— ¿Shin Hye? —Yong Hwa se quedó mirándola fijamente.
Apenas podía creer lo que veían sus ojos. Aquella joven con el rostro
resplandeciente y la ropa sudada le parecía la antítesis de la siempre
impecable Shin Hye que trabajaba para él.
En la oficina, jamás había visto a Shin Hye con un pelo fuera de lugar,
pero en aquel momento los mechones de pelo cubrían su rostro, escapándose de su
normalmente tensa coleta.
Shin Hye pareció darse cuenta de ello, porque rápidamente se apartó los
mechones de la cara.
Yong Hwa siguió aquel gesto con la mirada, y se sintió repentinamente
sobrecogido por la visión de su rostro.
Yong Hwa continuaba mirándola fijamente, un poco desconcertado por su
incapacidad para apartar la mirada de ella. Al fin y al cabo veía su rostro muy
seguido en la oficina. Pero nunca se había fijado en su perfección.
Tampoco había reparado nunca en la elegancia de la curva de su cuello.
Pero, en aquel momento, no era capaz de dejar de mirarlo.
Shin Hye se llevó la mano al cuello, en un gesto decididamente nervioso.
Yong Hwa frunció el ceño. La ansiedad de la joven era comprensible. La
estaba mirando con la avidez de un vampiro. ¿Qué diablos le pasaba?
Decidió echarle la culpa a la maldita lista. Últimamente, la culpaba a
ella de todas sus tensiones.
— Hola, Yong Hwa —Shin Hye sonrió vacilante. El pulso, acelerado por el ejercicio,
continuaba latiéndole tan rápido como si estuviera corriendo.
Aquel encuentro era tan extraño como embarazoso para ella. Hasta ese
momento, él y su jefe solo se habían visto, en el lugar de trabajo, donde
estaba perfectamente definido el protocolo.
Y su apariencia también era muy distinta aquella noche. Durante los
catorce meses que llevaba trabajando para él, nunca había visto a Yong Hwa con
tan poca ropa. Las mangas cortas de su camiseta permitían ver los músculos de
sus brazos, que normalmente escondía bajo las camisas y las chaquetas de sus
trajes.
Apartó inmediatamente la mirada. Se le secó la boca y deseó haberse
llevado una botella de agua mineral.
— ¿Has venido a correr? —preguntó Yong Hwa por fin. Inmediatamente se
arrepintió de aquella estúpida observación. Se sintió como un tonto, y aquella
no era una sensación agradable para un hombre que rara vez cometía un error en
aquel terreno. Pero Shin Hye, su diplomática asistente, no le devolvió la
cáustica respuesta que se merecía.
— Sí. Después de un día como hoy, necesitaba un poco de ejercicio para
relajarme.
— Créeme, sé exactamente lo que sientes —contestó Yong Hwa aliviado. Por
fin se había roto el hielo. La respuesta de Shin Hye los había llevado al
familiar terreno de la oficina.
Por acuerdo tácito, reanudaron la carrera, a un paso más lento.
Comentaron los horrores del día e incluso hicieron algunas bromas sobre las
desgracias de los Jung.
Shin Hye se descubrió a sí misma confesándole la visita de Dong Hwan a
su despacho, aunque evitó repetir el iracundo mensaje que le había dejado su
tío. Pero Yong Hwa podía imaginárselo perfectamente.
— Pobre Shin Hye, espero que no te lo hayas tomado como un ataque
personal.
— Claro que no —le aseguró Shin Hye—Nunca me habían dicho que tengo una
personalidad estúpida y servil.
— ¿Te dijo eso? —Yong Hwa sintió una ráfaga de enfado—Por enfadado que
pueda estar Dong Hwan conmigo, no tiene ningún derecho a tratarte así.
— Estaba muy enfadado, lo comprendo.
Y sabía también que se estaba metiendo en un terreno resbaladizo. No
debería haber mencionado a su tio Dong Hwan en ningún momento, pero correr con
Yong Hwa en medio de la noche le había generado la ilusión de la
confidencialidad y el compañerismo. Las palabras habían salido de sus labios
como si estuviera hablando con un amigo en vez de con su jefe.
Así que se esforzó en enmendar la situación.
— De hecho, la verdad es que prácticamente había olvidado la
conversación.
— ¿Y por qué será que no te creo? Sé por experiencia que las invectivas
de mi tío se te clavan como un dardo en el cerebro. Y si Dong Hwan te ha
tratado de esa manera simplemente porque
trabajas para mí, puedo imaginarme perfectamente las palabras que me ha
dedicado. ¿No piensas decírmelas?
— No creo que quieras oírlas.
— Tienes razón, no quiero. No pretendo disculparlo, pero es cierto que
desde la muerte de mi abuela Dong Hwan ha estado sometido a muchas presiones.
No solo ha tenido que enfrentarse a la muerte de su madre sino que, como
sabrás, la reestructuración de la compañía ha supuesto una caída en el valor de
las acciones de la empresa. Dong Hwan se siente responsable y,
desgraciadamente, mi padre no tiene ningún inconveniente en que asuma él todas
las culpas.
Shin Hye asintió comprensiva. Todos los que trabajaban en la compañía
sabían que NateWoo se mostraba muy competitivo con Dong Hwan y que la relación
entre los dos hermanos se había resentido como resultado. Por desgracia, en vez
de unirlos, la muerte de su madre había servido para distanciarlos.
La repentina desaparición de la Sra. Son Ha había impactado seriamente a
todas aquellas personas relacionadas de una u otra forma con la familia y con
la empresa.
Shin Hye conocía algunos detalles de lo ocurrido por lo que publicaban
los periódicos, por los rumores que corrían por la oficina y por algunos
comentarios hechos por los miembros de la familia cuando iban a ver a Yong Hwa.
Sabía que Son Ha había muerto en una accidente aéreo en Bangkok. El
aparato se había estrellado y había ardido. Solo se habían encontrado unos
restos irreconocibles pero se presumía, obviamente, que pertenecían a la Sra. Jung
Son Ha.
— Tuve la suerte de coincidir con tu abuela algunas veces en el despacho
—comentó Shin Hye quedamente—Era una persona encantadora, cariñosa, ingeniosa y
dinámica. ¡Y qué memoria tenía! Creo que se sabía los nombres de todos los que
trabajaban para ella, y siempre tenía una palabra amable que decirnos.
— Sí, así era mi abuela —Yong Hwa sonrió al recordarla—.Yo... eh, recibí
la tarjeta que me enviaste cuando murió. Creo que nunca te lo he agradecido.
— No esperaba que lo hicieras. Solo quería decirte lo mucho que la
admiraba —musitó Shin Hye—Supongo que la echas mucho de menos.
—Trato de no pensar en ello —respondió Yong Hwa cortante, incómodo con
el giro que había tomado su conversación—Mantenerse ocupado es el mejor
antídoto para... —se aclaró la garganta y se encogió de hombros— Para...
— Para la tristeza —lo ayudó Shin Hye—Sí, siempre funciona —por
supuesto, no iba a añadir que hablar de la pérdida del ser amado ayudaba
todavía más—Supongo que el trabajo los ha ayudado a todos los miembros de tu
familia.
— Sí, es cierto. Desgraciadamente para mi tío Dong Hwan, ahora mismo se
está enfrentando a una crisis que no tiene nada que ver con la muerte de mi abuela
—aunque Yong Hwa no era dado a las confidencias, lo aliviaba poder hablar de
asuntos que llevaban semanas rondándole por la cabeza y sabía que Shin Hye era
digna de confianza—He sabido a través de mis primos que su matrimonio pasa por
un mal momento. Sus hijas están muy preocupadas por ellos. Al parecer, el
horario de trabajo de Dong Hwan y sus continuas demandas están afectando
seriamente a mi tía Hana que, para empeorar las cosas, está sufriendo el
síndrome del nido vacío.
— Muchas mujeres encuentran difícil aprender a vivir cuando sus hijos se
van de casa.
— Desde luego, ese no ha sido el caso de mi madre. Estaba encantada de
quedarse con la casa para ella sola. Pero a Hana le está costando muchos
disgustos. Además, tiene la sensación de que no ha podido realizarse
profesionalmente y culpa a Dong Hwan de su decisión de abandonar la universidad
para casarse y criar a sus hijos. ¡Como si le hubieran puesto una pistola en la
cabeza para que lo hiciera! —el comentario de Yong Hwa dejaba bien claro de qué
lado estaba.
— ¿Hana ha considerado alguna vez la posibilidad de volver a estudiar?
Hay mucha gente que termina sus estudios a una edad avanzada. Incluso sé de
abuelos que se han licenciado a los setenta años.
— Quizá deberías comentárselo a Hana —sugirió Yong Hwa con ironía—.
Tiene cincuenta y dos años, así que, de acuerdo con tus criterios, todavía está
en la flor de la edad.
Shin Hye visualizó a Hana, una mujer atractiva, cuya elegancia era
legendaria. Estaba casada con uno de los hombres más ricos del país y además
era madre y abuela.
— Me cuesta imaginar que una mujer que tiene tantas cosas pueda no ser
feliz —musitó Shin Hye.
Yong Hwa curvó los labios en una sonrisa irónica.
— Supongo que habrás oído alguna vez eso de que el dinero no da la
felicidad.
— Hay refranes para todo. ¿Nunca has oído decir que el dinero no lo es
todo, pero por lo menos ayuda a olvidarse de todo lo demás? —respondió Shin Hye
con una sonrisa radiante.
Yong Hwa se sintió de pronto desorientado, como si hubiera perdido la
noción del tiempo y del espacio. Por un instante, apenas reconoció a la joven
que estaba a su lado. Estaba acostumbrado a la máscara de impasibilidad que
Shin Hye llevaba en la oficina. Pero cuando su rostro cobraba vida, era
increíblemente atractiva.
Como si tuvieran voluntad propia, sus ojos vagaron por su cuerpo. Se fijó
también en sus piernas, esbeltas, perfectamente torneadas. Y al reparar en la
delicada piel de sus muslos, sintió cómo fluía un nuevo calor por su cuerpo.
El pulso se le aceleró. Para intentar dominarse, acortó un poco su
zancada, colocándose tras ella, pero aquella táctica solo sirvió para proporcionarle
una vista completa del resto de su cuerpo. Tragó saliva y empezó a conjugar
verbos en su mente, buscando alguna forma de distraer su atención.
Cuando Shin Hye se dio cuenta de que había dejado de correr, se detuvo y
lo miró. Para entonces, Yong Hwa ya tenía aquel inesperado ataque de lujuria
bajo control.
— He tenido un calambre en la pierna —mintió. Durante unos minutos,
continuaron corriendo en un cómodo silencio.
— ¿Shin Hye? —preguntó de pronto Yong Hwa—Me gustaría disculparme por lo
que te ha dicho mi tío. Estoy seguro de que en cuanto se ha desahogado, él se
ha olvidado de todo. Espero que tú también seas capaz de hacerlo.
— No volveré a pensar en ello —le prometió Shin Hye—Normalmente, pareces
llevarte muy bien con tu tío — añadió vacilante.
— Sí, siempre me he llevado muy bien con tío Dong Hwan, a pesar de sus
estallidos —Yong Hwa se encogió de hombros—Es cierto que es un hombre muy
exigente y dominante, pero yo lo comprendo perfectamente.
Al oírlo, Shin Hye intentó dominar una sonrisa. Pero Yong Hwa lo notó.
— ¿Así que tú también piensas que estamos cortados por el mismo patrón?
— Digamos que no me hace falta mucha imaginación para imaginarte
llamándole a alguien estúpido y servil — se atrevió a decir.
— Jamás habría utilizado esas palabras para describirte.
— ¿Servirían para describir a una asistente de Dong Hwan?
— Puede qu que sí.
Ambos rieron a carcajadas. Shin Hye tenía una risa bonita, advirtió Yong
Hwa. Cálida, sincera. Siempre le había gustado su risa, aunque rara vez la oía
en la oficina. Últimamente, incluso sus sonrisas escaseaban.
— Oh, oh —exclamó de pronto Shin Hye.
Vio al grupo de jovencitas dirigiéndose hacia ellos al mismo tiempo que
Yong Hwa. Debían andar todas entre los veinte años y estaban bebidas. Cantaban
y reían a carcajadas mientras caminaban y, de pronto, reconocieron a Yong Hwa.
Este se tensó cuando una de ellas gritó:
— ¡Oh, Dios mío! ¡Es él! ¡Uno de los solteros más deseables del país
vive aquí, en Seul!
El resto de las jóvenes se unió a sus gritos. Shin Hye miró a Yong Hwa,
que clavaba los ojos en sus admiradoras completamente horrorizado.
Los instintos protectores de Shin Hye se pusieron inmediatamente en
funcionamiento. Y quizá algún instinto de autoprotección. Así que se enderezó y
se acercó a las chicas con la que esperaba fuera una actitud asertiva.
— ¿De verdad crees que ese es el tipo que aparece en la revista? —le
preguntó a la chica que había identificado a Yong Hwa. Antes de que pudiera
contestar, se volvió hacia Yong Hwa y le dijo—Hey, dicen que te pareces a Yong
Hwa, ¿no te parece increíble?
Yong Hwa la miró confundido.
—El es mi hermano—continuó Shin Hye— Y se ocupa del correo en Jung Corporation.
— ¿Del correo? —repitió una de las jóvenes desilusionada—¿No es Yong
Hwa?
Shin Hye soltó una carcajada.
— No, pero se encarga de entregarle las cartas. ¿No te parece
suficiente?
— Y ni siquiera se parece a Yong Hwa —comentó otra chica—Yong Hwa tiene
el aspecto de un millonario. Y este hombre...
— Pero mi hermano tampoco tiene novia —replicó Shin Hye, y les dirigió a
las jóvenes una mirada esperanzada, invitándolas a asumir ellas ese papel.
No hizo falta nada más. Las chicas no estaban tan borrachas como para no
darse cuenta de que no les interesaba un tipo al que tenía que buscarle novia
su propia hermana.
— Dile a tu hermano que ponga un anuncio en la sección de contactos
—dijo una de ellas, provocando la risa de todas las demás—Quizá tenga suerte.
— Nosotras estamos buscando a Jung Yong Hwa —comentó otra—, o a alguien
como él.
— Pues yo creo que mi hermano se parece mucho a ese tal Yong Hwa—protestó
Shin Hye, mientras las jóvenes se alejaban rápidamente.
— ¿Asi que el hombre del correo? —preguntó Yong Hwa intentando parecer
severo.
— Ha sido lo primero que se me ha ocurrido —confesó Shin Hye—.Y, bueno,
te estabas pareciendo a él. Tenías esa mirada, y la boca completamente abierta,
como si estuvieras a punto de ponerte a babear al ver las cartas enviadas por
las admiradoras de Yong Hwa.
Ambos rieron de tal manera que no pudieron seguir corriendo, así que
continuaron caminando y compartiendo bromas.
— Conozco a Yong Hwa, es mi jefe, y tú no puedes ser él —se burló Shin
Hye—Tú te pareces mas al encargado de correo..
— Prefiero ser un patán a un
estúpido servil —replicó Yong Hwa—Aunque si mi tío Dong Hwan pudiera vernos en
este momento, nos describiría como atolondrados o bobalicones.
— No creo que nadie pueda acusarte de parecer atolondrado o bobalicón.
— Supongo que no —Yong Hwa frunció el ceño, recuperando su habitual
seriedad—Según MiHyang, la mujer de mi padre, hasta me cuesta sonreír. No para
de decirme que intente alegrarme y que podría contar con los dedos de una mano
las veces que me ha visto sonreír últimamente.
— La verdad es que durante todo este año ha habido muy pocas sonrisas en
Jung Corporation —musitó Shin Hye.
— Sí, tienes razón. Hemos sufrido una serie de incidentes realmente
catastróficos. Primero fue aquel intruso que destrozó el laboratorio, al que
todavía no hemos conseguido atrapar, después el accidente de avión de la
abuela. Luego, una de mis primas estuvo siendo hostigada por un loco...
— Por lo menos, esa última tuvo un final feliz. Tu prima se casó con su guardaespaldas.
— ¿El matrimonio un final feliz? —Yong Hwa arqueó las cejas con
expresión irónica—Sí, supongo que tú lo ves así.
Shin Hye tuvo que contenerse para
no señalar que, si atendían a su particular punto de vista sobre el matrimonio,
para él un final feliz sería un viaje permanente al cementerio.
— Mientras tanto, las acciones de la compañía han estado bajando de forma
incontrolable —Yong Hwa dejó escapar un pesado suspiro—.Y, por supuesto, no
podemos olvidar que la irrupción de aquel intruso en el laboratorio ha
retrasado la consecución de la fórmula del secreto de la juventud.
Shin Hye asintió. Era consciente de que la compañía había estado
trabajando en esa fórmula durante años y de que Son Ha había hecho su fatal
vuelo a Tailandia con intención de conseguir un ingrediente vital para la
misma. Con tanta desgracia, cualquiera podía pensar que la familia Jung estaba
sufriendo las consecuencias de una maldición.
— Y para colmo de males —continuó Yong Hwa— aparezco de pronto en la
lista de los diez solteros más deseables de Corea y me convierto en víctima de
una avalancha de atenciones que nunca he deseado.
— Una auténtica desgracia.
Aunque lo decía muy seria, a Yong Hwa no le pasó desapercibido el brillo
de sus ojos.
— Ya sé que no te parece que mi aparición en esa lista pueda sumarse a
los problemas de la familia, Shin Hye, pero puedes estar segura de que para mí
ha supuesto un serio inconveniente —respondió él a la defensiva.
— Oh, lo sé, yo también he tenido que deshacerme por correo y por
teléfono de algunas de tus admiradoras.
Yong Hwa tuvo la desagradable sensación de que se estaba mostrando
condescendiente con él.
— Y esta misma noche, he estado a punto de ser atacado. Si esas chicas
no hubieran estado tan borrachas, jamás se habrían tragado que yo era un encargado
de correo.
— Probablemente no.
— Estoy desesperado, Shin Hye. No puedo soportar este acoso constante.
Salgo a correr por la noche porque me siento como un rehén encerrado en mi
propio apartamento. Allí ni siquiera tengo a alguien que me ayude a enfrentarme
a las toneladas de correo que me llegan diariamente.
Comenzó a correr otra vez y Shin Hye lo imitó.
— Hay mujeres merodeando alrededor de mi apartamento cada vez que salgo.
Tengo que salir de casa disfrazado con una gorra.
— Una gorra es un buen disfraz. ¿No se te ha ocurrido completarlo con un
bigote postizo y unas gafas?
La expresión de Shin Hye era tan recatada y su tono tan sincero que Yong
Hwa no sabía si estaba o no bromeando con él. Como Shin Hye no era muy dada a
las bromas, decidió contestar en serio.
— Créeme, si este caos continúa, me veré obligado a hacerlo.
— Quizá deberías comprarte una peluca también. ¿Qué tal una peluca larga
y rubia, como un extranjero? Seguro que así nadie te conocería.
— Así que estás bromeando—Yong Hwa la observó atentamente—Se te da muy
bien la ironía, Shin Hye. Eres capaz de decir una cosa mientras estás
insinuando algo completamente diferente, pero no lo he sabido hasta esta noche.
¿Has estado burlándote de mí durante todo este año sin que me diera cuenta?
— ¡Por supuesto que no! Soy
demasiado tonta y servil para poder ser irónica.
Yong Hwa soltó una carcajada: Estaba disfrutando, pensó sorprendido.
Hacía tanto tiempo que no le ocurría, que casi había olvidado lo que era.
Llegaron hasta un aparcamiento bien iluminado.
— Tengo el coche aquí —comentó Yong Hwa—. Iba ya para casa cuando nos
hemos encontrado. Y ahora insisto en llevarte a la tuya.
Shin Hye aceptó su oferta con un tímido «gracias».
— Y tendré que controlarme para no darte una buena lección sobre lo peligroso que es para una mujer salir de noche —bromeó.
Pero no acababa de decirlo cuando comprendió que en realidad tenía ganas
de hacerle algunas advertencias al respecto. La idea de que Shin Hye pudiera
caer en manos de un desaprensivo lo horrorizó.
— De todas formas, no deberías salir sola a estas horas Shin Hye.
— Hace dos años hice unos cursos de autodefensa — le explicó—No me gusta
ver mermada mi libertad, así que decidí aprender a defenderme por mí misma.
— El primer precepto de la autodefensa consiste en no ponerse en una
situación peligrosa —Yong Hwa frunció el ceño—. Así que prométeme que no
volverás a correr sola.
— Mmm —musitó Shin Hye, cruzando los dedos.
No tenía intención de hacer promesa alguna. Al fin y al cabo, lo que
hiciera ella fuera de las horas de oficina no era asunto de Yong Hwa.
Estaban debajo de una farola. Yong Hwa bajó la mirada hacia las mejillas
sonrojadas de su asistente y los mechones de pelo que enmarcaban su rostro,
dándole un aspecto delicado y extremadamente femenino.
Se aclaró la garganta.
— ¿Te gustaría que te invitara a comer algo? —le preguntó de pronto,
sorprendiéndose a sí mismo. Él rara vez actuaba impulsivamente.
— ¿Con estas pintas? No me sentiría cómoda.
— Sí, supongo que tienes razón. ¿Por qué no vamos entonces al bulevar, a
una de esas cafeterías en las que puedes comprar la comida desde el coche? Así
no tendremos que salir. Podemos quedarnos en el aparcamiento y tomar un sándwich
y un refresco.
Shin Hye comprendía que Yong Hwa estaba intentando ser educado, pero
realmente no había ninguna necesidad.
— Te agradezco el ofrecimiento, pero tengo que volver a casa —miró el
reloj y se sobresaltó al ver la hora que era—De hecho, tengo que volver ahora
mismo.
Era casi la hora de llamar a Ji Min. Y aquel día era importante que no
se retrasara porque Ji Min solía ver un programa de televisión junto a otros
pacientes. Aquella reunión semanal frente al televisor se había convertido en
todo un acontecimiento social en el que no faltaban los refrescos y las
palomitas.
A Shin Hye le había entusiasmado que su hermana recuperara el interés
por la vida social. Y que fuera capaz de concentrarse y seguir todo un programa
de televisión. Durante el año posterior al accidente, la capacidad de atención
de Ji Min era casi como la de un bebé.
Pero en aquel momento... Una sonrisa asomó a sus labios. Ji Min ya tenía
un círculo de amigos y disfrutaba viendo programas propios de su edad. La joven
iba mejorando día a día.
— Tendrás que decirme la dirección de tu casa —comentó Yong Hwa mientras
caminaban hacia el coche. Se preguntaba por qué tendría Shin Hye tanta prisa en
volver, o si la razón de su precipitación sería que estaba ansiosa por escapar
de su compañía.
Yong Hwa, al que normalmente perseguían cientos de mujeres dispuestas a
hacer cualquier cosa por él, no era capaz de persuadir a Shin Hye de que se
tomara un refresco con él en el aparcamiento de un establecimiento de comida
rápida. Qué ironía. Tensó los labios en una amarga sonrisa.
Ninguno de ellos habló durante el trayecto a la casa. Y cuando llegaron
al edificio de tres pisos en el que se encontraba su apartamento, Shin Hye
abrió la puerta antes de que Yong Hwa hubiera podido frenar del todo.
— Gracias por traerme —le dijo, salió del coche y cerró la puerta tras
ella.
La brusquedad de su despedida le resultó irritante. Yong Hwa la observó
desaparecer en el interior del edificio. Se preguntó en qué apartamento
viviría. Y se le ocurrió entonces que no sabía si vivía sola o con alguien. Y
tampoco si ese alguien era un hombre. Shin Hye nunca hablaba de su vida
personal en el trabajo. O por lo menos no hablaba de ello con él. Y él tampoco
se había molestado en preguntarle nada al respecto.
Yong Hwa condujo hasta su propio apartamento, un departamento situado en
un edificio de diseño futurista situado en el centro de la ciudad, cerca del
edificio Jung. Llevaba la gorra en el asiento trasero del coche y gimió al
pensar que tendría que ponérselo otra vez. Afortunadamente, sus admiradoras
parecían haber renunciado a esperarlo aquella noche y la entrada al edificio
estaba despejada.
Corrió al interior, pulsó el código para desconectar el sistema de
seguridad del ascensor privado y pulsó el botón del Penthouse. Segundos
después, las puertas se abrían justo enfrente de la puerta de su apartamento. A
la izquierda, unos enormes ventanales le ofrecían una espectacular vista
panorámica de la ciudad. Pero él no le dio el mínimo interés.
genila unnie m encanta tu fic lo describes todo d tal manera q s facil d imaginarlo xfa siguelo y sube pronto l siguient cap please...:):):)
ResponderEliminarSi UNnie....por fis...no demores en actulizar.....owww Yong esta sintiendo curiosidad por la Vida de Shin......esta súper interesante ......ya quiero leer cuando le propone que s e haga a pasar por su novia no demores en actualizar por fis Unnie :(
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