El teléfono sonó cuando Shin Hye estaba sirviéndose una humeante sopa de
tomate.
— Será para ti, Shin Hye —predijo Kia—Yong Hwa ha estado llamándote cada
dos horas desde las diez de esta mañana. Y no, no pienso decirle que no estás.
A Shin Hye se le aceleró el pulso. Había estado deseando hablar con Yong
Hwa durante todo el día. Pero no estaba segura de cómo iba a recibirla.
Shin Hye se había despertado aquella mañana alrededor de las seis y,
durante unos frenéticos segundos, se había quedado desconcertada al descubrirse
desnuda y en la cama con él. Pero, casi al instante, había recuperado los
sensuales recuerdos de la noche anterior y había deseado, como nada en el
mundo, volver a hacer el amor con él.
Pero no podía. Era sábado. Tenía que volver a su apartamento, ducharse e
ir al hospital para pasar el día con Ji Min. No podía desilusionar a su hermana, le había prometido que pasaría el día con ella en el hospital.
De modo que a pesar de las protestas de su cuerpo, se había levantado y
se había vestido rápidamente.
En aquel momento eran las nueve de la noche y acababa de volver a su
apartamento después del largo día que había pasado en el hospital. Y Yong Hwa
estaba al teléfono. Tomó el auricular y musitó un tembloroso «hola».
Incluso en la distancia, la voz de Shin Hye lo afectaba de forma
visceral. Desde que se había despertado aquella mañana y se había descubierto
solo en la cama, no podía pensar en otra cosa que en Shin Hye. A lo largo del
día, había pasado por toda la gama posible de sentimientos: desde la
preocupación al enfado. Y en aquel momento, cuando por fin la tenía al
teléfono, tenía que contenerse para no gritarle cientos de preguntas.
— Me preguntaba si te apetecería salir a tomar algo —comentó Yong Hwa
con una naturalidad completamente ajena a la tensión que atenazaba su cuerpo.
— ¿Esta noche?
— Sí, puedo pasar a buscarte dentro de un cuarto de hora.
Shin Hye bajó la mirada hacia sus viejos vaqueros y su sudadera. No se
había maquillado y llevaba el pelo recogido en una coleta.
— ¿Podrían ser veinte?
¡A Yong Hwa le habría gustado que fueran diez!
— Pasaré a buscarte dentro de media hora —contestó con calculada
indiferencia.
No quería que Shin Hye pensara que se moría de ganas de verla. Si ella
había sido capaz de desaparecer durante todo el día sin darle ningún tipo de
explicación, él podía mostrarse igualmente frío.
Media hora más tarde, Yong Hwa estaba llamando a la puerta del
apartamento. Shin Hye se había puesto una minifalda y un jersey y se había
dejado el pelo suelto. Al ver a Yong Hwa, deseó abalanzarse a sus brazos. Pero
él parecía demasiado distante para tal recibimiento, así que se limitó a
sonreír y a saludarlo con su tono más profesional.
Mientras Yong Hwa conducía, estuvieron hablando de banalidades.
— ¿Adonde vamos? —preguntó Shin Hye cuando agotaron el tema del tiempo.
— A mi casa —Yong Hwa tensó las manos sobre el volante— ¿Estás de
acuerdo?
Shin Hye tragó saliva.
— Yo... mañana por la mañana tengo que estar en casa a las diez
—susurró.
Los domingos, el horario de visitas del hospital era de doce a seis.
Yong Hwa alargó la mano para tomar la suya.
— Estarás a tiempo, te lo prometo.
Shin Hye esperaba que le preguntara por qué tenía que regresar a esa
hora, o que se interesara por dónde había pasado al día. Había decidido que si
se lo preguntaba le diría la verdad. Ji Min era una parte muy importante de su
vida y el hecho de que Yong Hwa no supiera de su existencia limitaba seriamente
su relación con él. Pero Yong Hwa no hizo preguntas y Shin Hye no iba a
ofrecerle voluntariamente la información. No quería utilizar a Ji Min para
reforzar su relación con él. En cuanto llegaron al departamento, Yong Hwa
sirvió un par de copas de vino. Shin Hye bebió un sorbo, pero él dejó la copa
sobre la mesa del café sin llevársela siquiera a los labios.
— Lo de la copa era una excusa —dijo con voz ronca—Desde que me he
levantado esta mañana, tenía ganas de estar contigo. Y ahora estás aquí.
Shin Hye dejó la copa en la mesa y se levantó.
— Ahora estoy aquí, sí —dijo con la mirada resplandeciente.
Se miraron el uno al otro en silencio. Hasta que ambos se abrazaron
simultáneamente y se besaron hasta quedarse sin respiración. Se acariciaban
desesperadamente, alimentando el fuego de la pasión que los abrasaba.
La primera vez, ni siquiera llegaron al dormitorio. Se desprendieron
precipitadamente de su ropa e hicieron el amor en el sofá prácticamente sin
preliminares. Llevaban horas pensando el uno en el otro, deseándose, así que
sus cuerpos estaban preparados para la consumación de aquel mutuo deseo.
— En este momento solo importan el aquí y el ahora —musitó Yong Hwa—Ni
el falso compromiso, ni la compañía, ni mi familia... nada de eso tiene que ver
con nosotros.
Pasaron el resto de la noche en aquel universo privado, tan absortos el
uno en el otro que a la mañana siguiente la vuelta al mundo real fue mucho más
dura de lo que ninguno de ellos había anticipado.
Mientras Yong Hwa llevaba a Shin Hye de vuelta a casa, iban en completo
silencio. Yong Hwa la miraba de reojo, preguntándose cómo iba a pasar el día y
deseando que se quedara con él. Pero no hizo preguntas. Su relación con Shin
Hye estaba yendo demasiado lejos. Estaba convencido de que en realidad ella
quería que se lo preguntara para poder acceder a una nueva fase de su plan de
conquista. Oh, pero Yong Hwa conocía demasiado bien las tácticas manipuladoras
de las mujeres para dejarse atrapar por ellas.
Shin Hye miraba las calles a través de los cristales empapados por la
lluvia. Su alegría iba disipándose a medida que se acercaba el momento de la
separación. Si al menos Yong Hwa le hiciera alguna pregunta... Ella quería
hablarle de Ji Min. Después de la intimidad que habían compartido, le parecía
absurdo seguir ocultándoselo.
Pero Yong Hwa no hizo preguntas porque en realidad no le importaba lo
que hacía cuando no estaba con él, se recordó Shin Hye. Habían mantenido
relaciones, sí, pero su compromiso continuaba siendo una farsa. Y cometería el
error de su vida si se engañaba pensando que Yong Hwa se había enamorado de
ella. Muchas mujeres confundían el amor con el sexo, pero Shin Hye decidió que
no iba a ser una de ellas.
Amaba a Yong Hwa, pero sabía que él no la amaba. Y fingir lo contrario
era mucho más peligroso que su falso compromiso. Shin Hye nunca se había
engañado a sí misma y no estaba dispuesta a comenzar a hacerlo. Pero
quienquiera que hubiera acuñado la antigua expresión «la verdad es dolorosa»,
comprendía perfectamente lo que estaba sintiendo.
***
Esa misma noche Jen se encontraba con algunos de sus compañeros de
teatro para ensayar y Shin Hye y Kia se retiraron a leer a su dormitorio.
Poco después de las nueve, una llamada a la puerta las sacó de su
concentración. Antes de que hubieran podido levantarse a abrir, la voz de Yong
Hwa las sobresaltó:
— Las chicas me han dicho que estabas aquí —entró en el dormitorio sin
esperar a que lo invitaran a pasar.
— ¿Los miembros de tu clase
siempre entran en una casa de esta forma? —preguntó Kia—Este es nuestro
dormitorio, y podíamos no haber estado en condiciones de recibir a nadie.
— Lo siento —musitó Yong Hwa con los ojos fijos en Shin Hye. Cruzó la
habitación, levantó el libro que Shin Hye tenía entre las manos y leyó el titulo en voz
alta— “Te odio. No me dejes”. Muy bueno, ¿eh?
— Pues la verdad es que sí —contestó Shin Hye sonriente.
Se alegraba de ver a Yong Hwa. Y por su forma de mirarla, estaba segura
que él también se alegraba de verla, aunque jamás lo admitiría.
— ¿Por qué no te vienes conmigo?
Shin Hye se le quedo mirando por un instante.
— De acuerdo —dijo Shin Hye y dejó el libro a un lado y comenzó preparar
una bolsa. Kia no dijo nada, pero la miró con abierta desaprobación.
Ni a Shin Hye ni a Yong Hwa les importó. Acababan de entrar otra vez en
su mundo privado. Estaban solo ellos dos, deseándose el uno al otro.
***
Aquel patrón se repitió durante las siguientes semanas. Shin Hye pasaba
los sábados y los domingos visitando a su hermana y Yong Hwa no hacía preguntas
al respecto. Pero todos los sábados y los domingos iba a buscarla a su casa para
llevársela a dormir a su penthouse.
A medida que iba pasando el tiempo, Shin Hye y Yong Hwa iban
descubriendo nuevas dimensiones de su relación. Pasaban prácticamente todas las
tardes juntos. Salían a cenar, al cine, al teatro o a conciertos siempre
tomados de la mano, y de vez en cuando se reunían con otros miembros de la
familia Jung.
Pero tanto Shin Hye como Yong Hwa preferían las veladas tranquilas que
pasaban leyendo o hablando en su apartamento.
Las noches que pasaban juntos tenían el aura de una luna de miel.
Ninguna pareja de recién casados habría sido tan atenta y apasionada como lo
eran Yong Hwa y Shin Hye.
A veces les preguntaban por sus planes de boda y Shin Hye contestaba
invariablemente que no tenían ninguno, que de momento estaban disfrutando de su
compromiso. Pero aquella pregunta la devolvía a la cruda realidad que ella
olvidaba la mayor parte de las veces: que estaba formando parte de una farsa.
La vida que llevaba con Yong Hwa era maravillosa, pero estaba basada en una
mentira.
En el caso de Yong Hwa, la atracción que sentía hacia Shin Hye se había
hecho cada vez más fuerte. Había descubierto en Shin Hye a una mujer
interesante, fascinante incluso. Y aunque no le gustaba que pasara los sábados
y los domingos sin él, incluso había sido capaz de no pensar en ello.
Pero eso no significaba que estuviera dispuesto a aceptar más ausencias
sin justificar. De modo que cuando la invitó a pasar el día del Chuseok con su
familia y Shin Hye se negó, decidió que aquel no era momento para mostrarse
comprensivo.
— ¿Por qué no puedes pasar el día del Chuseok con nosotros? —le
preguntó, enfadado y sorprendido por su negativa.
— Le he prometido a mi hermana que lo pasaría con ella.
— ¡Tu hermana! —exclamó Yong Hwa con abierto desdén—Nunca la ves, ni
siquiera la mencionas, ¿y esperas que me crea que estarás con ella?
— ¡Que no haya mencionado a mi
hermana no significa que no esté en contacto con ella!
Hablaba con ella todas las noches, aunque evidentemente, Yong Hwa no lo
sabía. Y no porque ella mantuviera aquellas llamadas en secreto. No,
simplemente, porque Yong Hwa nunca le preguntaba con quién estaba hablando. Era
evidente que ni siquiera le importaba.
— Toda mi familia espera que vengas a comer con nosotros —respondió Yong
Hwa cortante—Así que basta con que le digas a tu hermana que tienes otros
planes.
— ¿Y por qué no le dices tú a tu familia que tengo otros planes? —Shin
Hye pestañeó para apartar las lágrimas que empañaban sus ojos—De hecho,
probablemente haya llegado el momento de que vayamos preparando el terreno para
nuestra ruptura —el dolor le hacía castigarlo—Tu familia debería tener indicios
de que han comenzado a surgir problemas entre nosotros, para que cuando pongamos
fin al compromiso no sea sorpresa.
«Nuestra ruptura». Aquellas palabras se repetían una y otra vez en su
cabeza. Hasta entonces, no había pensado en ningún momento en romper su falso
compromiso y se daba cuenta de lo mucho que odiaba esa idea. Se había
acostumbrado a tener a Shin Hye cerca de él y de pronto Shin Hye lo amenazaba
con alejarse para siempre. Estaba seguro de que Shin Hye sabía el efecto que
tenía en él y estaba utilizando su deseo por ella en su propio beneficio.
— Sí, tienes razón. Habría que empezar a insinuar que han surgido
problemas entre nosotros —estaba orgulloso de su tono de voz, tan frío e
indiferente—Pasa el día del Chuseok como quieras. Yo intentaré fingir que estoy
molesto.
Fingiría estar molesto. A Shin Hye no le pasó desapercibida aquella
frase. En realidad, a Yong Hwa no le importaba con quién o cómo pasara aquella
fiesta. Caramba, ni siquiera le había preguntado cómo se llamaba su hermana.
Cuando Yong Hwa anunció aquella tarde que se iba de la oficina, Shin Hye
le dijo que no iba a ir a su casa con él, que quería estar en su apartamento.
Aquella era la primera vez desde hacía semanas que no se iban juntos. Yong Hwa
tensó los labios en una dura línea.
— Estupendo. Puedes enfadarte todo lo que quieras en tu apartamento. Y
si más tarde te apetece que nos veamos, llámame y pasaré a buscarte.
Shin Hye decidió que preferiría morir a llamarlo. Levantó la barbilla y
no se dignó a contestar. Yong Hwa se la quedó mirando en silencio y salió de la
oficina.
El trayecto de la oficina a casa en autobús era mucho peor de lo que
Shin Hye recordaba. Hacía calor, el autobús estaba abarrotado y los continuos
frenazos la hicieron marearse. Achacó su mareo a la falta de costumbre, pero se
sintió igual durante el resto de la noche y a la mañana siguiente, cuando se
levantó, las náuseas la obligaron a correr hasta el baño.
Estaba sentada en el suelo del cuarto de baño, demasiado débil para
poder siquiera moverse, cuando entró Kia.
— No tienes buen aspecto, cariño. Estás verde —se arrodilló a su lado y
le puso la mano en la mejilla.
— Me encuentro fatal —gimió Shin Hye. Kia la miró fijamente.
— No te he visto mucho durante estos últimos dos meses, pero tu cara
parece diferente... He visto cambios parecidos en el rostro de otras mujeres.
Según la sabiduría popular, es la huella del embarazo —Kia tomó aire— Shin Hye,
¿estás embarazada?
Shin Hye se enderezó tan rápidamente que todo comenzó a darle vueltas.
Volvió a apoyarse contra la pared.
— Por supuesto que no, Kia. Yo... él... siempre hemos utilizado algún
método anticonceptivo.
— No hay ningún método que sea completamente infalible. Dime,
¿cuándo tuviste la regla por última vez?
Shin Hye tragó saliva. Se sentía como una adolescente.
— No tengo el período desde... En realidad... desde que me quedé a
dormir en casa de Yong Hwa. Pero jamás habría imaginado... Dios mío, siempre
hemos utilizado algún método anticonceptivo.
— El único método completamente infalible contra el embarazo es la
abstinencia o la esterilización, Shin Hye. En fin, el tiempo nos dirá si estás
o no embarazada. Ahora, métete en la cama. Yo te llevaré unas galletas saladas.
Te sentarán bien.
Minutos después, Shin Hye llamaba a la oficina para decir que estaba
enferma.
Yong Hwa se acercó al apartamento de Shin Hye después del trabajo. Aquel
día había sido una auténtica pérdida de tiempo. No había hecho nada productivo
porque no podía dejar de pensar en Shin Hye. ¿Estaría realmente enferma? Y si
no, ¿sería otra de tus tácticas para atraparlo?
Cuando llegó en el coche a su edificio, la vio en la calle, junto a Jen y
algunos amigos. Al verla, se emocionó. Desde la primera vez que habían hecho el
amor, nunca habían pasado tanto tiempo separados y la había echado
terriblemente de menos. Recorrió su rostro con avidez. Se estaba riendo,
parecía animada e increíblemente hermosa. Tuvo que poner en juego toda su
fuerza de voluntad para no correr a su lado a abrazarla.
Pero la desconfianza aplacó su impulso inicial. ¡Seguro que no estaba
enferma! Paró un momento y observó al grupo de jóvenes durante algunos furiosos
segundos, antes de pisar el acelerador y salir a toda velocidad.
— ¡Eh! ¿Ese no era Yong Hwa? —preguntó Jen. Shin Hye sintió que el
corazón se le subía a la garganta.
— No sé, no lo he visto —había salido a tanta velocidad, que si hubiera
sido Yong Hwa tampoco habría podido verlo.
Al día siguiente, a pesar de las náuseas, fue capaz de arrastrarse hasta
el trabajo, pero el viaje en autobús la afectó de tal manera que tuvo que ir
dos veces al baño antes de que Yong Hwa llegara a la oficina.
Este la miró de reojo al llegar. Shin Hye se había puesto uno de sus
antiguos trajes. Estaba seguro de que lo había hecho para castigarlo, pero, aun
así, al verla no pudo menos que decir:
— No tienes buen aspecto. Estás muy pálida y tienes ojeras —sintió una
punzada de culpabilidad—¿Quieres que te lleve a tu casa?
— No, estoy bien. No quería perder otro día de trabajo —contestó ella,
sin apartar la mirada de la pantalla del ordenador.
— Shin Hye, si estás enferma no deberías estar aquí. Podrías contagiar a
todo el mundo.
— No te preocupes, lo que tengo no es contagioso.
—Bueno, ¿entonces qué te pasa?
¿Has comido algo que te ha sentado mal?
Shin Hye rió con ironía. ¡Ojala hubiera sido así! No respondió y evitó
mirar a Yong Hwa.
La frustración roía las entrañas de Yong Hwa. Tenía los nervios al
límite. Dos noches sin Shin Hye y estaba a punto de convertirse en una fiera.
Algo que seguramente Shin Hye sabía perfectamente. Pensando que quizá todo
aquello formara parte de un plan para que su compromiso se convirtiera en algo
real, Yong Hwa se metió en su despacho.
Horas después, entró el CEO Dong Hwan en la oficina. Le pidió a Shin Hye
que entrara en el despacho de Yong Hwa porque tenía que darles una triste
noticia.
— Hana y yo vamos a separarnos —anunció—Queríamos intentar seguir juntos
por lo menos hasta el día del Chuseok, pero...
— Lo siento —musitó Shin Hye suavemente.
— ¿Se van a separar? —Yong Hwa se sentía como si acabaran de darle un
puñetazo en el estómago. Hasta ese momento no había sido consciente de lo mucho
que deseaba que la pareja permaneciera unida—Tío, quizá la separación sea un
paso excesivamente drástico. Tía Hana y tú llevan más de treinta años casados.
Tienen hijos, y nietos...
— Sí bueno... Hemos intentado arreglar las cosas, pero... —extendió las
manos con un gesto de impotencia—Pero no permitas que nuestros problemas
interfieran en sus planes. Que Hana y yo no estemos —tragó saliva— juntos, no
significa que el matrimonio...
—Tío, ahora no tienes por qué hacernos un discurso a favor del
matrimonio —lo interrumpió Yong Hwa—Para serte sincero, Shin Hye y yo estamos
empezando a cuestionarnos nuestro compromiso.
— ¡Pero no es posible! Si estan hechos el uno para el otro. Yong Hwa,
nunca te había visto tan tranquilo y tan feliz como ahora.
— Ustedes no eran los únicos que fingían —fue la respuesta de Yong Hwa.
Durante el resto del día estuvieron pasando otros miembros de la familia
Jung por el despacho de Yong Hwa, presumiblemente para lamentarse de la ruptura
de Dong Hwan y Hana. Shin Hye permaneció tras su escritorio, sin unirse a la
conversación, pero estaba convencida de que Yong Hwa aprovechó la ocasión para
mencionar los problemas de pareja y sus dudas sobre el compromiso. Las miradas
de compasión que los miembros de la familia le dirigían al salir lo decían
todo. Se marchaban pensando que Yong Hwa iba a abandonarla. Shin Hye estaba
segura.
***
A última hora del día, la prueba de embarazo le dio la respuesta
definitiva. Shin Hye y Kia se quedaron mirando el resultado fijamente.
— Estoy embarazada —a pesar de sus propias palabras, Shin Hye apenas
podía creerlo. ¿Estaba embarazada? ¡Estaba embarazada! Estalló en lágrimas—.
Oh, Dios mío, Kia, ¿qué voy a hacer?
no puede ser m quede n shok ahora yong de seguro va a pensar k shin hye se embarazo para atraparlo o algo asi xfa unnie continua m encanta l fic y estoy desesperada x saber k va a pasar...
ResponderEliminary no solo eso!! va pensar en los fines de semana los esta pasando con otro amante uffff yongggg!!!! grrrrr
Eliminarsi llega a planteárselo sikiera conociendo cm s d orgullosa shin hye lo mas seguro s k renuncie se vaya y lo avandone y luego ahi cuando todo ya este perdido yong recien va a tomar conciencia d lo k hizo...
Eliminarbueno tbm debemos de confiar un poquito mas en yong hwa como lo hace su abuela puede q a el le agrade la idea y termine por aceptar q esta enamorado d shin hye!!!!
Eliminaromo!!!!! un pedacito de los dos crecee en el vientre de shinnie hayyyyyyyyyyyy que lindoooooo---que Bendición, a lucharrr shin
ResponderEliminarunnie please actualiza l fic no sabes cuan desesperada ya estoy x leer el siguint cap esta increible la historia...!!!
ResponderEliminarEsta embarazada .....maiuuuuu que sucederá ahora ..Unnie no demores en actualizar
ResponderEliminarunnnnieee actualiza pronto ya!!!!!! aigooo q yong no piense q shin lo esta enganado , i pensando q el bebe es de otro ......auch...
ResponderEliminarmmmmm ya me siento mareada de las vueltas que doy en la pagina buscando el numero 14 jajajaja actualice xfaaaa!!!
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