jueves, 23 de octubre de 2014

PLAN IMPERFECTO - CAPITULO 2

            
            Yong Hwa levantó la mirada al escuchar un golpecito en la puerta del despacho.
            –Entra.
            Era Dong Gun, su hermano mayor y presidente de la empresa Blue RidgeManagement, una firma que había pertenecido a la familia más de cuarenta años. Dong Gun era el jefe; su hermano Dong Wook, el siguiente en la cadena de mando; y Yong Hwa y Jong Hyun, los abogados de la empresa. Su primo Joon Hoon empezaría a trabajar allí en unos meses como ingeniero de proyectos.
            Dong Gun entró en el despacho y cerró la puerta tras él. Yong Hwa había visto esa expresión otras veces, y normalmente significaba que había problemas.
            –¿Alguna razón para tu mal humor? –le preguntó su hermano– He oído que perdiste un torneo con Shin Hye, pero, por favor, dime que no es eso lo que te tiene tan enfadado: Shin Hye no solo lo sabe todo sobre coches, además, cinturón negro de karate y campeona de tiro con arco. Lleva años dejándote en la sombra.
            Yong Hwa tiró un clip encima de la mesa.
            –Conozco muy bien las habilidades de Shin Hye y esa no es la razón de mi enfado.
            –¿Entonces?
            –Mientras estábamos en la cabaña, me contó que tiene un objetivo... y no es ganar un torneo sino un hombre.
            –¿Perdona?
            –Lo que he dicho. Así que tal vez sea un mal perdedor. Shin Hye ha sido mi mejor amiga muchos años y no quiero perderla.
            Dong Gun se sentó frente al escritorio y estiró las piernas.
            –Creo que deberías empezar por el principio.
            Y eso hizo Yong Hwa. Su hermano escuchó atentamente y, cuando terminó, comentó:
            –Creo que te estás dejando llevar. Shin Hye es y ha sido siempre tu mejor amiga. No creo que haya un hombre en la tierra que pueda interponerse entre ustedes. Además, dice mucho que te haya pedido consejo precisamente a ti. Eso indica que confía en tu buen juicio. Y en cuanto a tu mal humor, ya conoces las reglas: nadie puede traer problemas personales a la oficina. Jong Hyun acaba de regresar de su luna de miel y está de buen humor, aunque en su caso es comprensible. Y, sin embargo, tú te has lanzado a su yugular cada vez que aportaba alguna idea en la reunión. Les debes a todos, y especialmente a Jong Hyun, una disculpa, y espero que lo hagas.
            Su hermano se dirigió a la puerta, pero Yong Hwa lo detuvo antes de que saliera.
            –Gracias por leerme la cartilla. Siento haberme portado así.
            Dong Gun asintió con la cabeza.
            –Acepto la disculpa, pero que no vuelva a pasar –le dijo, antes de salir del despacho.
            Yong Hwa se pasó una mano por la cara. No le gustaba discutir con Dong Gun. Cuando sus padres y sus tíos murieron en un accidente de avión veinte años antes, Dong Gun habían tenido que hacerse cargo de la familia. Y no fue nada fácil, porque varios de ellos eran menores de edad.
            Habían hecho muchos sacrificios para sacar a la familia adelante, hasta pelearse con los servicios sociales, que querían llevarlos a una casa de acogida. Esa era la razón por la que merecían su admiración y respeto. Y hasta el presente, Dong Gun seguía haciendo todo lo posible para mantener unida a la familia.
            La familia de Yong Hwa  en Seúl eran catorce. Sus padres habían tenido seis hijos: Dong Gun, Mic Ha, Ja Song, Dong Wook, Jong Hyun y él. El tío Seong Ho y su esposa habían tenido siete hijos; cinco chicos: Yoo Suk, Min Hyuk, Sung Hoon y los mellizos Min Hwan y Joon Hoon; y tres chicas: Da Yeon, Gemma y So Min.
            En los últimos años, todos los Jung se habían casado salvo los mellizos, So Min y él. En junio, Da Yeon se había casado con Jin Woo, un investigador privado. Jong Hyun se había casado con Bae Su Ji, hacía solo un mes; y Dong Wook y su prometida, Da Hae, se casarían a finales de mes. Seguía siendo una sorpresa para todos que su primo Min Hyuk, que una vez había jurado ser soltero toda la vida, fuera a casarse con su prometida, Han Ji Min, en Navidad.
            Yong Hwa tiró otro clip sobre la mesa antes de tomar el teléfono para marcar la extensión de Jong Hyun.
            –¿Sí?
            –Llamo para disculparme por actuar como un idiota en la reunión.
            –Hacía años que no discutíamos. ¿Qué te pasa? Me voy de luna de miel y cuando vuelvo, no eres tú. ¿Qué ha pasado con Shin Hye?
            En lugar de responder, Yong Hwa dijo:
            –Vamos a comer juntos. Llamaré a Dong Wook para que venga también. Invito yo.
            –¿Y Dong Gun?
            –No hace falta. Dong Gun acaba de irse echando humo por las orejas, así que ya me ha puesto en mi sitio.
            Jong Hyun lanzó un silbido.
            –Me alegro de que hayas sido tú y no yo.
           
            ***
            –Shin Hye, necesitamos neumáticos para un BMW y no creo que los tengamos en el almacén.
            Shin Hye levantó la mirada del ordenador y sonrió al hombre que acababa de asomar la cabeza en su despacho. Woo Duk llevaba cuarenta años trabajando en el taller, primero para su padre y luego para ella. Estaba a punto de retirarse cuando su padre murió y se había quedado esos dos últimos años para ayudarla. Aunque había enseñado a varios mecánicos, ninguno podría ocupar su sitio.
            –Ningún problema –le dijo–. Voy a buscarlos ahora mismo.
            Woo Duk entró en la oficina.
            –Esta mañana estábamos hasta arriba de trabajo y no he podido preguntarte qué tal el fin de semana.
            Shin Hye se echó hacia atrás en la silla, sonriendo.
            –Le gane a Yong Hwa en una competencia de tiro al blanco.
            –Me alegro mucho. Yong Hwa no se habrá enfadado, ¿verdad?
            Shin Hye soltó una risita.
            –Un poquito, pero se le pasará.
            El último día habían dejado las armas deportivas para jugar a las cartas y Yong Hwa había ganado todas las partidas... salvo una. Shin Hye tenía la impresión de que lo había hecho por pena.
            Tras la conversación sobre el cambio de imagen, él no había querido volver a hablar del asunto, y eso le hizo pensar que no le gustaba la idea, pero había prometido ayudarla y no podía pedirle nada más.
            –¿Han traído el deportivo rojo mientras estaba fuera?
            Woo Duk enarcó una ceja.
            –No, ¿por qué?
            –Por curiosidad. Es un bonito coche.
            –¿Seguro que eso es lo único que te gusta?
            –Sí, claro.
            Desde la muerte de su padre, Woo Duk se había convertido en su figura paterna, y ella no quería preocuparlo innecesariamente.
            –¿Crees que algún día sentará la cabeza?
            Ella enarcó una ceja.
            –¿Quién?
            –Yong Hwa.
            Shin Hye frunció el ceño. ¿Por qué de repente aparecía Yong Hwa en la conversación?
            –No lo sé. ¿Por qué lo preguntas?
            Woo Duk se encogió de hombros.
            –Ha habido muchas bodas en su familia últimamente. Su prima Da Yeon en junio, Jong Hyun el mes pasado, Dong Wook después... y Min Hyuk se casará antes de que acabe el año. Los Jung solteros están cayendo como moscas.
            –Yong Hwa sale con muchas chicas, pero con ninguna en exclusiva.
            Woo Duk rio.
            –En realidad, solo sale contigo en exclusiva –murmuró, mirando su reloj–. Bueno, cuando localices esos neumáticos dímelo y enviaré a alguien a buscarlos.
            –Muy bien.
            Shin Hye tardó menos de media hora en hacer unas llamadas, encontrar los neumáticos y enviar a un empleado a buscarlos. Solo entonces se permitió pensar en lo que Woo Duk había dicho de Yong Hwa. En aquel momento no salía en serio con ninguna chica, pero eso no significaba que no fuese a hacerlo algún día. Después de todo, como Woo Duk había dicho, últimamente en la familia Jung había muchas bodas y compromisos.
            Jong Hyun se había enamorado de Bae Su Ji tres años antes, de modo que su decisión de casarse no había pillado a nadie por sorpresa. Pero sí le había sorprendido que Da Yeon se casara con Jin Wook tras un romance vertiginoso. Y la decisión de Dong Wook y Min Hyuk de casarse también era una gran noticia.
            ¿Algo así podría pasarle a Yong Hwa? ¿Y si empezaba a salir en serio con alguna chica y esta lo convencía para que rompiese su amistad con ella? Por el momento nunca había pasado, seguramente porque ninguna de las chicas con las que salía la veía como una amenaza.
            Yong Hwa sería un buen partido para cualquiera. Además de guapo, era divertido, amable y considerado. Y no pensaba eso porque fuera su mejor amigo. Yong Hwa salía con muchas chicas, pero nunca había engañado a ninguna haciéndole creer que podía haber algo serio entre ellos. Siempre dejaba claro que no tenía intención de casarse hasta que cumpliese los treinta y cinco, de modo que aún quedaban muchos años... si antes no aparecía alguna que lo enamorase. Nunca le había preocupado eso, pero últimamente la familia Jung era más vulnerable al amor.
            Shin Hye sacudió la cabeza. ¿Vulnerable? No Dong Wook ni Min Hyuk; los conocía bien y tendrían que enamorarse como locos para casarse...
            Y, como Yong Hwa nunca hacía las cosas a medias, algún día conocería a una mujer y se enamoraría locamente. Y cuando eso ocurriera, ¿qué haría ella? Shin Hye conocía la respuesta a esa pregunta.
            Se quedaría sola.
            Y eso significaba que tenía que poner en marcha su plan. Era imperativo que hubiese alguien especial en su vida antes de que Yong Hwa conociese a una mujer que lo hiciera sentar la cabeza.
            Salir con Song Jae Rim era más importante que nunca, pensó, mientras se levantaba de la silla para estirar el cuello. En unos días sabría dónde solía ir y pondría en marcha su plan. Min Rae, la recepcionista, estaba haciendo pesquisas, y si alguien podía conseguir información era ella.
            Como Woo Duk, Min Rae era una empleada de confianza que llevaba muchos años trabajando en el taller, desde que ella estaba en el instituto. Había sido Min Rae quien le había explicado por qué era tan importante para su padre que tomase clases de etiqueta y ballet, aunque ella prefiriera estar bajo el capó de un coche. Pero su padre y ella habían llegado a un acuerdo: la dejaría ir a las clases de karate y tiro con arco si aprendía a portarse como «una señorita».
            Nunca había tenido gran interés por los chicos, tal vez porque los chicos la buscaban a ella y no al revés. Y no por ella sino porque, gracias a su padre, siempre había tenido unos coches que eran la envidia de todo el instituto.
            Igual que Yong Hwa conocía los motivos de las chicas para hacerse amigas suyas, ella conocía los motivos de los chicos. Otra razón por la que su amistad con Yong Hwa significaba tanto para ella.
            Pero fuera en unos meses o en un año, algún día Yong Hwa se vería obligado a romper su amistad con ella. Y lo último que quería era que se sintiera culpable.
            Y luego estaba el otro problema: su recién descubierto amor por él. Más de una vez, mientras jugaban a las cartas, se había encontrado mirándolo como una boba. ¿Por qué era tan sexy ese lunar cerca de su ojo? ¿Y esos labios tan generosos?
            Por si esas especulaciones no fueran lo bastante preocupantes, cuando la dejó en casa, apretó su mano como hacía siempre, el corazón le había empezado a latir como una ametralladora. Sí, estaba loca por él, y la única manera de olvidarlo era concentrar su atención en otro hombre.
            Pero el recuerdo de Yong Hwa cantando en la ducha, silbando mientras hacía el desayuno o canturreando por la noche, mientras jugaban a las cartas, estaba grabado en su cerebro.
            Iba tan perdida en sus pensamientos que al doblar una esquina chocó contra el sólido torso de un hombre.
            –Oye, ¿vas a apagar algún fuego? –le preguntó Yong Hwa, sujetándola por la cintura.
            Al ver que se ruborizaba, no pudo dejar de preguntarse en qué estaría pensando. Tenía la impresión de que no era en el trabajo.
            –¿Qué haces aquí? –le preguntó Shin Hye, sin aliento.
            Él enarcó una ceja.
            –¿Alguna razón por la que no deba estar aquí?
            –No, ninguna. Pero es lunes y volvimos ayer.
            –He quedado con Dong Wook y Jong Hyun para comer en McKays y, como el taller está al lado del restaurante, he decidido venir a verte.
            –Ah.
            ¿Por qué parecía decepcionada? ¿Le habría gustado que fuera ese otro tipo... como se llamase? La idea no le gustó nada.
            –No pareces muy contenta de verme.
            –No seas tonto. Siempre me alegro de verte.
            Yong Hwa se quedó callado un momento. ¿Estaba siendo tonto? ¿El pensamiento que le había mantenido despierto toda la noche, y que le había hecho ladrar a sus hermanos en la reunión, sería una tontería? ¿Su hermano le había echado una bronca esa mañana por nada?
            –¿Qué planes tienes para esta tarde?
            –Ninguno. Aún no he deshecho la maleta. ¿Por qué?
            –No, por nada.¿Cuántos coches tienes que arreglar hoy?
            –Por el momento solo tengo cinco, pero ya sabes cómo puede terminar eso un lunes.
            Sí, Yong Hwa lo sabía porque Shin Hye y él solían hacer trabajillos en el taller cuando estaban en el instituto. Él lo pasaba en grande aprendiendo de su padre, Woo Duk y los demás empleados, o riéndose con las bromas de Min Rae. La muerte del padre de Shin Hye le había dolido mucho. El Sr. Park había sido un hombre al que admiraba y respetaba y que siempre le había tratado como a un hijo.
            –¿Quieres que vayamos al cine mañana?
            Cuando Shin Hye le miró, Yong Hwa se preguntó por qué de repente sus ojos le parecían hipnotizadores.
            Iban al cine a menudo y jamás lo había considerado una cita. ¿Entonces, por qué le parecía que aquella invitación era diferente?
            –¿Qué película ponen? –le preguntó ella, mirándolo con recelo–. Las últimas veces hemos visto las que tus novias no querían ver, de modo que debe ser una de vísceras.
            Yong Hwa soltó una carcajada. Lo conocía demasiado bien.
            –Es una película de acción, Dong Wook dice que es muy buena.
            –¿Y la razón por la que no tienes una chica con la que ir al cine?
            –No quiero ir con nadie más. Aún tenemos que hablar.
            –¿De qué?
            –De eso que me pediste en la cabaña.
            Shin Hye miró su reloj.
            –Si no recuerdo mal, tú no querías hablar de ello.
            Tenía razón. Cuanto más pensaba en el cambio de imagen, menos le gustaba la idea. Si a ese hombre solo le importaba la apariencia, no conocería a la Shin Hye que él conocía tan bien, la que tenía un corazón de oro, la que siempre estaba dispuesta a ayudar a los demás.
            Pensar en ese tipo le ponía furioso y decidió que lo mejor sería vigilarla para que no se metiera en ningún lío o una situación que no pudiera manejar.
            –Pero ahora sí quiero hablar de ello y estoy pensando que un cambio de imagen no serviría de nada.
            –¿Por qué? –preguntó ella, torciendo el gesto.
            Yong Hwa se metió las manos en los bolsillos del pantalón.
            –Tu hombre misterioso no conocerá a la auténtica Shin Hye.
            Shin Hye puso los ojos en blanco.
            –Me conocerá tarde o temprano, pero antes tengo que hacer que se fije en mí. Dijiste que me ayudarías, así que no intentes echarte atrás ahora.
            –No me estoy echando atrás. Es que no quiero que te hagan daño.
            –¿Hacerme daño? –repitió ella, mirando alrededor para comprobar que nadie escuchaba la conversación–. ¿Estás diciendo que el cambio de imagen no va a servir de nada? ¿Tan horrible soy?
            –No es eso...
            –Pues deja que te diga una cosa, Yong Hwa: he visto mujeres y hombres feísimos que se volvían guapos con un cambio de imagen. No hay razón para creer que no vaya a hacer maravillas en mí también.
            –No estaba insinuando eso, Shin Hye.
            –Da igual. Ya lo veras cuando llegue el momento –dijo ella, y se dirigió hacia un coche con el capó levantado.
            Yong Hwa se pasó una mano por la cara, frustrado. ¿Qué estaba pasando? Shin Hye y él nunca discutían y, de repente, no parecían capaces de mantener una simple conversación.
            En realidad, sabía que el cambio de imagen la ayudaría, y eso era lo que le preocupaba. Los hombres se acercarían a ella solo por su aspecto.
            La miró mientras se inclinaba sobre el motor del coche y no pudo dejar de fijarse en cómo el uniforme se le apretaba contra el trasero, su perfecto trasero. Cielos!, ¿por qué estaba mirando el trasero de Shin Hye?
            Yong Hwa dejó escapar un suspiro de frustración.
            –Te llamaré más tarde.
            –Como quieras –murmuró ella, sin molestarse en levantar la cabeza.

            Yong Hwa se marchó, pensando que había empeorado la situación sin querer.



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3 comentarios:

  1. jejejejejejejejejejejejjeje... pobrecito de yong la esta pasando mal.... admitelo le quieres s shinny ..... unniee actualiza pronto .....me estoy volviendo loca de tanto esperar ..... please unnie

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  2. gracias por subir tu fanfic pero no demores mucho en subir el siguiente capitulo.......

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