viernes, 3 de julio de 2015

MIENTRAS DORMIA - CAPITULO 5

—¿ES usted pariente, señorita Park? —la enfermera había reconocido a Shin Hye antes de que ésta le hubiera dado su nombre, y la miraba con disimulada curiosidad.
—Soy una amiga. Yong Hwa no tiene parientes en Corea —dijo Shin Hye—. Su hermano vive en Estados Unidos.
La enfermera se puso inmediatamente alerta.
—¿Tiene la dirección de su hermano?
—Lo siento, pero no.
—Bueno... normalmente sólo admitimos parientes...
—Por favor... Yong Hwa estaba conmigo la noche antes del accidente.
—Oh, ya veo —la mujer seguía dudando— Supongo que siendo su novia...
Shin Hye mantuvo la boca cerrada y no la contradijo. Si aquella era la única manera de que la dejara pasar, no pensaba estropearla.
—Voy a preguntar —dijo la enfermera finalmente—Espere aquí.
Shin Hye esperó, apretándose las manos nerviosamente.
La enfermera apareció unos minutos después.
—La llevaré a cuidados intensivos.
—¡Gracias! —Shin Hye estuvo a punto de desmayarse de alivio.
Yong Hwa estaba en una habitación grande y oscura, con otros pacientes. Numerosas pantallas electrónicas brillaban encima de las camas y en el silencio reinante se oían sus rítmicos ruiditos. Dos enfermeras vestidas de verde se inclinaban sobre uno de los pacientes.
Yong Hwa estaba tumbado en una cama alta y blanca, con tubos saliendo de su nariz y brazos, y cables conectados a su pecho desnudo. Tenía un corte sobre una de las cejas, una mejilla magullada y diversos moretones en hombros y costillas. Una sabana cubría la parte baja de su cuerpo. Tenía el tobillo izquierdo vendado, y ambos pies sobre unas almohadas, estaban envueltos en gasas.
—Están bien —dijo la enfermera, siguiendo la aprensiva mirada de Shin Hye—Nos preocupan más sus manos —estaban vendadas y alzadas— Congelaciones tan severas sólo suelen darse en mayores altitudes.
—¿No llevaba guantes?
—Los tenía mojados y eso puede ser peor. Además ya había sufrido congelación anteriormente, así que es más propenso a que le vuelva a pasar —la enfermera acercó una silla para Shin Hye.
—¿Aún no ha recuperado la conciencia?
—Todavía no.
Shin Hye se sentó en la silla y apoyó una mano en el brazo de Yong Hwa. Resultó alentador sentir su calor. Miró sus manos vendadas y sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. Parecía tan vulnerable, casi desnudo a su mirada y sin embargo ajeno a ello.
—Háblele —aconsejó la enfermera—A veces ayuda —tras dedicarle a Shin Hye una sonrisa de ánimo salió de la sala.
—Yong Hwa —susurró Shin Hye, inclinándose hacia su oído—Despierta, por favor. Tus pies van a recuperarse.
Miró a su alrededor. Las enfermeras vestidas de verde seguían atentas al paciente que atendían.
—Debes mejorar —dijo, volviéndose de nuevo hacia Yong Hwa—Por favor. No me dejes. ¡Acabo de encontrarte! ¡No puedes morirte ahora!
«¡No puedes morirte ahora!» El eco de la voz de Yong Hwa, áspera y exigente, y la deslizante superficie de la tabla de surf bajo la mejilla de Shin Hye mientras él la volvía y cubría con su boca la de ella volvió a su memoria.
—No me dejaste morir —continuó Shin Hye— Yo tampoco pienso permitírtelo. ¿Me oyes, Yong Hwa? ¡No pienso dejarte morir!
No hubo ninguna respuesta. Enfadada, Shin Hye se frotó la humedad de los ojos. Las lágrimas no le servirían para nada.
—Quieres volver a escalar, ¿no? —dijo, tratando de tranquilizarse—Y lo harás. Sé cuanto amas las montañas. Tú me llevaste arriba, ¿recuerdas? Querías enseñarme...
—Eso es —la voz de la enfermera sobresaltó a Shin Hye— Esa es la mejor medicina. ¿Le apetece una taza de café?
—Gracias.
La enfermera comprobó los monitores, asintió y se fue. Cuando volvió, otra mujer la acompañaba. Una mujer joven pálida, de gesto preocupado, con el pelo sujeto en un moño. La viuda de Young Ho.
—Supongo que ya se conocen —dijo la enfermera, alcanzando a Shin Hye una taza de plástico—Disculpen —se alejó rápidamente al ser requerida por una de las enfermeras vestidas de verde.
—Soy Chae Won —la mujer apartó su angustiada mirada de Yong Hwa, e hizo un reverencia.
—Lo sé —dijo Shin Hye, devolviendo el saludo— Yo...
—Tú eres Park Shin Hye, lo sé —Chae Won sonrió al repetir las palabras Shin Hye.
Shin Hye supuso que Yong Hwa le habría hablado de ella. Pero las siguientes palabras de Chae Won negaron su suposición.
—La modelo —añadió Chae Won mientras se quitaba la chaqueta—. No sabía que tú y Yong Hwa fueran... amigos.
—Hemos... he pasado toda esta semana en Gangwon-do. Esquiamos juntos varias veces y cenamos en el hotel Phoenix antes del accidente.
—Comprendo —Chae Won volvió la mirada hacia Yong Hwa—Pobre mi querido amigo —murmuró  acariciando  su brazo.
Pareció un gesto tan despreocupadamente íntimo... Por un instante, Shin Hye se sintió consumida por los celos.
No tenía derecho, por supuesto. Ni siquiera tenía derecho a estar allí, excepto por la íntima y absurda convicción de que Yong Hwa la necesitaba.
—Siéntate aquí —dijo, levantándose y ofreciéndole la silla a Chae Won.
Chae Won protestó suavemente, pero Shin Hye dijo:
—La enfermera ha insistido en que hay que hablarle. A mí no me ha respondido. Puede que tú tengas más suerte.
La otra mujer asintió.
—Tómate un descanso. Yo me quedaré con Yong Hwa hasta que vuelvas. ¿Piensas quedarte aquí un rato?
—Hasta que haga falta.
Lo mismo le había respondió a Jong Suk cuando éste le preguntó cuánto tiempo pensaba permanecer junto a la cama de aquel desconocido.
Y luego quiso saber qué esperaba conseguir con ello.
“No lo sé” replicó Shin Hye “ Pero tengo que ir”
No esperaba que Jong Suk comprendiera. Aún llevaba su anillo, pero sabía que aquello iba a provocar una tensión en sus relaciones que podría acabar siendo intolerable.
Jong Suk se enfadó y no se mostró nada comprensivo, y cuando Shin Hye se fue del apartamento, su beso de despedida fue totalmente forzado.
Chae Won se inclinó sobre Yong Hwa y apoyó la mano suavemente en su hombro.
—Toma —Shin Hye le ofreció su café—No lo he tocado. Puedo ir a por otro para mí. O puedo traerte uno con leche y azúcar.
Chae Won aceptó la taza.
—Así está bien, gracias —dijo y volvió a prestar su atención a Yong Hwa.
Shin Hye salió al pasillo. Suponiendo que debía comer algo, siguió las flechas de indicación y fue a la cafetería, pero no pudo soportar el intenso olor a comida. Compró un par de sándwiches y otra taza de café y salió al jardín del hospital, donde encontró un banco junto a un árbol sin hojas.  
Un débil sol luchaba por penetrar las débiles ramas del árbol y Shin Hye alzó el rostro hacia él, cerrando los ojos. Había hecho dos largos viajes en menos de veinticuatro horas y apenas había dormido. Exhausta, se quedó adormecida.
Despertó con un sobresalto cuando su cuerpo empezó a deslizarse hacia abajo en el duro banco de madera. Aturdida, miró a su alrededor y se pasó una mano por el rostro. Luego se levantó y volvió al hospital.
Había un hombre y un mujer en la entrada, mirando a su alrededor. La mujer sostenía un micrófono y el hombre tenía una cámara de vídeo sobre el hombro. ¿Qué hacía allí la gente de la televisión?
—¿Señorita Park? —la mujer dio un paso hacia ella con el micrófono alzado—Tenemos entendido que está cuidando a Yong Hwa.
—¿Cómo lo saben?
Ignorando la pregunta de Shin Hye, la reportera continuó.
—¿Cómo está?
—Está inconsciente.
—¿No le ha respondido?
—No ha respondido a nadie —Shin Hye comprendió que no debería estar contestando aquellas preguntas. Entrenada para reaccionar positivamente ante los medios de comunicación, para no mostrar signos de mal genio en ninguna circunstancia, trató de reparar el daño.
—Lo cierto es que no estoy cualificada para responder a sus preguntas —dijo en tono agradable pero firme.
—¿Cuánto tiempo llevan viéndose?
—¿De dónde ha sacado esa información? —preguntó Shin Hye, perpleja— Nosotros no...
—Usted ha dicho en el hospital que es la novia de Yong Hwa.
—¡No tenían derecho a decirles eso! —replicó Shin Hye secamente. Alguien debía haber estado chismeando. Pero si negaba aquella información, corría el riesgo de que no le dejaran seguir viendo a Yong Hwa. Sólo le habían permitido entrar porque pensaban que era su novia.
—¿Hace cuánto tiempo que se conocen? —insistió la reportera—¿Dónde se conocieron?
Shin Hye pensó en despistarlos.
—Conozco a Yong Hwa desde los dieciséis años. Somos viejos amigos.
El cámara se acercó más y Shin Hye alargó una mano para evitarlo.
—Por favor...
—¿Eso es un anillo de compromiso? —preguntó la reportera.  
—Sí. Pero no es... —Shin Hye pensó que si les decía que no era de Yong Hwa, la historia de la novia se desmoronaría— No —añadió, dándose cuenta demasiado tarde de que Jong Suk se sentiría muy herido y se pondría furioso si veía aquello— Es un tema privado —dijo—Yong Hwa y yo no estamos comprometidos oficialmente.
Mientras decía aquello, Shin Hye se dio cuenta de que sólo estaba empeorando las cosas. Habría sido más prudente no decir nada.
—Lo siento. Tengo que irme —pasó junto a los reporteros y entró en el hospital, sintiendo que todo el cuerpo le temblaba.
Disimuladamente, se quitó el anillo del dedo y lo guardó en el bolso. Ya era demasiado tarde, por supuesto, pero el desastroso encuentro que acababa de tener con la prensa le hizo comprender que probablemente otros también habrían asumido que el anillo era de Yong Hwa. Seguir con él puesto habría resultado demasiado ambiguo.
Casi fue un alivio entrar en la silenciosa unidad de cuidados intensivos.
—No ha habido ningún cambio —le informó la enfermera que la dejó pasar.
Chae Won sonrió al ver a Shin Hye.
—Hola. ¿Quieres que cambiemos de sitio?
Shin Hye negó con la cabeza a la vez que ocupaba otra silla que le había acercado la enfermera. Envidiaba lo cómoda que parecía sentirse Chae Won junto a Yong Hwa. Aún pesaba en su conciencia haber declarado que mantenía con él una vieja amistad.
—Hay gente de la televisión fuera —murmuró—Puede que haya metido la pata.
Chae Won asintió.
—Eso es fácil. La prensa tiende a poner palabras en tu boca o a imprimir lo que dices dándole otro sentido —se volvió hacia Yong Hwa—Las niñas te mandan recuerdos —dijo con suavidad— Ya te lo había dicho, ¿no? Tienes que recuperarte pronto para venir a visitarnos, ¿de acuerdo? Necesitan saber que estás bien.
Volviéndose de nuevo hacia Shin Hye, susurró:
—Mis hijas se han disgustado mucho cuando me he ido. Están muy asustadas desde la muerte de Young Ho. Pero no podía dejar de venir a ver a Yong. He tratado de explicarles la situación, pero no les he dicho lo grave que está, porque...
Porque no quería asustarlas más. Shin Hye hizo un sonido de comprensión.
—Las llamaré luego —Chae Won apartó cariñosamente un mechón de pelo de la frente de Yong Hwa—Espero que salga de ésta. No podría soportar perderlo también a él —se llevó una mano a los ojos.
Shin Hye pasó un brazo en torno a los hombros de Chae Won y compartió sus lágrimas.  
Compartieron mucho más a lo largo de las siguientes horas, turnándose para salir a refrescarse o a tomar algo. Y hablaron; a veces a Yong Hwa, a veces entre ellas.
—¿Lo conoces hace mucho tiempo? —preguntó Shin Hye en determinado momento.
Chae Won asintió.
—Lo conocí antes que a Young Ho. De hecho, fue Yong quien nos presentó —rió brevemente—Siempre fue una broma entre nosotros tres comentar cómo me ligó Young Ho ante las narices de Yong Hwa.
—¿Salías con él?
—Sólo informalmente. Pero en cuanto Young Ho y yo nos vimos, supimos lo que iba a pasar.
—¿No le importó a Yong Hwa?
—Young Ho tuvo mal la conciencia al respecto, a pesar de que le dije que mi relación con Yong Hwa sólo era informal. A Yong siempre le costó intimar con las mujeres. Éramos amigos, no amantes. También le dije a Young Ho que no tenía sentido que se empeñara en ser noble y abnegado, porque aunque me gustara mucho Yong, después de conocerlo a él sabía que no había otro hombre para mí. A pesar de todo, Young Ho insistió en montar una gran escena de confesión, pero Yong Hwa se limitó a reírse de él y a desearnos suerte. Fue nuestro padrino de bodas —Chae Won alargó una mano y acarició el rostro de Yong Hwa—Vamos, Yong, vuelve con nosotros —suspiró y dejó caer la mano.
***
—Las niñas se están impacientando —dijo Chae Won, preocupada tras hablar por teléfono con su madre y sus hijas al día siguiente—Odio pensar en dejar a Yong Hwa así, y sin embargo...
—¿Qué querría Yong Hwa que hicieras? —preguntó Shin Hye con suavidad.
Chae Won la miró con agradecimiento.
—Diría que me fuera a casa —admitió—Pero...
—Entonces vete —aconsejó Shin Hye—Te avisaré en cuanto se produzca algún cambio.
—¿Cuánto tiempo puedes quedarte?
—Tanto como sea necesario —Shin Hye se había puesto en contacto con su agente para decirle que no estaría disponible hasta nuevo aviso. Apartó el pensamiento de Jong Suk de su mente con decisión.
—He comprado el periódico —dijo Chae Won—Puede que quieras leerlo. Al parecer, también salió en la televisión anoche.
Shin Hye leyó el artículo en cuanto Chae Won se fue a comprar el billete de regreso. Hablaba de la lucha por la vida de Yong Hwa y de la vigilia de su novia junto a su cama, la modelo internacional Park Shin Hye. Según el periodista su compromiso secreto había sido confirmado por la señorita Park.
—¡Oh, no! —Shin Hye cerró el periódico como si así pudiera ocultar aquella historia.
Jong Suk. Tenía que ponerse en contacto con Jong Suk. Ni siquiera lo había llamado desde que fue al hospital para estar con Yong Hwa. Debería haberle advertido. Era mucho esperar que no hubiera leído el periódico ni hubiera visto la televisión. ¿Qué estaría pensando?
Se levantó, dudando. ¿Cuánto podía explicar en aquellas circunstancias? Pero debía intentarlo.
De mala gana, apretó un botón para llamar a la enfermera.
—Tengo que salir un momento.
—De acuerdo —la mujer sonrió—Nosotras lo vigilaremos mientras tanto.
Shin Hye tuvo que llamar a Jong Suk al trabajo desde el Hospital. Sonaba distante, cauteloso. Comprensiblemente, pensó Shin Hye.
—Anoche vi el informe de televisión —dijo Jong Suk.
Shin Hye cerró los ojos.
—Ya sabes cómo son los medios de comunicación. Lo tergiversan todo.
—Lo cierto es que resulta difícil comprender cómo lograste comprometerte con un hombre en estado de coma —dijo Jong Suk, con tono mesurado— Sobre todo teniendo en cuenta que creía que tú y yo ya estábamos comprometidos.
—¡Y lo estamos! —dijo Shin Hye rápidamente—Fue tu anillo el que les dio la idea equivocada.
—Suponía que lo que les dio la idea fue el hecho de que estuvieras manteniendo una devota vigilia junto a la cama del héroe herido, según decían las noticias.
Shin Hye se sobrecogió.
—Están sacando conclusiones...
—Nada irrazonables, dadas las circunstancias. ¿Cuándo vas a volver, Shin ?
—No lo sé. Yong Hwa sigue inconsciente.
Jong Suk suspiró exageradamente.
—Haz el favor de avisarme cuando estés dispuesta a ser mi prometida. Ahora tengo que irme. Me espera un cliente.
Shin Hye no culpó a Jong Suk por ser secó con ella. Pocos hombres habrían sido tan pacientes como él en aquellas circunstancias. Pero se sintió muy deprimida y sola mientras colgaba «¿Qué esperabas?», se preguntó con desdén mientras volvía a la unidad de cuidados intensivos. «¿Apoyo del hombre que has dejado para estar con otro? Sé realista».
Cuando entró en la sala, vio que las cortinas estaban echadas en torno a la cama de Yong Hwa. El corazón le dio un vuelco, pero en ese momento salió una de las enfermeras y le dedicó una animada sonrisa mientras apartaba las cortinas.
Otra enfermera se preparaba para envolver las manos de Yong Hwa con una gasa nueva. Al ver sus inflamados y morados dedos, Shin Hye contuvo el aliento y deslizó la mirada hacia el rostro de Yong Hwa.
Le habían quitado el tubo de la nariz, dejando su rostro desnudo. Sus ojos se hallaban ocultos bajo los párpados cerrados. Tenía la boca entreabierta y los labios secos. Pero seguía pareciendo maravilloso.
La enfermera terminó su tarea y se irguió sin apartar la mirada de él.
—Es muy guapo, ¿verdad? —dijo desapasionadamente—Es usted una mujer afortunada —ruborizándose, añadió—: Quiero decir que estoy segura de que se recuperara. Es un tipo duro —se inclinó de nuevo hacia Yong Hwa y alzó la voz— Su novia está aquí, señor Jung. ¿Por qué no despierta y la saluda?
No hubo reacción. La enfermera miró los monitores que había sobre la cama.
—Hemos notado una pequeña variación cuando le hemos dado la vuelta en la cama. Pensábamos que tal vez... —se apartó a un lado—Inténtelo usted.
Shin Hye se inclinó sobre él.
—Yong Hwa —susurró. La garganta se le cerró. No podía hablar. Parecía tan atractivo y vital... como si una simple caricia o un aliento pudieran despertarlo. Sin embargo, estaba profundamente dormido.
Los ojos de Shin Hye se llenaron de lágrimas. Una de ellas cayó sobre el párpado cerrado de Yong Hwa y se deslizó por su mejilla. Impulsivamente, Shin Hye se inclinó más hacia él y retuvo la lágrima con sus labios. Al hacerlo, creyó sentir el ligero aleteo de las pestañas de Yong Hwa en su piel.
—¿Yong Hwa? —alzó la cabeza, buscando el más mínimo signo de respuesta—. ¡Yong Hwa! —volvió a inclinarse y apoyó deliberadamente la boca en sus  labios, besándolo para que volviera en sí.
Estaba a punto de apartarse, cuando sintió un ligero temblor en los labios de Yong Hwa.
Alzó de nuevo la cabeza y miró atentamente su rostro. Volvió a darle un beso, repitiendo su nombre y de nuevo sintió una respuesta infinitesimal. Cuando volvió a mirarlo, estuvo segura de haber captado un ligero movimiento de sus pestañas.
Se volvió hacia la enfermera, que observaba la escena, fascinada. La mujer dirigió la vista hacia uno de los monitores y pareció sorprenderse por lo que vio en él.
Entonces se oyó un sonido procedente de la cama, un gemido, y la enfermera se inclinó hacia la pared para apretar un botón.
Yong Hwa movió la cabeza imperceptiblemente y volvió a gemir. Sus párpados se abrieron, mostrando un breve destello de brillo y volvieron a cerrarse enseguida.
—¡Yong Hwa! —dijo Shin Hye con urgencia—Despierta, por favor. Mírame.
Yong Hwa volvió a mover la cabeza y gruñó cansadamente. Sus labios se movieron como tratando de formar palabras. Su ceño se frunció debido al esfuerzo.
—Tranquilo —dijo Shin Hye—No tienes por qué hablar — acaricio su rostro con mucha ternura—Sólo abre los ojos.
Había otras personas alrededor de la cama. Alguien tomó a Shin Hye del brazo. La enfermera que había estado observando la escena dijo con evidente excitación:
—¡Hablando de la Bella Durmiente! Lo ha despertado con un beso.
Shin Hye ignoró la mano en su brazo y siguió mirando a Yong Hwa. Este abrió los ojos despacio, con esfuerzo, parpadeó una vez y miró a Shin Hye. Ella vio que la reconocía antes de sentir que la presión en su brazo se incrementaba y alguien decía con firmeza:
—Apártese un momento, señorita Park. Tenemos que examinar al paciente.
Aturdida, Shin Hye dejó que una enfermera la alejara de la cama y le diera una taza de café. Al cabo de un rato, la pequeña conmoción que se había formado en torno a la cama de Yong Hwa disminuyó y Shin Hye recibió permiso para volver a su lado.
—Pero no lo canse —advirtió un médico—Aún está muy débil.
Cuando Shin Hye se quedó sola, no supo qué decir. Yong Hwa volvió la cabeza lentamente y la miró con los ojos entrecerrados.
—Estoy soñando, ¿verdad? —su voz era un mero hilo de voz—Tú no... en realidad no estás aquí. Y no me has besado. Estoy tumbado en la maldita nieve y tengo alucinaciones.
Shin Hye trató de sonreír.
—No. Estoy aquí y tú estás en el hospital. Y... te he besado —continuó precipitadamente—Has estado... dormido casi dos días. Pero ahora no estás soñando.
—No... —Yong Hwa pareció olvidar lo que iba a decir—Me siento como si hubiera estado muy lejos de aquí.
—Creo que lo estabas. Temíamos que no fueras a volver.
—¿Quiénes lo temían?
—Chae Won ha estado aquí. Se quedó todo el tiempo que pudo, pero sus hijas la necesitaban. Dijo que tú le habrías dicho que se fuera a casa.
—¿Está preocupada?
—Por supuesto que está preocupada. Dijo que no podría soportar perderte...
—Pobre Chae Won —Yong Hwa cerró los ojos con expresión de dolor.
—También dijo que tenías que ponerte bien para ir a verla a ella y a sus hijas.
Yong Hwa sonrió débilmente y abrió los ojos como si le costara un gran esfuerzo.
—Y tú... —trató de alzar una mano hacia Shin Hye y ella lo tomó precipitadamente por la muñeca. No sabía si era consciente del estado de sus manos.
—Shhh. No trates de moverte todavía.
—Estás aquí —dijo Yong Hwa, maravillado—No te vayas.
—No lo haré —prometió Shin Hye. Los párpados de Yong Hwa estaban cerrándose y ella temió que estuviera volviendo a quedarse inconsciente. Miró a su alrededor—. ¿Enfermera?
—Cansado —susurró Yong Hwa.
La enfermera acudió a su lado, le tomó el pulso y le alzó un párpado.
—Está bien —dijo—Ahora necesita dormir. Lo más probable es que sea trasladado a otra habitación dentro de un rato.
Más tarde, una enfermera le dijo a Shin Hye que se fuera a un hotel y le aconsejó que durmiera, prometiendo avisarla si Yong Hwa despertaba y preguntaba por ella.
Una vez en el hotel, Shin Hye llamó por teléfono a Chae Won y después a Jong Suk. Chae Won se mostró entusiasmada, y Jong Suk reservado, aunque dijo educadamente que se alegraba de que Yong Hwa se estuviera recuperando.
—Necesito dormir un rato —dijo Shin Hye, agradeciendo que Jong Suk no le hubiera preguntado cuándo pensaba volver a casa—Volveré a llamarte más tarde.
Estaba cansada pero tenía que hablar con su familia. Si su madre y Min Young habían visto las noticias debían estar preguntándose qué pasaba.
—Sabía que había algo raro en la versión que dieron por televisión —dijo la madre de Shin Hye tras escucharla—Nos habrías avisado si hubieras roto tu compromiso con Jong Suk. Y es un joven tan agradable...
—Sí, lo es.
—No sabía que conocieras a Yong Hwa.
—En realidad no lo conocí hasta la semana pasada. Nos encontramos en las pistas de esquí.
Su madre rió.
—La prensa es capaz de hacer una montaña de un grano de arena, de inventar un compromiso secreto donde sólo había un gesto amistoso hacia alguien a quien acababas de conocer. Si alguien me pregunta, le diré lo que realmente ha sucedido.
Shin Hye dudó. Le zumbaba la cabeza de cansancio. No estaba en condiciones de dar explicaciones en esos momentos, y lo mejor sería que no lo hiciera.
—¿Has hablado con Min Young? —preguntó su madre—Sé que ha tratado de ponerse en contacto contigo.
—No, no he hablado con ella. Pensaba llamarla después.
—Yo lo haré. Las llamadas desde el hotel son muy caras y pareces cansada, cariño. ¿Te encuentras bien?
—Estoy bien. Pero he pasado mucho rato sentada junto a Yong Hwa.
—¿No tiene familiares que puedan atenderlo?
—No en este país.
—Has sido muy amable ocupándote de él. Ahora acuéstate y duerme un buen rato.
Shin Hye durmió profundamente y a la mañana siguiente volvió al hospital.
Habían trasladado a Yong Hwa a una habitación individual. La enfermera que la condujo a ésta dijo:
—Aún está un poco desorientado. Cuando lo encontraron sufría un estado hipotérmico bastante considerable.
—¿Qué tal están sus manos?
—Le duelen bastante y eso es buena señal.
—¿Buena señal?
—Los tejidos muertos no sienten. Necesita mucho cariño y optimismo. Sea positiva. Una buena actitud mental puede ayudar al proceso de sanación.
—¿Ha avisado alguien a su hermano?
—La policía se ha puesto en contacto con él, pero ya que el señor Jung ha despertado y no parece tener complicaciones serias, no creo que su hermano venga desde tan lejos. Ahora, manténgalo animado, pero no permita que se excite demasiado.
Yong Hwa estaba recién afeitado y llevaba puesto un pijama del hospital. Sus piernas estaban bajo una manta y tenía los ojos cerrados.
Shin Hye entró en la habitación silenciosamente, pero Yong Hwa entreabrió los ojos y observó como colocaba en la mesilla que había junto a la cama las flores que le llevaba. Sus manos vendadas descansaban sobre la colcha.
Mientras Shin Hye se sentaba, Yong Hwa dijo en un tono casi inaudible:
—¿No vas a... besarme?  
Shin Hye lo miró a los ojos y vio en ellos desconcierto. Dudando, se inclinó hacia él y le acarició los labios con los suyos. Enseguida se apartó y volvió a sentarse.
—Gracias por... las flores —dijo Yong Hwa con esfuerzo—Congelado —murmuró mientras sus párpados se cerraban—Han dicho congelado...
—Tus pies se van a recuperar —Shin Hye le tocó un momento el brazo.
—Me han dicho que... que has estado sentada a mi lado desde que me trajeron al hospital...
—Tenía tiempo —dijo Shin Hye, sin saber cómo enfrentarse a aquello. Apartó la mirada, entrelazándose  ansiosamente los dedos. Finalmente, dijo—: Quería ayudar.
—Te... te lo agradezco —Yong Hwa respiró con esfuerzo antes de continuar—Estoy un poco... confundido.
—Sí, yo... —Shin Hye no sabía por dónde empezar a explicarse.

—Debe ser la... hipotermia —Yong Hwa cerró los ojos y respiró temblorosamente—Junto con... todo lo demás... al parecer sufro... un poco de amnesia. Se que te amo, Shin Hye... pero... ¿cuándo nos comprometimos?

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5 comentarios:

  1. siii ya se me hacia raro eso de que el recordara por lo que lei en la sinopsis hahha ... el piensa que se comprometieron y luego lo de los periodistas y la forma que reacciono ella o3o .. haha y ahora como saldra de esta diossss ya mueroooo por saber que sera lo que le dira shin a yong sigueeee me encanto el cap

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    1. Gracias por comentar, hoy subiré el próximo capítulo ^^

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    2. disculpa ... por que quitaron la barra de mensajes de la entrada ?

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    3. Los permisos caducaron, pero mas adelante nuevamente estará instalado. ^.^

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  2. Ahhh cada vez se pone mejor no he comentado en los otros caps pero he seguido la historia con mucho interés él sabe que la ama !!!! eso es genial y ahora que le dirá princess del compromiso ??? !!!! esto promete, lo siento por Jong suk pero shin necesita estar al lado de Yong <3

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