Cenaron con Ha
Seon y Sang Woo como tenían pensado y la velada resultó muy agradable. Yong Hwa
era encantador cuando se lo proponía y Ha Seon conversaba con animación sentada
a su lado. Shin Hye lo observaba en secreto y admiraba la firmeza de sus
facciones, sus cejas negras que con ligero movimiento podían demostrar desdén,
furia, frialdad; la forma y profundidad de sus ojos oscuros, la larga recta y
debajo, la línea de su boca, en ese momento relajada, sonriente, pero que en un
segundo podía volverse salvaje, herir y exaltarse al besarla.
Sang Woo lo
llevó a ver la nueva mesa de billar que había instalado en una de las
habitaciones y Ha Seon los vio irse con un suspiro.
—Tu marido
es todo un hombre.
—Gracias
—dijo Shin Hye sonriendo. — También el tuyo.
Ha Seon puso
una cara amorosa.
—Oh, Sang
Woo es muy dulce y lo amo, pero para ser franca, Shin Hye... ¡Yong Hwa es muy atractivo!
A todas las mujeres les gusta soñar en ocasiones y ese hombre tuyo es un
sueño... ¿Cómo es en los estrados? Apuesto a que irresistible.
No, pensó
Shin Hye. En el juzgado, Yong Hwa parecía peligroso; un enemigo despiadado de facciones
duras como la piedra y una lengua cruel cuando acusaba a sus víctimas. A ella no
le gustaría encontrarse en el banquillo de los acusados. Ya era bastante duro
cuando en su casa se ponía de mal humor.
Seguía
atemorizada. Se sentía inferior frente a esa fuerte personalidad. De vez en cuando,
todavía irradiaba de su persona una amarga hostilidad y ella casi perdía la paciencia
ante su tono mordaz. Tenía que hacer acopio de toda su voluntad para contener los
insultos que la venían a la mente.
Vivía en un
continuo estado de alerta, actuaba con amabilidad, se cuidaban uno al otro, pero
cuando sonaba el teléfono, lo veía entrecerrar los ojos recelosos y cuando
recogía la correspondencia diaria, notaba la mirada observadora. No había
apartado a Hong Ki de la mente y estaba seguro de que ella tampoco. Aunque no
habían vuelto a saber de Hong Ki, Shin Hye sabía que éste no estaba sufriendo
amargamente por ella.
Cuando Yong
Hwa le comunicó que tenía que ir una semana a Busan para llevar la defensa de un
caso importante, trató de no cambiar de expresión porque era muy consciente de
que la observaba.
— ¿Estarás
bien?
—Sí —dijo
con cautela—, por supuesto.
Durante su
ausencia fue a la ciudad de Seúl a ver a Soo Jin. Había retrasado la visita
porque no lo deseaba y cuando Soo Jin abrió la puerta del apartamento, la miró
enfadada. Shin Hye se detuvo indecisa.
—Vamos,
entra —dijo Soo Jin con severidad, pero no podía guardarle rencor. El afecto que
le tenía a Shin Hye surgió al cabo de unos momentos.
— ¿Por qué?
—Preguntó sin embargo—. Shin Hye, ¿por qué lo hiciste?
—Es mi
marido.
—Pero casi
te vuelve loca. ¿Regresaste para que pudiera lograrlo?
Shin Hye
pensó que todavía podía suceder, pero dijo en voz alta:
—Pobre Yong
Hwa, realmente le tienes manía ¿verdad?
— ¿Y qué pasa
con Hong Ki?
—Hong Ki
sobrevivirá —dijo Shin Hye con cierto humor—. Sabe cómo hacerlo, Soo Jin.
—Shin Hye,
no sabes que Hong Ki...
Shin Hye no
podía permitir que lo dijera, por lo que agregó con rapidez:
—Conozco a Hong
Ki tan bien como tú, Soo Jin y sé que estará bien.
— Estás loca
—dijo Soo Jin furibunda—. Yong Hwa es un sinvergüenza frío y arrogante y lo
sabes, no sé qué ves en él.
—Lo amo.
— ¡Oh, Shin
Hye, a veces me haces enfadar tanto!
Shin Hye se
rio.
—Lo siento, Soo
Jin. Sabía lo que me esperaba cuando regresé a su lado. No es fácil vivir con
Yong Hwa... pero es más difícil vivir sin él Podría abandonarlo ahora pero no
pasaría mucho tiempo antes de que estuviera de rodillas de nuevo a su lado,
porque sé muy bien que no puedo vivir sin él.
Soo Jin tuvo
que creerle pero no la entendía.
—Eres una
tonta. Hong Ki vale más que diez Yong Hwa.
Shin Hye
desvió la mirada y cambió de tema. No podía dejar que Soo Jin le hablara de Hong
Ki; nunca se pondrían de acuerdo sobre el tema. Pero Soo Jin no regateaba esfuerzo
por reunirlos, porque sin que lo notara Shin Hye, debió llamarle, avisándole,
ya que por una aparente coincidencia, llegó en el momento que salían a comer y
por la cara de su amiga supo muy bien que le había telefoneado.
Sin embargo
hizo como que no lo notaba.
— ¡Hola, Hong
Ki! —dijo con toda calma.
El la miró
burlón.
—Shin Hye,
¡qué alegría encontrarte!
Fue a comer
con ellas y tal vez un extraño no hubiera percibido la tensión oculta porque los
tres actuaban como locos, hablaban con ligereza y alegría y reían a carcajadas.
—Déjame y lleva
a Shin Hye a la estación a tomar el tren — dijo Soo Jin y Hong Ki asintió.
Sin embargo,
no la llevó a la estación. Tomó un camino por uno de los puentes de la ciudad
donde se veía el cielo azul, Al cabo de un rato, Shin Hye preguntó cautelosa.
— ¿A dónde
me llevas, Hong Ki?
—A tu casa.
—No seas
absurdo, puedo tomar el tren.
—Tengo ganas
de dar un paseo. Dijiste que Yong Hwa está ausente, así que no debes tener prisa
en regresar.
—No es una
buena idea —dijo nerviosa.
Él no contestó,
siguió conduciendo y ella no tuvo ganas de discutir con él, así que se quedó
callada.
— ¿Cómo van
las cosas? —le preguntó mientras se alejaban de los suburbios de Seúl.
—Bien—mintió
ella.
Él la miró
burlón.
—Querida,
vuelve a decirlo de nuevo con más convicción. Creo que puedes actuar bastante
mejor, Shin Hye.
—Tonto —le
dijo ella riendo porque Hong Ki siempre la había hecho reír, tenía una cara muy
cómica en su semblante juvenil.
— ¿Está
celoso de mí? —preguntó Hong Ki y ella suspiró.
Él la volvió
a mirar con ojos penetrantes.
—Está
enfermo de celos, ¿verdad? Lo noté cuando fui a verte el otro día. No le gusta
la idea de que hagas la serie, ¿o sí?
—No.
—Le gustará
mucho menos cuando vea los guiones dijo Hong Ki con malicia.
—¿Por qué? —
le preguntó ansiosa.
— Una de las
escenas de amor quema el papel en que está escrita dijo con alegría.
—Oh, Dios —
dijo sobresaltada.
—La espero
con ansia —dijo Hong Ki sonriendo.
Shin Hye le
dirigió una mirada furiosa.
—Soo Jin
tiene una teoría acerca de él — le contó Hong Ki. —Piensa que siente que el
haberse casado con una actriz está por debajo de su dignidad y trató de
apartarte de todos nosotros para enterrar el recuerdo.
Shin Hye
había oído a Soo Jin hablar sobre Yong Hwa y no quería saber más de sus teorías.
—No conoces
a Yong Hwa.
— ¿Me tiene
miedo, verdad? — preguntó Hong Ki con indiferencia.
— ¿Por qué
dices eso? —dijo tensa.
—Tengo ojos,
mi amor. Cuando fui el domingo, tenía ganas de echarme pero temió que te fueras
conmigo, así que trató de comportarse como un perfecto caballero y el esfuerzo que
hizo fue demasiado para él. Se salió para evitar ahorcarme.
Hong Ki
siempre había sido un buen juez del carácter y a menudo habían practicado un juego
para adivinar la clase de personas que se cruzaban con ellos en la calle. Era
parte del método utilizado para estudiar teatro. Shin Hye estaba ansiosa, lo
miraba con ojos preocupados.
—Hong Ki, mi
matrimonio es importante para mí... no trates de destruirlo.
— ¿Cómo
podría hacerlo, querida? —preguntó burlón, y el brillo de sus ojos le dijo que sabía
muy bien que podía hacerlo si lo intentaba.
Cuando
llegaron a la casa, la siguió al interior.
— ¿Quieres
tomar algo? —le preguntó por cortesía.
—Whisky
—ella le sirvió un vaso y se lo llevó.
Él se
recostó sobre el sofá con indiferencia, en una mano tenía el vaso y el otro
brazo estaba estirado sobre el respaldo.
Siéntate le
dijo señalando el lugar a su lado. Al notar que ella dudaba, añadió: No voy a morderte,
Shin Hye y cuando se sentó, agregó burlón—: Aunque la idea es tentadora.
Shin Hye
cambió el giro de la conversación y comenzó a hablar sobre la serie de
televisión y él empezó a darle los detalles de lo que esperaba.
Le sirvió
otra bebida y él la observó mientras se la daba.
— Será mejor
que no bebas mucho. Tienes que conducir hasta la ciudad la sugirió un poco nerviosa.
—¿No podría
esperar que me dieran aquí una cama?
—No, Hong Ki.
Movió la
mano para acariciar la piel de su antebrazo.
—¿No?
Durante un
momento se quedaron mirando en silencio.
—No
—contestó ella con sinceridad. Cometió un error al dejarle ver que temía que interfiriera
en su matrimonio. A Hong Ki no había que decirle nada dos veces.
Se tomó el
whisky.
— ¿Ni
siquiera vas a darme algo de comer? —se quejó—. Lo mejor que podré encontrar en
el camino de regreso serán huevos y patatas en un café de la carretera.
Ella no pudo
decir que no. Entró en la cocina y le hizo una tortilla de cebolla y champiñón.
—Eres una
excelente ama de casa. Sin embargo, es una lástima.
Se quedó
allí varias horas y ella estuvo todo el tiempo sobre ascuas y lo peor era que Hong
Ki lo sabía; los burlones ojos se lo demostraron. La inquietaba de manera
deliberada y ella no podía mirarlo a la cara sin revelar cosas que su mente le
advertía que debían quedar ocultas.
Le empujó
hacia la puerta y él se detuvo mirándola con curiosidad.
— Debes
saber que no es un crimen dijo con suavidad.
— ¿Qué? —le
preguntó ruborizada.
Le puso una
mano sobre el mentón y con los dedos acarició su mejilla.
— El que le
guste a uno alguien —dijo mirándola a los ojos.
—Buenas
noches, Hong Ki — dijo enrojecida.
—Deja que me
quede le susurró.
— ¡No! dijo
ella perdiendo la calma.
—Shin Hye,
no me lo puedes ocultar, ni tampoco a él... como yo tampoco te lo puedo ocultar
a ti le sonrió con ternura. Eres muy bella, querida, y te he esperado durante
mucho tiempo.
— Lo amo a
él — le dijo con voz apasionada, porque no podía dejar de sentir la tentación que
era la voz acariciadora de Hong Ki. — Yong Hwa significa para mí más que nadie
en el mundo.
Él dejó caer
las manos. Se dio la vuelta y salió sin decir palabra. Shin Hye se fue a la
cama sintiendo que había estado a punto de caer en un precipicio.
Yong Hwa
regresó un día antes de lo pensado y sin avisar, por lo que ella ya estaba en
la cama cuando oyó el coche y luego la forma silenciosa en que cerró la puerta
de la casa.
Se salió del
lecho y se puso una bata, parpadeando adormilada cuando él abrió la puerta de
la habitación y la miró.
— Has
llegado pronto le dijo acercándose a besarle y su brazo la sostuvo por un momento
antes de mirarla con una ligera sonrisa.
— Perdona,
querida, ¿te desperté?
—No
importa... ¿quieres algo de cenar?
— Ya he
cenado. Voy a beber algo y luego iré a la cama.
Ella se
volvió a meter a la cama y lo esperó. Unos momentos después entró en la alcoba llevando
un vaso.
— ¿Salió
todo bien en el juicio? — le preguntó.
Él asintió,
dándole la espalda mientras se quitaba la chaqueta y la corbata. Ella lo
observó mientras colgaba cuidadosamente su ropa. Sorbió un poco de whisky.
— ¿Cómo lo
pasaste mientras estuve ausente?
Ella tenía
que decírselo.
—Comí con Soo
Jin —dijo con indiferencia pero observando la frialdad de su rostro.
— ¿Sólo con Soo
Jin? —preguntó sin expresión.
Shin Hye
titubeó y eso fue un error.
—Hong Ki
también —contestó por ella.
Ella se
lamió los labios con nerviosismo.
—Sí — dijo
deseando haberlo dicho la primera vez, porque sabía lo que quería decir esa dura
expresión.
— ¿Qué tren
tomaste de regreso?
—Hong Ki me
trajo en su coche.
—Muy amable.
Espero que le haya gustado mi whisky.
Ella iba a
decir algo pero supo que él ya lo había adivinado antes de subir. Miró su vaso de
whisky y cerró los ojos sintiéndose desgraciada.
— ¿Lo tomó
antes o después? preguntó Yong Hwa y su tono no pudo ser más insultante.
—Por favor
no, Yong Hwa le rogó angustiada.
—Estoy
seguro que lo hiciste sentirse a gusto.
— ¡Por Dios
del cielo, Yong Hwa no sigas! — Soltó el vaso de golpe.
— ¿En mi propia
casa? ¿Fue en esta cama?
Shin Hye
salió de la cama temblando.
— ¡No, Yong
Hwa, no es cierto!
Él la
alcanzó antes de que llegara a la puerta, y sus manos la agarraron con tanta violencia
que gritó de dolor.
— ¡No lo
hice, Yong Hwa... créeme!
— ¿Me tomas
por un tonto? No ibas a decirme la verdad. Tuve que sacártela. Estuvo aquí,
tomando mi whisky, disfrutando de mi mujer.
—¡No!
—Cada vez
que lo ves, se te nota en la cara —la acusó violento—Cualquiera que los viera juntos
sabría... no lo puedes disimular.
Le miró
aterrorizada, porque era cierto y lo sabía.
En la fiesta
de Gong Hyo Jin, fue consciente de ello. Sin embargo, ¿cómo podía hacerle creer
a Yong Hwa que el magnetismo físico que la atraía hacia Hong Ki no tenía
ninguna fuerza comparada con el amor que sentía por él? ¿Por qué hay que creer
que una mujer es incapaz de sentir atracción física a menos que esté
profundamente enamorada?, se preguntó y se dijo que Hong Ki era un hombre muy
atractivo y que ella le tenía afecto. Las dos emociones no estaban
relacionadas. Ella le tenía cariño antes de que sintiera su atractivo. Y le
seguiría teniendo cariño, porque la forma en que amaba a Yong Hwa no se vería
afectada por ninguno de esos dos sentimientos.
Yong Hwa la
miraba acusador, leyendo la culpa en su rostro enrojecido.
—¡Yong Hwa,
jamás me he acostado con Hong Ki, lo juro!
— ¡No me
mientas! le gritó revelando los celos que sentía. Le apretó los hombros con rudeza.
Miró el encaje negro de su camisón con ojos que quemaban la blanca piel de los hombros
y el largo cuello desnudo. —¿Lo pasaste bien Shin Hye? ¿Cómo hace el amor?
—Basta
—gritó temblorosa.
— ¿Así? —La
apretó contra su pecho, lastimándole los labios como si necesitara herirla— ¿O
es más persuasivo, querida? ¿Qué clase de amante es?
La furia y
la humillación la volvieron temeraria.
—Sea como
sea, él no me maltrataría.
—¿Ah, no?
—agachó la cabeza y movió su boca sobre la piel del cuello, deslizando los labios
húmedos y cálidos sobre su piel. —¿Está mejor así? —preguntó rozándole los hombros
con los labios.
—Yong Hwa
—temblaba.
Entonces la
miró con una emoción tan cercana al odio, que ella se asustó.
— ¡Pequeña
mujerzuela! Apenas ha pasado una semana y ya estás de nuevo en la cama con él.
— ¿Por qué
no quieres escuchar? ¡No es cierto, Yong Hwa!
La empujo
con fuerza y le hizo perder el equilibrio. Cayó sobre la cama. Antes que se repusiera,
él estaba a su lado, sus manos desgarraban el camisón y luego su boca se cerró
sobre ella.
Shin Hye
trató en vano de luchar con él y alejarlo. No podía permitir que la tratara
así, pero sentía que, muy a su pesar, el deseo se iba apoderando de ella.
—Te amo,
Yong Hwa —le dijo aferrándose a él—. Te amo.
—Mientes,
pero no me importa ... Oh, Shin Hye. Me vuelves loco.
Ella lo besó
amorosamente como respuesta.
Después de
dar rienda suelta a sus sentimientos, se quedaron tendidos.
La piel de
Yong Hwa ardía bajo su mejilla. Se quedó recostada durante un rato, luego se
movió y encendió la lámpara, mirándole con atención.
— ¿Te
lastimé mucho? —le preguntó. La recorrió con los ojos y parpadeó—. ¡Oh, Dios, esas
magulladuras! ¿Qué diablos te hice?
—No importa
—dijo con rapidez y trató de sonreír. Eres un amante brusco, Yong Hwa, eso es todo.
—Esto no
puede seguir. No tengo derecho a hacerte esto.
—Te amo,
Yong Hwa. No mentí acerca de Hong Ki... jamás me puso una mano encima.
—Lo siento.
Por supuesto que te creo. Perdí la cabeza acongojado le miró el cuerpo—Esta vez
te lastimé de verdad... no digas que no lo hice. Cuando supe que habías visto a
Hong Ki quise matarte. Me quedé abajo mirando el whisky y tuve esas visiones
que me daban vueltas en el cerebro... estabas en sus brazos... y me puse
frenético.
—Olvídalo
dijo en voz baja acariciándole la mejilla.
— ¿No
entiendes? Podría matarte un día.... y casi lo hice esta noche.
—En vez de
eso me hiciste el amor —le sonrió.
— ¿Y te dejé
esos moretones? ¿Crees que me da gusto habértelos hecho?
—Te perdono.
— Yo no. Shin
Hye, tengo que dejarte. Tengo que solucionar esto de alguna manera. Contigo a
mí alrededor no puedo hacerlo. Tengo que pensar con claridad y contigo a mi
lado no lo lograré.
¿Sería ése
el problema?, se preguntó. ¿Cómo coexistía ese cerebro inteligente dentro de la
hermosa cabeza de Yong Hwa con los instintos apasionados y brutales de su
cuerpo?
¿Había
guerra entre ellos? ¿Se sentía dividido, desgarrado entre las dos mitades de su
naturaleza? ¿Encontraba que la fría inteligencia de su mente fallaba ante un problema
emocional como el de ellos? Había sido educado para usar la mente. Sin embargo,
una inteligencia fría y fuerte no podía resolver problemas surgidos por una
causa emocional.
—Todo lo que
tienes que pensar es que te estoy diciendo la verdad — insistió— Te amo, así
como eres... no niego que esta noche me lastimaste y a pesar de ello te quiero.
Él pareció
sorprenderse y ella se rio con tristeza.
— ¿Crees que
no debería haberme sucedido? Tal vez tengas razón, pero así fue. Tal vez por
esto te quiero a ti y no a Hong Ki, mi amor. Algo en mí responde a la ofuscación
que hay en ti.
Él se la
quedó mirando ceñudo.
— ¿Sólo lo
dices para consolarme? ¿Tratas de ser amable? No quiero tu amabilidad, Shin Hye.
— Y yo no
quiero tu orgullo. Quiero la verdad entre nosotros.
—Me pregunto
si quieres saber lo que es eso. Shin Hye ¿estuviste muy cerca de Lee Hong Ki
todos esos años?
—Mucho.
—Cuando nos
casamos eras virgen —como si hablara consigo mismo—Eso me sorprendió, en ese entonces
sospechaba que había sido tu amante.
—No lo fue.
— Eso lo
supe después. Pero creo que lo hubiera podido ser. Se miraron a los ojos y ella
suspiró.
—Oh, tal vez
no tenía objeto mentir.
— Y si se
hubiera salido con la suya, lo sería ahora.
—Es posible
—admitió en voz baja.
— Sabemos en
qué quedamos Lee Hong Ki y yo... ¿pero tú? — la miró a los ojos y levantó una
mano para evitar que hablara. No, espera un momento... ¡Voy a dejarte, Shin
Hye!
— ¡Yong Hwa!
Ya te dije...
—Escucha. No
soporto seguirte lastimando así. Temo llegar algún día demasiado lejos. No soy
dueño de mí mismo en lo que a ti se refiere. Deja que te diga algo mientras mi mente
funciona con claridad. .. Quiero una separación.
—No
–protestó ella—. ¡No, Yong Hwa!
—Puedes
recibir una pensión. Conseguir un apartamento o compartir uno —ella supo a quién
tenía en mente. —Eso nos dará tiempo a los dos para resolver todo.
Se le quedó
mirando, indignada por su sugerencia.
— ¿Y si veo
a Hong Ki?
La miró
torvamente.
—Eso lo
tendrás que decidir tú. Yo te dejo en libertad, Shin Hye. Ningún ser humano
tiene el derecho de herir a otro de la manera en que yo lo estoy haciendo.
Ambos tenemos que pensaren el futuro. De alguna manera tengo que luchar contra
esto y nunca lo haré si estás cerca de mí.
No quería
oír razones. Se había decidido y todas las súplicas y argumentos fallaron.
Una semana
más tarde estaba instalada en el apartamento de Soo Jin como huésped.
Soo Jin
estaba entusiasmada y cuando Hong Ki se enteró del asunto, le dirigió a Shin
Hye una mirada inquisidora.
— ¿Se me
permite aplaudir? —preguntó y ella movió la cabeza sin sonreír.
Los ensayos
para la serie de televisión comenzaron una semana después. Las escenas de Shin
Hye con Hong Ki se filmaban en el estudio.
Shin Hye
tembló de miedo al ver los trajes, Hong Ki silbó.
—Estupendos
—murmuró.
Al mirarse
al espejo pensó con tristeza que eran bastante provocativos. Tenían el talle alto,
al estilo imperio y la suave muselina con que estaban confeccionados caía resaltando
sus formas.
Encontró que
las técnicas de actuación para la pequeña pantalla eran diferentes de las que
había aprendido para el teatro, pero Hong Ki ya la había preparado para
controlar la voz y utilizar los menos movimientos posibles.
— ¡No
gesticules tanto! —le gritaba Seok Ho de vez en cuando y ella trataba de
controlar las manos. Era difícil romper hábitos aprendidos durante años.
La escena
que más la aterraba era una en la que tenía que besar a Hong Ki. Sin embargo,
todos trataban esa secuencia como cualquier otra y después de un rato, comenzó
a relajarse. Pero Hong Ki tenía ganas de mortificarla y Seok Ho lo amonestó:
—Ésta no es
una comedia, Hong Ki. Repítela y borra esa sonrisa.
Hong Ki lo
miró enfadado pero obedeció. Shin Hye observó cómo desaparecía su expresión burlona
y con qué facilidad asumía el sombrío aspecto de su personaje. Caminó por el
foro, la tomó de los hombros y la besó. Ella reaccionó por el temor y luchó.
Sin embargo,
Hong Ki no actuaba. Sus ojos tenían un brillo especial al mirarla, supo que lo
hacía con agrado, y la acariciaba con toda deliberación. Seok Ho parecía
satisfecho con la escena y cuando se terminó, mandó a todos a casa.
Hong Ki la
llevó al apartamento en silencio, de vez en cuando la miraba con curiosa
sonrisa.
Cuando
llegaron, Shin Hye le increpó disgustada.
—Esto tiene
que parar enseguida, Hong Ki o abandonaré la serie.
— ¿A qué te
refieres? —pareció asombrado.
—Hoy te
propasaste a propósito. — Él sonrió sarcástico.
—Shin Hye,
cuando te quito la corona, me gustaría hacerlo sin público.
—Nunca
llegaré a eso contigo, Hong Ki. Espera que te lo pida replicó. Ambos sabemos
qué es lo que quieres. Tu yo decidió divertirse hoy conmigo. Me acariciaste de
la forma que no estaba en el guion.
— No sucede
a menudo que le paguen a uno por algo que ha querido hacer durante mucho tiempo.
—Debí darte
una bofetada — estaba furiosa.
—Shin Hye,
querida...
—No, Hong Ki.
Te quiero tiernamente, siempre ha sido así y así seguirá. Admito que me vi tentada...
por un momento. Pero nunca funcionaría, Hong Ki. ¿No lo ves? No estamos hechos
el uno para el otro.
—Sí lo
estamos —comenzó a acercarse—Querida, lo estamos.
—Soo Jin y
tú significan mucho para mí. Pero si todos estuviéramos en un globo con Yong
Hwa y sólo dos se pudieran quedar, sé a quién empujaría.
Él soltó una
carcajada.
— ¡Shin Hye,
dices las cosas de un modo! Así que todavía es Yong Hwa.
— Siempre
será. Estoy loca por él. Lo amo Hong Ki. Compréndeme. Se la quedó mirando en silencio
y luego dijo con firmeza —Esto se acabó.
ooooo siii !!! asi se habla shin por mas que hongki la quiera esa no es la manera el sabe bien como es loa forma obseciba de yong hwa valla el tiene un trastorno es lo unico que se me ocurrio para la forma en la que actua tan loco celoso y posesivo ,. y hongki todabia va a sacar el animal de yong no tampoco y se paso con lo de el teatro .. que bueno shin me alegro siguee buenos caps
ResponderEliminargraciass ..... :) esta semana me siento muy feliz porque pude leer los nuevos capitulos que publicaste ...y aun mas contenta por la rapidez fue inesperado pero una sorpresa muy agradable..muy interesante... :) :) cada capitulo es emocionante
ResponderEliminarMe encanta que shin este siendo fuerte y desidida y ojala retome bien su carrera lastima por jonkin pero ella al que realmente ama es a yonghwa ojala lo pueda ayudar con su trastorno porque los celos enfermisos que siente por ella si se pueden curar unnie yo tambien estoy feliz que por que pudieron actulizar y me encanto que fueron dos capitulos, estoy muy al pendiente de las actualizaciones.
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