viernes, 10 de julio de 2015

MIENTRAS DORMÍA - CAPITULO 7

Por un loco instante, Shin Hye quiso contestar que ambos. Pero Jong Suk se dirigió a Yong Hwa antes de que ella pudiera hablar.
—Acabo de decirte que está comprometida conmigo. Algún periodista cometió un estúpido error y Shin Hye temió que no te recuperaras si te contaba la verdad.
Yong Hwa lo ignoró.
—¿Shin Hye? —insistió.
Ella tragó con esfuerzo.
—Hay algo de cierto...
Jong Suk volvió a interrumpirla.
—¡Por Dios santo, Yong Hwa! Estabas a las puertas de la muerte. ¡Ella sintió lástima por ti! ¡Es mi anillo el que lleva en la mano! —se acercó a Shin Hye y tomó su mano izquierda cuando ella estaba a punto de ocultarla tras su espalda—O lo era...
Shin Hye apartó los ojos de la pétrea mirada de Yong Hwa y los volvió hacia Jong Suk.
—Pensé que querrías que te lo devolviera, después... después de lo que te he hecho.
Jong Suk dejó caer su mano y la miró pensativamente.
—No diré que no se me había pasado por la mente — reconoció con rigidez—Pero sé que es tu buen corazón el que te ha impulsado a meterte en este lío.
—Jong Suk, lo siento...
—Todo esto es muy conmovedor —interrumpió Yong Hwa—pero creo que me debes una explicación.
Estaba más pálido que antes. Preocupada, Shin Hye se acercó a él.
—Siéntate, por favor, Yong Hwa.
—¡No quiero sentarme! —dijo él con aspereza—Simplemente responde a mi pregunta. ¿Aceptaste casarte conmigo alguna vez?
Retorciéndose las manos. Shin Hye trató de buscar una forma suave de decir la verdad, pero no la encontró.
—No —dijo, finalmente—Nunca me lo pediste.
Yong Hwa permaneció impávido.
—Comprendo.
Shin Hye se sintió como si lo hubiera golpeado.
—No creo que comprendas. Pero siento haberte... engañado. Era una situación difícil. Me gustaría explicártelo más tarde —miró a Jong Suk. No se sentía capaz de hablar sobre aquello ante él.
—No es necesario que me des explicaciones —finalmente, Yong Hwa se movió, encaminándose con esfuerzo hacia la puerta—Supongo que tienen mucho de qué hablar. Los dejare solos mientras voy a hacer mi equipaje.
—¿Tu equipaje? —Shin Hye se volvió para seguirlo—¡No puedes!
Yong Hwa giró la cabeza y Shin Hye se detuvo en seco al ver su furiosa expresión.
—¡No soy totalmente inútil!
—¡Me refería a que no puedes irte! ¿A dónde vas a ir?
—Encontraré algún lugar —cuando Shin Hye alargó una mano para tocarle el brazo, Yong Hwa lo apartó como si fuera a quemarlo—¡No me toques!
—Yong Hwa, tenemos que hablar...
—Creo que nunca volveré a querer hablar contigo. Habla con tu prometido.
Shin Hye permaneció donde estaba, temblando, mientras Yong Hwa salía. Luego fue a su dormitorio y buscó en su bolso el anillo de Jong Suk antes de volver al cuarto de estar.
—Jong Suk —dijo, alargando el anillo hacia él—me he comportado mal en todo este asunto y lo siento de veras. No merecías que te tratara así. Pero... pero ya no puedo casarme contigo.
Jong Suk miró el anillo sin tratar de tomarlo.
—Puede que ambos necesitemos pensar sobre todo esto —dijo con voz ronca.
—No creo que sirva de nada.
—Te quiero, Shin . Y tú me dijiste que me querías.
—Creía que así era. Y así es, pero no... no como te mereces. No siento...
—No sientes por mí lo mismo que por él —Jong Suk señaló con la cabeza hacia la puerta—Crees estar enamorada de él, ¿verdad?
Shin Hye no quería admitir aquello ni siquiera ante sí misma. Sus emociones y su vida se habían complicado demasiado como para pensar en aquella posibilidad.
—Yo... no sé —dijo—Sólo quería ayudarlo. Tenía que estar con él —nada le había importado excepto eso.
Los labios de Jong Suk se tensaron. Luego movió la cabeza casi con lástima.
—Tienes una fijación con ese hombre. Has creado la imagen de un héroe basándote en un incidente que apenas recuerdas. Casi siento lástima por él; si alguna vez cae del pedestal al que lo has subido...
—Toma tu anillo, Jong Suk... por favor. Sólo puedo volver a disculparme y esperar que encuentres a alguien que sea mejor persona que yo.
Reacio, Jong Suk tomó el anillo y lo guardó en un bolsillo.
—Nunca amaré a nadie como te amo a ti —dijo, haciendo que los ojos de Shin Hye se llenaran de lágrimas de culpabilidad.
La tomó por los hombros y la atrajo hacia sí y la abrazó.
—Cuando recuperes el sentido, llámame —dijo, soltándola—Estaré esperando.
Un instante después, Jong Suk salió de la casa. Shin Hye se frotó con las manos las húmedas mejillas. Sólo entonces vio la figura de Yong Hwa en el umbral de la puerta. ¿Cuánto tiempo llevaba allí?
Avanzó con dificultad, sosteniendo en una mano una libreta de direcciones además de la muleta.
— Mi móvil esta sin señal ¿Te importa que haga una llamada? —preguntó con frialdad.
—No, claro que no. Pero... ¿a quién...?
Yong Hwa contestó con insultante claridad.
—Voy a llamar a un amigo para pedirle que me acoja en su casa esta noche. Mañana volaré a Busan y me quedaré una temporada con Chae Won.
—Dijiste que ya estaba bastante ocupada.
—Ya no tengo elección —Yong Hwa miró a su alrededor, vio el teléfono y se dirigió a él. Dejó las muletas apoyadas en el sofá, buscó un numeró en su libreta y descolgó el auricular.
—No es necesario que hagas esto —dijo Shin Hye—No tienes por qué irte.
Yong Hwa alzó las cejas irónicamente.
Shin Hye dudó.
—Jong Suk y yo ya no estamos... comprometidos.
—Siento oírlo —dijo él con frialdad—¿Por eso estabas llorando?
—No... sí —Shin Hye apartó un mechón de pelo de su frente con impaciencia—Es complicado... —murmuró.
—Las complicaciones parecen ser tu especialidad —Shin Hye percibió el enfado que había bajo el frío tono de Yong Hwa. Como para confirmarlo, añadió—: En caso de que tengas alguna duda, te aseguro que yo tampoco tengo intención de hacerte mantener tu supuesto compromiso conmigo.
—Nunca le dije a nadie que estuviéramos comprometidos —se defendió Shin Hye—Fue un malentendido.
—Que no trataste de corregir.
—En el hospital me dijeron que era importante mantenerte animado.
—¿Simulando una relación que no existía?
—En ese momento no parecía importarte. Si me lo hubieras preguntado te habría dicho la verdad en cuanto te hubieras repuesto.
—Te lo pregunté una vez. Pensé que te hirió que no lo recordara, así que decidí dejarlo, esperando recuperar mi memoria y recordar cómo llegamos a comprometernos—Yong Hwa hizo una pausa—Me dejé engañar fácilmente, ¿no?
—No fue mi intención. Las cosas simplemente... sucedieron.
—¿Quieres decir que simplemente estabas en Gangwon por casualidad y qué pasaste por casualidad por la unidad de cuidados intensivos y me viste allí por casualidad?
Shin Hye se ruborizó al oír el tono exageradamente amable de Yong Hwa.
—Cuando me enteré del accidente, vine directamente y pregunté por ti. Si no hubieran pensado que era tu novia no me hubieran dejado pasar a verte. Así que les dejé pensarlo. Entonces una reportera vio mi anillo y sacó conclusiones erróneas. Después todo el asunto fue aumentando como una bola de nieve y se escapó de mis manos.
Yong Hwa asintió.
—Comprendo.
—¿En serio? —preguntó Shin Hye, esperanzada.
—Actuaste siguiendo tu bondadoso corazón —dijo Yong Hwa en tono meloso y sarcástico.
—Jong Suk está equivocado. No fue sólo porque sintiera lástima por ti.
Yong Hwa la miró un momento, sopesando su respuesta.
—No, también tenías la errónea idea de que me debías algo —su boca se curvó con aversión.
—Te debo...
—¡Oh, por Dios santo, Shin Hye! —Yong Hwa hizo un gesto de repulsa— Ahórrame tu gratitud, por favor. No la quiero.
—Lo sé pero no puedo evitar...
—Si alguna vez me debiste algo —dijo él, enfadado—ya has pagado la deuda de sobra. Considérala cancelada.
—Te he hecho daño —dijo Shin Hye en voz baja—Lo último que quería...
—¿Daño? —Yong Hwa rió con cruel aspereza—Te subestimas. Por supuesto que me sentí alagado cuando pensé que habías aceptado mi proposición. Pero al mismo tiempo pensé que debí volverme loco para hacerla.
Aquello fue como una bofetada dura y seca.
—Dijiste que me amabas —susurró Shin Hye.
—Era lo lógico, dadas las circunstancias —replicó él con frialdad—La mejor manera en que un hombre que está a punto de confesar que no recuerda haberle pedido a su prometida que se case con él, es con una declaración de amor. Y sólo por curiosidad, ¿cuánto tiempo tenías planeado seguir con la farsa?
Shin Hye empezaba a enfadarse.
—Sólo quería ayudar. Te lo habría dicho...
—¿Cuándo?
—Cuando ya no me necesitaras.
Yong Hwa se puso rígido.
—No te necesito. Nunca te he necesitado. Creo haberte dicho una vez que en mi vida no había lugar para una relación permanente con una mujer.
—No lo había olvidado.
—Bien. Entonces comprenderás que me alivia saber que me he librado de mi compromiso contigo.
Tras haber silenciado eficazmente a Shin Hye, Yong Hwa volvió a prestar atención al teléfono que sostenía en sus débiles dedos. Tuvo que mirar el número de nuevo en la libreta y luego empezó a pulsar dolorosamente los pequeños botoncitos del aparato. Al cabo de un instante, maldijo entre dientes y volvió a empezar de nuevo.
Era insoportable de ver. Angustiada por su impotencia, Shin Hye dijo:
—Déjame hacerlo.
Pero cuando se acercó a su lado, Yong Hwa se volvió ferozmente hacia ella y exclamó:
—¡No necesito tu ayuda! —y siguió marcando los números con la punta de un dedo.
Deseando arrancarle el auricular de la mano, Shin Hye se retiró hasta la ventana y permaneció allí, cruzada de brazos.
Al no oír ningún ruido a sus espaldas, se volvió y vio a Yong Hwa con el auricular en la mano, escuchando atentamente con creciente impaciencia. Finalmente, con el ceño fruncido, bajó el auricular, presionó el botón de llamada, volvió a comprobar el número en la libreta y empezó todo el proceso de nuevo.
Shin Hye apretó con tanta fuerza sus manos que se hizo daño en los brazos.
Yong Hwa renunció y empezó a buscar otro número en la libreta. Al hacerlo, el auricular cayó de su mano a la alfombra. Se inclinó torpemente para recogerlo, mientras Shin Hye lo observaba, impotente. Se sobresaltó cuando Yong Hwa empezó a marcar otro número. Debió equivocarse de nuevo, pero en esa ocasión maldijo en voz alta y lanzó el auricular contra la pared. Su rostro era la viva imagen de la furia.
Shin Hye fue a recoger el aparato.
—Me disculpo —espetó él—Ha sido una reacción estúpida e infantil. ¿Está estropeado?
—No creo —Shin Hye fue a colgar el teléfono y dejó la mano apoyada en él mientras se volvía a mirar a Yong Hwa—¿Y lo que tratas de hacer no es también estúpido e infantil? No hay ningún motivo por el que tengas que irte de aquí esta noche. O hasta que te hayas recuperado.
Yong Hwa se apoyó contra la mesa, alzó las manos hasta su rostro y las observó atentamente unos segundos. Suspiró pesadamente, derrotado.
—De acuerdo —murmuró—Tú ganas... por ahora.
Aliviada, Shin Hye apartó la mano del teléfono.
—Voy a preparar algo de comer.
Yong Hwa asintió, reacio.
—Supongo que es inútil ofrecerte ayuda.
—Supones bien. Te llamaré cuando todo esté listo. Puedes sentarte a ver la televisión, si te apetece. Te ayudo a ir hasta el sofá.
—No hace falta. Me encuentro perfectamente.
No era así, y Shin Hye lo sabía. Yong Hwa llevaba demasiado rato en pie y estaba pálido debido al dolor, aunque nunca lo admitiría.
Cuando fue a avisarle de que la comida estaba lista, lo encontró sentado en el sofá con una revista abierta ante sí sobre la mesita de café. Debía haberla tomado de las que había en la estantería cercana.
La cocina no era grande pero había sido eficientemente diseñada y en la zona para comer podían sentarse cómodamente dos personas. Shin Hye había preparado una cremosa sopa, seguida de una salsa, carne asada  y arroz.
Yong Hwa comió en silencio, pero cuando terminó dijo:
—Estaba muy bueno.
—Hay más, si quieres —al menos estaban hablando, aunque la conversación no fuera especialmente animada.
Yong Hwa negó con la cabeza y Shin Hye llevó los platos al fregadero. Luego sirvió un generoso trozo de tarta de manzana en un recipiente, le añadió una cucharada de helado de vainilla y lo roció todo con crema fresca. Para ella cortó un pequeño trozo de tarta y lo sirvió en un plato.
Cuando colocó los postres en la mesa y se sentó, Yong Hwa miró del suyo al de ella.
—Necesitas calorías —dijo Shin Hye—Yo no puedo permitírmelas —si siguiera la dieta recomendada para Yong Hwa, se pondría como un globo en menos de un mes y se quedaría sin trabajo.
—Esto va a resultar difícil para ti —dijo Yong Hwa, tomando su cucharilla—¿Estás segura de que es bueno comer tan poco?
Shin Hye se encogió de hombros.
—Llevo una dieta muy saludable. Además, nunca me han gustado mucho las comidas grasas.
—Esto no tiene grasa —Yong Hwa tomó un bocado de su postre y lo tragó— Está delicioso.
—Me temo que el mérito no es mío —la comida parecía haber suavizado un poco el enfado de Yong Hwa. El camino hacia el corazón de un hombre...
Shin Hye sonrió para sí y Yong Hwa dijo secamente:
—¿Qué es tan divertido?
—Nada especial. Me alegra que estés disfrutando de la comida.
Tras comer su trozo de tarta, Shin Hye se levantó y preparó café mientras Yong Hwa terminaba.
Él no podía sostener una taza pequeña en su mano, de manera que Shin Hye le sirvió el café en un tazón. A pesar de todo, Yong Hwa tuvo que dejarlo rápidamente en la mesa. Shin Hye tuvo que morderse la lengua para no ofrecerse a llevárselo a los labios.
—Mañana iré a comprar una taza termo.
Incluso aquello hizo que Yong Hwa frunciera el ceño.
—Creo que no me vendrá mal acostarme pronto después del viaje que hemos hecho —apartó la silla de la mesa para levantarse—¿Te importa que me lleve a la cama la revista que estaba leyendo?
—Por supuesto que no. Yo te la llevaré.
Tras recoger la mesa, Shin Hye fue por la revista y luego llamó a la puerta de Yong Hwa, aunque estaba entreabierta.
Estaba sentado en la cama. Se había quitado el jersey y llevaba las mangas de la camisa sueltas, pero Shin Hye se fijó en que no había podido soltarse los botones delanteros. Esa mañana debía haberle ayudado una de las enfermeras a vestirse.
Sin decir nada, dejó la revista sobre la cama y se arrodilló frente a él. Yong Hwa permaneció inmóvil, con expresión pétrea, mientras Shin Hye le desabrochaba rápidamente la camisa, tratando de apartar los ojos del fuerte pecho masculino que reveló al entreabrirse.
—Mañana dejaré los botones desabrochados.
Shin Hye no discutió.
—¿Tienes todo lo que necesitas?
Yong Hwa bajó los ojos hacia ella y la sensual y burlona mirada que le dedicó hizo que el corazón de Shin Hye latiera más rápido.
—¿Tú qué crees? —rió suavemente—Sí, me las arreglaré.
Shin Hye se levantó y fue hasta la puerta.
—Avísame si necesitas algo más. Quiero decir... —se interrumpió, ruborizada.
—Sé lo que quieres decir —Yong Hwa parecía cansado ahora—Gracias.
En el contestador automático de Shin Hye había llamadas de varios amigos, de su hermana, de su madre y de su agente. La mayoría podía esperar hasta la mañana siguiente, pero decidió llamar a Min Young esa noche.
—¿Qué diablos has estado haciendo? —preguntó su hermana—Mamá me ha dicho que apenas conoces a Yong Hwa, pero la prensa...
—Ya sabes cómo son —dijo Shin Hye.
—Sí, sí, lo sé. ¿Entonces no has estado sosteniéndole la mano y secándole el sudor de la frente?
—No podía sostenerle la mano; tiene las dos congeladas.
—¡Así que estuviste con él! —exclamó Min Young, asombrada—¿Qué ha dicho Jong Suk?
—Él... ya no estamos comprometidos.
Min Young permaneció en silencio unos segundos.
—¿Quieres decir que los periodistas tenían razón? ¿Estás comprometida con Yong Hwa?
—No —negó Shin Hye precipitadamente—No. Pero... lo he traído a casa conmigo. No tenía otro sitio al que ir, y Jong Suk se ha presentado antes de que tuviera oportunidad de explicárselo y... bueno...
—Discutieron y rompieron —Min Young se tomó unos momentos para digerir aquella información—Ese escalador tuyo debe ser bastante especial.
—No es mío. Sólo lo estoy ayudando hasta que pueda valerse por sí mismo. Apenas puede usar las manos.
—Eso dificultará bastante las cosas entre ustedes, ¿no? —Min Young rió.
—No digas tonterías. ¿Recuerdas cuándo estuve a punto de ahogarme?
—¡Nunca lo olvidaré! ¡Ninguno de nosotros lo olvidará!
—¿Reconocerías al hombre que me salvó si volvieras a verlo?
—Nadie lo vio bien, ya lo sabes. Todos estábamos demasiado preocupados por ti.
—Era él. Yong Hwa.
—¿Qué?
Shin Hye dejó pasar unos segundos para que su hermana asimilara la información.
—Por eso estoy haciendo esto. Necesita mi ayuda una temporada. Pero se irá en cuanto se recupere. Así que no saques conclusiones precipitadas, ¿de acuerdo?
Tras colgar, se preguntó si Min Young la habría creído. Parecía bastante escéptica, pero había prometido aclarar las cosas a cualquiera que preguntara.
Cansada, Shin Hye apartó un mechón de pelo de sus ojos. Mañana trataría de explicárselo a su madre.  
Debería haber imaginado que también tendría que explicárselo a su agente. Juno no concebía que sus clientes tuvieran vida privada.
***
—Pensaba que estabas comprometida con un banquero —dijo el agente Juno a la mañana siguiente, cuando Shin Hye la llamó—¿Qué es todo eso de Yong Hwa? ¿Por qué no me habías dicho que estás comprometida con él?
—No lo estoy. Fue un error de los medios de comunicación —Shin Hye no quería que Juno utilizara aquello como una oportunidad publicitaria.
—Sí, claro. Y por eso lo dejaste todo para acudir a su lado. La semana pasada surgió un trabajo estupendo para ti, pero tuve que dárselo a otra. De todas formas, ahora que has vuelto tengo varias cosas esperándote.
—No podré salir de Seúl en una temporada.
—¿Por qué no? Pero no importa, no hará falta ahora mismo. Pasa a verme hoy.
—Esta tarde —prometió Shin Hye. Antes debía asegurarse de que Yong Hwa tenía todo lo que necesitaba.
***
—Sé que necesitas comprar algunas cosas —dijo cuando Yong Hwa salió de su habitación, ya avanzada la mañana—Si me dices cuáles son...
—¿Aparte de una taza para niños? —preguntó él, de evidente mal humor.
—No es una taza para niños. ¡Pero tal vez debería comprarte una si vas a seguir tan refunfuñón!
—No estoy refunfuñando —dijo Yong Hwa en tono helado.
—Entonces eres muy buen actor. Haces comentarios sarcásticos, te escondes en tu habitación...
—He estado haciendo los ejercicios que me mando el fisioterapeuta.
—Oh —Shin Hye alzó brevemente los ojos al techo, deseando abofetearse—Lo siento.
—Olvídalo —Yong Hwa hizo una pausa—La verdad es que no me vendrían mal algunas cosas.
—Me encargaré de comprártelas.
Era evidente que a Yong Hwa no le hacía ninguna gracia la idea. Pero no estaba en condiciones de salir.
Necesitaba camisas, ropa interior, unos vaqueros y unas zapatillas.
—Tengo problemas para ponerme los calcetines — explicó.
Shin Hye no tuvo dificultad para encontrar las zapatillas y la ropa, pero la taza termo le dio más problemas. Finalmente encontró unas con dibujos para niños. Eligió una que tenía pintado un oso.
Cuando la sacó de la bolsa de la compra. Yong Hwa se puso muy serio y de pronto empezó a reír.
—No he logrado encontrar otra cosa —explicó Shin Hye, aliviado al oírlo reír.
—Da lo mismo. ¿Cuánto te debo por todo? Te daré un cheque en cuanto pueda sostener un bolígrafo.
—No aceptaré dinero por la taza. Es un regalo.
—Si no la pago, es tuya.
De manera que no quería regalos de ella.
—De acuerdo —dijo Shin Hye, encogiéndose de hombros para ocultar su dolor—Supongo que no te servirá de nada cuando se te curen las manos.
—He olvidado pedirte que me compraras otra cosa.
—¿Qué? Esta tarde tengo que ver a mi agente. Podría comprártela al volver.
—Un dictáfono digital.
—Tengo uno —Shin Hye solía usarlo para tomar notas verbales para sus artículos de viajes—¿Para qué lo quieres? —preguntó con curiosidad.
—He pensado que podría utilizar el tiempo en hacer algo constructivo —contestó Yong Hwa—Voy a tratar de empezar el libro del que te hablé. Puede que las palabras surjan con más facilidad si las dicto. No puedo escribir ni utilizar un procesador de textos.
—¡Es una gran idea! —dijo Shin Hye, sinceramente animada.
—Al menos así no me volveré loco sin hacer nada.
Shin Hye fue a su habitación por el dictáfono, y prometió comprar una memoria de mayor capacidad esa tarde. Yong Hwa le dio las gracias fríamente. Estaba siendo civilizado, pero Shin Hye sabía que aún hervía de frustración por dentro.
—Pareces cansada —dijo Juno en tono crítico—Cuidar a enfermos no te sienta bien.
—Volví anoche. Dame un par de días para recuperarme.
—Todo ese asunto con Yong Hwa... ¿es algo serio?
—Ya te lo expliqué —Shin Hye se interrumpió al ver la incrédula sonrisa de su agente. No quería entrar en detalles, y protestar no le iba a llevar a ningún sitio—No es nada serio —dijo. Como todos los agentes, Juno no dejaba de buscar formas de lograr que sus clientes aparecieran en los medios de comunicación. Pero, esta vez, Shin Hye se negaba a cooperar—Háblame del trabajo. No quiero nada que me haga pasar la noche fuera.
Juno sonrió con ironía y Shin Hye añadió precipitadamente:
—No es lo que crees. ¿Podemos centrarnos en el trabajo?
Una gran compañía quería un «rostro» para identificarlo con una serie de cosméticos que iban a ponerse a la venta en Japón y Corea, y más adelante en otros países.
—Se va a llamar Enprani —dijo Juno—Tú tienes el aspecto que buscan. Serena, reservada y sexy.
Shin Hye no se sentía serena ni sexy en esos momentos. Lo de reservada podía pasar, pensó irónicamente.
Era la clase de trabajo con que soñaban todas las modelos. Las compañías de cosméticos pagaban muy bien por esa clase de trabajos, y mejor aún si querían un contrato en exclusiva.
—¿Qué ofrecen? —preguntó.
Incluso en su actual estado de indiferencia, la suma que dijo Juno le hizo parpadear.
—Va a ser una promoción muy cara —continuó la agente—Se anunciará tanto en televisión como en prensa y revistas. Y no tendrás problemas con lo de los bañadores, porque el lanzamiento será en invierno. Pero la competencia para el trabajo será muy fuerte. Y en algún momento querrán verte y entrevistarte.
—Supongo. Gracias por haber pensado en mí.
—Hay que tener cuidado con los trabajos que aceptes entre tanto. No puedes hacer nada que choque con la imagen que quieren dar o que te identifique con la firma rival. Es una suerte que no tengas muchos compromisos de trabajo en estos momentos. Por supuesto, les diré que tendrás que pensarlo, pues varias firmas han solicitado tus servicios.
Shin Hye sonrió.  
—Entretanto, tengo dos revistas que quieren sacarte en sus portadas. Eso te vendrá bien y no te llevará mucho tiempo.
—¿Fotos de portada? ¿Cuándo?
—No sólo fotos. Historias. Entrevistas. Tú y tu montañero son noticia caliente... lo de haberlo despertado con un beso es ideal para las revistas femeninas.
—No pienso hacerlo —dijo Shin Hye con firmeza—Nada de historias ni de entrevistas.
—Piensa en tu carrera, Shin Hye. Deberíamos utilizar esto. Tu relación con ese famoso escalador te vendría bien para el asunto de Enprani. Encajaría a la perfección con su campaña de invierno. Por si no lo sabes  ese hombre es considerado un héroe nacional.

—No podemos utilizarlo —protestó Shin Hye—No estoy comprometida con él. Sólo somos buenos amigos.


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1 comentario:

  1. lo bueno es que ya paso todo este lio y aunque yong se puso mas terco que una mula siempre no se fue ... aver que pasa ahora ... y la barra de mensajes de arriba ?????? que paso con ella ?? por que no esta ? ????

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