sábado, 27 de junio de 2015

MIENTRAS DORMIA - CAPITULO 4


—¿Que sucedió? —preguntó Yong Hwa con suavidad. Shin Hye comprendió que llevaba un rato callada, reviviendo la pesadilla con las manos en torno a la taza del café, que se estaba enfriando.
—Estuve a punto de ahogarme debido a la fuerza de la corriente que provocó un remolino —dijo—Tal vez podría haber salido de la corriente, porque era bastante buena nadando, pero sufrí un calambre. Apenas podía moverme. Pensé que iba a morir.
—Pero no fue así obviamente.
Shin Hye negó con la cabeza.
—Había un surfista cerca. Me vio en peligro y acudió a rescatarme. Me sacó del agua y me tumbó en su tabla. Tras hacerme la respiración boca a boca me llevó a la playa. Tuve mucha suerte.
—Supongo que sí —dijo Yong Hwa, mirando a Shin Hye a los ojos. Ella le devolvió la mirada, sin parpadear, tratando de recordar los detalles de aquel día.
Para cuando el surfista la devolvió a la playa, su madre y su hermana ya estaban preocupadas y habían avisado a los vigilantes. Dos de ellos se dirigían al agua cuando Shin Hye y su salvador aparecieron.
Trataron de tomar a Shin Hye en brazos, pero ella se negó. Asustada y desorientada, se aferró al hombre que la había salvado, hasta que oyó la ansiosa voz de su madre y sintió que su salvador la dejaba sobre la arena.
Cuando su madre la rodeó con sus brazos, Shin Hye abrió los ojos y lo vio de pie, con el sol a sus espaldas. Su rostro era sólo una sombra y apenas pudo distinguirlo a través de las lágrimas. Cerró los ojos para tratar de alejarlas y cuando volvió a abrirlos él había desaparecido. En su lugar vio a Min Young, que lloraba de alivio y se agachó para abrazarla. Uno de los vigilantes de la playa trajo una máscara de oxígeno y dijo que debían llevarla al hospital para que le hicieran una revisión.
“¿Dónde está?”preguntó Shin Hye débilmente, pero su voz apenas era audible y empezó a toser. Nadie la oyó.
Alguien había llamado a una ambulancia y la llevaron al hospital, donde pasó la noche en observación. Para cuando alguien más trató de localizar al surfista, éste había desaparecido.
El padre de Shin Hye habló con un periodista y puso un anuncio en la prensa, porque quería darle las gracias al hombre que había salvado a su hija. Pero no apareció nadie.
—No tuve la oportunidad de agradecérselo —dijo Shin Hye—Me salvó de una muerte segura y luego desapareció. Ni siquiera supe quien era.
—¿Eso tiene importancia?
—Creo que si alguien te salva la vida, al menos hay que agradecérselo, ¿no te parece?
—Puede que él no quisiera que le dieras las gracias.
—¿Por qué no?
Yong Hwa apartó su taza de café. Luego deslizó un dedo por el borde, sin apartar los ojos de los de Shin Hye.
—Cuando escalas, tienes que depender de tu compañero, o del equipo. He perdido la cuenta de cuántas veces «he salvado» a alguien o he sido salvado por alguien. No tiene mayor importancia.
Shin Hye lo miró fijamente.
—Cuando hoy he dicho que me habías salvado la vida no me refería a la caída que he sufrido mientras escalábamos. Me refería a hace años, cuando era una joven adolescente —Yong Hwa pareció contraerse ligeramente, pero ella continuó— Eras tú el surfista que me salvó. Y ahora, por fin, tengo la oportunidad de agradecértelo.
Casi con impaciencia, Yong Hwa negó con la cabeza.
—No quiero oír esto, Shin Hye.
—Pero yo quiero decirlo. Después de todo el tiempo que ha pasado necesito decir todo lo que...
—¿Por qué ahora? —interrumpió Yong Hwa— ¿Por qué has esperado hasta esta noche? Tuviste oportunidad de hacerlo durante la cena, y toda esta semana.
—No estaba absolutamente segura de que fueras tú. No hasta hoy, en la montaña.
—¿Y eso supone alguna diferencia?
—Lo supe cuando... cuando me abrazaste y me calmaste con tus caricias, con tu voz. Cuando...
—Cuando caíste —la voz de Yong Hwa sonó ligeramente burlona.
Shin Hye se mordió el labio.
—Sí. Cuando me has vuelto a rescatar. En ese momento lo he recordado.
Yong Hwa la miró con el ceño fruncido y, de pronto, su rostro se iluminó.
—En realidad no lo recuerdas, ¿verdad? No sabes qué aspecto tenía tu surfista. De lo contrario me habrías reconocido cuando me viste en la cena benéfica.
—Te reconocí... más o menos. Pero me costó creer que te hubiera encontrado.
—No hiciste nada al respecto.
—Había tanta gente y...
—Y no estabas segura —insistió Yong Hwa con aspereza.
—¿Estás enfadado porque no lo estaba?  
—No estoy enfadado —Yong Hwa se pasó una mano por el pelo—. Simplemente, no me esperaba esto.
Shin Hye sonrió tímidamente.
—Siento haberte incomodado. Pero quería que supieras lo agradecida...
—Sí, bien. Ya me lo has dicho —Yong Hwa atrajo de nuevo hacia sí su taza de café—. Me apetece otro café. ¿Y a ti? —hizo una seña al camarero. Cuando éste se fue, Yong Hwa se apoyó contra el respaldo de su asiento y miró a Shin Hye. Sus ojos adquirieron un brillo especial, como si estuviera recordando algo muy lejano. Movió la cabeza y una suave sonrisa curvó sus labios.
—Eras tú, ¿verdad? —Shin Hye se inclinó hacia él, anhelante—. Tú me sacaste del agua.
La expresión de Yong Hwa adquirió un matiz de cinismo.
—Puede que eso dependa de lo agradecida que te sientas.
Shin Hye se ruborizó y él se retractó de inmediato.
—Olvida lo que acabo de decir. Ha sido de mal gusto.
Por un instante, Shin Hye casi se sintió decepcionada. Yong Hwa había hecho aquella broma porque se sentía incómodo con el papel de héroe.
El camarero trajo los cafés y la nota en una pequeña bandeja, dándoles un momento de respiro.
—Anótelo en la cuenta de mi habitación —dijo Shin Hye.
—No —Yong Hwa tomó la nota para evitar que el camarero se la llevara—. Yo te he invitado.
—Teniendo en cuenta lo que has hecho por mí, al menos deberías dejarme pagar la comida.
Yong Hwa hizo girar la taza de café entre sus dedos, mirándola.
—¿Cuánto recuerdas en realidad? —preguntó.
—Tengo sueños... —susurró Shin Hye.
Yong Hwa alzó la mirada.
—¿Pesadillas?
Ella dudó.
—A veces.
—Y desde entonces te mantienes alejada del mar. ¿No has recibido alguna clase de terapia para superarlo?
Shin Hye asintió. Había acudido varios meses a la consulta de un psicólogo, después de que su familia comprendiera que su terror al mar no disminuía con el paso del tiempo. Tal vez, la terapia habría resultado más útil si hubiera hablado de sus sueños. Pero nunca se había animado a hablar sobre ellos con nadie.
—No es un problema grave —dijo—. Simplemente me limito a no nadar.
Ese era el motivo por el que se negaba a posar cerca de la playa. La primera vez que aceptó, imaginando que las tomas se harían en un estudio, la llevaron a la playa y le dijeron que se metiera en el agua hasta las rodillas y simulara divertirse.
Se negó en rotundo, y cuando insistieron se puso histérica. Finalmente, aceptaron fotografiarla en la arena, con el mar de fondo, pero no logró relajarse. Su agente se enfadó mucho, y cuando Shin Hye le dijo que no estaba dispuesta a posar nunca más en traje de baño, decidió dejarla.
Aquella circunstancia supuso un problema para su carrera, y decidió ir a Tokio a probar fortuna. Allí encontró un agente dispuesto a respetar aquella condición. A lo largo de los años logró adquirir cierta fama en el circuito internacional.
Cuando su padre enfermó del cáncer que acabó matándolo, Shin Hye volvió a Corea a ayudar a su madre y a Min Young a cuidarlo.
—¿Nunca nadas? —preguntó Yong Hwa—. ¿Ni siquiera en una piscina?
—Que yo sepa, nadie ha muerto por no nadar.
Yong Hwa sonrió.
—Eso es cierto.
Shin Hye alzó su taza.
—Sé que es un tópico —dijo—, pero te debo la vida. Si alguna vez puedo ayudarte...
—Ya lo has hecho —interrumpió Yong Hwa—, más de lo que crees.
Shin Hye lo miró, sorprendida.
—¿Cómo?
—Estando conmigo toda esta semana —contestó él con expresión seria—. Y hoy has confiado en mí para protegerte en la montaña. No tienes idea de cuánto significa eso para mí... en estos momentos.
Yong Hwa aún sufría por la muerte del amigo que no pudo salvar. Se culpaba por haberle fallado. Al parecer, la confianza que Shin Hye había depositado en él le había servido de algo.
—Sabía que cuidarías de mí.
—¿Lo hará Jong Suk?
Shin Hye parpadeó, sorprendida por el cambio de tema.
—Sí —dijo con convicción— Jong Suk es un hombre amable y cariñoso. Y me ama.
Por un instante, la boca de Yong Hwa se tensó. Luego dijo:
—Eso está bien. Te deseo toda la felicidad.
Terminó su café y apartó su silla de la mesa.
—Será mejor que me ponga en marcha antes de que la nieve haga imposible circular —dejó varios billetes en la pequeña bandeja que había traído el camarero y se levantó.
Shin Hye lo imitó.
—Gracias por la cena... y por todo lo demás.
Yong Hwa sonrió brevemente.
—Ha sido un placer.
—Te acompaño hasta la puerta.
El vestíbulo del hotel estaba prácticamente desierto. Hacía más frío que en el comedor.
—¿Te parece prudente conducir con este tiempo? — preguntó Shin Hye cuando llegaron a la puerta— ¿Está lejos el refugio?
—No —dijo Yong Hwa en tono despreocupado—. Y estoy bastante acostumbrado a conducir con mal tiempo —alzó una mano y la colocó sobre un hombro de Shin Hye—. Espero que te vaya muy bien con tu Jong Suk.
Shin Hye estaba segura de que así sería... ¿o no?
—Ten cuidado en tus montañas —dijo con voz ligeramente ronca. «No mueras joven, como Young Ho y tus otros amigos».
Al pensar aquello, alzó inconscientemente sus manos y acomodo la bufanda de Yong Hwa,  para finalmente sujetarlo de cada extremo.
—Por favor —añadió.
Tal vez él malinterpretó su gesto. O tal vez no. Deslizó la mano que apoyaba en el hombro de Shin Hye y la llevó tras su nuca, haciéndole inclinar hacia atrás la cabeza. Algo inquietantemente parecido a la rabia destelló en sus ojos. Entonces, a la vez que su boca descendía, ella entreabrió los labios.
También había rabia en su beso. Y pasión, y desesperación, de manera que Shin Hye lo rodeó con sus brazos, tanto para consolarlo como debido al deseo que recorrió su cuerpo, haciéndolo temblar.
Entonces, Yong Hwa apoyó las manos en sus hombros y la apartó.
Habló con voz ronca, con la respiración tan agitada como la de ella.
—¿Eso ha sido gratitud?
Ella tragó con esfuerzo.
—Sólo... sólo ha sido para desearte las buenas noches —contestó con voz temblorosa.
Yong Hwa soltó una risa breve y áspera.
—Pues no hay duda de que sabes desearlas —se volvió hacia la puerta y la abrió. El frío aire de la noche penetró al instante en el vestíbulo—. Adiós, Shin Hye —dijo, y un instante después la puerta se cerró tras él.  
Shin Hye permaneció despierta casi toda la noche, tratando de centrar sus pensamientos en el cercano encuentro con su prometido, aunque sin lograrlo. En lugar de ello, su mente volvía una y otra vez al beso que ella y Yong Hwa se habían dado en el vestíbulo.
Se levantó temprano e hizo su equipaje. El autobús que la condujo al aeropuerto tuvo que abrirse camino en medio de una fuerte ventisca. La temperatura había bajado espectacularmente durante la noche.
Cuando llegó a su casa encontró un mensaje de Jong Suk en el contestador prometiendo llamarla por la tarde.
Shin Hye deshizo la maleta, puso la lavadora, la secadora y luego planchó. Limpió la cocina y el frigorífico, tirando algo de fruta que se había estropeado durante su ausencia. Camino de casa había comprado huevos, pan y leche.
Cuando Jong Suk llegó, llevando consigo un ramo de flores, ella se lo agradeció efusivamente.
—Voy por un florero.
Jong Suk la tomó por la cintura cuando Shin Hye iba a alejarse.
—Espera un momento —dijo, sonriendo mientras le hacía volverse.
Shin Hye se obligó a sonreír y a devolverle un beso.
Cuando Jong Suk  dejo sus labios, ella se apartó.
—Vamos a aplastar tus preciosas flores —dijo.
Jong Suk la soltó.
—De acuerdo. Colócalas en un jarrón y ven deprisa. ¿Te importa si pongo un rato la televisión para ver el partido de rugby?
—Adelante, enciéndela —a Shin Hye no le hacía demasiada gracia el interés de Jong Suk por aquel juego. En ocasiones, ella misma era capaz de disfrutar de un buen partido, pero para él era casi una religión.
Tras disponer las flores en un jarrón, fue a sentarse en el sofá junto a Jong Suk. Él le pasó un brazo por los hombros y se inclinó para besarla, pero se irguió de inmediato cuando un rugido surgió del televisor.
—¡Casi! —exclamó—. ¡Qué fallo!
Cuando llegó el primer descanso y empezaron a poner los anuncios, se volvió de nuevo hacia Shin Hye y la beso. Pero fijó su mirada en la pantalla en cuanto el partido volvió a empezar.
—¿Qué tal tus vacaciones? —preguntó al cabo de un rato, sin apartar la mirada del televisor.
—Bien. Ha hecho buen tiempo. He mejorado mucho esquiando.
—Bien, eso está muy bien... ¡hey, no puede hacer eso! ¡La pelota estaba fuera! ¿Qué pasa con el árbitro?
Cinco minutos después, Jong Suk rodeó con sus brazos a Shin Hye y volvió a besarla.
—Te he echado de menos.
—Yo también —replicó ella.
Jong Suk iba a besarla de nuevo cuando un clamor procedente de la televisión llamó una vez más su atención.
—Lo siento —dijo cuando la jugada acabó—¿Dónde estábamos?
Shin Hye se apartó de él, riendo.
—Tú mira el partido —dijo, levantándose—Yo voy a preparar unas tortitas.
La mirada de Jong Suk se iluminó. Le encantaban las tortitas.
—Eres la mujer más comprensiva del mundo.
Shin Hye sonrió afectuosamente y fue a la cocina. Siempre le había gustado la habilidad que tenía Jong Suk para tratarla como a una mujer normal y corriente, no como a una especie de diosa. Otros hombres habían tratado de impresionarla con restaurantes de moda y caros espectáculos. Jong Suk prefería pasar una tarde tranquila en su apartamento o en el de ella, y le gustaba que Shin Hye cocinara para él, algo de lo que ella disfrutaba.
Con el tiempo, olvidaría la pasada semana, se dijo, y sólo recordaría a Yong Hwa como al hombre con el que pasó unos días agradables pero intranscendentes... y con el que tenía una antigua e impagable deuda de gratitud.
Ahora que sabía quién era y que le había dado las gracias por salvarla, podría seguir adelante con su vida, libre de los sueños y pesadillas que la perseguían.
Rompió los huevos y empezó a batirlos. En el cuarto de estar, Jong Suk se unió a los gritos de la multitud que veía el partido.
Shin Hye sonrió. Muy pronto, la vida volvería a su cauce normal.
Veinte minutos después se presentó ante Jong Suk con un plato de tortitas bañadas en caramelo. En la televisión estaban dando un avance de las noticias.
—...acusa al gobierno de favoritismo en los impuestos —decía en esos momentos la presentadora.
Shin Hye seguía de pie, con su plato en la mano, cuando la mujer continuó.
—Y el alpinista superviviente en la malograda expedición de nuestros compatriotas en el Himalaya ha vuelto a ver la muerte muy de cerca. Les contaremos los detalles en el informativo de las nueve y media.
Shin Hye se quedó paralizada. ¿El superviviente...? ¿Yong Hwa? ¿Estaba herido?
—Siéntate, cariño —dijo Jong Suk mientras engullía una tortita—Esto está delicioso.
—¿Jong Suk?
—¿Mmm?
—¿Han mencionado antes esa noticia? ¿Han dicho de quién se trataba?
Jong Suk movió la cabeza.
—No creo —contestó, mirando a Shin Hye con gesto de extrañeza—. ¿Qué sucede? —preguntó, tomándola de la mano y haciéndola sentarse a su lado—. No sabía que conocieras a alguien de aquel grupo de expedición.
—Conozco a Yong Hwa.
—Bueno, una vez hablamos con él. Eso no nos convierte en amigos suyos, ¿no? No me gustaría que le pasara nada, desde luego, pero...
—Yo sí lo conozco. Volví a encontrarme con él en las pistas de esquí.
—No me lo habías dicho.
—No he tenido oportunidad de hacerlo —dijo Shin Hye, a la defensiva—. ¡Estás más interesado en el partido!
El rostro de Jong Suk mostró una preocupación inmediata.
—¡Lo siento, cariño! Creía que no te importaba — tomó el mando a distancia y apagó el televisor.
—¡No, no hace falta! —protestó Shin Hye—. Quiero ver... las noticias.
—Sí, por supuesto —Jong Suk volvió a encenderlo, pero bajó el sonido. Luego colocó su plato en el suelo e hizo lo mismo con el de Shin Hye antes de tomarla de las manos—. ¿Qué sucede? —preguntó con suavidad.
—Yong Hwa estaba en Gangwon-do —explicó ella—Nos reconocimos de la cena. ¿Recuerdas? Esa noche pensó que iba a desmayarme y...
—Sí, por supuesto que lo recuerdo. Y supongo que él no te había olvidado. ¿Trató de ligar contigo?
—¡No! —dijo Shin Hye rápidamente—. Por supuesto que no. Sabía que... que estaba comprometida.
—Espero que le dijeras que le rompería la nariz de un puñetazo si te ponía la mano encima.
Jong Suk sonrió y Shin Hye trató de devolverle la sonrisa.
—Le dije que te quería —¿lo había hecho? Lo cierto era que no recordaba haber dicho exactamente aquellas palabras. Pero Yong Hwa dijo que había captado el mensaje.
Jong Suk se inclinó hacia ella y la besó suavemente en los labios.
—Gracias, cariño.
—Quería probar el descenso desde la pista superior y, como estaba un poco nerviosa, él se ofreció a bajar conmigo.
—Un auténtico caballero.  
—Sólo estaba siendo amable.
—Umm.
—Nos vimos algunas veces en las pistas. Y ayer comimos juntos en el hotel.
—Shin ... —Jong Suk se había puesto repentinamente serio—. ¿Por qué me suena lo que estás diciendo a una especie de confesión?
Shin Hye sintió que las mejillas le ardían, pero miró a su prometido directamente a los ojos.
—No es una confesión. Es una explicación —pero había besado a Yong Hwa cuando se despidieron... apasionadamente.
Decirle aquello a Jong Suk sólo habría servido para hacerle daño. En cuanto a lo otro...
—De acuerdo —dijo él—. ¿Es eso todo lo que tienes que decirme?
Tras un momento de duda, Shin Hye dijo:
—Lo conocía de antes. Antes de la noche de la cena.
Jong Suk frunció el ceño, sorprendido.
—No me lo habías dicho.
—Yo no... no estaba segura de que fuera él.
—¿De qué estás hablando?
Shin Hye respiró profundamente.
—¿Recuerdas que te conté por qué no me gusta nadar?
—Por supuesto que lo recuerdo —Jong Suk le había sugerido varias veces que fueran a la playa. Tras utilizar diversas excusas para evitarlo, Shin Hye se vio obligada a contarle lo sucedido. El fue muy comprensivo.
—Te dije que alguien me salvó la vida. Ese alguien era Yong Hwa.
Jong Suk no ocultó su sorpresa.
—¿En serio?
—Sí. Él... —Shin Hye se interrumpió al ver que empezaban las noticias—. Sube el volumen.
Tras las noticias políticas, la presentadora se refirió al tema que esperaban.
—Un alpinista que sufrió severos problemas de congelación en una expedición al Himalaya en la que uno de sus compañeros perdió la vida, se halla hospitalizado en estado grave. Ayer por la noche, el todo terreno de Jung Yong Hwa se salió de la carretera y volcó en una zanja...
—¡No! —Shin Hye se llevó una mano a la boca, angustiada.
—La nevada casi cubrió por completo el vehículo — continuó la presentadora—. Un conductor que pasó por allí esta mañana avisó a los servicios de rescate. El señor Jung fue hallado inconsciente cerca de su todo terreno, sufriendo congelación, conmoción e hipotermia. Los médicos del hospital  de Gangwon aún no saben si sufre otros problemas.
Un interludio musical interrumpió a la presentadora para dar paso a otras noticias.
—Dijo que no tendría problemas —Shin Hye estaba temblando—Tenía cadenas y todo lo necesario. Conocía la carretera...
Jong Suk apagó la televisión y la estrechó entre sus brazos.
—No te disgustes. Lo más probable es que se recupere.
—Debería haberle sugerido que se quedara en el hotel. Ya había ventisca cuando se fue.
—Puede que no sucediera entonces. Es posible que haya sufrido el accidente esta mañana.
—No —Shin Hye estaba segura de que había sucedido mientras Yong Hwa se alejaba del hotel. De ella—. A veces es necesario amputar cuando hay congelación, ¿no? Y la conmoción... ¿Seguirá inconsciente? ¡No lo han dicho!
—Es un profesional en su Área. Ya ha sufrido congelación en otras ocasiones y se ha recuperado.
—Ha estado a la intemperie toda la noche, inconsciente, sin posibilidad de protegerse. No llevaba equipamiento adecuado. Sólo unos pantalones, un jersey y una bufanda. A menos que tuviera el anorak y los guantes en el coche...
—Supongo que tuvo el suficiente sentido común como para abrigarse para el viaje. ¿Iba muy lejos?
—No lo sé. No lo dijo con exactitud. Se hospedaba en el refugio de unos amigos que estaban de viaje. No le esperaba nadie que pudiera dar la alarma.
—Si te estás culpando por lo sucedido, Shin , no lo hagas.
—¿Culpándome? —Shin Hye negó con la cabeza y se apartó de Jong Suk—. No. Aunque si hubiera aceptado...
—¿Qué?
Shin Hye dudó.
—Yong Hwa dijo que podíamos cenar en el refugio de sus amigos. Yo no acepté y el decidió venir al hotel.
—Si hubieras cenado en el refugio, habría tenido que llevarte de vuelta al hotel y podrías haber estado con él cuando se salió de la carretera. Cenar en el hotel fue mejor idea.
—Sí —dijo Shin Hye, desolada, sabiendo que si hubiera ido con Yong Hwa al refugio no habría vuelto hasta la mañana siguiente.   
—Puede que sea egoísta por mi parte, pero me alegro de que no estuvieras con él —Jong Suk volvió a tomarla de la mano y bajó la mirada—Te sentiste tentada, ¿verdad?
—¿Y qué más da eso? —Shin Hye retiró la mano y se puso en pie—. ¿Y si muere? ¿Y si pierde una pierna... o ambas? ¿Cómo lo superaría? ¡Vive para escalar!
Jong Suk también se levantó. Por una vez, parecía perdido. Metió las manos en los bolsillos de su pantalón y miró al suelo.
—No creo que llegue a eso —dijo, finalmente—. ¿Pero de qué se trata realmente, Shin ?
Shin Hye lo miró y trató de ver las cosas desde su punto de vista. Sintió que su corazón se encogía.
—Se trata del hombre que salvó mi vida —dijo—, y que ahora puede perder la suya.
Jong Suk frunció los labios como si estuviera pensando profundamente. Luego, asintió.
—Bien. ¿Y qué quieres hacer al respecto?

—Quiero ir a verlo —dijo, extrañamente agradecida a Jong Suk por haberle dado la posibilidad de expresarlo en palabras.

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1 comentario:

  1. :O oooo pobre yong ! .... espero que este bien y no le pase nada grabe que no le amputen nada ..... que esperas shin andando ve a verle .... no me esperaba bueno si me imaginaba pero no esperaba que fuece el el que la salvo ... pero que bueno .. :3 .. siguee pronto porfa

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