Ya está el último cristal en su sitio,
gracias a Dios – dijo Shin Hye, irguiéndose y moviendo los doloridos hombros –Pensé
que no iba a terminar nunca de coserlos, pero ha merecido la pena tantas horas
de trabajo. El corpiño da mucho brillo al vestido, ¿no te parece? Miró a So Min
para ver cuál era su reacción con el vestido de novia por fin terminado, y le
sorprendió ver lágrimas en sus ojos.
–Es indescriptible –comentó la joven. –Oh,
Shin Hye, es precioso. Mucho más bonito de lo que había imaginado. Es el vestido de mis sueños, y no sé cómo
darte las gracias por haberlo hecho realidad.
–Me alegro de que te guste –le respondió
Shin Hye, sintiéndose orgullosa.
Era probablemente el mejor vestido de
novia que había creado. El corpiño, sin tirantes, era de tul de seda blanca y
la falda, de encaje. Ambos estaban adornados con cientos de minúsculos
cristales y pequeñas perlas.
Todavía tenía que coser los cristales del
velo, y a una semana para la boda, tenía por delante muchas horas de trabajo
para poder terminar los vestidos de las damas de honor.
–Ya está Yong Hwa en casa –dijo So Min al
oír un helicóptero –El piloto va llevarme de vuelta a Busan porque la madre de Sung
Hoon va a dar una cena esta noche para celebrar que le han dado el alta a mi futuro
suegro. Te mandaré a mi hermano para que vea el vestido, aunque de todos modos,
supongo que vendrá directo al taller. Al parecer, le gusta pasar tiempo
contigo.
Shin Hye se inclinó hacia la falda del
vestido con la esperanza de que So Min no se diese cuenta del repentino calor
que tenía en las mejillas.
–Le interesa mucho el progreso de los
vestidos – balbució.
–Tengo la sensación de que le interesa más
la diseñadora que los vestidos –replicó So Min –Porque él nunca había vuelto
del trabajo tan pronto como últimamente.
–Tal vez no tenga mucho que hacer en estos
momentos –comentó, sonrojándose todavía más al pensar que las horas que no
estaba en su despacho de Busan, Yong Hwa las pasaba junto a ella.
Habían sido discretos delante de So Min,
pero era evidente que esta tenía sus sospechas.
Cosa que confirmó al añadir: –No creas que
no me he dado cuenta de cómo te mira, ni de cómo lo miras tú a él. Sé que hay
algo entre ustedes, y me parece estupendo. Me encantaría tenerte como cuñada,
Shin Hye. Tal vez el próximo vestido que diseñes sea el tuyo propio.
Shin Hye sacudió la cabeza con firmeza.
–No, eso no va a ocurrir. No quiero
casarme –le explicó a So Min, que parecía decepcionada –Estoy demasiado ocupada
con Wedding Park. Mi carrera es lo más importante.
Dudó un instante antes de continuar:
–Entre tu hermano y yo no hay nada.
En parte, era cierto. Al menos, era mucho
más sencillo que intentar explicar que lo suyo con Yong Hwa no era más que una
aventura.
Aunque eso tampoco era del todo verdad,
pensó Shin Hye después de que So Min se hubiese marchado y la hubiese dejado
sola en el taller. Desde que se habían convertido en amantes, habían compartido
mucho más que encuentros sexuales. Habían cenado bajo la luz de las velas y
habían pasado horas tumbados junto a la piscina. Habían explorado las ruinas de
Cheongu y Yong Hwa la había llevado a Busan a ver lugares famosos después de
haberse dado cuenta de que compartían su interés por la historia de Busan.
La preocupación de poder haberse quedado
embarazada la primera noche que habían hecho el amor en la terraza se había
visto disipada un par de días antes, cuando había empezado con el periodo.
Desde entonces, había pasado todas las
noches con Yong Hwa, y el deseo que sentían el uno por el otro, lejos de haber
menguado, parecía haberse intensificado. Solo quedaba una semana para la boda
de So Min, una semana para que se terminase su aventura. Porque, eso era
seguro, iba a terminarse. Yong Hwa tenía que viajar a Sudáfrica justo después
de la boda de su hermana y Shin Hye debía regresar a Seúl, con un poco de
suerte, con un aluvión de encargos después de la publicidad que le daría la
boda de So Min.
Suspiró pesadamente y fue hacia la
ventana, a admirar la amplia extensión de un mar azul zafiro, que reflejaba el
cielo despejado. Echaría de menos la tranquila belleza de aquella isla. Se
mordió el labio. ¿A quién pretendía engañar? Echaría de menos a Yong Hwa.
Aunque no quisiese reconocerlo, era la
verdad. No se había enamorado de él, por supuesto que no, pero tenía la
esperanza de que su última semana en Cheongu pasase muy despacio.
–Te veo muy pensativa.
Yong Hwa había entrado en el taller en
silencio y, al ver a Shin Hye sumida en sus pensamientos, se había quedado unos
minutos observándola. Se dijo que estaba todavía más guapa que cuando había
llegado a Cheongu. La larga cabellera, recogida esa tarde en una coleta, estaba
todavía más hermosa y hacía que sus ojos pareciesen también más grandes. Sintió
deseo, pero algo en su postura hizo que se le encogiese el estómago. A veces
parecía encerrarse en sí misma, y no era la primera vez que la veía triste y
que deseaba abrazarla con fuerza.
Shin Hye se giró al oírlo hablar y le
sonrió, pero solo con los labios.
–Estaba pensando en todos los cristales
que me quedan por coser al velo de So Min. Por suerte, el vestido está terminado.
¿Quieres verlo? Él intentó no pensar en que lo que realmente deseaba era romper
todas las barreras detrás de las que se escondía y descubrir a la verdadera
Shin Hye. ¿Por qué sentía tanta curiosidad? No era más que su amante temporal y
era probable que, en una semana, lo suyo se terminase para siempre.
Frunció el ceño y se preguntó por qué la
idea le gustaba tan poco.
–Por supuesto que quiero ver el resultado
de tus largas horas de duro trabajo.
Shin Hye solía estar ya en el taller antes
de que él se marchase a trabajar por las mañanas y algunas noches tenía que
obligarla a salir de él e insistir para que cenase. No era solo trabajadora,
sino más bien obsesiva.
¿A quién le recordaba eso? Volvió a pensar
en Ji Hyeon, cuando ambos habían tenido diecinueve años y habían vivido en el
mismo edificio de apartamentos en Tokio. Por aquel entonces, él intentaba
sobrevivir con la tienda de comestibles y Ji Hyeon estaba en la escuela de arte,
mucho antes de que le llegase la fama.
–No puedo seguir viéndote, Yong Hwa. Tengo
que pasar todo mi tiempo ensayando. Estar en un escenario es mi vida y algún
día mi nombre aparecerá en las carteleras de los mejores teatros de Japón.
Su mente retrocedió nueve años. La escena
tenía lugar en su lujoso ático de Okubo. Ji Hyeon ya era famosa, y llevaban un
año juntos.
–No puedo tener un hijo, Yong Hwa.
Significaría el fin de mi carrera. No puedo tomarme varios meses libres y
arriesgarme a perder la figura.
Él le había entregado su corazón a Ji
Hyeon y esta se lo había roto. En esos momentos, tenía el corazón de granito y
no iba a enamorarse otra vez. Su relación con Shin Hye era otra aventura sin
importancia.
Shin Hye quitó la tela que cubría el
vestido de So Min.
–¿Qué te parece? –le preguntó con
nerviosismo, al ver que habían pasado varios segundos y Yong Hwa todavía no
había dicho nada.
–Que fue una enorme injusticia que dudase
de ti como diseñadora –le respondió él en voz baja –El vestido es exquisito y So
Min me ha contado que está encantada con él. No me cabe la menor duda de que
Wedding Park va a tener un gran futuro.
Shin Hye se ruborizó al oír aquello. Sobre
todo, después de que Woo Duk hubiese vaticinado todo lo contrario: –Estás
perdiendo el tiempo. No tienes nada de talento –le había dicho su padrastro.
Recordó dolida lo mucho que había
disfrutado burlándose de sus sueños. Durante años, Shin Hye se había preguntado
por qué no la quería su padre y se había sentido responsable de ello. En esos
momentos, sabía que no había sido culpa suya. Ahora tener su propia empresa le
daba seguridad.
Wedding Park era para ella más que un
negocio: era lo más importante de su vida.
Sonrió a Yong Hwa.
–Espero que tengas razón. Estoy preparada
para trabajar duro y para dedicar todo mi tiempo y energía a conseguir que
Wedding Park tenga éxito.
Una expresión curiosa cruzó el rostro de
Yong Hwa, pero desapareció antes de que a Shin Hye le diese tiempo a hacerse
preguntas.
–En ese caso, será mejor que aprovechemos
al máximo el tiempo que te queda en Cheongu, antes de que te marches a
conquistar el mundo de la moda –le dijo en tono sensual, sonriéndole y
acariciándole el brazo desnudo –¿Te duelen otra vez los hombros? Ella cerró los
ojos y se relajó mientras Yong Hwa le daba un masaje en la base del cuello.
–Umm… qué bien. Estoy un poco tensa.
Él rio y la apoyó contra su cuerpo.
–Yo también, mi preciosa Shin Hye… y más
que un poco.
–Sí… ya lo veo –respondió ella sin
aliento.
El deseo corrió por sus venas. La ropa era
una frustrante barrera y el corazón se le aceleró cuando Yong Hwa le bajó los
tirantes de la camiseta para poder acariciarle los pechos desnudos.
–Yong Hwa, tengo que trabajar… –protestó.
Pero él ignoró la protesta y le acarició
los senos.
Shin Hye sintió cómo el placer se apoderaba de su cuerpo y no opuso
resistencia cuando Yong Hwa la giró hacia él.
–Lo necesitas –le aseguró –Y yo también,
Shin Hye.
La besó apasionadamente, haciendo que se
olvidase de todo y que solo fuese consciente del olor de su loción y de la
dulzura de sus besos.
¿Cómo iba a negar el deseo que sentía por
él cuando la consumía y hacía que le temblasen las piernas? Yong Hwa la tomó en
brazos y ella se apoyó en él mientras la
llevaba al dormitorio. «Solo una semana más», pensó, deseando que no pasasen
los días ni las horas.
La tumbó en la cama y Shin Hye lo abrazó
por el cuello para que se tumbase a su lado.
Yong Hwa dejó escapar una sonrisa mientras
intentaba contener las ansias que sentía por aquella castaña frágil que se
había convertido en una peligrosa adicción. Le encantaba verla impaciente, ver
que no contenía la pasión, le encantaba oírla gritar de placer al quitarle las
ropas. Explorarla hasta que Shin Hye se estremeciera, suplicándole en silencio
que la llevase a aquel lugar mágico que era solo suyo.
Él supo que la echaría de menos. La idea
le dio vueltas en la cabeza mientras se desnudaba sin apartar la vista de su
cuerpo esbelto, iluminado por los rayos de sol que se filtraban a través de las
persianas. Consideró un instante pedirle que se quedase un mes o dos con él, el
tiempo necesario para cansarse de ella, cosa que terminaría ocurriendo antes o
después, pero desechó la idea. Tendría que estar en Sudáfrica al menos un mes
por motivos de trabajo y sabía que Shin Hye estaba impaciente por volver a Seúl,
ya que tenía la esperanza de que aumentase su producción después de la boda de So
Min.
Así que tenía otra semana para
disfrutarla, y pretendía hacerlo. Se puso un preservativo y se colocó encima de
ella. Su sonrisa le provocó una sensación extraña en el corazón, pero cuando la
hizo suya, Yong Hwa dejó de pensar y solo fue consciente del placer que sentía
al momento de poseerla.
***
La boda fue de cuento de hadas. No era
posible describirla de otra manera, pensaba Shin Hye después.
So Min había estado impresionante con el
vestido de novia y las damas de honor habían llevado unos preciosos vestidos de
tafetán rosa claro.
Sung Hoon había estado muy guapo, y un
poco nervioso, pero la expresión de su rostro al sonreír a su futura esposa
había hecho que Shin Hye sintiese de repente un inexplicable anhelo. No era
envidia, porque ella no quería casarse, pero sí deseaba ser amada como amaba Sung
Hoon a So Min, y ser capaz de amar sin tener miedo a que le hiciesen daño o la
rechazasen.
Impaciente, saltó de la cama, cerró la
maleta y fue hasta la ventana. La luz del atardecer era tenue y dorada, y el
limonero que había debajo hacía que subiese hasta allí el olor a limón. Se
había enamorado de aquel lugar, pensó, suspirando: de la casa, de la isla… y de
Yong Hwa. El corazón se le aceleró. Por supuesto que no se había enamorado de
Yong Hwa, era solo que la idea de marcharse de la isla la ponía sentimental.
Él también iba a marcharse a Ciudad del
Cabo. Su vuelo saldría de Busan una hora después de que ella se hubiese montado
en el avión que la llevaría a Seúl.
Solo faltaban unos minutos para que ambos
volasen juntos en helicóptero a Busan.
Shin Hye volvió a pensar en la boda. Los
invitados habían dado un grito ahogado al ver entrar a So Min en la iglesia,
aunque ella había tenido la vista clavada en Yong Hwa, que acompañaba a su
hermana hasta el altar.
Había sido como un padre para So Min y
había asumido la responsabilidad de criarla después de la muerte de sus padres
a pesar de su propia juventud.
La ceremonia había empezado y Shin Hye se
había dedicado a observar su duro perfil. Su expresión había sido
indescriptible, pero ella había sentido que estaba haciendo un esfuerzo por
controlar sus emociones. Sin pensarlo, le había agarrado la mano para intentar
comunicarle con actos en vez de con palabras que lo entendía y que sabía cómo
se sentía.
Él se había puesto tenso unos segundos, y
Shin Hye se había preparado para que la rechazase, pero entonces Yong Hwa le
había apretado la mano con fuerza y la había mirado. Sus ojos habían brillado
un instante y ella le había sonreído. En respuesta, Yong Hwa había vuelto a
apretarle la mano y se la había tenido agarrada durante el resto de la
ceremonia.
Shin Hye se obligó a volver al presente,
se miró el reloj y vio que había llegado la hora de marcharse. El resto del día
había sido frenético, con cuatrocientos invitados asistiendo a la recepción que
se había celebrado en los jardines de Villa Esperanza. Yong Hwa había estado
tan ocupado como anfitrión que casi no habían podido estar juntos. Y en esos
momentos era demasiado tarde. Shin Hye notó cómo la presión que sentía en el
pecho aumentaba al bajar con la maleta al recibidor principal.
–Eh, iba a ir a ayudarte justo ahora
–comentó Chip, vestido con un impecable uniforme de mayordomo –El jefe te está
esperando en la plataforma.
Tomó la maleta y bajó delante de ella las
escaleras de la casa.
–Espero que vuelvas algún día de visita a Cheongu,
Shin Hye –continuó –Tal vez Yong Hwa sea muy reservado con sus pensamientos, y
a veces es difícil llegar a conocerlo, pero es un tipo estupendo. Uno de los
mejores. Y sé que se va a sentir muy solo cuando So Min y tú se marchen.
–No creo que un guapo millonario esté solo
mucho tiempo –respondió ella en tono frío. Sintiendo todavía más dolor al
imaginárselo haciendo el amor con otra mujer –Apuesto a que tendrá cientos de
novias.
Chip se encogió de hombros, pero no lo
negó.
–A ninguna la ha traído a Cheongu –comentó
–Salvo a ti.
Shin Hye se sonrojó. Era normal que Chip
estuviese al tanto de su aventura con Yong Hwa. Debía de haberse dado cuenta de
que, durante el último mes, no había dormido ni un solo día en su propia cama.
Pero ¿qué importaba eso? Iba a marcharse y estaba segura de que Chip sabía tan
bien como ella que no volvería a la isla. Las aventuras de Yong Hwa nunca duraban
mucho.
Lo vio al lado del helicóptero e intentó
grabar aquella imagen en su mente para siempre. Se había quitado el traje que
había llevado en la boda y se había puesto un pantalón color beis y un polo
negro, y parecía relajado. Estaba tan guapo que Shin Hye se sintió como si una
flecha le hubiese traspasado el corazón.
–¿Ya está todo?
Las gafas de sol le tapaban los ojos. Shin Hye deseó quitárselas para poder verlos por última vez, aunque luego se dijo que tal vez fuese mejor así, porque si la miraba a los ojos, vería las lágrimas que estaba luchando por no derramar.
Las gafas de sol le tapaban los ojos. Shin Hye deseó quitárselas para poder verlos por última vez, aunque luego se dijo que tal vez fuese mejor así, porque si la miraba a los ojos, vería las lágrimas que estaba luchando por no derramar.
–Sí, estoy preparada para marcharme
–consiguió contestarle casi con alegría –So Min y Sung Hoon deben de estar ya
de camino a las Maldivas. Qué lugar tan maravilloso para pasar una luna de
miel.
Yong Hwa la ayudó a subir al helicóptero y
ella se mordió el labio al aspirar el olor de su colonia mezclado con el de su
piel. Tenía que seguir hablando si no quería perder la compostura y rogarle que
le permitiese quedarse con él.
–Me ha llamado Jani, –comentó animadamente –Dice que ya han
aparecido fotografías del vestido de So Min en Internet, y que hemos recibido
muchas solicitudes por correo electrónico.
–Bien –respondió Yong Hwa en tono
cortante.
Tal y como lo había imaginado, Shin Hye
estaba deseando volver a Seúl para ponerse a trabajar. Cuando la había visto
acercarse a la plataforma de despegue, vestida con el mismo traje con el que
había llegado a Oedo, había vuelto a sentirse tentado a pedirle que lo
acompañase a Sudáfrica. En esos momentos se alegraba de haber dudado. Habría
sido violento para ambos.
Seguro que no tardaba en olvidarse de
ella, lo haría en cuanto se pusiese a trabajar en su nuevo proyecto en Ciudad
del Cabo.
Cuando el helicóptero los dejó en el
aeropuerto y se acercaron al mostrador de facturación, el número de vuelo de
Shin Hye ya estaba reflejado en la pantalla y era hora de embarcar. Yong Hwa
había estado encerrado en sí mismo desde que habían salido de Cheongu y, a
juzgar por las llamadas de teléfono que había hecho, debía de estar ya centrado
en sus negocios.
–Bueno… –dijo ella, sonriendo de oreja a
oreja y con su orgullo impidiéndole derramar ni una lágrima –Supongo que ha
llegado el momento de despedirse.
¿Qué otra cosa podía decirle? Habían sido
amantes durante el último mes y, probablemente, aquella fuese la última vez que
se viesen. Iba a echarlo mucho de menos.
–Si pasas alguna vez por Seúl y ves una casa flotante llamada S-Sue,
sube a saludar.
–¿Así se llama tu barco? –preguntó él.
–Le puso el nombre mi hermano –respondió
ella, dolida al darse cuenta de que a Yong Hwa le daba igual que no fuesen a
volverse a ver –Adiós, Yong Hwa.
–¿No pensarás que voy a dejarte marchar
tan fácilmente, no? –le dijo él dedicándole una sensual sonrisa.
Shin Hye se puso a temblar al ver que le
ponía sus manos en sus mejillas y le levantaba el rostro para que lo mirase. El
roce de sus labios la transportó instantáneamente al cielo y separó los labios
para que Yong Hwa profundizase el beso, pero él levantó la cabeza.
Shin Hye se sintió tan decepcionada que,
por un momento, no pudo respirar.
Él le soltó y retrocedió. La miró y
recordó los buenos momentos que habían pasado juntos. Habían compartido una
pasión electrizante, pero habían tenido mucho más que eso. Había disfrutado
estando con ella, llevándola en la moto, bañándose en el mar, y habían pasado
horas y horas hablando, paseando en hermosos lugares de Busan tomados de la mano.
No había esperado que el adiós fuese tan
duro, pero no tenía alternativa.
Él no quería una relación y sabia que ella pensaba
lo mismo.
Apretó la mandíbula y se obligó a darse la
vuelta.
–Adiós, Shin Hye. Y buena suerte con
Wedding Park. Y entonces se marchó, caminando entre la multitud, destacando por
su porte. Shin Hye lo vio alejarse, deseó que se girase y le dijese adiós por
última vez, pero no lo hizo.
Ella se quedó allí un rato después de que
Yong Hwa hubiese desaparecido de su vista. Siempre había sabido que lo suyo era
temporal. Y era lo mejor. No podría centrarse en su trabajo si tenía una
relación con Yong Hwa. Cuando estaba en su compañía, solo podía pensar en él, y
si quería perseguir su sueño de ser una gran diseñadora, no podía permitir que
nadie la distrajese.
***
Tres semanas más tarde, Shin Hye miraba
aturdida a su médico de cabecera.
–No puedo estar embarazada –le dijo con
voz temblorosa.
–Según la prueba, debiste de concebir hace
más o menos ocho semanas –le contestó la doctora – ¿Tal vez no tomaste precauciones
en ese tiempo?
–Solo una vez –admitió ella, a pesar de
saber que era suficiente–, pero tuve el periodo después.
Recordó lo aliviada que se había sentido.
Era cierto que le había durado menos de lo normal, pero no le había extrañado,
se había quedado tranquila al ver que la irresponsabilidad que había cometido
con Yong Hwa no había tenido consecuencias.
Había ido al médico porque su hermano
había insistido al verla siempre cansada desde que había vuelto de Busan. Shin
Hye no había pensado que le pasase nada. Era normal que estuviese cansada, con
todo lo que estaba trabajando.
–Algunas mujeres sangran durante los
primeros meses del embarazo –le explicó la doctora – pero no es un periodo como
tal y suele acabarse cuando el embarazo avanza. Y no todas las mujeres ovulan a
la mitad del ciclo. Algunas lo hacen antes y otras, como debe de haber sido tu
caso, después.
***
–Se lo tienes que decir a Yong Hwa –le dijo su
hermano cuando le contó la noticia –Es el padre del bebé y tiene la obligación
de ayudarte, al menos, económicamente. Además, se lo puede permitir. Tú no
puedes criar al niño sola. ¿Cómo vas a trabajar teniendo que ocuparte de él? ¿Y
dónde vas a vivir? Me temo que la casa flotante no es lugar para un bebé.
–No me estás contando nada que no me haya
dicho yo ya al menos cien veces –replicó Shin Hye, abrazándose como para
protegerse de aquella pesadilla.
Seguía sin creérselo. Estaba esperando un
hijo de Yong Hwa. Era una locura, pero tal y como le había confirmado su
médico, era real.
–No sé qué hacer –admitió con voz
temblorosa.
No tenía ni idea de cómo reaccionaría Yong
Hwa cuando le diese la noticia. Parecía haberse sentido aliviado cuando le
había informado de que tenía el periodo, así que seguro que se sorprendía tanto
como ella.
–No tienes por qué seguir adelante, Shin
Hye –le dijo Shin Woo con cautela, evitando su mirada– Yo te apoyaré tomes la
decisión que tomes.
A ella se le hizo un nudo en la garganta.
La lealtad de su hermano le importaba mucho, pero tenía que enfrentarse a la
realidad. Estaba esperando un bebé.
Una vida nueva estaba creciendo en su
interior y dependía completamente de ella para sobrevivir.
–Si mamá hubiese terminado con su embarazo
no planeado hace veintiséis años, yo no estaría aquí –le contestó–. No puedo
hacer pagar al bebé mi error.
–También es el error de Jung –le recordó Shin
Woo.
–¿Y si se lo cuento y acepta la
responsabilidad, pero odia al niño, como Woo Duk me odió a mí? –inquirió Shin
Hye.
–Esto es distinto. Woo Duk no es tu padre
biológico y tu presencia le recordaba que mamá le había sido infiel.
No fue culpa tuya, pero él lo pagaba
contigo –murmuró Shin Woo–, pero tú sí estás embarazada de Jung Yong Hwa.
Ella se preguntó cómo iba a ocultar la
existencia del niño a su padre. Ella no sabía quién era su padre y siempre
tendría un vacío. ¿Cómo iba a hacerle lo mismo a su bebé? –Tengo que marcharme
–le dijo Shin Woo, interrumpiendo sus pensamientos –Estaré fuera un par de
días.
Se colgó la mochila a los hombros y salió
del barco.
Luego, se giró a mirarla e insistió: –Tienes
que decírselo.
–Lo sé –respondió Shin Hye, sabiendo que
su hermano tenía razón.
Por el bien del bebé, tenía la obligación
de contarle a Yong Hwa que iba a tener un hijo suyo.
Pero encontrar el valor necesario para
informar a Yong Hwa de su embarazo era otra cosa. En varias ocasiones había
marcado su número de teléfono móvil, pero no había llegado a realizar la
llamada. Sabía que seguía en Sudáfrica, así que decidió esperar a hacerse la
primera ecografía para contárselo, de ese modo ya sabría la fecha prevista del nacimiento.
El día que tenía cita en el hospital, tuvo
que pelearse para cerrar la cremallera de un vestido que le había quedado
perfecto solo unas semanas antes. Le quedaba ajustado en la zona del busto y de
las caderas y al mirarse de perfil en el espejo vio su estómago plano que pronto empezaría a redondearse. De repente, sintió pánico y los
ojos se le llenaron de lágrimas. No quería que su vida cambiase de manera
irrevocable y, sobre todo, no quería sacrificar su sueño de tener éxito con
Wedding Park.
Oyó pasos en el muelle y supo que Shin Woo
había llegado de su viaje. Se limpió las lágrimas, se puso un pendiente y apretó
los dientes cuando el otro se le cayó debajo de la mesa.
–Supongo que la descripción que un agente
inmobiliario haría de una casa flotante sería «acogedora y compacta».
Shin Hye estaba agachada cuando oyó
aquella voz que conocía muy bien, pero que no pertenecía a su hermano. Levantó
la cabeza y se dio un golpe contra la mesa.
–¡Cielos! Ten cuidado. ¿Qué estás haciendo
ahí abajo? Unas manos fuertes la agarraron y la levantaron con cuidado.
Shin Hye observó con incredulidad el bello
rostro de Yong Hwa y se mareó de tal manera que tuvo que aferrarse a la mesa.
–¿Qué… qué estás haciendo aquí? –preguntó
en un susurro– ¿Te ha llamado Shin Woo?
Yong Hwa frunció el ceño.
Yong Hwa frunció el ceño.
–¿Por qué iba a llamarme tu hermano?
–No… no sé –respondió ella, poniéndose las
manos en las sienes –No puedo pensar con claridad. Me sorprende tanto verte.
¿Por qué has venido, Yong Hwa?
gracias unni por este capitulo esta de infarto, publica el siguiente si y no demores mucho, me da stres cuando entro todos los días y veo que no has publicado, se te agradece.
ResponderEliminar:O Yong fue a verla !!!!seguro la extrañaba mucho ...Shinni le dira del embarazo??' owww que lindo un mini Yong !!!
ResponderEliminarUnnie actuiza pronto porfis porfis
Omg lo adore esta embarazada ojala y se lo diga..... unnie porfavor actualiza pronto
ResponderEliminarWaoooooo baby (yongshin) uuuu hermoso
ResponderEliminarQué ???? !!!!!!!!!!!!!!!!! ay Dios como pasaron tantas cosas OMO !!!!! cada vez se pone mejor mucho mejor !!!!! unnie gracias por la actualización esta SUPER !!!!!
ResponderEliminarwooo me encontre esta historia buscando en google historias yongshin y me encantaron todos los caps me lei todos hoy mismo y ya quiero leer el 8 me atrapo la historia esta muy linda espero que actualizes pronto oww sera que shin le cuente la verdad :3 yong fue a verla
ResponderEliminarHay pon el 8 si !!!!
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