Aquella era una pregunta que él mismo se
había hecho muchas veces. ¿Por qué había terminado con el proyecto de Sudáfrica
a una velocidad récord, aunque eso hubiese significado trabajar dieciocho horas
diarias? ¿Y por qué había ido directo a Seúl en vez de volver a Busan? Hasta
hacía unos segundos, no había tenido respuesta, y en esos momentos todavía no
terminaba de entender qué quería de su relación con Shin Hye, pero una cosa le
había quedado clara nada más verla: la deseaba. Su deseo por ella no había
menguado durante las semanas que habían estado separados y por fin había
aceptado que su mal humor durante la estancia en Ciudad del Cabo se había
debido a que la echaba de menos.
Aquella castaña guapa le había calado muy
hondo. En persona todavía le gustaba más que en sus fantasías, y tenía más
curvas, pensó mientras posaba los ojos en sus pechos. Aunque era evidente que
estaba muy sorprendida con su visita, y la cautela de su mirada hizo que Yong
Hwa se resistiese a abrazarla y darle un beso.
–He venido a Seúl por negocios –mintió–, y
he decidido darme un paseo por el río. Solo por curiosidad, ¿por qué vives en
una casa flotante?
–Tanto Shin Woo como yo necesitábamos
vivir en Seúl por trabajo, después de perder mi departamento, Shin Woo tuvo la
idea de que me traslade aquí, el viaja todo el tiempo –le explicó Shin Hye,
distraída.
Se le estaba pasando el desconcierto, pero
le estaban empezando a zumbar los oídos. Había creído que jamás volvería a
verlo, pero Yong Hwa estaba allí, tan guapo como siempre, con un traje gris y
una camisa azul clara, abierta en el cuello. Le bastó mirarlo para volver a
sentirse hechizada. La seducía con tan solo una sonrisa, y Shin Hye clavó los
ojos en sus labios y se olvidó de todo lo demás, solo podía pensar en que la
besara.
–¿Shin Hye…? Yong Hwa frunció el ceño y
sus ojos brillaron como los de un depredador ante su presa. Le apartó un mechón
de pelo de la cara y le acarició la mejilla, y Shin Hye se puso a temblar y
notó que le costaba respirar.
Instintivamente, cerró los ojos al verle agachar la cabeza.
–Shin Hye… ¿estás en casa? He vuelto…
La voz de su hermano la hizo entrar en
razón y apartarse de Yong Hwa. Shin Woo bajó las escaleras y clavó la mirada en
el hombre que estaba al lado de su hermana.
–Tu debes de ser Yong Hwa –le dijo con voz
tensa –Supongo que tengo que reconocerte el mérito de haber venido en cuanto mi
hermana te ha contado lo del bebé.
Después se hizo un silencio cargado de
tensión.
Yong Hwa notó cómo se tensaban todos los
músculos y no podía ni respirar ni hablar. Muy despacio, giró la cabeza para
apartar la vista del hombre de pelo largo desaliñado que lo estaba mirando
agresivamente y posarla en Shin Hye, que tenía los ojos desorbitados.
–¡Dios mio! ¿Qué bebé? –preguntó con voz
ronca.
–¡Vaya!
Yong Hwa volvió a mirar al intruso.
Yong Hwa volvió a mirar al intruso.
–¿Y tú quién eres?
Shin Hye le había contado que vivía con su
hermano, pero no se parecía en nada a aquel hombre. Yong Hwa se sintió furioso
al pensar que podía ser su amante.
–Es mi hermano –le dijo ella con voz
temblorosa. Luego miró a Shin Woo – ¿Podrías dejarnos solos unos minutos?
Shin Woo dudó.
–¿Estás segura?
–Sí. Tengo que hablar con Yong Hwa.
–Sí. Tengo que hablar con Yong Hwa.
En cuanto Shin Woo se hubo marchado, Yong
Hwa la fulminó con la mirada, haciéndola estremecerse.
–Iba a contártelo –empezó Shin Hye– Iba… a
llamarte por teléfono, pero estabas en Sudáfrica.
–¿Estás embarazada? –preguntó él
sorprendido – ¿Cómo es posible, si me dijiste que tenías el periodo? ¿Por qué
me mentiste? ¿No querías que supiese que ibas a tener un hijo mío?
Yong Hwa sintió que revivía una pesadilla.
Tres años antes, Ji Hyeon le había ocultado su embarazo, y solo se había
enterado cuando se había desmayado en el escenario durante una actuación y
habían tenido que llevarla al hospital.
–No te lo he contado porque no quiero
tener el bebé –le había dicho Ji Hyeon.
¿Le ocurriría lo mismo a Shin Hye?
–No te he mentido –se defendió ella –Di
por hecho que tenía el periodo, pero resulta que no fue así… Dejó de hablar al
ver la expresión irónica de Yong Hwa.
Shin Hye había sabido que se enfadaría,
pero no podía evitar que le doliese. Ambos habían tenido la culpa al no
utilizar protección aquella noche, pero era evidente que Yong Hwa la estaba
culpando a ella.
–Tengo que irme –murmuró Shin Hye, al ver
la hora que era –Tengo consulta en el hospital dentro de una hora. Si quieres,
hablaremos cuando vuelva.
Yong Hwa no pudo evitar recordar la
traición de Ji Hyeon.
Se acordó también de la expresión de
horror en el rostro de Shin Hye cuando le había dicho, después de haber hecho
el amor por primera vez, que podía estar embarazada. Había dejado claro que no
quería tener un hijo que se interpusiese en su trabajo.
–¿A qué vas al hospital? –le preguntó.
–Van a hacerme una ecografía –respondió
Shin Hye, mordiéndose el labio –La verdad es que estoy nerviosa. Todavía no me
he hecho a la idea de que voy a tener un bebé, y no sé cómo voy a sentirme
cuando mi vida cambie para siempre.
Yong Hwa tuvo que admitir que aquella
sinceridad era una de las cosas que admiraba de ella. Ji Hyeon había actuado a
sus espaldas y había abortado sin decírselo.
No le había dado la oportunidad de
demostrarle que la apoyaría.
En esos momentos, Shin Hye esperaba un
hijo suyo. Una multitud de emociones distintas se apoderaron de él.
Tenía otra oportunidad de ser padre. Cielos,
su incredulidad se estaba convirtiendo en emoción y alegría. No le cabía la
menor duda de que quería tener aquel hijo, pero ¿y Shin Hye? Era evidente que
estaba asustada y tenía miedo del futuro.
Yong Hwa expiró y se acercó más a ella.
–Las vidas de ambos van a cambiar –le dijo
en voz baja –Estamos en esto juntos, Shin Hye. Tal vez no planeamos tener un
hijo, pero estás embarazada y voy a estar a tu lado en cada paso del camino.
***
Tumbada en la estrecha camilla con el
vientre al descubierto, Shin Hye se alegró de que Yong Hwa estuviese allí. Era
la primera vez que estaba en un hospital, al menos, como paciente.
Intentó no acordarse de los momentos de
espera después del accidente de tráfico de su madre, ni de cuando había visto
aparecer al médico, que le había agarrado las manos para darle la noticia de
que había fallecido. El olor a desinfectante era un doloroso recordatorio de
aquel trágico día. De repente, sintió claustrofobia y pánico en aquella pequeña
y oscura habitación donde iban a hacerle la ecografía, pero, como si hubiese
sentido su tensión, Yong Hwa le tomó la mano y le apretó los dedos con cuidado.
–Intenta relajarte –la tranquilizó.
Y a Shin Hye se le llenaron los ojos de
lágrimas sin saber por qué. Deseó ser como las otras parejas con las que habían
estado en la sala de espera, enamoradas y emocionadas con la idea de tener su
primer hijo.
Yong Hwa le había prometido apoyarla durante
el embarazo, pero la cruda realidad era que su aventura se había terminado
varias semanas antes y que aquel bebé no había sido esperado.
El médico ya había extendido el gel en el
vientre de Shin Hye y estaba moviendo el sensor por él.
–Aquí está –anunció –Este es su bebé. ¿Ven
cómo le late el corazón?
Shin Hye solo veía un borrón. Era difícil
creer que aquello era una nueva vida, su hijo.
–Entonces, ¿es real? –preguntó en un
susurro, sin darse cuenta.
Tenía miedo. No estaba preparada para
tener un bebé. No sabía cómo se las iba a arreglar con él.
Miró a Yong Hwa y deseó que siguiese
agarrándole la mano, pero este estaba inclinado hacia delante, con la vista
clavada en la pantalla. Su expresión era indescifrable. ¿Estaba enfadado por
estar en aquella situación? Era un hombre acostumbrado a controlarlo todo. ¿Le
molestaría no poder controlar su destino? El médico sonrió.
–No se preocupe. Muchas mujeres se quedan
sorprendidas al ver la primera prueba de su embarazo. La ecografía lo hace más
real –le dijo –Y tengo que comunicarles otra cosa que, probablemente, la
sorprenderá todavía más.
–¿Le ocurre algo al bebé? –preguntó Yong
Hwa preocupado, apartando la vista de la pantalla e intentando controlar sus
emociones.
–Todo parece ir bien –respondió el médico –pero
hay dos embriones. Está embarazada de mellizos.
Aquello no podía estar ocurriendo. Shin
Hye miró a su alrededor mientras se volvía a vestir y se preguntó si se estaría
volviendo loca. No sabía qué había dicho el médico después de la palabra «mellizos»,
aunque recordaba algo acerca de que los bebés no serían idénticos.
–Los mellizos crecen en dos óvulos
separados, fertilizados por dos espermatozoides distintos. Pueden ser del mismo
sexo, o niño y niña, aunque esto solo puede saberse haciendo otra ecografía,
alrededor de la semana veinte del embarazo.
¿Qué más daba que fuesen niños o niñas?,
se preguntó Shin Hye con tristeza. En lo único en lo que podía pensar era en
que, en menos de ocho meses tendría que ocuparse de dos bebés. Eso significaba
el doble de biberones y de pañales, y el doble de gastos. ¿Cómo iba a criar a
dos hijos? ¿Y de dónde iba a sacar el tiempo para seguir trabajando? Iba a ser
imposible. Los ojos se le llenaron de lágrimas. Su futuro era aterrador y nunca
se había sentido tan sola.
En la sala de espera, Yong Hwa estaba
demasiado nervioso para sentarse en las incómodas sillas de plástico, así que
fue hasta la ventana, que daba al estacionamiento.
Mellizos…
Todavía no lo había asumido.
Shin Hye estaba embarazada de dos bebés,
suyos. Se sintió orgulloso, pero también tuvo miedo. Después de Ji Hyeon,
siempre había pensado que no volvería a confiar en otra mujer lo suficiente
como para querer tener un hijo, pero el destino le había dado otra oportunidad
de ser padre.
Pensó en sus padres y deseó, como había
hecho en muchas otras ocasiones a lo largo de los años, que siguiesen vivos. Se
habrían emocionado mucho al enterarse de que iban a ser abuelos de mellizos. Su
paciente padre habría sido un maravilloso abuelo.
Le dolió la garganta al tragar saliva.
Quería ser tan buen padre como lo había sido el suyo. A pesar de la inmensa
fortuna que había hecho, en el fondo seguía siendo el hijo de un pescador de Busan
y, como para su padre, la familia era más importante que el dinero.
Quería crear su propia familia, su propia
dinastía en Cheongu, pensó sonriendo.
Pero ¿qué querría Shin Hye? Se le encogió
el corazón al recordar el momento en que el médico les había anunciado que eran
mellizos. La había visto destrozada.
¿Decidiría que no quería seguir adelante
con el embarazo? Sintió miedo, un pánico desconocido hasta entonces, y, sobre
todo, la abrumadora necesidad de proteger a sus hijos. Tenía que convencer a
Shin Hye de que aquel embarazo no sería el desastre que ella pensaba, y
asegurarle que la apoyaría económicamente y en todos los demás aspectos.
Tenía que convencerla de que la cuidaría a
ella y cuidaría de los bebés, se dijo mientras sacaba el teléfono y empezaba a
hacer llamadas. Uno de los beneficios de ser millonario era que todo el mundo estaba
dispuesto a ayudarlo por dinero.
–Pensé que íbamos a ir a comer –comentó
Shin Hye aturdida.
Eso era lo que le había dicho Yong Hwa al
salir del hospital. Habían atravesado la ciudad en coche en silencio, ambos
sumidos en sus pensamientos y habían aparcado en los muelles de Gayang, pero ya
habían pasado por delante de dos restaurantes y no habían entrado en ninguno.
–Ya hemos llegado –le dijo él,
deteniéndose delante de un enorme yate y tendiéndole la mano para ayudarla a
subir a bordo –Es de un amigo mío y nos lo va a dejar para comer, para que
podamos tener algo de intimidad. Tenemos muchas cosas de las que hablar.
–Supongo que sí –admitió Shin Hye
dubitativa.
No tenía ni idea de hasta dónde querría
comprometerse Yong Hwa con sus hijos. Le había dicho que la apoyaría, pero eso
había sido antes de que se enterasen de que iban a tener mellizos.
Lo siguió escaleras abajo y miró a su
alrededor, cada vez más aturdida. Yong Hwa había aparecido de repente, y luego
en el hospital le habían dado la noticia de los mellizos.
–No puede ser verdad –murmuró.
No se dio cuenta de que Yong Hwa la había
oído y se había puesto tenso. Al menos, ya sabía por qué estaba siempre tan
cansada. Dos nuevas vidas estaban creciendo en su interior y el proceso la
estaba dejando sin energías.
–La tripulación nos servirá la comida en
unos minutos. ¿Quieres algo de beber mientras tanto? ¿Una taza de té?
Shin Hye negó con la cabeza.
Shin Hye negó con la cabeza.
–El té es una de las cosas que me dan
náuseas. Llevo semanas sin poder beberlo –admitió –Lo cierto era que tenía
síntomas del embarazo, pero no fui capaz de verlos.
Yong Hwa fue hacia la nevera y se sirvió
un whisky.
–¿De verdad no lo sabías ya en Cheongu?
–No, no tenía ni idea. Ya te dije que pensé que había tenido el periodo. Cuando el médico me lo dijo me pilló completamente por sorpresa, aunque todavía me ha sorprendido más saber que son gemelos.
–No, no tenía ni idea. Ya te dije que pensé que había tenido el periodo. Cuando el médico me lo dijo me pilló completamente por sorpresa, aunque todavía me ha sorprendido más saber que son gemelos.
Se sentó en un sofá suave y cómodo, apoyó
la cabeza en los cojines y cerró los ojos unos minutos. Siempre se sentía
cansada a esa hora del día.
Yong Hwa la miró, pensativo. Detuvo la vista
en su vientre y se le hizo un nudo en el estómago al pensar en las dos vidas
que había dentro.
Sabía que no estaba pensando de manera
racional, que sus actos eran instintivos y nacidos de la urgencia de llevarse a
Shin Hye a un lugar donde tanto ella como los bebés estuviesen a salvo. Ella lo
acusaría después de no haber jugado limpio, pero en ese momento se había
quedado dormida y, con un poco de suerte, cuando despertase, el yate estaría ya
muy lejos de los muelles.
Después de despertarse, Shin Hye estuvo
unos segundos desorientada. Luego recordó que Yong Hwa la había llevado a comer
al barco de su amigo. Debía de haberse quedado dormida. Miró a su alrededor,
estaba en una lujosa cabina. Yong Hwa debía de haberla llevado allí, le había
quitado los zapatos y la había tumbado en la cama, y todo sin que ella se
despertase. Se miró el reloj y vio sorprendida que había dormido varias horas.
Miró por la ventanilla y vio agua, giró la
cabeza para mirar por el que había al otro lado y vio más agua.
Confundida, bajó de la cama y se dio
cuenta de que el barco se estaba moviendo. Tenía el vestido arrugado y al
mirarse en el espejo se dio cuenta de que estaba despeinada. No veía los
zapatos por ninguna parte, así que abrió la puerta de la cabina y fue
rápidamente hacia el salón.
–Ah, ya estás despierta –comentó Yong Hwa,
que estaba sentado en uno de los sofás.
Dejó el ordenador portátil a un lado y se
levantó al verla. A Shin Hye se le aceleró el corazón cuando se acercó a ella y
recordó varios fragmentos del sueño que acababa de tener, un sueño en el que
Yong Hwa y ella, estaban juntos en una cama. Se sonrojó.
¿Cómo podía pensar en esas cosas en un
momento como aquel?
–Has dormido mucho rato. ¿Tienes hambre?
–No –respondió ella, aunque su estómago
protestó, contradiciéndola – Yong Hwa, ¿qué está pasando? ¿Por qué no está el
barco amarrado? ¿Dónde estamos?
–No puedo darte la localización exacta, pero estamos de camino a Busan –le contestó él con toda naturalidad –Llegaremos a Cheongu en un día. El viaje es largo, lo sé, pero también más relajante. Y así tendremos la oportunidad de hablar del futuro.
–No puedo darte la localización exacta, pero estamos de camino a Busan –le contestó él con toda naturalidad –Llegaremos a Cheongu en un día. El viaje es largo, lo sé, pero también más relajante. Y así tendremos la oportunidad de hablar del futuro.
Shin Hye se puso furiosa al oír aquello.
–¿No se te ha ocurrido preguntarme antes?
– inquirió –Podíamos hablar en Seúl. No quiero ir a Cheongu.
Él sonrió, pero su mirada era dura y su
tono implacable hizo que Shin Hye sintiese un escalofrío.
–Me temo que no tienes elección.
–No seas ridículo. No puedes secuestrarme
–le advirtió –Mi hermano estará esperándome. Debe de estar muy preocupado.
–Shin Woo sabe dónde estás –le contó Yong
Hwa, sentándose de nuevo en el sofá. Te ha llamado al teléfono móvil cuando
estabas dormida y he hablado con él. Le he asegurado que tengo la intención de
asumir mi responsabilidad con respecto a los niños. Le ha sorprendido que estés
esperando mellizos, y ha estado de acuerdo conmigo en que lo mejor será que
vivas en Villa Esperanza, y no en una casa flotante, sobre todo, cuando el
embarazo vaya progresando.
–No te creo –replicó ella –Shin Woo no
puede haber dicho eso. Sabe que tengo que estar en Seúl para trabajar.
Como respuesta, Yong Hwa señaló una maleta
que había al otro lado del salón.
–Ha traído parte de tu ropa y otras cosas,
como tu pasaporte. Y una empresa de mensajería va a recoger el resto de la casa
flotante.
Shin Hye se dejó caer pesadamente en el
sofá. ¿Cuántas sorpresas más iba a aguantar? Yong Hwa parecía pensar que podía
hacerse cargo de su vida.
–¿Y por qué ha hecho Shin Woo eso?
–preguntó.
Había pensado que Shin Woo era su aliado.
–Porque quiere lo mejor para ti.
–Llevarme a Busan en contra de mi voluntad
no es lo mejor para mí –espetó –Insisto en que regresemos a Seúl.
–¿Y dónde piensas vivir? La casa flotante,
con mellizos, es impensable –le dijo Yong Hwa muy serio.
–Recuperare mi departamento –le dijo ella,
sabiendo que aun no contaba con el dinero suficiente –No sé todavía lo que voy
a hacer. Ni siquiera me había hecho a la idea de tener un bebé, así que dos… No
sé cómo me las voy a arreglar.
Parecía tan frágil. Yong Hwa sintió una
sensación extraña en el pecho, como si le estuviesen exprimiendo el corazón.
Quería esos niños más que nada en su vida, quería ser su padre y quererlos y
protegerlos como su padre había hecho con él. Miró a Shin Hye y quiso
protegerla a ella también. Le sorprendió desear que no estuviese preocupada y
que volviese a sonreír como había hecho durante las mágicas semanas que habían pasado
juntos en Cheongu.
–¿Cómo te hace sentir el embarazo, Shin
Hye? –le preguntó en voz baja.
–Sorprendida, incrédula, asustada. No
puedo creer que esté ocurriendo…
–¿Me estás diciendo que no quieres tener
los bebés?
Ella miró a Yong Hwa y se preguntó si los
niños se parecerían a él. Se los imaginó con el cabello negro y con unos ojos
iguales a Yong Hwa y, en ese momento, las dos pequeñas vidas que estaban
creciendo en su interior se hicieron reales. El embarazo no era un concepto
abstracto, iba a ser madre.
–Por supuesto que los quiero –contestó –No
había pensado tener hijos en este momento de mi vida, pero querré a mis hijos.
Tragó saliva cuando una imagen de su madre
le inundó la mente. Había deseado que esta le hubiese contado la verdad acerca
de su padre, pero no dudaba de que la había querido mucho. El vínculo entre
madre e hija había sido especial. En esos momentos, ella iba a ser madre, y les
daría a sus hijos el mismo amor incondicional que ella había recibido
–Sé que no será fácil, pero haré todo lo
que esté en mi mano para ser una buena madre.
Yong Hwa notó que le estaba pasando algo
raro, como si su corazón se estuviese liberando de repente. Shin Hye no era
como Ji Hyeon. Se acercó a ella y se sentó a su lado en el sofá, decidido.
–Me alegro de que compartamos el mismo
deseo de ser padres de nuestros hijos.
Sabía lo que tenía que hacer y aceptó que
no podía seguir evitando el compromiso.
–Solo hay una opción –continuó, mirándola
a los ojos –Quiero que te cases conmigo.
Aww le pidio matrimonio 😍
ResponderEliminarInteresante cap... actualiza pronto unnie
OMG!!!!!!!!!
ResponderEliminarUnni siguela x favor se estaponiendo interesante
ResponderEliminaroww oww oww van a tener mellizos eso si que los sorprendio a los dos y ami tambien eso fueaaa que lindos lo que jamas esperaron los dos siguee muy buen capitulo le pidio matrimonio quiero leer ya el otro cap
ResponderEliminaractuliza!!!pronto unnie :( ...........como regalo del dia 14 no podria ser de 2 capitulos *-* .........aceptara casarse con Yong
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