Lo primero
que vio Yong Hwa cuando entró en la tienda de Shin Hye a mediodía fue la
cantidad de clientes que esperaban a que los atendieran. Al parecer, ella
intentaba atenderlos personalmente a todos ellos. Él le preguntó dónde estaba
la señora Kim.
Shin Hye
levantó la mirada al oírlo y sonrió.
—Me ha llamado.
No se encuentra bien. Quería venir, pero la he convencido para que se quedara
en casa, y no me dio tiempo de llamar a alguien más.
— ¿Vas a
atender tú sola a este gentío?
—Sí.
Antes de que
ella se diera cuenta, Yong Hwa estaba detrás del mostrador con un delantal
puesto.
— ¿Qué
haces? —le preguntó ella mientras se daba la vuelta para mirarlo.
—Ayudarte
—contestó él con una sonrisa.
—Pero...
Yong Hwa la
agarró de los hombros y volvió a darle la vuelta.
—Tienes una
cliente, Shin Hye. No hagas esperar a la señora Min. Si no me equivoco, hoy es
su día para ir a la peluquería y no puede llegar tarde.
La anciana
se sonrojó.
—Así es, Yong
Hwa. Además, hoy iremos a tu restaurant con mi esposo, para tomar el menú especial del viernes.
—Estaremos esperándola
—replicó Yong Hwa entre risas.
La señora
Min se dirigió a Shin Hye.
—No se queje
de que él la ayude, señorita. Conozco a los Jung desde que nacieron y son
personas muy honradas.
Shin Hye
sonrió. Eso era lo que menos la preocupaba. ¿Cómo podría trabajar con él tan
cerca?.
— ¿Te pasa
algo? —le preguntó Yong Hwa.
Ella
parpadeó e intentó controlar el pulso.
—No...
nada... ¿Por qué me lo preguntas?
—Porque la
señora Min lleva un par de minutos
intentando pagar.
—Ah... —Shin
Hye se volvió hacia la anciana—Lo siento...
—No te
preocupes —la mujer sonrió—Yo también he sido joven.
Shin Hye
tragó saliva. ¿Se habría dado cuenta de lo que sentía hacia Yong Hwa? Decidió
concentrarse en los clientes y no en Yong Hwa. Al cabo de unos minutos descubrió
que trabajaban bien juntos. Él sabía lo que los clientes querían e, incluso,
les convencía para que se llevaran algo más. Durante hora y media tuvieron una
afluencia constante de clientes, pero a las dos y media la tienda ya estaba
completamente vacía.
Shin Hye
miró a Yong Hwa mientras él se quitaba los guantes.
—Gracias por
tu ayuda. Se te da muy bien atender a la gente —Shin Hye sonrió.
—Espero que
también se me den bien otras cosas —replicó él con una sonrisa insinuante
mientras colgaba el delantal.
—Eso te lo
aseguro —Shin Hye se rió.
—Me alegro
de saberlo...
Shin Hye
suspiró. Llevaba todo el día alterada sólo de acordarse de la noche anterior.
—Será mejor
que me vaya antes de que me echen de menos —Yong Hwa miró el reloj—. Aunque me
imagino que la Sra. Lee Hee Young
ya se habrá encargado de contar dónde estoy.
— ¿ Lee Hee Young?
—preguntó Shin Hye con una ceja arqueada.
—Sí, la mujer
que llevaba un vestido rojo.
— ¿La que
paralizó la tienda durante diez minutos porque no sabía qué llevarse?
—Sí —Yong
Hwa se rió— Su marido y ella tienen una floristería muy cerca de aquí y ella es la mayor chismosa
de la ciudad. Supongo que de aquí habrá ido directamente al restaurante para
contarles que estaba ayudándote.
—Pero...
¿qué le importa a ella?
Yong Hwa se
inclinó sobre el mostrador.
—Me han
contado que la señora Lee y sus amigas han apostado sobre cuál será el próximo Jung
en casarse.
— ¿El próximo
Jung?
—Sí. Algunas
apuestan por mí y otras por mis primos —Yong Hwa se rió por la expresión de
perplejidad de Shin Hye —Mis hermanos, mis primos y yo siempre hemos dicho que
no íbamos a casarnos, pero durante los últimos tres años, todos mis hermanos se
han casado.
—Ah...
—Además,
hace unos meses mi primo Jae Jin nos sorprendió a todos al comprometerse. Song
Qian y él se casaron y todo el mundo volvió su mirada hacia mí porque soy el
único de mis hermanos que no se ha casado. Yo he dicho mil veces que no voy a
casarme, pero nadie me cree.
— ¿Por qué
no?
—Porque Jae
Jin y mis hermanos dijeron lo mismo. Aunque soy el primero en reconocer que son
muy felices, eso no significa nada para mí. Nunca me casaré.
Shin Hye se
dio la vuelta como si estuviera limpiando el mostrador. No quería que él notara
cuánto le habían afectado aquellas palabras. Ella se había enamorado
perdidamente de él, pero era asunto suyo, no de Yong Hwa. Tenía la sensación de
que él estaba recalcando algo que había dicho la noche anterior. Había oído
claramente que él decía que tenía relaciones circunstanciales. Un hombre así no
pensaba en el matrimonio. Quizá fuera un buen momento para que ella también
dijera su opinión.
—Yo tampoco
pienso casarme —Shin Hye no levantó la mirada, pero notó que él la miraba con
curiosidad.
— ¿Por qué?
Shin Hye lo
miró porque le pareció que estaba perplejo.
—Ya te he
contado la historia de mi padre, Yong Hwa. Lo que hizo me volvió desconfiada.
No es que piense que todos los hombres sean escoria, pero he decidido que tengo
muchas cosas que hacer aparte de preocuparme por si el hombre con el que estoy
merece mi confianza.
—Ya —Yong
Hwa asintió con la cabeza— Sé lo que quieres decir.
— ¿Lo sabes?
—Shin Hye lo miró a los ojos.
—Sí
—contestó Yong Hwa al cabo de unos segundos —Me llevé un buen chasco en la
Universidad cuando la mujer que yo creía que me quería me dejó tirado como a
una colilla por mi lesión. Me dolió durante algún tiempo, pero pronto comprendí
que estaba mucho mejor sin YooJin. Aunque no por eso haya dejado de ser
prudente. Nunca volveré a confiar plenamente en una mujer. La confianza es muy
importante para mí. No soporto ningún tipo de engaño.
Ella asintió
lentamente con la cabeza sin querer pensar en que ella estaba engañándolo.
—Vaya...
parece que nos entendemos...
—Sí, eso
parece —Yong Hwa volvió a mirar el reloj —Será mejor que me vaya —miró a Shin
Hye —¿Qué vas a hacer luego?
—Voy a
salir.
— ¿A salir?
—Sí.
Shin Hye
decidió que no tenía por qué darle más explicaciones. Además, no quería que él
supiera que ella iba a visitar a Lee Sun Ki . El señor Sun Ki no había contestado a sus llamadas, pero ella
se había enterado de que iba a servir una cena de recaudación de fondos para una
Institución. Pensaba presentarse allí y hablar con él aunque no quisiera.
— ¿Qué te
parece ir el sábado conmigo a Gwangyang?
— ¿Gwangyang?
—Sí. Voy a
ir para recoger algunas piezas de motocicleta para Se Hyun. Él está muy ocupado
y me pidió que le ayudara.
Shin Hye
pensó que nunca había estado en Gwangyang y que siempre había oído que era una
ciudad muy bonita. Sabía que no debería profundizar más su relación con Yong
Hwa, pero tampoco podía evitar querer estar con él.
—Me
encantaría ir el sábado a Gwangyang contigo.
—Perfecto —Yong
Hwa sonrió—. Te recogeré el sábado alrededor de las ocho. ¿Te viene bien?
—Sí. Estaré
preparada a esa hora.
Se quedaron
un rato sin decir nada, mirándose. Shin Hye notó que la temperatura subía entre
ellos. Se preguntó qué estaría pensando Yong Hwa. ¿Estaría acordándose de la
noche anterior en su despacho y en su dormitorio? Ella tenía unos recuerdos muy
claros.
Notó que se
le encogía el estómago. Él se acercó un par de pasos, como si le hubiera leído
el pensamiento, pero sonó la campanilla de la puerta y entró un hombre.
Yong Hwa
tomó aliento y ella se volvió para saludar al cliente. Él tenía todo el cuerpo
en tensión y al rojo vivo. Era como si le hubiera leído el pensamiento y se
hubiera visto atrapado por los recuerdos de ella. Volvió a tomar aliento cuando
ella sonrió de oreja a oreja antes de salir del mostrador y arrojarse a los
brazos del recién llegado.
— ¡Shin Won!
Yong Hwa
frunció el ceño. A juzgar por la sonrisa de Shin Hye, ella conocía muy bien al
tal Shin Won. ¿Sería el hombre con el que saldría luego? Repentinamente, notó
algo que no notaba desde hacía mucho tiempo. No sabía quién era ese hombre,
pero él quería arrancarle a Shin Hye de los brazos.
—Creo que
tengo que marcharme —dijo Yong Hwa en un tono enfadado.
Dos pares de
ojos se clavaron en él. Evidentemente, habían captado su enfado. Notó cierto
brillo en los ojos del hombre y perplejidad en los de Shin Hye. Él también
estaba bastante perplejo por su comportamiento.
—Mmm... me
parece que, efectivamente, tiene que marcharse —replicó el tal Shin Won con una
sonrisa forzada.
Yong Hwa
frunció más el ceño y sintió unas ganas tremendas de partirle la nariz.
— ¡Shin Won...!
—exclamó Shin Hye entre risas.
Miró a Yong
Hwa y dejó de reírse. Se preguntó por qué estaría tan enfadado. Hasta que lo
comprendió. Ella había dicho que iba a salir y apareció Shin Won. No pudo
evitar una sonrisa ante la idea de que él estuviera celoso. Sacudió la cabeza.
Eso era imposible. Los hombres que sólo tienen relaciones circunstanciales no
se ponían celosos.
—Yong Hwa —Shin
Hye se aclaró la garganta —te presento a mi hermano, Park Shin Won.
Yong Hwa
arqueó una ceja y los miró.
— ¿Tu
hermano?
—Sí, su
hermano —contestó el hombre con una sonrisa mientras se acercaba a Yong Hwa —¿Quién
eres tú? —preguntó Shin Won como si tuviera todo el derecho a hacerlo.
—Jung Yong
Hwa.
Yong Hwa vio
que el hombre hacía un gesto raro antes de volver a mirar a Shin Hye. Shin Hye
contuvo la respiración. Ella sabía que Shin Won conocía el nombre de Jung y que
tendría algunas preguntas que ella tendría que contestar. Shin Won se volvió
hacia Yong Hwa.
—Encantado
de conocerte, Yong Hwa.
Yong Hwa hizo una reverencia a aquel hombre y se
preguntó qué estaría pasando. Había notado algo raro entre él y su hermana
cuando dijo su nombre.
—Encantado
de conocerte. Seguro que tienen muchas cosas que contarse. Me iré.
—No hace
falta que te vayas por mí —replicó Shin Won con una sonrisa.
Yong Hwa
tomó aire. Tenía que irse. Tenía que meditar sobre su arrebato posesivo.
—Ya iba a
irme. Tengo mucho trabajo.
Shin Won
asintió con la cabeza.
—Yong Hwa
tiene un restaurante enorme que está muy cerca de aquí—le explicó Shin Hye—. Mi
ayudante se ha puesto enferma y él ha tenido la amabilidad de ayudarme durante
la hora de la comida.
Shin Won
volvió a asentir con la cabeza, miró a Yong Hwa por encima del hombro y luego a
Shin Hye.
—Entiendo.
Yong Hwa
frunció el ceño. Tenía la sensación de que el hermano de Shin Hye estaba
captando demasiadas cosas.
—Encantado
de conocerte —Yong Hwa fue hasta la puerta, pero se volvió hacia Shin Hye antes
de abrirla— Hasta el sábado.
—De acuerdo
—Shin Hye sonrió.
Yong Hwa
salió y cerró la puerta. Shin Hye no dijo nada, sólo lo miró pasar de camino de su restaurante.
— ¿Te
importaría decirme qué está pasando, Shin Hye?
—Creo que no
lo sé ni yo, Shin Won.
Esa noche, Shin
Hye entró en el salón de un centro social y echó una ojeada. Era una
recaudación de fondos para un candidato a alcalde y ella, como todo el mundo,
había comprado su entrada. Sin embargo, ella había ido para obtener algunas
respuestas del hombre que servía la comida.
Shin Won
había pasado camino de Busan y sólo había tenido tiempo para tomar algo y
charlar un rato. Ella le había explicado todo lo que había podido sobre la
situación. No le había dado muchos detalles sobre lo relativo a Yong Hwa y a
ella, pero le había parecido que Shin Won había leído entre líneas.
Shin Hye
había llegado a la hora del cóctel, de modo que le resultaría fácil colarse en
la cocina y hablar con el cocinero. Sólo necesitaba que le concediera unos
minutos.
Se dirigió a
un camarero que llevaba una bandeja de aperitivos.
—Me gustaría
hablar con el señor Sun Ki , ¿está por aquí?
El hombre
sonrió y señaló la puerta de la cocina con la cabeza.
—Está allí.
—Gracias.
Shin Hye
entró en la cocina y se fijó en el hombre que daba instrucciones a los
camareros. Si era Lee Sun Ki , era mucho más joven de lo que ella había
pensado. Tendría cuarenta y tantos años. Shin Hye esperó a que se fueran los
camareros.
— ¿El señor Sun
Ki ?
Él se volvió
y sonrió amablemente.
—Sí. ¿En qué
puedo ayudarla? —le preguntó.
—Soy Park Shin
Hye. He intentado hablar con usted unas cuantas veces, pero no me ha devuelto
las llamadas.
La sonrisa
de él se disipó.
—Estoy
ocupadísimo. Además, no sé de qué me está hablando.
— ¿No sabe
que los Jung dicen que mi abuelo le dio a usted sus recetas cuando usted era
cocinero de Lee Duk?
—Oí algo,
pero no tenía tiempo para preocuparme por esas cosas. Bastante tenía yo con
dominar las recetas como para preocuparme por dos viejos que no tenían nada
mejor que hacer que pelearse por algo sin importancia.
Shin Hye
resopló. Empezaba a fastidiarla, pero estaba decidida a ser educada y
profesional.
—Entonces,
¿de dónde sacó las recetas, señor Sun Ki ?
Él frunció
el ceño.
—No tengo
por qué contestar, pero para disipar cualquier duda sobre un comportamiento
ilícito por mi parte, le diré que esas recetas llevaban años en mi familia. Se
lo dije a Jung, pero él no quiso creerme —antes de que ella pudiera replicar,
el señor Sun Ki continuó—: Mire señorita
Park, no tengo tiempo para hablar de algo que pasó hace tanto tiempo.
Evidentemente, es importante para usted, pero no lo es para mí. Si me disculpa,
tengo cosas que hacer.
***
—Jefe, todos
estamos listos para irnos —le dijo Juni Joo a Yong Hwa —¿Vas a quedarte mucho
tiempo?
Yong Hwa se
separó de la mesa.
—No. Tengo
que hacer un poco de papeleo.
—Muy bien.
Hasta mañana.
Una vez
solo, Yong Hwa se dejó caer sobre el respaldo de la butaca y miró alrededor. Su
despacho no se parecía al de la noche anterior, pero aun así los recuerdos le
alteraban el pulso. Se levantó para estirar las piernas. Cada paso que daba le
recordaba a Shin Hye con él la noche anterior. Recordaba cada beso que le había
dado, cada vez que le había pasado los labios por la piel, cada caricia y cómo
la devoró con ansia.
Dedicaba
demasiado tiempo a anhelar a Shin Hye. Al fin y al cabo, no había nada más. El
arrebato de celos de hacía un rato sólo era afán de posesión. Aunque tenía
derecho a estar celoso después de lo que habían vivido juntos.
Miró la
hora. Eran casi las once de la noche. Se preguntó qué estaría haciendo Shin Hye.
¿Estaría con su hermano? ¿Y si no? Suspiró. Quería verla.
Sacudió la
cabeza. Si se presentaba tan tarde, después de la noche anterior, ella pensaría
que lo hacía por reclamar su botín. Aunque eso no le parecía mal, tenía que
reconocer que pensaba en Shin Hye como algo más que un cuerpo que podía
aprovechar. Ella tenía algo que le atraía en todos los aspectos, no sólo el
físico. Le habría gustado tener la fuerza de voluntad para mantenerla a cierta
distancia, pero sabía que no podía. Podía notar su presencia aunque no
estuviera allí. Ella siempre estaba en sus pensamientos.
Agarró la
chaqueta de la percha para salir del despacho. Cerró la puerta del restaurante
e intentó no mirar hacia la casa de Shin Hye, pero no lo consiguió.
Se dirigió
hacia su coche haciendo un verdadero esfuerzo para no caer en la tentación.
Estaba decidido a no ver a Shin Hye ese día y sólo faltaban unas horas para el
día siguiente.
Maravilloso cada vez se pone mas emocionante jejejej me encanta la atraccion que hay entre los dos y poco a poco se van dando cuenta que se han enamorado el uno del otro, y no creo que por una pequeñez como el de no decirle quien es su abuelo pero por la erida de yong hwa es probable que crea que es una super mentira, espero que puedan actualizar pronto...
ResponderEliminardios yong es un don celoso haha ya sentia celos del hermano ... y eso que no son nada ... eso de .. no me voy a casar ptf :p panplinas eso ni el se lo cree ya lo veremos mas adelante .. ese cosinero parara mi que tiene algo que esconde y pienso que el es el que esta detras de los abuelos de shin y yong .... dios siguee siempre se queda en emocion los caps todo el fic es emocionante ..porfa no demores muchito sii :3
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