jueves, 21 de agosto de 2014

EL AMOR TENIA UN PRECIO - CAPITULO 6

— ¿Le ha explicado Shin Hye las razones por las que he decidió aceptar esta entrevista? —preguntó Yong Hwa cuando Mina Sohn y el camarografo que la acompañaba llegaron a su apartamento.
— Me dijo que se habían comprometido y querían anunciarlo —Mina Sohn lo miró con recelo.
— Y es cierto. Queremos poner fin a esa tontería de la lista de una vez por todas.
— ¿Es esa la razón por la que ha decidido anunciar su compromiso con su asistente? —le preguntó Mina Sohn astutamente.
Yong Hwa la miró horrorizado. Aquella entrevista iba a ser peor de lo que imaginaba.
— ¡No, por supuesto que no! —exclamó—Eso es insultante, tanto para Shin Hye como para mí. Nos hemos comprometido por las razones por las que se comprometen normalmente las parejas...Y será de eso de lo que hablemos cuando comience la entrevista.
Mina Sohn y el camarógrafo, fueron preparando el equipo de vídeo. Yong Hwa los observaba en silencio, mientras los minutos iban alargándose de forma desesperante.
— No sé qué puede haberle pasado a Shin Hye —dijo por fin y comenzó a caminar nervioso por la habitación. Mina Sohn y su acompañante se miraron desconcertados—Suele ser muy puntual —miró el reloj, pero estaba tan nervioso que apenas veía los números.
— No es ella la que llega tarde —le aseguró Mina Sohn—Hemos sido nosotros los que hemos llegado más temprano de lo previsto. No intencionadamente —añadió en seguida—No imaginaba que podría molestarlo tanto.
— Cuando concierto una cita para una determinada hora, espero que comience a esa hora. Ni antes ni después.
— Siento haberle causado tantas molestias —Mina Sohn no parecía en absoluto arrepentida, sino más bien enfadada—¿Quiere que nos vayamos y volvamos dentro de diez minutos? Esa será la hora exacta a la que debería empezar la entrevista.
— No, pueden quedarse aquí —le respondió Yong Hwa malhumorado—Yo me iré a mi estudio.
Mientras salía del salón, oyó musitar a Mina Sohn:
— Tiene una necesidad obsesiva de controlarlo todo.
¿Una necesidad obsesiva?, Yong Hwa se tensó. En silencio, admitió que tenía tendencia a tenerlo todo controlado, pero aquella situación, el compromiso fingido, la entrevista... podría convertir a cualquiera en un histérico.
Shin Hye había concertado la entrevista con Mina Sohn para aquella tarde, pero había sido So Min la que había sugerido que la hicieran en el apartamento, en lugar de en el despacho, que era donde a él le habría gustado hacerla.
 — Si haces la entrevista en la oficina, no seran capaces de salir del papel de jefe y asistente —le había explicado So Min—Seguramente en otro escenario les resultará más fácil fingir que son amantes.
Yong Hwa comprendía que tenía razón, pero no había pensado en lo que aquello podría implicar hasta que apareció Mina Sohn. Él y Shin Hye tendrían que comportarse como amantes mientras una intrusa agresiva presenciaba su actuación. Se sacó el pañuelo del bolsillo y se secó la frente.
El hecho de que el equipo hubiera llegado veinte minutos antes de su cita lo único que hacía era empeorar aquella pesadilla. Shin Hye y él no iban a tener oportunidad de hablar de su actuación. Tendrían que hacer la entrevista sin ningún tipo de preparación.
En la oficina no habían tenido tiempo de hablar sobre ello.
Yong Hwa se metió la mano en el bolsillo y sacó la caja de la sortija. Debería ponérsela a Shin Hye en cuanto llegara al apartamento sin que Mina Sohn se diera cuenta. Aquella mujer no comprendería por qué su prometida no llevaba sortija de compromiso.
Sintió una oleada de furia. ¿Por qué no se habría llevado Shin Hye el anillo puesto? Ella había insistido en que solo llevaría la sortija en su presencia para evitar perderla o que sufriera algún daño. Si lo hubiera preocupado aquella posibilidad en particular, la habría mencionado en el contrato. Pero no lo preocupaba porque sabía lo cuidadosa y eficiente que era Shin Hye. Durante los catorce meses que llevaba trabajando para él, no había perdido ni siquiera un clip.
En ese momento sonó el timbre de la puerta y Yong Hwa salió disparado como una bala.
— Es Shin Hye —anunció.
— ¿No tiene llave del apartamento? —preguntó Mina Sohn con aparente indiferencia.
Pero Yong Hwa no se dejó engañar. Sabía que Mina Sohn no se fiaba de su compromiso. Se obligó a mantener la calma y consideró cuidadosamente las circunstancias. Si estuvieran comprometidos realmente, ¿le habría dado a Shin Hye una llave de su apartamento?
— Shin Hye ha perdido la llave —se felicitó a sí mismo por aquella brillante improvisación—Le estamos haciendo una nueva.
Mina Sohn se volvió hacia el camarógrafo y susurró:
— Probablemente se la habrán confiscado por no haber sido puntual.
Gracias a su excepcional oído, Yong Hwa oyó cada una de sus palabras. Se sintió incómodo. La entrevista todavía no había empezado y Mina Sohn ya le era completamente hostil.
Abrió la puerta y descubrió a Shin Hye en el vestíbulo.
— Hola, cariño —Shin Hye se arrojó a sus brazos. Yong Hwa se quedó tan sorprendido que retrocedió.
— Una auténtica demostración de cariño —le comentó Mina Sohn al camarógrafo, burlona.
— He visto el coche de la KBS delante del edificio —le susurró Shin Hye al oído—Ya sabía que estaban aquí. Finge que me abrazas.
¿Cómo se podía fingir un abrazo? Yong Hwa no estaba seguro, pero rodeó a Shin Hye con los brazos y procedió a abrazarla. Sintió su cuerpo presionando su pecho y la fragancia de su perfume inundó sus sentidos.
Reconoció vagamente que era uno de los perfumes de JungCorporation, pero su mente corría a demasiada velocidad como para que pudiera recordar cuál de ellos era. Un despiste insólito, puesto que como vicepresidente del departamento de producción, Yong Hwa conocía los nombres, colores y esencias de cada uno de los productos que Jung fabricaba.
Pero si alguien se lo hubiera preguntado en aquel momento, no habría sido capaz de responder. Los brazos de Shin Hye lo estrechaban con fuerza y él encontró completamente natural posar los labios en la delicada curva de su cuello. Cerró los ojos mientras el deseo crecía en su interior con la fuerza de una marea.
Era tan delicada, tan femenina... Y le gustaba tanto sentirla entre sus brazos. La sangre rugía por sus venas, lo ensordecía. Lentamente, comenzó a deslizar las manos por su espalda. Incapaz de detenerse, posó  finalmente en su cintura.
Shin Hye se apartó bruscamente de él, dejándolo completamente solo, con los brazos vacíos y el cuerpo tenso y dolorido.
— ¡Mina Sohn! —exclamó Shin Hye encantada. Aturdido, Yong Hwa la vio cruzar la habitación y acercarse al sofá en el que Mina Sohn estaba sentada—Hemos hablado tantas veces por teléfono que tengo la sensación de que ya somos amigas —dijo Shin Hye alegremente—¿Te ha ofrecido Yong Hwa algo de beber? —le preguntó, asumiendo el papel de anfitriona.
— No. Hemos cometido el error de llegar veinte minutos antes —señaló Mina Sohn—Lo único que le habría apetecido ofrecernos era un buen empujón.
— Vaya, vaya —Shin Hye miró a Mina Sohn y a Yong Hwa—Siento no haber estado aquí.
— Y yo que no estuvieras —la secundó Mina Sohn—Si hubieras estado aquí, probablemente mi colega y yo no habríamos visto lo obsesivamente puntual que es Yong Hwa.
— Todos los ejecutivos de la empresa están obsesionados con la puntualidad de una u otra manera —lo excusó Shin Hye rápidamente—Y estoy segura de que, siendo periodista, también tú estás obsesionada con la puntualidad.
— Supongo que tienes razón —admitió Mina Sohn a regañadientes.
— ¿Quieren tomar algo? —preguntó Shin Hye—¿Un café o...? —se volvió hacia Yong Hwa—¿Qué otra cosa podemos ofrecerles...? —sonrió, mirando al camarógrafo.
Yong Hwa observaba la escena con los ojos abiertos como platos. El inesperado contacto físico con Shin Hye y su respuesta a su cercanía lo habían dejado completamente desconcertado, y lo que estaba viendo en aquel momento lo estaba dejando literalmente sin habla.
La joven brillante y segura que estaba hablando con aquellas dos víboras no tenía nada que ver con la Shin Hye tranquila, callada y recatada que conocía en la oficina. Aquella tarde se había puesto una falda negra que flotaba alrededor de sus piernas, realzando su perfección. Y la blusa estrecha dibujaba perfectamente la línea de sus senos y de su cintura, mostrando curvas que las almidonadas blusas que llevaba al trabajo nunca permitían entrever. Él no era un hombre dado a las fantasías, pero, desde luego, era perfectamente capaz de conjurar todo tipo de fantasías sobre las piernas de Shin Hye alrededor de su cintura...
Una oleada de sensualidad lo golpeó con la fuerza de un huracán. No podía moverse. No podía respirar. Y no podía contestar porque ni siquiera era capaz de recordar lo que Shin Hye le había preguntado.
 — ¿Algo frío? —insistió Shin Hye—¿Un té con hielo, un refresco?
Yong Hwa continuaba mirándola fijamente. El pelo también lo tenía diferente. Lo llevaba suelto  y caía sobre su espalda en ondas suaves.
— Olvidémonos de los refrescos y empecemos con la entrevista —repuso Mina Sohn, observándolos atentamente—Para empezar, grabaremos un plano de la habitación, las vistas, la chimenea... después se centrará en ustedes dos, que estarán sentados en el sofá... Si es que Yong Hwa quiere reunirse con nosotros...
Shin Hye contuvo la respiración. Yong Hwa continuaba en el marco de la puerta, como si se hubiera convertido en piedra. ¿Por qué no decía nada? Ella estaba intentando ser hospitalaria y él se dedicaba a mirar a Mina Sohn y al camarógrafo como si fueran dos extraterrestres que acabaran de aparecer en medio de su salón.
— Supongo que es ahora o nunca —musitó Yong Hwa.
Shin Hye lo observó mientras caminaba hacia ellos. Llevaba el mismo traje azul marino que en la oficina, con una camisa blanca como la nieve y una corbata de seda. Parecía alto, fuerte y poderoso.
Shin Hye desvió la mirada hacia Mina Sohn y suspiró consternada. Iba a ser imposible engañarla. Un hombre como Jung Yong Hwa no estaba al alcance de una asistente. Era demasiado atractivo, rico y sofisticado para sentirse atraído por alguien como ella, pensó melancólica.
— Reconozco que estoy un poco desconcertado con esto de la entrevista —se disculpó mientras se sentaba al lado de Shin Hye—Si he sido un poco brusco, lo siento.
Tomó la mano de Shin Hye, entrelazando los dedos con los suyos.
Shin Hye se tensó. Cuando había abrazado a Yong Hwa en la puerta, estaba demasiado concentrada en el papel que estaba representando para ser consciente de los efectos físicos de aquel abrazo. Pero en aquel momento sentía la fuerza de los dedos de Yong Hwa rodeando los suyos, y la presión del pulgar contra su palma. El corazón parecía darle vueltas en el pecho y se olvidó por completo de respirar.
Yong Hwa estaba demasiado pendiente de ella como para no ser consciente de su reacción. Parecía aterrada, a punto de salir corriendo. Y Mina Sohn le parecía un gato malicioso dispuesto a atacar a su acorralada presa.
Pero él tampoco era ningún santo y no iba a dejarse vencer por una periodista manipuladora. El orgullo de los Jung, siempre formidable, reforzó su determinación. Shin Hye y él iban a sacar adelante su engaño.
Shin Hye había tenido un comienzo admirable. Había llegado el momento de que él demostrara de lo que era capaz.
— Shin Hye y yo somos personas muy reservadas —Yong Hwa se acercó un poco más a su falsa prometida—Hablar de nosotros mismos, especialmente delante de una cámara, no nos resulta fácil —se llevó la mano de Shin Hye a la boca y la besó—¿Verdad, cariño?
Shin Hye hizo un esfuerzo sobrehumano por meterse en el papel. Cualquier mujer capaz de conquistar a Yong Hwa debía tener una confianza monumental en sí misma. Tomó aire e intentó convencerse de que ella podía llegar a ser esa mujer.
Siguiendo la pauta marcada por Yong Hwa, le alzó la mano y se la llevó a la mejilla.
— Sí, nos gusta más estar solos y tener tiempo para disfrutar el uno del otro —susurró.
Recordaba haber leído alguna declaración similar hecha por una celebridad a una revista. Era suficientemente genérica como para que pudiera ser utilizada por cualquiera.
Mina Sohn parecía aburrida. ¿Habría leído también ella esa entrevista?
— ¿Por qué no me cuentan cómo se conocieron?
Shin Hye y Yong Hwa se miraron el uno al otro.
— ¿Te gustaría contarlo a ti Shin Hye? —preguntó Yong Hwa.
— Oh, no. Hazlo tú, Yong Hwa. Tú lo cuentas mejor que yo —le dirigió una sonrisa de rendida admiración.
— Bueno, como ya sabes, Shin Hye trabaja para mí —empezó a contar Yong Hwa—Nos conocimos el día que le hice la entrevista para ocupar el puesto. La entrevista fue muy bien, tenía la preparación adecuada y la contraté. Poco a poco, nuestra relación fue haciéndose... más personal. Y como resultado decidimos comprometernos.
— ¿Y eso es todo? —preguntó Mina Sohn desilusionada. Shin Hye decidió entonces que debía hacer todo lo posible para embellecer su historia.
— Yong Hwa te ha contado la versión abreviada —dijo, esbozando una sonrisa que esperaba fuera deslumbrante, propia de una mujer enamorada—Seré sincera contigo, Mina Sohn. Para mí, fue amor a primera vista. En cuanto vi a Yong Hwa supe que era el hombre que había estado esperando durante toda mi vida. Y cuando me contrató, tuve la certeza de que aquello había sido obra del destino. Estábamos destinados a estar juntos —se acurrucó contra Yong Hwa y lo miró arrebatada.
Yong Hwa estaba estupefacto. Shin Hye tenía unos ojos realmente bonitos. Nunca había estado suficientemente cerca de ella como para apreciarlos.
Eran marrones y contenían un brillo especial, estaban enmarcados por oscuras y espesas pestañas.
— ¿Pero para Yong Hwa no fue amor a primera vista? — preguntó Mina Sohn.
 —No —respondió Shin Hye. Era absurdo pretender que alguien se creyera que Yong Hwa pudiera enamorarse de ella a primera vista.
— Sí —respondió Yong Hwa a la vez.
— ¿Sí o no? —preguntó Mina Sohn.
Shin Hye y Yong Hwa se miraron el uno al otro.
— Sí, me enamoré de ella nada más verla, pero no dejé que lo supiera—contestó Yong Hwa. Deseaba que Shin Hye no pareciera tan incrédula. Estaba seguro de que Mina Sohn lo notaría—Esta es la primera vez que lo reconozco — añadió, esperando que aquello pudiera ser la respuesta al escepticismo de su prometida.
— ¡Eres muy amable, Yong Hwa! Pero no es verdad —insistió Shin Hye, intentando introducir algún elemento verosímil en su falsa historia de amor—Yong Hwa está cambiando inconscientemente sus recuerdos —explicó Shin Hye—En realidad no se enamoró de mí hasta que empezamos a conocernos realmente, al cabo de unos meses.
— No estoy cambiando nada... —Yong Hwa sacudió la cabeza—Shin Hye, creo que yo soy el más indicado para saber cuándo me enamoré, y te digo que fue amor a primera vista —insistió. Estaba frustrado. ¿Por qué Shin Hye no le permitía inventar su propia historia?—Me acuerdo incluso de la ropa que llevabas. Un traje beige, una blusa blanca y unos zapatos bajos. El pelo te lo habías recogido en una cola, con un peinado de esos que me gusta tan poco.
Por supuesto, en realidad no se acordaba de cómo iba vestida Shin Hye aquel día. Apenas recordaba su entrevista de trabajo. Había hecho tantas en aquella época que todas se mezclaban en un borroso recuerdo. Se había limitado a describir a Shin Hye tal como solía ir vestida a la oficia.
 — Así que no te gusta mi coleta —Shin Hye se irguió en el sofá. ¿Estaría Yong Hwa hablando en serio o de pronto se habría transformado en un consumado actor?
— No, no me gusta nada. Prefiero que lleves el pelo suelto.
Con un suave movimiento, le pasó el brazo por la cintura y la estrechó contra él. Estaban tan cerca que sus muslos y sus hombros se rozaban. Shin Hye se removió incómoda, pero Yong Hwa continuó sujetándola con firmeza.
Shin Hye sentía el calor de su cuerpo y la fuerza de sus dedos mientras él le acariciaba la cintura. Y no pudo evitar ruborizarse.
— El pelo recogido es muy cómodo. Un peinado muy práctico para el trabajo —musitó Shin Hye a la defensiva. Mina Sohn parecía divertida.
— Yong Hwa. ¿Estás diciéndonos que te enamoraste de Shin Hye a pesar de que ni su ropa ni su peinado eran especialmente seductores?
— Exacto. De hecho, creo que me enamoré de ella precisamente porque no estaba intentando seducirme con ropas especialmente insinuantes ni un peinado atractivo. Había conocido a demasiadas mujeres así. Desde el primer día, supe que Shin Hye se tomaba en serio su trabajo y que iba a la oficina a trabajar, no a intentar... encandilarme.
— Pero al final terminó encandilándote. Tanto que incluso le has pedido que se case contigo.
— Sí —asintió Yong Hwa.
— De modo que Shin Hye ha sido como una especie de Cenicienta que...
— ¡Oh, por favor! —la interrumpió Shin Hye, recordando la conversación que había mantenido con Yong Hwa sobre ese tema—¿Actualmente, a qué mujer le gustaría ser una Cenicienta? El concepto de príncipe azul está completamente desfasado.
— ¿Entonces no me ves como un príncipe azul? —se lamentó Yong Hwa—Estoy destrozado.
— Bueno, por mucho que haya intentado serlo, tú tampoco me ves a mí como una hechicera cautivadora —los ojos le brillaban como si estuviera invitando a Yong Hwa a compartir con ella alguna broma secreta.
Yong Hwa aceptó la invitación, y se echó a reír.
— Si hubieras asumido realmente ese papel, no habrías durado ni catorce días trabajando para mí —sintió entonces una oleada de afecto hacia ella tan repentina como inesperada. Sin soltarle la cintura, buscó su mano y se la colocó sobre la pierna.
¿Aquello era un sueño? Un aura de irrealidad parecía envolverlo todo. Pero sentía la dureza de los músculos de Yong Hwa bajo sus dedos y el ritmo acompasado de su respiración. Todos sus sentidos eran conscientes de su viril masculinidad.
¿Se estaría metiendo demasiado en el personaje?, se preguntó nerviosa. Una cosa era hacer una representación creíble y otra muy distinta experimentar las sensaciones físicas que debía sentir su personaje. Aquel dulce calor que bañaba sus piernas, el aleteo irregular de su pulso y su respiración temblorosa parecían más propios de la verdadera prometida de Yong Hwa que de una asistente a la que le estaban pagando una extraordinaria suma de dinero para que estuviera sentada en aquel momento con él.
Necesitaba cuanto antes un descanso para recuperar su lastimado ingenio.
— Tengo una sed terrible. Si me perdonan un momento, iré a buscar un vaso de agua —Shin Hye se apartó de Yong Hwa y se levantó rápidamente—¿Alguien quiere tomar algo?
Yong Hwa miró a Mina Sohn y al camarografo y después a Shin Hye, que salía ya de la habitación.
— Te ayudaré a preparar un refresco para nuestros invitados, cariño —le dijo.
La alcanzó en el comedor, una habitación pequeña comparada con el inmenso salón. Una mesa lacada en negro y de estilo Japonés con ocho cogines a juego ocupaba la mayor parte de la habitación. Shin Hye miró con aire ausente el estilizado árbol de jade que servía como centro de mesa.
— No hace falta que vengas conmigo —musitó—Puedo encontrar yo sola la cocina. Supongo que está al lado del comedor.
— Exacto, pero no pensaba quedarme solo delante de ese equipo de la KBS. Ven, es por aquí.
La llevó a la cocina, y una vez allí, Shin Hye miró a su alrededor con curiosidad. La cocina estaba amueblada con madera de roble y alicatada con baldosas blancas y azules. Aunque los electrodomésticos eran muy modernos, la decoración era inconfundiblemente rústica. Contrastaba violentamente con la sofistificación del comedor y con el moderno minimalismo del salón.
— ¿Qué te pasa? —le preguntó Yong Hwa—Pareces tan asombrada.
— Me sorprende tu eclecticismo a la hora de decorar las habitaciones—comentó Shin Hye educadamente.
— No me digas más —Yong Hwa suspiró—Viene tan poca gente a mi casa que me olvido del impacto que provoca. Has sido muy diplomática al describir su estilo como ecléctico. Yo creo que «esquizofrénico» es una palabra más adecuada. Y se lo debo a mi madre.
— No sabía que tu madre fuera decoradora de interiores.
— No lo es. Pero ha tenido muchas amigas que lo son. Aunque su amistad solo le dura el tiempo que tardan en decorar una habitación. Esa es la razón de este desastre.
— Yo no diría que es un desastre. A mí me parece... interesante.
— So Min dice que mi casa le recuerda a un parque temático —Yong Hwa hizo una mueca—Pero gracias por no haberme preguntado cómo es posible que haya dejado que mi madre me decorara la casa.
A Shin Hye jamás se le habría ocurrido hacerle esa pregunta. Pero Yong Hwa le explicó:
— Mi madre es una manipuladora de primera clase. Y cuando decidió que quería decorarme la casa, pensé que lo más fácil era permitir que hiciera lo que quisiera. Estuve viviendo en un hotel mientras ella se ocupaba de este apartamento. Y fue genial. Durante ese tiempo, mi madre estuvo tan entretenida que dejó en paz a todo el mundo. Cuando el proyecto terminó, mis hermanos me suplicaron que me mudara a otra casa y le pidiera a mi madre que se volviera a encargar de la decoración, para poder disfrutar de unos cuantos meses de paz.
Shin Hye sonrió, pero estaba visiblemente incómoda.
— Por cierto, Shin Hye —observó Yong Hwa, como si se diera cuenta por primera vez—Tú conoces a toda mi familia, pero yo no sé nada de la tuya. De hecho, no sé nada de la vida que haces fuera de la oficina.
En vez de contestar, Shin Hye se dedicó a abrir armarios hasta encontrar un vaso. Lo llenó de agua y lo bebió lentamente.
— Debería tener alguna información sobre tu familia, por si Mina Sohn hace alguna pregunta. Y también saber más cosas sobre ti —la presionó Yong Hwa. Era consciente de que sentía auténtica curiosidad sobre ella. Nunca había conocido a una mujer que hablara tan poco de sí misma.
— No hay mucho que contar —Shin Hye clavó la mirada en el cielo—Mis padres han muerto y tengo una hermana. Algún día me gustaría llegar a trabajar como psicóloga de niños y adolescentes. Hasta entonces, trabajo para JungCorporation.
— Ya veo —Yong Hwa estaba desconcertado—Eres muy joven para estar sola en el mundo.
— Tengo veintiséis años, soy una adulta —lo contradijo Shin Hye quedamente—Y no estoy sola. Tengo a mi hermana.
A Yong Hwa, que siempre había estado rodeado, incluso a veces agobiado, por una gran familia, le costaba comprender su soledad.
— Siento que hayas perdido a tus padres —susurró—Cuando te he...
— Gracias —lo interrumpió Shin Hye con fría educación.
Yong Hwa comprendió la indirecta: Shin Hye no quería más preguntas.
Se miraron el uno al otro durante un largo e incómodo silencio.
— En tu situación, es sensato que pienses en tu posición económica —dijo Yong Hwa por fin—Quizá deberías pedirle a Choi Jin Ho que te ayudara a invertir el dinero que vas a ganar. Jin Ho parece tener un don especial para invertir en bolsa.
Shin Hye sonrió.
— Me sorprende que no me presiones para que invierta todo mi dinero en acciones de JungCorporation.
— Sería una excelente idea. Ahora están más bajas que nunca y, aunque eso sea una pesadilla para nosotros, es un momento ideal para los inversores...
— ¿Todavía están aquí o se han marchado? ¿Dónde están? —la voz de Mina Sohn reverberó en todo el departamento. Shin Hye miró a Yong Hwa aterrada.
— ¡Mina Sohn nos está buscando! —exclamó en un susurro—Y parece que está en el comedor. ¿Qué vamos a hacer? No hemos preparado los refrescos.
— No tengo nada que preparar porque ni siquiera he comprado refrescos. No consideraba esta entrevista como un acontecimiento social.
— Pero has dicho que venías a la cocina conmigo para preparar los refrescos... —Shin Hye lo miró nerviosa—¿Cómo vamos a explicarle que llevamos tanto tiempo aquí sin...?
— No tendremos que explicarle nada. Se me ha ocurrido una idea mejor.
Apareció en sus ojos un brillo que Shin Hye conocía perfectamente. Lo había visto cuando adelantaba a alguno de sus competidores en el mercado. O cuando se preparaba para discutir con su padre o su tío sobre un tema al que ambos se oponían.
Era la mirada del ganador.
Sí, era evidente que tenía un plan en la cabeza. Pero Shin Hye no tenía la menor idea de cuál podía ser.
— Bueno, dejaremos que nos encuentre comportándonos como lo haría cualquier otra pareja de novios — Yong Hwa esbozó una sonrisa—Vamos a convencer a Mina Sohn de que estamos tan enamorados que nos hemos olvidado de ellos. ¿Preparada?
Yong Hwa avanzó hacia ella. Aquella rápida y repentina aproximación pilló a Shin Hye completamente por sorpresa. La joven retrocedió hasta chocar con el borde de un mostrador.
Yong Hwa continuó caminando y colocó las manos a ambos lados de Shin Hye, apoyándolas en el mostrador.
— Yong Hwa yo... —Shin Hye se interrumpió e intentó tomar aire.

Y todo pensamiento coherente abandonó su cabeza cuando Yong Hwa cubrió su boca con los labios.





5 comentarios:

  1. Nooooo podes dejarlo asi ......el proximo capitulo yaaaaaaa¡¡!!!!!

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  2. uffff!!! mi corazon aletea a millll......en cada lineas escritas espero con anhelo los proximos capitulosss

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  3. Pliss mas cap no nos dejes asiiiiiiiiu

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  4. Ayyyyyyyyyy porque se terminó en lo mas interesante ?? !!! por favor actualiza pronto no nos dejes así está super bueno !!!!!!!!!!!!

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  5. no, no, no, no, porfis publica el próximo capítulo pronto, está demasiado interesante para que nos dejes así :(, pleaseeeee

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