Shin Hye
pasó con su coche la puerta de seguridad de la casona de Lee Duk. Se alegraba
de que Lee Duk accediera a recibirla. Le había comentado que se acordaba de su
abuelo y seguramente tendría curiosidad por saber qué quería.
Mientras se
acercaba a la enorme casa, pensó que le sería muy fácil demostrar la inocencia
de su abuelo si el señor Lee Duk le decía quién le había dado la receta de los
Jung. Luego, presentaría sus hallazgos a los Jung y seguiría con la vida que
había planeado. Durante esa semana había comprobado que la gente quería una
pastelería en esa zona y más de un negocio de los alrededores le había
propuesto que les suministrara sus productos.
Al cabo de
unos instantes, Shin Hye llamó con los nudillos en una puerta enorme de madera
y parpadeó cuando la abrió un mayordomo uniformado.
— ¿En qué
puedo ayudarla, señorita?
—Soy Park Shin
Hye, he venido a ver al señor Lee Duk.
Shin Hye
siguió al mayordomo sin poder dejar de mirar la extravagancia del lugar. Todo
indicaba que se habían gastado mucho dinero, pero parecía más un museo que un
hogar.
El mayordomo
se detuvo y abrió una puerta que daba paso a un patio acristalado. Un anciano,
más o menos de la edad de su abuelo si hubiera vivido, estaba sentado en una
silla de ruedas mirando a un lago inmenso.
—Señor Lee
Duk, su invitada ha llegado —le anunció el mayordomo.
El hombre
dio la vuelta a la silla de ruedas para mirarla con una sonrisa.
—Entre —le
dijo con una voz enérgica mientras le señalaba una butaca—Me dijo que quería
hacerme algunas preguntas sobre su abuelo y el incidente de las recetas de los
Jung.
Shin Hye
asintió con la cabeza.
—Todo el
mundo dice que mi abuelo se las dio a usted.
El hombre
agitó una delicada mano en el aire.
—Nadie me dio
nada. Algunos de mis platos principales podían saber como los de ellos, pero no
eran los de ellos. Intenté decírselo a Jung Soo, pero era demasiado terco como
para escucharme y supongo que las cosas se complicaron cuando se enteró de que
yo había intentado convencer a su abuelo para que fuera mi socio. Sin embargo,
él era muy amigo de Jung y eso nada lo estropearía.
Shin Hye no
pudo replicar porque entró el mayordomo con una bandeja con té helado.
—Evidentemente
—dijo Shin Hye cuando se hubo ido el mayordomo—algo estropeó su amistad porque
dejó de trabajar con Jung Soo.
—Sí, pero
habría acabado volviendo. Los dos discutían todo el rato, pero siempre
resolvían sus diferencias y volvían a juntarse. Formaban un equipo increíble.
Su abuelo era un gran cocinero y Jung Soo era un empresario impresionante,
aunque fuera muy tozudo. Además, tengo entendido que su nieto, Yong Hwa, es
como él. Creo que es un cocinero fantástico y que tiene buena cabeza para los
negocios cuando se trata de llevar un restaurante.
Shin Hye
sonrió al pensar que el anciano había dedicado un halago muy bonito a Yong Hwa.
— ¿Está
seguro de que es imposible que haya utilizado alguna receta de los Jung?
—A mi edad
ya no estoy seguro de nada —el hombre soltó una carcajada—, pero mi cocinero de
entonces me dijo que eran sus recetas y yo no tenía ningún motivo para no
creerlo.
—Entiendo.
¿Podría darme su nombre?
—Lee Sun Ki .
Lo llamábamos Sun Ki .
— ¿Sigue
trabajando para usted?
— ¡No! Hace
años que dejó de trabajar para mí, pero creo que tiene una empresa de catering
en la ciudad.
Shin Hye dio
un sorbo de té, dejó el vaso en la mesa y sonrió.
—Gracias,
señor Lee Duk, me ha ayudado mucho y le agradezco que me haya dedicado su
tiempo. Me propongo encontrar el señor Sun Ki y hablar con él.
***
—Yong Hwa,
¿quieres dejar de mirar por la ventana? Shin Hye no ha vuelto todavía. Si no te
conociera, diría que estás loco por ella.
Yong Hwa se
volvió y miró a su hermano con el ceño fruncido.
—La conocí
hace unos días, Se Hyun.
— ¿Y qué? —Se
Hyun se encogió de hombros—Ji Yeon tardó
unos segundos en volverme loco.
Yong Hwa
sacudió la cabeza. Podía recordar perfectamente la noche en que Se Hyun y Ji
Yeon se conocieron. A Ji Yeon le gustaba tanto, que Se Hyun tuvo suerte de
que no arremetiera contra él.
—Nadie está
volviéndome loco —replicó Yong Hwa al cabo de unos segundos.
—Si tú lo
dices...
Yong Hwa
resopló. A veces le habría gustado ser hijo único.
—Se Won dice
que hay algo sospechoso en ella —añadió Se Hyun.
Yong Hwa
arqueó las cejas todo lo que pudo.
—Se Won es policía.
Cree que todo el mundo es sospechoso.
—Eso es
verdad. Creo que no le gustó que hablara tan poco de sí misma y de su familia.
Yong Hwa se
apoyó en una mesa y se acordó de todo lo que le había contado ella la otra
noche. Era algo que no habría contado a todo el mundo si le hubiera pasado a
él. Le conmovió que ella se lo hubiera contado.
—Es una
persona discreta, Se Hyun. No le des importancia.
— ¡Eh! A mí
me da igual si tu chica tiene secretos —replicó Se Hyun con una sonrisa.
—No es mi
chica.
— ¿Quién no
es tu chica? —preguntó su hermana So Min, que acababa de entrar.
—La estrella
del chocolate —contestó Se Hyun entre risas—Hace las mejores galletas de
chocolate que puedas imaginarte.
Yong Hwa
entrecerró los ojos.
—Las hizo
para los chicos del equipo, pero ya me fijé en que Dong Wook, Se Won y tú se comieron
algunas.
—Parecían
tan buenas que no pude evitarlo y me recordaron a las que hacía el cocinero del
abuelo antes de que se separaran.
Yong Hwa iba
a decir algo cuando vio que el coche de Shin Hye entraba en el aparcamiento.
—Vaya,
parece que ya ha vuelto tu chica —comentó irónicamente Se Hyun.
Yong Hwa se
encogió de hombros.
— ¿Y bien?
—Eso es lo
que yo me pregunto —contestó Se Hyun mientras salía de la habitación.
***
Eran casi
las cinco dé la tarde cuando Yong Hwa terminó de ordenar el restaurante. Sus
hermanos se habían quedado a ayudarlo, pero se alegraba de que se hubieran ido.
Ya le habían tomado el pelo suficientemente para todo el fin de semana.
Cerró la
puerta del restaurante y miró hacia la tienda de Shin Hye. Se preguntó qué
estaría haciendo ella. Había dicho que iba a pasar el fin de semana
descansando, pero tenía ganas de verla.
Lo que le
había dicho a Se Hyun era verdad. Sólo la conocía desde hacía unos días, pero
en tan poco tiempo había sabido más cosas de ella que de algunas mujeres con
las que había salido meses. Se había enterado de todas sus desgracias y de que
le encantaba cocinar. A él le gustaba hablar con ella y no le importaba
hablarle de la lesión que le había impedido ser jugador de baloncesto. Sin
embargo, no le había contado nada de YooJin y de su desengaño amoroso.
Sonrió al
acordarse del éxito de Shin Hye con los chicos del equipo y sus padres. Todos
agradecieron el detalle de las galletas. Ella no había mostrado ninguna timidez
al tratar con todo el mundo, entre otros, con su familia. Le gustaba su sonrisa
cuando algo le hacía gracia, pero también le encantaba cuando fruncía el ceño.
Durante esos días, él le había hablado más de sí mismo de lo que lo había hecho
con cualquier otra mujer.
Sin embargo,
¿cómo podía confiar en ella o en cualquier otra mujer? Después de YooJin, no
confiaba mucho en los demás, pero menos aún en las mujeres. Era reservado con
sus asuntos personales. Estaba muy unido a sus hermanos y primos y de vez en
cuando comentaba con ellos cosas que le importaban, pero nunca hablaba de
mujeres. Las mujeres entraban y salían de su vida sin dejar rastro y quería que
siguiera siendo así.
Entonces,
¿por qué estaba obsesionándose con Park Shin Hye?
Fue hacia el
coche, pero se paró antes de abrir la puerta. Tomó aire y se dirigió hacia la
tienda de Shin Hye. A cada paso que daba intentaba convencerse de que sólo quería
portarse como un buen amigo que se interesaba por ella. La saludaría desde la
puerta y se iría.
Al cabo de
unos instantes, cuando ella abrió la puerta, todas sus intenciones de marcharse
inmediatamente se disiparon. Era evidente que ella acababa de ducharse. También
era evidente que llevaba una camiseta ajustada. Parpadeó para no mirarla
fijamente. Tenía unos pechos maravillosos. Parecían abundantes y firmes bajo la
tela de algodón. Tenía que dejar de mirarlos.
Apartó la mirada
de la parte superior y la bajó. Llevaba unos pantalones cortos que dejaban al
descubierto sus impresionantes piernas y notó que la atracción empezaba a ser
irresistible. Debería evitar a Shin Hye como a la peste. La relación entre
ellos no era la que sus hermanos suponían, pero reconocía que sentía una
punzada de deseo irreprimible cada vez que la veía o estaba cerca de ella. ¿Por
qué se exponía a ese delirio? Tomó aire y olió el aroma que desprendía, parecía
canela, sensual y agradable.
—Yong Hwa...
Él oyó su
nombre y se acordó de que estaba allí sin decir nada.
— ¿Puedo
entrar? —preguntó por fin.
Shin Hye lo
miró a los ojos con las piernas temblorosas. Le resultaría fácil librarse de
él. Sólo tenía que rechazar su petición, pero, por algún motivo, no quería
hacerlo. Intentó convencerse de que aquella atracción que existía entre ellos
había llegado demasiado lejos y que era el momento de tomar una decisión
drástica. Si le decía que era la nieta de Choi Lun Woo, él se marcharía, pero
no estaba preparada para hacerlo. No podía decírselo hasta que pudiera
demostrar la inocencia de su abuelo.
Tomó aire y
retrocedió. Cuando él estuvo dentro y la puerta cerrada, Shin Hye pudo notar
que los ojos de él resplandecían de deseo. Lo primero que pensó fue en correr
escaleras arriba, pero sabía que él la seguiría. También podía quedarse en el
sitio y llevarse algo que los dos deseaban. Para ser alguien a quien no le
gustaban los besos, empezaba a estar obsesionada con ellos. Su boca
prácticamente tenía la marca de propiedad de Yong Hwa. Shin Hye se acercó a
Yong Hwa como atraída por un imán y él hizo lo mismo.
—Es un
disparate —susurró ella mientras se entregaba a sus brazos.
—Sí, un
verdadero despropósito —confirmó él mientras la estrechaba con fuerza.
Ella inclinó
la cabeza hacia atrás y él hizo lo que empezaba a ser tan normal como respirar:
se adueñó de la boca de ella con la suya y encendió la mecha de la pasión entre
ellos. Besarlo era cada vez mejor. Él le recorría las comisuras de los labios,
primero se deleitaba delicadamente con su boca, como si fuera un vino añejo, y
luego la besaba desenfrenadamente y se apoderaba de su lengua hasta
enloquecerla. Sólo con Yong Hwa se entregaba completamente a ese intercambio
tan íntimo. Él tenía la capacidad de despertar en ella sensaciones que quería
conocer. Ella sólo podía limitarse a estremecerse en sus brazos.
Al cabo de
unos instantes, él se apartó, le tomó la cara entre las manos y le dio un beso
en la frente.
—Sólo quería
comprobar que estabas bien —Yong Hwa se dio cuenta de que era una excusa muy
mala—Sobre todo, quería volver a besarte.
Cedió a su
deseo incontrolable y volvió a besarla en la boca, hasta que se separó y sus
miradas se encontraron. Sabía que unos minutos antes los dos habían acertado.
Aquello era un disparate, sin embargo, eso no impidió que volviera a besarla
antes de marcharse.
***
Shin Hye
nunca había sabido contar ovejas. Además, ¿cómo iba a contar ovejas si Yong Hwa
ocupaba todos sus pensamientos? Todavía tenía el regusto de su boca y sentía su
cuerpo contra el de ella. Jadeaba sólo de recordar la excitación de su cuerpo mientras
la besaba cada vez con más intensidad. Ella podría haberlo detenido, pero no quiso
hacerlo. El tampoco lo hizo hasta que fue demasiado evidente que de seguir por
aquel camino, iban a terminar haciendo el amor en aquel lugar. Después de
besarla hasta una deliciosa semiinconsciencia, le deseó que durmiera bien y se
marchó.
Shin Hye no
podía dormir. Cerró los ojos y recordó a Yong Hwa en medio de la tienda
mirándola con ojos de deseo incontenible. Dio un respingo al oír el teléfono y
lo descolgó mientras miraba el reloj. Sonrió y se sentó en la cama. ¿Cómo podía
haberse olvidado de la llamada que recibía todos los domingos a esa hora?
—Hola...
—Hola, Shin.
¿Qué tal todo?
La sonrisa
de Shin Hye se amplió al oír la voz de Hae Su.
—La
inauguración fue maravillosa.
—Siento
habérmela perdido.
—Lo
entiendo, de verdad...
Habían
nombrado a Hae Su gerente de un colegio en Busan y como el curso escolar
acababa de empezar, no había podido tomarse unos días libres.
— ¿Has
sabido algo de Min Young últimamente?
Shin Hye
preguntó por su hermana, dos años mayor que ella, y que trabajaba casi todo el
tiempo en el extranjero como modelo.
—Sí, me ha
llamado hoy y me ha dicho que había intentado hablar contigo, pero que no
estabas en casa y no pudo conectar con tu teléfono móvil. Naturalmente, no dejó
ningún mensaje. También he hablado con Shin Won y me ha dicho que piensa pasar
por ahí la semana que viene.
—Estoy
deseando verlo —Shin Hye sonrió.
Shin Won era
cuatro años mayor que ella y detective privado. Shin Hye lo adoraba.
Shin Hye y Hae
Su hablaron durante una hora y ella le contó a su madrastra las pesquisas para
demostrar la inocencia de su abuelo.
— ¿Estás
segura de que Yong Hwa no sabe quién eres? —le preguntó Hae Su.
—Sí, estoy
segura. Para él soy Park y no me relaciona con Choi.
—Bueno,
espero que no estés cometiendo un error al no decirle la verdad desde el
principio.
—Él es un
Jung. No me creería. Como su abuelo no creyó a mi abuelo.
—Por lo que
me has contado, también me parece un hombre especial. Seguramente, alguien que
podría interesarte...
¡Y tanto! Se
dijo Shin Hye al acordarse de la atracción que sentían el uno por el otro.
—Ya sabes lo
que pienso sobre las relaciones serias, Hae Su.
—Sí, y yo
también tengo motivos para pensar lo mismo, pero todos tenemos la necesidad de
que alguien nos ame.
Shin Hye
suspiró. Hasta que conoció a Yong Hwa, ella habría negado que esa necesidad
existiese, pero en ese momento...
—Será mejor
que colguemos, seguro que tienes mucho trabajo.
Shin Hye
colgó y se puso más cómoda en la cama. No podía reprimir otro tipo de deseo que
intentaba adueñarse de su cabeza y de su cuerpo. Era un deseo que no había
sentido jamás, pero que aparecía siempre que Yong Hwa la besaba. Era el deseo
de dar un paso más y tener una aventura con él,
una aventura basada en el deseo, no en el amor, algo que no había hecho
hasta entonces. No sabía si podría resistirlo y si podría resistir esa pasión.
Quizá lo mejor fuera que se mantuviera alejada de la tentación.
maravilloso me encanta, espero que cada vez sea mas fuerte la atraccion y por su puesto que se desarrolle el amor entre ellos.
ResponderEliminarestos dos no estan ene una relacion pero a que bien se entiende parecen una pareja de enamorados y aunque solo sientan mucha atarcion y deseo con el tiempo espero que se enamoren sigueee me encanta el fic muero por leer mas
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