domingo, 22 de febrero de 2015

UNA AVENTURA SECRETA - CAPITULO 10

Shin Hye terminó de hablar por el teléfono móvil y cerró los ojos un momento, tenía ganas de llorar.
Cuando los abrió, vio a Yong Hwa en la puerta de la habitación.
–He venido a ver si estás preparada. La fiesta empieza a las siete y deberíamos salir ya –le dijo, frunciendo el ceño al ver que tenía los ojos brillantes. –¡Cielos! ¿Qué te pasa?
 –Era Jani So, la gerente. Finalmente han vendido el almacén en el que está el estudio y tenemos un mes para marcharnos –le dijo con voz entrecortada–He estado buscando otro posible local para Wedding Park por Internet, pero todavía no eh encontrado nada que sea adecuado y accesible. Y hay que tener en cuenta tantas cosas. Tendré que volver a hacer tarjetas y sobres con la dirección nueva, además de los costes de la mudanza.
Tendré que volver a Seúl justo después de la boda.
Yong Hwa se puso tenso.
–Entonces, ¿sigues empeñada en seguir al frente de la empresa?
–Sí, por supuesto. Nada me haría dejar Wedding Park. No tienes ni idea de lo importante que es para mí –le explicó, al ver que Yong Hwa fruncía el ceño. –Levantar mi negocio es la única cosa de la que estoy orgullosa de mí misma. Woo Duk estaba convencido de que fracasaría, pero mi madre confiaba en mí. Mamá falleció cuando todavía estaba montando Wedding Park, pero sé que se habría sentido orgullosa de mí.
Se pasó una mano por las pestañas húmedas y no vio que Yong Hwa la miraba con curiosidad, ni que su disgusto también le afectaba a él.
–Supongo que es una tontería, pero tener mi propio negocio me hace sentirme como si fuese alguien –le confesó–No sé quién es mi padre, pero Wedding Park me da una identidad.
–Por supuesto que eres alguien –le aseguró él, poniéndole la mano debajo de la barbilla para que lo mirase. –Eres una joven bella y con talento, que pronto será madre. Mañana estaré orgulloso de ser tu esposo.
No me había dado cuenta de lo mucho que significaba Wedding Park para ti –continuó–Y estoy seguro de que tu madre se sentiría muy orgullosa.
Dudó antes de continuar.
–¿Has pensando en la posibilidad de establecer la empresa en Busan? Yo podría ayudarte a encontrar un estudio.
–Es una idea –respondió ella despacio– Me preguntaba cómo haría para trabajar en Seúl cuando naciesen los bebés. Pero me intimida la idea de montar el negocio en una ciudad que no conozco del todo.
–Busan será tu hogar –le recordó él.
–Supongo que sí. Sé que tienes dudas de que pueda compaginar la maternidad con mi negocio, pero yo estoy segura de que lo lograré. Te prometo que consideraré la idea de buscar un estudio en Busan.

***
La fiesta era para recolectar fondos para una organización benéfica y tenía lugar en los elegantes jardines de uno de los hoteles de cinco estrellas más prestigiosos de Busan. Entre la lista de invitados había ministros del gobierno y muchos personajes famosos.
–Creo que deberías sentarte un rato –murmuró Yong Hwa, sacando a Shin Hye de la pista de baile–Llevas de pie toda la noche y no quiero que te canses demasiado.
–No estoy cansada –protestó ella, deseando seguir entre sus brazos, con sus cuerpos pegados, balanceándose al ritmo de la música.
Durante un rato, incluso había sido capaz de fingir que eran como una pareja normal que estaba enamorada y deseando casarse.
–No puedo creerme que ya se me note el embarazo –comentó Shin Hye al ver su reflejo en uno de los espejos del salón de baile.
Yong Hwa siguió la dirección de su mirada.
–Estás preciosa esta noche –le aseguró, notando cómo su cuerpo cobraba vida.
Pero tuvo que mantener la libido a raya al ver que la anfitriona de la fiesta se acercaba a ellos.
–Espero que estén divirtiéndose –les dijo Gae liz amablemente –Yong Hwa, creo que quieren hablar contigo de un proyecto en la biblioteca.
Él miró a Shin Hye.
–¿Te importa si te dejo sola unos minutos? Siéntate, ¿eh? No deberías estar de pie mucho tiempo.
–Es muy protector, ¿verdad? –comentó Gae cuando Yong Hwa se hubo alejado. –Y mañana es su boda. ¿Estás nerviosa, Shin Hye? Estaba más bien preocupada. No dudaba que casarse con Yong Hwa fuese lo mejor para sus bebés, pero sabía que era un matrimonio de conveniencia… para Yong Hwa, que quería a sus hijos. Ese era el único motivo por el que iba a casarse con ella.
Shin Hye se obligó a sonreír.
–Sí, estoy deseando que llegue el momento.
–Me alegra ver a Yong Hwa tan contento. Jamás pensamos que se establecería, después de que terminase su relación con Ji Hyeon tan de repente.
Shin Hye se puso tensa y preguntó con naturalidad.
–¿Era Ji Hyeon la mujer con la que iba a casarse?
–Sí, Jun Ji Hyeon, supongo que habrás oído hablar de ella. Es una gran estrella, y ahora está teniendo mucho éxito en Japón.
A Shin Hye le sorprendió la noticia. Ji Hyeon era una actriz, bailarina y cantante, una estrella internacional que, además de tener mucho talento, era muy guapa.
–Yong Hwa se quedó destrozado con la ruptura, pero se negó a hablar del tema –le explicó Gae – Aunque ahora va a casarse contigo, y yo estoy segura de que van a ser muy felices juntos.
***

Shin Hye se preguntó si serían felices mientras sobrevolaban Busan en el helicóptero que los llevaba a Cheongu. ¿Sería Yong Hwa feliz con ella, o desearía siempre haberse casado con aquella actriz que, según So Min, había sido el amor de su vida? Ambos fueron en silencio durante todo el viaje.
Yong Hwa parecía perdido en sus pensamientos y Shin Hye se sentía enferma de celos al imaginárselo con la increíble Ji Hyeon. Cuando el helicóptero aterrizó e iban andando hacia la casa, no pudo evitar hacerle la pregunta que llevaba rondándola desde que había hablado con GaeLiz.
–¿Por qué no me has contado que estuviste prometido a Ji Hyeon?
–Supongo que te lo ha contado Gae –dijo este –No te lo he contado porque no es importante.
–Pero ¿estuviste enamorado de ella?
Yong Hwa tardó tanto en responder que Shin Hye pensó que no iba a hacerlo.
–Sí –admitió por fin, intentando zanjar el tema con su tono de voz.
Shin Hye se mordió el labio y continuó: –Yo no me parezco en nada a Ji Hyeon. Quiero decir, que es increíblemente bella y una estrella famosa en el mundo entero. La vi en un programa de televisión el año pasado y es impresionante. Es la mujer con la que soñaría cualquier hombre.
Mientras que ella pronto estaría gorda y torpe, pensó con tristeza.
–Estoy de acuerdo en que no te pareces en nada a Ji Hyeon –le dijo Yong Hwa–, pero ella forma parte del pasado. Me voy a casar contigo.
Solo porque estaba embarazada. Shin Hye estaba segura de que, de no haber sido por eso, habría terminado casándose con alguna mujer bellísima y de clase alta.
Lo siguió hasta la casa con la misma sensación de incompetencia que a menudo había tenido con Woo Duk durante la niñez. Este le había hecho sentir como si no valiese lo suficiente como para merecer su amor, y en esos momentos estaba segura de que Yong Hwa la veía como una segunda opción en comparación con la estrella con la que había querido casarse. ¿Era ese el motivo por el que no le había hecho el amor la noche anterior? ¿Seguiría deseando a su ex?
–¿Subimos un rato a la terraza? –sugirió él.
Era una costumbre que habían adquirido desde su vuelta a Cheongu y de la que Shin Hye había disfrutado hasta entonces, pero esa noche no tenía ganas de estar a solas con él.
–Me voy a la cama –respondió–Mañana va a ser un día muy movido.
Subió las escaleras rápidamente, pero Yong Hwa la alcanzó en la puerta de su dormitorio.
–¿Qué te pasa, querida?
–Nada –murmuró ella –Que no sé qué va a ser de Wedding Park ahora que he perdido el estudio. Y me asusta la posibilidad de no ser una buena madre, no sé nada de bebés. Además, esta noche he descubierto que, probablemente, tú desees casarte con otra.
–Eso no es cierto –le aseguró él –Quiero casarme contigo, Shin Hye.
Yong Hwa vio una lágrima en su mejilla y la abrazó con fuerza, no pudo seguir controlándose. Sabía que tenían que hablar, pero en esos momentos solo quería perderse en la dulzura de su cuerpo y olvidarse de todo menos de hacerle el amor.
Bajó la cabeza y la besó, y notó que le temblaban los labios, pero después de un momento de inseguridad, Shin Hye le devolvió el beso. Jamás podría cansarse de ella.
La tomó en brazos, empujó la puerta del dormitorio y la llevó hasta la cama.
Shin Hye contuvo la respiración mientras Yong Hwa recorría su garganta a besos y bajaba después hacia el escote. Su pasión despejó toda duda acerca de si la encontraba atractiva. Notó cómo le bajaba la cremallera del vestido con torpeza y lo oyó gemir al dejar sus senos en libertad. Después terminó de bajarle el vestido con prisas. Shin Hye se sintió incómoda e intentó taparse el estómago.
–Mi cuerpo está cambiando –susurró, mordiéndose el labio inferior.
–Por supuesto, y embarazada estás más bella que nunca –le aseguró él, acariciándole los pechos y besándole el vientre.
–Shin Hye –le susurró mientras besaba su cuerpo.
No podía desearla más, pero tenía que ir despacio.
La acarició y  la hizo suya con cuidado, controlándose hasta ver que a Shin Hye se le oscurecían los ojos y estaba a punto de llegar al clímax, en ese momento se dejó llevar y llegaron al climax al mismo tiempo. Después la abrazó con fuerza hasta que sus respiraciones se tranquilizaron.
A través de la ventana abierta se oía el suave sonido de las olas, tan rítmico y reconfortante como el latido del corazón de Yong Hwa, y Shin Hye se quedó dormida sintiéndose segura entre sus brazos.
***
Lo primero que vio Shin Hye nada más abrir los ojos fue una rosa roja sobre la almohada. Sonrió y se sintió feliz.
Todo iba a salir bien.
En realidad, no había cambiado nada. Yong Hwa iba a casarse con ella porque estaba embarazada, pero la noche anterior le había demostrado que la deseaba, ya que le había hecho el amor con tanta ternura y tanta pasión, que estaba segura de que podían conseguir que su matrimonio funcionase. Tal vez no la amase, pero la amistad y el respeto eran una base para su relación y, tal vez, con el tiempo, Yong Hwa llegase a tenerle cariño.
La boda iba a ser íntima. Solo estarían So Min y Sung Hoon, y el personal de la casa, porque Shin Woo tenía una sesión de fotos en Australia. No obstante, les había prometido que iría a verlos a Cheongu en cuanto pudiese.
–Estas muy bella –declaró Hee Nam después de ayudar a Shin Hye a ponerse el vestido de novia.
–Espero que Yong Hwa piense igual –murmuró ella.
Llevaba un vestido de seda color marfil. Jamás había imaginado que se haría su propio vestido de novia, ya que no había planeado casarse, y unos minutos antes de la boda, no podía evitar estar nerviosa.
En ese momento sonó su teléfono móvil. Era Jani So, que quería desearle buena suerte.
–¿Adónde van de luna de miel? –le preguntó.
–A ninguna parte. Quiero volver a Seúl lo antes posible para encontrar otro local para Wedding Park. Porque supongo que los nuevos dueños no te habrán dado un plazo más amplio para hacer la mudanza.
–Me temo que no. La persona con la que he hablado de Corporation Gidae me ha dicho que van a convertir el almacén en un edificio de pisos de lujo.
–Gidae?… ¿Estás segura de que ese es el nombre de la empresa que ha comprado el almacén?
 –Sí –contestó Jani So
– ¿Tienes el nombre de alguno de los nuevos dueños?
–Si, es el Sr. Sun Myung.
Shin Hye se despidió de Jani So con una sensación extraña en el estómago. Yong Hwa tenía un socio  que también se llamaba así. De hecho, un día charlando con Chip, le había contado que Jung Holdings tenía varias  filiales en todo Corea. Pero si Yong Hwa fuese el nuevo dueño del almacén, no le importaría que su estudio siguiese allí, a no ser que quisiese que Wedding Park cerrase.
–Estás increíble, Shin Hye –la saludó Chip sonriendo y tendiéndole un ramo de rosas rojas –El jefe me manda traerte esto. No sé si sabes que le das luz a su vida.
Aquellas palabras le llegaron a Shin Hye al corazón.
Había creído conocer a Yong Hwa, pero en esos momentos se daba cuenta de que no era así.
–¿Todo listo? –le preguntó Chip, ofreciéndole el brazo–Será mejor que salgamos hacia la iglesia.
Ella dudó un instante, se mordió el labio inferior.
–Chip, ¿tiene Yong Hwa una empresa llamada Corporation Gidae en Seúl?
–Sí. ¿Por qué?
–Por nada.
Shin Hye entró en la iglesia agarrando las rosas con fuerza. Su vista tardó unos segundos en acostumbrarse a la oscuridad y, cuando lo hizo, vio a Yong Hwa esperándola en el altar y sintió pánico. ¿Confiaba en él? El hecho de que tuviese una empresa que se llamase igual que la que acababa de comprar el almacén tenía que ser una coincidencia, pero ¿y si no lo era? ¿Y si había intentado deshacerse de Wedding Park? No pudo seguir andando. Chip la miró extrañado, pero ella no pudo continuar. No podía casarse con Yong Hwa teniendo tantas preguntas en su mente.
Este se giró a ver por qué tardaba tanto en llegar al altar y Shin Hye lo miró a los ojos y le rogó: –Dime que Corporation Gidae, la empresa que ha comprado el almacén de Seúl y me ha obligado a que lo deje no es tuya.
Él se puso tenso y se quedó inmóvil.
–¡Oh, no! –susurró Shin Hye con incredulidad–. ¿Por qué lo has hecho?
–Shin Hye… –empezó él, acercándose.
Ella retrocedió y utilizó el ramo de rosas como escudo.
–Querías que cerrase Wedding Park, ¿verdad? –le preguntó, desesperada–Te dije que los niños serían lo primero. Pensé que eras diferente a Woo Duk. Pensé que podía confiar en ti, pero eres igual que él. Quieres salirte con la tuya y te da igual a quién haces daño siempre y cuando lo controles todo.
–No, eso no es verdad –le dijo él, dando un paso hacia ella.
–¡Aléjate de mí! –le gritó Shin Hye–. Y quédate con tus malditas rosas.
Le tiró el ramo con tanta fuerza que los pétalos de rosa cayeron sobre el suelo de la iglesia, como gotas de sangre de su corazón roto. Se hizo un horrible silencio, pero Shin Hye no se quedó a escucharlo, se dio la media vuelta y salió por la puerta corriendo y con los ojos llenos de lágrimas.
Tomó el camino que llevaba a la playa, donde Yong Hwa la alcanzó.
–Shin Hye, por favor, tienes que escucharme –le pidió.
De repente, estaba pálido y demacrado, pero a Shin Hye no le dio pena, estaba demasiado dolida.
–¿Por qué iba a hacerlo? Eres un falso y un mentiroso y no pienso casarme contigo.
–Tienes que hacerlo –le dijo él–. Tienes que casarte conmigo.
Ella levantó la barbilla, decidida a no demostrarle lo mucho que estaba sufriendo con su traición.
–¿Por qué? ¿Por el bien de los bebés? ¿Para que puedas ser su padre? Tal vez estén mejor sin padre que con un padre que quiere controlar a todo el mundo.
–No quiero controlarte –le aseguró él, con  la voz temblorosa y con una expresión de absoluta tristesa–. Solo quiero cuidar de ti. Y tienes que casarte conmigo, no por los bebés, ni por ningún otro motivo, solo porque… te amo.
Shin Hye palideció al oír aquello y cerró los ojos como para hacerlo desaparecer.
–¿Cómo puedes decir eso después de lo que has hecho?
–Porque es la verdad. Te quiero y te lo diré una y otra vez hasta que me creas.
–¿Cómo voy a creerte? –le preguntó Shin Hye, limpiándose las lágrimas – Sabías que, si perdía el estudio, sería difícil encontrar un local nuevo para Wedding Park.
–Sí, lo sabía. Por eso lo hice –admitió Yong Hwa –Porque quería tenerte en Cheongu, donde estarías segura.
Si pudiese, te envolvería entre algodones. No quería que te fueses a Seúl. No quería que te alejases de mí. Quería que estuvieses siempre a mi lado para poder protegerte. Jamás olvidaré cómo murió mi padre. He visto lo peligroso que puede ser el mundo y no soporto la idea de que pueda pasarte algo. Perdí a mis padres y perdí a mi hijo. Sé que no he hecho bien, pero no podría soportar la idea de perderte a ti también.
Se pasó la mano por el pelo antes de continuar.
–Cuando me di cuenta de lo mucho que te importaba Wedding Park, di instrucciones a mis abogados para que pusiesen el almacén a tu nombre. Podrás ampliar el estudio y, si decides montar una filial en Busan, ya tengo un local disponible. Serás tú quien decida dónde basar la empresa, y yo apoyaré tu decisión, sea cual sea.
Shin Hye intentó asimilar todo lo que acababa de oír.
–¿Perdiste a un hijo? –preguntó en voz baja – ¿Qué ocurrió? ¿Quién…?
–Hace tres años, Ji Hyeon se quedó embarazada –le contó Yong Hwa –pero no quería el bebé y abortó.
Alargó la mano y Shin Hye le dejó que entrelazase los dedos con los suyos y que la llevase hasta la orilla.
–Me enteré de que estaba embarazada porque se desmayó en un escenario y tuvieron que llevarla al hospital. Nada más saberlo, me emocioné con la idea de ser padre. Estaba deseando crear mi propia familia y querer a mi hijo como mis padres me habían querido a mí, pero, sin decirme nada, Ji Hyeon fue a una clínica y se deshizo del bebé.
Shin Hye suspiró, no sabía qué decir.
–Lo siento mucho. ¿Por qué lo hizo? –Por su carrera. No quería ponerla en peligro teniendo un hijo. Tampoco quería venir a vivir a una pequeña isla de Busan conmigo –respondió Yong Hwa en tono amargo.
Shin Hye empezó a encontrar sentido a muchas cosas e instintivamente, llevó la mano de Yong Hwa a su estómago.
–Yo pensaba que Wedding Park era lo único que me importaba, hasta que me quedé embarazada. No tenía ni idea de que me sentiría así.
No era capaz de expresar con palabras el amor y la necesidad de proteger a sus bebés que sentía.
–Ji Hyeon me destrozó el corazón, y juré que jamás volvería a enamorarme –le contó Yong Hwa–, pero entonces te conocí. Vi una hermosa castaña  esperando en el muelle de Oedo y el corazón me dio un vuelco.
–¡Pero si intentaste mandarme de vuelta a Seúl!
–Por supuesto. Supe que tendría problemas contigo nada más verte, y que sin ti, mi vida en Cheongu ya no volvería a ser la misma.
Shin Hye tenía el corazón acelerado y tuvo que tomar aire para poder hablar.
–Yo también lo sentí –admitió–. Cuando me subí al barco tuve la extraña sensación de que mi vida había cambiado para siempre. Y así fue. Tuvimos una experiencia  increíble, y todo se habría terminado ahí si no me hubiese quedado embarazada.
–¿De verdad piensas eso?
–Te despediste de mí en el aeropuerto y te alejaste sin mirar atrás.
–Tuve que hacer un esfuerzo enorme para no darme la vuelta y volver a abrazarte. Y tardé tres semanas en entrar en razón… y volver por ti. Cuando fui a Seúl a buscarte todavía no sabía que estabas embarazada.
Shin Hye se dio cuenta de que eso era verdad, se le había olvidado.
–Me dijiste que estabas en Seúl por trabajo.
–Te mentí. Fui a Seúl porque me había dado cuenta de que estaba enamorado de ti.
Ella no respondió, solo lo miró con los ojos muy abiertos y siguió escuchando.
–Iba a pedirte que tuviésemos una relación, para conocernos mejor. Tenía pensado llevarte a cenar y regalarte flores, lo típico. Aunque te parezca cursi, quería hacerte feliz y tenía la esperanza de conseguir que te enamorases de mí.
Shin Hye no podía creer lo que estaba oyendo.
–¿De verdad me quieres? –le preguntó en un susurro.
Él le acarició el pelo con mano temblorosa antes de contestar: –Con todo mi alma y mi corazón. ¿Tanto te cuesta creerlo, querida?
 –Es que he deseado tanto que me quisieras –admitió entre lágrimas–. Las semanas que pasamos juntos fueron las más felices de mi vida. Te quiero, Yong Hwa.
–Shin Hye… –dijo él antes de abrazarla–. Te necesito en mi vida, mi preciosa Shin Hye.
La besó con tanto cuidado y tanto respeto que Shin Hye lloró todavía más.
–Pensé que siempre estaría sola –susurró–. Te quiero tanto.
Yong Hwa la miró a los ojos y sintió cómo todo el cuerpo se le llenaba de amor. Luego se arrodilló delante de ella y se metió la mano en el bolsillo.
–Quería haberte dado esto hace tiempo –le dijo, poniéndole un anillo en el dedo–. ¿Vas a volver a la iglesia conmigo para convertirte en mi esposa, en mi amante y en el amor de mi vida? El zafiro del anillo reflejaba el color del mar y los diamantes que lo rodeaban brillaban tanto como las lágrimas de Shin Hye, que en esa ocasión eran lágrimas de felicidad. Ella se arrodilló también y lo abrazó.

–Claro que sí.

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1 comentario:

  1. kjzsnfbvz ... <3 dios que hermoso dios muero mori mori que lindo ... avia otro cap y ademas el final y yo no me di cuenta aaa

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