Shin Hye abrió la ducha para Yong Hwa a la
mañana siguiente y preparó el desayuno mientras él estaba en el baño. Después,
Yong Hwa fue a su habitación a hacer la serie de ejercicios que le habían
mandado.
Pasó gran parte del día hablando al
dictáfono, haciendo largas pausas entre frase y frase. En una ocasión, Shin Hye
se asomó por la puerta entreabierta de su habitación y lo vio dormido. Le
permitía de mala gana que le lavara la ropa y le preparara las comidas, pero se
mantenía fuera de su camino todo lo posible. Cuando, dos días después, Shin Hye
lo llevó al médico a hacerse un chequeo, se alegró al comprobar que estaba
mejorando.
Juno llamó para decirle que la gente de Enprani
quería que volara a Tokio para hacer una audición.
—No puedo ir a Japón ahora mismo —dijo
Shin Hye justo cuando Yong Hwa entraba en la habitación y se dirigía con sus
muletas hacia la mesa de café, donde había dejado el dictáfono.
Juno alzó la voz.
—Esta es la mejor oportunidad que has
tenido en tu vida. Y en estos momentos eres noticia. Podemos utilizar eso para
conseguirte un contrato aún mejor si nos hacen una oferta. ¿Qué te sucede?
—No me sucede nada.
—Entonces es por ese hombre, ¿no? ¿Acaso
no puede pasarse un día sin ti?
Yong Hwa tomó el aparato, se le cayó sobre
la mesa, y, maldiciendo, volvió a recogerla. Aún tenía dificultades con los
objetos pequeños.
Shin Hye volvió a prestar atención a su
agente.
—¿Un día? —repitió, distraídamente.
—El vuelo no es largo. Si sales por la
mañana temprano, puedes estar de vuelta por la noche.
—Lo pensaré.
Cuando terminó de hablar, Yong Hwa se
dirigió a ella.
—Espero que no estés renunciando a ningún
trabajo por mí—dijo, fríamente irritado.
Shin Hye había renunciado a un par de
cosas además de a las portadas sugeridas por su agente. Se encogió de hombros.
—Nada que me apeteciera hacer de verdad.
Los labios de Yong Hwa se contrajeron.
—Si pensara lo contrario, me iría ahora
mismo como fuera. ¿Te han ofrecido algo en Japón?
—Una audición en Tokio —Shin Hye le habló
del proyecto de Enprani y él la escuchó atentamente.
—Debes ir, por supuesto.
Shin Hye dudó.
—Supongo que podría dejarte un par de
comidas preparadas. ¿Sabes manejar el microondas? —tras recibir una ceñuda
respuesta afirmativa, añadió—: De todas formas, no es hasta la semana que
viene. Para entonces, tus manos habrán mejorado aún más.
***
—Ya las has leído todas, ¿no? —Preguntó
Shin Hye esa tarde al encontrar a Yong Hwa sentado en el cuarto de estar con
una revista—Te compraré más.
—Trato de averiguar cómo lo hacen los
escritores de verdad —Yong Hwa tenía la revista abierta por uno de los
artículos de Shin Hye—Esta mujer, por ejemplo. Es muy buena.
—Gracias.
Yong Hwa la miró, sorprendido. Frunciendo
el ceño, volvió a mirar la revista.
—¿Tú eres Hacci Park? Debería haberlo
imaginado. Ese nombre aparece en casi todas las revistas —se apoyó contra el
respaldo del sofá—No dejas de sorprenderme —por algún motivo, no parecía
especialmente encantado—. ¿Cuánto tiempo llevas escribiendo?
—Desde que estaba en el colegio.
Colaboraba con la revista juvenil y cosas así. Pero vendí mi primer artículo
hace tres años. Pensaba que no leías artículos de viajes.
—Como tú dijiste, los que no pueden viajar
leen al respecto. Ahora mismo yo no puedo viajar.
—En mi dormitorio tengo algunos libros
sobre técnica de escritura, si quieres te los presto.
—Gracias —Yong Hwa miró a su alrededor—.
No veo máquina de escribir ni ordenador.
—Utilizo un ordenador con impresora
portátil. Suelo escribir sobre todo cuando estoy en los hoteles —en el
apartamento, Shin Hye guardaba el ordenador en un cajón de su armario.
Yong Hwa pasó la tarde en el cuarto de
estar, leyendo los libros que Shin Hye le había dado. Entre tanto, ella puso
uno de sus discos favoritos y se acurrucó en el sillón, dispuesta a leer una
novela. Pero le costó concentrarse en ella, pues no dejó de lanzar
involuntarias y disimuladas miradas al silencioso hombre que tenía cerca.
Yong Hwa estaba empeñado en mantener las
distancias. No era indiferente a ella físicamente, pero eso no significaba que
la deseara en ningún otro aspecto. Emocionalmente, la había repudiado.
Suponiendo que se lo llevara a la cama, Shin Hye sólo podría culparse a sí
misma si luego se iba sin mirar atrás.
La temperatura de su cuerpo subió sólo con
pensar en la idea de irse a la cama con él.
Yong Hwa alzó de pronto la vista y la
descubrió mirándolo. Sus ojos se oscurecieron y un segundo después su boca se
curvó levemente en una sarcástica sonrisa. Cerró el libro que estaba leyendo y
se puso en pie con esfuerzo.
Shin Hye contuvo el aliento mientras se
dirigía cojeando hacia ella.
Shin Hye echó la cabeza atrás, sabiendo,
sin importarle, que su mirada era abiertamente sexual, buscando una respuesta.
Sintió la respiración de Yong Hwa bajo el
suave tejido de su jersey, y el latido de su pulso en la base de su garganta.
—Buenas noches, Shin Hye —dijo, y se
volvió en dirección a la puerta.
Al día siguiente, Yong Hwa recibió una
llamada. Hasta entonces sólo le había llamado Chae Won. Shin Hye le alcanzó el
auricular sin pensar. Unos momentos después, Yong Hwa dijo secamente:
—No. Lo siento. No hay comentarios —tras
devolverle el auricular a Shin Hye, le dijo que era un periodista que quería
entrevistarse con ambos—Y acabamos de delatarnos.
—No hay nada que delatar, ¿no? —replicó
Shin Hye con calma—Al final de cuentas entre nosotros no hay nada.
Aquella semana, otra revista hizo
referencia al tema en su portada. Bella modelo y el héroe nacional en nido de
amor. La frase era pie de una foto de archivo de Shin Hye.
Había trabajado para aquella revista, y
cuando se presentó ante Juno con un ejemplar, ésta le dijo que el contrato les
permitía volver a usar la foto si pagaban un porcentaje.
—Ponerles un pleito no serviría de nada
—aconsejó Juno—Nadie creería tu negativa y sólo serviría para alentar aún más
el interés del público.
Parecía encantada, y Shin Hye preguntó:
—No les habrás dado tú la historia, ¿no?
—No, pero no te haría ningún daño.
Cuando Shin Hye volvió a casa, encontró a
su hermana tomando un café con Yong Hwa. Este parecía más relajado con Min
Young de lo que nunca había estado con ella, sonriendo y riendo mientras Min
Young le servía un café y le decía a Shin Hye que fuera a por una taza para
ella.
—¿Qué has hecho con los niños? —preguntó
Shin Hye.
—Los he ahogado —replicó Min Young
animadamente—No, la verdad es que tengo que ir a recogerlos pronto. Los dejo
con una amiga una vez a la semana para poder estudiar y preparar mi examen,
pero hoy he hecho novillos para venir a husmear —lanzó una descarada y coqueta
mirada en dirección a Yong Hwa y Shin Hye miró a éste con ansiedad, temiendo
ver la cerrada expresión que tan a menudo le dedicaba. Pero él volvió a reír, dejando
claro que se estaba divirtiendo.
Había un ejemplar de la revista sobre la
mesa, entre las tazas, y Shin Hye miró a su hermana con gesto de reproche.
—La he comprado hoy —dijo Min Young con
gesto arrepentido—. No sabía que Yong Hwa no la había visto.
En cuanto Min Young se fue. Shin Hye dijo:
—No he tenido nada que ver con esa
historia.
Yong Hwa asintió con gesto inescrutable.
—¿Perjudicará a tu carrera?
Shin Hye rió con ironía.
—Mi agente parece pensar lo contrario.
Quería que concediera entrevistas sobre nuestra... supuesta relación.
—He leído el artículo. No hay nada en él,
sólo algunas suposiciones basadas en el hecho de que no hemos hecho ninguna
declaración.
—Lo sé. Lo único que puedo hacer es
disculparme.
—No es necesario. Sugiero que ninguno de
los dos confirmemos ni neguemos la historia —Yong Hwa se encogió de hombros—Si
es bueno para tu carrera, a mí no me molesta.
Aliviada, Shin Hye empezó a recoger las
tazas y Yong Hwa la ayudó.
—Me gusta tu hermana —dijo.
—Está felizmente casada —Shin Hye se
arrepintió de haber dicho aquello. Casi parecía una advertencia—Su marido
también es muy agradable.
Yong Hwa le dedicó una divertida mirada.
—Eso supongo.
Yong Hwa ya podía valerse con una sola
muleta y sus manos estaban prácticamente curadas. Pero el día anterior al vuelo
de Shin Hye a Tokio para la audición, tropezó al salir de baño y se torció el
tobillo malo.
Shin Hye, que acababa de levantarse de la
cama, lo oyó caer y corrió al pasillo en camisón, arrodillándose junto a él.
—¡Yong Hwa! ¿Qué te ha pasado?
Él estaba maldiciendo de manera salvaje
pero de pronto calló y apretó los labios con fuerza. Shin Hye vio que su frente
estaba cubierta de sudor.
—Estoy bien —dijo él—Dame la maldita
muleta.
Pero Yong Hwa fue incapaz de apoyar el
peso de su cuerpo en el tobillo, volviendo a maldecir cuando lo intentó. Shin
Hye tuvo que ayudarlo a ir a su habitación, donde cayó torpemente junto a ella
sobre el colchón, aprisionándole el brazo con su cuerpo.
Había cerrado los ojos y estaba tan pálido
que Shin Hye temió que fuera a desmayarse. Alzó su mano libre para apartarle un
mechón de pelo de la húmeda frente y él abrió los ojos.
Los tenía vidriosos y mientras Shin Hye lo
miraba con ansiedad, sus pupilas se dilataron y oscurecieron.
—Dios, Shin Hye —murmuró—. ¿Tienes que...?
— algo parecido a la angustia recorrió su cuerpo. El color volvió a sus
mejillas y sus ojos se deslizaron del rostro de Shin Hye al abierto escote de
su camisón. Ella sintió el profundo y tembloroso aliento que lo recorrió, y
cómo se excitaba contra sus muslos—Apartate de mí— gruñó y volvió a cerrar los
ojos.
—Estás tumbado sobre mi brazo.
—¿Umm? —Yong Hwa alzó los párpados y la
miró.
—No puedo moverlo —explicó Shin Hye,
luchando contra el impulso de bajar la boca los escasos centímetros que la
llevarían hasta la de Yong Hwa. Era posible que estuviera sufriendo, pero
también estaba reaccionando físicamente hacia ella y no podía ocultarlo. ¿Sería
inmoral aprovecharse de su debilidad? Shin Hye supuso que sí.
Se irguió cuidadosamente.
—Déjame ver tu tobillo.
—Vete Shin Hye
—No puedo. Te has hecho daño y puedo
ayudarte.
—¡Oh diablos! —dijo Yong Hwa, apoyando un
brazo sobre sus ojos— Entonces hazme un favor, ¿de acuerdo? ¡Ve a ponerte algo
de ropa!
Ella le hizo caso y volvió enseguida. El
tobillo estaba muy hinchado, y, de mala gana, Yong Hwa dejó que Shin Hye lo
llevara a su médico para que lo examinara. Éste le dijo que tendría que
permanecer inmóvil dos días y luego caminar con mucha cautela.
—No podré ir a Tokio —dijo Shin Hye.
—Por supuesto que irás —insistió Yong Hwa—Estaré
bien.
—No puedo.
—¡Sólo me he retorcido el maldito tobillo!
—gritó Yong Hwa—. Ese no es motivo para que pongas en peligro tu carrera. ¡No
seas tonta!
Shin Hye abrió la boca para replicarle,
pero se contuvo. Lo cierto era que tenía razón
—Le pediré a Min Young que venga a echarte
un vistazo —dijo—De lo contrario, me pasaré el día preocupada.
La boca de Yong Hwa se tensó
amenazadoramente. Luego, entre dientes, dijo:
—De acuerdo. Si así te sientes mejor...
Shin Hye se fue antes de la seis de la
mañana y cuando volvió del viaje por la noche, encontró a Yong Hwa con la
pierna subida al sofá, tumbado contra los cojines, con los ojos cerrados. En la
mesita de café estaba el dictafono. Se preguntó si había estado esperándola.
Él alzó la cabeza al oírla y una sonrisa
iluminó su rostro antes de que volviera a adquirir la pétrea expresión de los
últimos días.
—¿Qué tal ha ido la prueba? —preguntó.
—Creo que bien —Shin Hye dejó la bolsa de
viaje en el suelo—. ¿Y tú qué tal has pasado el día?
Él se encogió de hombros.
—He estado engañándome pensando que podía hacer
un libro —dijo, indicando el dictáfono.
—Ni siquiera las has pasado a papel.
¿Puedo escucharla? —Shin Hye no se había atrevido a preguntarlo hasta entonces.
—Debes estar cansada.
—Me ayudará a relajarme.
La primera parte empezaba con la
descripción de los preparativos para la fatal expedición al Himalaya. Luego
detallaba el viaje a Nepal y el asentamiento del campamento base a los pies del
monte a escalar. La narración arrancaba de ahí, intercalada con breves
recuerdos de otras ascensiones y descripciones de gente local y compañeros
escaladores.
—Apágalo —dijo—Ningún editor en sus
cabales podía interesarse por algo así.
—Necesitas un escritor fantasma.
—¿Eso es hacer trampa?
—No, si el escritor es mencionado como
coautor —explicó Shin Hye, enunciando un pensamiento que se había estado
formando en su mente—Me gustaría intentarlo.
Yong Hwa parecía impaciente, más que
agradecido.
—No pienso aceptar más favores de ti, Shin
Hye.
—¿Y si el favor me lo haces a mí? El
trabajo de modelo no dura toda la vida. Puede que me queden como mucho cinco o
seis años de profesión. Entretanto, espero hacerme un nombre como escritora.
Aparecer en la cubierta de un libro sería una buena propaganda para Hacci Park.
Hizo falta un poco más de persuasión,
pero, finalmente, Yong Hwa dijo:
—Te pagaré por ello, por supuesto.
Shin Hye sabía que Yong Hwa quería que Chae
Won se beneficiara del libro, pero tal vez ese no era el momento adecuado para
decir que no le importaría trabajar gratis.
—Déjame organizar dos o tres capítulos y entonces
hablaremos con el editor. Si le interesa, entonces discutiremos los detalles.
Durante los dos días siguientes trabajó
firmemente en el proyecto, transcribiendo en el procesador de textos y
ordenando la narración.
Finalmente, le entregó las páginas a Yong
Hwa.
—Esto es un borrador de los primeros
capítulos.
Mientras él leía, Shin Hye calentó en el
microondas unos trozos de pollo, cortó pan y preparó una ensalada.
Yong Hwa entró en la cocina cuando estaba
dejando el pollo sobre la mesa.
—Es brillante —dijo, casi reacio. ¿Había
esperado que hiciera un desastre de trabajo?
—Es muy tosco, pero espero que puedas ver
lo que pretendo hacer. Hay algunos aspectos técnicos que tendrás que aclararme.
También hay algunas lagunas.
—¿Qué lagunas?
Shin Hye dudó.
—No hay nada en las cintas sobre como...
como murió Young Ho.
El rostro de Yong Hwa se endureció.
—Eso no es para el consumo público.
—Comprendo tus sentimientos, pero un
editor...
—¡No comprendes nada! No pienso aumentar
la pena de Chae Won describiendo los últimos momentos de su marido para que
cualquiera pueda leerlos.
—¿Por qué no le preguntas lo que siente al
respecto?
—¿Cómo te sentirías tú? —espetó Yong Hwa.
—A mí no me ha sucedido...
—¡Y nunca te sucederá! —dijo él enérgicamente.
—¿No crees que debería decidirlo ella?
—No quiero que se sienta obligada a
aceptar.
—Pensaba que se conocían mejor que eso.
Yong Hwa frunció el ceño.
—Lo pensaré.
Shin Hye iba por el segundo capítulo
cuando Yong Hwa se acercó a la mesa y dejó una taza de café a su lado.
—Gracias —dijo Shin Hye distraídamente,
tomándola. Entonces miró las manos de Yong Hwa—¡Es estupendo. Yong Hwa!
Por supuesto que se alegraba de que
mejorara. Pero aunque él había sido escrupulosamente cortés y antes de dañarse
de nuevo el tobillo había dado muestras de ceder a algo parecido a la amistad
en un par de ocasiones, desde la escena de la cama, había erigido una barrera
mental entre ellos y mantenía a Shin Hye firmemente al otro lado de ésta.
Chae Won volvió a telefonear.
Al oír la calidez con que le habló Yong
Hwa, Shin Hye pensó con tristeza que nunca utilizaba aquel tono con ella.
—Sí —estaba diciendo Yong Hwa—Me están
cuidando muy bien. Pero no puedo seguir abusando de la hospitalidad de Shin
Hye.
A punto de salir de la habitación, ella se
volvió para protestar.
—No estás...
—Sí, pásamelas —dijo Yong Hwa, y Shin Hye
supuso que las niñas estaban deseando hablar con él—Hola, cariño. Sí, soy tío Yong.
Por supuesto que iré a verlas en cuanto pueda. Sí, es una promesa... Hola,
pequeña. Lo siento... supongo que ya eres una niña grande —sonrió con ternura y
Shin Hye deseó estúpidamente que alguna vez le sonriera así a ella—¿Tu
cumpleaños? Tal vez. Lo intentaré. No, tu papá no irá conmigo, corazón. Esta
vez no —su sonrisa se transformó en una expresión desolada.
Shin Hye sintió que sus ojos se llenaban
de lágrimas. Debía ser difícil para una niña de tres años comprender que su
padre había muerto. Sobre todo un padre que tenía la costumbre de no estar en
casa durante semanas o meses.
Yong Hwa habló brevemente con Chae Won y
colgó el auricular.
—Las niñas echan de menos a su padre.
«Chae Won también y tú», pensó Shin Hye.
—Sí. Ella y Young Ho tenían... algo
especial.
—¿Entonces por qué Young Ho...? —Shin Hye
se interrumpió.
Yong Hwa no le agradecería que criticara a
su amigo muerto.
—Chae Won comprendía —dijo Yong Hwa.
—Sus hijas no...
Una sombra oscureció el rostro de Yong
Hwa.
—No. Tienes razón —había una nota áspera
en su voz—Min Rae quiere que vaya a su fiesta de cumpleaños.
Un frío temor se apoderó de Shin Hye.
—¿Cuándo?
—El próximo sábado —Yong Hwa se miró las
manos y las flexionó—. Tengo que estar allí. Por Young Ho. Ya que él se ha ido,
supongo que ahora soy lo mejor que tienen.
Quedaba tan poco tiempo... Shin Hye
permaneció donde estaba, como aturdida. No podía hacer nada por retenerlo.
Además, no podía ser tan egoísta.
—Supongo que será mejor que vayas —tras
una dolorosa pausa, añadió—: ¿Volverás?
—¿Aquí? —Yong Hwa miró a su alrededor y
luego a ella—No me parece buena idea.
Por supuesto que no. Había permanecido
allí de mala gana después de lo sucedido la primera tarde, como lamentando su
dependencia, y tratando de recuperarse lo antes posible para no tardar en irse
de allí.
—¿Y el libro? —preguntó Shin Hye.
—Esta todo en a memoria del dictáfono. Ya
no me necesitas.
Shin Hye dudó.
—El editor que mencionaste vive en Wonju,
¿no?
—Tal vez deberías ponerte en contacto con
él antes de irte —la mayoría de los editores rechazaban escritores a puñados,
pero aquel se había acercado a Yong Hwa. Supuso que la fama de Yong Hwa marcaba
la diferencia.
—Quiero darte las gracias —dijo Yong Hwa
el día antes de irse a Busan—Sé que no me he mostrado especialmente agradecido.
—No he hecho nada que no quisiera hacer.
—¿Ni siquiera devolverle a Jong Suk su
anillo?
—Nuestro compromiso fue un error. Siento
haberle hecho daño, pero no lamento haberme dado cuenta antes de que fuera
demasiado tarde.
Yong Hwa la miró un momento en silencio y
luego dijo abruptamente:
—¿Dejas que te invite a cenar esta noche?
¿A modo de despedida?
Aquello quería decir «gracias y adiós».
Shin Hye tragó el nudo que se le había formado en la garganta.
—Eso será agradable.
Yong Hwa reservó una mesa en uno de los
mejores restaurantes de Seúl. Esa tarde salió temprano en taxi y volvió con una
gran bolsa.
—Cuando fui Gangwon no metí en mi equipaje
ropa de vestir —explicó— Tengo casi todo en casa de Chae Won.
Yong Hwa le había contado a Shin Hye que tenía
una casa herencia de sus padres, pero que estaba alquilada, y que entre
expedición y expedición se quedaba en algún apartamento o se quedaba con
algunos amigos.
Esa noche, Shin Hye decidió estar más
elegante que nunca. Se puso un ajustado vestido con una sencilla torera de
manga corta color burdeos que enmarcaba sus hombros y senos, realzaba su
esbelto talle y su diminuta cintura. Sus largas y esbeltas piernas calzaban
unos elegantes zapatos de tacón alto y fino. Se recogió el pelo en un moño aparentemente
sencillo y lo sujetó con una peineta de plata. Su maquillaje era discreto pero
impecable y llevaba los labios pintados de rosa. Si Yong Hwa estaba decidido a
salir de su vida, no tenía intención de ponérselo fácil.
Cuando recogió su bolso y entró en el
cuarto de estar, donde Yong Hwa la esperaba, Shin Hye vio el asombro que
reflejaron sus ojos mientras se levantaba del sofá y le dedicó una lenta
sonrisa de triunfo. Al menos, iba a costarle olvidarla.
—Estás... —Yong Hwa se interrumpió para
aclararse la garganta —...fantástica.
—Gracias —él también tenía un aspecto
fantástico con su esmoquin, y esa tarde se había cortado el pelo—Tú también.
La sonrisa de Yong Hwa contenía un matiz
de reserva. Seguía manteniendo aquella barrera entre ellos. Tal vez la
admirara, incluso la deseara, pero era evidente que no la había perdonado.
Se oyó un discreto toque de bocina en el
exterior y Yong Hwa dijo:
—Ese debe ser nuestro taxi.
Mientras salían, Shin Hye comprobó con una
mezcla de alegría y tristeza que Yong Hwa apenas necesitaba su muleta para
caminar.
En el restaurante, él pidió un buen vino y
dijo:
—Lo estamos celebrando, ¿no?
—Sí —Shin Hye sonrió. «Puede que tú lo
estés celebrando; yo me estoy muriendo por dentro».
El camarero regreso y les sirvió el vino.
Shin Hye alzó su copa hacia Yong Hwa.
—Por tu completa recuperación.
—Gracias. Y por tu buen corazón —la boca
de Yong Hwa se curvó irónicamente.
Shin Hye negó con la cabeza.
—Eso no ha tenido nada que ver. ¿De verdad
crees que sentí lástima por ti? ¿Es ese el motivo por el que estás... enfadado?
—¿Enfadado?
—Lo estás —insistió Shin Hye—Por dentro.
—Enfadado —repitió Yong Hwa
pensativamente—Lo estaba, sobre todo cuando descubrí que me habías mentido
respecto a nuestro compromiso.
—No lo hice bien —confesó Shin Hye—.
Pretendía hablar con Jong Suk para decirle que estabas conmigo. Luego iba a
contarte que... que había habido un error.
—¿De verdad pensabas contármelo? —Yong Hwa
miraba su copa mientras la movía suavemente sobre el mantel.
—¡Por supuesto que pensaba hacerlo! No
creerás que iba a dejarte creer...
Yong Hwa la miró con ojos brillantes de
curiosidad.
—No estoy seguro.
El camarero se acercó a servirles el entremés y Yong Hwa se preparó para probarlo.
—Puede que te sorprenda —dijo Shin Hye con
frialdad cuando el hombre se fue—, pero no estaba precisamente desesperada por
encontrar marido. Tenía a Jong Suk, y lo cierto es que nunca me han faltado
ofertas.
Yong Hwa dejo los utensilios, se
limpió los labios con la servilleta y rió.
—Acabas de ponerme en mi sitio.
—Y más aún —continuó Shin Hye, negándose a
reír con él—Cuando me invitaste a ir al refugio de tus amigos, me negué. ¿O no
lo recuerdas?
Yong Hwa se puso serio y su mirada se
oscureció.
—Lo recuerdo. También recuerdo que me diste
un beso de despedida muy... entusiasta.
Shin Hye removió su ensalada.
—Tan sólo fue un beso.
—A mí me transmitió algo más que mera
gratitud.
Shin Hye miró a Yong Hwa a los ojos.
—Sabes que... me sentía atraída por ti.
Pero seguía comprometida con Jong Suk.
—No debí permitir que me llevaras a tu
casa —dijo, bruscamente—Sólo he conseguido complicarte la vida.
—¡No! —Shin Hye apartó
el plato—Quería que vinieras. Quería... cuidarte. Nadie me obligó a
hacerlo.
—Casi hice que te sintieras obligada a
invitarme — Yong Hwa parecía asqueado consigo mismo—Debería haber ido a casa de
Chae Won. O a cualquier otro sitio.
—¿Tan mal lo has pasado?
—Ha sido una auténtica tortura.
Shin Hye se sobresaltó al escuchar la
respuesta de Yong Hwa. No pudo evitarlo.
Él se dio cuenta, por supuesto. Cerró los
ojos y, tras suspirar, volvió a abrirlos.
—¡Oh, cielos! Shin Hye... no me refería a
que no aprecie lo que has hecho.
—¿Entonces a qué te referías? —preguntó
Shin Hye en tono retador.
—De acuerdo —dijo Yong Hwa—Si necesitas
que te lo aclare... quiero decir que vivir contigo en la misma casa, mirándote
todo el día mientras hacías cosas por mí me ha estado volviendo loco.
—¿Por qué? —la voz de Shin Hye fue apenas
un susurro. Pero estaba dispuesta a hacer que Yong Hwa expresara sus
sentimientos, quisiera o no.
—Sabes muy bien por qué —dijo él con
aspereza—. ¡Porque te deseo tanto que apenas puedo controlarme!
jbcdasxjmcbnsmjdn por que ??? por que precisamente ahi tiene que terminar esa parte nooooooo !!! yo quiero saber cual sera la reaccion de shin y que le dira o que mas pasara nooooooooo !!! quiero leer massssss por favor no tardes mucho aaa .. siii ?
ResponderEliminarwuaaa cada vez muero por seguir, pero que tortura porque terminar el capitulo ahiii, me encanta y ya que los dos esten juntos jejeje, porque shin tambien se siente atraida por el.
ResponderEliminar