miércoles, 20 de agosto de 2014

EL AMOR TENIA UN PRECIO - CAPITULO 5

Shin Hye se sentía como si estuviera al borde del abismo. Y a So Min no le pasó desapercibida su incomodidad.
— Yong Hwa, nadie podrá subestimar nunca tu entrega a la compañía, pero tampoco debemos subestimar a Shin Hye — se acercó hasta ella— Analicemos la situación desde su punto de vista. En realidad, lo único que va a sacar de este plan son inconvenientes.
Yong Hwa frunció el ceño. La renuencia de Shin Hye a participar en aquel compromiso fingido lo irritaba. No se lo tomaba como un rechazo personal, por supuesto. Pero él estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para alcanzar sus objetivos y aquella farsa podría acabar con la plaga de mujeres que lo acosaba y con la interrupción constante de la rutina de JungCorporation.
— Shin Hye es empleada de esta compañía —dijo con altivez—Por lo tanto, también debería estar interesada en que el negocio funcione lo mejor posible. ¿Es que eso no es suficiente para ella?
Shin Hye asintió con vigor, pero So Min negó con la cabeza.
— Yong Hwa, ese compromiso va a suponer tiempo añadido a su horario de trabajo —le explicó—En cuanto anuncien el compromiso, tendrás que intentar que parezca real. Los tendrán que ver juntos en público, haciendo las cosas que normalmente hace una pareja.
— ¿No se supone que somos una pareja que prefiere conservar su intimidad? —replicó Yong Hwa.
Shin Hye sintió de pronto un calor sofocante. Por un momento, se preguntó qué sería estar comprometida, realmente comprometida, con Yong Hwa. Pasar las noches a solas con él...
Alzó los ojos hacia su jefe y lo descubrió observándola intensamente. Rápidamente desvió la mirada.
— Yong Hwa, enfréntate a los hechos —le dijo So Min con firmeza— Tendrás que convencer a la gente de que realmente estás comprometido con Shin Hye. Y eso significa que tendran que ir juntos a fiestas, a cenar, al teatro... Nadie espera que de pronto tengas una gran vida social, ¡pero es normal que tu prometida y tú salgán de vez en cuando!
— Supongo que tienes razón —admitió Yong Hwa con un suspiro— Shin Hye, haz una reserva para que salgamos a cenar un día de esta semana. Y saca entradas para el teatro.
— ¿También tengo que enviarme rosas? —preguntó Shin Hye educadamente.
— Vaya, parece que conoces el protocolo —So Min se echó a reír—La cena, el teatro y las rosas forman parte del ritual del cortejo para Yong Hwa. Pero nos estamos saliendo del tema, que era que este compromiso va a requerir horas de trabajo extra por parte de Shin Hye. Y creo que sería justo que se le pagara por ello.
Yong Hwa observó el rostro de Shin Hye mientras ella consideraba aquel compromiso no como un favor que podía hacerle a su jefe sino como una forma de ganar dinero. Tensó los labios en una cínica sonrisa. ¿Qué mujer resistiría la atracción del frío dinero? ¿Cómo era posible que él, hijo de Joo Yuri, hubiera olvidado ni por un instante que cualquier mujer tenía un precio?
Shin Hye lo miró de reojo y al ver su expresión supo exactamente lo que estaba pensando: que el dinero podía borrar todas sus dudas.
Seguramente se sorprendería si ella renunciara a cobrar por aquellas horas extraordinarias de trabajo. Curvó los labios en una secreta sonrisa. Sería una gran satisfacción para ella cuestionar los prejuicios de Yong Hwa sobre las mujeres y el dinero.
Pero antes de que hubiera podido decir nada, Yong Hwa comentó:
— So Min tiene razón. Tendré que pagarte las horas que dediques a fingir ser mi prometida. ¿Estás de acuerdo Shin Hye? ¿Qué te parecería si te pagara cincuenta millones de Won?
— Pero eso es muchísimo dinero —comentó So Min con incredulidad.
— No te preocupes, no procederá de los fondos de la empresa —respondió Yong Hwa con fingido aburrimiento—Pagaré ese dinero personalmente, puesto que Shin Hye me está haciendo un favor personal.
Shin Hye lo observó atentamente. Vio la expresión burlona de su rostro y advirtió el desprecio que rezumaba de cada una de sus palabras. Yong Hwa estaba jugando su propio juego y, en el momento en el que ella aceptara su oferta, se declararía a sí mismo ganador.
Y ella tenía que aceptar esa oferta. No podía permitirse el lujo de renunciar a ese dinero. Ji Min necesitaba un año más de rehabilitación intensiva por lo menos. Además, a medida que iba mejorando, aparecían nuevas posibilidades para ella. El centro organizaba salidas y viajes con los que ayudar a sus pacientes a reintegrarse a la vida social y romper con la protección que les proporcionaba el centro. Pero aquellas excursiones suponían un dinero extra.
Sí, Shin Hye sabía que tenía que aceptar esa oferta. Porque sería una egoísta si no lo hiciera.
— ¿Aceptas el trato? —preguntó Yong Hwa en un tono al mismo tiempo burlón y triunfal—Le diré a Choi Jin Ho que prepare un acuerdo. Recibirás la mitad del dinero al firmarlo y la otra mitad cuando esta farsa termine. Que terminará cuando tengamos que romper nuestro compromiso debido a... diferencias irreconciliables.
Shin Hye era consciente de que la opinión que Yong Hwa tenía sobre ella había empeorado desde que le había demostrado que podía ser comprada. Por un instante, pensó en hablarle de Ji Min, pero inmediatamente descartó la idea. Se negaba a utilizar a su hermana para congraciarse con él. El cinismo de su jefe era problema de él, no suyo. Aun así, la molestaba que la considerara una mujer avariciosa y sin escrúpulos, capaz de venderse por cincuenta millones de Won.
— Sí, acepto el trato —afirmó Shin Hye—Y gracias por la prima que vas a pagarme.
— Estoy segura de que vas a ganarte cada centavo, Shin Hye. Para fingir ser la prometida de este tipo se necesita ser una gran actriz —terció So Min, intentando aliviar la tensión casi tangible que vibraba entre su hermano y la asistente—Y ahora, tendremos que empezar a poner el plan en funcionamiento —añadió, mirándolos pensativa—Tendremos que mantener esto en secreto. Nadie, salvo nosotros tres, puede saber que este compromiso es una farsa.
— Yo tendré que decírselo a Choi JinHo —repuso Yong Hwa—Quiero que sea un abogado el que redacte el acuerdo y, como no confío en que mi padre pueda guardar el secreto, prefiero que lo haga Jin Ho.
— Yo también —So Min se volvió hacia Shin Hye, instándola a participar en la conversación—Choi Jin Ho es mucho más que el abogado de la familia. En realidad, es como si fuera un pariente más. A veces puede ser un poco cascarrabias, pero es un hombre encantador.
Shin Hye sonrió ligeramente. Había conocido a Choi Jin Ho brevemente y estaba familiarizada con su malhumor. Sin embargo, jamás había sido testigo de su supuesto encanto.
Mientras Yong Hwa y So Min planificaban los detalles del compromiso, Shin Hye los escuchaba sintiéndose como un peón en el tablero de ajedrez de los Jung. Como una ficha más a la que iban a utilizar en aquella partida en particular. De manera que intentó olvidarse de ellos y concentrarse en Ji Min y en la seguridad que aquel dinero les proporcionaría.
Al día siguiente, durante la reunión con Yong Hwa y Choi Jin Ho, que había sido fijada para las seis y media de la tarde, volvió a experimentar la misma sensación de irrealidad.
Se citaron los tres en la sala de reuniones. El abogado llevaba un fajo de papeles que sacó de un maletín y que colocó delante de Shin Hye.
— Supongo que querrá leer esto. Cuando termine, firme en los lugares que le he marcado con una equis —le comentó bruscamente.
 — No necesito leerlo —respondió Shin Hye, echando un vistazo a las página. Estaba hambrienta y quería irse a casa cuanto antes—Dígame solo dónde tengo que firmar y firmaré.
— ¿Y darte así la posibilidad de que nos denuncies por una inadecuada representación legal? —se burló Yong Hwa—¿Por qué clase de tontos nos tomas Shin Hye?
Shin Hye reprimió la casi irresistible necesidad de contestarle. Mientras se mordía la lengua, miró al abogado. Este la observó en silencio y, de pronto, asomó una ligera sonrisa a los labios.
— Yo le aconsejaría que no contestara a eso, señorita Park.
Yong Hwa había estado así durante todo el día, advirtió Shin Hye irritada. Cuando no le hablaba con brusquedad, se dedicaba a hacer insinuaciones maliciosas sobre su inteligencia, su capacidad de trabajo o sus valores.
— Yo repasaré el acuerdo con usted, señorita Park —le ofreció Choi Jin Ho.
Por las razones que fueran, el abogado parecía de pronto más amable con ella. Para Shin Hye supuso un gran alivio que le ahorrara el tener que leerse aquel aburrido documento ofreciéndole un resumen de cada hoja. Yong Hwa se levantó y abandonó la sala, dejando a Shin Hye y al Sr. Jin Ho a solas.
— Estuve repasando el documento con Yong Hwa ayer por la noche —le comentó el abogado a Shin Hye cuando Yong Hwa salió—No puedo culparlo por no querer escucharlo dos veces. Es demasiado aburrido.
Shin Hye no se mostró en desacuerdo. Y cuando el abogado por fin terminó con la última página, comentó:
— Desde luego, es muy minucioso.
Según aquel acuerdo, le iban a pagar por hacerse pasar durante algún tiempo por la prometida de Yong Hwa. Pero no tenía derecho a pedir ni un solo centavo más de la cantidad acordada. Si intentaba sacar cualquier cantidad extra de dinero, se quedaría sin la cantidad de dinero que le sería entregada al final. Y en el caso de que revelara alguna vez que el compromiso había sido falso, tendría que devolver todo el dinero ganado, más los intereses acumulados con el tiempo.
Yong Hwa asomó la cabeza por la puerta y al ver que habían terminado se reunió con ellos.
— Bueno, ¿qué te parece? —preguntó, dirigiéndole a Shin Hye una dura mirada.
— Que se ha contemplado cualquier posible contingencia —respondió ella, un tanto atemorizada por aquel exhaustivo contrato.
— La verdad es que he redactado acuerdos de divorcio más sencillos —admitió Choi Jin Ho—Pero después de la experiencia con Tae Hee, supongo que Yong Hwa no quiere correr riesgos —el abogado frunció el ceño y miró a Yong Hwa—Aunque tu falta de fe en las mujeres es descorazonadora, Yong Hwa. Después de haber hablado con la señorita Park, puedo asegurarte que no se parece en nada ni a tu madre ni a Tae Hee. Llevas más de un año trabajando con ella, ¿cómo es posible que todavía no te hayas dado cuenta?
Si Choi Jin Ho esperaba alguna respuesta de Yong Hwa, no la recibió. Un incómodo silencio descendió sobre la mesa.
— ¿Quién es Tae Hee? —preguntó Shin Hye, interrumpiendo el silencio.
— Eso no es asunto tuyo —la cortó Yong Hwa.
— Por supuesto que lo es, se supone que va a ser tu prometida —lo contradijo Choi Jin Ho—Puesto que Tae Hee forma parte de tu... historia amorosa, es posible que alguien haga alguna referencia a ella, Yong Hwa. Shin Hye tiene que estar al corriente de la historia. Si estuvieras comprometido de verdad con ella se la habrías contado, y puesto que lo que buscas es realismo... —se interrumpió y se encogió de hombros.
— De acuerdo —dijo Yong Hwa muy tenso. Se volvió hacia Shin Hye, pero no la miró mientras hablaba—Estuve brevemente comprometido con una mujer llamada Tae Hee. Es una vieja historia, en absoluto relevante.
— Tae Hee era una mujer maravillosa, pero en lugar de corazón tenía una caja fuerte. Esa mujer llevaba el signo del dinero grabado en los ojos —exclamó Choi Jin Ho—Yong Hwa solo tenía veinte años, era una pieza fácil para una mujer como ella, cinco años mayor que él, y esta se aseguró de embrujarlo.
— Choi Jin Ho, ¿quieres hacer el favor de callarte? —gruñó Yong Hwa—Estoy seguro de que a Shin Hye no le interesa lo más mínimo.
Shin Hye estaba fascinada. Aunque minutos antes estaba hambrienta y deseando marcharse de allí, en aquel momento la curiosidad venció al apetito.
— ¿Estuviste comprometido cuando solo tenías veinte años? —preguntó incrédula.
— Fue un compromiso extremadamente corto. Solo duró un mes —respondió Yong Hwa con frío cinismo—La relación fue un desastre desde el principio hasta al final. Pero por lo menos fue un desastre bastante corto.
— Que te costó mucho, sin embargo —le recordó Choi Jin Ho. Se volvió hacia Shin Hye—Cuando Yong descubrió cuál era el verdadero carácter de Tae Hee y rompió el compromiso, esta comenzó a hacer todo tipo de demandas. Yo le aconsejé a Yong Hwa que le diera algún dinero por los servicios prestados, por así decirlo, y redacté yo mismo un acuerdo. Tae Hee se conformó con la suma que le ofrecíamos, firmó y desapareció.
— En aquella época yo no era capaz de darme cuenta —dijo Yong Hwa con amargura— No solo era demasiado joven, sino que también era un ingenuo. Necesitaba creer que no todas las mujeres estaban obsesionadas con el dinero.
— Como lo está su madre —aclaró Choi Jin Ho.
— Pero elegir a una cazafortunas es una extraña forma de hacerlo, Yong Hwa—Shin Hye estudió a su jefe durante un largo rato. Aquel era un caso de manual para una psicóloga—Creo que en realidad lo que pretendías demostrar era que todas las mujeres eran exactamente como tu madre. Así que elegiste a una mujer que podía confirmar tus sospechas. Inconscientemente, por supuesto.
Yong Hwa gimió.
— Por favor, nada de psicología barata. Creo que no hay nada más inútil y aburrido que la psicología.
Shin Hye se sintió ofendida.
— ¡Soy licenciada en Psicología!
— Mejor me lo pones. Cuanto menos se sepa de esas cosas, mejor.
— Yong Hwa se pone muy susceptible cuando se saca el tema de esa mujer —le confió Choi Jin Ho—Y no se le puede culpar. Y ahora, acerca de la sortija...
— ¿Qué sortija? —preguntó Shin Hye confundida. En el contrato que había firmado no se mencionaba ninguna.
  Choi Jin Ho sacó otro fajo de papeles de su maletín.
— Supongo que ese es un contrato para la sortija, ¿no? —preguntó Shin Hye.
Choi Jin Ho asintió.
— Sí, lo es. Yong Hwa, ¿has traído la sortija?
— La tengo en el despacho. Iré a buscarla —y abandonó de nuevo la sala de conferencias.
— No es que Yong Hwa tenga la paranoia de que todas las mujeres quieren sacarle dinero —explicó Choi Jin Ho, intentando disculparlo—Solo es extremadamente prudente. Y receloso. Y desconfiado.
— ¿Paranoico, quizá? —Shin Hye sonrió con ironía—Pero no importa, lo comprendo. Señor Choi, yo también tengo algunas cuestiones legales de las que me gustaría hablar con usted. ¿Puedo contratar sus servicios? Puedo pagarle con el dinero que me va a dar Yong Hwa.
Choi Jin Ho la miró consternado.
— Si es por algo relacionado con este contrato, no puedo representar a las dos partes. Eso supondría un conflicto de intereses.
— No supondrá ningún conflicto. Lo único que quiero es que ponga el dinero a nombre de mi hermana —le explicó Shin Hye desesperadamente—En caso de que algo me sucediera, quiero que el dinero sirva para pagar directamente al centro de rehabilitación en el que está ingresada. No conozco a ningún otro abogado al que pueda pedírselo, y como usted sabe de qué forma he obtenido ese dinero, me parece lo más natural.
El abogado la miró perplejo y Shin Hye inmediatamente le puso al corriente de la situación de Ji Min.
— Haré esa transferencia de fondos gratuitamente — le dijo el abogado cuando terminó— Pero creo que debería hablarle a Yong Hwa de su hermana y de la responsabilidad que ha asumido durante estos años. Créame, no tiene la menor idea.
— Ya lo sé. Piensa que soy una piraña sedienta de dinero. Y teniendo en cuenta la increíble cantidad de dinero que me van a pagar por formar parte de esta farsa, creo que en realidad eso es lo que soy.
— ¡Por supuesto que no! —masculló el Sr. Choi—Yong Hwa no debería ser tan duro. Necesita aprender que la mayor parte de las mujeres no son usureras. Y creo que no hay nadie mejor que usted para demostrárselo.
— No —Shin Hye alzó la cabeza. Era demasiado orgullosa para utilizar la desgracia de su familia para ganarse la aprobación de Yong Hwa. O para enseñarle nada—No hay ninguna razón para que Yong Hwa sepa lo de Ji Min. Y a ella tampoco pienso contarle nada. Eso solo serviría para confundirla. Incluso pienso pedirle al personal del centro en el que se encuentra que no le mencionen el compromiso.
— No puede decirle a nadie que el compromiso es falso —le advirtió Choi Jin Ho.
— Lo sé. Mi abogado me ha informado de todas las penalizaciones que caerán sobre mí si rompo la promesa de mantenerlo en secreto —Shin Hye le sonrió.
— Espero que Yong Hwa llegue a conocerla de verdad — musitó el Sr. Choi. Parecía sinceramente inquieto mientras ordenaba sus papeles—Me gustaría que no fuera tan paranoico con las mujeres. Debería saber que usted no es como Joo Yuri o Tae Hee, sino que es una joven generosa que...
— Si usted es mi abogado, tendrá que mantener en secreto lo que le he dicho, ¿verdad? —insistió Shin Hye—Necesito que mantenga lo de Ji Min en secreto, señor Choi Jin Ho.
 — Por supuesto que mantendré el secreto, pero me gustaría no tener que hacerlo —Choi Jin Ho suspiró—¿No piensa reconsiderarlo y...?
El Sr. Choi se interrumpió cuando Yong Hwa volvió a entrar en la sala.
— Aquí está la sortija —Yong Hwa dejó una cajita encima de la mesa, enfrente de Shin Hye. Como esta no la tocaba, alargó el brazo y sacó la exquisita y antigua sortija de rubí que albergaba en su interior—Mi abuela me regaló esta sortija, presumiblemente para que se la regalara a la mujer con la que voy a casarme. Pensaba que no iba a servirme de nada porque no tengo intención de casarme —sonrió sin humor alguno— Toda mi familia sabe que mi abuela me la dejó en herencia para que se la regalara a mi futura esposa, así que esperarán que la lleves, Shin Hye.
A Shin Hye le temblaron ligeramente los dedos mientras tomaba la sortija. Se la deslizó en el dedo de la mano izquierda. Le quedaba perfectamente.
— ¡Es increíble! —exclamóChoi Jin Ho con un suspiro—Es como si la sortija estuviera hecha especialmente para ella.
— Estoy seguro de que tiene un tamaño estándar, así que es natural que le quede bien —replicó Yong Hwa fríamente— Jin Ho, el acuerdo, por favor.
El segundo contrato especificaba que la sortija era propiedad exclusiva de Yong Hwa y que ella estaba de acuerdo en devolverla al final de aquel compromiso fingido. En el caso de que intentara quedarse con ella o solicitar alguna compensación económica, sería penalizada.
— Este tipo de penalizaciones retroactivas son las clásicas entre Nate y Joo Yuri —gruñó Choi Jin Ho mientras observaba firmar a Shin Hye—Para ser sincero, me sorprendió que Yong Hwa exigiera un contrato en esos términos, pero, al fin y al cabo, es lo que ha visto desde que era niño.
— Las disfunciones familiares suelen transmitirse de una generación a otra —musitó Shin Hye. Yong Hwa se aclaró la garganta.
— No me gusta que hablen de mí como si no estuviera aquí.
Lo que realmente no le gustaba era la inesperada camaradería que había surgido entre Shin Hye y Choi Jin Ho. Se sentía excluido, lo cual era ridículo. Pero saberlo no mejoró su humor.
— Quería que ese contrato fuera irrevocable porque no quiero que queden cuestiones pendientes cuando se acabe esta estúpida farsa —respondió, fulminando a Shin Hye y al abogado con la mirada—Mi abuela quería que esta sortija quedara siempre en la familia y yo pensaba regalársela a alguna de mis hermanas. Quizá se la regale a la primera que tenga una hija, con la condición de que la niña se la pase después a algún miembro de la familia. De esa forma, la sortija siempre pertenecerá a la familia Jung, como quería la abuela.
— Lo que Son Ha quería, Yong Hwa, era que le regalaras esa sortija a la mujer con la que te casaras —contestó el Sr. Choi con impaciencia—Esperaba que al final encontraras una mujer a la que amar y en la que pudieras confiar lo suficiente como para casarte. No creo que no fuera consciente de tu actitud negativa hacia al matrimonio. Por eso te hizo este regalo simbólico. La menor de sus preocupaciones era que la sortija quedara en la familia.
— Bueno, pues a mí sí me preocupa —respondió Yong Hwa.
— Además, si tu abuela hubiera querido que Jan Sun o So Min se quedaran con la sortija, se la habría dejado a alguna de ellas —añadió el Sr. Choi entre dientes—Esa sortija tiene que ser para tu esposa y, posiblemente, más tarde para tu hija.
Shin Hye miró fijamente la dura expresión de Yong Hwa y pensó en su abuela, la fallecida Jung Son Ha. Aquella mujer debía haber sido muy optimista para albergar la esperanza de que Yong Hwa se casara algún día con una mujer a la que amara.
Y Yong Hwa parecía pensar lo mismo que Shin Hye.
— Algunos de los regalos de la abuela podían ser muy significativos, pero no eran para la persona adecuada. Como esta sortija —se encogió de hombros—Aunque hay que reconocer que con algunas otras cosas dio en el clavo. Como dejándole el Restaurant a Kyu Gun, por ejemplo. De esa forma Kyu Gun encontró un objetivo por el que luchar.
— Lo que encontró Kyu Gun fue el amor que había estado buscando durante toda su vida —lo interrumpió el Sr. Choi con dureza—Que es lo que tu abuela quiere también para ti.
— No sabía que eras tan romántico, Jin Ho —replicó Yong Hwa con una cínica sonrisa—. Quizá esa sea la razón por la que Shin Hye y tú se llevan tan bien. Ella también cree en el poder redentor del amor, ¿verdad Shin Hye?
Shin Hye sonrió con dulzura.
— Y si el amor no es posible, la terapia de grupo puede ser una buena opción —contestó y miró al Sr. Choi a los ojos—Si ya está todo firmado, me gustaría irme a casa.
El abogado asintió en silencio. Shin Hye se quitó la sortija y la metió en su caja.
— Solo llevaré esta sortija en tu presencia, Yong Hwa. No quiero arriesgarme a que sufra algún daño o a perderla.
Se levantó, tomó su bolso y salió.
— Dios no quiera que tenga que perder un solo centavo de su dinero —comentó Yong Hwa con sarcasmo.
— Ojala fueras tan inteligente como crees —gruñó el Sr. Choi—Has convertido todo este asunto en algo extremadamente desagradable. A tu abuela no le va a hacer ninguna gracia.
Yong Hwa advirtió el lapsus del abogado, que se había referido a su abuela como si todavía estuviera viva. Choi Jin Ho y Jung Son Ha habían estado muy unidos, sobre todo desde la muerte del marido de Son Ha. Yong Hwa sintió una punzada de compasión por la que para Choi Jin Ho había sido una pérdida muy personal.
Tomó la caja de la sortija y miró el rubí que le había legado su abuela con la esperanza de que encontrara el verdadero amor. ¿Quién podía pensar que su abuela, tan dura y astuta en los negocios, fuera capaz de un gesto tan tonto e iluso? Esbozó una dura mueca.
— Este asunto no es en absoluto desagradable, Choi Jin Ho. Con esos contratos, yo tengo todo el control sobre la situación y Shin Hye es suficientemente inteligente como para darse cuenta.
El Sr. Choi guardó los contratos en el maletín.

—Yong Hwa, eres un estúpido —gruñó mientras abandonaba precipitadamente la sala.


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6 comentarios:

  1. unnie m encanto xfa siguela y publica pronto l siguient cap...!!!...:):):)

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  2. Por si tienen duda sobre cuanto es 50 millones de Won les aclaro que es el equivalente aproximado de 50 mil dólares.... Hoy trataré de subir el próximo cap. ^^ Gracias por seguir la página.!

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  3. El fic esta muy buenp actuali za prontp

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  4. Dios que bueno está si por favor sube el siguiente cap Yong Hwa se arrepentirá por juzgarla de esa manera ya quiero leer otra vez ^_^

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  5. gracias---espero con ansias el próximo capitulo felicidades como siempre buenas historias

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  6. please xfa publica hoy l siguiente cap t lo ruego enserio estoy casi desesperada x leer l siguient cap m encanta tu fic unnie...!!!

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