Shin Hye se sentía como si estuviera al borde del abismo. Y a So Min no
le pasó desapercibida su incomodidad.
— Yong Hwa, nadie podrá subestimar nunca tu entrega a la compañía, pero
tampoco debemos subestimar a Shin Hye — se acercó hasta ella— Analicemos la
situación desde su punto de vista. En realidad, lo único que va a sacar de este
plan son inconvenientes.
Yong Hwa frunció el ceño. La renuencia de Shin Hye a participar en aquel
compromiso fingido lo irritaba. No se lo tomaba como un rechazo personal, por
supuesto. Pero él estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para alcanzar sus
objetivos y aquella farsa podría acabar con la plaga de mujeres que lo acosaba
y con la interrupción constante de la rutina de JungCorporation.
— Shin Hye es empleada de esta compañía —dijo con altivez—Por lo tanto,
también debería estar interesada en que el negocio funcione lo mejor posible.
¿Es que eso no es suficiente para ella?
Shin Hye asintió con vigor, pero So Min negó con la cabeza.
— Yong Hwa, ese compromiso va a suponer tiempo añadido a su horario
de trabajo —le explicó—En cuanto anuncien el compromiso, tendrás que intentar
que parezca real. Los tendrán que ver juntos en público, haciendo las cosas que
normalmente hace una pareja.
— ¿No se supone que somos una pareja que prefiere conservar su
intimidad? —replicó Yong Hwa.
Shin Hye sintió de pronto un calor sofocante. Por un momento, se
preguntó qué sería estar comprometida, realmente comprometida, con Yong Hwa.
Pasar las noches a solas con él...
Alzó los ojos hacia su jefe y lo descubrió observándola intensamente.
Rápidamente desvió la mirada.
— Yong Hwa, enfréntate a los hechos —le dijo So Min con firmeza— Tendrás
que convencer a la gente de que realmente estás comprometido con Shin Hye. Y
eso significa que tendran que ir juntos a fiestas, a cenar, al teatro... Nadie
espera que de pronto tengas una gran vida social, ¡pero es normal que tu
prometida y tú salgán de vez en cuando!
— Supongo que tienes razón —admitió Yong Hwa con un suspiro— Shin Hye,
haz una reserva para que salgamos a cenar un día de esta semana. Y saca
entradas para el teatro.
— ¿También tengo que enviarme rosas? —preguntó Shin Hye educadamente.
— Vaya, parece que conoces el protocolo —So Min se echó a reír—La cena,
el teatro y las rosas forman parte del ritual del cortejo para Yong Hwa. Pero
nos estamos saliendo del tema, que era que este compromiso va a requerir horas
de trabajo extra por parte de Shin Hye. Y creo que sería justo que se le pagara
por ello.
Yong Hwa observó el rostro de Shin Hye mientras ella consideraba aquel
compromiso no como un favor que podía hacerle a su jefe sino como una forma de
ganar dinero. Tensó los labios en una cínica sonrisa. ¿Qué mujer resistiría la
atracción del frío dinero? ¿Cómo era posible que él, hijo de Joo Yuri, hubiera
olvidado ni por un instante que cualquier mujer tenía un precio?
Shin Hye lo miró de reojo y al ver su expresión supo exactamente lo que
estaba pensando: que el dinero podía borrar todas sus dudas.
Seguramente se sorprendería si ella renunciara a cobrar por aquellas
horas extraordinarias de trabajo. Curvó los labios en una secreta sonrisa.
Sería una gran satisfacción para ella cuestionar los prejuicios de Yong Hwa
sobre las mujeres y el dinero.
Pero antes de que hubiera podido decir nada, Yong Hwa comentó:
— So Min tiene razón. Tendré que pagarte las horas que dediques a fingir
ser mi prometida. ¿Estás de acuerdo Shin Hye? ¿Qué te parecería si te pagara
cincuenta millones de Won?
— Pero eso es muchísimo dinero —comentó So Min con incredulidad.
— No te preocupes, no procederá de los fondos de la empresa —respondió
Yong Hwa con fingido aburrimiento—Pagaré ese dinero personalmente, puesto que
Shin Hye me está haciendo un favor personal.
Shin Hye lo observó atentamente. Vio la expresión burlona de su rostro y
advirtió el desprecio que rezumaba de cada una de sus palabras. Yong Hwa estaba
jugando su propio juego y, en el momento en el que ella aceptara su oferta, se
declararía a sí mismo ganador.
Y ella tenía que aceptar esa oferta. No podía permitirse el lujo de
renunciar a ese dinero. Ji Min necesitaba un año más de rehabilitación
intensiva por lo menos. Además, a medida que iba mejorando, aparecían nuevas
posibilidades para ella. El centro organizaba salidas y viajes con los que
ayudar a sus pacientes a reintegrarse a la vida social y romper con la
protección que les proporcionaba el centro. Pero aquellas excursiones suponían
un dinero extra.
Sí, Shin Hye sabía que tenía que aceptar esa oferta. Porque sería una
egoísta si no lo hiciera.
— ¿Aceptas el trato? —preguntó Yong Hwa en un tono al mismo tiempo
burlón y triunfal—Le diré a Choi Jin Ho que prepare un acuerdo. Recibirás la
mitad del dinero al firmarlo y la otra mitad cuando esta farsa termine. Que
terminará cuando tengamos que romper nuestro compromiso debido a... diferencias
irreconciliables.
Shin Hye era consciente de que la opinión que Yong Hwa tenía sobre ella
había empeorado desde que le había demostrado que podía ser comprada. Por un
instante, pensó en hablarle de Ji Min, pero inmediatamente descartó la idea. Se
negaba a utilizar a su hermana para congraciarse con él. El cinismo de su jefe
era problema de él, no suyo. Aun así, la molestaba que la considerara una mujer
avariciosa y sin escrúpulos, capaz de venderse por cincuenta millones de Won.
— Sí, acepto el trato —afirmó Shin Hye—Y gracias por la prima que vas a
pagarme.
— Estoy segura de que vas a ganarte cada centavo, Shin Hye. Para fingir
ser la prometida de este tipo se necesita ser una gran actriz —terció So Min,
intentando aliviar la tensión casi tangible que vibraba entre su hermano y la asistente—Y
ahora, tendremos que empezar a poner el plan en funcionamiento —añadió,
mirándolos pensativa—Tendremos que mantener esto en secreto. Nadie, salvo
nosotros tres, puede saber que este compromiso es una farsa.
— Yo tendré que decírselo a Choi JinHo —repuso Yong Hwa—Quiero que sea
un abogado el que redacte el acuerdo y, como no confío en que mi padre pueda
guardar el secreto, prefiero que lo haga Jin Ho.
— Yo también —So Min se volvió hacia Shin Hye, instándola a participar
en la conversación—Choi Jin Ho es mucho más que el abogado de la familia. En
realidad, es como si fuera un pariente más. A veces puede ser un poco
cascarrabias, pero es un hombre encantador.
Shin Hye sonrió ligeramente. Había conocido a Choi Jin Ho brevemente y
estaba familiarizada con su malhumor. Sin embargo, jamás había sido testigo de
su supuesto encanto.
Mientras Yong Hwa y So Min planificaban los detalles del compromiso,
Shin Hye los escuchaba sintiéndose como un peón en el tablero de ajedrez de los
Jung. Como una ficha más a la que iban a utilizar en aquella partida en
particular. De manera que intentó olvidarse de ellos y concentrarse en Ji Min y
en la seguridad que aquel dinero les proporcionaría.
Al día siguiente, durante la reunión con Yong Hwa y Choi Jin Ho, que
había sido fijada para las seis y media de la tarde, volvió a experimentar la
misma sensación de irrealidad.
Se citaron los tres en la sala de reuniones. El abogado llevaba un fajo
de papeles que sacó de un maletín y que colocó delante de Shin Hye.
— Supongo que querrá leer esto. Cuando termine, firme en los lugares que
le he marcado con una equis —le comentó bruscamente.
— No necesito leerlo —respondió
Shin Hye, echando un vistazo a las página. Estaba hambrienta y quería irse a
casa cuanto antes—Dígame solo dónde tengo que firmar y firmaré.
— ¿Y darte así la posibilidad de que nos denuncies por una inadecuada
representación legal? —se burló Yong Hwa—¿Por qué clase de tontos nos tomas
Shin Hye?
Shin Hye reprimió la casi irresistible necesidad de contestarle.
Mientras se mordía la lengua, miró al abogado. Este la observó en silencio y,
de pronto, asomó una ligera sonrisa a los labios.
— Yo le aconsejaría que no contestara a eso, señorita Park.
Yong Hwa había estado así durante todo el día, advirtió Shin Hye
irritada. Cuando no le hablaba con brusquedad, se dedicaba a hacer
insinuaciones maliciosas sobre su inteligencia, su capacidad de trabajo o sus
valores.
— Yo repasaré el acuerdo con usted, señorita Park —le ofreció Choi Jin
Ho.
Por las razones que fueran, el abogado parecía de pronto más amable con
ella. Para Shin Hye supuso un gran alivio que le ahorrara el tener que leerse
aquel aburrido documento ofreciéndole un resumen de cada hoja. Yong Hwa se
levantó y abandonó la sala, dejando a Shin Hye y al Sr. Jin Ho a solas.
— Estuve repasando el documento con Yong Hwa ayer por la noche —le
comentó el abogado a Shin Hye cuando Yong Hwa salió—No puedo culparlo por no
querer escucharlo dos veces. Es demasiado aburrido.
Shin Hye no se mostró en desacuerdo. Y cuando el abogado por fin terminó
con la última página, comentó:
— Desde luego, es muy minucioso.
Según aquel acuerdo, le iban a pagar por hacerse pasar durante algún
tiempo por la prometida de Yong Hwa. Pero no tenía derecho a pedir ni un solo centavo
más de la cantidad acordada. Si intentaba sacar cualquier cantidad extra de
dinero, se quedaría sin la cantidad de dinero que le sería entregada al final.
Y en el caso de que revelara alguna vez que el compromiso había sido falso,
tendría que devolver todo el dinero ganado, más los intereses acumulados con el
tiempo.
Yong Hwa asomó la cabeza por la puerta y al ver que habían terminado se
reunió con ellos.
— Bueno, ¿qué te parece? —preguntó, dirigiéndole a Shin Hye una dura
mirada.
— Que se ha contemplado cualquier posible contingencia —respondió ella,
un tanto atemorizada por aquel exhaustivo contrato.
— La verdad es que he redactado acuerdos de divorcio más sencillos
—admitió Choi Jin Ho—Pero después de la experiencia con Tae Hee, supongo que Yong
Hwa no quiere correr riesgos —el abogado frunció el ceño y miró a Yong
Hwa—Aunque tu falta de fe en las mujeres es descorazonadora, Yong Hwa. Después
de haber hablado con la señorita Park, puedo asegurarte que no se parece en
nada ni a tu madre ni a Tae Hee. Llevas más de un año trabajando con ella,
¿cómo es posible que todavía no te hayas dado cuenta?
Si Choi Jin Ho esperaba alguna respuesta de Yong Hwa, no la recibió. Un
incómodo silencio descendió sobre la mesa.
— ¿Quién es Tae Hee? —preguntó Shin Hye, interrumpiendo el silencio.
— Eso no es asunto tuyo —la cortó Yong Hwa.
— Por supuesto que lo es, se supone que va a ser tu prometida —lo
contradijo Choi Jin Ho—Puesto que Tae Hee forma parte de tu... historia
amorosa, es posible que alguien haga alguna referencia a ella, Yong Hwa. Shin
Hye tiene que estar al corriente de la historia. Si estuvieras comprometido de
verdad con ella se la habrías contado, y puesto que lo que buscas es
realismo... —se interrumpió y se encogió de hombros.
— De acuerdo —dijo Yong Hwa muy tenso. Se volvió hacia Shin Hye, pero no
la miró mientras hablaba—Estuve brevemente comprometido con una mujer llamada
Tae Hee. Es una vieja historia, en absoluto relevante.
— Tae Hee era una mujer maravillosa, pero en lugar de corazón tenía una
caja fuerte. Esa mujer llevaba el signo del dinero grabado en los ojos —exclamó
Choi Jin Ho—Yong Hwa solo tenía veinte años, era una pieza fácil para una mujer
como ella, cinco años mayor que él, y esta se aseguró de embrujarlo.
— Choi Jin Ho, ¿quieres hacer el favor de callarte? —gruñó Yong Hwa—Estoy
seguro de que a Shin Hye no le interesa lo más mínimo.
Shin Hye estaba fascinada. Aunque minutos antes estaba hambrienta y
deseando marcharse de allí, en aquel momento la curiosidad venció al apetito.
— ¿Estuviste comprometido cuando solo tenías veinte años? —preguntó
incrédula.
— Fue un compromiso extremadamente corto. Solo duró un mes —respondió
Yong Hwa con frío cinismo—La relación fue un desastre desde el principio hasta
al final. Pero por lo menos fue un desastre bastante corto.
— Que te costó mucho, sin embargo —le recordó Choi Jin Ho. Se volvió
hacia Shin Hye—Cuando Yong descubrió cuál era el verdadero carácter de Tae Hee
y rompió el compromiso, esta comenzó a hacer todo tipo de demandas. Yo le
aconsejé a Yong Hwa que le diera algún dinero por los servicios prestados, por
así decirlo, y redacté yo mismo un acuerdo. Tae Hee se conformó con la suma que
le ofrecíamos, firmó y desapareció.
— En aquella época yo no era capaz de darme cuenta —dijo Yong Hwa con
amargura— No solo era demasiado joven, sino que también era un ingenuo.
Necesitaba creer que no todas las mujeres estaban obsesionadas con el dinero.
— Como lo está su madre —aclaró Choi Jin Ho.
— Pero elegir a una cazafortunas es una extraña forma de hacerlo, Yong
Hwa—Shin Hye estudió a su jefe durante un largo rato. Aquel era un caso de
manual para una psicóloga—Creo que en realidad lo que pretendías demostrar era
que todas las mujeres eran exactamente como tu madre. Así que elegiste a una
mujer que podía confirmar tus sospechas. Inconscientemente, por supuesto.
Yong Hwa gimió.
— Por favor, nada de psicología barata. Creo que no hay nada más inútil
y aburrido que la psicología.
Shin Hye se sintió ofendida.
— ¡Soy licenciada en Psicología!
— Mejor me lo pones. Cuanto menos se sepa de esas cosas, mejor.
— Yong Hwa se pone muy susceptible cuando se saca el tema de esa mujer
—le confió Choi Jin Ho—Y no se le puede culpar. Y ahora, acerca de la
sortija...
— ¿Qué sortija? —preguntó Shin Hye confundida. En el contrato que había
firmado no se mencionaba ninguna.
Choi Jin Ho sacó otro fajo de
papeles de su maletín.
— Supongo que ese es un contrato para la sortija, ¿no? —preguntó Shin
Hye.
Choi Jin Ho asintió.
— Sí, lo es. Yong Hwa, ¿has traído la sortija?
— La tengo en el despacho. Iré a buscarla —y abandonó de nuevo la sala
de conferencias.
— No es que Yong Hwa tenga la paranoia de que todas las mujeres quieren
sacarle dinero —explicó Choi Jin Ho, intentando disculparlo—Solo es
extremadamente prudente. Y receloso. Y desconfiado.
— ¿Paranoico, quizá? —Shin Hye sonrió con ironía—Pero no importa, lo
comprendo. Señor Choi, yo también tengo algunas cuestiones legales de las que
me gustaría hablar con usted. ¿Puedo contratar sus servicios? Puedo pagarle con
el dinero que me va a dar Yong Hwa.
Choi Jin Ho la miró consternado.
— Si es por algo relacionado con este contrato, no puedo representar a
las dos partes. Eso supondría un conflicto de intereses.
— No supondrá ningún conflicto. Lo único que quiero es que ponga el
dinero a nombre de mi hermana —le explicó Shin Hye desesperadamente—En caso de
que algo me sucediera, quiero que el dinero sirva para pagar directamente al
centro de rehabilitación en el que está ingresada. No conozco a ningún otro
abogado al que pueda pedírselo, y como usted sabe de qué forma he obtenido ese
dinero, me parece lo más natural.
El abogado la miró perplejo y Shin Hye inmediatamente le puso al
corriente de la situación de Ji Min.
— Haré esa transferencia de fondos gratuitamente — le dijo el abogado
cuando terminó— Pero creo que debería hablarle a Yong Hwa de su hermana y de la
responsabilidad que ha asumido durante estos años. Créame, no tiene la menor
idea.
— Ya lo sé. Piensa que soy una piraña sedienta de dinero. Y teniendo en
cuenta la increíble cantidad de dinero que me van a pagar por formar parte de
esta farsa, creo que en realidad eso es lo que soy.
— ¡Por supuesto que no! —masculló el Sr. Choi—Yong Hwa no debería ser
tan duro. Necesita aprender que la mayor parte de las mujeres no son usureras.
Y creo que no hay nadie mejor que usted para demostrárselo.
— No —Shin Hye alzó la cabeza. Era demasiado orgullosa para utilizar la
desgracia de su familia para ganarse la aprobación de Yong Hwa. O para
enseñarle nada—No hay ninguna razón para que Yong Hwa sepa lo de Ji Min. Y a
ella tampoco pienso contarle nada. Eso solo serviría para confundirla. Incluso
pienso pedirle al personal del centro en el que se encuentra que no le
mencionen el compromiso.
— No puede decirle a nadie que el compromiso es falso —le advirtió Choi
Jin Ho.
— Lo sé. Mi abogado me ha informado de todas las penalizaciones que
caerán sobre mí si rompo la promesa de mantenerlo en secreto —Shin Hye le
sonrió.
— Espero que Yong Hwa llegue a conocerla de verdad —
musitó el Sr. Choi. Parecía sinceramente inquieto mientras ordenaba sus
papeles—Me gustaría que no fuera tan paranoico con las mujeres. Debería saber
que usted no es como Joo Yuri o Tae Hee, sino que es una joven generosa que...
— Si usted es mi abogado, tendrá que mantener en secreto lo que le he
dicho, ¿verdad? —insistió Shin Hye—Necesito que mantenga lo de Ji Min en
secreto, señor Choi Jin Ho.
— Por supuesto que mantendré el
secreto, pero me gustaría no tener que hacerlo —Choi Jin Ho suspiró—¿No piensa
reconsiderarlo y...?
El Sr. Choi se interrumpió cuando Yong Hwa volvió a entrar en la sala.
— Aquí está la sortija —Yong Hwa dejó una cajita encima de la mesa,
enfrente de Shin Hye. Como esta no la tocaba, alargó el brazo y sacó la
exquisita y antigua sortija de rubí que albergaba en su interior—Mi abuela me
regaló esta sortija, presumiblemente para que se la regalara a la mujer con la
que voy a casarme. Pensaba que no iba a servirme de nada porque no tengo
intención de casarme —sonrió sin humor alguno— Toda mi familia sabe que mi
abuela me la dejó en herencia para que se la regalara a mi futura esposa, así
que esperarán que la lleves, Shin Hye.
A Shin Hye le temblaron ligeramente los dedos mientras tomaba la
sortija. Se la deslizó en el dedo de la mano izquierda. Le quedaba
perfectamente.
— ¡Es increíble! —exclamóChoi Jin Ho con un suspiro—Es como si la
sortija estuviera hecha especialmente para ella.
— Estoy seguro de que tiene un tamaño estándar, así que es natural que
le quede bien —replicó Yong Hwa fríamente— Jin Ho, el acuerdo, por favor.
El segundo contrato especificaba que la sortija era propiedad exclusiva
de Yong Hwa y que ella estaba de acuerdo en devolverla al final de aquel
compromiso fingido. En el caso de que intentara quedarse con ella o solicitar
alguna compensación económica, sería penalizada.
— Este tipo de penalizaciones retroactivas son las clásicas entre Nate y
Joo Yuri —gruñó Choi Jin Ho mientras observaba firmar a Shin Hye—Para ser
sincero, me sorprendió que Yong Hwa exigiera un contrato en esos términos,
pero, al fin y al cabo, es lo que ha visto desde que era niño.
— Las disfunciones familiares suelen transmitirse de una generación a
otra —musitó Shin Hye. Yong Hwa se aclaró la garganta.
— No me gusta que hablen de mí como si no estuviera aquí.
Lo que realmente no le gustaba era la inesperada camaradería que había
surgido entre Shin Hye y Choi Jin Ho. Se sentía excluido, lo cual era ridículo.
Pero saberlo no mejoró su humor.
— Quería que ese contrato fuera irrevocable porque no quiero que queden
cuestiones pendientes cuando se acabe esta estúpida farsa —respondió,
fulminando a Shin Hye y al abogado con la mirada—Mi abuela quería que esta
sortija quedara siempre en la familia y yo pensaba regalársela a alguna de mis
hermanas. Quizá se la regale a la primera que tenga una hija, con la condición
de que la niña se la pase después a algún miembro de la familia. De esa forma,
la sortija siempre pertenecerá a la familia Jung, como quería la abuela.
— Lo que Son Ha quería, Yong Hwa, era que le regalaras esa sortija a la
mujer con la que te casaras —contestó el Sr. Choi con impaciencia—Esperaba que
al final encontraras una mujer a la que amar y en la que pudieras confiar lo
suficiente como para casarte. No creo que no fuera consciente de tu actitud
negativa hacia al matrimonio. Por eso te hizo este regalo simbólico. La menor
de sus preocupaciones era que la sortija quedara en la familia.
— Bueno, pues a mí sí me preocupa —respondió Yong Hwa.
— Además, si tu abuela hubiera querido que Jan Sun o So Min se quedaran
con la sortija, se la habría dejado a alguna de ellas —añadió el Sr. Choi entre
dientes—Esa sortija tiene que ser para tu esposa y, posiblemente, más tarde
para tu hija.
Shin Hye miró fijamente la dura expresión de Yong Hwa y pensó en su
abuela, la fallecida Jung Son Ha. Aquella mujer debía haber sido muy optimista
para albergar la esperanza de que Yong Hwa se casara algún día con una mujer a
la que amara.
Y Yong Hwa parecía pensar lo mismo que Shin Hye.
— Algunos de los regalos de la abuela podían ser muy significativos,
pero no eran para la persona adecuada. Como esta sortija —se encogió de
hombros—Aunque hay que reconocer que con algunas otras cosas dio en el clavo.
Como dejándole el Restaurant a Kyu Gun, por ejemplo. De esa forma Kyu Gun
encontró un objetivo por el que luchar.
— Lo que encontró Kyu Gun fue el amor que había estado buscando durante
toda su vida —lo interrumpió el Sr. Choi con dureza—Que es lo que tu abuela
quiere también para ti.
— No sabía que eras tan romántico, Jin Ho —replicó Yong Hwa con una
cínica sonrisa—. Quizá esa sea la razón por la que Shin Hye y tú se llevan tan
bien. Ella también cree en el poder redentor del amor, ¿verdad Shin Hye?
Shin Hye sonrió con dulzura.
— Y si el amor no es posible, la terapia de grupo puede ser una buena
opción —contestó y miró al Sr. Choi a los ojos—Si ya está todo firmado, me
gustaría irme a casa.
El abogado asintió en silencio. Shin Hye se quitó la sortija y la metió
en su caja.
— Solo llevaré esta sortija en tu presencia, Yong Hwa. No quiero
arriesgarme a que sufra algún daño o a perderla.
Se levantó, tomó su bolso y salió.
— Dios no quiera que tenga que perder un solo centavo de su dinero
—comentó Yong Hwa con sarcasmo.
— Ojala fueras tan inteligente como crees —gruñó el Sr. Choi—Has
convertido todo este asunto en algo extremadamente desagradable. A tu abuela no
le va a hacer ninguna gracia.
Yong Hwa advirtió el lapsus del abogado, que se había referido a su
abuela como si todavía estuviera viva. Choi Jin Ho y Jung Son Ha habían estado
muy unidos, sobre todo desde la muerte del marido de Son Ha. Yong Hwa sintió
una punzada de compasión por la que para Choi Jin Ho había sido una pérdida muy
personal.
Tomó la caja de la sortija y miró el rubí que le había legado su abuela
con la esperanza de que encontrara el verdadero amor. ¿Quién podía pensar que
su abuela, tan dura y astuta en los negocios, fuera capaz de un gesto tan tonto
e iluso? Esbozó una dura mueca.
— Este asunto no es en absoluto desagradable, Choi Jin Ho. Con esos
contratos, yo tengo todo el control sobre la situación y Shin Hye es
suficientemente inteligente como para darse cuenta.
El Sr. Choi guardó los contratos en el maletín.
—Yong Hwa, eres un estúpido —gruñó mientras abandonaba precipitadamente
la sala.
unnie m encanto xfa siguela y publica pronto l siguient cap...!!!...:):):)
ResponderEliminarPor si tienen duda sobre cuanto es 50 millones de Won les aclaro que es el equivalente aproximado de 50 mil dólares.... Hoy trataré de subir el próximo cap. ^^ Gracias por seguir la página.!
ResponderEliminarEl fic esta muy buenp actuali za prontp
ResponderEliminarDios que bueno está si por favor sube el siguiente cap Yong Hwa se arrepentirá por juzgarla de esa manera ya quiero leer otra vez ^_^
ResponderEliminargracias---espero con ansias el próximo capitulo felicidades como siempre buenas historias
ResponderEliminarplease xfa publica hoy l siguiente cap t lo ruego enserio estoy casi desesperada x leer l siguient cap m encanta tu fic unnie...!!!
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