— Voy a tener
que contestar algunas preguntas cuando regrese a casa le— dijo Shin Hye a Yong Hwa a la
mañana siguiente mientras desayunaban.
— No veo por qué.
Ninguno de los dos había estado aquí. No se darán cuenta que alguna vez
estuvimos separados.
Eso la
sorprendió.
— ¿No lo
saben?
—Alquilé un
apartamento en la ciudad explicó él.
— ¿Y cenaste
con estrellas de cine?
Yong Hwa se
rio divertido.
—¿Te puso furiosa?
Gong Hyo Jin se moría de curiosidad, pero fue muy discreta.
Gong Hyo Jin
tenía una idea de cómo estaban las
cosas, pensó Shin Hye, pero dijo en voz alta:
— ¿Te
gustaba? — y su tono no fue muy ligero.
— ¿Te
importaría si así fuera?
—Te sacaría
los ojos.
—Es una
persona muy especial.
Ella le
clavó las uñas en la muñeca y gruñó:
—¡Ten
cuidado!
Era la
primera vez que se atrevía a hacer una fingida escena de celos y Yong Hwa la
miró sonriente.
—Se me
ocurrió que un clavo sacaba a otro clavo — admitió.
— ¿Y qué
quiere decir eso?
—Pensé que
debía ampliar un poco mi horizonte — dijo en broma.
—¿Olvidarme
con otras mujeres? — ese pensamiento se le ocurrió varias veces en el pasado y
no le gustó, lo admitió al decir: ¿Y lo lograste?
— No. Nunca
fue posible. Shin Hye, tú eres como la enredadera...
—Aun a tu
naturaleza de granito se burló.
—Especialmente
a ésa. No puedo apartarte de mi corazón.
—No me iré
ni aunque trates de echarme —prometió y le oyó suspirar.
—Haré que lo
cumplas.
Le miró y
puso una cara triste.
—¿Aun cuando
no me quieras porque parezco un balón?
—Por lo
menos ningún otro hombre querrá probarte mientras tienes esa figura. Tal vez
debí mantenerte embarazada desde el principio de nuestro matrimonio, ¿por qué
no se me habrá ocurrido hacerlo?
Shin Hye se
sorprendió de que bromeara al respecto y eso le pareció buena señal. El haber
mantenido sus celos tanto tiempo en secreto y ahora hacer alarde de ellos, era
muy significativo.
Al día
siguiente regresó al trabajo, pero ordenó que la señora Lee la cuidara, no queriendo
dejarla sola en la casa.
—Todavía me
faltan varios meses —protestó Shin Hye.
—Quiero
saber que estás bien cuidada cuando te dejo sola.
Ella paseaba
todos los días, se encontraba con amistades, charlaba con ellas y encontraba
sus preocupaciones hogareñas más aceptables ahora que ella misma estaba a punto
de dar a luz. Hablaban del embarazo y aprendió a poner oídos sordos a lo que
podía preocuparla.
—No hagas
caso —dijo Ha Seon tranquilizándola—Estás muy sana. No hay razón para que te
vaya mal. Algunas mujeres exageran.
Mientras
esperaba tener el niño, los meses le parecieron interminables. Ahora, Yong Hwa
se portaba de forma muy diferente. A Shin Hye le gustaba hablarle, como si un
enorme obstáculo hubiera desaparecido entre ellos. Lo que ahora la preocupaba
era cómo reaccionaría al nacer la criatura. Temía que acusara la aparición de
una tercera persona en su hogar.
Lo que Hong
Ki le dijo lo cambió. Estaba más tranquilo, más amoroso. Manifestaba tiernamente
sus sentimientos.
Conforme se
acercaban los días del nacimiento, encontró que el tiempo pasaba con más lentitud.
Comenzó a mirar el reloj, a contar con los dedos los días que faltaban.
—Sólo seis
días y luego...
— Podría
retrasarse un poco —advirtió Sang Woo, el médico.
— No un hijo
de Yong Hwa. Y podría ser niña. Shin Hye movió la cabeza. Yong Hwa querrá un niño.
—Querrá lo
que venga —dijo Sang Woo—Y tú también. — ¿No se puede devolver si no es del sexo
esperado? se burló ella.
—
Definitivamente no.
Por fin el
niño llegó un día a medianoche. La despertó de un sueño inquieto con un dolor que
le hizo gritar y agarrarse a Yong Hwa.
— ¡Querida! —
Se sentó él, alarmado. —Llamaré al hospital dijo Yong Hwa.
Ella se dio
cuenta entonces de lo que significaba el dolor.
— ¡Ya
viene... Yong Hwa! —Él marcaba, pero ella gimió con pánico—¡Yong Hwa!
Él regresó a
su lado después de terminar la breve conversación y la abrazó por lo que ella pudo
apoyarse contra él con un suspiro.
—Quédate
conmigo, te necesito.
Pero en el
hospital le enviaron a la sala de espera mientras se llevaban a Shin Hye, dejándola
en las manos de enfermeras y médicos.
— Una niña
—le dijeron horas después, aunque a ella le parecía que habían pasado siglos y
estaba agotada.
— Una
niña... —murmuró mirando el arrugado y lloroso bulto que le ofrecían. Los pequeños
párpados se abrieron de una forma curiosamente familiar, era como si los ojos
de Yong Hwa la miraran, eran igual que los de él, bajo oscuras cejas, y en un
rostro idéntico al de su padre.
— Una niña
larga y flaquita —dijo sonriente la enfermera.
Cuando Yong
Hwa entró a verla, estaba medio dormida, con la expresión agotada. Él le sostuvo
la mano mirándola con una sonrisa y ella luchó contra el cansancio que la envolvía.
— ¿La viste?
—oyó preguntar a su propia voz y trató de sonreír, pero estaba muy cansada.
— Sí —dijo
apasionado. Le besó la mano y luego los dedos, uno por uno con mucha ternura—Amor
mío, estás muy cansada.
— Sí —dijo
cerrando los ojos porque tenía miedo. Él parecía indiferente al bebé y Shin Hye
quería que lo amara. ¿Cómo podía estar tan frío frente a ese pequeño ser que ya
llevaba su sello?
— ¿Ya
pensaste en un nombre? —Preguntó sin dejar de jugar con sus dedos—¿Qué te parecería Sun Mi? Es un bonito nombre —rio con suavidad y ella abrió los ojos
sorprendida— Tanto cabello en una cabecita tan pequeña dijo él—Tiene un curioso
aspecto. ¿Te fijaste en sus uñas? Son perfectas.
Shin Hye se
le quedó mirando sin respirar. Él hablaba, acariciándole con un dedo la palma y
ella vio que había notado cada detalle de la niña. Habló de sus pestañas,
orejas y dedos de los pies, como si estuviera asombrado de encontrar que tenía
esas cosas.
Cuando se
fue, Shin Hye durmió durante horas, muy complacida. Temía que no quisiera una
niña, pensaba que preferiría un hijo, pero ahora veía que toda su naturaleza se
inclinaba a ver a una hija con adoración. Iba a ser un padre muy amante.
Al día
siguiente su habitación parecía una floristería. Regañó a Yong Hwa cuando
entró, y él se rio, encogiéndose de hombros divertido.
—Te lo
mereces... ¿Cómo está Sun Mi hoy? ¿Puedo verla? Ayer salí a comprarle unos
juguetes... un conejo de peluche de cuatro pies de altura... espera a verlo.
Ella le
observó con ojos sonrientes.
— Yong Hwa,
es muy pequeña para juguetes.
—Oh, pero
quiero que crezca rodeada de cosas bonitas —dijo con seriedad. Mientras estás
aquí, haré que decoren el cuarto vacío. Pensé que estaría bien con pintura
blanca y calcomanías.
La enfermera
entró sonriendo de oreja a oreja y llevando una canasta de plata de rosas rojas,
docenas de ellas. Parecía que el rocío brillaba sobre las flores. Shin Hye
gruñó:
—¡Oh, Yong
Hwa! ¡Qué extravagante eres! Ya estoy sumergida en flores.
La enfermera
las colocó cerca de la cama y salió, pero Yong Hwa dijo en voz baja.
—No son mis
flores, Shin Hye.
Ella le miró
y se mordió el labio.
Él se agachó
y sacó una tarjeta de entre las rosas y se la entregó con una expresión vacía.
Ella la miró lentamente y sus manos temblaron. Yong Hwa recogió de nuevo la
tarjeta y la miró.
No traía
nombre. Sólo tres palabras:
«A mi amor».
Yong Hwa
leyó en voz alta, inexpresivo.
— Debe
haberlas mandado por cable. Sigue en Japón.
Shin Hye lo
miró nerviosa.
— ¿Cómo lo
sabes?
— Le
telefoneé anoche dijo Yong Hwa y ella se sorprendió tanto que abrió los ojos de
par en par.
Yong Hwa se
la quedó mirando, estaba muy calmado.
—Tenía que
decirle que estabas bien. Sabía que esperaba oírlo.
Ella bajó la
vista, jugueteando con el encaje de su bata, le temblaban los dedos.
—Fue muy
amable por tu parte.
—Le debía
algo —dijo Yong Hwa —Para ser franco, tenía que hablar con alguien de Sun Mi...
no puedo pensar en otro ser en este mundo que estaría tan interesado en ella
como Hong Ki, y yo necesitaba hablar. Se la describí y me dijo que debía ser
muy bonita y que no aguantaba las ganas de verla.
Shin Hye no
podía apartar los ojos de su rostro.
—Qué bien — dijo
con asombro, preguntándose si sus oídos no la engañaban, y si no sería realmente
Yong Hwa quien hablaba con tanta naturalidad de Hong Ki y, aún más, describirle
a Sun Mi.
—Algo muy
curioso me sucedió cuando la vi —le dijo suavemente—Descubrí que el amor es
como un virus"... divídelo y se multiplica, cuanto más estires el amor,
más grande se hace... es algo elástico.
A Shin Hye
se le llenaron los ojos de lágrimas.
—Lo sé,
querido, lo sé bien.
Yong Hwa
volvió a mirar la tarjeta que todavía tenía en la mano.
—De todas
maneras, no voy a darle oportunidad para bombardearte con cartas de amor — rompió
la tarjeta en mil pedazos —Todo tiene un límite.
***
Cuando las
llevó a casa, la sorprendió con agrado encontrar que se había tomado la molestia
de amueblar el cuarto de la niña con un montón de juguetes costosos; había todo
tipo de animales de peluche, colocados alrededor de la habitación sobre
repisas, y de un cordón blanco, colgaban mariposas multicolores.
— ¿Eso no la
hará parpadear? —preguntó dudosa.
—No, no
—contestó serio—Ayuda a los bebés a fijar la vista, pero de todas maneras los puse
a la distancia adecuada.
—Hablas como
un papá experto —le dijo riendo.
—Conseguí un
libro — dijo intimidado. — Pensé que debía saber cómo ser buen padre. Después
de todo, no es fácil educar a una hija. Tenemos que hacer las cosas bien.
— Sí, Yong
Hwa —le dijo acariciándole la mejilla.
La señora Lee
entró al cuarto y se extasió al tocar con un dedo la mejilla de la recién nacida.
— ¿No es un
amor? ¿Y cómo se parece a su papá? ¡Miren ese cabello negro!
—Miren esa
nariz —dijo Shin Hye burlona mirando a Yong Hwa—¡Pobre criatura!
Yong Hwa hizo
un gesto.
— ¿Qué tiene
de malo su nariz? En mi opinión, es muy bonita.
—Porque se
parece a la tuya — dijo burlona Shin Hye. — Lo que está bien en un hombre se va a
ver raro en una niña.
La señora Lee
se fue y Shin Hye se sentó en una silla baja y se desabrochó el vestido.
—Hora de
darle de comer. Dámela, Yong Hwa.
Él le llevó
la niña, luego se sentó al lado de ellas en el suelo.
— ¿Puedo
ver?
— ¡No es una
diversión!, pero si quieres...
La niña
inclinó su pequeña cabeza negra con un movimiento hambriento y mientras, las diminutas
manos se movían rítmicas sobre el pecho. Yong Hwa miraba fascinado.
—Buen Dios
—dijo al observar que la piel de su hija se ponía rosada de gusto por el
alimento—¡Es la pequeña más glotona que jamás he visto!
—Lo disfruta
— dijo Shin Hye.
—No puedo
culparla —contestó Yong Hwa y sus ojos se encontraron. Shin Hye se ruborizó y
rio.
—Déjame —le
dijo él, y la ayudo cuando cambió a la niña
al otro pecho. La bebé lo asaltó hambrienta, con los ojos cerrados. Yong Hwa no
quitó la mirada de encima. Deslizó con suavidad sus dedos sobre la mejilla de
Shin Hye, acariciándola sin quitarle los ojos a la absorta cara de su hija.
—Qué deseo
de supervivencia —murmuró— Increíble en una personita tan diminuta.
—¡Es el
instinto de la vida!
—Eres
necesaria para ella, ¿lo pensaste alguna vez? luego la miró con ojos
apasionados.
Eres
necesaria para los dos.
—Y tú para
mí.
— ¿Lo soy,
Shin Hye? — dejó que los ojos grises descansaran sobre su rostro. Su amor se reflejaba
en su mirada.
—Sí —dijo acurrucando
la mejilla en su mano— Oh, sí, Yong Hwa, eso nunca lo dudes.
FIN
jkhfjdsrbfcjhbedvbbbbbbajbdsnmcamnwdk. ...... fue nena fue nena awwwwwwwww que lindo que hermoso y porfin pudieron ser felices con la ni`a que es una replica a su padre .. hahah dios fue tyan hermoso me encantoooooo !! de verdad que si .. honki no seas llevado haha .... aww dios que hermoso final :')
ResponderEliminarOkokoko! Definitivamente lo ame! Aunque debo admitir que la personalidad de yonghwa me llego a dar miedo TnT pero al igual que shinhye nunca deje de amarlo! Ahaha y al final yonghwa con hongki se convirtieron en amigos jajajjajaja! Jajaja morí en la escena que dijo que lo llamó lo sentí tan tierno! Ahahahahahahahahha que bonito! Me encanto que shin estuviera embarazada! Y que bueno que yong haya cambiada...!! Me gusto mucho! Gracias ^u^
ResponderEliminarme gusto el final y ademas amo a yong hwa pero me hubira gustado que en este fic se quede con hong ki y no lo malentiendan es hong ki era tan tierno y bueno con ella mientras yong hwa practicamente la violo y era muy celoso y reservado.
ResponderEliminarMe gusto este capitulo ojala k en la vida real si se casen yong hwa y shin hye en la vida real y tengan una pequeñita bebe y k se parezca a ellos
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