Shin Hye se
dejó caer contra el respaldo de la silla y quedo encantada. Había sido la mejor
comida desde hacía mucho tiempo. La carne estaba muy jugosas y la salsa una
delicia. No le extrañaba que Yong’s Place estuviera
abarrotado. La comida que le había regalado estaba para chuparse los dedos y
ella sabía algo de cocina porque su abuela había sido la mejor cocinera que
había conocido.
A ella le
gustaba cocinar porque había pasado mucho tiempo en la cocina con sus abuelos.
Incluso se planteó ir a una escuela de cocina, pero su abuelo le disuadió
porque dijo que ya había bastantes cocineros en la familia Choi.
Shin Hye
echó una ojeada a su departamento mientras se arreglaba. Era justo lo que ella
necesitaba. Tenía una sala muy amplia, un cuarto de baño, un dormitorio y la
cocina. Sonrió al pensar que era suyo, como todo el edificio. La tienda tenía
una zona de cocina enorme y un pequeño despacho al fondo. Se acercó a la
ventana y vio toda la gente que se arremolinaba delante del Yong’s Place. De
repente, se quedó sin aliento al ver a Yong Hwa que salía del restaurante con
otro hombre, pero ella se fijaba en Yong Hwa. El sol se había puesto, pero la
tenue iluminación le permitía verlo. Le sentaban bien los vaqueros y la camisa
negra e incluso desde aquella distancia podía distinguir sus rasgos
perfectamente cincelados.
Shin Hye
suspiró profundamente y él, como si la hubiera oído, miró hacia la ventana y
sus miradas se encontraron. En ese momento, ella notó una especie de descarga
eléctrica en la parte inferior del cuerpo que le subió por toda la espina
dorsal. Una sensación que no había sentido desde el primer año que estuvo en la
Universidad. La única vez que había tenido una relación y fue una experiencia tan mala
que no quiso repetirla.
Sin embargo,
al mirar a Yong Hwa se le despertó la curiosidad y durante un instante se
preguntó si involucrarse con él sería distinto. Parpadeó y se apartó de la
ventana. ¿Cómo era posible que se hubiera olvidado de quién era él? ¡Era un Jung!
Se negaba a sentir un deseo enloquecedor por alguien de una familia que había
acusado a su abuelo de ser un ladrón. No le importaba que Yong Hwa fuera el
ejemplo perfecto de virilidad.
— ¿Quién es
ella?
Yong Hwa
esbozó una sonrisa al volver a mirar a su hermano Jong Hyun.
— ¿Hace
falta que te recuerde que estás casado? —le preguntó.
Jong Hyun se
rió y negó con la cabeza.
—No. Seung
Yeon es el amor de mi vida y la única mujer que necesito. Además, las niñas son
la guinda del pastel —añadió en referencia a sus gemelas de tres meses—. Pero
me parece que ella ha captado tu atención.
Yong Hwa
dejó de sonreír. Efectivamente, Shin Hye había captado su atención desde el
momento en que se conocieron.
—Se llama Park
Shin Hye. No congeniamos al principio.
— ¿Y ahora?
—le preguntó Jong Hyun con una sonrisa burlona.
—La primera
impresión puede cambiar si te lo propones.
Jong Hyun
volvió a mirar a la ventana donde había estado aquella mujer y luego miró el
reloj.
—Tengo que
irme. Sólo quería estar seguro de que sabías que el bautizo es el domingo.
—Sí. Mamá me
lo dijo. Creo que el restaurante es perfecto para el festejo.
— ¿Estás
seguro? —Jong Hyun sonrió—No quiero que sea un problema para ti.
—Haría
cualquier cosa por mis sobrinas. Dalo por hecho. Llamaré mañana a Seung Yeon
para comentar el menú.
—Se lo diré.
Yong Hwa
acompañó a su hermano hasta el coche y vio cómo se alejaba. Esperó un momento
antes de volver al restaurante y se preguntó si a Shin Hye le habría gustado la
comida que le había preparado. Sólo había una forma de saberlo.
Se metió las
manos en los bolsillos, pasó por delante de algunas tiendas y se plantó delante de la pastelería de Shin
Hye. No hizo caso del cartel que decía que estaba cerrada y llamó un par de
veces con los nudillos antes de tocar al timbre.
— ¿Quién es?
—preguntó una voz al cabo de unos segundos.
—Yong Hwa.
La puerta se
abrió lentamente y ella lo miró a los ojos.
— ¿Qué
quieres ahora?
El tono
cortante le sorprendió a Yong Hwa. Él había pensado que si sus disculpas no
habían bastado, por lo menos la comida la habría aplacado. Evidentemente, no
era así.
Ella tenía
los brazos cruzados sobre los pechos y él habría preferido que no los tuviera.
Si bien él siempre se fijaba primero en las piernas, lo segundo en lo que se
fijaba era esa zona y la posición de sus brazos resaltaban unos senos firmes y
preciosos.
Se aclaró la
garganta.
—Te he visto
en la ventana.
— ¿Y bien?
—le preguntó ella con una mirada más penetrante todavía.
Yong Hwa se
pasó una mano por la frente. Quizá ella hubiera llegado de un sitio donde la
gente era antipática, pero en Jeonju la gente era acogedora y amable.
— ¿Es mucho
preguntar si te ha gustado la comida?
A ella
pareció sorprenderle la pregunta.
—Claro que
me ha gustado. ¿Por qué ibas a pensar que no lo había hecho?
—Por tu
actitud.
Shin Hye
contuvo un gesto de sorpresa. Efectivamente, él había vuelto a sorprenderla en
un momento malo, pero tenía un motivo. Él era un Jung y ella una Choi.
Shin Hye
suspiró y bajó los brazos.
—Mira, no te
lo tomes como algo personal, pero no me caes bien.
Yong Hwa se
apoyó en el marco de la puerta y se cruzó las piernas a la altura de los
tobillos.
— ¿Por qué?
Ella sacudió
una mano con impaciencia.
—Creía que
era evidente.
— ¿Crees que
somos incompatibles? —le preguntó él con una ceja arqueada.
Ella resopló
con irritación y lo miró a los ojos.
—No te
conozco tanto, pero diría que somos como la noche y el día.
Yong Hwa se
incorporó y le sonrió.
—Eso lo
explica todo.
— ¿Qué
explica? —le preguntó ella con los ojos entrecerrados.
—Por qué nos
atraemos tanto. Los opuestos se atraen.
— ¡No me
atraes! —le espetó ella con indignación.
—Sí —Yong
Hwa amplió la sonrisa—sí te atraigo y tú me atraes —aseguró él con una mirada
muy intensa.
—Lo que tú
digas...
— ¿Quieres
demostrarme lo contrario?
— ¿Cómo? —Shin
Hye arqueó las cejas.
—Da igual —Yong
Hwa se encogió de hombros—No es un buen momento para...
— ¡Espera!
Si puedo demostrarte que no me atraes, adelante —le desafió ella.
Yong Hwa la
miró a los ojos.
—Por mí,
encantado si es lo que quieres.
Shin Hye
estaba muy rígida por la ira.
— ¿Qué hay
que hacer para demostrarlo?
—Besarnos.
Shin Hye se
quedó atónita, pero luego supuso que era un hombre que quería demostrarlo todo
con un beso. Él comprobaría que ella no gozaría de ese beso. Sería el beso más
corto de la historia.
Ella lo miró
a los ojos y sonrió.
—Como he
dicho, adelante...
La sonrisa
de Yong Hwa hizo que ella pensara que quizá, sólo quizá, se hubiera equivocado.
Cuando él entró en la tienda, ella notó una punzada en el estómago que le dijo
que, sin duda, se había equivocado.
Yong Hwa
miró la boca de Shin Hye y pensó que iba a disfrutar de cada segundo que la
saboreara. Estaba seguro de que era tan dulce y sabrosa como todas aquellas
cosas que ella cocinaba. Siguió mirándola y una lujuria sin control le recorrió
las venas, le erizó cada pelo del cuerpo y le lanzó una oleada abrasadora por
las entrañas.
El anhelo le
hizo cruzar la habitación hasta donde estaba ella. La agarró delicadamente por
la nuca y la atrajo hacia sí hasta que las bocas se quedaron a escasos
centímetros.
—Pienso
besarte hasta que pierdas el sentido —susurró él.
Ella levantó
la barbilla y entrecerró los ojos.
—Puedes
intentarlo.
Yong Hwa
sonrió. Le gustó esa osadía y esperó que pusiera el mismo atrevimiento en el
beso.
—Está bien aquí
voy —susurró Yong Hwa en un tono profundo.
Shin Hye
dejó escapar un suspiro de resignación y abrió la boca para decirle cuatro
cosas, pero él, a la velocidad del rayo, aprovechó la oportunidad y posó sus
labios sobre los de ella y la silenció. Sus labios ardientes y carnosos se
apoderaron de la de ella y se deleitó como si fuera una golosina. Nunca la
habían besado de aquella manera; nunca, ni en sus sueños más desenfrenados, se
había imaginado que pudiera pasarle algo como aquello. Yong Hwa le devoraba la
boca con voracidad y procacidad. Era un hombre diestro y experimentado que
sabía lo que tenía que hacer para que ella emitiera unos sonidos como
ronroneos.
Shin Hye no
podía creérselo. Se sentía dominada por una necesidad tan intensa que no
reconocía y que exigía a su cuerpo una respuesta. Se alegró de que estuviera
sujetándola con aquellos poderosos brazos porque si no se habría desmoronado.
Notó que el fuego le abrasaba las venas y las entrañas. Estaba
irreversiblemente entregada.
Sin embargo,
eso no fue lo único que notó.
Se sintió al
borde del delirio, pero cuando un estremecimiento le recorrió todo el cuerpo,
se dio cuenta de algo. Ella estaba devolviéndole el beso. Nunca había
correspondido al beso de un hombre. La idea la abrumó, le desbordó los sentidos
y sintió un fuego incontenible por todo el cuerpo.
Era
impensable. Él era un Jung. Él no le caía bien. A ella no le gustaba besar.
Tenía que respirar.
Él, como si
le hubiera leído el pensamiento, se apartó lentamente de ella.
Shin Hye lo
miró sin poder creerse que hubiera vivido un momento tan intenso, provocador e
íntimo. Se preguntó qué había que decir después de una situación tan explosiva,
pero no podía decir nada. Sólo podía pensar en su boca y en lo mucho que había
disfrutado besándola.
—Que conste
que he dejado de besarte para que pudiéramos respirar —susurró él mientras le
pasaba los dedos entre el pelo—. Es posible que seamos opuestos, pero, como te
he dicho antes, nos atraemos.
Ella volvió
a sentir un estremecimiento por el tono ronco de las palabras y volvió a notar
que le ardía la piel. Notaba que le bullía la sangre. El dio un paso atrás con
una sonrisa leve y cálida.
—Mucha
suerte en la inauguración de mañana —dijo Yong Hwa suavemente.
Ella se
quedó mirándolo mientras él salía de la tienda y cerraba la puerta.
***
—Estoy
deseando trabajar para usted, señorita Park.
La
inauguración había sido un éxito. Cuando la multitud se marchó, pudieron
relajarse y tomarse un respiro. Shin Hye sonrió a la mujer que la ayudaría en el
negocio.
—Yo también
estoy deseando trabajar con usted, señora Kim. Le agradezco que me haya
ayudado. También le agradecería que me llamara Shin Hye.
Deseos
Irresistibles se había inaugurado oficialmente a las ocho de la mañana. Shin
Hye había tenido mucho trabajo y agradeció que la Sra. Kim llegara a tiempo
para ayudarla con los clientes de la hora de la comida. Sin embargo, a pesar de
todo el trabajo, no había podido olvidarse del beso con Yong Hwa. Había sido
increíble.
Intentó
pensar en otra cosa y observó a la señora Kim, que estaba limpiando el
mostrador. Pensó que había sido una gran aportación para la tienda, era buena
vendedora y simpática. Además, parecía conocer a todos los que entraban. Era un
complemento. Como lo era Yong Hwa.
Casi todas
las personas que habían comprado algo habían comentado que Yong Hwa les había
hablado maravillas de sus productos. Detestaba tener que reconocerlo, pero
también le debía cierta gratitud, aunque no tenía ningunas ganas de deberle
nada.
—Ha sido un
detalle por parte de Yong Hwa que te mandara clientes. Es un encanto.
Shin Hye
dejó de colocar pasteles en el mostrador y se dio la vuelta.
— ¿Conoces a
Yong Hwa?
—Claro que
lo conozco. Conozco a todos los Jung. Si bien la mayoría de los habitantes de Jeonju
son de fuera, todavía quedan algunos oriundos. Conocía a esos chicos Jung y a
sus primos cuando estaban en el colegio.
Shin Hye
asintió con la cabeza al acordarse de que la señora Kim le había comentado que había
sido profesora por mucho tiempo.
—Eran unos
niños traviesos, como todos, pero no he conocido a una gente más respetable.
¿Sabías que su hermano Se Won es Capitán
de fuerza policial de Jeonju?
—No, no lo
sabía...
—Pues lo es,
y muy bueno. También está Se Hyun, que fabrica motocicletas y corre con ellas. Dong
Wook escribe libros de éxito. Luego hay un montón de primos. Como Jae Jin, un
abogado muy conocido. Ah, no puedo olvidarme de Jong Hyun, el hermano menor de Yong
Hwa.
Shin Hye
arqueó una ceja y le pareció que todo aquello era bastante intrigante.
—Entonces,
supongo que también conoces a sus padres.
—Claro —la
señora Kim esbozó una sonrisa—Los Jung son unas personas maravillosas. También
conocí a los abuelos.
— ¿De
verdad? —Shin Hye se apoyó en el mostrador—. Tengo entendido que el abuelo de Yong
Hwa tuvo un restaurante.
—Sí, como Yong’s
Place, daba las mejores comidas caseras de la zona. Casi toda la clientela de Jung
Soo eran comerciantes, pero la gente venía de todos lados a comer sus platos
hechos según recetas familiares que se habían transmitido de generación en
generación. Creo que Yong Hwa usa algunas de esas recetas y las guarda como oro
en paño, sobre todo desde que su abuelo descubrió que alguien había revelado
su receta de carne con brécol y alubias pintas.
Shin Hye
tragó saliva.
— ¿Qué pasó?
—preguntó inocentemente.
—No estoy
segura, pero Jung Soo dijo que su socio, un tal Choi Lun Woo, había...
—Eso no es
verdad. ¡Él nunca habría hecho una cosa así!
La señora Kim
la miró sin entender una defensa tan apasionada.
—Recuerdo que
Lun Woo y su esposa se fueron a Seúl para estar cerca de su hija y su
nieta —arqueó una ceja—. ¿Es posible que seas pariente de Choi Lun Woo?
Shin Hye
comprendió que no podía engañarla y asintió con la cabeza.
—Sí, era mi
abuelo.
La señora Kim
abrió los ojos como platos.
— ¿Lo sabe Yong
Hwa?
—No, y no
pienso decírselo hasta que pueda demostrar la inocencia de mi abuelo.
—¿Cómo
piensas hacerlo?
Shin Hye se
encogió de hombros.
—Voy a
indagar durante mi tiempo libre. Alguien robó aquella receta e hizo ver que
había sido mi abuelo. Le prometí a mi abuela que limpiaría el nombre de los Choi.
—Podrías
preguntarle a Lee Duk. Su restaurante se quedó con la receta.
— ¿Sigue
abierto?
—Sí. Le ha
ido muy bien. Habrá un centenar de restaurantes de Lee Duk por todo el país,
incluso en Seul. La gente dice que tienen el mejor gourmet de carne con alubias
pintas, que algunos dicen que procede de la receta de Jung Soo.
Shin Hye
asintió con la cabeza. Ella misma lo había comido.
— ¿Qué
puedes decirme de Yong Hwa?
La señora Kim
suspiró.
—Es un buen
hombre al que una mujer que conoció en la Universidad le rompió el corazón.
Creo que se conocieron en la Universidad, adonde Yong Hwa había ido con una
beca de baloncesto. Todo el mundo dice que ella se le pegó como una lapa
mientras tenía un futuro prometedor en el baloncesto. Sin embargo, cuando una
lesión lo apartó del deporte, ella lo dejó tirado como a una colilla. Desde
entonces, nunca ha salido seriamente con una mujer.
Se quedaron
en silencio unos instantes, hasta que la señora Kim volvió a hablar.
—Si me lo
permites, me gustaría darte un pequeño consejo.
Shin Hye
asintió con la cabeza.
—Claro.
—No esperes
mucho tiempo para decirle a Yong Hwa tu relación con Choi Lun Woo. Será mejor
que no lo sepa por otra persona y si empiezas a hacer preguntas, acabará
sabiéndolo.
Se acercó un
poco más a Shin Hye e hizo una pausa, como si estuviera buscando las palabras
adecuadas.
—Aunque eso
pasó hace mucho tiempo, Jung Soo se sintió muy dolido por lo que consideró una
traición. Es más, al poco tiempo, tuvo un ataque al corazón.
Shin Hye se
quedó boquiabierta. No sabía aquello.
— ¿De
verdad?
—Sí, aunque
no se puede culpar sólo a la tensión por el asunto de la receta. Jung Soo
fumaba mucho y estoy segura de que eso también tuvo mucho que ver, sobre todo
si tenemos en cuenta que murió de cáncer de pulmón —la mujer suspiró
profundamente—. No digo que tu abuelo hiciera lo que dicen los Jung ni que no
lo hiciera. Sólo digo que ellos creen que lo hizo. Yong Hwa, que adoraba a su
abuelo, se tomó el sufrimiento de su abuelo como algo personal y durante años
intentó que Lee Duk reconociera que estaba utilizando la receta de los Jung. Lee
Duk no lo reconoció y como no había ninguna prueba, Yong Hwa acabó abandonando
su empeño. Sin embargo, dudo mucho que se haya olvidado.
Al poco
tiempo, cuando faltaban diez minutos para cerrar, Shin Hye se encontraba sola
en la tienda. Sabía que el primer día había hecho una buena caja. Fue al
mostrador para recoger lo que había sobrado. También sabía que alguien del
hospital infantil estaría de camino para recogerlo.
No podía
dejar de pensar en lo que la señora Kim le había contado sobre Yong Hwa y la
chica de la que se había enamorado en la Universidad. Lo peor que podía pasarle
a alguien era que lo dejaran tirado cuando ya estaba bastante hundido. Esperaba
que al cabo de todos esos años él se hubiera dado cuenta de que había sido para
bien.
Ella también
había esperado que su madre hubiera comprendido que estaba mejor sin Park Myung.
Oyó la campanilla
de la puerta y se volvió creyendo que sería el enviado del hospital.
Se quedó sin
respiración cuando vio a Yong Hwa.
dios por que se quedo en la mejor pate no podre soportar tanto tiempo sigueee .. que pasara con estos dos
ResponderEliminarPero si no fue el abuelo Choi quien robó las recetas del abuelo Jung ??? creo que esto se complicará y bueno Shin ahora sabe un poco mas de los Jung son buenas personas, espero el siguiente cap ya que el final de este quedó muy bueno ^_^
ResponderEliminarUnnie actualiza pronto que ya me quede con la intriga!!! Espero con ansias el proximo capitulo n.n
ResponderEliminarMe encantan tus fics y este no es la excepcion unnies y si nos dejan intrigados, no puedo esperar a que pasara despues del beso....
ResponderEliminar