facciones de su marido se endurecieron al observarla con más detenimiento. Miró
con lentitud a Hong Ki, quien lo estudiaba con una expresión peculiar y con
labios ligeramente sonrientes.
Shin Hye no
encontraba qué decirle. Esperaba que hablara y levantó la cara con desafío.
Yong Hwa
recorrió la figura de Hong Ki en mangas de camisa y con desdén se detuvo en el mandil.
— Vístete
—le dijo con los labios apretados—Voy a llevarte a casa.
—No, amigo
intervino Hong Ki. Ella se queda.
Yong Hwa le
golpeó. Sucedió demasiado rápido para que Shin Hye se diera cuenta... durante un
minuto se miraron como perros salvajes, al siguiente, Hong Ki volaba por el
cuarto y caía con la cabeza sobre la pared.
Ella corrió
y se arrodilló a su lado horrorizada.
—¿Hong Ki,
estás bien? ¿Estás herido?
Él se tocó
la cabeza y gruñó.
—Por
supuesto que estoy herido. Tal vez tenga la cabeza dura, pero si me doy contra
un muro, duele.
Ella se
volvió para mirar a Yong Hwa.
—No había
necesidad de hacer eso dijo furiosa.
Yong Hwa no
contestó. Estaba blanco y respiraba con dificultad. Apretaba y aflojaba las manos.
Su cara estaba tensa por la furia.
—Eres una… —
no pudo terminar la frase, giró y salió cerrando la puerta a sus espaldas.
Sólo
entonces se le ocurrió a ella lo que él pudo haber pensado. La cegó tanto el
saber que amaba a otra mujer que no se le ocurrió que Yong Hwa pudiera dudar de
su propia fidelidad. Si hubiera tenido algo de humor hubiera reído. En vez de
eso, soltó una maldición y Hong Ki soltó una risotada.
—Eso no lo
hace una dama.
—Oh, Hong Ki,
siento que te haya golpeado. Me temo que sospechó...
—Sí,
sospechó, ¿verdad? —observó Hong Ki satisfecho.
—Hong Ki, no
tiene nada de gracia.
—Pero ya se
fue y tú todavía estás aquí. ¿Ya se terminó, verdad, Shin Hye? ¿Se terminó para
siempre?
Ella suspiró
hondo.
—Sí
—admitió. Yong Hwa estaba enojado con ella, pero no se engañaba imaginando que
se sintió celoso o dolido. Por lo que ella había visto y oído, podía imaginar
que se había comportado con propiedad y corrección, sin jamás hacerle el amor a
la otra mujer, manteniendo su distancia. Eso le dolería ahora, porque mientras
él mantenía lo que consideraba las reglas, podía pensar que ella las violó para
tener una relación con otro hombre.
—No pongas
esa cara triste. No lo vale. Es un tipo inflexible. Cuando abrí la puerta me
miró de arriba abajo como si fuera una oruga que encontró en la ensalada.
—Seguramente
se debió al delantal observó ella.
Hong Ki lo
miró con un gesto divertido.
— ¡Dios, qué
facha! Eso lo explica todo. Tengo que irme dijo mientras se lo quitaba y se
ponía el suéter. Te llamaré.
Cuando se
fue, Shin Hye entró al baño y se desnudó. Dejó correr el agua y la regó con fragantes
esencias seleccionadas de las muchas que Soo Jin tenía. Se hundió en el agua caliente
y perfumada e inhaló el delicioso vapor, empezando a relajarse. ¿Qué podía hacer
ahora? Después de lo que Yong Hwa pensó que había descubierto, tal vez planeara
nombrar a Hong Ki como el tercero en discordia en el juicio del divorcio y ella
tenía que impedirlo. Podrían separarse sin ningún escándalo, pero si aparecía
el nombre de Hong Ki, la prensa no dejaría de aprovechar la oportunidad de dar
publicidad al asunto y ella no quería perjudicar su carrera artística.
Una lágrima
le rodó por el rostro, le llegó a la boca salada e inesperada. Ni siquiera se
dio cuenta que lloraba. Se frotó los ojos con la mano, sollozando como una
criatura.
—Oh, Yong
Hwa — se lamentó. ¿A dónde se había ido el amor? ¿Cómo era posible que la dulce
y cercana dicha de los primeros días de su matrimonio se convirtiera en la
helada indiferencia de los últimos meses?
¿Cuándo dejó
de amarla y comenzó a querer a Tae Hee? Se pasó los dedos mojados por el
cabello y apretó los dientes. Tenía que convencerse, a pesar de lo mucho que la
hería, de que Yong Hwa amaba a otra mujer. Tenía que enfrentarse a ello. Quizá
no fue culpa de él.
¿No lo fue?
Comenzó a acalorarse y a enojarse, los celos le quemaban. Pensó en la lejanía
que desde hacía meses había entre ellos, la frialdad que él le demostró, las
veces que le habló como si fuera una extraña. ¿Nada de eso era culpa suya? ¿Era
ella la única culpable?
Por el momento comienzo a sospechar sobre la relación de Yong Hwa, pero no dejo de odiarlo por hacerle todo eso a Shin Hye ¡EISH! Por suerte está Hong Ki. Por favor no demores en actualizar, la historia me tiene absorta y hasta loca hahahahaha ¡Suerte y sube el próximo capítulo pronto!
ResponderEliminarja ! y ahora tienes celos despues de como te has comportado con shin todos estos meces ... los dos tiene culpoa en parte pero shin no tiene tanta como la tiene yong y ahora que ve a shin con hong ki que ovio no paso nada se pone celoso es eso esta celoso al caso piensa que lo enga~a como el a ella eishhhhh !!! yong no te pases aaa >:( que coraje .... sigueeee porfaaa ya muero por leer mas y que pasara ojal shin retome su carrera se lo merece
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