sábado, 18 de octubre de 2014

PLAN IMPERFECTO - CAPITULO 1

            
         –Yong Hwa, ¿qué puede hacer una mujer para llamar la atención de un hombre?
          Ante tan inesperada pregunta, Yong Hwa, que estaba en plena concentración para poder dar en el blanco con su arma, giró la cabeza con tal brusquedad que estuvo a punto de perder la gorra.
            Shin Hye también estaba apuntando, y cuando sonó un disparo Yong Hwa soltó una palabrota.
            –¡Maldita sea, lo has hecho a propósito para que perdiese la concentración!
            Ella lo miró, con el ceño fruncido.
            –No es verdad. Te lo he preguntado porque quiero saberlo. Además, no he acertado.
            Yong Hwa puso los ojos en blanco. Daba igual que hubiese fallado; el día anterior habían competido tiro al blanco con arco y flecha y no había logrado ganar ni una sola vez.
            En días como aquel se preguntaba por qué invitaba a su amiga a realizar aquellos deportes, si sabía que era mejor tiradora que él.
            Levantando el arma, volvió a mirar por el visor. Sabía por qué la invitaba, porque le gustaba estar con ella. Cuando estaba con Shin Hye podía ser él mismo y no tenía que impresionar a nadie. Su cómoda relación era la razón por la que llevaban años siendo amigos.
            –¿Y bien?
            Yong Hwa bajo el arma para mirarla.
            –¿Y bien qué?
            –No me has respondido. ¿Qué debe hacer una mujer para gustarle a un hombre? Aparte de meterse en su cama, claro. No me interesan los revolcones de una noche.
            Él soltó una risita.
            –Me alegra saberlo.
            –¿De qué te ríes? ¿Tú puedes tener aventuras y yo no?
            Yong Hwa la miró, asombrado.
            –¿Se puede saber qué te pasa? Tú nunca te pones dramática.
            Shin Hye suspiró, frustrada.
            –No me entiendes y antes me entendías siempre.
            Sin decir nada más se dio la vuelta, dejándolo atónito.
            ¿Qué estaba pasando? Shin Hye nunca se enfadaba con él.
            Como ya no estaba de humor para seguir practicando, Yong Hwa la siguió por el camino que llevaba a la cabaña.
            Después de darse una ducha rápida, Shin Hye sacó una cerveza de la nevera y tomó un refrescante trago. Lo necesitaba, pensó mientras salía de la cocina para sentarse en el corredor y disfrutar de la fabulosa vista de las montañas.
            Unos años antes, Yong Hwa había encontrado aquella cabaña,  que estaba algo deteriorada, en medio de cien acres del mejor terreno al pie de la montaña. Y en solo dos años, con la ayuda de sus hermanos y de sus primos, la había transformado en una belleza. Era un sitio perfecto para montar un campo de entrenamiento para aquel deporte que tanto les fascinaba, la puntería, ya sea con arco y fecha o un arma deportiva.
            La cabaña había sido una buena inversión para Yong Hwa, que la alquilaba a turistas que practicaban aquel deporte y cobraba una buena renta cuando no estaba usándola. Era una estructura, con ocho dormitorios, cuatro baños y un corredor que rodeaba la casa. Era de estilo tradicional con una gran cocina con comedor, y había construido un salón con chimenea de piedra y ventanas amplias que ofrecían una maravillosa vista de las montañas.
            Shin Hye se dejó caer sobre una de las mecedoras de cedro, sintiéndose frustrada. ¿Por qué no podía Yong Hwa tomarla en serio y responder a su pregunta? Para algo era amiga de un hombre que conquistaba a todas las mujeres que quería. Si alguien podía darle un consejo, era él.
            En el instituto, las chicas se hacían amigas suyas para conocerlo. Aunque no servía de mucho porque en cuanto Yong Hwa se daba cuenta les daba la espalda. Se negaba a dejar que nadie lo utilizase. Si esas chicas no querían ser amigas suyas de verdad, Yong Hwa no quería saber nada de ellas.
            En realidad, las chicas del instituto, y muchas que había conocido después, preferían no salir con una mujer como ella.
            Shin Hye prefería los pantalones jeans a los vestidos. Le gustaba practicar karate, podía disparar una flecha y dar en el blanco con un ojo cerrado y sabía lo que había en el motor de un coche mejor que la mayoría de los hombres. Por supuesto, esto último se lo había enseñado su padre, el mejor mecánico de Seoul.
            Se le hizo un nudo en la garganta al pensar en él. Aún le resultaba difícil creer que hubiera muerto. Dos años antes, su padre había sufrido un infarto mientras hacía lo que más le gustaba: arreglar un motor. Su madre había muerto cuando Shin Hye tenía once años, de modo que el fallecimiento de su padre la había dejado huérfana, pero había heredado el taller mecánico y la oportunidad de meterse bajo el capó de un coche, que era lo que más le gustaba.
            Después de licenciarse en el Magisterio, como quería su padre, había obtenido un título en Ingeniería Técnica. Había disfrutado mucho siendo profesora en una universidad pública, pero lo que realmente le gustaba era dirigir y trabajar en su prestigioso taller mecánico.
            –¿Ya me diriges la palabra?
            Yong Hwa puso una bandeja con saladitos en la mesa antes de sentarse.
            –No sé si hablarte o no –respondió ella. –Te he hecho una pregunta y no me has respondido.
            Yong Hwa tomó un trago de cerveza.
            –¿Me lo preguntabas en serio?
            –Claro.
            –Entonces, te pido disculpas. De verdad pensé que querías hacerme perder la concentración.
            Shin Hye esbozó una sonrisa.
            –¿Haría yo eso?
            –Por supuesto.
            –Bueno, es verdad –admitió ella, riendo–Pero hoy no lo he hecho. Necesito información.
            –¿Para llamar la atención de un hombre?
            –Sí.
            Yong Hwa se echó hacia delante, clavando en ella la mirada.
            –¿Por qué?
            Shin Hye tomó un trago de cerveza mientras miraba las montañas en aquel precioso día de septiembre.
            –Hay un hombre que lleva su coche al taller. Es muy atractivo...
            Él puso los ojos en blanco.
            –Si tú lo dices... bueno, sigue. ¿Qué más?
            –Eso es todo.
            –¿Eso es todo?
            –He decidido que me gusta y quiero salir con él. La cuestión es cómo puedo gustarle yo a él.
            La cuestión para Yong Hwa era si ella había perdido la cabeza, pero no lo dijo. En lugar de eso, tomó otro trago de cerveza.
            Conocía a Shin Hye mejor que nadie, y si estaba decidida a hacer algo, lo haría. Y si no la ayudaba él, buscaría ayuda en otra parte.
            –¿Cómo se llama ese hombre?
            –No hace falta que sepas eso. ¿Me dices tú el nombre de todas las chicas con las que sales?
            –Eso es diferente.
            –¿Por qué?
            Yong Hwa no estaba seguro, pero sabía que era diferente.
            –Para empezar, en lo que se refiere a los hombres tú no tienes ni idea. Además, que me hagas esa pregunta deja claro que no estás preparada para una relación seria.
            Shin Hye soltó una carcajada.
            –Por favor, que el año que viene cumpliré veintiocho. La mayoría de las mujeres de mi edad ya están casadas y tienen hijos. Yo ni siquiera tengo novio.
            –Yo cumpliré veintinueve el año que viene y tampoco tengo novia. Bueno, no tengo novia fija –se corrigió Yong Hwa cuando Shin Hye enarcó una ceja– Me gusta estar soltero.
            –Pero tú sales con chicas todo el tiempo. Yo estoy empezando a pensar que los hombres de esta ciudad no saben que soy una mujer.
            Yong Hwa la estudió, en silencio. Él nunca había tenido la menor duda de que era una mujer. Tenía unas pestañas larguísimas y unos ojos grandes y tan oscuros como la noche. Unos ojos que, en ese momento, estaban clavados en el bosque, a lo lejos, sus pies desnudos apoyados en el borde de la mecedora y los brazos alrededor de las rodillas.  Shin Hye trabajaba mucho en el taller, pero, además, iban juntos al gimnasio, de modo que estaba en forma.
            Se había quitado la ropa deportiva y llevaba un short que dejaba al descubierto unas piernas preciosas y largas. Pero él era uno de los pocos hombres que las había visto.
            Shin Hye abría el taller a las ocho de la mañana y lo cerraba después de las seis. A veces, se quedaba trabajando hasta la noche si la reparación era urgente. Y durante todo ese tiempo llevaba un uniforme de trabajo cubierto de grasa. Muchos hombres se quedarían sorprendidos si supieran lo que había bajo aquel uniforme.
            –Tú escondes cosas –dijo por fin.
            Ella lo miró, con el ceño fruncido.
            –¿Qué escondo?
            –Ese cuerpo tan bonito, por ejemplo. Nunca te quitas el uniforme enterizo de trabajo.
            –Ah, vaya, perdóname por no llevar tacones de aguja y vestidos ajustados cuando cambio un carburador.
            Yong Hwa sonrió mientras tomaba un trago de cerveza.
            –¿Tacones de aguja? Tampoco habría que llegar tan lejos, pero...
            –¿Pero qué?
            –Conseguirías que los hombres se interesaran por ti si después de trabajar no llevaras siempre vaqueros y zapatillas de deporte. Eres una chica y a los hombres les gusta que las mujeres sean femeninas de vez en cuando.
            Shin Hye estudió el contenido de su botella de cerveza.
            –¿Crees que eso serviría de algo?
            –Probablemente –Yong Hwa se levantó de la mecedora para apoyarse en la barandilla del corredor –Tengo una idea: lo que necesitas es un cambio de imagen.
            –¿Un cambio de imagen?
            –Deberías averiguar dónde suele ir ese hombre y aparecer con un vestido y un nuevo peinado...
            –¿Qué le pasa a mi pelo?
            Sinceramente, Yong Hwa no creía que a su pelo le pasara nada. Era largo, espeso y sano. Él lo sabía bien porque muchas veces la había ayudado a lavárselo cuando estaban en la cabaña. Le encantaba cuando se lo dejaba suelto, cayendo por debajo de sus hombros, pero últimamente siempre lo llevaba recogido y con gorra.
            –Tienes un pelo precioso, pero debes enseñarlo más. Siempre llevas esa gorra –Yong Hwa alargó una mano para quitársela, dejando que el lustroso pelo castaño le cayera por los hombros y la espalda–. ¿Lo ves? Es precioso, me encanta.
            Y era cierto, pensó, sintiendo la tentación de acariciarlo...
            ¿De dónde había salido esa tentación? Era Shin Hye, su mejor amiga. No debería pensar en lo sedoso que era su pelo.
            –¿Crees que un cambio de imagen sería la solución? –le preguntó ella.
            –Sí, pero, como he dicho, después del cambio de imagen tendrás que aparecer en algún sitio al que él suela acudir... con otro hombre. Cuando quieras hacerlo, yo estoy disponible.
            Shin Hye lo miró a los ojos.
            –No sé si eso funcionará. Si voy con otro, él no me hará caso.
            –La gente de por aquí sabe que solo somos amigos.
            –Pero él es nuevo en la ciudad y tal vez no lo sepa.
            Yong Hwa lo pensó un momento.
            –Sí, tienes razón. Yo no me acercaría a una mujer si la viera con otro hombre. Pero tú quieres que él te acepte por lo que eres, la mujer que trabaja en un taller mecánico de día y se arregla por la noche, ¿no?
            –Eso es.
            –Entonces, sugiero que te vea con otro hombre. Así se dará cuenta de que otros te admiran. Cuando te haya visto, te llamará para pedirte una cita. Y cuando te vea con el uniforme de trabajo, intentará imaginar lo que llevas debajo...
            Yong Hwa se aclaró la garganta. Por alguna razón, pensar que los hombres mirasen a Shin Hye de esa manera le molestaba. De repente, el cambio de imagen ya no le parecía tan buena idea.
            –¡Es una idea maravillosa! –exclamó ella –Primero debo averiguar dónde suele ir él y luego encontraré a alguien que me ponga guapa.
            –Ya eres guapa, Shin Hye.
            Ella le dio una palmadita en la mano.
            –Tú eres mi mejor amigo así que tu opinión no cuenta. Me pondré en contacto con tu prima Da Yeon para que me dé el nombre de un buen estilista y luego iré de compras. ¡Qué contenta estoy!
            Yong Hwa tomó otro trago de cerveza.
            –Ya veo.
            ¿Por qué su interés por un hombre le molestaba tanto? La única razón que se le ocurría era que se trataba de su mejor amiga y no quería perder ese lazo tan especial. ¿Y si a aquel tipo le parecía raro que un hombre y una mujer fuesen tan buenos amigos? ¿Y si intentaba apartarla de él?
            Se le encogió el estomago al pensar que pudiera perder su amistad después de tantos años. Muchos hombres rechazarían que su novia tuviera ese tipo de relación con otro hombre... ¿y si el tipo pensaba lo mismo?
            –¿Cómo se llama?
            Shin Hye sonrió.
            –No necesitas saber su nombre. Además, lo descubrirás cuando ponga mi plan en acción.
            Yong Hwa tomó un nuevo trago de cerveza. Estaba deseando resolver el misterio.

***      
            Esa noche, Shin Hye miraba el techo desde la cama. Las cosas iban mejor de lo que había esperado. En primavera, al darse cuenta de que empezaba a sentir algo por Yong Hwa se había quedado horrorizada. ¿Cómo podía una mujer enamorarse de su mejor amigo? Y de repente, además.
            En su última estancia en la cabaña, en el mes de abril, había ido a la cocina una mañana, dispuesta a disfrutar de otro estupendo día, y se encontró a Yong Hwa en pijama... con una parte del pijama: solo llevaba el pantalón. Y en ese momento, lo había visto como un hombre muy sexy, capaz de calentar la sangre de cualquier mujer, no como a su mejor amigo. Desde luego, había calentado la suya, porque no había podido dejar de mirar sus anchos hombros, su impresionante torso y perfectos abdominales. Y una vez que empezó a verlo como un hombre sexy, no podía verlo de otro modo. Al final del día, estaba hecha un lío.
            Pero era algo más que una simple atracción sexual. Al final de aquel viaje se había visto obligada a reconocer que estaba enamorada de él. Tal vez siempre lo había amado sin saberlo y, desde ese momento, su corazón quería que admitiese lo que había negado durante años.
            Tenía que hacer algo o se arriesgaría a perder a su amigo para siempre. Ella se había enamorado, pero Yong Hwa, uno de los solteros más cotizados de Seul, no estaba enamorado de ella.
            Dos meses antes, después de leer una novela romántica que una clienta se había dejado en el taller, se le ocurrió una idea: encontraría otro hombre del que enamorarse, alguien que ocupase el lugar que Yong Hwa ocupaba en su corazón.
            Se había sentido inspirada por la protagonista de la novela, que también amaba a un hombre que no la correspondía. Para olvidar a ese hombre, la heroína empezaba a salir con su vecino y, por fin, se enamoraba de él. Al final de la novela, la pareja se casaba y vivía feliz para siempre.
            Bueno, sí, era pura ficción, pero la idea era buena.
            Ese día, había decidido convertirse en la dueña de su destino y crear su propia felicidad, pero para eso tenía que encontrar a alguien interesante. Llevaba dos meses esperando, y cuando empezaba a pensar que no encontraría a ningún otro hombre que la interesara, en el taller apareció Song Jae Rim, que necesitaba bujías nuevas para su deportivo.
            Algo en él le llamó la atención, pero enseguida se negó a sí misma que su atractivo y su impecable estilo le recordasen a Yong Hwa.

            En realidad, Song Jae Rim lo tenía todo. Pero también ella debía tenerlo todo, y la persona más indicada para ayudarla era su mejor amigo, el hombre al que intentaba no amar.





3 comentarios:

  1. unnies amee el primer cap asi q Shin le qiere a Yong pero intenta olvidarlo .... uff .... bueno no tarden en actualizar xfa ......

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  2. waooo.... me encanto ..el primer capitulo esta muy interesante ella ya se dio cuenta que esta enmorada de el ,pero el todavía no...muero por ver los celos que le dara la ver a su "amiga" tratando de conquistar a otro ....waoo unnie actualiza pronto ..plisss

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  3. Wow!!! me gustó mucho mucho este primer cap ^_^ y además porque quiere conquistar a mi bello Song Jae Rim morí. espero que actualicen pronto. Gracias !!!!! <3

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