miércoles, 29 de octubre de 2014

PLAN IMPERFECTO - CAPITULO 3

         
  –Aquí está la información que querías sobre ese tal Jae Rim.
  Shin Hye miró a Min Rae, la recepcionista del taller, y tomó la tarjeta que había dejado en el escritorio.
  –¿Vive en Samseong? Una de las zonas más exclusivas de Seúl.
  –¿Te sorprende? Mira cómo viste y el coche que conduce.
  Shin Hye asintió con la cabeza.
  –Tiene veintiocho años, como Yong Hwa. Y, según tus pesquisas, no mantiene ninguna relación seria en este momento.
  –También como Yong Hwa.
  Shin Hye miró a Min Rae, que intentaba disimular una sonrisa.
  –Pues sí, como Yong Hwa.
  –Ahora que lo pienso, hay muchas cosas en ese tipo que me recuerdan a Yong Hwa. ¿Hay alguna razón?
  Min Rae era demasiado lista.
  –¿Tú qué crees?
  –¿De verdad quieres que te diga lo que creo, Park Shin Hye?
  Shin Hye se aclaró la garganta. Cada vez que Min Rae la llamaba por su nombre completo, era hora de «decir lo que pensaba». Y no le apetecía nada escucharlo.
  –¿No tienes que atender al teléfono?
  –No te pongas en plan jefa, jovencita. Es mi hora del almuerzo y tengo derecho a descansar un rato.
  –Pero yo estoy trabajando. Si no te importa...
  –Sí me importa –la interrumpió Min Rae, apoyando la cadera en el escritorio–Y la razón por la que me importa es porque creo que estás cometiendo un error.
  Sabiendo que no podría seguir trabajando hasta que la recepcionista dijera lo que tenía que decir, Shin Hye tiró el bolígrafo sobre la mesa y se arrellanó en el sillón.
  –Muy bien, di lo que sea.
  Min Rae se había casado dos veces. Enviudó de su primer marido a los veintiocho años y, según ella, su segundo matrimonio fue un error porque había intentado reemplazar a un hombre irremplazable.
  –Te has enamorado de Yong Hwa –anunció la recepcionista, mirándola a los ojos.
  Shin Hye se alegró de estar sentada; se habría caído al suelo. Estaba completamente segura de haber disimulado bien sus sentimientos... ¿cómo era posible que Min Rae lo hubiera descubierto? Aunque su padre solía decir que tenía un sexto sentido para las cosas que no eran asunto suyo.
  –Admítelo –insistió Min Rae.
  Shin Hye tomó el bolígrafo que había tirado sobre la mesa y fingió anotar algo en un documento.
  –No voy a admitir nada, no digas bobadas.
  –No son bobadas. Tú sabes que soy muy observadora, y deberías saber que nunca se me escapa nada.
  –¿Y qué crees que no se te ha escapado?
  Min Rae esbozó una sonrisa.
  –Cómo miras a Yong Hwa cuando crees que él no se da cuenta. Cómo sonríes cuando aparece en el taller o te llama por teléfono. Lo emocionada que estabas por ir a su cabaña con él... era como si llevaras dos años sin verlo.
  –Esas son pruebas circunstanciales.
  –Sí, pero de pronto decides hacer averiguaciones sobre un tipo      que tiene similitudes con Yong Hwa. Para mí, esa es una señal bien clara.
  Shin Hye se mordió los labios.
  –Haces que parezca un poco patética.
  Min Rae negó con la cabeza.
  –Nada de patética, solo confundida.
  Shin Hye se levantó para acercarse a la ventana. Hacía un día precioso, pero solo había que mirar el cielo para saber que el invierno llegaría temprano. Y sería muy frío, además.
  Se volvió y, como esperaba, encontró a Min Rae apoyada en su escritorio, de brazos cruzados.
  –Digamos que tu teoría es cierta. No digo que lo sea, solo es hablar por hablar. ¿Qué hay de malo en buscar algo seguro en lugar de seguir colgada de una causa perdida?
  –¿Por qué crees que Yong Hwa es una causa perdida?
  Shin Hye lo pensó un momento antes de responder:
  –Solo es una causa perdida en lo que se refiere a mí. Lo conozco, es mi mejor amigo y solo puede ser eso. No tiene sentido perder el tiempo queriendo algo más, y tengo un plan que podría funcionar.
  –¿Song Jae Rim?
  –Así es. Jae Rim es justo lo que necesito.
  Para alejarse de Yong Hwa.
  –¿Y si no saliera bien?
  Shin Hye sonrió.
  –Saldrá bien. He aprendido del mejor.
  Min Rae la miró en silencio unos segundos.
  –Por favor, dime que no piensas hacer lo que creo que vas a hacer.
  –Muy bien, no te lo diré.
  –No saldrá bien, cariño. Cuando un hombre te ha robado el corazón, no se puede reemplazar por otro. Te lo digo por experiencia.
  Shin Hye vio a Min Rae salir del despacho, en silencio. Un día tenía que preguntarle qué había pasado con su segundo marido. ¿Por qué había sido tan difícil enamorarse de un hombre bueno?
  Estaba segura de que no sería tan difícil para ella trasladar su afecto de Yong Hwa a Jae Rim. Después de todo, ella no había estado casada con Yong Hwa y enamorarse de otro hombre no podía ser tan difícil.
  En cierto modo, estaba deseando ir al Punch Bowl el sábado. Por lo que Min Rae acababa de decirle, allí era donde Jae Rim solía ir los fines de semana. Ese lugar tenía música en vivo y era un buen sitio para bailar y conocer gente.
  Y eso era lo que ella iba a hacer.
 
***         
  –Esto debe ser serio –Min Hyuk abrió la puerta de su casa y Yong Hwa entró sin esperar invitación.
  –¿Por qué dices eso?
  Su primo se encogió de hombros.
  –No recuerdo la última vez que viniste a visitarme.
  –Porque tenías una invitada y no quería molestar, pero me han dicho que ya se ha ido –Yong Hwa hablaba de la mujer con la que Min Hyuk iba a casarse, algo que aún seguía sorprendiéndolo.
  –Han Ji Min ha tenido que volver a casa, pero se instalará aquí el mes que viene.
  –¿Crees que aguantarás hasta entonces?
  Min Hyuk esbozó una sonrisa.
  –No lo sé. Volverá para la boda de Dong Wook, pasaremos el día del Chuseok con sus padres y nos casaremos el día de Navidad.
  –Parece que lo tienes todo bien planeado –dijo Yong Hwa, dejándose caer en el sofá.
  –Así es. Bueno, ¿qué te trae por aquí?
  Min Hyuk, quien tenía casi  la misma edad de Yong Hwa, tenía fama de conocer bien a las mujeres. Antes de comprometerse con Han Ji Min había sido un experto en el tema, y ese conocimiento no se habría disipado con el compromiso.
  –Shin Hye.
  Su primo enarcó una ceja.
  –¿Qué pasa con Shin Hye?
  Yong Hwa dejó escapar un largo suspiro.
  –Me ha pedido un favor.
  –¿Qué clase de favor?
  –Quería saber cómo llamar la atención de un hombre. Por lo visto, hay un tipo que le gusta y quiere que le diga qué debe hacer para estimular su interés.
  Min Hyuk asintió con la cabeza.
  –Ah, ya veo.
  Yong Hwa frunció el ceño.
  –Pues yo no.
  –No, claro, es normal.
  –¿Qué quieres decir con eso?
  Min Hyuk esbozó una sonrisa.
  –Significa que Shin Hye es tu mejor amiga y para ti es importante.
  –Pues claro que es importante. ¿Pero por qué tiene que hacer un esfuerzo para gustarle a un hombre? Si es tonto y no le gusta Shin Hye, ¿por qué quiere ella presionarlo?
  –Porque quiere gustarle. No hay nada malo en eso.
  A Yong Hwa le parecía que sí había algo de malo en eso.
  –Bueno, ¿y qué le has dicho? –preguntó Min Hyuk.
  –Al principio no la tomé en serio y se enfadó, así que le aconsejé que se pusiera vestidos. Shin Hye tiene unas piernas preciosas y debería enseñarlas más a menudo. También le dije que se dejara el pelo suelto... tiene un pelo muy bonito, largo y sedoso.
  Su primo asintió con la cabeza.
  –¿Alguna cosa más?
  –Le dije que, después del cambio de imagen, debería averiguar dónde solía ir ese tipo, aparecer allí e impresionarlo con una nueva Shin Hye. Y que si decidía hacerlo, yo iría con ella.
  –¿Por qué?
  Yong Hwa frunció el ceño, desconcertado.
  –¿Cómo que por qué?
  –¿Por qué crees que debes acompañarla?
  –Porque no conozco a ese tipo –respondió él, a la defensiva– Shin Hye no quiere decirme su nombre ni contarme nada de él, aparte de que lleva su coche al taller.
  –Eso es todo lo que necesitas saber. De hecho, más de lo que deberías saber. Shin Hye es una adulta y sabe cuidar de sí misma.
  –Eso depende. El tipo podría ser un canalla.
  –Estamos hablando de Shin Hye, Yong Hwa. La mujer que donde pone el ojo pone la bala, la misma mujer que es cinturón negro de karate. Los dos sabemos que puede cuidar de sí misma, de modo que debe ser otra cosa lo que te preocupa. ¿Qué es?
  Yong Hwa miró el suelo.
  –Nada –murmuró.
  –No has venido aquí para verme la cara, así que tiene que ser algo. Vamos, cuéntamelo. Solo podré ayudarte si lo haces.
  Él se quedó un momento pensativo.
  –Es que tengo miedo –dijo por fin.
  –¿Miedo de qué?
  –De perder a mi mejor amiga. ¿Y si empieza a salir en serio con ese tipo y él no quiere que sigamos siendo tan amigos? Tú mismo has dicho muchas veces que no te gustaría que una novia tuya tuviese la relación que tenemos Shin Hye y yo.
  –No vas a perderla –dijo Min Hyuk.
  –No puedo estar seguro de eso y no quiero arriesgarme.
  –Pues tendrás que confiar en su buen juicio.
  –Confío en el de ella, pero no en el de ese extraño.
  Min Hyuk puso los ojos en blanco.
  –Pero si no lo conoces.
  –Por eso. Tengo que averiguar quién es.
  –Creo que te estás equivocando.
  –Pues yo no –dijo Yong Hwa, levantándose–Adiós, Min Hyuk. Me has ayudado mucho.
  –Sugiero que examines tus sentimientos por Shin Hye –insistió su primo. Pero Yong Hwa ya había salido dando un portazo.
 
***         
  Al día siguiente, Shin Hye salió a la galería de su casa y respiró profundamente para llenarse los pulmones de aire fresco. Se había hecho una coleta antes de ponerse una gorra, de su equipo de beisbol favorito, pero en lugar del atuendo habitual, vaqueros y camiseta, llevaba una blusa azul, un pantalón de pana negro y un abrigo porque las noches empezaban a ser frías.
  Se volvió al escuchar un ruido y, al ver al hombre que subía los escalones, el corazón se le aceleró. Era Yong Hwa, con vaqueros y camisa azul.
  «Es demasiado guapo».
  –Llegas muy puntual –le dijo, mirando el reloj.
  –¿No lo hago siempre? –bromeó Yong Hwa, mirando alrededor– ¿Esperas aquí a todas tus citas?
  Shin Hye se ajustó la gorra.
  –Esto no es una cita. Vamos, la película empieza en veinte minutos.
  –¿Por qué tanta prisa? No hay mucho tráfico.
  –No quiero perderme el principio.
  Cuando estaba con Yong Hwa se sentía feliz, pero estaba segura de que se le pasaría en cuanto conociese a Jae Rim un poco mejor. Y hablando de Jae Rim...
  –Voy a hacerme el cambio de imagen este fin de semana –le dijo en cuanto subió al coche.
  Yong Hwa la miró mientras se abrochaba el cinturón de seguridad.
  –¿Por qué?
  Shin Hye esbozó una sonrisa.
  –He descubierto dónde suele ir los fines de semana.
  –¿Dónde suele ir?
  –Te lo diré si prometes no aparecer por allí.
  –No voy a hacer ninguna promesa.
  Ella puso los ojos en blanco.
  –¿Por qué te pones así? ¿Aparezco yo en algún sitio si sé que vas a llevar a una chica?
  –No, pero yo no te he pedido consejo para atraer a nadie –respondió Yong Hwa, mientras arrancaba– Además, solo quiero comprobar que se muestra respetuoso contigo.
  –Sé cuidar de mí misma. Si consigo llamar su atención, charlaremos un rato, escucharemos un poco de música, bailaremos... no creo que sea tan difícil saber si está interesado.
  –Pero estará interesado solo por tu aspecto.
  –Puedo soportarlo, no te preocupes.
  –Entonces ¿de verdad vas a hacerlo?
  –Pensé que lo había dejado claro –dijo Shin Hye.
  Y no entendía por qué actuaba como si fuera su hermano mayor.
  Un par de horas después, Yong Hwa no parecía estar de buen humor. La película era buena, pero cada vez que lo miraba tenía el ceño fruncido.
  –Se te va a quedar una marca entre las cejas si sigues así –bromeó Shin Hye mientras salían del cine.
  –Muy graciosa.
  –Venir al cine ha sido idea tuya, pero no parece que lo hayas pasado bien.
  –Me ha gustado la película... y tu compañía.
  Shin Hye no estaba convencida.
  –Es temprano –le dijo, mirando el reloj–¿Quieres que vayamos a tomar un café?
  –Muy bien.
  Al menos no tenía prisa por irse a casa, pensó ella.
  –Le he preguntado a Da Yeon por su estilista y me ha dicho que llame a Tae Hee porque el suyo es mejor. Espero que ella pueda recomendarme a alguien para el cambio de imagen, porque siempre está guapísima. De hecho, todas tus cuñadas son muy guapas.
  Tae Hee, que estaba casada con Dong Gun, el mayor de los Jung, había sido una reconocida actriz en Japón, pero lo había dejado todo para volver a Seúl. Fue allí donde conoció a Dong Gun.
  –¿Y si te dijera que me gustas tal y como estás? –la voz de Yong Hwa le interrumpió los pensamientos.
  –Muchas gracias, pero tú eres mi mejor amigo y tu opinión no cuenta. Además, no estoy intentando impresionarte a ti. Aunque, siendo un experto en la materia, agradezco tus consejos –respondió Shin Hye–Espero que Tae Hee me ponga en contacto con alguien que pueda hacer milagros.
  Yong Hwa siguió mirando la carretera, en silencio, pero parecía estar apretando los dientes.
  ¿Le disgustaba que saliera con otro hombre?
  Cuando detuvo el coche en el aparcamiento de la cafetería, Shin Hye se volvió para mirarlo.
  –¿Qué te pasa? ¿Por qué no te gusta que intente salir si tú lo haces todo el tiempo?
  Él tardó unos segundos en responder:
  –¿Es malo que quiera protegerte?
  Shin Hye respiró profundamente. Lo que Yong Hwa no sabía era que ella estaba intentando protegerlo, pero de ella misma. Si supiera que estaba enamorada de él, probablemente saldría corriendo.
  –Es malo porque yo no quiero que me protejas –respondió– Pareces mi padre. No, eres peor que mi padre porque él me dejaba hacer las cosas a mi manera. De hecho, me decía que debería salir más, arreglarme, conocer chicos. No tenía miedo porque sabía que podía cuidar de mí misma. ¿Por qué no lo crees tú?
  –No es eso.
  Shin Hye enarcó una ceja.
  –¿Entonces qué es?
  Yong Hwa frunció el ceño. No sabía cómo explicarle lo que sentía sin parecer egoísta. ¿Iba a negarle una oportunidad de ser feliz solo porque no quería perderla?
  –Nada, es que estoy de mal humor. Perdona.
  –¿Por qué estás de mal humor?
  Él se encogió de hombros.
  –Tengo mucho trabajo y muy poco tiempo –respondió.
  Al ver un brillo de simpatía en los ojos de Shin Hye se sintió como un canalla por no contarle la verdad.
  –No te preocupes –dijo ella, dándole una palmadita en la mano– Puedes hacerlo. Tú eres muy inteligente y muy trabajador. Y tienes una buena cabeza encima de los hombros.
  Yong Hwa no dijo nada. Shin Hye siempre había creído en él, incluso en los peores momentos. Como, por ejemplo, cuando quería jugar al baloncesto en el instituto pero para hacerlo necesitaba sacar mejores notas. Shin Hye, que había sido su tutora, lo animaba diciéndole esas mismas cosas... y cielos, siempre la había creído.
  –Gracias.
  Era una bendición tener una amiga como ella. Mucha gente encontraba extraña esa amistad suya y algunos, como su prima So Min y los mellizos, pensaban que tarde o temprano serían algo más que amigos. Aunque él les había dicho más de mil veces que no veía a Shin Hye de esa forma, que era su mejor amiga y nada más. Se negaba a pensar que eso había cambiado.
  –¿Vamos dentro? –le preguntó.
  –Me vendrá bien un café porque tengo que hacer inventario. No sé qué pasa, últimamente nos quedamos sin repuestos antes de lo previsto.
  –Seguro que descubrirás cuál es el problema –dijo él mientras salía del coche–. Siempre lo haces.
  –Gracias por el voto de confianza.
  –De nada.
  Yong Hwa le tomó la mano, ya era una costumbre, y solo entonces se le ocurrió pensar cuánto le gustaba ir de la mano con Shin Hye.
 
  ***
  –Gracias por la película y por el café.
  –De nada –dijo Yong Hwa, entrando en la casa tras ella. Siempre que salían juntos la acompañaba a casa a comprobar que todo estaba bien.
  Después de explicarle la razón de su mal humor, su actitud había mejorado bastante y, mientras tomaban café, había bromeado sobre Min Hwan y Joon Hoon y sus planes de futuro.
  También habían hablado del ajetreo en la familia Jung con tantas bodas y compromisos. Yong Hwa pensaba que era divertido que algunos de sus hermanos y primos pensaran que él sería el siguiente.
  –Al parecer todo está bien –anunció, saliendo de la cocina.
  –Porque tú asustas a todos– se quitó la gorra, dejando que el pelo le cayera por los hombros. Tal vez el estilista sugeriría que se lo cortase, pero si de ese modo Song Jae Rim se fijaba en ella...
  Shin Hye dio un respingo al notar la mano de Yong Hwa en su pelo. No lo había oído cruzar la habitación.
  –Me encanta tu pelo –dijo él, pasando los dedos por un suave mechón– Dime que no te lo vas a cortar nunca.
  –No puedo. El estilista podría sugerir que me lo cortase.
  –¿En serio?
  –Me apoyas en esto, ¿no? –le preguntó Shin Hye, intentando parecer despreocupada. ¿Por qué tenía que oler tan bien?
  Yong Hwa siguió acariciándole el pelo y ella tragó saliva. Cuando era más joven solía deshacerle las coletas y la ayudaba a cepillarlo cuando iban a la cabaña.
  Shin Hye se aclaró la garganta.
  –Si piensas ir a la oficina temprano lo mejor será que te vayas a dormir. Yo aún tengo que hacer inventario.
  –Sí, tienes razón –asintió él, mirando el reloj–Se está haciendo tarde.
  –Sí, es verdad.
  ¿Era su imaginación o la voz de Yong Hwa sonaba más ronca de lo habitual? Seguía ahí, a su lado, tocándole el pelo. ¿Se había acercado ella sin darse cuenta?
  Y entonces, de repente, Yong Hwa empezó a inclinar la cabeza...
  Shin Hye levantó la cara, sintiendo que se le doblaban las rodillas al notar el roce de sus labios. Pensando que estaba a punto de perder el equilibrio, Yong Hwa la envolvió en sus brazos y, sin pensar, Shin Hye se agarró a sus hombros. Una vocecita en su cerebro le decía: «Yong Hwa es mi mejor amigo y no deberíamos hacer esto».
  Pero Shin Hye ignoró esas voces, dejándose llevar.
  Y entonces él hizo algo que la dejó inmóvil: abrió sus labios literalmente devorándola. Nunca la habían besado así. Bueno, en realidad nunca la habían besado de verdad. El beso húmedo e inexperto de su primer novio en el instituto, antes de que Yong Hwa le diese una patada, no era nada comparado con aquello.
  Era la clase de beso que describían en las novelas románticas, un beso que te dejaba sin fuerzas. Shin Hye no podía dejar de preguntarse si estaba poniéndola a prueba. Yong Hwa sabía que era inexperta en lo que se refería a los hombres... ¿la estaría besando para comprobar si sabía besar o no?
  No era mala idea. De ese modo podría aconsejarla para no meter la pata con Jae Rim. Sí, tenía que ser eso. Esa tenía que ser la razón por la que estaba besándola. Y en ese caso...
  Shin Hye le echó los brazos al cuello. No sabía que un beso pudiera ser tan intenso. Hacía que el pulso se le acelerase y sentía un cosquilleo en el vientre...
  Decir que había vivido muy protegida sería decir poco, pero había sido decisión propia. En lugar de estudiar en otra ciudad, se había quedado en Seul, viviendo en casa en lugar de hacerlo en el campus de la universidad. Su padre había intentado convencerla para que se fuera porque, según él, tenía que vivir un poco, pero ella lo había convencido de que era feliz en casa.
  No tenía experiencia con los hombres y que el primer beso se lo diese Yong Hwa era algo inesperado y abrumador.
  ¿Por qué sentía escalofríos?
  La necesidad de respirar hizo que se apartasen.
  –Vaya –murmuró él, después de aclararse la garganta.
  Shin Hye lo miró a los ojos.
  –Bueno, ¿cómo lo he hecho?
  Yong Hwa enarcó una ceja.
  –¿Perdona?
  –¿Cómo lo he hecho? Estabas poniéndome a prueba, ¿no?
  Él sacudió la cabeza.
  –¿Poniéndote a prueba?
  –Claro. Tú sabes mejor que nadie que no tengo experiencia y supongo que no quieres que lo haga mal cuando Jae Rim me bese. ¿Qué tal lo he hecho?
  –¿Jae Rim?
  Shin Hye se dio cuenta de que se le había escapado el nombre. Pero debía haber miles de Jae Rim en Seul.
  –Dime qué tal lo he hecho.
  Él la miró, en silencio.
  –Un poco de práctica no te vendría mal –respondió por fin.
  –Ah –murmuró ella, decepcionada.
  –Pero me ha sorprendido. Lo has hecho mejor de lo que yo esperaba.
  –¿De verdad?
  –Sí.
  Shin Hye esbozó una sonrisa, pasando de la decepción a la alegría en menos de un segundo.
  –Gracias. Por un momento me tenías preocupada.
  –No debes preocuparte. Con un poco más de práctica lo harás estupendamente. Y ahora, sobre ese Jae Rim...
  Si pensaba que iba a contarle algo más, estaba muy equivocado.
  –No me preguntes nada más, no voy a responder. Volvamos a hablar del beso.
  Yong Hwa cruzó los brazos sobre el pecho.
  –¿Qué pasa con el beso? He dicho que no estaba mal.
  –También has dicho que con un poco de práctica lo haría mejor, y quiero hacerlo mejor, así que tienes que enseñarme.
  –¿Para ese tal Jae Rim?
  –Pues sí, para ese tal Jae Rim.
  –En otras palabras, quieres aprender a besar para impresionar a un hombre al que ni siquiera conoces.
  Ella asintió con la cabeza.
  –Sí.
  Yong Hwa se quedó callado un momento y Shin Hye tuvo que hacer un esfuerzo para no temblar bajo su penetrante mirada.
  –¿Me ayudarás o no?
  –Me lo pensaré –respondió él– Bueno, acompáñame a la puerta, me voy.
  –¿Cuándo me darás una respuesta? No tengo mucho tiempo.
  –Pronto. No te acuestes muy tarde.



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4 comentarios:

  1. Shin Hye es tonta, no se da cuenta de que él está enamorado de ella, bueno ni él se ha dado cuenta, jajaja, está super, unnie porfis publica pronto. muaxx

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  2. Wow que capitulo me encanta este Fanfics siganlo pot favor

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  3. Yong como es tan sacrificado le enseñana.............ahhhhhhh actuliza pronto porfis unnie

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  4. woowwww.......... xfa actualiza pronto ya quiero ver como la van a hacer.......xfa unnie no seas mala

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