domingo, 1 de febrero de 2015

UNA AVENTURA SECRETA - CAPITULO 7

Ya está el último cristal en su sitio, gracias a Dios – dijo Shin Hye, irguiéndose y moviendo los doloridos hombros –Pensé que no iba a terminar nunca de coserlos, pero ha merecido la pena tantas horas de trabajo. El corpiño da mucho brillo al vestido, ¿no te parece? Miró a So Min para ver cuál era su reacción con el vestido de novia por fin terminado, y le sorprendió ver lágrimas en sus ojos.
–Es indescriptible –comentó la joven. –Oh, Shin Hye, es precioso. Mucho más bonito de lo que había imaginado. Es el vestido de mis sueños, y no sé cómo darte las gracias por haberlo hecho realidad.
–Me alegro de que te guste –le respondió Shin Hye, sintiéndose orgullosa.
Era probablemente el mejor vestido de novia que había creado. El corpiño, sin tirantes, era de tul de seda blanca y la falda, de encaje. Ambos estaban adornados con cientos de minúsculos cristales y pequeñas perlas.
Todavía tenía que coser los cristales del velo, y a una semana para la boda, tenía por delante muchas horas de trabajo para poder terminar los vestidos de las damas de honor.
–Ya está Yong Hwa en casa –dijo So Min al oír un helicóptero –El piloto va llevarme de vuelta a Busan porque la madre de Sung Hoon va a dar una cena esta noche para celebrar que le han dado el alta a mi futuro suegro. Te mandaré a mi hermano para que vea el vestido, aunque de todos modos, supongo que vendrá directo al taller. Al parecer, le gusta pasar tiempo contigo.
Shin Hye se inclinó hacia la falda del vestido con la esperanza de que So Min no se diese cuenta del repentino calor que tenía en las mejillas.
–Le interesa mucho el progreso de los vestidos – balbució.
–Tengo la sensación de que le interesa más la diseñadora que los vestidos –replicó So Min –Porque él nunca había vuelto del trabajo tan pronto como últimamente.
–Tal vez no tenga mucho que hacer en estos momentos –comentó, sonrojándose todavía más al pensar que las horas que no estaba en su despacho de Busan, Yong Hwa las pasaba  junto a ella.
Habían sido discretos delante de So Min, pero era evidente que esta tenía sus sospechas.
Cosa que confirmó al añadir: –No creas que no me he dado cuenta de cómo te mira, ni de cómo lo miras tú a él. Sé que hay algo entre ustedes, y me parece estupendo. Me encantaría tenerte como cuñada, Shin Hye. Tal vez el próximo vestido que diseñes sea el tuyo propio.
Shin Hye sacudió la cabeza con firmeza.
–No, eso no va a ocurrir. No quiero casarme –le explicó a So Min, que parecía decepcionada –Estoy demasiado ocupada con Wedding Park. Mi carrera es lo más importante.
Dudó un instante antes de continuar: –Entre tu hermano y yo no hay nada.
En parte, era cierto. Al menos, era mucho más sencillo que intentar explicar que lo suyo con Yong Hwa no era más que una aventura.
Aunque eso tampoco era del todo verdad, pensó Shin Hye después de que So Min se hubiese marchado y la hubiese dejado sola en el taller. Desde que se habían convertido en amantes, habían compartido mucho más que encuentros sexuales. Habían cenado bajo la luz de las velas y habían pasado horas tumbados junto a la piscina. Habían explorado las ruinas de Cheongu y Yong Hwa la había llevado a Busan a ver lugares famosos después de haberse dado cuenta de que compartían su interés por la historia de Busan.
La preocupación de poder haberse quedado embarazada la primera noche que habían hecho el amor en la terraza se había visto disipada un par de días antes, cuando había empezado con el periodo.
Desde entonces, había pasado todas las noches con Yong Hwa, y el deseo que sentían el uno por el otro, lejos de haber menguado, parecía haberse intensificado. Solo quedaba una semana para la boda de So Min, una semana para que se terminase su aventura. Porque, eso era seguro, iba a terminarse. Yong Hwa tenía que viajar a Sudáfrica justo después de la boda de su hermana y Shin Hye debía regresar a Seúl, con un poco de suerte, con un aluvión de encargos después de la publicidad que le daría la boda de So Min.
Suspiró pesadamente y fue hacia la ventana, a admirar la amplia extensión de un mar azul zafiro, que reflejaba el cielo despejado. Echaría de menos la tranquila belleza de aquella isla. Se mordió el labio. ¿A quién pretendía engañar? Echaría de menos a Yong Hwa.
Aunque no quisiese reconocerlo, era la verdad. No se había enamorado de él, por supuesto que no, pero tenía la esperanza de que su última semana en Cheongu pasase muy despacio.
–Te veo muy pensativa.
Yong Hwa había entrado en el taller en silencio y, al ver a Shin Hye sumida en sus pensamientos, se había quedado unos minutos observándola. Se dijo que estaba todavía más guapa que cuando había llegado a Cheongu. La larga cabellera, recogida esa tarde en una coleta, estaba todavía más hermosa y hacía que sus ojos pareciesen también más grandes. Sintió deseo, pero algo en su postura hizo que se le encogiese el estómago. A veces parecía encerrarse en sí misma, y no era la primera vez que la veía triste y que deseaba abrazarla con fuerza.
Shin Hye se giró al oírlo hablar y le sonrió, pero solo con los labios.
–Estaba pensando en todos los cristales que me quedan por coser al velo de So Min. Por suerte, el vestido está terminado. ¿Quieres verlo? Él intentó no pensar en que lo que realmente deseaba era romper todas las barreras detrás de las que se escondía y descubrir a la verdadera Shin Hye. ¿Por qué sentía tanta curiosidad? No era más que su amante temporal y era probable que, en una semana, lo suyo se terminase para siempre.
Frunció el ceño y se preguntó por qué la idea le gustaba tan poco.
–Por supuesto que quiero ver el resultado de tus largas horas de duro trabajo.
Shin Hye solía estar ya en el taller antes de que él se marchase a trabajar por las mañanas y algunas noches tenía que obligarla a salir de él e insistir para que cenase. No era solo trabajadora, sino más bien obsesiva.
¿A quién le recordaba eso? Volvió a pensar en Ji Hyeon, cuando ambos habían tenido diecinueve años y habían vivido en el mismo edificio de apartamentos en Tokio. Por aquel entonces, él intentaba sobrevivir con la tienda de comestibles y Ji Hyeon estaba en la escuela de arte, mucho antes de que le llegase la fama.
–No puedo seguir viéndote, Yong Hwa. Tengo que pasar todo mi tiempo ensayando. Estar en un escenario es mi vida y algún día mi nombre aparecerá en las carteleras de los mejores teatros de Japón.
Su mente retrocedió nueve años. La escena tenía lugar en su lujoso ático de Okubo. Ji Hyeon ya era famosa, y llevaban un año juntos.
–No puedo tener un hijo, Yong Hwa. Significaría el fin de mi carrera. No puedo tomarme varios meses libres y arriesgarme a perder la figura.
Él le había entregado su corazón a Ji Hyeon y esta se lo había roto. En esos momentos, tenía el corazón de granito y no iba a enamorarse otra vez. Su relación con Shin Hye era otra aventura sin importancia.
Shin Hye quitó la tela que cubría el vestido de So Min.
–¿Qué te parece? –le preguntó con nerviosismo, al ver que habían pasado varios segundos y Yong Hwa todavía no había dicho nada.
–Que fue una enorme injusticia que dudase de ti como diseñadora –le respondió él en voz baja –El vestido es exquisito y So Min me ha contado que está encantada con él. No me cabe la menor duda de que Wedding Park va a tener un gran futuro.
Shin Hye se ruborizó al oír aquello. Sobre todo, después de que Woo Duk hubiese vaticinado todo lo contrario: –Estás perdiendo el tiempo. No tienes nada de talento –le había dicho su padrastro.
Recordó dolida lo mucho que había disfrutado burlándose de sus sueños. Durante años, Shin Hye se había preguntado por qué no la quería su padre y se había sentido responsable de ello. En esos momentos, sabía que no había sido culpa suya. Ahora tener su propia empresa le daba seguridad.
Wedding Park era para ella más que un negocio: era lo más importante de su vida.
Sonrió a Yong Hwa.
–Espero que tengas razón. Estoy preparada para trabajar duro y para dedicar todo mi tiempo y energía a conseguir que Wedding Park tenga éxito.
Una expresión curiosa cruzó el rostro de Yong Hwa, pero desapareció antes de que a Shin Hye le diese tiempo a hacerse preguntas.
–En ese caso, será mejor que aprovechemos al máximo el tiempo que te queda en Cheongu, antes de que te marches a conquistar el mundo de la moda –le dijo en tono sensual, sonriéndole y acariciándole el brazo desnudo –¿Te duelen otra vez los hombros? Ella cerró los ojos y se relajó mientras Yong Hwa le daba un masaje en la base del cuello.
–Umm… qué bien. Estoy un poco tensa.
Él rio y la apoyó contra su cuerpo.
–Yo también, mi preciosa Shin Hye… y más que un poco.
–Sí… ya lo veo –respondió ella sin aliento.
El deseo corrió por sus venas. La ropa era una frustrante barrera y el corazón se le aceleró cuando Yong Hwa le bajó los tirantes de la camiseta para poder acariciarle los pechos desnudos.
–Yong Hwa, tengo que trabajar… –protestó.
Pero él ignoró la protesta y le acarició los senos.
Shin Hye sintió cómo el placer  se apoderaba de su cuerpo y no opuso resistencia cuando Yong Hwa la giró hacia él.
–Lo necesitas –le aseguró –Y yo también, Shin Hye.
La besó apasionadamente, haciendo que se olvidase de todo y que solo fuese consciente del olor de su loción y de la dulzura de sus besos.
¿Cómo iba a negar el deseo que sentía por él cuando la consumía y hacía que le temblasen las piernas? Yong Hwa la tomó en brazos y ella se apoyó en él  mientras la llevaba al dormitorio. «Solo una semana más», pensó, deseando que no pasasen los días ni las horas.
La tumbó en la cama y Shin Hye lo abrazó por el cuello para que se tumbase a su lado.
Yong Hwa dejó escapar una sonrisa mientras intentaba contener las ansias que sentía por aquella castaña frágil que se había convertido en una peligrosa adicción. Le encantaba verla impaciente, ver que no contenía la pasión, le encantaba oírla gritar de placer al quitarle las ropas. Explorarla hasta que Shin Hye se estremeciera, suplicándole en silencio que la llevase a aquel lugar mágico que era solo suyo.
Él supo que la echaría de menos. La idea le dio vueltas en la cabeza mientras se desnudaba sin apartar la vista de su cuerpo esbelto, iluminado por los rayos de sol que se filtraban a través de las persianas. Consideró un instante pedirle que se quedase un mes o dos con él, el tiempo necesario para cansarse de ella, cosa que terminaría ocurriendo antes o después, pero desechó la idea. Tendría que estar en Sudáfrica al menos un mes por motivos de trabajo y sabía que Shin Hye estaba impaciente por volver a Seúl, ya que tenía la esperanza de que aumentase su producción después de la boda de So Min.
Así que tenía otra semana para disfrutarla, y pretendía hacerlo. Se puso un preservativo y se colocó encima de ella. Su sonrisa le provocó una sensación extraña en el corazón, pero cuando la hizo suya, Yong Hwa dejó de pensar y solo fue consciente del placer que sentía al momento de poseerla.
***
La boda fue de cuento de hadas. No era posible describirla de otra manera, pensaba Shin Hye después.
So Min había estado impresionante con el vestido de novia y las damas de honor habían llevado unos preciosos vestidos de tafetán rosa claro.
Sung Hoon había estado muy guapo, y un poco nervioso, pero la expresión de su rostro al sonreír a su futura esposa había hecho que Shin Hye sintiese de repente un inexplicable anhelo. No era envidia, porque ella no quería casarse, pero sí deseaba ser amada como amaba Sung Hoon a So Min, y ser capaz de amar sin tener miedo a que le hiciesen daño o la rechazasen.
Impaciente, saltó de la cama, cerró la maleta y fue hasta la ventana. La luz del atardecer era tenue y dorada, y el limonero que había debajo hacía que subiese hasta allí el olor a limón. Se había enamorado de aquel lugar, pensó, suspirando: de la casa, de la isla… y de Yong Hwa. El corazón se le aceleró. Por supuesto que no se había enamorado de Yong Hwa, era solo que la idea de marcharse de la isla la ponía sentimental.
Él también iba a marcharse a Ciudad del Cabo. Su vuelo saldría de Busan una hora después de que ella se hubiese montado en el avión que la llevaría a Seúl.
Solo faltaban unos minutos para que ambos volasen juntos en helicóptero a  Busan.
Shin Hye volvió a pensar en la boda. Los invitados habían dado un grito ahogado al ver entrar a So Min en la iglesia, aunque ella había tenido la vista clavada en Yong Hwa, que acompañaba a su hermana hasta el altar.
Había sido como un padre para So Min y había asumido la responsabilidad de criarla después de la muerte de sus padres a pesar de su propia juventud.
La ceremonia había empezado y Shin Hye se había dedicado a observar su duro perfil. Su expresión había sido indescriptible, pero ella había sentido que estaba haciendo un esfuerzo por controlar sus emociones. Sin pensarlo, le había agarrado la mano para intentar comunicarle con actos en vez de con palabras que lo entendía y que sabía cómo se sentía.
Él se había puesto tenso unos segundos, y Shin Hye se había preparado para que la rechazase, pero entonces Yong Hwa le había apretado la mano con fuerza y la había mirado. Sus ojos habían brillado un instante y ella le había sonreído. En respuesta, Yong Hwa había vuelto a apretarle la mano y se la había tenido agarrada durante el resto de la ceremonia.
Shin Hye se obligó a volver al presente, se miró el reloj y vio que había llegado la hora de marcharse. El resto del día había sido frenético, con cuatrocientos invitados asistiendo a la recepción que se había celebrado en los jardines de Villa Esperanza. Yong Hwa había estado tan ocupado como anfitrión que casi no habían podido estar juntos. Y en esos momentos era demasiado tarde. Shin Hye notó cómo la presión que sentía en el pecho aumentaba al bajar con la maleta al recibidor principal.
–Eh, iba a ir a ayudarte justo ahora –comentó Chip, vestido con un impecable uniforme de mayordomo –El jefe te está esperando en la plataforma.
Tomó la maleta y bajó delante de ella las escaleras de la casa.
–Espero que vuelvas algún día de visita a Cheongu, Shin Hye –continuó –Tal vez Yong Hwa sea muy reservado con sus pensamientos, y a veces es difícil llegar a conocerlo, pero es un tipo estupendo. Uno de los mejores. Y sé que se va a sentir muy solo cuando So Min y tú se marchen.
–No creo que un guapo millonario esté solo mucho tiempo –respondió ella en tono frío. Sintiendo todavía más dolor al imaginárselo haciendo el amor con otra mujer –Apuesto a que tendrá cientos de novias.
Chip se encogió de hombros, pero no lo negó.
–A ninguna la ha traído a Cheongu –comentó –Salvo a ti.
Shin Hye se sonrojó. Era normal que Chip estuviese al tanto de su aventura con Yong Hwa. Debía de haberse dado cuenta de que, durante el último mes, no había dormido ni un solo día en su propia cama. Pero ¿qué importaba eso? Iba a marcharse y estaba segura de que Chip sabía tan bien como ella que no volvería a la isla. Las aventuras de Yong Hwa nunca duraban mucho.
Lo vio al lado del helicóptero e intentó grabar aquella imagen en su mente para siempre. Se había quitado el traje que había llevado en la boda y se había puesto un pantalón color beis y un polo negro, y parecía relajado. Estaba tan guapo que Shin Hye se sintió como si una flecha le hubiese traspasado el corazón.
–¿Ya está todo?
 Las gafas de sol le tapaban los ojos. Shin Hye deseó quitárselas para poder verlos por última vez, aunque luego se dijo que tal vez fuese mejor así, porque si la miraba a los ojos, vería las lágrimas que estaba luchando por no derramar.
–Sí, estoy preparada para marcharme –consiguió contestarle casi con alegría –So Min y Sung Hoon deben de estar ya de camino a las Maldivas. Qué lugar tan maravilloso para pasar una luna de miel.
Yong Hwa la ayudó a subir al helicóptero y ella se mordió el labio al aspirar el olor de su colonia mezclado con el de su piel. Tenía que seguir hablando si no quería perder la compostura y rogarle que le permitiese quedarse con él.
–Me ha llamado Jani,  –comentó animadamente –Dice que ya han aparecido fotografías del vestido de So Min en Internet, y que hemos recibido muchas solicitudes por correo electrónico.
–Bien –respondió Yong Hwa en tono cortante.
Tal y como lo había imaginado, Shin Hye estaba deseando volver a Seúl para ponerse a trabajar. Cuando la había visto acercarse a la plataforma de despegue, vestida con el mismo traje con el que había llegado a Oedo, había vuelto a sentirse tentado a pedirle que lo acompañase a Sudáfrica. En esos momentos se alegraba de haber dudado. Habría sido violento para ambos.
Seguro que no tardaba en olvidarse de ella, lo haría en cuanto se pusiese a trabajar en su nuevo proyecto en Ciudad del Cabo.
Cuando el helicóptero los dejó en el aeropuerto y se acercaron al mostrador de facturación, el número de vuelo de Shin Hye ya estaba reflejado en la pantalla y era hora de embarcar. Yong Hwa había estado encerrado en sí mismo desde que habían salido de Cheongu y, a juzgar por las llamadas de teléfono que había hecho, debía de estar ya centrado en sus negocios.
–Bueno… –dijo ella, sonriendo de oreja a oreja y con su orgullo impidiéndole derramar ni una lágrima –Supongo que ha llegado el momento de despedirse.
¿Qué otra cosa podía decirle? Habían sido amantes durante el último mes y, probablemente, aquella fuese la última vez que se viesen. Iba a echarlo mucho de menos.
–Si pasas alguna vez por  Seúl y ves una casa flotante llamada S-Sue, sube a saludar.
–¿Así se llama tu barco? –preguntó él.
–Le puso el nombre mi hermano –respondió ella, dolida al darse cuenta de que a Yong Hwa le daba igual que no fuesen a volverse a ver –Adiós, Yong Hwa.
–¿No pensarás que voy a dejarte marchar tan fácilmente, no? –le dijo él dedicándole una sensual sonrisa.
Shin Hye se puso a temblar al ver que le ponía sus manos en sus mejillas y le levantaba el rostro para que lo mirase. El roce de sus labios la transportó instantáneamente al cielo y separó los labios para que Yong Hwa profundizase el beso, pero él levantó la cabeza.
Shin Hye se sintió tan decepcionada que, por un momento, no pudo respirar.
Él le soltó y retrocedió. La miró y recordó los buenos momentos que habían pasado juntos. Habían compartido una pasión electrizante, pero habían tenido mucho más que eso. Había disfrutado estando con ella, llevándola en la moto, bañándose en el mar, y habían pasado horas y horas hablando, paseando en hermosos lugares de Busan tomados de la mano.
No había esperado que el adiós fuese tan duro, pero no tenía alternativa.
Él  no quería una relación y sabia que ella pensaba lo mismo.
Apretó la mandíbula y se obligó a darse la vuelta.
–Adiós, Shin Hye. Y buena suerte con Wedding Park. Y entonces se marchó, caminando entre la multitud, destacando por su porte. Shin Hye lo vio alejarse, deseó que se girase y le dijese adiós por última vez, pero no lo hizo.
Ella se quedó allí un rato después de que Yong Hwa hubiese desaparecido de su vista. Siempre había sabido que lo suyo era temporal. Y era lo mejor. No podría centrarse en su trabajo si tenía una relación con Yong Hwa. Cuando estaba en su compañía, solo podía pensar en él, y si quería perseguir su sueño de ser una gran diseñadora, no podía permitir que nadie la distrajese.

***
Tres semanas más tarde, Shin Hye miraba aturdida a su médico de cabecera.
–No puedo estar embarazada –le dijo con voz temblorosa.
–Según la prueba, debiste de concebir hace más o menos ocho semanas –le contestó la doctora – ¿Tal vez no tomaste precauciones en ese tiempo?
–Solo una vez –admitió ella, a pesar de saber que era suficiente–, pero tuve el periodo después.
Recordó lo aliviada que se había sentido. Era cierto que le había durado menos de lo normal, pero no le había extrañado, se había quedado tranquila al ver que la irresponsabilidad que había cometido con Yong Hwa no había tenido consecuencias.
Había ido al médico porque su hermano había insistido al verla siempre cansada desde que había vuelto de Busan. Shin Hye no había pensado que le pasase nada. Era normal que estuviese cansada, con todo lo que estaba trabajando.
–Algunas mujeres sangran durante los primeros meses del embarazo –le explicó la doctora – pero no es un periodo como tal y suele acabarse cuando el embarazo avanza. Y no todas las mujeres ovulan a la mitad del ciclo. Algunas lo hacen antes y otras, como debe de haber sido tu caso, después.
***
–Se lo tienes que decir a Yong Hwa –le dijo su hermano cuando le contó la noticia –Es el padre del bebé y tiene la obligación de ayudarte, al menos, económicamente. Además, se lo puede permitir. Tú no puedes criar al niño sola. ¿Cómo vas a trabajar teniendo que ocuparte de él? ¿Y dónde vas a vivir? Me temo que la casa flotante  no es lugar para un bebé.
–No me estás contando nada que no me haya dicho yo ya al menos cien veces –replicó Shin Hye, abrazándose como para protegerse de aquella pesadilla.
Seguía sin creérselo. Estaba esperando un hijo de Yong Hwa. Era una locura, pero tal y como le había confirmado su médico, era real.
–No sé qué hacer –admitió con voz temblorosa.
No tenía ni idea de cómo reaccionaría Yong Hwa cuando le diese la noticia. Parecía haberse sentido aliviado cuando le había informado de que tenía el periodo, así que seguro que se sorprendía tanto como ella.
–No tienes por qué seguir adelante, Shin Hye –le dijo Shin Woo con cautela, evitando su mirada– Yo te apoyaré tomes la decisión que tomes.
A ella se le hizo un nudo en la garganta. La lealtad de su hermano le importaba mucho, pero tenía que enfrentarse a la realidad. Estaba esperando un bebé.
Una vida nueva estaba creciendo en su interior y dependía completamente de ella para sobrevivir.
–Si mamá hubiese terminado con su embarazo no planeado hace veintiséis años, yo no estaría aquí –le contestó–. No puedo hacer pagar al bebé mi error.
–También es el error de Jung –le recordó Shin Woo.
–¿Y si se lo cuento y acepta la responsabilidad, pero odia al niño, como Woo Duk me odió a mí? –inquirió Shin Hye.
–Esto es distinto. Woo Duk no es tu padre biológico y tu presencia le recordaba que mamá le había sido infiel.
No fue culpa tuya, pero él lo pagaba contigo –murmuró Shin Woo–, pero tú sí estás embarazada de Jung Yong Hwa.
Ella se preguntó cómo iba a ocultar la existencia del niño a su padre. Ella no sabía quién era su padre y siempre tendría un vacío. ¿Cómo iba a hacerle lo mismo a su bebé? –Tengo que marcharme –le dijo Shin Woo, interrumpiendo sus pensamientos –Estaré fuera un par de días.
Se colgó la mochila a los hombros y salió del barco.
Luego, se giró a mirarla e insistió: –Tienes que decírselo.
–Lo sé –respondió Shin Hye, sabiendo que su hermano tenía razón.
Por el bien del bebé, tenía la obligación de contarle a Yong Hwa que iba a tener un hijo suyo.
Pero encontrar el valor necesario para informar a Yong Hwa de su embarazo era otra cosa. En varias ocasiones había marcado su número de teléfono móvil, pero no había llegado a realizar la llamada. Sabía que seguía en Sudáfrica, así que decidió esperar a hacerse la primera ecografía para contárselo, de ese modo ya sabría la fecha prevista del nacimiento.
El día que tenía cita en el hospital, tuvo que pelearse para cerrar la cremallera de un vestido que le había quedado perfecto solo unas semanas antes. Le quedaba ajustado en la zona del busto y de las caderas y al mirarse de perfil en el espejo vio su estómago plano  que pronto empezaría  a redondearse. De repente, sintió pánico y los ojos se le llenaron de lágrimas. No quería que su vida cambiase de manera irrevocable y, sobre todo, no quería sacrificar su sueño de tener éxito con Wedding Park.
Oyó pasos en el muelle y supo que Shin Woo había llegado de su viaje. Se limpió las lágrimas, se puso un pendiente y apretó los dientes cuando el otro se le cayó debajo de la mesa.
–Supongo que la descripción que un agente inmobiliario haría de una casa flotante sería «acogedora y compacta».
Shin Hye estaba agachada cuando oyó aquella voz que conocía muy bien, pero que no pertenecía a su hermano. Levantó la cabeza y se dio un golpe contra la mesa.
–¡Cielos! Ten cuidado. ¿Qué estás haciendo ahí abajo? Unas manos fuertes la agarraron y la levantaron con cuidado.
Shin Hye observó con incredulidad el bello rostro de Yong Hwa y se mareó de tal manera que tuvo que aferrarse a la mesa.
–¿Qué… qué estás haciendo aquí? –preguntó en un susurro– ¿Te ha llamado Shin Woo? 
Yong Hwa frunció el ceño.
–¿Por qué iba a llamarme tu hermano?
 –No… no sé –respondió ella, poniéndose las manos en las sienes –No puedo pensar con claridad. Me sorprende tanto verte. ¿Por qué has venido, Yong Hwa?  



Anterior         Siguiente


7 comentarios:

  1. gracias unni por este capitulo esta de infarto, publica el siguiente si y no demores mucho, me da stres cuando entro todos los días y veo que no has publicado, se te agradece.

    ResponderEliminar
  2. :O Yong fue a verla !!!!seguro la extrañaba mucho ...Shinni le dira del embarazo??' owww que lindo un mini Yong !!!
    Unnie actuiza pronto porfis porfis

    ResponderEliminar
  3. Omg lo adore esta embarazada ojala y se lo diga..... unnie porfavor actualiza pronto

    ResponderEliminar
  4. Waoooooo baby (yongshin) uuuu hermoso

    ResponderEliminar
  5. Qué ???? !!!!!!!!!!!!!!!!! ay Dios como pasaron tantas cosas OMO !!!!! cada vez se pone mejor mucho mejor !!!!! unnie gracias por la actualización esta SUPER !!!!!

    ResponderEliminar
  6. wooo me encontre esta historia buscando en google historias yongshin y me encantaron todos los caps me lei todos hoy mismo y ya quiero leer el 8 me atrapo la historia esta muy linda espero que actualizes pronto oww sera que shin le cuente la verdad :3 yong fue a verla

    ResponderEliminar