El abrazo de
Shin Hye disparo la libido de Yong Hwa.
— ¿Me
acompañas con otra copa de vino? —le preguntó él al oído.
Ella asintió
con la cabeza mientras sentía un estremecimiento por todo el cuerpo.
—Sí.
Shin Hye
sintió todo tipo de emociones mientras lo miraba servir las dos copas.
—Propongo un
brindis —dijo él con una voz ronca y una mirada que la aturdían—Por la
seducción.
Shin Hye
miró la mano que sujetaba la copa en el aire. No era la primera vez que se
fijaba en ellas y se preguntaba qué sentiría cuando la acariciaran. Incluso en
ese momento sus sentidos se encrespaban sólo de pensarlo. Chocaron las copas y
bebió lentamente. Después de dar un par de sorbos, él le quitó delicadamente la
copa de la mano y la dejó sobre la mesa. Luego, encendió el equipo de música y
una suave melodía llenó él ambiente.
—Vamos a
bailar —susurró él mientras la tomaba entre sus brazos.
Shin Hye
sintió un estremecimiento al notar su cuerpo contra el de ella. Cerró
los ojos y se entregó al seductor momento que los cautivaba.
Apoyó la
mejilla contra el cuello de él y aspiró su aroma viril y excitante. Él le
acarició la espalda hasta la cintura. Su contacto estaba volviéndola
loca y hacía que ella deseara cosas que no había deseado nunca. Su cuerpo se
derretía.
Tenía el
vientre contra el de él y notaba perfectamente su excitación, y se sorprendió
de su capacidad para conseguir que él la deseara de aquella manera.
Casi sin
darse cuenta, la canción terminó. Ella levantó la mirada y se encontró con la
de él. Vio que sus ojos eran como ascuas y que tenía una expresión salvaje.
Yong Hwa la besó en los labios, le tomó la cabeza entre las manos y la besó
lenta y profundamente en la boca. Se apoderó de su lengua y le dio a entender
cuánto deseaba todo lo que pudiera obtener y que además quería volverla loca.
Frotó su cuerpo excitado contra el de ella y Shin Hye gimió mientras él la
besaba con una pasión que hacía que ella se derritiera como lava liquida.
Shin Hye
notó que él pasaba la mano por sus caderas y tomó aliento entrecortadamente.
Yong Hwa se apartó un poco y la miró tan seductoramente que ella notó que
temblaba de pies a cabeza.
—Me parece
que llevas demasiada ropa —susurró él mientras empezaba a desabotonarle la
blusa—Yong Hwa no apartó la mirada de la de ella—¿Te importa? —le preguntó con
suavidad mientras seguía desabrochando los botones.
—No, no me
importa —susurró ella mientras tímidamente poso sus manos en su pecho.
Yong Hwa
tomó aire cuando soltó el último botón y vio el sujetador de encaje color
carne. Sus dedos se dirigieron al cierre delantero y con un giro lo soltaron.
El sujetador se abrió y los pechos quedaron libres.
Shin Hye oyó
el sonido de placer que dejó escapar Yong Hwa y se le encogió el estómago al
ver cómo él miraba sus pechos. Sus ojos rebosaban de voracidad. Ella contuvo el
aliento, se quitó el sujetador y lo dejó caer al suelo junto a la blusa.
—Te he
deseado desde el primer día que te vi. No fue en este despacho, fue antes.
Aquel lunes te vi mientras hacías la mudanza —susurró él—. Lo primero que pensé
fue que tenías unas piernas impresionantes. Aun así —añadió en tono serio—, no
quería tener una aventura contigo, pero pronto me di cuenta de que no podría
evitarlo. Te deseo muchísimo —gruñó antes de tomarle un pezón con la boca.
Shin Hye
tomó una bocanada de aire al notar su pezón turgente dentro de la boca de él
que lo paladeaba con una lengua abrasadora. Le flaquearon las piernas. Él la
sujetó con fuerza y cambió la boca de pezón.
—Yong Hwa...
Estaba
llevándola a un estado que ella no sabía que existía.
Yong Hwa se
apartó.
—Quiero más
—susurró él con los ojos clavados en los de ella.
—Entonces,
hazlo —Shin Hye se sorprendió a sí misma.
La sonrisa
de él consiguió derretirla por completo. Lo miró mientras le soltaba la falda,
que quedó hecha un bulto a sus pies y la dejó con nada más que un tanga de
encaje color carne.
—Increíblemente
sexy —susurró Yong Hwa antes de arrodillarse terminar de desvestirla.
—Hazme el
amor, Yong Hwa —susurró Shin Hye.
Él se
levantó y la tomó entre los brazos para subir al apartamento y ella se acurrucó en sus brazos. A Yong Hwa
se le aceleró la respiración y se le disparó la libido.
Cuando
llegaron al dormitorio, él tomó una profunda bocanada de aire y la dejó en la
cama. Yong Hwa había captado su ardor en cuanto ella entró en el restaurante y en
ese momento quería abrasarse en él. Primero tenía que desnudarse. Al verla sin
nada encima estuvo a punto de perder el control.
Cuando
empezó a desabrocharse la camisa, comprobó que ella lo observaba. La luz de la
luna le daba un resplandor que la hacía tan apetecible como el chocolate que
utilizaba para sus galletas.
—Di algo
—susurró él ante al silencio abrumador.
Ella lo
observaba ensimismada y él se quitó la camisa.
Shin Hye se
estiró en la cama con una leve sonrisa. A Yong Hwa le gustó que no tuviera una
expresión tímida. Ella por alguna razon tampoco estaba avergonzada de exponerle
su cuerpo.
— ¿Qué
quieres que diga? —le preguntó ella con una sonrisa provocadora.
A Yong Hwa
se le nubló el pensamiento cuando ella se mordió el labio inferior con mucha
sensualidad.
—Puedes
decir cualquier cosa.
Ella volvió
a morderse el labio inferior.
—Mmm... en
estos momentos sólo se me ocurren dos palabras —susurró ella en un tono
increíblemente sexy.
— ¿Cuáles?
—preguntó él casi sin poder articular palabra.
Ella lo miró a los ojos.
—Date prisa.
Yong Hwa se
soltó el cinturón y se bajó los pantalones y la ropa interior a la vez. Se
quedó completamente desnudo y notó un calor abrasador mientras ella lo miraba.
— ¿En qué
estás pensando? —le preguntó él con voz entrecortada.
—En lo que
pensé la primera vez que te vi. Que me recuerdas al mejor de los caramelos y
que me encantaría probarlo.
Yong Hwa se
metió en la cama y la llevó al centro del colchón. Se puso sobre ella.
—Antes,
tengo que volver a besarte.
Shin Hye
sonrió. Conocía sus besos, sabía lo deliciosos que eran. Desde que conoció a Yong
Hwa, ella se había dado cuenta del deseo sexual que tenía acumulado y que había
reprimido. Antes de poder explicárselo, la boca de Yong Hwa se adueñó de la
suya y la arrasó. Ella se estremeció por lo que estaba haciéndole en ese momento.
—Shin Hye…
—le susurró Yong Hwa al oído en un tono incandescente.
La miró a
los ojos y ella supo lo que estaba pidiéndole. Quería hacerlo.
—Shin Hye...
Su nombre
brotó como un gemido desesperado y ella sonrió mientras lo acariciaba. Lo miró
a los ojos.
— ¿Y la
protección? —le preguntó repentinamente.
Ella notó
por la expresión de Yong Hwa que se había olvidado, como ella.
—Maldita
sea, no suelo ser tan descuidado, lo siento.
Yong Hwa se
dio la vuelta y sacó un envoltorio del cajón de la mesilla. Lo rasgó con los
dientes y se puso un preservativo.
Shin Hye sonrió,
mientras se preguntaba como seria el momento en estaría dentro de ella.
—Yo también
me he dejado llevar por el momento —se detuvo un instante—. Estoy tomando la
píldora para regular mi período, pero no me he acostado con nadie desde hace
siete años...
— ¿siete
años? —preguntó él.
—Sí, tuve un
novio en el segundo año en la
Universidad. No fue como yo me esperaba y todo terminó muy deprisa.
Shin Hye se
sorprendió un poco de estar comentando eso con Yong Hwa, como si estuvieran
hablando del tiempo.
— ¿Y desde
entonces no lo has hecho?
Shin Hye
tragó saliva.
—No, ésta
será la primera vez desde entonces.
Yong Hwa la
besó y la trató con una delicadeza extrema. Luego profundizó el beso y volvió a
encender el fuego entre ellos.
—Tómame, Shin
Hye —le pidio él.
Yong Hwa
tenía la respiración entrecortada y ella sintió un escalofrío en todo el cuerpo.
Notó como se le contraían los músculos del vientre. Era como si toda ella
estuviera preparada para recibirlo.
En pleno
acto Yong Hwa se detuvo. Ella tomó una bocanada de aire.
Yong Hwa se
separó un poco y la miró.
—Todavía
eres... —no pudo terminar la frase.
Antes de que
Shin Hye pudiera entender completamente lo que había querido decir Yong Hwa,
notó que él volvía a empujar y le reprimía con un beso un grito de dolor.
¡Había seguido virgen hasta ese momento! Él no cesó de besarla y ella no pudo
recordar un momento más maravilloso.
Todo el
cuerpo le bullía ante lo que se avecinaba.
Oyó el
gemido ronco de Yong Hwa un instante antes de sentir la calidez de su
liberación.
Shin Hye
todavía podía oír sus propios gemidos ante la culminación de aquel acto físico
que era tan placentero. Muchas emociones nuevas había experimentado con Yong
Hwa y hacer el amor había sido una de ellas. Entonces lo comprendió, Yong Hwa
había logrado derrumbar completamente todas las barreras que había levantado,
para que ningún hombre lograra ingresar a su corazón. Se sintió arrebatada ante
aquel descubrimiento. Porque fue justo en ese momento cuando supo que, aunque
pudiera parecer increíble, se había enamorado de Yong Hwa.
Yong Hwa se
estremeció al apartarse de Shin Hye. Habían hecho el amor y poseerla de aquella
manera había sido lo mejor que le había pasado jamás. Nunca se cansaría de
hacer el amor con ella.
Ella era su
deseo irresistible. Nunca había conocido a una mujer tan apetecible.
La miró.
Estaba agotada. Casi no podía abrir los ojos. Él nunca se había acostado con
una mujer como Shin Hye, la inocencia y la sensualidad juntas. Entonces recordó a YooJin, quien era todo lo contrario, una mujer que había demostrado su frialdad en el peor momento de su vida. Yong Hwa resopló al acordarse de la
mujer que le había herido en el orgullo y le había roto el corazón. Cuando
estuvo a punto de hacerse profesional, ella estuvo junto a él y en su cama,
pero cuando se lesionó, ella no esperó ni un segundo para buscarse una
oportunidad mejor. Incluso tuvo el valor de decirle que no era nada personal,
que sencillamente no quería pasarse la vida con un lisiado. Superó la cojera
gracias a una rehabilitación extenuante, a una familia que le dio todo su apoyo
y a la fuerza de voluntad para sobrevivir y triunfar.
Volvió a
mirar a Shin Hye. Se había dado la vuelta para dormir, pero la oyó susurrar su
nombre mientras se movía para acomodar su cuerpo a lado de él. Su reacción
física ante esa proximidad fue inmediata y su anhelo incontenible. Posó la mano
en el vientre de ella y la estrechó contra sí. Entonces, ella volvió a susurrar
su nombre.
Yong Hwa
frunció ligeramente el ceño. Lo que menos deseaba en ese momento de su vida era
engancharse con otra mujer. Una vez escaldado, era difícil no tener una coraza.
Hacía mucho tiempo que había tornado la decisión de no enamorarse nunca más.
Ello sólo significaría más sufrimiento. Por eso le preocupaba tanto la
atracción tan profunda que sentía hacia Shin Hye. Estaba arrebatado por ella
incluso desde antes de esa noche y eso no era una buena señal.
Miró al
reloj que había en la mesilla. Era más de medianoche. Tendría que despertarla
antes de las cuatro para que pudiera vestirse y volver a su casa. Algunos
empleados empezaban a llegar a las cinco para atender a los clientes que iban a
desayunar a primera hora y no quería que nadie se enterara de su asunto con Shin
Hye. No quería que nadie fisgara en algo que para él era demasiado precioso.
Antes o después, todo el mundo sabría que tenían una aventura, pero prefería
que fuera después. Yong Hwa soltó una maldición para sus adentros cuando se
acordó de sus hermanos y sus primos. Intentarían hacer una montaña de un grano
de arena, pero, en ese momento, Shin Hye volvió a moverse y sus hermanos y sus
primos desaparecieron de sus pensamientos.
Shin Hye
abrió lentamente los ojos y sintió que un brazo fuerte y cálido rodeaba su
cintura. Una cintura completamente desnuda. De repente se dio cuenta de que
estaba desnuda, como el hombre que yacía pegado a ella en el dormitorio
tenuemente iluminado.
Miró al
reloj de la mesilla. Eran las tres de la madrugada. Se le aceleró el pulso al
acordarse de lo que había pasado esa noche con Yong Hwa. Cerró los ojos al
sentir un calor que la abrasaba.
Entonces,
notó que algo más la abrumaba. Era el recuerdo de que hasta esa noche había
sido virgen. Yong Hwa había sido el primero para ella en muchos sentidos. El
primer hombre en llevarla hasta el clímax y el primer hombre con el que había
hecho el amor en el pleno sentido de la palabra. No había sido precipitado ni
se había sentido defraudada.
Nunca había
imaginado que un hombre pudiera ser tan cariñoso y considerado después de hacer
el amor. Sólo lo que había hecho para aliviarle el dolor merecía su afecto para
siempre.
Sintió una
punzada de dolor cuando se imaginó la reacción de Yong Hwa cuando se enterara
de que era la nieta de Choi Lun Woo. Sabía que la señora Kim y Hae Su tenían
razón. Debería decirle la verdad y seguir intentando demostrar la inocencia de
su abuelo. Por lo poco que conocía a Yong Hwa creía que para él la sinceridad
era algo muy importante.
Súbitamente,
Shin Hye se quedó sin aliento cuando el brazo que le rodeaba la cintura se
movió.
— ¿Te duele?
—le preguntó él con una voz cálida mientras le pasaba los labios por detrás de
la oreja.
Shin Hye
abrió la boca para contestar, pero dejó escapar un leve ronroneo cuando los
dedos de él empezaron a acariciarle su esencia más femenina. Tragó saliva e
intentó volver a hablar.
—No mucho,
gracias a ti.
Él le beso el cuello y ella contuvo la respiración.
—No es
necesario que me des las gracias.
Él, con un
movimiento muy suave, la había dado la vuelta para dejarla de espaldas y ella
se encontró con el pétreo cuerpo de él encima. La miraba seductora y
provocadoramente. Shin Hye notó que la pasión la dominaba. Quería que él
volviera a hacerle el amor en ese preciso instante. Lo necesitaba. Luego se
reñiría a sí misma por haberse enamorado de él, pero por el momento... Lo
agarró del cuello e hizo que bajara la cabeza.
—Vuelve a
hacerme el amor —le susurró mirándolo intensamente a los ojos.
Si bien era
ella la que lo pedía, sabía que él la deseaba tanto como ella a él. Sin
embargo, sabía que Yong Hwa no haría nada hasta que ella le diera permiso.
En ese
momento, empezó a notar que él se abría paso lentamente hacia su interior. El
cuerpo de ella se distendió automáticamente a medida que él profundizaba y el
calor abrasador empezó a consumirla.
Antes del
amanecer, Yong Hwa abrió la puerta de su restaurante para acompañar a Shin Hye
a su casa. Hacía frío y todo estaba tranquilo y silencioso. Él rodeó los
hombros de ella con su brazo mientras bajaban la calle. No se dijeron nada y Yong
Hwa se preguntó si Shin Hye sentiría lo mismo que él, que aquella noche había
sido como un sueño que podría desvanecerse si se expresara con palabras.
Él la
observó al llegar a la puerta de la casa de Shin Hye. Ella se dio la vuelta y Yong
Hwa la besó en los labios. No sabía cómo dar por terminada una noche tan
especial. Si ella lo invitara a subir a su casa, ¿cómo podría rechazar su
invitación cuando lo que más deseaba era volver a hacer el amor con ella?
Aquel beso
que pretendía ser breve y cariñoso se tornó en un beso profundo y pleno de
pasión y avidez. Sabía que tenía que alejarse, pero no podía imaginarse su boca
en otro lugar. Se separaron cuando oyeron la bocina de un camión. Se miraron a
los ojos y él vio que los ojos de ella reflejaban el mismo deseo que sentía él.
—Será mejor
que me vaya —susurró ella—. Gracias por la cena.
—Gracias por
todo —replicó él con una sonrisa.
A Shin Hye
se le encogió el estómago. Lo amaba tanto como lo deseaba. Era una combinación
mortal. Sin pensárselo dos veces, se puso de puntillas y lo besó en los labios.
Él aceptó el beso e hizo su pequeña contribución.
—Buenas
noches, Yong Hwa —se despidió ella mientras se separaba.
Él sonrió de
oreja a oreja.
—Buenos
días, Shin Hye.
Yong Hwa se
dio la vuelta y se alejó.
mnbvdcfjhbvbndfwjbedfn...... que lindo <3 ... al fin :3 ... woooo fue la primera vez de shin hye ... y si que se la pasaron muy bien y por lo visto ella ya se enamoro de el .. y el de ella o no ? siii si estos dos no pueden pasar separados ni 5 minutos uno del otro y mas con lo que acaba de pasar ahora me encanto el cap sigueee sii no demores mucho anda ee :3
ResponderEliminarque lindoooooooo, ame este capítulo, fue tan tierno y tan romántico y tan sensual, ojalá ella pueda decirle la verdad pronto, él la ama y ella a él, ellos pueden arreglar todo, hermosoooooooooo
ResponderEliminarque lindo fue su primera vez
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