Shin Hye miró a Yong Hwa con incredulidad.
De todas las sorpresas que se había llevado, aquella era la mayor.
–No puedes estar hablando en serio –le
dijo con el corazón acelerado–No hace falta que tomemos una decisión tan
extrema, podemos ser padres sin casarnos.
–¿De verdad piensas que eso sería lo mejor
para nuestros hijos, Shin Hye? Pretendo ser un padre de verdad, a tiempo
completo.
–Pero un matrimonio sin amor tampoco sería
el mejor ambiente para ellos –argumentó Shin Hye–Y lo sé por experiencia. Vi a
mi madre ser infeliz con mi padrastro durante toda mi infancia.
Yong Hwa frunció el ceño. Era la primera
vez que Shin Hye le hablaba de su niñez y le sorprendió que lo hiciese con
tanta amargura.
–No quiero casarme contigo.
–¿Preferirías que nos peleásemos por los
niños? –le preguntó él – ¿Y si en un futuro nos casamos con otras parejas?
Tengo que admitir que no soportaría que a mis hijos los criase un padrastro que
no los quisiese tanto como voy a quererlos yo, que podría incluyo llegar a
odiarlos.
Como Woo Duk la había odiado a ella, pensó
Shin Hye, palideciendo.
–Eso no ocurrirá. No tengo planeado
casarme. Valoro demasiado mi independencia.
–En ese caso, mantenla, pero pagando un
precio, porque voy a tener a mis hijos, ya sea a través del matrimonio o de un
juez.
Shin Hye dio un grito ahogado.
–¿Estás diciéndome que pedirías la
custodia de los mellizos? –Espero no tener que llegar a eso, que entres en
razón y pongas en un segundo lugar lo que queremos para pensar en lo que los
niños necesitan más: unos padres comprometidos a criarlos en una unidad
familiar estable.
Lo peor de todo era que ella también
pensaba que aquello sería lo mejor para los niños.
–Necesito tomar un poco el aire –murmuró,
poniéndose en pie y notando que le temblaban las piernas.
–No quiero que subas a cubierta. Llevas
horas sin comer y parece que vas a desmayarte –le dijo Yong Hwa, agarrándola
del brazo para que no subiese las escaleras.
–¡Déjame en paz! –le gritó Shin Hye –Siempre
tienes que controlarlo todo, ¿verdad? Todo tiene que ser cómo tú quieres.
–¡Cielos! Solo intento cuidarte.
–No necesito que me cuiden –le dijo ella
zafándose.
–Eres una testaruda –comentó Yong Hwa,
levantando la mano para pasársela por el pelo.
Al ver aquel gesto, Shin Hye retrocedió,
como si tuviese miedo de él.
–¿Shin Hye? ¡Dios! ¿Has pensado que iba a
pegarte?
La miró fijamente y vio miedo en sus ojos.
–Jamás he pegado a una mujer. ¿Acaso te han
pegado alguna vez? ¿Quién…?
–No importa –lo interrumpió Shin Hye, que
no quería hablar del tema.
Había recuerdos de su niñez que prefería
mantener enterrados.
Yong Hwa deseó abrazarla y asegurarle que
jamás le haría daño, pero no lo hizo porque supo que Shin Hye lo rechazaría.
–Mira… será mejor que comas algo –le dijo
en tono amable, para que no lo interpretase como una orden –Debes de estar
muerta de hambre. Los bebés necesitan estar alimentados.
Shin Hye pensó que solo le preocupaban los
niños, no ella, pero tenía razón. Tenía hambre. Se acercó a la mesa que había
al otro lado del salón, donde ya estaba Yong Hwa, y se sentó en la silla que
este le ofrecía. Casi inmediatamente apareció una camarera para servirles el
primer plato.
–Shin Woo me ha hablado de su trabajo como
fotógrafo de moda –murmuró Yong Hwa cuando la camarera hubo servido el segundo
plato –Es un tipo interesante. Tengo la impresión de que están
muy unidos.
Ella supo que estaba intentando hablar de
algo que no fuese el embarazo y se lo agradeció.
–Sí –respondió con firmeza. Shin Woo era
la única familia que tenía. –Aunque en realidad le apasiona fotografiar la
naturaleza. Todos los veranos vamos a algún lugar remoto, donde pasamos horas
esperando para poder captar la imagen de algún pájaro o animal raro.
Dejó de sonreír al pensar que no volvería
a acompañarlo.
Un rato después, mientras tomaban el
postre, Shin Hye se dijo que casi se le había olvidado lo encantador y
carismático que era Yong Hwa. Había conseguido que estuviesen toda la comida
charlando de cosas sin importancia y le había contado que So Min y Sung Hoon
habían vuelto de la luna de miel y se habían instalado en su nueva casa de Busan.
–¿Qué te parece si subimos a cubierta
ahora? –le preguntó él sonriendo.
Y Shin Hye tuvo que recordarse a sí misma
que la había amenazado con luchar por la custodia de sus hijos, así que no
debía fiarse.
Lo siguió escaleras arriba y respiró hondo
al salir a cubierta. El sol de la tarde era cálido y la brisa le apartó el pelo
de la cara cuando se apoyó en la barandilla que había en la popa. Yong Hwa se
acercó a ella y Shin Hye aspiró el olor de su loción. No quería mirarlo, pero
no pudo evitarlo.
–No será un matrimonio sin amor –le dijo
él en voz baja.
Y a Shin Hye se le detuvo el corazón un
instante, hasta que Yong Hwa añadió: –Querremos a nuestros hijos. ¿No te parece
suficiente motivo para comprometernos?
–¿Quieres comprometerte, Yong Hwa?
–inquirió ella.–La prensa dice de ti que eres un playboy.
Él se encogió de hombros.
–Mi dinero me ha convertido en blanco de
los paparazzi, pero la mayoría de las historias que cuentan de mí son falsas o
exageradas. Admito que no he sido nunca un santo, pero cumpliré los votos del
matrimonio.
Antes de que Shin Hye se diese cuenta,
Yong Hwa le había puesto la mano alrededor de la cintura y la estaba abrazando.
–En realidad, no será un sacrificio
–añadió, mirándola con deseo –Te deseé nada más verte, Shin Hye, y tú también
sentiste la química que había entre nosotros. Es evidente que, físicamente,
somos compatibles.
A Shin Hye su cerebro le dijo que lo
apartase, que fuese fuerte y luchase por su independencia, pero su cuerpo la
traicionó. Se quedó atrapada en el calor de sus ojos y lo vio inclinar la
cabeza y no se movió.
Parecía que había pasado una eternidad
desde que habían sido amantes en Cheongu y lo había echado mucho de menos.
Separó los labios y permitió que Yong Hwa la besase y que profundizase el beso.
No obstante, intentó no responder. La había secuestrado y la había amenazado
con pedir la custodia de los niños. Tenía que odiarlo. Aunque el objetivo de
Yong Hwa había sido ser el padre de sus hijos. ¿Cómo iba ella a negarles lo que
tanto había deseado tener de niña: un padre que la quisiera? Como si le hubiese
leído el pensamiento, Yong Hwa rompió el beso y la miró a los ojos.
–¿Te casarás conmigo, Shin Hye? ¿Permitirás
que te proteja a ti y a nuestros hijos?
Aquellas palabras le llegaron al alma. Estaba
segura de que Yong Hwa querría a sus hijos y, aunque no la amase a ella, se
comprometería.
–Sí –respondió con voz temblorosa.
Yong Hwa la abrazó con fuerza. Shin Hye
sabía que solo le importaban los bebés, pero se sintió bien entre sus brazos,
notando cómo le acariciaba el pelo.
Él se relajó un poco y se sintió aliviado
por primera vez desde que se había enterado de que Shin Hye estaba embarazada.
La abrazó con fuerza y notó la presión de cuerpo
contra el de él, la suavidad de su pelo… y sintió deseo.
Se casaría con ella por los niños, pero
tenerla como esposa no sería ningún sacrificio.
***
Shin Hye miró a Yong Hwa, que estaba
sentado al otro lado de la mesa del desayuno.
–Necesito volver a Seúl –le dijo con
frustración. –No puedo dirigir Wedding Park desde aquí. Llevamos dos semanas en
Cheongu y aunque Jani So está haciendo todo lo que puede, voy a perder el
negocio si no vuelvo al trabajo. Accediste a que continuase dirigiendo mi
empresa –le recordó.
–Y tú accediste a que Jani So se ocupase
de Wedding Park hasta la boda –respondió Yong Hwa frunciendo el ceño –Estabas
agotada. Necesitabas descansar un par de semanas.
–Ya me encuentro bien –le aseguró Shin Hye
–Y tengo que buscar un local nuevo para el estudio.
–¿Por qué no consideras otras opciones? No
necesitas trabajar. Soy un hombre rico y puedo darles tanto a ti como a los
niños una vida llena de lujos.
–¿Me estás pidiendo que abandone mi
negocio?
–No es necesario, pero es evidente que
tendrás que trabajar menos hasta que nazcan los mellizos.
Yong Hwa se levantó de la mesa.
–Tengo que marcharme. Deja de preocuparte,
no es bueno para los bebés. Tienes que relajarte. Lee un libro o algo así.
Pero después de varias semanas en Cheongu,
lo que Shin Hye necesitaba era retomar su vida. Necesitaba demostrarle a Yong
Hwa que estar embarazada no significaba estar inválida y necesitaba recuperar
el control de su propia vida.
Más tarde, ese mismo día, Shin Hye empezó
a desear no haber pedido que la llevasen a Oedo. Una vez allí, había tomado un
autobús que la había llevado al pueblo más grande de la isla.
Era un lugar pintoresco, de calles estrechas,
casas blancas y bonitas tiendas. Los coches estaban prohibidos en el centro y
Shin Hye se sintió como si hubiese retrocedido en el tiempo, pero después de
subir tantas escaleras con el calor del medio día, estaba agotada. Se detuvo a
tomar un refresco en un bar y luego esperó el autobús que la llevaría de vuelta
al puerto.
–¡Shin Hye! ¡Menos mal!
Sorprendida al oír su nombre, se giró y vio a Chip corriendo hacia ella, casi sin aliento.
Sorprendida al oír su nombre, se giró y vio a Chip corriendo hacia ella, casi sin aliento.
–¿Chip… va todo bien?
Él respiró profundamente antes de
responder.
–Ahora, sí. Tengo que llamar a Yong Hwa
para decirle que te he encontrado.
Aquello la confundió.
–No estoy perdida. Y Yong Hwa no sabe que
estoy aquí.
–No, pero se ha vuelto loco al ver que
habías desaparecido. Tenemos que volver a Cheongu.
Quince minutos más tarde estaban en el
puerto, subiendo a la lancha motora de Yong Hwa. Chip estaba más callado de lo
habitual, y más serio, y cuando se acercaban a Cheongu, hizo una mueca al ver
que un helicóptero los sobrevolaba.
–Ahí está Yong Hwa.
Shin Hye frunció el ceño.
–¿Por qué vuelve a casa tan temprano?
–Estaba preocupado por ti –comentó Chip –Será mejor que vayamos a casa.
Yong Hwa salió de la casa en el mismo
momento en que ellos llegaban a las puertas del jardín. Bordeó la piscina y
avanzó hacia Shin Hye. Parecía furioso.
–¿Dónde diablos estabas? –inquirió –¿Por
qué te has marchado así, sin decirle a nadie adónde ibas? Estaba muy
preocupado…
Chip lo había llamado por teléfono y le
había dicho que hacía varias horas que no veían a Shin Hye, y que parecía no
estar en la isla. El mensaje que le había enviado un rato después, contándole
que uno de los empleados la había llevado a Oedo, no había menguado su
preocupación.
–No quiero que vuelvas a hacerlo. Te
prohíbo que salgas de Cheongu sin haberme informado antes.
–¿Me lo prohíbes? No tienes derecho a
prohibirme nada. No eres mi dueño, Yong Hwa. Ni siquiera estamos casados
todavía y no vas a controlar mi vida. Si es así como vas a tratarme cuando sea
tu esposa, he cambiado de idea y no quiero casarme.
Él la agarró del brazo y la fulminó con la
mirada.
–No puedes cambiar de idea. No lo
permitiré. No pretendo controlarte, pero, en algunas cosas, tendrás que hacerme
caso.
–¿Y si no lo hago? –replicó ella enfadada.
–¿Utilizarás la fuerza para obligarme a obedecer? Como Woo Duk. Viví toda la
niñez asustada y me niego a volver a vivir así.
Se zafó de él y corrió hacia la casa. Yong
Hwa la siguió y la obligó a girarse y mirarlo.
–Déjame.
–Shin Hye, cálmate.
Tenía el rostro manchado de lágrimas y
estaba temblando de miedo.
–Jamás te haría daño –añadió, dolido
porque tuviese miedo de él –Vamos a sentarnos. Tenemos que hablar.
Fueron hacia las hamacas que había al lado
de la piscina y Shin Hye se dejó caer en una de ellas.
Yong Hwa se pasó una mano por el pelo.
–¿Quién es Woo Duk? –le preguntó–Vamos a
casarnos. No puede haber secretos entre nosotros.
–Es mi padrastro, aunque crecí pensando
que era mi padre. Es complicado –dijo al ver que Yong Hwa fruncía el ceño –Mi
madre estaba casada con Woo Duk, pero tuvo una aventura y se quedó embarazada
de mí. Woo Duk la amenazó con quitarle la custodia de Shin Woo si mamá lo
dejaba. Así que se quedó con él y yo crecí pensando que era mi padre.
–¿Pero te trató mal?
Ella asintió.
–Sí, pero nunca me pegó delante de mamá ni
de Shin Woo, y yo tampoco se lo conté. Creía que lo merecía porque no me
portaba bien. Aunque, incluso cuando lo intentaba, nunca estaba contento. Y yo
no entendía por qué no me quería. Cuando mi madre falleció, hace tres años, Woo
Duk me contó la verdad, que era hija de otro hombre. No hemos vuelto a tener
contacto desde el funeral.
–¿Y tu padre biológico, no tienes relación
con él?
–No. Mamá nunca me dijo nada.
–No. Mamá nunca me dijo nada.
Apartó la vista de Yong Hwa y miró hacia
el mar.
–Por eso accedí a casarme contigo –susurró.
–Quiero que mis bebés crezcan con un padre para que se sientan completos y
queridos.
–Eso no lo dudes –le aseguró Yong Hwa –Querré
a mis hijos como mis padres me quisieron a mí.
Como habría querido a su primer hijo si le
hubiesen dado la oportunidad, pensó.
Observó a Shin Hye y sintió rabia contra
su padrastro.
Entendió que valorase tanto su
independencia y se dio cuenta de que quería que fuese feliz con él.
–No quiero controlarte –le dijo en voz
baja –Solo quiero que tanto los bebés como tú estén bien.
–Supongo que tenía que haberle dicho a
alguien adónde iba –admitió ella–. Solo necesitaba airearme un poco y no pensé
que fuese grave marcharme a Oedo.
–Nuestra futura boda está ya en todas las
revistas y soy un hombre muy rico. Como prometida mía, podrías ser un posible
objetivo de bandas de secuestradores –le explicó Yong Hwa –Por eso quiero que
me prometas que, a partir de ahora, no irás a ninguna parte sola.
–¿Por eso eres tan protector con So Min?
–le preguntó Shin Hye.
Él asintió.
–Tal vez sea demasiado protector, pero
cuando viví en Japón presencié cosas que jamás olvidaré –le contó,
emocionándose.
Nunca hablaba de su pasado, pero tenía que
intentar explicarle a Shin Hye por qué quería controlar todas las situaciones.
–Mi padre fue asesinado delante de mí. No
pude salvarlo ni protegerlo de una banda que con armas, entró a robar en la
tienda. Cuando mi padre intentó razonar con ellos, le dispararon.
A Shin Hye se le detuvo el corazón al oír
aquello.
–Oh, Yong Hwa –exclamó, agarrándole la
mano.
–No quiero que pienses en Cheongu como en
una prisión, Shin Hye. Quiero que sea tu hogar, donde podremos criar a nuestros
hijos en un ambiente seguro.
Ella asintió.
–Ahora lo entiendo. Y me encanta Cheongu. Me
gusta estar aquí.
–¿Significa eso que el problema soy yo?
–le preguntó Yong Hwa mirándola a los ojos –Porque no soy como tu padrastro. Te
juro que jamás te haría daño.
Se acercó a ella y la besó tan lenta y
dulcemente que Shin Hye se puso a llorar. Lo abrazó por el cuello y él la
levantó para llevarla al dormitorio.
Habían ocupado habitaciones separadas
desde que Yong Hwa la había llevado a Cheongu, pero en esos momentos, tumbada
en su cama, besándolo, Shin Hye deseó hacer el amor con él. Era el padre de sus
hijos y tenían un vínculo que los acompañaría durante el resto de sus vidas.
Suspiró de placer y pensó que allí era
donde quería estar, entre sus brazos, sintiendo sus besos y sus caricias.
Yong Hwa había perdido la cuenta de las
noches que había pasado en vela pensando en Shin Hye. En esos momentos, la
tenía allí.
Pero la situación había cambiado. Shin Hye
estaba embarazada. Levantó la cabeza y el corazón se le encogió al verla
sonreír. De repente, se puso tenso. No quería necesitarla. No quería que
significase nada para él. La vida le había enseñado que era más fácil no
implicarse para no sufrir.
Shin Hye se preguntó por qué Yong Hwa se
había puesto tenso de repente. Porque había dejado de besarla y no la miraba.
–Debes de estar cansada después del paseo
por Oedo –le dijo –Descansa y ya nos veremos en la cena.
Y ella se sintió como si acabase de
recibir una bofetada. Tal vez ya no la desease, porque su cuerpo había empezado
a cambiar con el embarazo.
Las dudas acerca de la boda volvieron a
asaltarla. De repente, el futuro volvía a parecerle terriblemente incierto.
Awww la ama ❤❤❤ me encanto este cap
ResponderEliminarActualiza pronto unnie
aaa ella se siente mal y como no si el se tenso y la dejo de de besar asi de repente ..aa siguee ya quiero leer otro cap
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