viernes, 22 de agosto de 2014

EL AMOR TENIA UN PRECIO - CAPITULO 7

¡Su jefe la estaba besando! Shin Hye estaba demasiado atónita para reaccionar. Seguramente, Yong Hwa tampoco esperaría que lo hiciera. Al fin y al cabo aquel beso solo era una mentira más.
La voz de Mina Sohn sonaba cada vez más cerca. Shin Hye sintió los brazos de Yong Hwa rodeándola, estrechándola contra él.
— Ya viene —susurró Yong Hwa contra sus labios—Y estás más tensa que un maniquí. Supongo que puedes hacerlo mejor, ¿no?
— Sí, supongo que sí —consiguió tartamudear Shin Hye.
Echó la cabeza ligeramente hacia atrás y buscó en las profundidades de sus ojos. La concentrada intensidad que vio en ellos le dio seguridad porque le resultaba familiar. Yong Hwa siempre miraba de esa forma cuando estaba en juego algo relacionado con su familia o con su empresa.
Sí, aquel abrazo formaba parte del papel de novio enamorado. Y Yong Hwa tenía razón, admitió Shin Hye. Si Mina Sohn los encontraba besándose, no tendrían que explicar la falta de atención.
— Abrázame —susurró Yong Hwa.
Todo aquello era para que lo viera Mina Sohn, se recordó Shin Hye. Y para terminar con las admiradoras de Yong Hwa que estaban causándole problemas a la empresa. Había firmado un contrato para hacer el papel de prometida de Yong Hwa.
— Muy bien, allá voy —Shin Hye le rodeó el cuello con los brazos y elevó su rostro hacia él.
— Solo relájate —susurró Yong Hwa—Antes de que te des cuenta, todo esto habrá terminado —añadió y rozó sus labios.
El beso comenzó vacilante. Yong Hwa acariciaba delicadamente su boca con los labios y poco a poco fue prolongando el contacto e incrementando la presión. Sus manos vagaban por la espalda de Shin Hye y le gustaba sentir el tacto de la seda bajo sus dedos. Pero, sobre todo, le gustaba sentir sus senos estrechándose contra su pecho mientras la presionaba cada vez más contra él.
Shin Hye le acariciaba el cuello, deslizaba los dedos por su nuca y por el inicio de su pelo. Tocarlo no la asustaba tanto como en un principio había temido. Al fin y al cabo, en ese momento en particular, Yong Hwa no era su jefe, era solo un actor. Estaban recreando una escena. Una escena que incluía a una villana llamada Mina Sohn. Sus labios se unieron, se separaron y comenzaron el ciclo otra vez. Tras una serie de besos agradables y en absoluto amenazadores, la confianza de Shin Hye creció.
Yong Hwa separó ligeramente la cabeza.
— ¿Oyes algo? —su aliento acariciaba la mejilla de Shin Hye mientras seguía con los dedos la línea de su espalda.
— No. ¿Crees que habrán renunciado y se habrá ido? —Shin Hye se arqueó contra él. La caricia de Yong Hwa le resultaba estimulante y relajante
— Ojala tuviéramos tanta suerte. Seguramente me estén vaciando la casa. Estarán metiendo todos los objetos de valor en la furgoneta de la KBS para ir después a venderlos.
Shin Hye reprimió una risa.
— En ese caso, espero que se hayan llevado esa horrible jaula que tenías en una esquina. Y a los pájaros falsos que había dentro.
— Ningún comerciante de objetos robados que se respete a sí mismo aceptaría algo así —musitó Yong Hwa—Como no habías comentado nada sobre ella, tenía la esperanza de que no la hubieras visto.
— Es imposible no verla.
— En ese caso, te mereces un premio por haber sido tan discreta. ¡Acabas de ganarte esa preciosa jaula, con pájaros incluidos!
— ¡No, por favor! Esos pájaros parecen obra de un taxidermista pervertido. ¿Crees que esa jaula habrá sido una venganza de la decoradora por haberla contratado solamente para decorar una habitación?
— Yo mismo me hago esa pregunta a menudo.
Yong Hwa bajó la mirada hacia Shin Hye. Ella  tenía las mejillas sonrojadas y la boca húmeda. Los ojos le brillaban. El contacto de las curvas de su cuerpo contra el suyo era de una cálida sensualidad. Y él no era capaz de apartar las manos de ella. Ni de mantenerlas quietas.
Era como si su mente y su cuerpo se hubieran separado y hubiera sido el último el que hubiera decidido tomar las riendas de la situación, relegando a la parte más intelectual de su personalidad al olvido. Posó la mano en la curva de sus caderas y la estrechó con firmeza contra él.
Shin Hye sintió su dura excitación contra la parte más vulnerable de su cuerpo y protesto, pero fue inmediatamente silenciada por la cálida presión de su boca. Entreabrió los labios automáticamente, dejando que Yong Hwa entre en posesión de su boca. Algo se desató dentro de ella y, de pronto, su cuerpo ardió.
Entonces profundizo el beso para medirse con él en aquel erótico duelo. El beso fue haciéndose más ardiente, más hambriento. Y a ese beso le siguió otro más largo y salvaje, y después otro, y otro, hasta que resultó imposible distinguir dónde empezaba un beso y dónde terminaba el siguiente. Labios, lenguas, besos se fundían mientras las llamas del deseo bailaban entre ellos.
Shin Hye se retorcía sensualmente contra él, dejando que creciera en su interior un deseo cada vez más apasionado. Jamás había experimentado nada parecido. Instintivamente cambio a una postura más íntima. Una lava ardiente y espesa corrió por sus venas hasta alcanzar lo más profundo de su vientre. Las piernas le temblaban de tal manera que tenía que abrazarse a Yong Hwa para sostenerse.
Perdida en aquel torbellino sensual, sucumbió al deseo que se arremolinaba en su interior. Ojala no estuvieran en aquella cocina tan llena de luz. Y ojala no estuviera de pie. Habría sido maravilloso poder estar tumbada con él en la oscuridad de...
— ¡Aja! ¡Aquí están! —declaró Mina Sohn triunfante.
Yong Hwa y Shin Hye se separaron como si fueran un par de adolescentes a los que hubieran sorprendido besuqueándose en el instituto.
Al lado de Mina Sohn, el camarógrafo continuaba grabando.
— Apaga eso —le ordenó Yong Hwa irritado, pero el camarógrafo no obedeció hasta que Mina Sohn le hizo un gesto.
Shin Hye se aferraba al borde del mostrador mientras sentía el martilleo del corazón en los oídos. Las piernas le temblaban. No se atrevía a mirar a Yong Hwa, de modo que fijó la mirada en Mina Sohn, que los observaba sin disimular su interés.
— No se preocupen. No vamos a sacar provecho de las imágenes —les prometió alegremente—Solo sacaremos algún beso discreto. No queremos escandalizar a los ancianos y a los niños que puedan estar viendo el programa.
— No estábamos haciendo algo escandaloso—gruñó Yong Hwa—Estábamos... Estábamos —se le quebró la voz.
¿Qué podía decir? ¿Que todo el cuerpo le temblaba después de aquel apasionado encuentro con Shin Hye? ¿Que el beso que había comenzado siendo una forma de engañar a Mina Sohn se había transformado en otra cosa?
Dirigió una mirada fugaz a su asistente y sintió una extraña mezcla de miedo y resentimiento. Había estrechado a Shin Hye entre sus brazos, la había besado y, de pronto, se había producido un cortocircuito. No había nada fingido en la pasión que había estallado entre ellos.
¿Cuándo había perdido la cabeza por última vez besando a una mujer? Su mente voló inmediatamente hasta Tae Hee. Sí, pero entonces era muy joven y Ta Hee era un genio de la seducción.
Frunció el ceño. Los años le habían convertido en un hombre demasiado cínico y experimentado para creer que un beso podía significar algo especial. Había aprendido a dominar su pasión. La pasión ya no podía dominarlo a él.
Pero ninguno de esos argumentos explicaba la explosiva respuesta de su cuerpo frente al pequeño interludio que había compartido con Shin Hye. Se sentía confundido y frustrado. ¡Él no deseaba a Shin Hye!, se dijo con firmeza, aunque su cuerpo todavía palpitaba, demostrándole precisamente lo contrario. No, no podía desearla. Se negaba a desearla.
— Tomense el tiempo que necesiten para recuperarse —bromeó Mina Sohn—no nos importa esperar.
Como Yong Hwa continuaba callado y sombrío, Shin Hye comprendió que iba a tener que llevar ella las riendas de la situación.
— No sabes cuánto lo siento, Mina Sohn —su voz sonaba ronca. Se aclaró la garganta—Nos hemos... distraído y...
— Sí, ya lo he notado, cariño. Escucha, olvídate del café y de los refrescos. ¿Podemos hacerles alguna pregunta más?
Shin Hye asintió y le dirigió a Yong Hwa una mirada interrogante. Este se limitó a encogerse de hombros.
— ¿Cuando será la boda? —preguntó Mina Sohn, y comenzaron a grabar otra vez.
Shin Hye miró a Yong Hwa, que continuaba con la mirada perdida, sin prestar la menor atención a la conversación.
— La boda —repitió Shin Hye. Y cuando fue evidente que Yong Hwa no tenía la menor intención de contestar, lo hizo ella—Todavía no hemos fijado una fecha —se acercó a Yong Hwa y le tocó disimuladamente el zapato con el tacón, intentando llamar su atención—De momento preferimos disfrutar de nuestro compromiso, ¿verdad, Yong Hwa?
Estar cerca de Shin Hye tenía un efecto afrodisíaco. La mente de Yong Hwa volvió a nublarse y su cuerpo latía con un deseo que no podía negar. En un impulso, deslizó el brazo por la cintura de Shin Hye, la estrechó contra él  en un abrazo de vuelta y hundió la cara en su cuello, ignorando a la cámara que lo estaba filmando.
— ¿Verdad, Yong Hwa? —repitió Shin Hye un poco más alto.
— Lo que tú digas, cariño —respondió él. No tenía la menor idea de lo que estaban hablando.
Shin Hye sintió un estremecimiento en todo su cuerpo. Tomó aire, luchando contra la sensación que la incitaba aquella postura. Aquel juego se les estaba yendo de las manos.
Se obligó a mirar a la cámara y le explicó a Mina Sohn:
— Yo creo que la boda debería ser en junio. Ya sé que puede resultar cursi y tradicional, pero siempre he querido casarme en junio.
— En ese caso, tendrán tiempo más que suficiente para preparar la boda —respondió Mina Sohn—¿Les importaría compartir con nosotros algunos de sus  planes?
Shin Hye se dejó entonces llevar por un alocado impulso, completamente impropio de ella.
— Será una boda espectacular —le confió.
Yong Hwa se tensó tras ella. Probablemente se estaba preguntando qué se proponía Shin Hye y si aquello formaba o no parte del contrato. Pero Shin Hye no vaciló. Si Yong Hwa insistía en que fuera ella la que llevara el peso de la entrevista, tendría que sufrir las consecuencias.
Le dirigió a Mina Sohn la más dulce de las sonrisas.
— Conociendo a Yong Hwa como lo conozco, estoy segura de que insistirá en que sea una boda por todo lo alto. Ya sabes, miles de invitados, esculturas de hielo en el jardín, una carpa multicolor y una cena de siete platos.
— Naturalmente, quedran que la boda sea grabada — intervino el camarógrafo con entusiasmo—Yo trabajo también de manera independiente y cubro ese tipo de acontecimientos, bodas, reuniones... Llámenme si quieren contar conmigo. ¿Puedo dejarte mi tarjeta?
—Se supone que no debes ocuparte de tu propio negocio durante una entrevista. Me parece muy poco profesional—Lo regaño Mina Sohn
Shin Hye dio un paso adelante, dispuesta a aceptar la tarjeta que el camarografo le ofrecía y aprovechando así para abandonar los brazos de Yong Hwa.
— ¿Alguna otra pregunta, Mina Sohn?
— ¿Ya han elegido la sortija de compromiso?
Yong Hwa pareció cobrar vida de repente, metió la mano en el bolsillo de la chaqueta y sacó la caja con la sortija. Explicó el origen del rubí y también que su abuela se lo había legado para que se lo entregara a su futura esposa.
— A Shin Hye le quedaba un poco grande —mintió—pero ya lo hemos solucionado.
Enfocaron la sortija mientras Yong Hwa la deslizaba en el dedo de Shin Hye.
Tras unos minutos de conversación, Mina Sohn puso fin a la entrevista. Shin Hye los acompañó hacia el ascensor. Yong Hwa permaneció en el interior del apartamento, tras haberse despedido fríamente de ambos.
— Esto ya no es para la entrevistas —le comentó Mina Sohn a Shin Hye mientras esperaban al ascensor—Estrictamente de mujer a mujer, ¿vas a venir a vivir aquí cuando Yong Hwa y tú se casen?
— Supongo que sí.
— Bueno, en ese caso, te recomiendo que vuelvas a decorar el departamento. No he visto una decoración más espantosa en toda mi vida. Y lo primero que tienes que tirar es esa jaula que hay en el salón. Creo que yo no esperaría a la boda para deshacerme de ella.
— Estoy de acuerdo, pero, desgraciadamente, es uno de los objetos favoritos de Yong Hwa —respondió Shin Hye, incapaz de resistirse.
— Lo que demuestra que el dinero no siempre es garantía de buen gusto.
— No sabes cuánta razón tienes —se mostró de acuerdo Shin Hye.
En ese momento llegó el ascensor.
— El programa se emitirá mañana a las cinco y media. Diles a tus amigos que lo vean —le advirtió Mina Sohn antes de que se cerraran las puertas.
La puerta del apartamento de Yong Hwa se abrió en cuanto el ascensor se fue. ¿Habría estado escuchándola?
— Así que la jaula es uno de mis objetos favoritos — le preguntó Yong Hwa, confirmando que lo había oído todo—Ese ha sido un golpe bajo, Shin Hye.
— No he podido resistirlo —se metió en el apartamento—Y como me has dejado a solas con ellos...
— Y no ha sido lo único. “Conociendo a Yong Hwa como lo conozco, estoy segura de que querrá una boda por todo lo alto... miles de invitados, esculturas de hielo en el jardín, carpa multicolor y una cena de siete platos”. ¡Me sorprende que no hayas dicho que también alquilaría elefantes!
— No creo que te gusten —Shin Hye no podía contener la risa.
— Esto no tiene ninguna gracia —replicó Yong Hwa, a pesar de sí mismo— Jamás pondría una escultura de hielo en un jardín.
— Estaba a punto de añadir que te gustaría que fueran una representación de los dioses romanos, pero he pensado que sería un poco exagerado. .
 — ¡Exagerado! Después de esto, pasado mañana van a empezar a acosarme escultores de hielo y consejeros de boda. ¡Y todo por culpa tuya!
— Pero por lo menos ya no seguirás siendo uno de los solteros más codiciados de Corea — murmuró Shin Hye. El corazón le latía violentamente. Yong Hwa se acercó a ella y fijó la mirada en su boca.
— Siempre te he visto tan seria que no podría haberme imaginado que pudieras llegar a ser tan bromista.
— Yo tampoco. Pero creo que me ha inspirado la situación —lo miró a los ojos. Yong Hwa iba a besarla, lo sabía. Y quería que lo hiciera.
— Sí, a mí también me ha inspirado la situación —susurró Yong Hwa.
Cubrió su boca con un beso abiertamente demandante. Shin Hye respondió al instante, instigada por su propio deseo, un deseo intenso, casi violento por su intensidad. Yong Hwa hundió la lengua en las profundidades de su boca y ella dio la bienvenida a aquella intimidad. Era como si Mina Sohn nunca los hubiera interrumpido y estuvieran prolongando lo que minutos antes habían compartido en la cocina.
Yong Hwa la estrechó contra su cuerpo y Shin Hye se aferró a él, rodeándole el cuello con los brazos y recostándose instintivamente contra él. Parecían encajar perfectamente, pensó Shin Hye aturdida, era como si fueran dos mitades que se complementaban formando un todo indestructible.
Yong Hwa profundizó su beso, acercándola todavía más a ella, deseando más. Bebía de sus suaves gemidos y se sentía embriagado de placer. Podía sentir sus pezones enderezándose y la sutil y sensual presión que ejercían contra su pecho. Un estremecimiento de deseo lo atravesó. Quería verla, quería tocarla, saborearla... Con un apasionado gemido, deslizó la mano hasta su seno, disfrutando de su suavidad. Frotó el pulgar contra el pezón, rodeando, tentando a aquel duro botón hasta sentirlo erguirse contra su mano.
Un torrente de intenso placer fluyó desde los senos de Shin Hye hasta la parte más íntima de su ser. Sintió el deseo de Yong Hwa, dura y contundente. Las caricias de Yong Hwa eran cada vez más demandantes. Shin Hye era consciente de que su jefe estaba perdiendo el control y la sorprendía darse cuenta de que su propio control era precario. Se apartó bruscamente de él. Su falta de dominio la asustaba tanto como la rapidez de su excitación.
¿Qué estaba haciendo? ¿Se habría vuelto loca? Clavó la mirada en el suelo, con la respiración jadeante. ¡Si continuaban besándose y acariciándose de esa manera terminarían en la cama! Y lo peor de todo era que una parte de ella deseaba vivir la pasión de aquel momento y acostarse con él.
Afortunadamente, prevaleció la parte más sensata y sensible de su personalidad. Pensó en el título del último libro que había comprado: Las doce estupideces que puede hacer una mujer para destrozar su vida. Aunque todavía no lo había leído, estaba segura de que tener una aventura con el jefe aparecía en uno de los primeros lugares de la lista. Indudablemente, fingir un compromiso con el jefe también era una estupidez.
Bajó la mirada hacia la sortija que llevaba en el dedo, el símbolo de su situación. Engañar a Mina Sohn y al resto de sus conciudadanos era una cosa y engañarse a sí misma otra completamente diferente.
Y por si lo olvidaba, tenía unos contratos enciclopédicos para recordarlo. Sus ojos volaron hacia Yong Hwa. Su rostro estaba tenso, sombrío. Sus ojos brillaban y sus pupilas estaban reducidas a unos puntos minúsculos.
— Ven—le dijo, con voz áspera.
La sensualidad de aquella orden estuvo a punto de hacerla obedecer. Si no se iba rápidamente de allí, volvería a sus brazos y cometería una estupidez.
— Tengo que irme a casa —exclamó Shin Hye y fue rápidamente hasta el salón a buscar su bolso.
Yong Hwa la siguió, empujado por sus más primitivos instintos. Su cuerpo palpitaba. En aquella ocasión no tenía ningún sentido convencerse a sí mismo de que no deseaba a Shin Hye. La observó agarrar su bolso y correr hacia la puerta.
Miró su boca, húmeda y henchida por sus besos, y volvió a sentir la dulzura de sus labios y el juego provocativo de su lengua.
Oh, sí, la deseaba. Admitirlo lo irritaba, pero no era capaz de engañarse. Enfrentarse al problema y encontrar la solución era su credo. Y desear a Shin Hye, definitivamente, era un problema. Sin embargo, en aquel momento la solución la estaba eludiendo.
Shin Hye ya había salido del apartamento y estaba pulsando frenéticamente el botón del ascensor. Sin necesidad de volverse, supo que Yong Hwa había salido al pequeño vestíbulo.
— El ascensor tiene un código de seguridad. No se abrirá hasta que yo lo marque —le dijo fríamente.
— Te agradecería mucho que lo hicieras ahora mismo — Shin Hye mantenía la mirada fija en la puerta del ascensor.
Yong Hwa no se movió.
— ¿Vas a irte en coche? —le preguntó. Shin Hye asintió en silencio— ¿Y dónde has aparcado?
— En el aparcamiento del edificio —Shin Hye se tensó con impaciencia— Yong Hwa, por favor, llama al ascensor.
— ¿En qué piso?
— ¿Qué más da? —se volvió para enfrentarse a él. Estaba a punto de dejarse llevar por los nervios—¿Por qué me estás interrogando? ¡Solo quiero que llegue el ascensor para poder irme de aquí!
— No pretendía someterte a un interrogatorio, solo estaba intentando hablar contigo —Yong Hwa la miró fijamente. Y el deseo volvió a sacudirlo con una intensidad que lo dejó estupefacto y preocupado al mismo tiempo.
A Shin Hye se le secó la boca. Tragó saliva. Sus sentimientos eran demasiado confusos en aquel momento para que pudiera mantener una conversación coherente. Quería gritar, quería pegar a Yong Hwa, pero, sobre todo, quería volver a sus brazos.
— Creo que deberíamos hablar de lo que ha pasado esta noche —empezó a decir Yong Hwa, pero Shin Hye lo interrumpió rápidamente.
— No hay nada de lo que tengamos que hablar. Hemos hecho lo que habíamos planeado hacer y creo que hemos engañado a Mina Sohn. Ahora, por favor, llama al ascensor.
— ¿A qué viene tanta prisa? Te estoy pagando muy bien —su tono era mordaz, insultante incluso.
— El contador ha dejado de correr en el momento en el que Mina Sohn ha salido de tu casa —replicó Shin Hye—No sé si crees que estoy dispuesta a hacer algo más a cambio de dinero, pero...
 — ¡Jamás he dicho eso! —la interrumpió—¡Ni siquiera lo he insinuado! —Yong Hwa se sorprendió al oírse gritar. E incluso más al ser consciente de que él era el único que lo estaba haciendo.
Shin Hye estaba de nuevo de espaldas a él, muy tensa, mirando fijamente el ascensor, como si le pareciera un objeto fascinante.
— De acuerdo, ya que estás tan desesperada por marcharte, ¡vete! —entró a grandes zancadas en su apartamento y marcó el código de seguridad del ascensor.
Shin Hye oyó que el ascensor se ponía en acción en el momento en el que Yong Hwa cerraba la puerta de su casa. Un momento después, se abrían las puertas del ascensor. Cuando ya estaba dentro, la joven se dio cuenta de que no se había quitado la sortija de compromiso.
Genial, se dijo. No solo había hecho enfadar a su jefe, sino que se había quedado con la sortija de su abuela, lo que indudablemente significaba que la iban a atracar aquella noche.
Las puertas del ascensor se abrieron en el piso en el que había dejado su coche. Estaba caminando hacia él cuando oyó pasos procedentes de las escaleras. El corazón se le subió a la garganta. Estaba aterrorizada. La puerta que conducía a las escaleras se abrió y Shin Hye comenzó a correr.
— ¡Shin Hye, espera! —oyó la voz de Yong Hwa resonando en el aparcamiento desierto.
Shin Hye se detuvo inmediatamente. Dio media vuelta y lo vio caminando hacia ella. Una oleada de alivio arrastró la adrenalina que corría por sus venas.
— Oh, menos mal que eres tú —corrió hacia Yong Hwa, quitándose al mismo tiempo la sortija—Me alegro de que te hayas acordado de la sortija. No había vuelto a acordarme de ella hasta que la he visto en el ascensor. Estaba segura de que me la iban a robar.
Le tendió la sortija, pero Yong Hwa le agarró la mano.
— No he venido a buscar la sortija. El panel del ascensor marcaba el piso en el que estaba tu coche y he venido para acompañarte.
— No tenías por qué molestarte. Aunque me alegro de que lo hayas hecho, así puedo devolverte...
— Lo menos que podía hacer era asegurarme de que volvieras sana y salva a tu casa —la interrumpió Yong Hwa.
— Sobre todo teniendo en cuenta que llevo encima una reliquia de la familia —contestó Shin Hye y le sonrió.
Aquella sonrisa afectó a Yong Hwa más de lo que se atrevía a reconocer.
— Estoy cansado de jugar quien debe quedarse con esa sortija —se quejó— Es ridículo que tengamos que andar pasándonosla el uno al otro. Quédatela tú, ¿de acuerdo?
Shin Hye comenzó a caminar hacia su coche y Yong Hwa la siguió en silencio.
— ¿Estás de acuerdo? —le preguntó al ver que Shin Hye no contestaba.
— No puedo correr ese riesgo. Esa sortija vale más que mi coche, Yong Hwa. No podría afrontar su pérdida en el caso de que se perdiera, me la robaran o... —se interrumpió—Ese es mi coche.
Yong Hwa se quedó mirando el pequeño auto que tenía frente a él. Estaba limpio y cuidado, pero era suficientemente viejo como para ser considerado un artefacto.
— Realmente, la sortija vale más que tu coche. Pensaba que estabas exagerando. Con lo que vas a ganar haciendo de falsa prometida, podrás comprarte uno nuevo.
— Pienso utilizar ese dinero para hacer un viaje alrededor del mundo —respondió—El coche nuevo tendrá que esperar hasta la próxima vez que me paguen por hacer de prometida de un soltero desesperado por deshacerse de sus admiradoras.
— Supongo que esa es tu forma, no muy sutil, por cierto, de decirme que me meta en mis asuntos y que piensas gastarte el dinero como te apetezca.
— Pensaba que estaba siendo sutil —metió la mano en el bolso para buscar la llave y le dirigió a Yong Hwa una indulgente sonrisa.
Yong Hwa cerró los dedos sobre la sortija y clavó los ojos en Shin Hye mientras esta abría el coche. Fuera de la oficina, Shin Hye era muy diferente de la complaciente asistente que trabajaba para él. Como asistente, seguía siempre sus órdenes al pie de la letra. Pero cuando no estaba trabajando, no solo no seguía sus órdenes, sino que ni siquiera parecía dispuesta a aceptar sus consejos. Pero su sonrisa era irresistible. Y por mucho que lo intentó, no pudo evitar devolvérsela.
— ¿Así que crees que hemos conseguido engañar a Mina Sohn? —preguntó, volviendo a un tema más seguro.
— Sí, creo que sí. Y supongo que mañana cuando veamos la entrevista lo sabremos.
Yong Hwa se pasó la mano por la nuca.
— Tengo que darte una lista de personas a las que deberías llamar mañana por la mañana para decirles que la entrevista es a las cinco y media. Serán sobre todo familiares y amigos. Así me ahorraré el tener que decírselo personalmente.
— No es una forma muy tradicional de anunciar un compromiso... —Shin Hye se encogió de hombros—Pero, por supuesto, este compromiso no tiene nada de tradicional.
— Definitivamente —afirmó Yong Hwa mientras la veía colocarse tras el volante.
Si aquel fuera un compromiso tradicional, él no estaría allí, viéndola conducir un coche poco más grande que una lata de atún. Si fuera un compromiso tradicional, Shin Hye llevaría en el dedo la sortija de su abuela y no temería tener que reembolsarle su valor en el caso de que la perdiera.
Y, sobre todo, si fuera un compromiso tradicional, pasaría la noche en su cama.
Yong Hwa consiguió sofocar el fuego que se encendió en su interior al pensar en hacer el amor con Shin Hye. Cuanto más lejos estuviera de ella, mejor para su capacidad de control. Que, advirtió, se había incrementado de forma exponencial mientras Shin Hye se dirigía en su coche hacia la rampa de salida.
Todo estaba funcionando de acuerdo con lo previsto. Se aseguró. Todo estaba saliendo como quería que saliera.

Continuó repitiéndose aquellas frases mientras volvía a la soledad de su apartamento.


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2 comentarios:

  1. please xfa publica l siguiente cap m kede cm n shock necesito saber k va a pasar ahora

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  2. Oww..al parecer Yong ya se enamoro de Shin Hye ...Unnie no demores en actualizar

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