Salió un nuevo número de la revista Easy y la lista de los solteros más deseables
poco a poco fue perdiendo interés. Cesaron las llamadas de programas de
televisión y periódicos nacionales y el número de cartas comenzó a disminuir.
Como su nuevo número de teléfono no aparecía en la guía y utilizaba un
contestador automático para filtrar las llamadas, estaba a salvo de las
insinuaciones de sus admiradoras, por lo menos en su apartamento. En el
trabajo, continuaba siendo acosado por llamadas amorosas, pero,
afortunadamente, se había reducido considerablemente su número.
Aun así, los medios de información locales continuaban solicitándole
entrevistas, conscientes de que su presencia garantizaría la audiencia de un
buen porcentaje de mujeres comprendidas entre los dieciocho y los treinta y
cuatro años.
— Solo una entrevista con Yong Hwa-ssi y no volveremos a molestarlo
—prometió Mina Sohn, una de las más insistentes reporteras de la KBS.
De alguna manera, se las arreglaba para eludir a las recepcionistas, las
asistentes y el buzón de voz y, aunque nunca conseguía acceder a Yong Hwa,
hablaba con Shin Hye por lo menos una vez al día.
Shin Hye no podía menos que admirar la tenacidad de aquella mujer. Había
prometido que no renunciaría hasta que consiguiera la entrevista y, hasta
entonces, no se había rendido.
— La verdad es que has acabado con mi paciencia — confesó Shin Hye, la
segunda vez que llamó Mina Sohn aquel día—Incluso le he dicho a mi jefe que
sería una buena idea que se reuniera contigo.
— ¿Y él que ha dicho? —la presionó Mina Sohn, anhelante.
— Ha dicho que no —Shin Hye suspiró—Lo siento, al menos lo he intentado.
— ¿Pero no se da cuenta de que al mostrarse tan esquivo está haciendo
que aumente el interés por él? —Mina Sohn estaba frustrada
— Lo único que quiere es que le dejen
en paz.
— Pero eso no va a suceder, Shin Hye. Por cierto, ¿Volvieron a tener
problemas con su sistema informático?
— Afortunadamente no. El número de llamadas está disminuyendo y los
correos también, creo que a la larga el
interés por Yong Hwa desaparecerá.
— No estés tan segura —respondió Mina Sohn, y colgó el teléfono.
Shin Hye no volvió a pensar en esa llamada de teléfono hasta mucho más
tarde, cuando, tan inesperada como bruscamente, el buzón de voz volvió a
bloquearse por la cantidad de mensajes que llegaron para Yong Hwa al igual que
los mensajes de correo electrónico. Lo peor de todo fue que todo el sistema
informático de la empresa se vino abajo al mismo tiempo.
Yong Hwa no tardó en llamarla a su despacho. Shin Hye entró, se apoyó
contra la pared con los brazos cruzados y clavó la mirada en la alfombra.
— Mina Sohn es la responsable de esto. Estoy segura —musitó—Me ha
lanzado una amenaza que yo no he sido capaz de reconocer. Estoy convencida de
que ha ordenado una campaña de llamadas y mensajes para demostrarnos de lo que
es capaz. Y continuará así hasta que le concedas esa entrevista, Yong Hwa.
— ¡Jamás! ¡No pienso ceder al chantaje! La denunciaremos, la...
— ¡Maldita sea, Yong Hwa! ¡Ya no puedo soportarlo más! —el rugido de Jung
Dong Hwan llegó hasta ellos desde el pasillo.
Shin Hye se quedó helada. Podía oír sus pasos sobre la alfombra que se
extendía desde el ascensor hasta el despacho. Miró a Yong Hwa abriendo los ojos
como platos.
— Podríamos encerrarnos en tu armario —susurró—Quizá así se crea que no
estamos.
— Puedes hacerlo —Yong Hwa señaló hacia el armario—Pero yo no voy a
esconderme de mi tío. No le tengo miedo.
Oyeron que el CEO entraba en la oficina de Shin Hye. Esta miró el
armario con expresión anhelante. Quizá Yong Hwa no tuviera miedo de su tío,
pero ella sí.
Pero ya era demasiado tarde, la puerta del despacho de Yong Hwa se abrió
y Dong Hwan irrumpió en él como un torbellino.
— ¿Eres consciente de los trastornos que tus imbéciles admiradoras están
causando a esta empresa? —comenzó y continuó con su diatriba.
Al principio Yong Hwa se mostró respetuoso, pero Dong Hwan continuaba
colérico y el alcance de su furia parecía ilimitado. De modo que pronto
renunció a todos los intentos de disculparse educadamente y se lanzó a una
contraofensiva.
Shin Hye permanecía pegada contra la pared, demasiado asustada para
moverse, observando cómo aquellos dos hombres se aniquilaban verbalmente. Cada
uno de ellos parecía culpar al otro de todos los problemas de la familia y de
la empresa. Comenzaron a latirle las sienes. Ella nunca había sufrido dolores
de cabeza, pero desde luego aquel era el lugar más indicado para tener el
primero.
Y justo cuando pensaba que las cosas ya no podían empeorar, apareció Nat
Woo con la expresión tan sombría como una nube de tormenta.
— Me han dicho que estás amenazando a mi hijo, Dong Hwan —Nat terció en
la contienda sin que nadie lo hubiera invitado.
A Shin Hye se le hizo un nudo en el estómago. Estaba a punto de
iniciarse una batalla en el interior de la empresa y ella estaba justo en
medio.
— Gracias al club de admiradoras de tu hijo, toda la empresa ha tenido
que interrumpir su trabajo. Por no hablar de lo que nos costará volver a
reparar el maldito sistema informático —gruñó Dong Hwan—Y esta no es la primera
vez que ocurre. En la primera ocasión me mostré paciente, comprensivo. La
segunda vez también. Incluso la tercera vez fui un modelo de contención. Pero
esta ya es la quinta vez. ¡La quinta! ¡Y como director de esta compañía tengo
que acabar cuanto antes con esta locura!
— Mi hijo no tiene la culpa de
que las mujeres lo encuentren irresistible.
— Por favor, papá, el tío y yo podemos arreglar esto a nuestra manera.
— ¿Qué clase de padre sería si dejara que mi hermano te intimidara?
—preguntó Nat— He visto cómo trataba a su propio hijo. El pobre tuvo que
marcharse de casa porque no soportaba sus presiones. Pues bien, no voy a
soportar que trate de la misma forma a mi hijo.
Dong Hwan palideció al oír nombrar a su hijo.
— Papá ya no soy un niño. Indirectamente al menos, soy responsable de lo
que ha ocurrido. Desde que apareció ese estúpido artículo, he estado causándole
problemas a la empresa y es lógico que el tío Dong Hwan esté furioso por todo
lo que ha pasado.
— ¡Tengo todo el derecho del mundo a destituirte ! —estalló Dong Hwan.
— Inténtalo —lo amenazó Nat—Destituye a mi hijo y yo...
— ¿Y tú qué? —respondió Dong Hwan en un tono desafiante y apretó los
puños.
Shin Hye contemplaba horrorizada la escena. Los dos hermanos parecían a
punto de pulverizarse en ese mismo instante. Desvió la mirada rápidamente,
incapaz de observar aquella matanza.
— No pensaran llegar a las manos, ¿verdad? —preguntó Yong Hwa incrédulo.
— No te metas en esto —le ordenó Dong Hwan.
— Esto tenía que haber ocurrido hace mucho tiempo —musitó Nat Woo entre
dientes.
Pero antes de que cualquiera de ellos pudiera hacer un movimiento, una
joven alta y esbelta, con una exuberante melena castaña, entró en el despacho y
se colocó entre ellos.
— ¡Parecen un par de hienas furiosas! —Jung Bek Su, la hermana más
pequeña de Nat y Dong Hwan, permanecía entre los dos hombres, con una mano en
el pecho de cada uno de ellos.
Shin Hye suspiró con inmenso alivio. Jamás en su vida se había alegrado
tanto de ver a alguien. Si no hubiera llegado Bek Su, seguramente Nat y Dong
Hwan habrían terminado pegándose.
— Esto no es asunto tuyo, Bek Su —le gruñó Dong Hwan a su hermana, pero
Shin Hye advirtió que había relajado las manos.
— Dong Hwan estaba amenazando a Yong Hwa con el mismo talante tiránico y
arrogante con el que amenazaba a su hijo. Alejó a su propio hijo para siempre
de la compañía y ahora está intentando hacer lo mismo con Yong Hwa. Pero no voy
a consentirlo.
— Papá, tengo veintiocho años, no ocho, y nadie está intentando alejarme
de ninguna parte —Yong Hwa estaba exasperado—Aprecio tu preocupación, pero, por
favor, vuelve inmediatamente a tu departamento.
— ¿Así que ahora te alias con tu tío, eh? —Nat fulminó a Yong Hwa con la
mirada—Claro, tienes que adularlo porque es el CEO. Ah, eres un digno hijo de
tu madre. Tan manipulador y egoísta como ella —y salió indignado del despacho.
— ¡Yong Hwa no tiene nada que ver con esa víbora! —gritó Dong Hwan
detrás de su hermano—Y ya es hora de que empieces a apreciar a tu hijo como al
hombre que es. Yong Hwa trabaja como un loco por esta empresa y en él no hay un
ápice de egoísmo. ¿Qué clase de padre eres para tratar de esta forma a tu hijo?
No me extraña que el pobre Kyu Gun tuviera que irse a Busan para poder hacerse
un hombre.
La discusión de los hermanos se prolongó por el pasillo, mientras se
dirigían hacia los ascensores.
Bek Su, Yong Hwa y Shin Hye continuaron en el despacho de Yong Hwa.
— Me encanta venir a ver a mi familia —dijo Bek Su secamente—Están todos
tan unidos...
— Has llegado en el momento más oportuno, tía Bek —contestó Yong Hwa
sonriendo a su tía. Le divertía llamarla tía, porque solo era cuatro años mayor
que él. Y, desde que era niño, había sido una de sus parientes favoritas.
— Venía a comer tranquilamente con So Min y de pronto me encuentro con
esta pelea en tu despacho — Bek Su sacudió la cabeza—Es deprimente ver a Dong
Hwan y a Nat Woo a punto de pegarse como un par de adolescentes. Y además,
delante de Shin Hye. Es una pena que te hayas visto atrapada en medio de una
pelea entre dos osos grises —comentó con una sonrisa.
Shin Hye esbozó una temblorosa sonrisa y se apartó de la pared. La
halagaba que Bek Su recordara su nombre, porque solo se habían visto en dos
ocasiones.
— Me alegro de volver a verla otra vez, señorita Jung —la saludó Shin
Hye haciéndole una reverencia.
Bek Su era escritora y Shin Hye había leído todos sus libros y había
disfrutado enormemente con ellos.
— Por favor, llámame Bek Su. O tía Bek Su si lo prefieres —sonrió—.
Cualquier cosa menos señorita Jung. Y ahora, ¿puedo preguntar a qué se ha
debido la última escaramuza entre mis hermanos?
Yong Hwa procedió a explicárselo.
— Y, por supuesto, ninguno de ellos ha podido resistir la tentación de
arremeter contra la forma de entender la paternidad del otro —terminó con un
suspiro—A papá le encanta restregarle a Dong Hwan que su hijo se negó a
trabajar para la compañía y el tío Dong Hwan aprovecha cualquier oportunidad
para recordarle a papá la azarosa vida que llevaba Kyu Gun.
— Pero Kyu Gun ya no lleva una vida azarosa —intervino Bek Su con
lealtad—Ahora está felizmente casado, es un buen padre y está sacando adelante
el negocio que heredó de mi madre.
Mientras escuchaba las conversaciones de la familia Jung, Shin Hye se
sentía como si estuviera mirando por un calidoscopio. Tan pronto el CEO estaba
atacando a Yong Hwa como lo defendía contra Nat, que de pronto se volvía
contra el hijo al que segundos antes pretendía proteger.
La tranquila vida de la familia Park no la había preparado para una
tribu tan voluble como la de los Jung. Eran capaces de decirse cosas terribles
y al momento mostrarse de lo más cariñosos.
— En fin —suspiró Bek Su—. Creo que lo mejor será que intente hablar con
ellos. Por separado, por supuesto —añadió al ver la expresión alarmada de Shin
Hye—No creo que ninguno de ellos esté preparado para hacer las paces todavía. Yong
Hwa, si ves a So Min, dile que se suspende nuestra comida —y salió del
despacho.
Jung So Min llegó minutos después, justo cuando Shin Hye estaba
abandonando el despacho de Yong Hwa para volver a su propio despacho.
— No tienes por qué irte, Shin Hye. De hecho, preferiría que te quedaras
—dijo So Min—Vengo con instintos homicidas y no me gustaría quedarme a solas
con mi hermano.
— ¿Y se supone que tengo que
detenerte o simplemente presenciar el asesinato? —bromeó Shin Hye, intentando
transformar el ceño de So Min en una sonrisa. No funcionó y se tensó esperando
la próxima refriega de los Jung.
— ¿Qué ha pasado, So Min? —preguntó Yong Hwa con recelo.
— Solo quería que supieras que he perdido tres páginas del diálogo en el
que estaba trabajando para un nuevo anuncio porque el ordenador colapso
—anunció So Min, fulminando a su hermano con la mirada—¡Tres páginas!
¡Desaparecidas! Sinceramente, Yong Hwa, estoy harta de todo esto.
— Oh, pues a mí me encanta —respondió Yong Hwa con sarcasmo—Se cae el sistema,
mi familia se pelea, se interrumpe el trabajo. Creo que jamás había visto nada
tan divertido.
So Min parecía dispuesta a pegarle. Y como había pocas probabilidades de
que Bek Su volviera a aparecer, Shin Hye se sintió en la obligación de
intervenir.
— Tu tía Bek ha dicho que se
suspendía la cita para la comida, So Min —dijo, intentando distraerla—¿Has
comido alguna vez en el Black Forest? Tienen unos postres deliciosos.
Yong Hwa y So Min la miraron como si se hubiera vuelto loca.
— Eh, quizá sea mejor que vuelva a mi despacho — sugirió Shin Hye.
— No, quédate aquí —le ordenó So Min—Prefiero tratar contigo a hacerlo
con el burro de mi hermano. Me han comentado que se ha vuelto a bloquear el
buzón de voz. ¿A qué se ha debido? Yo pensaba que todo ese lío del soltero de
oro se estaba pasando
— Y así era —intervino Shin Hye— Ahora todo está mucho más tranquilo. La
única que sigue insistiendo es Mina Sohn.
— ¿La reportera de la KBS?
— Exacto —contestó Yong Hwa sombrío. Y, con ayuda de Shin Hye, le
explicó la situación.
— Bueno, estoy de acuerdo con Shin Hye —dijo So Min— Tendrás que
concederle esa entrevista para que deje de acosarte.
— ¡Por supuesto que no! No pienso ceder a esa... terrorista de las
telecomunicaciones.
— ¿Y qué ocurrirá si Mina Sohn consigue bloquear diariamente la empresa?
Tu padre y tu tío terminarán matándose.
— Pero concederle una entrevista a Mina Sohn sería como arrojar una
cerilla encendida en un contenedor de gasolina —predijo Yong Hwa—Eso solo
generaría más llamadas y más cartas. Y lo último que necesitamos es volver a
llamar la atención sobre mí.
— ¡Espera! ¡Se me está ocurriendo una idea! —gritó So Min—¡Una idea
genial!
Se sentó en el escritorio de Yong Hwa y comenzó a mecer las piernas
hacia delante y hacia atrás.
— Yong Hwa, vas a concederle una entrevista en exclusiva a Mina Sohn.
Pero no para decirle lo que ella espera. Esa entrevista resolverá todos tus
problemas con tus admiradoras. Si es que es realmente eso lo que quieres.
— Claro que es eso lo que quiero. ¿Cómo puedes pensar que estoy
disfrutando siendo perseguido como si fuera la presa de una cacería?
— ¿Entonces por qué no anuncias tu compromiso? — sugirió So Min— Llama a
Mina Sohn y dile que quieres concederle una entrevista y aprovechar esa
oportunidad para anunciar tu compromiso.
— Es la idea más estúpida que he oído en toda mi vida, y te aseguro que
en este departamento he oído muchas —respondió Yong Hwa con impaciencia—Estás
pasando algo por alto, So Min. No quiero comprometerme con nadie, y mucho menos
casarme.
— Eso es cierto —lo secundó Shin Hye—Prefiere morir a casarse. Lo que
supongo que significa que probablemente también prefieras sufrir una enfermedad
terminal a comprometerte.
So Min soltó una carcajada.
— Eres tú el que está pasando por alto algo fundamental, Yong Hwa. El
compromiso no sería real. Solo duraría hasta que todo se hubiera tranquilizado.
Piensa en ello. Recobrarías la paz y la tranquilidad y la compañía estaría a
salvo del ardoroso entusiasmo de tus admiradoras.
Yong Hwa abrió la boca para protestar, pero la cerró como si de pronto
estuviera reconsiderando la idea de su hermana.
— Teóricamente podría funcionar. Pero en la realidad no me parece tan
probable.
— ¿Y por qué no?
— Porque no sé de dónde voy a sacar a una mujer que esté de acuerdo con
participar en esta farsa. Además el compromiso tendrá que parecer sincero para
que Mina Sohn se trague la historia.
— Exacto —respondió So Min—Tu falsa prometida tendrá que ser alguien en
quien confiemos, que esté al tanto de la farsa y quiera comprometerse con el
plan. Y tendrá que ser una elección lógica. Alguien que lleve algún tiempo en
tu vida, pero que haya permanecido en un discreto segundo plano.
Yong Hwa miró a los ojos a su hermana. Esta le sostuvo la mirada,
intentando convencerlo en silencio.
— Siempre te he considerado un hombre especialmente perspicaz—bromeó So
Min—¿Voy a tener que deletreártelo?
Yong Hwa sintió que su cuello enrojecía.
— So Min, de verdad creo que deberíamos...
— S-H-I-N H-Y-E —deletreó So Min.
—... concretar algunos detalles antes de decírselo —terminó Yong Hwa,
con el rostro rojo como la grana.
Shin Hye, que había estado intentando pensar cuál de las mujeres que
habían salido con Yong Hwa podría hacer el papel de prometida, se quedó helada
cuando So Min deletreó su nombre.
— Felicidades, Shin Hye —exclamó So Min— Tú vas a ser la prometida de
Yong Hwa.
— ¿Yo?
— ¿Lo harás, Shin Hye? —como era habitual en él, cuando Yong Hwa hacía
una pregunta en realidad estaba dando una orden.
— ¡No puedes estar hablando en serio! —contestó desesperada. Vio que
Yong Hwa y So Min intercambiaban miradas y deseó salir huyendo de la oficina.
— Oh, claro que estamos hablando en serio —le aseguró So Min—Eres la
candidata ideal, Shin Hye. Cumples todos los requisitos.
— Excepto el más importante de todos, que es la credibilidad —Shin Hye
comenzó a retroceder lentamente, alejándose de los dos hermanos—Nadie se creerá
que Yong Hwa está comprometido conmigo. Nunca nos han visto juntos fuera del
despacho.
Continuó retrocediendo hasta chocar contra la pared. Miró entonces
alternativamente a los dos hermanos.
— Me temo que tiene razón —comentó
Yong Hwa, frunciendo el ceño—Examinemos objetivamente los hechos: si Shin Hye y
yo hubiéramos tenido una relación suficientemente seria como para culminar en
un compromiso, alguien debería habernos visto juntos, aunque solo fuera una
vez. Y con eso habría bastado. Ya sabes con cuánta eficacia corren ese tipo de
rumores por la compañía.
— Exacto. Si fuéramos pareja, hace tiempo que eso se habría convertido
en un tema de conversación —añadió Shin Hye.
— Ah, pero se supone que hubieran tenido un especial cuidado en ser
discretos —sugirió So Min—Puedes darle la vuelta a tu argumento, Yong Hwa. La
razón por la que a Shin Hye y a ti nunca los han visto juntos es que han
mantenido su relación en secreto porque no quieren convertirse en blanco de
miradas y rumores. Y al parecer, han tenido un éxito espectacular al respecto.
Nadie de la empresa sabía que estaban enamorados.
— Ni siquiera nosotros—farfulló Shin Hye sombría. Pero So Min era
imparable.
— El caso es que estaban mantenido un romance en secreto y estabas a
punto de anunciar oficialmente el compromiso cuando apareció Yong Hwa en esa
lista de solteros.
Yong Hwa se sentó, tomó un bolígrafo y comenzó a garabatear.
— Sí, esa historia parece creíble, So Min. Y cuanto más pienso en ello,
más seguro estoy de que este plan es viable —miró pensativo el papel que tenía
delante de él—Shin Hye y yo somos personas muy discretas, lo que nos ha
decidido a mantener nuestra relación en la intimidad. Además, es lógico que
hayamos decidido mantener el romance en secreto hasta que terminara la locura
de esa lista.
Shin Hye lo miró fijamente. Se sentía como si estuviera en medio de una
lluvia de ideas para la creación de un nuevo producto.
— Es imposible que funcione —estalló con voz temblorosa—He hablado con Mina
Sohn diariamente, ¿recuerdas? Se dará cuenta de que hemos inventado todo esto
al calor del momento.
— ¿Cómo? —preguntó Yong Hwa—Mina Sohn no lo sabe todo, Shin Hye. Estoy
seguro de que pensará que hemos sabido despistarla y además siempre nos hemos hablado
de manera informal y eso es un punto a favor. Más bien creo que se sentirá
halagada por haberla elegido a ella para hacer esa entrevista.
— Y en la entrevista anunciarás públicamente tu compromiso y dejarán de
acosarte por ser uno de los mejores partidos del país —terminó So Min—¿Y ahora
puedo felicitarlos? Hacen muy buena pareja.
— ¡Yo no soy capaz de sacar esto adelante! —prácticamente aulló Shin
Hye—Lo siento, Yong Hwa, pero tendrás que encontrar a otra mujer.
Sintió dos pares de ojos estudiándola intensamente y se ruborizó.
— Ahora, si me perdonan, tengo que hacer algunas cosas en mi despacho
que...
— Esto sí que es interesante, Yong Hwa —comentó So Min—Has recibido
cientos de propuestas de mujeres que están deseando tener una relación íntima
contigo, pero tu propia asistente es incapaz de fingir que está saliendo
contigo. Me pregunto qué significará eso.
— Yo también —respondió Yong Hwa.
— No significa absolutamente nada —les aseguró Shin Hye.
Se sentía como si estuviera andando por la cuerda floja sin ninguna red
que la protegiera. Yong Hwa era su jefe y lo estaba ofendiendo, se recordó.
Sería mejor que intentara suavizar la situación si no quería que terminaran
despidiéndola.
— Yo no sé mentir. Si intentara decirle a Mina Sohn o a cualquiera de
mis amigas que voy a casarme con Yong Hwa se reirían en mi cara.
— ¿Por qué? —preguntó So Min—A mí no me parece difícil creer que mi
hermano pudiera enamorarse de ti.
— Pues a mí me parece una historia de ciencia ficción. Además, todos los
que conocen a Yong Hwa saben lo que piensa del matrimonio. Prefería morir a
casarse así que, ¿por qué iba a comprometerse con nadie, y menos con alguien
como yo?
— Porque tú le hiciste cambiar su opinión sobre el matrimonio, Shin Hye.
— Exacto. Y ahora quiero casarme y vivir felizmente con mi esposa para
siempre —intervino Yong Hwa con sarcasmo.
— Y también tener hijos, supongo —añadió Shin Hye, sin poder disimular
su resentimiento—. ¿Cómo se supone que voy a poder fingir que soy la pareja de
un hombre que está a punto de casarse cuando no eres capaz de pronunciar la
palabra matrimonio sin desprecio?
— Buena apreciación —dijo So Min—Tienes que cambiar de actitud, Yong.
Aprende a mirar con ternura a tu prometida. A poner una nota de nostalgia en la
voz cuando digas que por fin has encontrado a la mujer adecuada. Tienes que
parecer incluso desconcertado cuando menciones lo equivocado que estabas sobre
el matrimonio y mostrarte jubiloso cuando hables del futuro con la mujer a la
que amas.
— ¡Jamás será capaz de hacer algo así! —exclamó Shin Hye.
Aquella aseveración irritó a Yong Hwa.
— Puedo hacer cualquier cosa por el bien de Jung Corporation, y si tengo
que representar el papel de un hombre perdidamente enamorado, lo haré. No
subestimes nunca mi fuerza de voluntad y mi entrega a esta empresa, Shin Hye.
Se levantó y comenzó a caminar hacia ella. Shin Hye respiró hondo.
Prefería ver a Yong Hwa detrás de su enorme escritorio.
Aquel día llevaba un traje gris con una raya azul pálido. Shin Hye
pestañeó. Estaba tan nerviosa que su mente le estaba jugando malas pasadas.
Porque era otra la imagen de Yong Hwa que se superponía a la que estaba viendo.
Mentalmente, le quitó aquel traje tan clásico y lo vio con los
pantalones cortos y la camiseta que llevaba el día que se habían encontrado
corriendo. Visualizó mentalmente sus fuertes muslos. Vio sus brazos fuertes, su
cuerpo tonificado que se adivinaba bajo la camiseta.
La joven se tensó alarmada y tragó saliva con fuerza.
— Nunca se me ocurriría subestimar tu entrega a la compañía. Pero tú no
eres el único que va a participar en este... drama. Y a mí me va a resultar muy
violento fingir delante de mis amigos que me he comprometido con un Jung.
— ¿Violento? —repitió Yong Hwa lacónicamente—¿Es que hay alguien en
particular a quien le pueda resultar violento nuestro compromiso? Me estoy
refiriendo a un hombre, Shin Hye. ¿Hay algún hombre al que pudiera molestarlo
que participes en esta aventura?
Shin Hye consideró la pregunta. Un simple sí y podría librarse de
aquella locura.
— Y no olvides que acabas de confesar que no sabes mentir —dijo Yong Hwa
con voz sedosa— Además, comprenderás que sería extremadamente imprudente por mi
parte tener una ayudante que miente de forma tan descarada. No podría trabajar
con una persona en la que no puedo confiar.
Shin Hye entendió perfectamente el mensaje. Y pensó al instante en Ji
Min. No, no podía arriesgarse a perder su trabajo. Haría cualquier cosa para
conservar su empleo. Dejó escapar un ligero suspiro.
— No, no hay ningún hombre en mi vida que pudiera protestar.
— Muy bien —respondió Yong Hwa con expresión impasible. ¡No había ningún
hombre en su vida!, pensó con inesperado alivio—Estupendo, un novio celoso
habría podido arruinar nuestro plan.
¿Y esa era la razón por la que sentía aquel extraño júbilo?, por
supuesto se dijo a si mismo.
— Creo que deberíamos abordar este tema lo antes posible, Shin Hye.
Llama a Mina Sohn y concierta la entrevista para pasado mañana.
unnie genial...!!!
ResponderEliminarm encata tu fic xfa siguelo y continua publicando asi d seguido please...:):):)
t adoro...!!! n verda k si besos y publica l siguient cap siiii...!!
Excelente este fic esta muy lindo !!!! Unnie por fis continua !!! ahhh el compromiso de ellos se hara publico owww ya quiero que comienze su romance apasionado ...Yongshin forever
ResponderEliminaresta hermoso publica lo mas rapido que puedas si puedes una maraton de capitulos.....gracias
ResponderEliminaresperando con ansias el próximo capitulo
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