sábado, 23 de agosto de 2014

EL AMOR TENIA UN PRECIO - CAPITULO 8

Al día siguiente por la mañana, Shin Hye se puso en contacto con todas las personas que aparecían en la lista de Yong Hwa. Tal como él le había ordenado, no le explicó a nadie lo que iba a ver. Por los comentarios que le hacían, estaba segura de que pensaban que iban a emitir algún anuncio de los productos Jung.
Solo So Min y el Sr. Choi estaban al tanto del secreto. El Sr. Choi se mostraba reticente, pero So Min estaba exultante e incluso dijo que pensaba grabarlo.
Yong Hwa voló hasta Busan aquel día, de modo que Shin Hye apenas lo vio. Pasó por el despacho a recoger algunos documentos, acompañado de otro ejecutivo de la empresa, y apenas le prestó atención.
Decírselo a sus compañeras con las que vivía fue tan difícil como Shin Hye se había imaginado. E incluso más.
— ¿Que te has comprometido con tu jefe? —Jen se quedó completamente estupefacta cuando Shin Hye le dio la noticia, poco antes de las cinco y media—. Pero si nunca hablas de él. ¡Ni siquiera sabía que estabas saliendo con él!
Shin Hye sonrió lánguidamente. Odiaba estar engañando a su amiga. Le había resultado mucho más sencillo engañar a Mina Sohn. Y cuando miró a Kia, se asustó. Llevaban ya dos años viviendo juntas y sabía que Kia no se había creído aquel repentino compromiso de cuento de hadas.
Y se quedó atónita cuando vio que su amiga se volvía hacia Jen y comentaba:
— Tu estas aquí desde agosto. No estabas cuando Shin Hye comenzó a salir con Yong Hwa el año pasado. Rompieron en verano, ¿no es cierto, Shin Hye? Porque él no quería casarse. Pero al parecer ha cambiado de opinión.
Shin Hye tragó saliva y le dirigió a Kia una mirada agradecida.
— Quisimos mantener nuestra relación en secreto porque no estaba segura de cómo iban a terminar las cosas esta vez —murmuró Shin Hye.
— No te culpo. Debe de ser horrible que te rechacen. En fin me alegra mucho por ti —exclamó Jen. Kia miró a Shin Hye a los ojos.
— La verdad es que yo no encuentro palabras para decirte lo que siento...
Shin Hye sabía que la encontraría más tarde, en cuanto Jen hubiera ido al teatro. Y así fue.
Estaban las dos en la sala tomando un café cuando Kia comentó:
— Mina Sohn ha elaborado una bonita historia sobre tú y tu prometido. Yo siempre había pensado que las noticias eran completamente ciertas, pero, caramba, un poco de ficción de vez en cuando también puede ser divertido. Y tú y Yong Hwa hacen una brillante actuación. Cuando dejes JungCorporation, ¿por qué molestarte en trabajar como psicóloga, Shin Hye? Deberías pedir que te contrataran directamente en el departamento de arte dramático. Con tu talento, podrías darles clase hasta a los profesores.
— Gracias por no haber dicho nada delante de Jen—dijo Shin Hye quedamente—Se supone que nadie debe saber que el compromiso es falso. Salvo Yong Hwa, su hermana, su abogado y yo, por supuesto.
— Te aseguro que mantendré la boca cerrada, aunque creo que has cometido una locura al meterte en una de esas conspiraciones de gente rica.
Shin Hye sabía que Kia no tenía demasiadas simpatías por la gente de dinero. Siempre decía que tenían tantos problemas como las familias pobres a las que atendía como trabajadora social, pero que el dinero les permitía comprar la solución a sus problemas.
— ¿Y qué pretenden arreglar con ese compromiso? —continuó Kia en tono de desaprobación. Shin Hye sonrió con pesar.
— No es nada ilegal, Kia, te lo prometo.
Le contó a Kia toda la historia, sin pasar por alto el dinero que le habían pagado y los acuerdos que le habían hecho firmar.
— No deberías haber firmado ese contrato —la regañó Kia—En caso contrario, podrías haber denunciado a ese soltero de oro cuando rompiera su compromiso y haber sacado dinero suficiente para rehabilitar el hospital en el que está Ji Min. Pero supongo que traicionarlos habría sido peligroso. Una llamada y te habrían hecho desaparecer para siempre —añadió sombría.
— ¡Kia, no son mafiosos! —protestó Shin Hye—Nadie me ha obligado a meterme en esto. Y ahora, prométeme que no le contarás a nadie que este compromiso es falso.
— Te lo prometo, porque no quiero que tengas que pagarle a ese millonario el doble de lo que te pagó. ¿Pero has pensado que todo esto podría volverse en contra tuya? —Kia se puso repentinamente seria—Los he visto besándose en televisión y también he visto la expresión de Yong Hwa cuando te miraba. Te desea, y los hombres ricos están acostumbrados a conseguir lo que quieren. Ten cuidado, y procura no quedarte a solas con él.
— Oh, Kia, Yong Hwa no es...
— Yong Hwa te desea —la interrumpió Kia con firmeza—La cámara nunca miente. Y sé lo que he visto.
Aparentemente, también lo sabían todos los que habían visto los tres minutos de emisión. El modo en el que Mina Sohn había presentado la historia y las imágenes que había mostrado de la pareja habían sido tan convincentes que todo el mundo estaba deseando ponerse en contacto con la feliz pareja.
Al día siguiente, en el despacho de Yong Hwa no dejaron de recibirse llamadas para felicitarlos, brindarles los mejores deseos y regañarlos incluso por haber mantenido su relación en secreto. Nadie cuestionaba la validez del compromiso.

***

— Intentar trabajar hoy va a ser inútil —se quejó Yong Hwa, entrando en la oficina de Shin Hye poco antes de las doce—Apenas he tenido tiempo de encender el ordenador.
— Lo sé —Shin Hye lo observó disimuladamente. Aquel día no se parecía nada al hombre apasionado y demandante cuyos besos la habían dejado sin sentido la otra noche—Pero mañana ya habremos recuperado la tranquilidad, te lo aseguro.
 — Espero que tengas razón.
Aunque Yong Hwa intentaba desviar la mirada, sus ojos parecían clavarse compulsivamente en ella. Shin Hye se había dejado el pelo suelto, tal como a él le gustaba. Le encantaba que hubiera abandonado su severa coleta. No iba a permitirse el placer de alargar el brazo para acariciar aquel pelo oscuro y sedoso, pero la necesidad de hacerlo le resultaba tan excitante como inquietante.
Estaba además el recuerdo de sus besos, que no dejaba de acosarlo. El día anterior, durante las reuniones que había mantenido en Busan, no había sido capaz de dejar de pensar en Shin Hye. Y las ardientes imágenes que su mente conjuraba lo habían mantenido despierto durante la mayor parte de la noche.
— Todas las personas que conozco en la empresa han pasado por aquí esta mañana para ver la sortija —Shin Hye bajó la mirada hacia el rubí de Jung Son Ha—Me resulta muy extraño fingir que hemos mantenido una relación en secreto. Además, todavía no estoy segura de que Lyn y la chicas, me hayan creído.
— Claro que te han creído. Porque la única explicación alternativa para este compromiso es que es falso.
Shin Hye esbozó una sonrisa irónica.
— Sí, supongo que eso debe parecerles más improbable todavía que un romance secreto.
— Es cierto. Solo So Min es capaz de imaginar algo así.
Shin Hye soltó una carcajada.
— Es un alivio poder hablar sinceramente con alguien.
— Sí, espero que siempre podamos ser sinceros el uno con el otro, Shin Hye.
Mientras hablaba, Yong Hwa la miraba intensamente a los ojos. Sus labios eran rosados, llenos, suaves... él sabía exactamente lo suaves que eran. Sintió una cálida excitación...
Algo que no podía permitir que sucediera. Se aclaró la garganta.
— Eh... Nunca te había vestida así. Siempre vienes a trabajar con trajes que parecen más propios de un funeral.
— Odias mi ropa, odias mi peinado y no te importa decírmelo. Mmm, quizá tenga que replantearme nuestro pacto de honestidad.
— O quizá debería decirte algo positivo —sugirió Yong Hwa—Me gusta tu atuendo.
— ¿De verdad? —Shin Hye se pasó las manos por la falda, era mucho más corto que los trajes que llevaba siempre a la oficina—Me lo compré el año pasado, pero no me parecía muy apropiado para venir al trabajo. Pero mis compañeras de piso han dicho que hoy tenía que ponerme algo diferente aunque esta blusa amarilla con franjas negras no creo que haya sido una buena combinación.
Se mordió el labio, observando las rayas. De pronto, se sentía inexplicablemente nerviosa y no podía dejar de hablar.
— Pero me he arrepentido de habérmelo puesto ¿No me hace parecer una abeja?
— ¿Una abeja? —Yong Hwa fijó la mirada en las rayas negras y amarillas—Bueno, ahora que lo mencionas, quizá tengas cierto parecido.
— ¡Lo sabía! ¡No debería haberme comprado nunca un algo tan rebajado! Por eso era tan barato, porque nadie lo quería.
 — Parezcas una abeja o no, ya te he dicho que me gustas —Yong Hwa se acercó hasta ella y posó las manos en su esbelta figura—Te sienta bien —deslizó la mano por la curva de sus caderas—Sí, te sienta muy bien — añadió.
Shin Hye contuvo la respiración. En un acto reflejo, elevó la mirada hacia sus ojos y distinguió en ellos las llamas del deseo. Antes de que hubiera podido decir nada, Yong Hwa posó la mano en su cuello y la atrajo hacia él.
— Contaré hasta cinco antes de entrar, para que puedan recobrar la compostura —aquella jovial amenaza acababa de salir de los labios de Jung Nat Woo—Una, dos...
— Entra, papá —le dijo Yong Hwa.
Shin Hye se apartó rápidamente de él y al instante se abrió la puerta del despacho y entraron cuatro miembros de la familia Jung: Nat, Mi Hyang, Dong Hwan y su esposa, Hana.
— Yong Hwa, cariño, felicidades —Mi Hyang abrazó a su hijastro con cariño al mismo tiempo que Nat intentaba darle la mano.
Hana se acercó a Shin Hye.
— Shin Hye, querida, estoy absolutamente encantada con la noticia de su compromiso.
Shin Hye esbozó una sonrisa nerviosa. Estaba desconcertada.
— Shin Hye es una chica maravillosa. Yong Hwa tiene suerte de haber encontrado una joven tan guapa, inteligente y trabajadora —exclamó el CEO Dong Hwan con voz resonante—Y también es una suerte para la empresa poder contar con ella.
El cumplido era un poco exagerado. Shin Hye sabía que Dong Hwan se acordaba de que la había llamado estúpida y servil y estaba intentando enmendarse.
— Gracias, señor Jung —le respondió educadamente.
— Nada de señor Jung —Dong Hwan se acerco a Shin Hye—A partir de ahora, yo soy Dong Hwan. O tío Dong Hwan, si lo prefieres.
— Ya has tenido suficiente atención, Dong Hwan —Nat literalmente apartó a Shin Hye de su hermano. Por un momento, la joven se sintió como si fuera un hueso que se estaban disputando dos rottweilers—Mi Hyang y yo queremos felicitar a nuestra futura nuera —dijo Nat, arrastrándola hacia donde estaban Yong Hwa y Mi Hyang.
— Shin Hye, cariño, ¡no sabes cuánto nos alegramos de que vayan a casarse! —exclamó Mi Hyang—Disfrutamos mucho viendo el anuncio de su compromiso en la televisión. Estaban adorables. Cualquiera podía darse cuenta de que están enamorados.
Shin Hye y Yong Hwa se miraron, pero tuvieron que desviar inmediatamente la mirada para no estallar en carcajadas.
— Ha sido una excelente publicidad para la compañía, Yong Hwa —dijo  el CEO en tono de aprobación—Estoy seguro de que ahora mismo hay miles de mujeres comprando productos Jung con la esperanza de atrapar a su jefe, como hizo Shin Hye.
— Sinceramente, Dong Hwan, no sé cómo tienes tan poco tacto. No podías haber dicho nada más machista —le reprochó Hana. Se volvió hacia Shin Hye y hacia Yong Hwa con una falsa sonrisa—Espero que perdones a Dong Hwan. Shin Hye, sabemos que no has atrapado a Yong Hwa. A diferencia de lo que ocurría en mi generación, actualmente las jóvenes no se sienten presionadas para encontrar un marido. Mis propias hijas son un ejemplo de...
— Nadie te presionó para que te casaras, Hana —la interrumpió Dong Hwan con dureza—Para ser sincero, estabas loca por convertirte en la señora de Jung y durante años te ha encantado serlo. Pero supongo que, en la reconstrucción que actualmente haces de tu pasado, has preferido olvidar algunos detalles.
Hana miró a su marido con los ojos entrecerrados. Y Shin Hye, horrorizada, abrió los ojos como platos. Iban a discutir y, una vez más, se encontraba en medio del campo de batalla cuando entre los Jung iba a desatarse una guerra. Se acercó instintivamente a Yong Hwa. Y este anunció, llamando inmediatamente la atención de todos los presentes:
— Como ya saben, le he regalado a Shin Hye la sortija que me dejó la abuela —tomó la mano de Shin Hye y se la mostró.
— La sortija de mamá —comentó Dong Hwan quedamente, y fijó en ella su mirada.
— Cuánto me gustaría que estuviera aquí para compartir nuestra alegría —añadió Nat con gravedad.
La tensión desapareció. Los dos hermanos contemplaban la sortija, atrapados en los recuerdos de su madre. Hana y Mi Hyang permanecían también en silencio, evocando sus propios recuerdos.
Y Shin Hye se sentía como una estafadora.
— Cuidaré de esta sortija —prometió.
— Lo sabemos, cariño —respondió Yong Hwa, y frunció ligeramente el ceño cuando Shin Hye apartó su mano de la suya—Shin Hye tenía tanto miedo de que le ocurriera algo a la sortija que anoche no se atrevía a llevársela a su casa.
Consiguió hacer reír a los demás, pero la preocupación de Shin Hye sobre la seguridad de la sortija estaba comenzando a exasperarlo. Quizá debería pedirle a Choi Jin Ho que añadiera una cláusula a su acuerdo, eximiéndola de cualquier responsabilidad económica sobre la sortija.
— Es lógico que una mujer se preocupe por sus joyas —le explicó Hana pacientemente—¿Tienes algún sistema de seguridad en casa, Shin Hye?
— Mis compañeras de piso y yo dejamos todas las noches un bate de béisbol en el vestíbulo —como Hana la miró alarmada, se precipitó a añadir—: Pero nunca hemos tenido que usarlo.
Los cinco Jung la miraron fijamente. Shin Hye respingó. No imaginaba que una conversación sobre el sistema de seguridad de su casa pudiera provocar aquel tenso silencio.
— Como precaución, le entregaré a Yong Hwa la sortija cada noche. En su departamento ya que él si tiene un buen sistema de seguridad.
— ¿Y tú, cariño? —Mi Hyang parecía preocupada—Dios mío Shin Hye, nos preocupa mucho más tu seguridad que la del anillo.
— Mi Hyang tiene razón —Nat se dirigió a su hijo—Como prometida tuya, Shin Hye va a necesitar más protección de la que pueda proporcionarle un bate de béisbol.
— El secuestro es una amenaza real, una amenaza que la familia Jung se toma extremadamente en serio — intervino Dong Hwan.
— Nadie va a secuestrarme—Shin Hye estaba horrorizada—Mi villa es muy segura. Vivo cerca del Campus de la Univ....
Las dos parejas empezaron a hablar al mismo tiempo, gesticulando como si acabara de anunciar que vivía en una guarida de piratas.
— Me cuesta creer que un hijo mío haya sido tan estúpido como para presentar a su prometida en televisión y dejarla después indefensa en un lugar como ese —exclamó Nat—Shin Hye, ¿te has fijado en si te ha seguido algún coche esta mañana?
— No vengo en coche al trabajo. Vengo en autobús, y no, no me ha seguido nadie.
— Querrás decir que no has sido consciente de que te haya seguido nadie —la corrigió Dong Hwan.
— ¡En autobús! —exclamó Hana—Dios mío, ¡cualquiera puede montarse en un autobús!
Shin Hye, que había montado en autobús durante toda su vida y jamás había tenido ningún problema, se dio cuenta entonces de las diferencias sociales que los separaban.
— Sé que hay que tener cuidado —comentó, intentando aliviar la tensión—Mi madre siempre insistía en que mi hermana y yo memorizáramos el rostro de los delincuentes más perseguidos para evitarlos. Soy muy consciente de los problemas relacionados con la seguridad.
— Eso está muy bien, pero a partir de ahora vas a necesitar más protección —repuso Nat—Todo el mundo sabe que eres la prometida de Jung Yong Hwa, y eso te convierte en un objetivo, Shin Hye.
— Shin Hye, cariño, ¿por qué no te vienes a vivir con nosotros hasta el día de la boda? —Mi Hyang le tomó la mano con afecto—Tenemos espacio de sobra y nos encantará poder conocer mejor a nuestra nuera.
— ¡Qué buena idea! —exclamó Hana.
— Oh, no podría —respondió Shin Hye al mismo tiempo— Yo... —sentía una sobrecogedora urgencia de salir corriendo de la oficina y no parar hasta que estuviera en el otro extremo del país.
— ¡La están asustando! —regañó Yong Hwa a sus parientes. Shin Hye parecía tan indefensa y alarmada que sintió la necesidad de protegerla—Probablemente esté deseando romper el compromiso en este mismo momento.
¿Sería una insinuación?, se preguntó Shin Hye. Decidió rápidamente que así era.
— Sí —exclamó, y se quitó la sortija. Para su total consternación, todo el mundo se echó a reír.
— ¡Y además tiene un gran sentido del humor! Has tenido una suerte endiablada, Yong Hwa—Dong Hwa palmeó la espalda de su sobrino.
— Sí, he tenido mucha suerte. A Shin Hye le encantan las bromas —le deslizó el brazo por la cintura y la atrajo hacia él—Has estado muy graciosa, cariño. Ahora vuelve a ponerte la sortija.
Era una orden. Allí, en el despacho, Shin Hye volvió a sentirse como la fiel empleada y obedeció inmediatamente su orden.
— No queremos asustarte, Shin Hye. No creo que estés corriendo un peligro inminente, pero todos queremos mantenerte a salvo —la tranquilizó Mi Hyang.
— Quizá tendamos a exagerar el tema del secuestro —le explicó Dong Hwan—Mira, nuestra familia sufrió personalmente ese horrible crimen. Una de mis hermanas  fue secuestrada cuando acababa de nacer. La familia pagó el rescate, pero nunca devolvieron a la niña.
— ¿Secuestraron a un bebé? —preguntó Shin Hye—Qué horror. No lo sabía.
— Dong Hwan y yo éramos adolescentes, pero es algo que nunca olvidaremos —le explicó Nat—. Nuestros padres nunca volvieron a ser los mismos después de aquello.
— No me extraña —Mi Hyang agarró cariñosamente a su marido del brazo—Yong Hwa, sé que pensarás que estamos exageradamente preocupados, pero todavía estamos intentando superar la muerte de tu abuela y no queremos que ocurran más desgracias en la familia.
— Tienes que dar los pasos necesarios para proteger a tu prometida—Dong Hwan intervino con el tono autoritario como CEO de la compañía—Pero comprendo que Shin Hye y tú no quieran que ella se vaya a vivir a casa de tus padres. Nadie necesita carabinas ¿eh? Recuerdo perfectamente cómo me sentía cuando era joven y estaba enamorado... —se le quebró la voz y miró casi ávidamente a su esposa.
Hana no le devolvió la mirada.
— En ese caso, Shin Hye podría irse a vivir a tu departamento —sugirió Nat Woo.
— De esa manera se solucionaría el problema de la seguridad —se mostró de acuerdo Mi Hyang.
¡Y crearía muchos más! Shin Hye miró a Yong Hwa con expresión suplicante, deseando que él también la mirara. Pero su jefe evitó cualquier contacto visual con ella.
— Quizá tengan razón —le oyó decir  a Yong Hwa — Shin Hye vendrá a vivir conmigo.










7 comentarios:

  1. Wooow esta muy bueno cada ve se pone mejor ojala y puedas subir el proximo capitulo pronto

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  2. Exelente fan fin siguela prontooooo....porfis maraton de varios capitulos......se te agradece.

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  3. unnie me tienes loca esperando q actualices.... xfa actualiza pronto ssiiiii ..... amo tu fic

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  4. si plese actualiza siiii...!!!!
    m tienes esperando todo l dia no sabes cuantas veces e entrado a la pagina para ver si ya lo actualizast xfa actualiza pronto...:):):) me encanta tu fic....!!!!

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    1. jajaja ya somos dos jajaja rápido actualiza mi corazón esta a millll..!!

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